Aquí vamos con un nuevo capítulo!
Perdonen el retraso. La otra historia está teniendo capítulos dobles muy seguidos y eso me está atrasando un poco con la actualización de esta. No se preocupen, que separaré un pocos los objetivos de la otra historia para que no se repitan tan seguidos dichos capítulos.
Hablando de eso, esta historia completó uno de los objetivos para un capítulo doble. Recuerden que desde que los capítulos dobles cambiaron, habrá un capítulo de 5000 palabras, y después de uno o dos días habrá otro más. Eso lo hago con tal de que la espera de actualización no sea tan larga.
Actualizaré los objetivos ya cumplidos y les mostraré cuanto falta para los demás:
Wattpad: 3077/4000 Estrellas. 24.143/30.000 lecturas.
FanFiction: 74/75 favoritos. 85/100 seguidores. 185.114.158/200.000 palabras.
*Recuerden que solo uno de esos objetivos ya significa un capítulo doble, y si se llegan a cumplir más al mismo tiempo, podrían ser hasta capítulos triples o cuádruples.*
Antes de comenzar, responderé la siguiente review:
Funny-Little-Cute White Fox: Como siempre, muchísimas gracias por tu constante apoyo. Ahora, dices que los mortales no podían ver la verdadera forma de los Dioses, y eso es cierto. Pero eso no funciona con los semidioses o criaturas mitológicas, solamente es válido con los humanos. Antes Bell era un humano, y en cierta parte, todavía sigue siendo un humano que se está transformándose en un Dios. Quizás no debí usar el término mortal, ya que es bastante general. Solo espero haber resuelto esa duda.
Ahora sí, es hora de comenzar!
Disfruta!
Todos se quedaron mirando atentamente como la Diosa se acercaba al Titán, sabiendo que esto solamente indicaba el comienzo de una batalla brutal…
Finalmente, Artemisa quedó a pocos metros del Titán.
Ambos se quedaron parados por un par de segundos, hasta que finalmente Atlas rompió el silencio.
"¿Acaso tienes algo que decirme?" Preguntó, esbozando una sonrisa un tanto confiada.
Artemisa alzó su mano y lo señaló, esbozando una sonrisa temeraria. "Volverás a tu tumba."
Atlas simplemente cruzó sus cuatro brazos. "¡Hmp!" Se burló, para luego afilar su mirada. "Oblígame…"
CAPÍTULO 25: ¡BATALLA TITANICA: ARTEMISA VS ATLAS! (PARTE FINAL)
Un silencio bastante punzante se presentó entre ambos. Artemisa bajó lentamente su brazo, sin hacer ningún tipo de movimiento. Una mirada totalmente seria adornaron el rostro de ambos, incluso a alguien tan poderoso como Atlas, que parecía de entrada que no se iba a confiar ni en lo más mínimo pese a la diferencia de poder.
Finalmente, el primer movimiento lo hizo Artemisa, arrastrando los pies del suelo. Atlas rápidamente hizo lo mismo, poniéndose en una postura defensiva al ver que Artemisa se abalanzó encima de él.
El Titán no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa cuando esquivó el puño de Artemisa, desviando su rostro hacia un costado. A simple vista parecía que lo había esquivado de milagro por la rapidez del movimiento de ambos, pero los que estaban luchando sabían muy bien que no era así. Que Atlas haya esperado hasta el último milisegundo para esquivarla, indicaba que tenía una velocidad y tiempo de reacción mucho más superior.
El puñetazo de la Diosa creo una pequeña inercia que levantó una enorme ventisca alrededor, que no tardó en disiparse. Aun así, esto apenas había comenzado.
Artemisa no dudó en continuar arremetiendo en contra del Titán, dirigiendo numerosas golpes a su rostro, que resultaban ser todos desviados con las manos del mismo, demostrando una gran habilidad.
Los movimientos borrosos, la ventisca y los temblores no le permitieron ver correctamente ni siquiera al mismo Bell, que no pudo evitar impresionarse por el nivel de batalla que estaba presenciando.
Después de estar un tiempo con la intensa ráfaga de golpes, Atlas finalmente tomó un brazo de Artemisa y la intentó arrojar lejos, pero la Diosa pudo responder justo a tiempo e intentó darle una patada, haciendo que el Titán se viera obligada a soltarla. Artemisa dio un gran salto hacia atrás manteniendo cierta distancia, para después materializar un arco de luz divino. Atlas simplemente observó con una pequeña sonrisa como la Diosa creo numerosas flechas de color plateado a sus espaldas, y ni bien soltó la cuerda, todas las flechas fueron disparadas hacia él.
Sorprendentemente, Atlas paró una de las flechas con su mano en seco, apenas dañándose un poco. El Titán no tardó en utilizar la misma flecha para desviar la segunda, y destruir la tercera con la primera en un intento fortuito de bloquear el ataque. La destrucción de ambas flechas de energía divina generó una gran explosión lumínica, haciendo que Atlas no pudiera ver la aproximación de Artemisa hasta que la tenía en frente, su puño extendido con la idea de propinarle un fuerte golpe.
Los ojos de Artemisa se ensancharon en completa incredulidad cuando vio como la figura de Atlas se volvió borrosa y apareció a tan solo centímetros de su cara, habiendo esquivado el puñetazo con suma facilidad.
En ese pequeño momento que ambos estaban cara a cara, Atlas no pudo evitar burlarse de ella.
"No me convertí en el general de los Titanes solo por mi fuerza masiva, ¿lo sabes?" Declaró con cierta gracia, haciendo que Artemisa apretara los dientes.
Sin que siquiera tuviera tiempo de defenderse, Atlas le dio un fuerte puñetazo en el abdomen que generó un pequeño cráter a los pies de ambos. Artemisa no pudo evitar ensanchar sus ojos ante el dolor agónico, al sentir como el puño del Titán parecía intentar atravesar su cuerpo. Aun así, no se dejó llevar por el dolor cuando vio como Atlas alzó otro puño, con la idea de propinarle un fuerte golpe descendente en su cabeza, que probablemente la dejaría en mal estado.
"¡Esto no es bueno!" Pensó la Diosa con un poco de desesperación cuando vio el impacto inminente.
Finalmente, el puño impacto fuertemente en la parte superior de su cabeza, aunque extrañamente en esta ocasión no hubo ni una ráfaga de viento ni nada por el estilo. La Diosa agachó su cabeza y su cuerpo a un ritmo que alarmó a todo el mundo, que solamente aumentó cuando salió rodando disparada hacia atrás.
Finalmente la Diosa se levantó de un salto, justo antes de caer por el monte.
Todos no pudieron evitar mirar a Artemisa con gran sorpresa, a excepción de Bell y Atlas que parecían saber lo que había sucedido.
El Titán miro su puño por un corto segundo, enseriando su mirada. "El impacto no pudo haber sido mejor…" Atlas miró a Artemisa con una pequeña sonrisa. "Pero esa mujer agachó todo su cuerpo para absorber el impacto del golpe lo más posible. Supongo que no será tan fácil como pensaba." Concluyó, al ver como la Diosa materializaba nuevamente su arco, haciendo que unas cuatro flechas plateadas gigantes aparecieran a sus espaldas.
Finalmente, la Diosa soltó la cuerda, haciendo que las 4 flechas de luz plateada fueran disparadas a una enorme velocidad en contra del Titán.
Atlas posicionó ambas manos al frente, para luego entrecerrar ligeramente sus ojos mientras veía como todo se movía a una velocidad más lenta. "Ahí viene…"
Atlas extendió sus dos manos hacia el frente, posicionando ambas manos encima de las flechas que se encontraban más alto, para luego utilizarlas como impulso para dar un gran salto con voltereta hacia el frente, demostrando su enorme agilidad y control sobre su cuerpo pese a su altura.
Ni bien aterrizó, utilizó sus dos manos para desviar otras dos flechas que iban a su posición, para después ver como Artemisa se dirigía a toda velocidad con una flecha de poder divino en su mano. Atlas fijó su mirada en la flecha, viendo que en su interior se encontraba otra flecha de punta plateada como la anterior que había esquivado de milagro.
"No tengo otra opción…" Pensó el Titán, sabiendo que aun restaba esta flecha y otra más que podrían dar vuelta el combate.
Atlas se centró únicamente en sujetar y desviar la flecha potencialmente peligrosa, haciendo que no impactara en su cuerpo. Eso lo llevó a recibir una fuerte patada en la mandíbula por parte de Artemisa que lo mandó a volar.
"¡Ahora!" Pensó la Diosa, sujetando la cuerda de su arco nuevamente, creando otras cuatro flechas.
Una mirada ensombrecida adornó el rostro de Atlas cuando vio el ataque prominente, y acto seguido empezó a girar sobre sí mismo mientras extendía sus cuatro brazos por primera vez en todo el combate.
Artemisa solo pudo limitarse a mirar con gran incredulidad como el Titán desvió el ataque de las cuatro flechas con sus cuatro brazos, demostrando una gran habilidad.
La Diosa pegó un gran salto hacia atrás, preparando otras dos flechas en el aire.
Cuando Atlas cayó de pie, ni siquiera se volteó para apartar esas dos flechas de su destino original, atrapándolas firmemente con su mano. El Titán se dio rápidamente la media vuelta, arrojando ambas flechas en contra de Artemisa a una velocidad impresionante.
La Diosa solo se limitó a observar como ambas flechas pasaban a los lados, generando una enorme explosión en el cielo a sus espaldas.
"Esa regeneración es un problema…" Pensó, viendo detenidamente como las manos de Atlas se regeneraban prácticamente al instante de las quemaduras.
La Diosa fijó su mirada en la flecha que aún tenía en su mano, dando un pequeño suspiro. "Si las dos flechas de punta plateada restantes terminan destruidas, es el fin del juego." Pensó la Diosa, para luego entregarle una mirada muy enfocada a su contrincante. "Tengo que usarlas con mucho cuidado…"
Después de su conclusión, una enorme cantidad de flechas creadas con su poder divino se dispararon en todas direcciones, haciendo que todos los que miraban el combate pestañearan en shock. Todos, a excepción de Atlas que simplemente sonrió ante lo que estaba presenciando.
Docenas de flechas fueron disparadas hacia su dirección. El Titán simplemente se limitó a romperlas con sus propios puños, haciendo que sus brazos se rompieran en mil pedazos y se regeneraran prácticamente al otro segundo. De esa manera, los daños que recibía prácticamente eran nulos.
"La regeneración siempre cuesta una gran cantidad de energía." Pensó el Titán con una enorme sonrisa en su rostro, mientras seguía bloqueando y desviando todas las flechas que iban hacia su dirección. "¡Lo bueno, es que tanto los Titanes como los Gigantes tenemos energía casi ilimitada!"
Atlas continuó avanzando contra todas las flechas incluso a un ritmo mucho más rápido, haciendo que numerosas explosiones luminosas y temblores sin parar se presentaran por cada flecha que impactaba al suelo y contra sus brazos, o se desviaba al cielo.
"¡Llego el momento…!" Atlas exclamó, haciendo que Artemisa pestañeara con gran incredulidad ante su aproximación. "¡De acabar con esto!" Finalizó, deteniéndose en frente de Artemisa, para luego propinarle un fuerte golpe en el abdomen que hizo temblar todo a su alrededor, generando un enorme cráter a sus pies.
Artemisa no pudo evitar vomitar una gran cantidad de sangre dorada. Su mirada ensombrecida ocultaba su dolor, aunque era más que obvio que estaba sufriendo bastante.
"Para no ser uno de los Tres Grandes, no estuvo tan mal…" Comentó el Titán con una sonrisa victoriosa en su rostro, solo para cambiar su expresión a una confundida cuando vio como Artemisa alzó su mirada con una gran sonrisa.
"Esto apenas comienza…" Seguido de sus palabras, la Diosa desapareció en un destello plateado, haciendo que Atlas se sorprendiera inmensamente.
O por lo menos, parecía estar sorprendido…
La flecha que permanecía levitando se movió a una enorme velocidad detrás de él, sin explicación aparente.
"¡AAAAAHHHHH!" Artemisa gritó fuertemente por su espalda, habiendo aparecido de la nada mientras tomaba la flecha, preparada para acabar con el combate.
Finalmente, impacto un puñetazo que fue cubierto por el Titán sin ningún problema con sus dos manos, haciendo que Artemisa se sorprendiera.
"¡¿Cómo…?! ¡Da igual!" Artemisa redirigió el ataque con su flecha a su espalda, esbozando una pequeña sonrisa. "¡Te tengo!"
Atlas frenó su segundo ataque en seco con sus otras dos manos y destruyendo la flecha en el acto, haciendo que Artemisa pestañeara en shock. El Titán miró sobre sus hombros, esbozando una pequeña sonrisa un tanto traviesa.
"Fue buena idea preguntarle a Luke sobre tus habilidades…" Comentó, para luego reafirmar su agarre en Artemisa, haciendo que la Diosa se tensara visiblemente. "Sé muy bien que solamente te conviene dividir tu cuerpo una sola vez. Así que…" Una sonrisa un tanto preocupante apareció en el rostro del Titán, haciendo que Artemisa apretara fuertemente los dientes. "¡Esto termina ahora!"
Atlas soltó uno de los brazos de la Diosa, propinándole un fuerte puñetazo en el pecho y otro en el estómago que la hizo temblar. Cuando Artemisa sintió que lo había soltado, hizo todo lo posible para ignorar el dolor y dar un gran salto hacia atrás para reincorporarse.
"¡No tan rápido!" Exclamó el Titán, apretando fuertemente sus otros dos puños restantes.
Artemisa tan solo pudo apretar fuertemente los dientes cuando otros dos golpes devastadores cayeron sobre su cuerpo sin darle un segundo de respiro.
"¡Cuatro golpes!" Exclamó el Titán, para luego atacarle con sus dos brazos inferiores. "¡Seis golpes!" Una sonrisa un tanto preocupante apareció en el rostro de Atlas, al mismo tiempo que las venas de sus brazos se marcaban intensamente.
Una lluvia de puñetazos cayó sobre todo el torso de Artemisa. El suelo comenzó a agrietarse una locura, mientras todos hacían lo posible para no salir volando ante la frecuencia y fuerza de los ataques.
"¡Veinte!"
"¡Cincuenta!"
"¡Cien!" Los puños de Atlas se veían cada vez más borrosos por el incremento de velocidad, mientras Artemisa gritaba con gran agonía y su cuerpo se movía como si fuera una gelatina por cada impacto.
"¡DOSCIENTOS GOLPES!" Gritó con gran euforia al final, haciendo que Artemisa saliera despedida hacia atrás mientras escupía una enorme cantidad de sangre dorada.
"¡Lady Artemisa!" Las Cazadoras no pudieron evitar gritar con gran desesperación cuando vieron caer al suelo a su jefa y salvadora, teniendo casi toda su vestimenta superior destrozada, haciendo que los moretones y la sangre que corría por su torso sean visibles con mucha facilidad.
La sonrisa de Atlas desapareció al instante al ver que la Diosa no parecía que iba a volver a levantarse. El Titán miró por un corto segundo a su hija y los que lo acompañaban, aunque no tuvo mucho tiempo para pensar.
"Es-esto no ha terminado todavía…" Declaró Artemisa, levantándose del suelo con mucha dificultad.
Atlas solo se dignó a mirarla de reojo. "Escúchame bien, Diosa de la Luna. No tengo ningún problema contigo, y no me apetece matarte. Solamente quiero arreglar mis cuentas pendientes con el bastardo de Zeus para ser libre de una vez por todas." Comentó con gran seriedad, para luego darse media vuelta y cerrar sus ojos con suma tranquilidad. "Ha sido un buen combate, pero no puedes derrotarme." Las últimas palabras sonaron aún más fulminantes cuando abrió sus ojos, entregándole una mirada que indicaba que no tendría piedad si seguía insistiendo.
"Ese es el punto…" Comentó la Diosa, temblando y luchando por mantenerse de pie. "Mi padre simboliza la unión del Olimpo… Él es el Olimpo. Si no te detengo yo, simplemente lo harán los demás Dioses." Comentó, para luego entrecerrar sus ojos con gran convicción. "¡No te permitiremos que te acerques a él!"
Atlas tan solo se dignó a mirarla como si fuera una tonta, para luego dar un gran suspiro. "En ese caso…" Una mirada tenebrosa adornó el rostro del Titán. "Todos los que se interpongan en mi libertad, morirán."
Terminando esas palabras, el Dios comenzó a correr hacia Artemisa, con la idea de propinarle el golpe final.
La Diosa tan solo pudo observar con gran impotencia, ya que ni siquiera podía mover su cuerpo en estos momentos.
Justo antes de que Atlas asestara el golpe final, sintió una presencia un tanto peligrosa detrás de él, por lo que dio un gran salto hacia atrás, viendo que se trataba de un enorme ataque de fuego.
"¿Fuego?" Pensó el Titán, para luego plantearse otra pregunta tras ver que el ataque terminó en las manos de Artemisa, sin proporcionarle ni un daño. "¿No es fuego? ¿O es fuego sin temperatura? ¿Cómo es eso posible?" Las preguntas inundaron la cabeza de Atlas, para luego mirar con gran asombro como las llamas se disipaban, revelando un pequeño cuadrado dorado. "¿Ambrosia?" Pensó, para luego pestañear tras encontrar la revelación, mirando detrás de él, fijando su mirada en una en persona en concreto. "Sin duda alguna, ha sido él…" Concluyó seriamente, viendo como Bell utilizaba una mano y su espalda para sostener el peso del cielo, mientras tenía su otra mano extendida, indicando que había sido él el que había arrojado el supuesto ataque.
Bell tan solo le asintió con una sonrisa a su amor platónico, recibiendo la misma respuesta por parte de ella.
"¡No es momento para distraerse!" Pensó Atlas seriamente, mirando al frente para ver como Artemisa se tragaba el pequeño cuadrado. Una sonrisa muy satisfactoria adornó el rostro de la Diosa al sentir un alivio impresionante, y eso se transmitía a la perfección hacia el exterior, ya que todas sus heridas graves estaban siendo completamente curadas.
La Diosa cerró sus ojos con gran placer, mientras una sonrisa adornaba su rostro.
"Si estás enterado de todas mis habilidades divinas…" Artemisa no pudo evitar mirarlo con una gran sonrisa afilada, mientras extendía sus dos brazos hacia un lado. "Entonces, deberías saber que cuando divido mi cuerpo…" Un aura plateada comenzó a presentarse lentamente en su cuerpo, que comenzó a arremolinar y crecer rápidamente. "¡MI PODER TAMBIEN SE DIVIDE!"
Atlas se cubrió el rostro al instante al ser golpeado por una enorme cantidad de energía divina de color plateado. El aura de Artemisa arremolinaba con gran furia, creando ventiscas inmensas.
"¡Su poder divino es casi tan grande como el de Poseidón!" Pensó Atlas, y esta vez, si se encontraba genuinamente sorprendido por lo que estaba presenciando.
Ni siquiera Bell fue exento de este asombro, ya que nunca tuvo la posibilidad de ver a Artemisa utilizando todo su poder. Digamos que nunca le había obligado a llegar hasta ese punto, e incluso podría afirmar que estaba muy lejos de lograrlo.
Por lo tanto, también sabía que esta batalla estaba a un nivel por arriba del suyo…
Artemisa se miró la mano, para luego apretarla fuertemente. "¡Bien!" Pensó, para luego desaparecer de la vista de todos, dejando una nube de polvo en su anterior posición.
Atlas parecía ser el único que pudo seguir dicha velocidad, ya que rápidamente giró su rostro para ver hacia el cielo, viendo que Artemisa estaba volando mientras preparaba otras cuatro flechas que eran incluso más grande que las anteriores, y poseían una forma de lanza de luz.
Ni bien el ataque fue arrojado, un enorme estallido se escuchó por la enorme velocidad. Atlas no se quedó atrás, ya que rápidamente se dio la media vuelta, haciendo un cráter a sus pies mientras utilizaba sus cuatro brazos para detener cada flecha. Las venas en sus brazos se marcaron intensamente, indicando que tuvo que usar todas sus fuerzas para detenerlas. Ni bien detuvo el trayecto, una enorme cantidad del suelo que estaba detrás suyo se levantó por la fuerza del impacto, a pesar de haberlas detenido.
Los pies del Titán se aferraron firmemente al suelo, al mismo tiempo que giraba las flechas y redirigía tres de ellas en contra de Artemisa, que desapareció nuevamente para esquivarlas, haciendo que Atlas apretara ligeramente los dientes ante la molesta velocidad de su contrincante. No tuvo ni siquiera tiempo para hablar, ya que tuvo que inclinar su cabeza bruscamente hacia un costado para esquivar un puñetazo de la Diosa, que rosó un poco su mejilla. Atlas dio un gran salto hacia atrás para salirse de su rango, para después alzar la flecha restante de una forma amenazadora, indicando que la utilizaría para atacarla cuerpo a cuerpo. Artemisa imitó su acción, creando otra flecha del mismo tamaño. El Titán cambiara su agarre justo al último segundo, arrojándole la flecha. Artemisa no se quedó atrás, ya que pudo reacción rápidamente y también le arrojo su flecha, haciendo que ambas colisionaran fuertemente en el centro y desprendieran una luz plateada que cegó absolutamente a todos.
Ambos corrieron rápidamente hacia las flechas, tomándolas nuevamente, para que luego chocaran fuertemente entre sí. Otro brillo menos cegador adornó al monte, para que luego se pudiera ver como ambos salieron en direcciones opuestas, aterrizando sin ningún tipo de daños.
Ni bien aterrizó, Artemisa alzó su mirada y comenzó a correr hacia él a una enorme velocidad, extendiendo su flecha como si fuera una lanza, preparada para acabar con el combate.
Al ver esto, Atlas se recompuso rápidamente, apretando los dientes. "¡Esto no es bueno!" Pensó el Titán, preparándose para bloquear el ataque. "¡Si me corta la cabeza, mi regeneración no será lo suficientemente rápida para ganar el combate!" Concluyó, observando con gran tensión como Artemisa dejaba una línea de destrucción a su paso por la enorme velocidad.
Finalmente, las flechas de ambos chocaron con una gran fuerza, haciendo que esa luz cegadora apareciera de nuevo, y esta vez con aun más intensidad.
Todos cerraron sus ojos y se cubrieron ante la enorme explosión que empezó a alzarse en el centro del impacto, que rápidamente comenzó a agrandarse más y más, liberando una gran cantidad de luz plateada y polvo, haciendo temblar intensamente todo lo que se encontraba a su alrededor.
Después de varios segundos, finalmente el temblor desapareció, haciendo que todos observaran hacia la nube de polvo gigante que no tardó mucho en disiparse. Todos no pudieron evitar mirar con horror como el Titán estaba de pie mientras respiraba agitadamente. Le faltaba dos de sus brazos, pero aun así podía mantener esa sonrisa en su rostro, debido a que Artemisa estaba postrada en el suelo, y parecía estar completamente inconsciente.
"Ah estado muy bien para no ser uno de los Tres Grandes." Comentó el Titán con gran respeto, mientras se acercaba lentamente hacia ella e iba regenerando sus dos brazos. "Incluso, podría decir que eres igual de fuerte que Hera, pese a que debiste utilizar ambrosia…" Finalmente, el Dios se detuvo en frente de la inconsciente Artemisa, mirándola por un corto segundo, ignorando por completo todas las flechas que fueron disparadas hacia él. "Mi libertad comienza ahora…" Comentó solemnemente, alzando su pie, preparado para aplastar la cabeza de Artemisa.
El Titán bajó rápidamente su pie, generando un enorme cráter que agitó a todos, sumado a un brillo plateado que también extrañó a todos.
"… ¿Qué?" El titán no pudo evitar pestañear al ver que el cuerpo de Artemisa había desaparecido.
Atlas pudo percibir por el rabillo del ojo una figura plateada, haciendo que ensanchara sus ojos a más no poder.
Artemisa cargó su última flecha de punta plateada lo más posible. La flecha fue disparada, y Atlas solo pudo observar como la flecha recorrió todo su recorrido y terminó clavándose profundamente en su mandíbula. El Titán sintió una punzada agónica en todo su cuerpo prácticamente al instante por culpa de la flecha. Aun así, él no se detuvo allí e intentó atacarla, aunque sus movimientos ya habían sido entorpecidos por culpa del efecto.
Artemisa rodó sobre su puño con una gran maestría, corriendo sobre todo su brazo para finalmente pegar un gran salto, propinándole un fuerte golpe en el mentón que estalló en un sonido sordo, al mismo tiempo que el Titán salía disparado hacia atrás, cayendo rotundamente en el suelo y creando una línea de destrucción a su paso.
Todos no pudieron evitar sonreír inmensamente, al comenzar a saborear la inminente victoria.
Ni siquiera la misma Artemisa pudo evitar alzar esa sonrisa triunfante, mientras subía lentamente por encima del Titán aun con su tamaño humano, deteniéndose en su pecho.
"Aun creo que me falta mucho para poder derrotar a un Titán. Pero, mis flechas son capaces de derribar al mismísimo Caos." Comentó, incrementando aún más su sonrisa cuando recibió una mirada adolorida del Titán. "En vez de centrarte en recibir el mínimo dolor posible, tendrías que haber priorizado la destrucción de todas mis flechas con punta plateada."
"Pero, ¿Qué dices?" Comentó Atlas seriamente, haciendo que Artemisa alzara una ceja. "Eso es exactamente lo que hice."
"… ¿Qué?" Artemisa no pudo evitar preguntar, pensando que eran puras patrañas.
Tras recordar un par de cosas, Bell comenzó a ensanchar lentamente sus ojos con horror.
Unas palabras de Luke volvieron a su cabeza cuando aún estaba en el campamento…
"Me hizo jurar por el Styx que no le dijera a nadie sobre tu verdadero origen y sobre las Dimensiones." Después de eso, Luke le mostró una pequeña botella al albino. "Por suerte, pude obtener algo interesante, ya que le pedí que me hiciera una cura en contra de sus flechas para cerrar el trato de una forma equivalente." Una sonrisa se dibujó en el rostro del rubio. "Ya sabes, uno nunca sabe cuándo podrías necesitar una de estas…"
"¡ARTEMISA, SAL DE AHÍ! ¡AHORA!"
El grito desesperado de Bell solo hizo que Artemisa lo mirara con gran confusión, para luego mirar atentamente al Titán con ligera incomodidad, viendo que le estaba entregando una gran sonrisa entre dientes un tanto provocativa.
Aunque, rápidamente entendió el porqué de esa sonrisa, ya que se encontraba una pequeña botella atorada entre sus dientes.
Cuando Artemisa por fin reaccionó, ya era demasiado tarde.
Ella escupió una gran cantidad de sangre dorada cuando Atlas la tomó con una mano bruscamente, haciendo que sus costillas se quejaran del dolor.
"Deberías haber sido un poco más precavida, Diosa de la Luna…" Comentó el Titán, levantándose del suelo mientras aun la tenía agarrada. "Creo que tú has cometido los errores estratégicos." Se burló el Titán, haciendo que la Diosa le entregara una mala mirada.
"¡Como iba a saber que tendrías esa cosa entre tus dientes!" Exclamó, para luego convocar a cientos de flechas creadas con poder divino a su alrededor.
Al ver esto, Atlas solo se dignó a sonreír.
"¡AAAAAAAAAGHHHHHHH!"
Artemisa gritó con gran dolor cuando sintió como sus costillas comenzaron a ceder lentamente ante la fuerza de Atlas, haciendo que todas las flechas desaparecieran.
"Lamento decirte que no estás en posición de hacer nada." Comentó el Titán con una sonrisa, para luego reforzar su agarre con sus otras tres manos.
Artemisa no pudo evitar mirar esto con horror, sabiendo lo que le esperaba.
"Terminemos con esto…" La voz un tanto siniestra fue seguida de los gritos ahogados y agonizantes de Artemisa cuando sus huesos comenzaron a quebrarse como si estuvieran hechos de vidrio.
"¡ARTEMISA!"
"¡LADY ARTEMISA!"
Los gritos desesperados de todos se escucharon tras los gritos de la Diosa. Todos empezaron a llorar junto a ella cuando vomitó una enorme cantidad de sangre dorada, indicando que sus pulmones estaban acabados.
Todos comenzaron a llorar, menos Bell que pudo distinguir un brillo dorado extraño.
Los gritos agónicos de Artemisa se hicieron cada vez más ahogados por su propia sangre, que al final ni siquiera podían oírse. Sus ojos comenzaban a perder su vida, al mismo tiempo que su cabello plateado volvía a su tonalidad mortal.
"Podría haber terminado de otra manera, pero no me escuchaste." Comentó el Titán seriamente, sin dejar de apretar ni por un segundo.
El Titán alzó su mirada, viendo que era muy extraño que todos se mantuvieran en la línea, sin querer evitar que hiciera algo.
Su respuesta llegó casi al instante cuando visualizó algo que estaba seguro que anteriormente no se encontraba allí.
"¿De dónde salió ese artilugio dorado?" Pensó Atlas, viendo como en la entrada de la cueva se posaba un carro de oro.
"¡FIRE BOLT!"
Atlas no pudo evitar ensanchar sus ojos con gran incredulidad tras escuchar la voz a sus espaldas, solo para recibir un fuerte ataque de llamas en toda su nuca que lo derribó prácticamente al instante.
Bell aprovechó rápidamente el aturdimiento del Titán, y rodeó el cuerpo del mismo utilizando sus llamas como propulsor, llegando hasta la moribunda Artemisa y utilizando sus dagas, cortando la mano que la mantenía apresada de un tajo, demostrando lo especial que eran.
Bell la tomó en brazos como una princesa y se alejó rápidamente, esquivando y asegurándose de no estar bajó el cuerpo de Atlas cuando terminara de caer.
Obvió todo lo que sucedía a sus espaldas, solo le importaba el bienestar de la persona que estaba en sus brazos en estos momentos.
"¡No temas!" Gritó el albino con los ojos vidriosos, sacando rápidamente su mochila y apoyando la cabeza de la Diosa en su regazo. "¡Te pondrás bien!" Exclamó, sacando el último cuadrado de Ambrosia que le quedaba.
Al ver que Artemisa no respondía, Bell abrió la boca de la misma y le introdujo la Ambrosia, utilizando sus propias manos para que la masticara. Cuando levantó su cabeza para que se lo tragara, la Diosa tocio una gran cantidad de sangre, haciendo que unas lágrimas comenzaran a correr en el rostro del albino.
"¡Maldición, trágatelo!" Gritó con gran impotencia, para luego alarmarse cuando vio que su pecho había dejado de subir. El albino llevó su oído a la nariz de Artemisa, haciendo que sus ojos se ensancharan a más no poder en completo horror.
"No… No está respirando…"
Bell finalmente cerró fuertemente sus ojos y apretó los dientes, tomando las mejillas de la Diosa delicadamente, al mismo tiempo que alzaba su rostro.
"¡Lo siento! ¡No hay otra opción!"
Atlas se levantó del suelo, viendo por un corto segundo que Apollo había tomado el lugar de Bell, aunque rápidamente le restó importancia a eso y fue directamente a matar al albino con un puñetazo. Su puño bajo rápidamente, aunque se detuvo abruptamente a mitad de camino.
Su cuerpo tembló, y no pudo evitar pestañear en completo shock por lo que estaba viendo.
El mismo Apollo prácticamente se le cayó la mandíbula, mientras que las Cazadoras y demás campistas se encontraban exactamente igual en estos momentos.
Bell…
Él…
Él la estaba besando…
Sus labios estaban unidos con los de Artemisa, mientras tenía sus ojos cerrados profundamente, esperando que esto funcionara.
La quería volver a ver bien, y no le importaba lo que le podría pasar después o como reaccionaria Artemisa en el futuro. Solamente quería ver nuevamente sus hermosos ojos plateados…
Quería que esos hermosos ojos recobraran la luz…
Obviamente, Bell nunca espero que esa simple respiración boca a boca se transformara en algo mucho más que eso para la misma Diosa…
"…"
"…"
Artemisa abrió sus ojos con gran pesar, viendo que estaba sumergida en una enorme masa de agua.
"¿Dónde estoy?" Pensó, mirando a su alrededor. "¿Por qué esta todo tan oscuro?" Sus preguntas nunca encontraron respuestas, ya que ella comenzó a cerrar sus ojos lentamente nuevamente.
Ella intentaba moverse, pero le era imposible…
"No…" Artemisa abrió su boca, expulsando una gran cantidad de burbujas. "No puedo respirar…" Sentía como una extraña presión en sus pulmones le obligó a extraer todo el aire.
Su visión se fue tornando oscura lentamente, hasta que sintió como algo irrumpió la tranquilidad del mar.
"¿Bell?" Artemisa no pudo evitar preguntarse, tras distinguir como la figura borrosa de Bell se acercaba nadando rápidamente.
Cuando llegó a ella, el albino rápidamente la tomó en brazos.
"¿Qué estas…?" Los ojos de Artemisa se agrandaron en shock cuando sus labios se unieron con los de él.
En ese momento, una enorme cantidad de emociones que nunca antes había sentido empezaron a florecer dentro de su cuerpo, al igual que el aire…
El mar desolado desapareció completamente y se transformó en un hermoso campo de flores.
Ahora, ella podía moverse, pero en vez de separarse, Artemisa solo se quedó estática, saboreando la sensación única y vibrante que le trasmitía ese beso.
Sentía que además de volverla a la vida, le entregaba un sinfín de emociones que comenzaban por su pecho, y que luego se encargaban de transitar a lo largo de todo su cuerpo…
Eran emociones que le transmitían mucho calor…
Pero no un calor que quemaba…
Era un calor que la abrazaba por completo, y la hacía sentir como si estuviera en las estrellas…
Simplemente, se sentía como la mujer más feliz del mundo…
Todo a causa de él…
Todo a causa de un simple contacto de labios…
Ella finalmente desenterró lo que llevaba sintiendo por Bell hace mucho tiempo. Y ahora…
Ahora que lo sabía…
Ya no iba a dejarlo ir…
"…"
"…"
Artemisa finalmente abrió sus ojos, viendo como Bell la estaba besando. Él separó sus labios de los de Artemisa por un corto segundo cuando un gran puñetazo llegó a su costado que pudo esquivar de milagro. Aun así, Artemisa ni siquiera se había percatado de ello.
En estos momentos, solo existía él…
Artemisa intentó hablar, pero Bell selló sus labios nuevamente con los de ella, haciendo que la Diosa cerrara profundamente los ojos y lo abrazara fuertemente.
Obviamente, Bell se dio cuenta de esto, por lo que se apartó de ella. La Diosa subió su cabeza, con la idea de no despegarse de sus labios, pero finalmente no pudo lograrlo para su molestia.
Un pequeño hilo de saliva conectó sus labios por un segundo, ya que rápidamente se dividió cuando Bell tuvo que dar otro gran saltó para esquivar otro puñetazo, que nuevamente lo esquivó por los pelos.
Finalmente aterrizó cerca de sus compañeros, entregándole una enorme sonrisa a la Diosa.
"No te preocupes." Artemisa no pudo evitar ensanchar sus ojos ante su rostro que ahora le parecía angelical. "Me aseguraré de que no sufras más daño."
Artemisa tan solo pudo apretar su mano levemente en el pecho del albino, sin poder quitarle la mirada de encima.
Realmente…
Realmente se sentía muy atraída por ese hombre que la estaba cargando como una princesa en estos momentos…
Era SU princesa…
¡FINAL DE LA PRIMERA PARTE!
