¡Aquí vamos con otro capítulo!
Se ha cumplido otro objetivo más. Unos de los más importantes, por lo menos si hablamos de un logro personal, ya que no todos los días se llega a escribir 200mil palabras en una sola obra. No creo que llegue a las 300mil antes de terminarla, pero aun así, agregaré el objetivo por si las cosas se alargan más de lo previsto.
Aquí dejo los objetivos:
Wattpad: 3828/4000 Estrellas. 28.121/30.000 lecturas.
FanFiction: 82/100 favoritos. 94/100 seguidores. 209.073/300.000 palabras.
*Recuerden que solo uno de esos objetivos ya significa un capítulo doble, y si se llegan a cumplir más al mismo tiempo, podrían ser hasta capítulos triples o cuádruples.*
Sin nada más que agregar, comencemos!
Disfruta!
"¿Cómo se sintieron esta última semana?" La pregunta de Artemisa resonó dentro de la gran tienda, en donde todas las Cazadoras estaban reunidas, cambiándose de ropa.
"Ah estado bastante bien." Comentó Thalía. "No ha sido difícil integrarme, porque ya me llevaba bien con ustedes desde antes. Y estoy segura de que Bianca piensa lo mismo." Concluyó, entregándole una mirada a la mencionada, que le sonrió como respuesta.
"Me alegro de oírlo, ya que los primeros días son los más difíciles." Comentó Phoebe con cierta gracia. "Lo digo por experiencia."
"Eso es cierto…" Comentó Artemisa con bastante gracia. "Fuiste mi primera Cazadora, y recuerdo que fue muy difícil criarte…" Recordó, terminando de colocarse su sostén. "Estaremos solo un día más aquí, Thalía. Aprovecha para despedirte de tus amigos." Declaró la Diosa, recibiendo un rápido asentimiento de esta. "Va lo mismo para ti, Bianca. No te olvides de tu hermano." La mencionada asintió rápidamente.
"Todavía no puedo creer que dejes a unos hombres acercarse tanto a nuestro campamento…" Pensó Zoe en voz alta, para luego sonreír. "Aunque tampoco me quejo. Demostraron ser muy buenas personas, a la par de respetables."
"Por eso es que los dejo venir." Comentó Artemisa, intentando colocarse su camiseta. "Sé que no intentarían nada. Pero tampoco fue mala idea mantener un radio de 200 metros de nuestras tiendas. Hay que mantener una parte de nuestro protocolo, aunque sea." Concluyó, para luego fruncir ligeramente el ceño. "¿Qué demonios le pasa a esta camiseta?" Se preguntó en voz alta, sin poder colocársela.
Phoebe y Zoe no pudieron evitar reírse levemente ante esto.
"Tu cuerpo mortal sigue las cualidades y apariencia de tu cuerpo real." Comentó Phoebe, para luego entregarle una sonrisa burlona. "Creo que tus pechos han crecido, y es un hecho que también se presenta en tu cuerpo mortal."
Artemisa simplemente alzó una ceja ante su comentario, aunque no tuvo tiempo de responder, ya que se escuchó un grito, seguido de una gran iluminación que se pudo percibir incluso a través del techo de la tienda, dando a entender que era un gran ataque de fuego.
Un segundo después, algo cayó sobre la tienda, destrozándola en gran medida y levantando una pequeña cortina de polvo en el proceso.
Las Cazadoras no pudieron evitar toser, para luego mirar hacia al cielo tras escuchar los aleteos de un dragón, siendo que era Dorazal, y parecía estar buscando a alguien dentro de la tienda.
Todas las mujeres miraron al centro al unísono, esperando que el polvo se disipara.
De allí, se pudo ver como Bell estaba tirado en el suelo, mirando a todas las mujeres con un gran sudor nervioso que recorría por todo su rostro.
"Eh… ¿ups?" Fue lo único que atinó a decir en aquella circunstancia.
INICIO DE ARCO-CAPÍTULO 29: UN ADIÓS EXORBITANTE.
Bell se encontraba limpiando un gran desastre en el bosque que parecía ya tener varios días desde la causa. El albino se secó el sudor de la frente tras arrojar el último tronco quemado en el montón, viendo que había generado un montículo bastante más grande de lo que esperaba en un principio.
Bell se sentó en uno de los troncos, viendo como todo el día se le había ido debido al trabajo forzado. Él no pudo evitar sonreír cuando una botella de agua apareció frente a su rostro.
"¿Sediento?" Preguntó Artemisa, entregándole la botella.
"Gracias." Fue la respuesta de Bell.
Bebió tranquilamente del agua, mientras le hacía un espacio a su lado para que Artemisa le acompañara.
"Tuviste mucha suerte que el castigo haya sido solamente esto." Comentó la Diosa con gracia, haciendo que Bell se riera levemente.
"Si comparamos esto, a ser atado en un árbol mientras me ponen un punto rojo en mi entrepierna como objetivo, sinceramente suena mucho más aliviante." Respondió con claro sarcasmo. Su mirada se puso ligeramente seria, algo que Artemisa captó al instante. "Además, yo hice todo este desastre… Cuando fuiste raptada." Bell no pudo evitar apretar un poco la botella ante el recuerdo.
"Me preguntaba qué es lo que había pasado…" Dijo la Diosa, mirando a su alrededor. "Pero ya es parte del pasado, no dejes que te atormente." Artemisa posicionó su mirada en él, acercándose un poco al albino. "Ya no iré a ningún lado…"
"Espero que sea así, porque la última vez me costó mucho trabajo traerte de regreso, hermanita." Contestó Bell con un claro tono burlón.
"¡No vuelvas a llamarme de esa manera!" Bell casi se cae del asiento tras el arrebato de Artemisa, que prácticamente se levantó de su lado y se puso en frente suyo de un instante a otro. Su mirada era tan afilada, que indicaba claramente que no estaba jugando.
Esto hizo que Bell se confundiera bastante. Sabía que no le gustaba mucho ese prefijo, pero tampoco era para tanto… ¿verdad?
"Muy bien, Lady Artemisa." Contestó rápidamente, haciendo que esta vez los ojos de la Diosa se torcieran a una mirada angustiada tras escuchar el formalismo.
"¡No!" La Diosa exclamó rápidamente. "¡No quiero que me vuelvas a tratar tan formal!" Intentó explicar, mientras agitaba sus manos con nerviosismo. "¡Solo quiero que no me vuelvas a mencionar de esa manera! ¡Otro nombre!"
Si antes se había confundido, Bell se confundió aún más.
"Un nombre… Entonces, ¿Qué te parece Arty?" Preguntó, haciendo que Artemisa pestañeara un par de veces ante el apodo cariñoso.
"¿Arty…?" Se preguntó con gran sorpresa.
Ella solamente quería que le llamara por su nombre y ya. No había pedido un apodo.
Pero, aun así…
"¿No te gusta?" Preguntó Bell, frotándose el cabello al ver que la Diosa parecía tener ciertos conflictos ante el apodo. "Sino, simplemente puedo…"
"¡No, está bien!" Artemisa lo cortó rápidamente, para luego bajar un poco su rostro para intentar disimular su rubor. "Arty… Arty es muy lindo. Me gusta."
Bell no pudo evitar pestañear con ligera sorpresa. "¿Se está sonrojando?" Pensó.
Ahora fue el turno de Bell en sonrojarse, cuando Artemisa recostó su cabeza en su regazo, cerrando sus ojos plácidamente. El albino pensó rápidamente en una conversación para quitarse las ganas de acariciar su rostro.
"¿No te parece extraño que Zeus no haya querido hablar con nosotros después de la fiesta?" Preguntó, mirando hacia otro lado.
"Es cierto." Comentó la Diosa, haciendo que Bell se sonrojara un poco más cuando ella le abrazó la cintura y empujó su rostro contra su abdomen. "Apollo tampoco ha aparecido. Entre ellos dos, es el que más me extraña. Después de todo, se hizo muy amigo tuyo, y da la casualidad de que tú estás viviendo junto a su hermana favorita. Básicamente, tiene la excusa perfecta para visitarnos muy a menudo." Afirmó, acurrucándose aún más cerca de Bell.
"¿Crees que están tramando algo?" Bell ya no sabía hacia dónde mirar. Estaba muy nervioso, pero sería un tonto si diría que no estaba disfrutando la cercanía.
"Hm…" La Diosa tarareó. "Tal vez…"
"Bueno, creo que ya me iré a dormir…"
"No lo creo." Artemisa se aferró aún más a él, haciendo que una gota de sudor nerviosa apareciera en el rostro de Bell.
Había pasado mucho tiempo, y por lo visto, la Diosa no se percató de ello. Estaba demasiada relajada y cómoda para hacerlo…
Ella despertó de su sueño autoimpuesto cuando sintió como la mano de Bell cayó sobre su cabello, para luego deslizarse con mucha lentitud en su mejilla, haciendo que un pequeño rubor apareciera en el rostro de la Diosa ante el contacto tan repentino, y tan deseado… aunque esta última parte se lo guardó exclusivamente para ella.
Ella levantó su rostro para ver lo que estaba sucediendo, solo para darse cuenta que Bell se había quedado dormido.
En vez de sentirse decepcionada, ella se levantó en silencio mientras se encargaba que la mano de Bell no se alejara de su mejilla. De alguna forma, ese toque se sentía bastante bien.
Artemisa apoyó una mano sobre el tronco, quedando justo a la altura del rostro de Bell. La Diosa contemplo su rostro por unos pocos segundos, viendo como dormía con gran tranquilidad. Ella no pudo evitar preguntarse por qué se veía tan atrayente incluso cuando dormía.
Finalmente, su mirada se posicionó en sus labios. Ella los observó por unos pocos segundos, sintiendo como un deseo tan impulsivo comenzó a dominar su conciencia por cada segundo que pasaba.
Y ella no hacía nada para evitarlo, porque se sentía demasiado bien…
Su rostro se acercó lentamente al de Bell, frenando justo cuando sus labios se rozaron.
"Mientras yo sea la única que lo sabe, no significará un problema…" Pensó, para luego presionar con mucha cautela sus labios sobre los de Bell, haciendo que un sentimiento lleno de felicidad dominara su cuerpo.
Con un simple contacto de labios, ella sentía que estaba tocando el cielo…
Ese sentimiento rápidamente cambió cuando vio como Bell frunció ligeramente el ceño, indicando que estaba despertando.
El albino abrió sus ojos, viendo que no había nadie allí.
"¿Ya se fue?" Se preguntó, para luego saborearse los labios, y pestañear un par de veces con mucha confusión. "¿Por qué mis labios saben a frutas silvestres?"
Al día siguiente…
"¿Disfrutaste limpiando el desastre que habías hecho?" Preguntó Phoebe, haciendo que Bell la mirara con una pequeña sonrisa burlona.
"Por supuesto que Sí." Contestó, arrojando su flecha sin ver, y clavándola en el centro de la diana, impresionando visiblemente a Phoebe.
"Has mejorado mucho en eso…" Contestó la rastreadora, bastante impresionada en su progreso.
"Es cierto." Artemisa se unió a la conversación junto con las demás. "Después de un año de práctica, creo que ya tienes un excelente nivel, aunque mis cazadoras siguen siendo un poco mejores." Contestó la Diosa, haciendo que el castaño se inclinara de hombros.
"No es me culpa que la Bendición de la Artemisa de mi Dimensión no me dé una afinidad exagerada con los arcos." Contrarrestó Bell, como si fuera lo más normal del mundo.
Antes de que la conversación se torciera en una discusión bastante tonta entre Bell y Artemisa, como sucedía todos los días, Apollo apareció en un destello. Algo que les extrañó a todos, ya que siempre le gustaba hacer su épica entrada con su coche. Aunque, lo más extraño, sin duda alguna era que su típica sonrisa amigable no estaba en su rostro.
"Bell, tenemos que hablar." Declaró con firmeza el Dios, haciendo que todos lo miraran con gran intriga.
"¿Qué sucede, Apollo?" Preguntó el albino, haciendo que el Dios bajara su rostro por un corto segundo, para luego hablar.
"Mi padre cree que la amenaza ya ha sido superada." Todos se le quedaron mirando, sin entender exactamente a lo que se refería. "Zeus asegura que nunca se ha presenciado un conflicto mayor en los últimos siglos, y con el destierro de Luke, con la ruptura del ejército revolucionario, y con la derrota de uno de los Titanes más fuertes de la historia, sostiene firmemente que nada peor podría llegar. Ah esperado una semana para algún indicio de conflicto, pero no ha sucedido nada." Bell comenzó a ensanchar sus ojos lentamente, sabiendo donde iba todo esto. "Por lo tanto, mi padre ha decidido que ya puedes volver a tu Dimensión."
En ese preciso momento, Artemisa pudo sentir como una parte de su cuerpo la abandonaba. Algo que fue muy visible a través de sus ojos, que parecían estar visualizando a la misma muerte.
Al ver que las Cazadoras comenzaron a mirarse entre sí con gran desesperación y tristeza, mientras que las pequeñas parecían haber comenzado a llorar en silencio, Apollo tan solo pudo sentirse mal ante la vista.
"… Tienes tres días para despedirte." Fue la simple respuesta del Dios, posicionando una mano en el hombro de Bell antes de desaparecer.
"¡No queremos que te vayas!" Brilia y Lilia no tardaron ni un segundo en saltar sobre sus piernas, abrazándolo fuertemente por la cintura mientras lloraban desconsoladamente.
Bell intentó encontrar palabras, pero simplemente no le fue imposible. Lo único que pudo hacer, fue abrazarlas fuertemente, en un intento pobre de consuelo.
"Sabíamos que este día llegaría…" Comentó Zoe con bastante tristeza.
"Pero nunca nos imaginamos que sería de una manera tan brusca…" Phoebe cerró la idea de Zoe, intentando ocultar su obvia angustia ante la situación.
Bianca y Thalía tan solo pudieron mirar hacia abajo con impotencia. No tuvieron mucho tiempo para conocer a Bell, pero con el poco tiempo que estuvieron con él, sintieron que eran conocidos desde toda la vida. Incluso un par de lágrimas salieron de Bianca, recordando como la salvó aquel día, y que al final, tendrá que despedirse sin nunca poder devolverle el favor.
"Escuchen, yo tampoco quiero irme. Pero no pertenezco aquí, nunca lo hice…" Comentó Bell, sintiendo como su voz se quebraba ante el sollozo de las niñas. "En estos tres días me concentraré en despedirme, y… tomarme un poco de tiempo para pensar ciertas cosas. Tengo que volver a mi Dimensión…"
Bell no pudo continuar hablando, ya que un borrón fue captado por el rabillo de su ojo, y en su estela, estaba seguro que había visto lágrimas en el rostro de dicha persona.
"¡Lady Artemisa!" Gritó Zoe en un pobre intento de detenerla, haciendo que bajara su cabeza y temblara de impotencia.
"No importa." Contestó Bell rápidamente. "Cada uno tiene sus formas de despedirse…" Indicó el albino, aunque claramente se sentía dolido ante la idea de que Artemisa ni siquiera se despidiera.
"¡Pero eso no es correcto!" Zoe piso con gran fastidio.
Bell tan solo pudo atinar a sonreír ante la actitud tan considerada de la Lugarteniente. Él tomó en sus brazos a las niñas, para luego acercarse a Zoe, haciendo que todos se abrazaran. En un principio se sintió extraño para ella, pero no tardó en responder el abrazo. Y otra cosa que tampoco tardó, fueron sus lágrimas en salir.
Unas lágrimas bastante pesadas…
Phoebe fue la primera en unirse al abrazo, seguida de Thalía y Bianca. Solamente la rastreadora fue lo suficientemente insensible para no llorar… O mejor dicho, lo suficientemente fuerte para asegurarse de que el momento no fuera aún más triste.
"Muchas gracias por todo lo que me regalaron este año…" Comentó Bell, cerrando profundamente sus ojos mientras sentía que estaba a punto de llorar. "Aventuras sin fin… diferentes viajes y travesías… Algunas de ustedes que me dieron muchos problemas…" No pudo evitar comentar con cierta gracia, haciendo que más de una se riera entre lágrimas. "Diferentes conflictos que supimos cómo superar, y que nos unieron aún más…" Bell dio un pequeño suspiro, sin poder evitar sonreír por las palabras que iba a decir.
"Y, lo más importante de todo… Muchas gracias por darme una familia."
Los sollozos aumentaron aún más, de la misma forma que las mujeres se aferraron a él con más fuerza. Aun así, ahora se sentía mucho más feliz, debido a que todas las Cazadoras parecían estar muy conmovidas con sus últimas palabras.
Todos siguieron inmersos en el abrazo por más tiempo de lo que habían pensado, hasta que finalmente se separaron. Todas optaron por quitarse las lágrimas y mirarlo con una gran sonrisa. Era lo mínimo que podían hacer por él.
"Ahora me gustaría despedirme de todos mis amigos campistas." Comentó Bell mirando a Bianca y Thalía. "Por lo que sé, ustedes dos iban allí hoy para hacer lo mismo." Las dos Cazadoras asintieron, haciendo que el albino fijara su mirada en las Cazadoras restantes. "Entonces, supongo que es el adiós…" Concluyó, esbozando una pequeña sonrisa.
Zoe, Phoebe, Lilia y Brilia asintieron, para luego darle un fuerte abrazo.
"Mucha suerte." Comentó Zoe con una voz claramente quebrada, haciendo que Bell la abrazara con aun más fuerza.
"¿No vas a volver?" Preguntó Phoebe. "Dijo que tenías tres días…"
"No." Bell negó rápidamente. "Como dije antes, tengo que pensar sobre algunas cosas…" Finalizó, bajando su mirada con desconsuelo cuando una imagen de Artemisa cruzó por su cabeza.
"De acuerdo." Phoebe asintió rápidamente, indicando que entendía a la perfección sus aflicciones.
Bell miró a Bianca y Thalía por un corto segundo, para luego hacer una seña con su cabeza. "Vamos."
Las dos Cazadoras la siguieron sin rechistar.
Ni bien se perdieron en la vista del bosque, Zoe se dio rápidamente la media vuelta y comenzó a caminar a paso rápido.
"¿Adónde vas?" Preguntó Phoebe, viendo que la Lugarteniente parecía bastante enojada.
"Quiero saber en qué demonios está pensando Lady Artemisa." Comentó, para luego ser frenada por Phoebe.
"No lo hagas…" Comentó, negando con la cabeza. "Sabes tanto como yo, que ella es la que más está sufriendo…"
Zoe no pudo evitar bajar su mirada con recelo, para luego apretar los dientes, y finalmente suspirar.
En el Campamento Mestizo…
"Es una lástima lo de tu brazo…" Comentó Bianca, viendo como a Clarisse le faltaba un brazo después de la última batalla.
"Si, realmente pensamos que estaba yendo para adelante, pero no fue así…" Comentó Grover, cruzándose de brazos.
Todos se encontraban a las puertas de la Cabaña de Poseidón. Un lugar ideal para charlar tranquilamente, ya que muy pocos campistas circundaban por el sector.
"No se preocupen. No es un gran problema." Comentó Clarisse, para luego darle un fuerte golpe en el hombro a Percy. "Todavía puedo patearle el trasero a Jackson."
"En tus sueños…" Contestó el hijo de Poseidón, mientras se frotaba el lugar golpeado.
"¿Qué los trae por aquí?" Como era costumbre, Annabeth era la primera en notar los detalles. "Es raro que unas Cazadoras y Bell vengan sin Lady Artemisa y las demás."
Bell y las mencionadas se miraron por un corto segundo. La primera en actuar fue Bianca, que abrazó gentilmente a su hermano, Nico. El joven ya sabía lo que eso significaba, por lo que simplemente le contestó el abrazo.
"Nos iremos en un par de horas." Comentó Thalía, mirando a todos. "Venimos a despedirnos."
"Muy bien." Percy asintió, para luego acercarse a la mujer. "Que tengan un buen viaje." Declaró, estrechando la mano con su vieja compañera. Ambos sonrieron, al ver que ese pequeño problema entre ellos finalmente se había resuelto.
Thalía hizo lo mismo con Grover y Annabeth. Bianca se separó de Nico, ambos no mediaron ni siquiera una palabra, pero parecían estar felices de tener una buena despedida. Además, no era que nunca se volvieran a ver de todas formas.
Finalmente, las dos Cazadoras hicieron un asentimiento a Clarisse, indicando el agradecimiento y respeto por lo sucedido recientemente. La hija de Ares les devolvió el gesto con una sonrisa.
Finalmente, todos miraron a Bell, ya que no se había despedido.
"En mi caso, será una despedida permanente." Al escuchar lo mencionado, todos no pudieron evitar mirarse con los ojos bien abiertos. "Según Zeus, el trabajo aquí está hecho, y ya es hora de que regrese." Concluyó.
El primero de todos en acercarse fue Percy, que lo despidió con un fuerte abrazo, dándole fuerte palmadas en la espalda, al igual que Bell. Esto se repitió con Grover, Nico, y Annabeth. Aunque, cuando llego a Clarisse, la mujer simplemente escupió al suelo, indicando que no haría ese tipo de cursilerías. Esto hizo que el albino sonriera, ya que seguía siendo tan dura incluso en estos momentos. Aun así, se despidió con un fuerte apretón de manos, recibiendo una gran sonrisa de la mujer.
Finalmente, Bell se despidió con un apretón de manos con Thalía, en donde ambos hicieron un asentimiento, deseándole suerte el uno al otro. Por último, fue Bianca, que para sorpresa de Bell, ella lo abrazó fuertemente, expresando todo su agradecimiento hacia él, y deseándole un excelente viaje. El albino no dudo en aceptar el abrazo, aunque su sonrisa dejaba ver que todavía estaba un poco asombrado por la actitud de la mujer tan tímida.
Después de una despedida que podría catalogarse como satisfactoria, Bell simplemente alzó su mano en señal de saludo, acercándose hacia Dorazal, que parecía haberse convertido en el nuevo defensor del bosque, después de la desaparición de la barrera.
El dragón aceptó las caricias de la persona que más quería sin rechistar, para que luego apareciera Apollo, para luego desaparecer junto con él y el dragón.
Mientras tanto, en un lugar inhóspito…
Atlas permanecía con su típica cara de póker mientras sostenía el cielo. Veía a lo lejos como las Ninfas se divertían, haciendo que su mirada se torciera a una un tanto disgustada por no poder tener un poco de diversión. Haber estado sosteniendo el cielo por miles de años le hizo apreciar los momentos buenos que tuvo en su vida como nunca antes, y no iba a decir que los extrañaba mucho.
Quizás, si se hubiera dado cuenta que terminaría así, los hubiera disfrutado mucho más…
Bueno de hecho, si hubiera sabido eso, entonces habría cambiado muchas cosas en su pasado…
Atlas fue interrumpido en sus pensamientos profundos cuando escuchó unos aleteos, solo para poner los ojos en blanco cuando Dorazal se posicionó en su hombro. Su expresión facial cambió radicalmente cuando se dio cuenta que Bell estaba montado en el dragón.
"¡¿Qué demonios haces en mi tumba?!" Gritó el Titán, espantando a las Ninfas más cercanas.
"Solo vine a despejarme un rato." Atlas no pudo evitar apretar los dientes ante su respuesta. "Necesito pensar un par de cosas, y creo que este lugar es el mejor para que no me molesten…"
"¡Vete ahora y déjame en paz!" Volvió a gritar el Titán, haciendo que Bell se limpiara el oído al sentir que se estaba quedando sordo.
"¿Me lo estás preguntando?" Preguntó el albino, haciendo que los ojos dorados de Atlas se ensancharan aterradoramente.
"No te lo estoy preguntando, te lo estoy ordenando…" Declaró con un tono asesino.
El albino lo miró con una cara de palo, y procedió a decir lo siguiente:
"Entonces, no quiero."
Un segundo de silencio se presentó en el lugar, para que luego se pudiera escuchar como los dientes de Atlas se apretaban de lo enojado que estaba.
"¡Maldito…!" Intentó decir el Titán, pero fue rápidamente interrumpido por Bell.
"¿Cómo has vivido estos miles de años?" Preguntó, haciendo que una vena en la cien emergiera en Atlas.
"… ¿Pero qué idioteces preguntas?"
Varias horas más tarde…
"Quizás debería enfocarme más en diferentes términos. Estoy seguro que me aburriré hasta el Infierno cuando vuelva…" Los ojos de Atlas estaban inyectados en sangre, completamente arto de escuchar el parloteo sin sentido de Bell.
"¡OH, JODER!" El Titán grito a todo pulmón. "¡¿PODRÍAS CERRAR LA MALDITA BOCA?! ¡SOLO DEJAME SUFRIR EN PAZ MIS PUTAS PENUMBRIAS DE MIERDA! ¡PREFIERO QUE VENGA ZEUS Y ME PARTA UN MALDITO RAYO EN EL PECHO A QUE SEGUIR ESCUCHANDO TUS DELIRIOS!" El titán respiró agitadamente después de esas palabras, solo para asombrarse un poco al escuchar un gran silencio que no había percibido durante todo el día.
Cuando pensó que Bell finalmente había dejado de atormentarlo, giró su rostro solo para verlo en su hombro, durmiendo tranquilamente.
Todo el cuerpo del Titán tembló ante la idea de tener que soportarlo otro día más, aunque finalmente se rindió y dio un gran suspiro.
Al otro día…
Después de estar varias horas hablando sobre… nada en concreto la verdad, Atlas parecía haberse acostumbrado, y su mirada desinteresada indicaba que ya ni lo estaba escuchando.
Al ver esto, Bell sacó una comida de su mochila, mientras acariciaba el lomo de su dragón.
"¿Ahora que te has calmado, puedo volver a preguntarte?" Al escuchar las palabras de Bell, Atlas no pudo evitar mostrar interés.
"¿Qué es lo que quieres?" Preguntó, girando un poco su rostro para mirar al albino.
"Creo que eh formulado mal la pregunta la primera vez…" Bell le dio un pequeño mordisco a su sándwich, para después mirarlo con gran seriedad, algo que impresiono levemente al Titán. "Cuando te pregunté cómo te sentiste los últimos miles de años, me refería si es que valió la pena…"
Atlas no pudo evitar sorprenderse un poco ante la pregunta. "Creo que entiendo la pregunta…" Comentó el Titán, para luego alzar una ceja. "Pero, ¿por qué quieres saber esa respuesta?"
Bell alzó su mirada al cielo, esbozando una pequeña sonrisa. "Bueno… soy medio-inmortal, y dentro de poco me convertiré en un Dios. Por eso, quiero saber cómo es que un ser inmortal valora su vida… Si es realmente interesante vivir miles de años, o si solamente con unos 100 bastan…" El Titán captó a través de la mirada de Bell que eso no era lo que realmente quería saber, pero de todas maneras, decidió responderle.
"Bueno, déjame pensar…" Comentó Atlas, bajando su cabeza, pensando en todos sus recuerdos más lejanos. "La vida…" Un pequeño suspiro salió de los labios del Titán. "Realmente no le ves el verdadero valor a algo tan importante, hasta que lo pierdes…" Atlas alzó su mirada, optando por una mirada muy sincera. "No importa si eres inmortal o no, todas las entidades no saben el verdadero significado de ello, hasta que es demasiado tarde. Obviamente, eso va también para mí. Antes vivía el día a día, siendo monótono con mis diferentes tareas y diversiones. Para mí, eso era algo aburrido, siempre quise más. Por eso me uní al ejercito de Cronos, ya que me prometió muchas cosas de las que deseaba." Atlas no pudo evitar inclinar levemente su cabeza ante el recuerdo de la batalla. "Supongo que ese es mi castigo por no darme cuenta de lo feliz que era antes. Los primeros años de mi encierro, simplemente pensé en venganza, pero a medida que pasaron los siglos y los milenios, ese deseo de venganza fue reemplazado por otro." Al escuchar esto último, Bell no pudo evitar mirarlo con atención. "Me di cuenta que estaba perdiendo toda mi vida por haberle arrebatado la vida a otras entidades. Y, ahora que entendía la vida después de reflexionar durante milenios, simplemente me di cuenta que si alguna vez tenía la posibilidad de escapar, solo viviría por mí mismo, y por la gente que me rodea y también le aportan esa felicidad a mi vida. Por eso, después de tantos años de pensar y solo pensar, creo que la vida para un ser inmortal es tan importante como la de un mortal. No importa si vives cien o mil años, lo único importante es disfrutarla, y no arrepentirte cuando ya sea demasiado tarde."
"Supongo que te vuelves muy hablador cuando estás calmado, ¿eh?" Comentó el albino con gracia. "No me equivoque en preguntarte esto. Gracias." Agradeció con completa sinceridad.
"Ahora que tienes tu respuesta, ¿me vas a decir la verdadera razón de la pregunta?" Preguntó Atlas, haciendo que Bell se riera por un segundo.
"Eres más listo de lo que pensé…" Lo elogió, para luego ponerse bastante serio. "En realidad, estaba pensando sobre qué hacer, porque me iré para siempre mañana…" Al escuchar esto, Atlas no pudo evitar mirarlo con interés. "Tenía muchos conflictos sobre esto, por eso vine a preguntarte, si es que después de tanto tiempo, no te arrepentiste de haber elegido una vía que no te haría muy feliz…" Bell apretaría ligeramente sus puños. "No sabía qué hacer, pero con nuestra charla, me doy cuenta que aquí ya no soy un extranjero, y que debería hacer todo lo posible para disfrutar mi vida en este lugar, o podría arrepentirme el resto de mi vida."
"¿Por qué me lo preguntaste a mí?" Preguntó el Titán, con un asombro oculto al ser elegido por el albino.
"Porque tú eres el que más sabe sobre este tema." Contestó Bell, recordando las pocas palabras que había escuchado durante el combate. "Tú dijiste que nunca tenías nada en contra de los Dioses, y simplemente querías ser libre. Decías que ya habías pagado tu condena, y que si nadie te molestaba, tú tampoco molestarías a nadie." Bell se rio ante el recuerdo. "En un principio, no te creí nada. Pero después de leer la historia de los Titanes, pensé que quizás sí estabas siendo sincero, y me lo acabas de confirmar con tu respuesta."
"¿Por qué cambiaste de opinión?" Preguntó Atlas con gran curiosidad.
"Cuando me informé sobre los Titanes, y la guerra, descubrí que había numerosos Titanes que eran muy pacíficos y nunca hicieron nada malo. De todas formas, esos Titanes terminaron encarcelados o malditos. En tu caso, si hiciste cosas malas, pero, viendo el registro de todos los Titanes, ahora sé con claridad que no son simples bestias, y que realmente pueden cambiar si se lo proponen… O en tu caso, si se ven un poco obligados a hacerlo." Bell lo miró fijamente, alzando ambas dejas. "Después de todo, ¿Qué ser no se volvería alguien pensante, si estas sin poder hacer literalmente nada durante milenios?"
"Un ser pensante que podría haberse nutrido por la venganza." Contestó Atlas.
"Pero no lo hiciste." Respondió Bell rápidamente. "Me lo dejaste bien en claro." Concluyó, montándose en Dorazal. "No sé cuánto tiempo tardaré en volver." El albino fijo la mirada en el Titán. "Pero, cuando lo haga, me aseguraré de hacer los últimos retoques aquí, y tú serás el primero."
Al escuchar esto, Atlas no pudo evitar impresionarse inmensamente, para después reírse fuertemente.
"¿Estás diciendo que vas a liberarme?" Preguntó, aun riéndose a carcajadas. "¿En serio crees que me creeré eso?" Finalizó, para después paralizarse al ver la mirada de Bell, indicando que no estaba bromeando en lo más mínimo.
"Espero que nos veamos pronto." El albino se despidió, zarpando con su dragón.
Atlas tan solo se quedó mirando su figura, hasta que desapareció en el horizonte.
Un día después…
Phoebe se acercó a Zoe. Su cara de preocupación era más que obvia.
"Estoy comenzando a preocuparme bastante." Le comentó a la Lugarteniente, mirando la tienda de Artemisa. "Lady Artemisa solamente salió un segundo para ayudarnos a acomodar el nuevo campamento en el bosque, y se volvió a encerrar ahí dentro."
"Sí… Y recuerdo bien su rostro." Comentó Zoe, recordando que el rostro de la Diosa parecía estar bastante abatido por la tristeza.
Phoebe miró al resto de Cazadoras por un corto segundo, para luego mirar nuevamente a Zoe. "Creo que ya es momento que le digas un par de cosas. Necesitamos su instrucción para saber futuros objetivos. No puede continuar así." Zoe asintió rápidamente, indicando que estaba de acuerdo.
Mientras tanto, Artemisa tenía su rostro hundido en la almohada, que estaba completamente húmeda y mojada por sus llantos silenciosos, que parecían no haberse socavado en ningún momento en estos tres días.
Una parte de su cuerpo se sentía completamente vacío, como si faltara algo…
Ella estaba destrozada…
Artemisa levantó un poco su rostro, viendo como las lágrimas caían sobre la almohada. Ya estaba harta de esto, pero no podía pasarlo por alto. Era demasiado para ella.
La Diosa cerró fuertemente sus ojos, cuando diversas imágenes de Bell junto a ella pasaron por su mente.
"Todos los recuerdos que pasamos juntos, y todas esas veces que estuvimos tan cercanos… Tan solo de recordarlo, hace que mi cuerpo se revuelva…" Otras lágrimas más cayeron de sus ojos, mientras temblaba levemente. "Porque algo extraño me ha invadido, y ahora no puedo olvidarme de ti…" Artemisa apretó con tantas fuerzas a su almohada, que estuvo a punto de partirla. "¡No, simplemente no puedo olvidarte!"
"Lamento interrumpir, My Lady…" Zoe entró en la tienda, solo para ver como Artemisa ni siquiera le contestó. Esto hizo que un gran suspiro saliera de sus labios. "Entiendo cómo se siente, pero no puede estar así. No solamente por nosotras, sino también por usted." Al ver que la Diosa parecía no tener intenciones de responder, el rostro de la lugarteniente se endureció. "Perdone que se lo diga, pero si piensa que se sentirá mucho mejor consigo misma sin siquiera despedirse de él, déjeme decirle que es una tonta." Al escuchar las últimas palabras, Artemisa no pudo evitar mover un poco su cabeza hacia atrás, aunque era imposible ver su rostro. "Eso es todo lo que quería decirle." Finalizó, abandonando la tienda y dejando sola a la Diosa.
Artemisa bajó un poco su cabeza, indicando que estaba debatiendo profundamente en las palabras de Zoe.
En el Olimpo…
Bell chocó los puños con Apollo, para luego mirar a diversos Dioses con los que no había interactuado tanto. Esos mismos Dioses se levantaron de sus asientos, entregándole una sonrisa y asintiendo a su favor, indicando que le tenían un gran respeto por todo lo que había hecho. Hestia y Afrodita le saludaron de una manera mucho más casual, algo que Bell respondió sin muchos problemas. Cuando finalmente llegó al frente, vislumbró su mirada ante los Tres Grandes, y la Reina del Olimpo. Poseidón fue el primero en acercarse, pasando a su tamaño humano, para luego posicionar una mano sobre su hombro. El Dios tan solo asintió con una sonrisa, algo que Bell le respondió.
"Es una lástima que mi sobrino favorito tenga que marcharse…" Comentó Hades, para luego acercarse repentinamente y abrazándole por el cuello. "Si quieres, puedo iniciar otra guerra para que te quedes más tiempo." Le susurró al oído, haciendo que Bell pusiera sus ojos en blanco.
"Aunque me veo atraído por la idea, quise instalarte en el Olimpo para que te llevaras mejor con tus hermanos, no lo contrario." Contestó, haciendo que el Dios del Inframundo sonriera.
"Entonces, es una lástima…" Contestó el Dios, para luego volver a su trono.
La siguiente fue Hera, que básicamente lo ahorcó por culpa de su fuerte abrazo. El albino estaba seguro que ella estaba aguantándose las lágrimas, por lo que no pudo evitar sentir bastante empatía ante la Diosa. En lo personal, él nunca la había visto como una madre, pero era innegable que últimamente estaba sintiendo que Hera había logrado cumplir bastantes rasgos de la madre que siempre soñó.
"Habiendo terminado la despedida, doy esta reunión por terminada." Declaró Zeus, viendo como todos desaparecían uno por uno.
La ultima en irse fue Hera, quien le entregó una sonrisa que estaba repleta de su amor antes de desaparecer en un destello.
Cuando la sala quedó completamente vacía, el silencio también se hizo presente.
"Bueno, es hora de decir el adiós…" Comentó Zeus, para luego ponerse frente a frente con Bell. "Sé que las cosas entre nosotros no han funcionado muy bien, pero aun así, debo decir que te extrañare… Solo un poco, no te entusiasmes." Concluyó el Dios, esbozando una sonrisa orgullosa en su rostro.
"Lo mismo digo." Contestó Bell con un poco de gracia, para luego estrechar la mano del Dios con suma seguridad.
Ambos agitaron sus manos una vez, viéndose el rostro. Tanto padre como hijo parecían estar bastante conformes con lo que vivieron juntos, a pesar de sus palabras.
"Gracias por ayudarme." Concluyó el Dios, para luego activar el portal dimensional. "Mándale un saludo a mi yo de donde perteneces."
Bell no pudo evitar mirar el trono de Artemisa con bastante dolor en su mirada, algo que el Dios pudo captar al instante.
"Sé lo daré." Contestó rápidamente el albino, encaminándose al portal.
Pero justo antes de cruzarlo, un destello plateado se presentó en su costado. Antes de que pudiera siquiera ponerse contento de su presencia, él fue tacleado por un abrazo tan fuerte que llenaría el alma de cualquiera.
Allí estaba ella…
En su forma divina…
En su forma más bella…
Llorando desesperadamente por él. Sus ojos estaban un poco rojos, indicando que había estado llorando por mucho tiempo…
"Me-me gustaría poder despedirme correctamente…" La voz quebrada y los sollozos tan fuertes y prominentes hicieron que incluso Bell comenzará a llorar. "¡Pero no puedo hacerlo! ¡No quiero que de vayas!" Gritó con gran desconsuelo, abrazándolo con aun más fuerza.
Bell correspondió su abrazo, intentando devolverle todas esas emociones que ella le estaba trasmitiendo con un simple toque. "Lo siento, pero no hay nada que podamos hacer…" Bell dejó de llorar, y justo después apareció una sonrisa en su rostro. "Pero, encontraré la forma de hacerlo. Volveré, porque aquí es donde pertenezco. Con las Cazadoras… Contigo." Al escuchar el susurro del albino, Artemisa no pudo evitar apartar su rostro y mirarlo con gran incredulidad. "Como sabes, nunca rompo mis promesas. Por eso…" Bell alzó su dedo meñique. "Te prometo que volveré."
Artemisa se le quedó mirando por unos pocos segundos, hasta que finalmente unió su dedo meñique con el de él.
Una gran sonrisa apareció en su rostro, que solamente pudo verse aún más gloriosa con las lágrimas que decoraban su rostro.
"Me gustaría quedarme más tiempo debajo tuyo, pero ya tengo que irme." Comentó Bell con bastante gracia, sentándose con algo de dificultad, debido a que Artemisa estaba sentada sobre su cintura.
Artemisa le dio un último gran abrazo. Ella se apartó un poco de él, solo para sentir como su corazón se aceleraba cuando Bell secó sus lágrimas con sus manos.
"No llores." Comentó el albino, levantándose junto a Artemisa. "No es digno de una verdadera Diosa." Concluyó, dando un último saludo antes de entrar en el portal.
Artemisa alzó su mano para contestar el saludo, para después sentir como el vacío enorme volvía a su ser después de verlo desaparecer.
Aun así, ese agujero interno ya no se sentía tan doloroso. Probablemente, sea porque ella logró despedirse de él, y sabe que volverá en algún momento.
Él lo había prometido…
"¿Está todo bien, hija?" Zeus no pudo evitar preguntar con una mirada divertida, al ver como la Diosa había tenido la mano en su pecho por varios segundos sin siquiera darse cuenta.
Artemisa no pudo evitar sonrojarse levemente, para después hacer una pequeña reverencia y desaparecer.
Zeus cerró el portal, solo para que una sonrisa llena de misterio le adornara poco después.
¡FINAL DE LA PRIMERA PARTE!
