¡Vamos aquí con la última parte de este capítulo doble!

No hay mucho que agregar, solo espero que les guste.

Disfruta!

CAPÍTULO 30: AMIGOS DEL PASADO.

Bell miró a su alrededor, solo para ser recibido por Zeus y Hera. Después de mirarlos más detenidamente, se había dado cuenta que la diferencia de apariencia entre los dos reyes era bastante grande. Quizás ese hecho se haya intensificado más, siendo que había pasado un año sin verlos.

"Me alegra ver que estés bien." Comentó Zeus, arrodillándose frente a Bell para luego entregarle un lindo abrazo. Hera no tardó ni un segundo en unirse al reencuentro.

El albino no negaba que la situación era agradable, pero no podía olvidar a la cantidad de personas que había dejado atrás hace unos momentos. Algo que Zeus pudo presenciar casi al instante.

"¿Sucede algo?" Preguntó el Dios, viendo la expresión del recién llegado.

"No es nada." Bell contestó rápidamente. "Solo me preguntaba cómo están mis amigos de aquí." El albino logró desviar el tema a la perfección, algo que parecía haberse tragado ambos Dioses. "Ya sabes… No solamente por mis Dioses amigos, sino por aquellos que no veo hace dos años."

Al escuchar esto, Hera fue la que más se sorprendió. "¿Quieres volver a Orario?" Preguntó, solo para recibir un rápido asentimiento del albino.

"Quiero comprobar como están. Aunque antes, me gustaría tener una conversación rápida con Apollo y los demás." Dijo, recibiendo un asentimiento por parte de Zeus.

"Muy bien, los llamaremos." Contestó el Dios.

Bell ni siquiera tuvo que esperar mucho tiempo, ya que todos los Dioses se presentaron rápidamente. El albino le comentó como era la Artemisa de la otra dimensión a Apollo, algo que lo sorprendió bastante, ya que era muy diferente a la hermana que siempre había estado a su lado. También tuvo una rápida conversación con Atenea y Afrodita, donde les comentó como Atenea si era bastante parecida, mientras que Afrodita era completamente diferente, no solo en su personalidad, sino también en su forma física. Probablemente, era el Dios que más diferencias físicas tenían, salvo por Hefesto, y creo que no es necesario explicar las razones.

"¿Entonces, la pasaste mal con mi otro yo?" Preguntó Afrodita, jugando con su bebida.

"De hecho, creo que es todo lo contrario." Comentó Bell, haciendo que la Diosa le mirara con gran curiosidad. "Después de todo, siempre que se me insinuaba, terminaba siendo ridiculizada…" Explicó el albino, sin poder evitar frotarse el cabello ante ello.

No es que se sintiera avergonzado de haberlo hecho, pero no podía decir que no sentía algo de lastima por esa mujer…

"Lo entiendo, supongo que lo tiene merecido… O mejor dicho, lo tengo." Afrodita no pudo evitar poner una mirada confusa. "¿Somos las mismas, o somos diferentes? Esto es algo muy raro para mi…" Afrodita no pudo evitar preguntarse en voz alta.

"Creo que son las mismas, pero con un destino diferente." Contestó el albino, haciendo que la Diosa le mirara con mucha intensidad. "Quiero decir, ella está en un casamiento forzado con Hefesto. Para una Diosa del amor, estar casada con un hombre que no ama debe ser devastador." Incluso Afrodita se impresionó de las palabras de Bell, ya que nunca había pensado en eso.

"Tienes razón, es extremadamente doloroso para una Diosa del Amor…" Comentó Afrodita, pensando detenidamente. "De igual forma, que es increíblemente doloroso para una Diosa del Amor ser rechazada por el hombre que ama…" Concluyó, para luego asombrarse por la persona que estaba viendo. "Hum, en ese momento, no lo dije porque ella estuviera aquí, ¡lo juro!" Exclamó al final, algo que confundió bastante a Bell.

El albino siguió su mirada, solamente para quedarse helado ante la vista.

"…"

"¿Freya?" Preguntó el albino, viendo como Freya lo distinguía, para luego entregarle una dulce sonrisa al mismo tiempo que se acercaba a él.

Ella posicionó su mano sobre la mesa, mirando profundamente a la Diosa. "¿Puedes dejarnos solos?" Afrodita apretó ligeramente los puños, algo que la Diosa distinguió al instante. "Descuida, prometo que no se trata de nada malo." Le prometió, vislumbrando una hermosa sonrisa bastante sincera en su rostro, algo que Afrodita lo tomó con calma.

Finalmente, la Diosa griega accedió, y los dejó solos.

Bell tan solo observó en silencio como la Diosa de cabello blanco como la nieve se sentó frente suyo, algo que le puso visiblemente nervioso.

"Si quieres hablar sobre el pasado, yo…"

"El pasado, se queda en el pasado." Fue la simple respuesta de Freya, mientras tomaba un pequeño sorbido de su vino. "Además, lo que sucedió entre nosotros, fue culpa mía en primer lugar. Yo realmente te amaba, pero llegue al punto de la obsesión, y eso es lo que me trajo aquí." Comentó la Diosa, para luego entregarle una mirada afilada. "Supongo que los dos sabemos lo mal que te hace obsesionarte por la persona que amas, ¿no es así?" La pregunta claramente iba dirigida hacia Aiz, aunque Bell parecía no haberse fastidiado en lo más mínimo ante la insinuación.

"Como tu dijiste, el pasado, se queda en el pasado. Aun así, me aseguraré de no cometer los mismos errores." Afirmó Bell, para después entregarle una pequeña sonrisa. "Además, ya lo superé hace mucho tiempo…"

"Puedo verlo." Comentó Freya con suma simpleza, para luego esbozar una pequeña sonrisa y acercarse un poco a su rostro. "Puede que logres engañar a las demás Diosas del Amor, pero no funciona conmigo." Comentó, haciendo que un leve sudor frio recorriera el rostro de Bell. "Puedo ver claramente a través del muro que creaste en tu subconsciencia. Supongo que esa tal Arty es un partido incluso más complicado que Aiz para intentar que nadie descubra tus intereses amorosos."

"¿Qué es lo que quieres?" Preguntó el albino, ganándose una sonrisa misteriosa por parte de la Diosa.

"Lo reconozco, yo me equivoqué en el pasado. Por esa razón, es que quiero que tú no cometas un error parecido." Respondió, para luego levantarse de su asiento. "Es en todo lo que te puedo ayudar, después de haberte causado tanto dolor. Si podría cambiar el pasado, haría todo lo posible para que esos sentimientos llenos de amor que tienes por Artemisa, pasaran a ser de mi propiedad." Freya giró la copa, bajando levemente su mirada. "Pero me equivoqué, y por eso es que nunca podré tenerlo." Finalmente, la Diosa alzó su mirada, entregándole una gran sonrisa. "Realmente… realmente estoy muy celosa de ella." Concluyó, dándose media vuelta. "Te deseo suerte." Fueron sus últimas palabras, algo que Bell no pudo evitar pasar por alto.

El albino miró a su figura por varios segundos, para luego dar un suspiro cubierto de cansancio. "Definitivamente, nunca entiendo que es lo que realmente quiere o piensa esta mujer. Pero, en esta ocasión, por lo menos parecía tener buenas intenciones…" Pensó, para luego esbozar una pequeña sonrisa, al presenciar como Freya había cambiado un poco su forma de ser desde la última vez que la vio, que fueron hace bastantes años.

Aun así, él no estaba conforme con esta bienvenida…

Después de todo, tenía dos personas muy valiosas a las que visitar…

No podía evitar emocionarse al pensar en cómo les habrá ido durante estos 2 años…

En Orario…

La ciudad de los aventureros se veía tan imponente y majestuosa como siempre lo ha sido. No se podían visualizar muchos cambios dentro, salvo algunos hogares que parecían no haberse creado hace mucho tiempo.

En una de esas tantas casas, se podía escuchar como la voz de un hombre y una mujer parecía estar hablando alegremente.

"¡Entró tan de cabeza, que prácticamente se estampó contra la pared y generó un gran temblor que dividieron los pisos!" Explicó el hombre con mucha euforia. "¡Nos asustamos en vano, ya que pudo pasar a través de una pequeña abertura! ¡No por nada le digo pequeña renacuajo!" Concluyó, haciendo que la mujer golpeara fuertemente la cerveza vacía en la mesa, para luego reírse ante la historia. Su piel morena y bronceada resaltaba en su figura.

El cabello negro como la noche y sus ojos de color morado la hacían ver con una apariencia un tanto intimidante, incluso para una mujer tan bien dotada como ella. Y ese último dato era algo que parecía resaltar, debido a sus vestimentas un tanto reveladoras.

"Ya no puedo esperar en volver a la mazmorra con ustedes…" Comentó la mujer, sin poder evitar mirar con cierta aura seductora la barba mal afeitada y el cabello rojo recogido en una coleta del hombre.

"No." Fue la respuesta inmediata del hombre. "Tienes que cuidar a nuestro hijo, Aisha. Apenas tiene seis meses."

"Lo sé, lo sé…" Aisha dio un gran suspiro. "Eres muy aburrido, Welf."

"Ah, ¿soy aburrido?" Preguntó con una ceja alzada, a lo que Aisha asintió rápidamente. "Veamos si esto es aburrido…" Concluyó, levantándose de su mesa y acercando repentinamente el rostro de Aisha, algo que la tomó por sorpresa. Finalmente, ambos terminaron enroscados en un fuerte y apasionado beso que, si no se detenían de inmediato, podría llevar a mucho más.

Aisha se separó, apoyando su frente con la de su amado. "Eso no fue tan aburrido, aunque sé que lo puedes hacer mucho mejor, cariño…"

"¿Quién dijo que aquí se detenía?" Preguntó Welf, para luego darle un rápido beso en sus labios. "Nuestro hijo está dormido. Podemos aprovechar este momento…"

"Tienes razón…" Comentó Aisha, entregándole una mirada muy traviesa. "Cuando te siento dentro de mí, alcanzo una diversión que es inigualable y adictiva…" Aisha se acercó lentamente a su oído, para después susurrarle: "M-U-Y adictiva."

Justo cuando estaban a punto de volver a besarse incluso con más intensidad, ambos fueron interrumpidos cuando la puerta sonó. Obviamente, ambos suspiraron con gran decepción, y Aisha se arrojó sobre la mesa con gran desilusión.

"¿Quién diablos es a estas horas?" Se preguntó Welf un tanto enojado, debido a que habían interrumpido el gran momento con su mujer.

El hombre se dirigió a la puerta, y gritó desde el otro lado:

"¡¿Acaso no sabes la hora que es?!" Preguntó, con claras intenciones de no abrir.

"¿Es que no recibirás a un amigo que no ves hace dos años?"

El tono irremplazable de voz hizo que Welf ensanchará sus ojos en completo shock, mientras que Aisha se levantó de su asiento de un momento a otro.

Welf abrió rápidamente la puerta, sin poder creer a quien estaba viendo.

"¿Te vas a quedar mirándome así todo el día, o le darás un abrazo a tu mejor amigo?" Preguntó el albino, para después recibir un fuerte abrazo de Welf.

"¡Hombre, has estado desaparecido por estos dos años!" Exclamó, golpeando fuertemente su espalda durante el abrazo.

"Lo sé. Tuve que superar bastantes conflictos para volver a verlos." Contestó. "Incluso tuve una gran misión de por medio."

Al escuchar esto, Aisha sirvió un tercer vaso con cerveza. "Eso suena bastante interesante. Aprovechemos la noche para ponernos al día." Comentó la amazona, recibiendo un rápido asentimiento por parte del albino.

Las horas pasaron, Bell relató toda su historia, al igual que ellos relataron la suya. Obviamente, Bell salió más sorprendido que ellos mismos, ya que nunca se esperaba que poco después de su desaparición, ellos dos se convirtieran en pareja, para eventualmente tener un hijo. El albino contó sus travesías en una tierra lejana, pero nunca dijo algo sobre otra Dimensión por seguridad. También les contó que se había enamorado de una doncella en su travesía, y que, lastimosamente, ella era literalmente inalcanzable para él debido a las circunstancias.

"En ese caso, me alegro que finalmente la hayas... superado. Ya sabes…" Comentó Welf, recibiendo un rápido asentimiento del albino.

"¿Y cómo están las demás?" Preguntó Bell.

"¿Quienes?" Preguntó Welf, haciendo que Bell enseriara su mirada.

"Sabes perfectamente de quien hablo…" Aclaró.

"Se arrepintieron mucho de lo que hicieron." Contestó Aisha, sirviendo aún más cerveza. "Aun así, ellas no cambiaron su pensamiento. Quieren estar contigo, y probablemente harán todo lo posible para hacerlo, sabiendo que estas de regreso…" Concluyó, mirándolo con ligera seriedad.

"Lástima que no tardaré mucho en volver a irme." Esto hizo que ambos le miraran con sorpresa. "Y esta vez, será un adiós permanente."

"¿Pero no dijiste que no podías regresar allí?" Preguntó Welf, sin entender lo que estaba sucediendo.

"Encontraré la forma de hacer lo imposible algo posible." Comentó Bell con gran seriedad. "Se lo prometí a ella."

"¿Te refieres a la mujer que amas?" Preguntó Aisha, sin poder evitar mirarlo con cierta picardía. "¿Estás seguro que ese amor es tan prohibido como tú dices?" Ella estiro sus palabras para hacer aún más énfasis. "De todos modos, todavía ni siquiera nos dijiste su nombre."

"Es un secreto." Fue la rápida respuesta de Bell, que confundió a Aisha y Welf, pero decidieron no presionar.

"Si te vas a ir cuando apenas regresas, ¿por qué regresaste en primer lugar?" Preguntó Welf, alzando una ceja. "No creo que haya sido solo para contarnos tus historias."

"Solo quería despedirme como se debe de los verdaderos amigos que nunca me abandonaron pese a mi ceguera." Comentó el albino, haciendo que todos sonrieran. "Cambiando de tema, me alegra mucho oír que Haruhime logró reconciliarse con su padre."

"Si, ella está completamente feliz ahora." Comentó Aisha con una gran sonrisa en su rostro. "Deberías de haberla visto cuando se marchó de regreso a su castillo…"

Al día siguiente…

"¿Estás seguro de esto?" Pregunto Welf, mientras paseaba junto con Bell y Aisha en los caminos transitados de Orario.

"Me gustaría ver la ciudad en donde todo comenzó por una última vez." Contestó el albino, viendo que las tiendas y demás cosas no habían cambiado mucho en los años que estuvo afuera.

"¿No quieres visitar a Hermes?" Preguntó Aisha, recibiendo una negativa de Bell como respuesta.

"Hermes es un amigo, y me ha ayudado mucho. Pero no puedo evitar pensar que sus planes siempre han sido parecidos a los de Freya, aunque de una manera mucho menos retorcida." Contestó el albino, dando su punto de vista. "No confió mucho en él."

"¡WELF!" El grito de una mujer hizo que los tres se frenaran en seco. "¡¿Qué demonios estabas haciendo?! ¡Te estuvimos esperando por más de media hora…!"

"Hum, pensé que habían leído mi mensaje, pequeña renacuajo…" Comentó Welf, dándose la media vuelta.

Liliruca iba a volver a recriminarle, si no fuera por la persona que se giró al lado de Welf.

"Lili, ha pasado mucho tiempo." Bell alzó su mano en gesto de saludo, haciendo que la pequeña mujer lo mirara con los ojos bien abiertos.

"¡¿Qué está pasando?!" Hestia salió al frente, solo para mirar a Bell con los ojos bien abiertos.

"Por suerte, solo son dos…" Pensó Bell internamente, viendo que todas las demás no se encontraban allí.

"¡Bell!" Hestia fue corriendo a sus brazos, solo para sentirse miserable cuando el albino hizo un paso hacia atrás, indicando con gran claridad que no quería ni siquiera tocarla.

"Oye, Bell… Con respecto a lo que paso hace 3 años…" Lili intentó hablar, pero fue frenada rápidamente por la mano alzada de Bell.

"Sé lo que van a decir, y las perdono." Contestó, haciendo que ambas sonrieran con gran esperanza. "Entiendo que fue un arrebato de completa impotencia, ahora puedo entender más que nunca lo que se siente lidiar con un amor imposible." La mirada del albino se enserio de sobremanera. "No obstante, eso no significa que estaré con ustedes. Creo que debo volver a repetirlo, pero yo solamente puedo amar a una mujer en un momento y tiempo determinado. Prefiero un amor que esté prohibido y que sea inalcanzable para mí, a estar con mujeres que no amo y nunca amaré." Los rostros de ambas mujeres se destrozaron casi al instante, haciendo que el albino diera un pequeño suspiro. "Lamento ser tan directo, pero con el tiempo me eh dado cuenta de ciertas cosas… Entiendo que haya sido mi culpa no aclarar profundamente las cosas desde un principio, pero ustedes tampoco quisieron ver la realidad, nunca estuvieron dispuestas a hacerlo." Bell se dio media vuelta, comenzando a caminar. "Vámonos."

"¡Si no te quedas conmigo, borraré nuestro vinculo!" Gritó Hestia con lágrimas en sus ojos, haciendo que Bell se detuviera, para luego mirarla con una pequeña sonrisa.

"Hestia, eres demasiado buena para tramar algo que pueda llegar a matarme. Por eso nunca lo hiciste antes, y por eso es que nunca participaste en las diversas calumnias que las demás mujeres dijeron sobre mí. Creo que eres una gran Diosa, y te respeto mucho por eso. Te debo mucho, pero no puedes forzarme a amarte. Eso no es algo que tú, o ningún Dios, pueda elegir." Explicó el albino, haciendo que Hestia bajara su mirada ante sus palabras.

"Entonces… Por lo menos…" Hestia comenzó a temblar levemente mientras las lágrimas aun salían de su rostro. "Por lo menos, dime si lograste superar a la víbora que tanto te hirió…"

Al escuchar las palabras de Hestia, Bell no pudo evitar sonreír. "Creo que no escuchaste bien mi explicación interior." Al escuchar su respuesta, los ojos de Hestia se ensancharon ante la revelación. "No solo la superé, sino que me volví a enamorar. Y esta vez, me enamoré de una mujer amable, honesta, hermosa, simpática, agradable, cálida… y lo más importante… me enamoré de una mujer sensible y cariñosa." Concluyó, para luego seguir su camino junto a los otros dos.

Liliruca se quedó allí, mirando entre Bell y Hestia. "¡¿Vas a dejar que se vaya así como así?!" Exclamó la pequeña mujer, completamente incrédula ante la actitud de su Diosa.

"Lo siento, pero no importa cuánto luche contra ello…" Comentó Hestia. "Hacerlo infeliz va en contra de mis principios…"

Liliruca tan solo apretó fuertemente los dientes, sin creer lo que había oído.

Después de quedar afueras de la muralla, Bell se detuvo por unos segundos, admirando la ciudad.

"Supongo que aquí me despido." Comentó Bell, mirando a sus dos amigos. "Y esta vez, si les doy una despedida." Concluyó, estrechando la mano de ambos. "Les deseo mucha suerte a los dos con su futuro."

Aisha se acercó a su oído, susurrándole las siguientes palabras: "Tú también deberías centrarte en alcanzar tu futuro prohibido con la mujer de tu sueños…" Bell tan solo atinó a sonrojarse ante sus palabras.

Aisha solamente pudo sentirse muy satisfecha ante esto, debido a que todavía no había perdido ese toque de hacerlo sonrojar, incluso cuando ya se había convertido en un hombre maduro y serio.

"Nos vemos, amigo. Y que tengas mucha suerte." Welf le dio un saludo final, antes de despedirse.

Los dos tan solo observaron con una sonrisa en sus rostro como un rayo caía del cielo en donde Bell, indicando que Zeus lo había llevado al Olimpo.

Después de unos segundos de silencio, Aisha habló:

"¿Ella vendrá?"

"Oh, sí que lo hará. Por suerte, no tuvo que cruzarse con ella."

Varias horas más tarde.

Welf se sentó en la mesa, solo para mirar como una cabellera dorada estaba al frente suyo.

"Tardaste mucho menos en aparecer de lo que pensaba…" Comentó Welf, sirviendo cerveza con la jarra.

"¿Dónde está?" Preguntó Aiz, sin pelos en la lengua.

"Se fue hace poco." Al escuchar esto, Aiz no pudo evitar bajar un poco la cabeza. "Aun así, él me dejo un mensaje para ti." Aiz alzó ligeramente su cabeza ante lo escuchado. "Lo pasado, ya está pisado."

"…" Aiz se quedó en silencio por varios segundos, asimilando las palabras del albino.

Finalmente, ella se levantó de su asiento, con intenciones de marcharse.

"Déjame abrirte la puerta." Cuando la abrió y Aiz salió, se llevó una desagradable sorpresa al ver a las mujeres que calumniaron a Bell, encabezadas por Liliruca. "Que entre solo una."

"¿Dónde está?" Preguntó Lili, mirando en varias direcciones.

"Él no está aquí." Fue la simple respuesta de Welf, maldiciendo en su mente a Bell por tener que lidiar con tantas mujeres malditamente tercas.

"Muy bien." Lili le pegó a la mesa con sus dos manos, fijando su mirada empedernida en Welf. "¡Tienes que ayudarnos a recuperarlo!"

"Por lo visto, no entendiste bien." Comentó Welf, haciendo que la pequeña mujer lo mirara con una ceja alzada. "Él se ha ido… para siempre." Al escuchar esto, los ojos de Lili se ensancharon en shock. "Solamente ha venido a despedirse de nosotros…"

"¡¿Por qué no lo detuviste?!" Lili le pegó fuertemente a la mesa e interrumpió a Welf, haciendo que este mismo suspirara.

"Porque yo no soy como tú." Fue la respuesta cortante de Welf. "Yo quiero verlo feliz, no quiero que me haga feliz. Hay una diferencia muy grande entre una cosa, y otra." Aclaró Welf, haciendo que Lili entrecerrara sus ojos.

"Sabes… Nos entendemos en todo, menos en esto…" Comentó la pequeña mujer con cierto odio, haciendo que Welf asintiera.

"Estoy de acuerdo contigo." Fue la simple respuesta del herrero.

En otro lugar muy alejado de Orario…

"Por favor."

"No."

"Déjame ir."

"No."

"Por favor."

"¡Ya te dije que no!" Exclamó Zeus, harto de la situación. "¡No perteneces a esa Dimensión! ¡Debes quedarte aquí!" Explicó el Dios, haciendo que Bell lo mirara con sumo aburrimiento.

"¿No hay alguna forma de que pudiera cambiar de Dimensiones?" Preguntó el albino, haciendo que la mirada de Zeus cambiara notoriamente.

"Bueno…" El comentario del Dios hizo que una mirada muy compenetrada apareciera en el rostro de Bell. "No… no hay forma de que puedas hacerlo…" Concluyó, haciendo que Bell le mirara fijamente.

Zeus se sintió aliviado cuando Bell dejo de insistir, aunque claramente el albino estaba tramando algo.

"Descubriré esa forma, cueste lo que me cueste…" Pensó el albino, mirando fijamente al Dios.

Mientras tanto, en un lugar paralelo…

"¿No crees que fue una idea muy precipitada mandarlo de vuelta tan rápido?" Preguntó Hera, sentada en su trono. "Y no lo digo desde el punto de vista de una madre, sino del sentido común. Es decir, no creo que Atlas y el ejército revolucionario podrían haber dado un ultimátum al Olimpo."

"Por supuesto que esa no fue la guerra decisiva, querida." Respondió Zeus, también sentado en su trono. "Solamente fue un plan que elaboramos con mi hijo, Apollo. Queríamos que Bell se desconectara un buen tiempo de nosotros."

"Pero, ¿por qué?" Preguntó la Reina de los Dioses con gran confusión.

Zeus la miró de reojo por un corto segundo, para después contestar. "Lo entenderás cuando llegue el momento…" Fue la simple respuesta del Dios, al mismo tiempo que cerraba sus ojos con tranquilidad.

Hera no pudo pensar por mucho tiempo en lo que estaba pensando su marido, ya que Hades apareció de la nada en el gran salón, y su mirada espantada daba a entender que algo horrible había pasado. Esto hizo que Zeus se pusiera serio de inmediato.

"¿Hades?" Preguntó el Dios, sin comprender su acto de presencia.

"¡Alguien invadió el Inframundo y creó una puerta hacia el Tártaro unos pocos segundos!" Exclamó el Dios con suma urgencia.

"¡¿Cómo dices?!" Gritó Zeus, levantándose de su asiento.

"No hubo fugas… Lo realmente extraño, es que siento la presencia de más entidades en el lugar." Explicó el Dios, haciendo que Zeus apretara los dientes.

"¿Cómo es que pueden burlar tu defensa, si eres el único que controla la entrada y salida del Tártaro?" Preguntó el Rey de los Dioses.

El rostro de Hades se puso bastante serio tras la pregunta. "Tú sabes bien esa respuesta." Contestó el Dios. "La única entidad que tiene un control superior a mi sobre el Inframundo, es aquella mujer que tiene el control sobre todo tipo de tierras…"

Zeus se sentó en su trono, frunciendo el ceño a más no poder. "La Diosa Primordial de la Tierra, Gaia…"

"¿Se regeneró mucho más rápido de lo que pensábamos?" Se preguntó Hera en voz alta, sin poder creer lo que había oído.

"Aunque siento como pierdo el control sobre el Tártaro, estoy seguro que los Titanes no salieron de sus encierros. Probablemente sea porque Gaia no puede crear una puerta tan grande para enviarlos. Lo más seguro, es que esté haciendo algún tipo de plan para tomar control total del Inframundo y abrir la única puerta del Tártaro, y por ende, la única salida para los Titanes…"

"Si sucede eso, estaremos perdidos…" Comentó Zeus con paciencia, pensando detenidamente. "Lo peor es que si Gaia comenzó sus movimientos, debe significar que tiene aliados muy poderosos. Después de todo, nunca fue alguien de empezar una guerra solo bajo su fuerza."

"Probablemente sean los Titanes que lograron escapar de nosotros en la Titanomaquia." Comentó Hera rápidamente, haciendo que tanto Hades como Zeus la miraran. "Quizás, el ejército revolucionario no se disolvió del todo, y ahora están formando equipo con esos Titanes y Gaia para liberar a Cronos."

"Enemigos del Tártaro, mi padre, Gaia, ejército revolucionario…" Zeus se frotó la cien. "Esto es un gran problema, son muchos enemigos…" Zeus dio un pequeño suspiro, pensando detenidamente en lo que debía hacer. "Primero que nada, sabemos bien lo que debemos hacer." Declaró el Dios, mirando a su esposa. "Convoca una reunión divina, mientras yo me propongo a traer a Bell de regreso." Hera rápidamente asintió, yéndose del lugar.

Zeus se frotó la mejilla con gran disgusto. "El plan iba a funcionar si ustedes dos pasaban más tiempo separados, pero nunca pensé que la verdadera amenaza estaría tan próxima…"

¡FINAL DEL CAPÍTULO DOBLE!

Quise ser lo más conciso posible ante las interacciones de Bell en Orario. Sinceramente, no quería darle mucha profundidad, porque quería pasar rápidamente al foco principal de lo que se viene. Aun así, habrá uno o dos capítulos en donde las cosas serán bastante tranquilas, y Bell aprovechará para hacer sus movimientos. De esta forma, ganará aliados muy poderosos para la guerra que se avecina. Puede que alguno no se haya quedado muy conforme con el capítulo único en donde se habla de Orario, pero deben entender que no quería explayarme de más (de hecho, en un principio ni siquiera quería hacer algo referido a Orario, pero como ustedes me lo pidieron tanto y me dieron algunas ideas buenas, decidí hacerlo). Algunos me pedían interacciones entre ambas Artemisas (siendo que es imposible, porque una Artemisa está regenerándose), otros que vean el casamiento de Bell y Artemisa (algo que se hará en su debido tiempo con una explicación dentro de todo lógica, porque recuerden que dos personas iguales no pueden convivir en una misma Dimensión), y entre muchas otras, que las tomé para más tarde, o simplemente las descarté, debido a que rompían con diferentes reglas que habían sido bien explicadas en el primer capítulo.

Bueno, ya no me queda mucho más que decir. Solamente me queda agradecer el apoyo, y esperar seguir así de libre y entusiasmado para volver con actualizaciones mucho más constantes (de momento, todo indica que será así).

Un enorme abrazo, y que tengas un lindo día!

Cantidad de palabras del capítulo doble: 6358+4464= 10822 palabras.