¡Aquí vamos con otro capítulo!

Bueno, se cumplieron diversos objetivos recientemente en esta historia, por lo que no será solo un capítulo doble, sino uno triple. Por lo tanto, habrá un buen maratón de capítulos seguidos de este fic.

Aquí pondré los objetivos nuevos, y los que aún quedan por cumplir:

Wattpad: 4137/5000 Estrellas. 30.646/40.000 lecturas.

FanFiction: 85/100 favoritos. 98/100 seguidores. 219.895/300.000 palabras.

*Recuerden que solo uno de esos objetivos ya significa un capítulo doble, y si se llegan a cumplir más al mismo tiempo, podrían ser hasta capítulos triples o cuádruples.*

No hay mucho más que agregar, solo puedo esperar que les guste el capítulo.

Disfruta!

CAPÍTULO 31: ¡NUEVOS ALIADOS!

"Gracias por asistir ni bien envié el mensaje." Comentó Zeus, mirando a todos los Dioses Olímpicos. "Iré directo al grano. Se cierne una nueva amenaza contra el Olimpo, y les juro que el grado de esta batalla podría ser tan grande como la que vivimos hace miles de años, contra mis propios padres, los Titanes." Al escuchar esto, Poseidón lo miro con los ojos muy abiertos. "Obviamente, mi hermano debe estar pensando que estoy exagerando, ya que recuerda a la perfección como fue aquella batalla tan sangrienta, en donde apenas logramos salir triunfantes." Continuó, mirando a Poseidón. "Pero recuerda, hermano mío, que yo también estuve allí, y que no me gusta exagerar en este tipo de cosas." Concluyó, recibiendo un lento asentimiento por parte del Dios del Mar. "Estamos conscientes que se han infiltrado en el Tártaro sin que Hades pudiera hacer nada. Todos sabemos que eso solamente significa que Gaia se ha regenerado, y que ella ya debe contar con numerosos aliados por haber hecho sus primeros movimientos." Tras las palabras de Zeus, un gran murmullo comenzó a escucharse en el gran salón, siendo callados por Zeus cuando un fuerte trueno sonó en lo alto.

"Mi esposa cree que los restos del ejército revolucionario, y el resto de los Titanes que escaparon de nosotros hace mucho tiempo, son nuestros enemigos. Puede que hayan aún más, así que debemos estar muy atentos." Zeus se levantó de su trono, mirando a todos los Dioses con gran seriedad. "Bajo esta situación tan alarmante, lo mejor será que reunamos todas las fuerzas posibles. Tengo pensado hacer otra reunión más en una semana, en donde también estarán presentes los capitanes del Campamento Mestizo, las Cazadoras de mi hija, el respectivo capitán del ejército de mis hermanos y las Ninfas. En esta semana, recomiendo que todo el mundo intente buscar a nuevos aliados." Zeus cerró sus ojos, y se cruzó de brazos. "Finalmente, si la situación excede mis expectativas, tendré que tomar medidas drásticas, que serán presentadas en su debido tiempo." Concluyó, recibiendo un asentimiento por parte de todos los Dioses.

"Antes de terminar la reunión, debo decir otra cosa que, probablemente, alegre a más de uno…" Agregó Zeus, mirando a Artemisa de reojo con una pequeña sonrisa. "Como obviamente estamos en un aprieto que nunca antes enfrentamos desde la creación del Olimpo, he decidido traerlo de vuelta." El Dios miró hacia atrás, haciendo que todos siguieran su mirada. "Puedes pasar." Concluyó, viendo como Bell entraba por la puerta trasera.

Todos los Dioses parecían muy gustosos ante su presencia, aunque definitivamente, nadie se esperaba lo que sucedería al siguiente segundo.

Bell alzó su mano con intenciones de saludarlos, pero ni siquiera pudo decir una palabra cuando Artemisa voló hacia él, abrazándolo con gran fuerza y tirándolo al piso. Todos los Dioses los miraron con los ojos bien abiertos, incluso Afrodita parecía estar bastante curiosa ante lo presenciado.

"Creo que no debería estar tan contenta en un momento tan delicado…" Comentó la Diosa, abrazándolo con aun más fuerza. "¡Pero no puedo evitarlo!" Finalizó.

Bell pudo sentir como la Diosa temblaba de la emoción, por lo que no dudo en corresponderle el abrazo, apaciguando sus sentimientos ahogados en gran medida. De hecho, estaba tan contenta de volver a verlo y tocarlo, que el albino estaba seguro que dio un gran suspiro encantado al sentir como era tocada y consentida por él nuevamente.

"Bueno, supongo que no todo es tan malo…" Comentó Apollo por lo bajo, sin poder evitar sonreír ante la escena.

"Ni siquiera le importa mostrar tanto afecto a Bell en frente de todos los Dioses…" Pensó Zeus con una sonrisa. "Quizás, esta batalla también pueda unirlos de una forma definitiva."

"Vaya…" Pensó Poseidón.

"Vaya, vaya, vaya…" Pensó Hades, acompañando el pensamiento de su hermano mientras se frotaba el mentón.

Unos minutos más tarde, en medio de un bosque…

"¿Crees que todo estará bien?" Preguntó Thalía, mirando a las Cazadoras más viejas.

"No lo creo…" Comentó Phoebe, frunciendo ligeramente el ceño. "Las pocas veces que Zeus solicitaba una reunión tan repentina, nada bueno sucedía poco después."

"Aunque eso es preocupante, creo que Thalía se refería a la otra cosa…" Comentó Bianca, poniendo una mirada triste.

"Te refieres a lo de Bell…" Phoebe dio un pequeño suspiro.

"Creo que Lady Artemisa logró sentirse un poco mejor después de la despedida. No sé exactamente de lo que habrán hablado, pero eso la tranquilizó bastante." Respondió Zoe, para después bajar su mirada. "Además, el problema ahora no es Lady Artemisa…" Concluyó, para que después todas las Cazadoras miraran a las dos niñas, que estaban apartadas del grupo, mientras miraban sus arcos con una mirada muy cabizbaja.

"Tienes razón." Comentó Bianca con preocupación. "Después de Lady Artemisa, ellas dos eran las más apegadas a Bell. Era como una especie de hermano mayor protector para ellas."

"No tendrán que extrañarlo por mucho más tiempo." Comentó la Diosa, apareciendo detrás de todas con una sonrisa, y detrás de ella, Bell les saludo con una sonrisa.

"¡Bell!" Lilia y Brilia gritaron con gran felicidad, y no tardaron ni un segundo en salir corriendo hacia él, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos. "¡Pensamos que no volveríamos a verte!" Gritaron ambas al mismo tiempo, abrazándolo con mucha fuerza.

Bell las cargó en sus brazos y permitió que ellas ahuecaran sus rostros en el cuello de Bell, algo que Artemisa envidió en silencio.

Las demás Cazadoras se reunieron rápidamente alrededor de él con una sonrisa enorme en sus rostros, algo que Bell les devolvió.

"Pero, ¿Cómo?" Preguntó Phoebe, completamente asombrada.

"Si él está aquí, ya deben imaginarse que no ha sucedido nada bueno." Comentó la Diosa con seriedad. "Tengo que explicárselo. Pero, para empezar, prepárense para empacar las cosas."

"Yo me marcho por dos días." Bell alzó su mano, haciendo que todas las mujeres lo miraran con incertidumbre. "¿Recuerdas que Zeus solicitó cualquier tipo de apoyo?" Preguntó, recibiendo un asentimiento por parte de la Diosa. "Pues, tengo a las personas indicadas." Concluyó, para después darse media vuelta. "¡Apollo, necesito tu ayuda!" Gritó a todo pulmón.

"¿Alguien pidió una mano?" Preguntó Apollo, con la ventanilla de su carro abierta, mientras se bajaba las gafas de sol.

"¿En serio, como demonios hace eso?" Se preguntaron todas las Cazadoras internamente.

"Necesito que me lleves allí de nuevo" Comentó Bell, sentándose en el asiento del acompañante.

"¿Allí otra vez?" Preguntó el Dios, alzando una ceja. "¿Estás seguro?" Bell asintió, haciendo que el Dios se inclinara de hombros. "Como quieras."

"Oye Bell." Justo antes de que el carro despegara, Zoe habló. "Aunque tu presencia indique calamidades, es bueno tenerte de nuevo." Concluyó, cruzándose de brazos.

Bell tan solo le sonrió y asintió, para que después Apollo gritara con gran alegría mientras el carro dorado se alzaba a una gran velocidad, y se perdía entre las nubes en cuestión de segundos.

En el Jardín de las Hespérides…

Atlas observaba nuevamente con su típica cara de aburrimiento como las Ninfas se divertían a lo lejos, haciendo que de un pequeño suspiro.

"¿No que te habías ido?" Preguntó el Titán.

"¿Disfrutando de tu estadía?" Bell le contestó con otra pregunta, ganándose un pequeño gruñido por parte del Titán.

"¿Viniste a hablarme de tu vida de nuevo?" Preguntó el Titán, y no pudo evitar alzar una ceja cuando Bell negó con su cabeza.

"Si estoy aquí, sabes bien que las cosas no están tan tranquilas, ¿verdad? Después de todo, no eres estúpido." Comentó Bell, recibiendo un asentimiento por parte del Titán.

"Por supuesto que lo sé." Afirmó Atlas, mientras miraba a las Ninfas. "¿Y bien? ¿Qué es lo que quieres?"

"Vengo a cumplir mi promesa." Comentó el albino, haciendo que Atlas lo mirara con los ojos bien abiertos. "Pero antes de hacerlo, tengo dos condiciones." Comentó, alzando dos de sus dedos.

"¿Cuáles son?" Preguntó el Titán, sin pelos en la lengua.

"La primer condición, es que hagas un Juramento al Styx de que no atacaras bajo ningún tipo de parámetro al Olimpo, o todo lo que esté relacionado con los Dioses."

Atlas se le quedó mirando por unos pocos segundos de una manera muy seria.

"Juro por el Styx que no atacaré al Olimpo o sus allegados, siempre y cuando ellos no me ataquen a mí." Concluyó, esbozando una pequeña sonrisa pícara mientras un rayo se escuchaba de fondo.

"Debo admitir que no eres puro musculo, como ese Dios Menor que me enfrenté hace un tiempo…" Comentó el albino con una pequeña sonrisa, para después volverlo a mirar. "La segunda condición, es que luches para nosotros en la próxima guerra. Si cumples esta última condición, serás libre para siempre y podrás hacer lo que quieras. Prometo apoyarte en tu libertad, incluso si a los Dioses no le parece muy buena idea que andes rondando por ahí…"

"¿Solo son esas dos condiciones?" Preguntó Atlas, con ligera sospecha. "¿Y cómo sé que no me traicionarías una vez que la guerra termine?" Preguntó el Titán, sabiendo que Bell podría arrastrarlo hacia el cielo sin muchos problemas, algo que ni siquiera Zeus era capaz de hacer.

Bell se puso una mano en su pecho y se levantó, mirándolo con gran seriedad. "Juro por el Styx que no te traicionaré, y que te apoyaré en todas tus ideas liberales." El trueno resonó en el cielo, haciendo que Atlas lo mirara con los ojos bien abiertos. "Todavía falta tu ultimo juramento…" Comentó el albino con una sonrisa, al ver la reacción de Atlas.

Unos pocos segundos pasaron, en donde ambos compartieron una mirada, mientras la brisa agitaba el cabello de Bell.

"Muy bien, juro por el Styx que les apoyaré en esta guerra con todo lo que pueda ofrecerles." El titán le entregó una pequeña sonrisa a Bell, cuando el trueno sonó por los cielos.

"Entonces, ya está hecho…" Comentó el albino, para luego mirar al cielo. "Tengo que hacer una última cosa, y volveré mañana. Después de todo, tengo que buscarte un reemplazo."

"No hay problema." Comentó el Titán con una sonrisa. "Un día más no es nada de tiempo para alguien que estuvo esperando durante milenios." Concluyó, haciendo que Bell le asintiera con una sonrisa.

Atlas no pudo evitar devolverle el asentimiento, al presenciar lo noble y honorable que era el muchacho. Después de todo, él era el que estaba en una posición muy mala, y aun así, Bell hizo un juramento para que haya una confianza recíproca. Estaba seguro que si se trataba de Cronos o Zeus, simplemente dirían: "la tomas, o la dejas. Tú eres el que estas sosteniendo el cielo, no yo."

Unos minutos más tarde, en el Olimpo…

"Creo que escuché mal…" Comentó Zeus, limpiándose el oído con su dedo meñique. "¿Puedes repetirlo?" Preguntó, acomodándose en su trono.

"Quiero que me des el permiso para liberar y reunir a Astrea, Asteria, Leto, Eos, Atlas y Rea para ocupar el Monte Otris, y realzar el Reino de los Titanes." Comentó Bell, como si fuera lo más normal del mundo.

Zeus tan solo asintió varias veces, mientras jugaba con su Rayo Maestro. "¿Te has vuelto loco?" Preguntó después de unos segundos, haciendo que el albino se inclinara de hombros.

"Sé que suena como si fuera una locura, pero tú eres el que pidió aliados, y sabes bien que los que están encarcelados o renegados son Titanes pacíficos. Por los Dioses, incluso está tu madre entre los nombres, la misma mujer que, si no hubiera sido por ella, aun estarías disolviéndote en las entrañas de tu padre." El albino dio su punto, haciendo que Zeus apoyara el mentón en su mano. "Si eso no te convence, ten en cuenta que ya tengo todo planeado, y podré mantenerlos bajo control."

"Confió en ti, y sé que muchos de esos Titanes les da igual la venganza, solo quieren disfrutar de su libertad." Comentó el Dios, para luego mirar a Bell con gran seriedad. "Pero, no puedo decir lo mismo de Atlas."

"Tú no fuiste el que peleó contra él la última vez." Declaró el albino, haciendo que el Dios lo mirara con mucha curiosidad. "Él ha cambiado mucho, créeme. Es tan así, que hizo dos juramentos completamente unilaterales con el fin de poder ser libre. Y, son esos dos juramentos que planeo hacerle a los otros 5 Titanes. De esa forma, nunca atacaran al Olimpo mientras ustedes no los molesten, y ellos participaran en la guerra que está por venir." Explicó el albino, para luego cruzarse de brazos y alzar una ceja. "¿Necesitas más explicaciones?" Preguntó, haciendo que Zeus se recostara en el trono.

"Sin duda alguna, has marcado un antes y un después en mi reinado desde tu llegada…" Pensó el Dios en voz alta, para después agitar su mano con desdén. "Mientras los mantengas bajo control, puedes hacer lo que quieras." Finalizó, para luego llevarse una mano a la barba.

"Antes de irme, me gustaría ver a Atenea y Hefesto." Comentó Bell, haciendo que Zeus alzara una ceja con intriga.

"Están en sus aposentos." Respondió el Rey de los Dioses. "¿Por qué quieres verlos?" Preguntó, haciendo que una sonrisa misteriosa se dibujara en el rostro del albino.

"Lo sabrás cuando llegue el momento."

Varias horas más tarde…

Bell ya había podido hablar con casi todos los Titanes, y como era de esperarse, todos aceptaron las condiciones y ya estaban reconstruyendo la morada de los Titanes en el Monte Otris.

En estos momentos, el albino se encontraba en una isla completamente aislada de todo, en donde el lugar parecía estar siempre iluminado por el sol. La pequeña isla remota ni siquiera aparecía en los mapas de los humanos, indicando que su presencia estaba siendo ocultada como si fuera un enorme iceberg, debido a obvias razones. Ya que desde lejos, se podía ver como una enorme Titanide se encontraba apoyada en la enorme montaña que sobresalía. Parecía estar en un sueño que había durado siglos, debido a que todo su cuerpo parecía ser casi toda la isla, menos su rostro que parecía haberse librado de la vegetación. Aunque solamente era visible su rostro, el albino no pudo evitar pensar que era muy parecida a ella, agregándole un par de años de más. A simple vista, se podía ver que era una mujer muy hermosa, y su cabello castaño claro largo le daba un aspecto majestuoso.

"¡Oye!" Bell gritó fuertemente mientras flotaba con sus poderes divinos, viendo como la Titanide abría lentamente sus ojos.

"¿Quién me despierta de mi largo letargo?" Preguntó la hermosa mujer, bajando un poco su cabeza para mirar al albino.

"Tengo una propuesta para ti, Leto…" Comentó Bell, para luego esbozar una pequeña sonrisa. "Madre de Apollo y Artemisa."

Al día siguiente…

Atlas se encontraba mirando nuevamente a las Ninfas, aunque en esta ocasión, su siempre rostro aburrido había cambiado en una pequeña sonrisa. Era algo natural que se sintiera emocionado, ya que estaba a punto de poder caminar fuera de su enorme prisión después de milenios.

"Ya está todo hecho." Atlas miró hacia sus espaldas, para ver como el albino estaba sentado en el monte.

"No te lo había preguntado en el momento, ¿pero a quien piensas darle la gran carga de sostener el cielo?" Preguntó el Titán, solo para ver como una pequeña sonrisa pícara aparecía en el rostro de Bell.

"Ah nadie en concreto." Contestó, al mismo tiempo que un enorme portal aparecía a sus espaldas.

"¡Con fuerza!" Gritaron Atenea y Hefesto, que llevaban unas enormes cadenas a sus espaldas, mientras sostenían su forma divina, aunque estaban con su tamaño mortal.

Los Dioses avanzaron a paso forzado y lento, viendo como las enormes cadenas seguían apareciendo a través del portal. No sé tardó mucho tiempo para que se empezara a ver como los hijos de Hefesto cargaban con todo el peso en sus hombros a través de dos filas diferentes, mientras seguían el paso de los Dioses.

"Ayer le hice un encargo bastante grande a Hefesto y Atenea." Comentó Bell con una pequeña sonrisa. "Le pregunté a la Diosa si se podía construir algo que sea increíblemente fuerte, resistente, e inoxidable. Una creación que los Dioses nunca antes hayan presenciado. Sus ojos se iluminaron ante la idea de hacer algo que nunca antes se había creado. Ella sabía que se podía conseguir, si se utilizaba Hierro Estigio completamente puro. Obviamente, necesitábamos toneladas por lo que pensábamos hacer, así que acudimos a Hefesto para hacerle el encargo." Las cadenas se agitaron violentamente, y comenzó a presenciarse una enorme estatua con los cuerpos de Hefesto y Atenea a tamaño real. Atlas observó en completo shock la enorme estructura, viendo como los Dioses de la estatua estaban encorvados y con sus manos apuntado al cielo.

"Viendo como lo hicieron…" Comentó el albino con una pequeña sonrisa.

"¡Alto!" Gritaron ambos Dioses, soltando las cadenas junto a los campistas y marchándose rápidamente del lugar.

"Creo que ya sabes el motivo de su creación, ¿no es así?" Concluyó Bell, viendo como una enorme sonrisa de oreja a oreja aparecía en el Titán.

Atlas cayó de rodillas, haciendo que el cielo descendiera un par de metros y cayera sobre la estatua. El impacto generó una enorme ventisca que casi hace volar a los campistas. Las ruedas de metal que ayudaban a movilizar la escultura fueron completamente destrozadas por las toneladas y toneladas de peso agregado por el cielo.

Atlas se arrastró por el suelo, descendiendo del monte, para luego levantarse y comenzar a estirarse.

Los dos Dioses y los campistas observaban con gran desconfianza y cautela todos los movimientos del Titán, mientras el mencionado hacia resonar su cuello varias veces, hasta que finalmente se detuvo.

"¿Ya terminaste?" Preguntó Bell, haciendo que Atlas abriera sus ojos.

"Linda estatua, Dioses." Comentó el Titán con una leve sonrisa, haciendo que Hefesto y Atenea se miraran entre sí, visiblemente más relajados después del comentario.

"¿Cómo se siente disfrutar de tu libertad?" Preguntó el albino, haciendo que Atlas se pusiera serio.

"Aun no soy libre." Declaró con gran seriedad. "Primero, debemos ganar la guerra." Concluyó, haciendo que Bell le entregara una leve sonrisa.

"Tienes razón, pero mientras tanto, estaría bueno que vayas al Monte Otris." Propuso el albino, haciendo que Atlas lo mirara con una ceja alzada. "Te sorprenderá la vista, créeme."

"De acuerdo." El Titán asintió. "Después de todo, también es un buen lugar para vivir." Concluyó, entregándole una pequeña sonrisa.

"Antes de ir allí, también debo entregarle una sorpresa a cierta Diosa. Pero, para ello, necesito ir a buscarla primero." Comentó Bell con una pequeña sonrisa llena de felicidad tras pensar en la reacción de aquella Diosa. "Nos vemos en unos minutos."

"Muy bien." Comentó Atlas. Estaba realmente intrigado, y quería saber lo que Bell se traía entre manos, pero decidió esperar la sorpresa. Y sabiendo que se trataba del albino, estaba seguro de que debía ser una grata sorpresa.

Unos pocos minutos más tarde…

"Bell, ¿por qué estamos en el Monte Otris?" Preguntó Artemisa, mirando la enorme construcción vieja que se asemejaba bastante al Olimpo, aunque la estructura tenía una altura impresionante, en vez del Olimpo, que se esparcía a lo largo de todo el monte flotante, y solamente estaba el Salón de Reuniones en la cima.

"Es una sorpresa." Comentó el albino, tomándola de la mano, algo que hizo sonrojar levemente a la Diosa de la Luna.

Mientras más se acercaban, la Diosa comenzó a notar cosas extrañas.

"A pesar de que ha estado milenios sin usar, no se ve tan sucio…" Pensó Artemisa en voz alta, viendo el exterior de la estructura.

"Solo quiero decirte que todos los que están aquí dentro, son nuestros aliados, así que no hay nada que temer." Artemisa tan solo asintió ante sus palabras, cada vez más curiosa ante lo que Bell quería mostrarle.

Cuando finalmente entraron al Salón Principal, donde antiguamente se reunían los Titanes, los ojos de la Diosa se ensancharon en shock.

"Bienvenida a la resurrección de la morada de los Titanes." Comentó el albino con una pequeña sonrisa, mientras veía divertido como Artemisa miraba de un lado a otro a los 6 enormes Titanes que se encontraban en el lugar, arreglando, destruyendo, y construyendo nuevos tronos, mientras que una gran Titanide parecía estar limpiando el enorme salón.

Al ver a la mujer, la mirada de Artemisa se agrando a un más, si es que eso era posible.

Leto miró a sus espaldas, entregándole una pequeña sonrisa a Artemisa cuando la vio. "Esperaba que nuestro reencuentro sea durante la reunión…" Comentó, para después entregar una rápida mirada a como Artemisa estaba tomada de la mano con Bell.

"¡Madre!" Gritó Artemisa entre lágrimas, haciendo que todos los presentes la miraran con sorpresa. El que más sorprendido estaba de todos era Atlas, porque, al parecer, la Diosa ni siquiera se había fijado en su presencia, o simplemente la pasó por alto.

Artemisa corrió rápidamente a sus brazos mientras tomaba su tamaño divino, para luego abrazarla fuertemente con un profundo llanto.

Leto correspondió el abrazo con mucho amor, mientras unas lágrimas amenazaban con salir de sus ojos. Ella también estaba muy feliz de volver a ver a su linda hija.

"¡Pensé que nunca más volvería a verte!" Gritó Artemisa entre lágrimas, mientras fregaba su rostro en el pecho de su madre para desquitarse. "¡Eh sufrido tanto, te he necesitado tanto en aquellos momentos!"

"Lo siento." Fue la simple respuesta de Leto, cerrando sus ojos con pesar mientras acariciaba el cabello plateado de su hija. "He sido una madre terrible. Pero prometo que ahora estaré a tu lado, y al lado de Apollo. Escucharé todas sus dificultades, y también los consentiré como debería haberlo hecho desde siempre."

"No, lo entiendo perfectamente." Comentó la Diosa, con un llanto mucho más apaciguado. "No es tu culpa. Has sido una gran madre, aunque no hayas estado presente en mis penumbras. Después de todo, ¿cuantas madres arriesgarían sus vidas para poder dar a luz a sus hijos y cuidarlos de la furia y celos de Hera?" Declaró Artemisa, abrazándola con más fuera.

"Muchas gracias, hija…" Agradeció Leto, colocando su barbilla sobre la cabeza de Artemisa.

Atlas se reunió con Bell y lo miró, una mirada que también compartió el albino. Ambos parecían estar felices de que las cosas salieran bastante bien.

Varias horas más tarde…

Artemisa le había contado gran parte de su pasado, y los momentos más importantes de su vida, tanto los momentos más preciados, como los más trágicos. Aunque, todavía no había contado nada de Bell, algo que, sinceramente, tenía muy intrigada a su madre. Especialmente, porque durante buena parte de su conversación, la Diosa desviaba su mirada al joven.

"Todavía no me constaste quien es el muchacho." Comentó Leto, dejando a entender que ya no podía más con su curiosidad.

Al escuchar la pregunta, Artemisa volvió a fijar su mirada en Bell, que parecía estar trabajando junto a los Titanes. Como ellas dos estaban en la entrada del Gran Salón, nadie las escuchaba.

"Bell es alguien que conocí hace poco más de un año." Comentó Artemisa sin muchos rodeos. "Él es el único hombre que reconozco, y el único hombre que tiene permitido estar a mi lado todo el tiempo. Es alguien muy respetable, y que reboza confianza."

"¿Es solo eso?" Comentó su madre, claramente desilusionada. "Pensé que sería más que eso. Después de lo que te pasó con Orión, pensé que no volverías a fiarte de ningún hombre, y él está tan cerca de ti ahora, así que…"

Artemisa no pudo evitar alzar una ceja. "¿'Así que…'?" Preguntó, incitando a su madre a terminar la oración.

"Así que, pensé que podrían ser novios."

"Por supuesto que no." Fue la rápida respuesta de la Diosa. "Ni siquiera me siento atraída por él." Esto último fue más un arrebato, aunque parecía no haberse arrepentido de mentirle a su madre.

"Oh, ya veo…" Comentó Leto, para luego esbozar una pequeña sonrisa mientras miraba al albino. "Entonces, ¿puedo quedármelo?"

"¡Mamá!" Gritó Artemisa completamente indignada, haciendo que su madre se riera.

"Solo era una broma." Leto contestó rápidamente, para luego mirarla con una expresión divertida. "Aun así, ninguna mujer reacciona de esa manera si es que supuestamente no está interesada, ¿o me vas a decir que me equivoco?"

Artemisa tan solo miró a su madre, para luego cerrar profundamente sus ojos y comenzar a agitar sus piernas. Finalmente, un tenue rubor apareció en sus mejillas y dio un pequeño suspiro.

"No puedo mentirte…" Pensó la Diosa en voz alta, mientras miraba como Bell parecía dar órdenes en donde colocar los tronos desde el hombro de Atlas, mientras que el Titán asentía diversas veces, indicando que estaba de acuerdo.

"Bell y yo tenemos muchas cosas en común, eso hizo que congeniemos muy bien desde un principio y que no nos costara volvernos mejores amigos. Aun así, hubo ciertas diferencias entre nosotros, y esas diferencias llevaron a que rompiera mis reglas para salvar a sus amigos. Pero nunca me he enojado por eso, es más, sentí admiración por ello, ya que nunca nadie se atrevió a desafiar mis palabras, y que lo haya hecho para salvar a sus amigos, hizo que me agradara mucho más de lo que ya me agradaba antes. Esto me hizo entender que no era solamente un gran hombre, sino que era un hombre maravilloso, irremplazable, un hombre que no tenía igual. Después de eso, nunca más volvimos a tener roces entre nosotros, salvo algunas discusiones estúpidas que nos hacían reír a ambos, y generábamos un gran ambiente alrededor de las Cazadoras y entre nosotros dos, por lo que nunca nos cansábamos. Después de eso, yo fui raptada, y cuando sentí como estaba muriendo por falta de oxígeno, el llego de la nada y me revivió… al coste de unir sus labios con los míos." Relató, sin poder evitar tocarse los labios ante sus últimas palabras.

"Y por último, trajo a mi madre de regreso, y me ha vuelto a hacer la Diosa más feliz del mundo una vez más. De hecho, no importa cuán feliz este, de alguna manera, él siempre logra superar esa barrera." Artemisa le dio una mirada a su madre, que denotaba una gran cantidad de deseo. Era el enorme anhelo que estaba ocultando por Bell. "Dime, madre… ¿Cómo es que no podría enamorarme de un hombre que solamente se encarga de hacerme feliz cada vez que estamos juntos?"

"Wow…" Fue la simple respuesta de Leto, que se había quedado completamente conmovida ante la historia. "Supongo que ya no es tan descabellado pensar cómo es que pasaste de odiar con toda tu alma a los hombres, a amar a uno." Ella le sonrió a su hija, para luego posicionar una mano sobre su cabeza. "Es una lástima que te hayas precipitado a hacer esos votos…" Comentó la Titanide con empatía, mientras acariciaba el cabello de su hija.

Artemisa no pudo evitar bajar su mirada con gran dolor.

"Lo sé… Pensé que simplemente podría vivir amándolo en secreto, pero cuando me dejó una vez, supe que eso sería muy difícil." Artemisa se tomó fuertemente el pecho. "Y ahora, siento como esa sensación de impotencia empieza a dominar la felicidad que sentía en un principio. Ahora, puedo entender que el amor puede ser más dañino de lo que pensaba, y eso me está lastimando aquí…" Comentó la Diosa, mientras se aferraba aún más a su corazón. "Me está lastimando mucho…"

"Tú corazón solamente te está advirtiendo, hija mía." Declaró Leto, haciendo que Artemisa la mirara. "En estos momentos, estás en una pelea constante por culpa de tus Juramentos y sentimientos." La mirada de Leto se endureció drásticamente. "Solo espero que logres terminar esa pelea antes de que sea demasiado tarde…"

Ante sus palabras, Artemisa tan solo pudo observarla confundida, ya que no había entendido del todo lo que había querido decirle su madre.

En la media noche…

Bell observó con satisfacción como el remodelado del Gran Salón finalmente había terminado, en donde se quitaron casi todos los tronos, a excepción del trono del Rey, el anterior trono de Cronos. Los 6 Titanes estaban en sus respectivos tronos, bastante cómodos ante la vista. Mientras tanto, la Diosa se encontraba en el regazo de su madre, escuchando atentamente lo que quería decir Bell, al igual que los demás presentes.

"Muy bien, por lo menos este lugar ya parece algo más… ¿hogareño?" Fueron las simples palabras del albino, en donde todos no pudieron evitar sonreír ante su despreocupación. "Antes de continuar con el arreglo de los aposentos, debemos decidir algo muy importante." Declaró Bell con gran seriedad, haciendo que todo el ambiente cambiara drásticamente.

"Como ya saben, la reunión será dentro de 4 días. Sé a la perfección que ustedes no quieren tener un nuevo rey, debido a que cada uno quiere ser libre. Pero, también deben entender sus posiciones. Ahora son un grupo de Titanes organizados, viviendo en el Monte Otris, y teniendo una fuerza que podría generar un cataclismo en todos los continentes. La fuerza que cuentan ustedes es algo impresionante. Por eso mismo, deben tener a alguien que los representen, a alguien que se encargue de la diplomacia, y la paz entre los Olímpicos, al mismo tiempo que se encargue de proyectar diferentes ideas y leyes en donde todos y cada uno de ustedes estén de acuerdo en llevar a cabo, demostrando que, aunque sea un rey, no es más que ustedes, ya que todos son el reino, y todos son el rey." Concluyó el albino, haciendo que todos los Titanes se miraran entre sí. "Creo que es algo donde no habrá problemas, ya que los elegí estrictamente a ustedes, debido a que todos siguen un mismo ideal y pensamiento. Espero que estén de acuerdo con mi idea, y recuerden, el rey solo se encargará de ser el representante de los Titanes, y nada más."

"Así que, ¿debemos elegir un rey que no nos gobierne, pero que si nos represente?" Preguntó Atlas, levantándose de su trono, mientras alzaba una ceja.

"Eso es." Comentó el albino.

"Muy bien." Atlas asintió. "¿Todos están de acuerdo con la propuesta?" Preguntó el Titán, recibiendo un asentimiento por parte de todos.

"En ese caso, déjanos debatir las posibilidades." Comentó Leto, levantándose de su asiento, y haciendo que Artemisa abandonara su regazo a regañadientes.

Los 6 Titanes se reunieron cerca del trono de Cronos mientras debatían en pequeños susurros, algo que hacía imposible escuchar de lo que estaban hablando.

"Bell, no había podido agradecértelo antes…" Artemisa entrelazó su mano con la de Bell, para luego entregarle una sonrisa encantadora. "¡Muchas gracias por lo que hiciste por mi madre!"

Bell simplemente atinó a sonreír ante sus palabras, y su bella sonrisa. "No tienes que agradecer nada. Conque sepas que verte feliz es más que suficiente para mí, ya es suficiente…" Comentó el albino, mientras miraba como los Titanes parecían mirarlo por un corto segundo, para luego asentir y separarse.

Sin que se diera cuenta, un pequeño rubor apareció en el rostro de la Diosa, que en estos momentos, le estaba dando el valor que realmente se le debían dar a tan hermosas palabras, que no pasaron desapercibidas para ella.

"Ya hemos decidido." Comentó Atlas, acercándose junto a los otros 5 Titanes.

"¿Y bien?" Preguntó Bell con impaciencia. "¿Quién será el nuevo rey?"

Todos los Titanes se arrodillaron frente a él, haciendo que el albino los mirara con extrañeza.

"Salve a Bell Cranel, el nuevo Rey de los Titanes." Comentaron todos los Titanes al unísono, haciendo que Bell pusiera cara de póker.

"¿Eh?"

¡FINAL DE LA PRIMERA PARTE!