¡Aquí vamos con la segunda parte de este capítulo triple!
La verdad es que este capítulo triple ha llegado justo en el momento preciso para poder introducir lo que será la batalla. En cierto punto es bueno, porque se llega mucho más rápido a ese punto, que obviamente, es el eje principal de este arco (también teniendo en cuenta la confesión de Artemisa a Bell, por supuesto).
Disfruta!
CAPÍTULO 32: ¡¿EL REY DE LOS TITANES?!
Los 6 Titanes se miraron entre sí, al ver que Bell pareció quedarse atónito ante lo escuchado.
"¿Es una especie de broma?" Preguntó el albino, mirando a todos los Titanes con frenetismo.
"En primer lugar, tus nos trajiste aquí y nos reuniste." Comentó Rea con cierta gracia tras ver el rostro de Bell. "Marcaste los procedimientos que deberíamos seguir, y cabe la casualidad que cada uno de nosotros estamos muy de acuerdo con tu forma de pensar."
"Rea tiene razón." Comentó Astrea. "Supongo que no existe un mejor representante, que la misma persona que está haciendo funcionar el Monte Otris nuevamente." La Titanide asintió varias veces para sí misma. "Si, es algo justo. Lo más justo que podríamos hacer en esta ocasión."
"Si quieres discutir la idea, hazlo con Eos y Atlas, que fueron los que pensaron en esa posibilidad." Declaró Asteria, haciendo que Bell fijara su mirada en Atlas, esperando la respuesta.
"Antes, Atlas había dicho que tuviste unos problemas con cierto asunto." Comentó Eos, haciendo que Bell fijara su mirada en la mujer. "Yo fui una de las que más tuvo la posibilidad de interactuar con los Dioses gracias a mi hermano Helios, por lo que yo soy la que tiene los conocimientos más claros sobre diferentes cosas importantes."
"¿Y eso quiere decir qué…?" Preguntó el albino, comenzando a hartarse ante la enorme cantidad de acertijos.
"Solo diré que te eh devuelto el favor." Comentó Atlas con una pequeña sonrisa.
"Sabemos muy bien que no quieres coronarte como tal, ya que eso te convertiría en uno de nosotros, pero ninguno de nosotros tiene problemas en que solamente poseas el título." Comentó Leto, haciendo que Bell sintiera un alivio impresionante.
Después de todo, tener que convertirse en un Titán era lo que más le preocupaba.
"Muy bien." Bell dio un gran suspiro, para luego sonreír. "Si ustedes lo quieren así…"
Los 6 Titanes se reincorporaron, para luego entregarle una sonrisa mientras asentían.
"En todo caso, deberíamos de modificar el Palacio de Cronos para que comiences a vivir allí." Comentó Atlas, mirando a los demás, que parecían estar de acuerdo con sus palabras.
"El Palacio de Cronos… Debe ser un lugar curioso." Pensó el albino en voz alta, para luego mirar a Artemisa. "¿Te gustaría verlo, Arty?" Su mirada se torció a una confundida tras ver la expresión atónita de la Diosa. "¿Arty?" Volvió a preguntar, haciendo que la Diosa sacudiera fuertemente su cabeza.
"Todo esto era completamente impensable…" Comentó Artemisa, intentando asimilar el hecho de que ahora Bell era el Rey de los Titanes, por lo que ostentaba un título mucho mayor que el de ella.
Unas pocas horas más tarde…
Todos se encontraban en el Palacio de Cronos, que ya había sido reajustado al tamaño humano de Bell en su mayoría. Obviamente, el hecho de la altura y el espacio era algo incambiable, por lo que debería acostumbrarse a la profundidad.
"¿Qué opinas del antiguo hogar de mi esposo?" Preguntó Rea, acercándose al joven.
"Es muy completo." Respondió el albino con ligera sorpresa. "No solo tiene diversas habitaciones, si no que cuenta con un propio salón de reuniones y una sala de enfermería…" Bell se llevó una mano al mentón. "Hablando de enfermería… Estaría excelente que tú y Asteria aprendan sobre el oficio. También necesitamos que Eos sea la dueña de la enorme biblioteca, ya que ella es la que más conocimiento tiene entre todos nosotros. Astrea es la que más sentido de justicia tiene entre nosotros, debido a que ella es la justicia en persona, por lo que podríamos asignarle los casos bélicos, que de seguro aparecerán tarde o temprano. Mientras tanto, Atlas ha sido un gran general, por lo que seguiría estando perfecto que continúe así. Y por último, Leto podría encargarse de los asuntos internos, por si en algún extraño momento puede haber conflictos entre nosotros, ya que cuenta con una asombrosa neutralidad…"
"Muy bien." Comentó Rea con una pequeña sonrisa. "Me encargaré de distribuir las posiciones."
"Hum, gracias…" Agradeció el albino, dándose cuenta que estaba haciendo sus divagaciones en voz alta.
"¿Ya estás dividiendo los roles, eh?" Preguntó Artemisa, acercándose al nuevo Rey de los Titanes.
"Si…" Contestó el albino, frotándose la cien. "Todo esto se está tornando demasiado cansino…" Al ver el rostro de la Diosa, Bell no pudo evitar preocuparse un poco. "¿Qué sucede? Te he visto con esa cara muy desilusionada durante todo el trayecto dentro del palacio…"
"Solo, es que…" Artemisa bajó aún más su mirada, logrando que Bell se preocupara aún más. "Como ostentas este título, y este nuevo hogar… pienso que ya no formaras parte de la Caza…" Comentó la hermosa Diosa, haciendo que Bell se sorprendiera ante la revelación. "Bueno, no es que hayas formado parte de la Caza en primer lugar, así que no debes sentirte culpable…" Continuó, mientras apretaba fuertemente sus manos entrelazadas.
Artemisa no pudo evitar alzar su mirada con asombro cuando Bell posicionó una mano sobre su cabello plateado. "He sido parte de la Caza desde que nos encontramos por primera vez, y tengo pensando seguir siéndolo hasta el fin de mis tiempos." Declaró, frotando el cabello de la Diosa, sin poder evitar sonreír cuando vio como los ojos plateados de Artemisa brillaron con gran alegría. "Supongo que lo único que cambiará, será que a partir de ahora dormiré aquí. Después, si Atlas o las demás necesitan algo, ya saben dónde encontrarme." Una gran sonrisa entre dientes apareció en el rostro del albino. "¿Supongo que no te molestará que un Titán entre a tu campamento de vez en cuando, no?"
Artemisa posicionó sus manos encima de la de Bell, entregándole una hermosa sonrisa. "Si eso hace que puedas estar con nosotras, créeme que no le molestará a ninguna de nosotras."
Bell tan solo asintió ante sus palabras, mientras observaba como la Diosa bajaba lentamente la mano de su cabeza, para después hacer un movimiento sorpresivo y atraerlo a través de su brazo, encerrándolo en un dulce y tierno abrazo.
El albino no pudo evitar preguntarse si es que Artemisa siempre había sido así de sensible, o es que había estado siendo mucho más afectuosa últimamente.
Pero tampoco se iba a molestar por ello.
Después de todo, un abrazo tan lindo de ella siempre sería bien recibido…
Unas horas más tarde…
"No puedo evitar sentirme un poco extraño aquí…" Pensó Bell con los ojos en blanco, mientras estaba sentado en el trono de estrellas de Cronos. Era normal que se sintiera, así no solo por el hecho de estar sentado en un trono, sino también por el hecho de que quedaba una enorme cantidad de espacio sin cubrir en este mismo, debido a su tamaño.
"Ya estuve en la biblioteca, y debo decir que se deben remodelar muchos lugares." Comentó Eos, sentada en su trono. "Incluso hay muchos libros ilegibles, y otros cuantos que no tienen tanta relevancia hoy en día."
"No eres la única que se encuentra con esos problemas." Comentó Rea. "La enfermería se encuentra de la misma manera, si no es que peor. Además, Asteria y yo tenemos muchas dificultades para entender los manuscritos, debido a que nunca nos especializamos en la medicina." Aclaró la Titanide, recibiendo un asentimiento por parte de Astrea, que pensaba exactamente lo mismo. "Obviamente, omitiendo el hecho de que estamos desactualizados."
"Además de eso, ¿por qué debemos tener a alguien que se encargue de los casos bélicos, siendo que no molestaremos a nadie?" Preguntó Astrea, sin poder evitar alzar una ceja.
"Eso es obvio." Comentó Leto con una pequeña sonrisa, mientras acariciaba el cabello de su hija. "Puede que nosotros no busquemos conflictos, pero nada nos asegura que los conflictos no nos busquen a nosotros."
"Ella tiene razón." Comentó Bell, por fin entrando en la conversación. "Aun así, entiendo el punto de Astrea. Dudo mucho que se presente alguna guerra en donde nosotros seamos el centro, pero nunca está de más tomar precauciones…" Finalizó, viendo como Astrea asentía, indicando que estaba de acuerdo. "Con respecto a la enfermería y la biblioteca…" Bell no pudo evitar dar un gran suspiro. "Es obvio que necesitamos una gran actualización, y que muchas cosas son obsoletas. Puedo pedirle ayuda a Atenea, aunque probablemente debas pagar un precio, Eos. Como ser su secretaría por un tiempo, por ejemplo…"
"No hay problema." Eos asintió con una pequeña sonrisa. "Todos sabemos que Atenea no comparte su conocimiento así como así."
"Muchas gracias." Bell asintió con una pequeña sonrisa. "Mientras tanto, el tema de la enfermería será mucho más sencillo. Después de todo, estoy seguro que el Dios Apollo estaría gustoso de darle clases a unas damas tan bellas, al mismo tiempo que renueva la enfermería."
"Nos alagas con tus palabras. Pero, ¿estás seguro que el Dios del Sol querrá ayudarnos?" Preguntó Asteria, enarcando una ceja.
"Apollo es un muy buen amigo mío, además de que ambos nos tratamos como hermanos." Comentó Bell, disipando las dudas. "Además, como ya dije antes, a él le encanta coquetear con mujeres tan hermosas. Yo diría que es su único punto débil, además de su carro." Concluyó el albino.
"Además de eso, también debemos asegurarnos de reconstruir y limpiar muchos otros lugares, como el jardín, y los aposentos en donde viviremos cada uno." Comentó Atlas, frotándose el mentón. "Sin duda alguna, hay mucho trabajo que hacer…" Concluyó, sin poder evitar dibujar una mirada aburrida en su rostro. "Supongo que es mejor que no estar haciendo nada…"
"Aunque haya mucho trabajo, puedo decir que estoy muy satisfecha." La declaración de Leto hizo que todos la miraran con sorpresa. "Después de todo, nos estamos organizando de una manera asombrosa, siendo que apenas llevamos horas reunidos." Concluyó, esbozando una linda sonrisa.
"Es cierto…" Fue lo único que pudo decir Bell, ya que todos pudieron presenciar como finalmente el invitado especial había llegado.
Zeus miró el interior del Gran Salón mientras se frotaba la barba, demostrando estar un poco impresionado. "A pesar de haber sido tan poco tiempo, veo que ya están bastante encaminados…" Afirmó el Dios, para luego frenarse en mitad del salón, mirando a Bell.
"Así que, es cierto…" Comentó el Dios, mirando de pies a cabeza a su hijo. "Ahora, eres el Rey de los Titanes…" La mirada seria de Zeus no tardó en disiparse por una sonrisa. "Ahora somos iguales, hijo mío."
"¿No estás enojado?" Preguntó Bell, omitiendo el hecho de que nuevamente le llamó hijo sin su consentimiento.
"¿Por qué lo estaría?" Preguntó el Dios, cruzándose de brazos. "Esta es la mejor manera de mantenerlos vigilados. Por lo tanto, me quedo muy tranquilo al saber quién está al mando."
"Es cierto, no lo había pensado desde esa perspectiva…" Pensó el albino. "Supongo que ser el Rey de los Titanes trae más ventajas que desventajas."
"No obstante, ¿sabes lo que significa esto, no?" Preguntó el Dios, alzando una ceja. Algo que Bell y Artemisa no pudieron evitar observar con curiosidad.
"Hem… ¿Qué soy un rey?" Preguntó el albino absurdamente, haciendo que Zeus negara con la cabeza ante su ignorancia.
"No me extraña que no lo sepas, ¿pero tú, hija?" Preguntó Zeus, haciendo que Artemisa lo mirara en confusión. "En resumidas cuentas, cuando te conviertes en alguien tan importante, debes asumir y hacerte responsable de tu papel." Zeus explicó, haciendo señas con su mano para indicar que era muy importante. "Es decir, que al convertirte en el Rey de los Titanes, ya no puedes regresar a tu Dimensión." Concluyó, sin poder evitar disfrutarlo inmensamente cuando vio la reacción de Bell y Artemisa.
Lo primero que hizo el albino, fue dirigir su mirada a Atlas, quien le entregó una sonrisa descarada. "¡¿A eso te referías con devolverme el favor?!" Pensó, con los ojos bien abiertos.
Mientras tanto, Artemisa pudo sentir como una extraña sensación aliviante absurdamente gigante la dominaba por completo, como si se hubiera quitado un gran peso de encima. Fue algo tan refrescante, que incluso le hizo liberar un pequeño suspiro de alivio, algo que no pasó desapercibido por su madre.
"Supongo que estarás contento, ¿no es así?" Preguntó Zeus, mientras seguía con su mirada. "Después de todo, tienes muchas más cosas aquí, que allí." Concluyó, sin poder evitar sonreír aún más cuando pudo captar como Bell miró a Artemisa por un corto segundo.
"Tienes razón." Comentó el albino con una sonrisa. "De hecho, esto me saca un gran peso de encima."
Zeus tan solo asintió ante sus palabras, para después ponerse serio. "Ahora, a lo que veníamos..." Zeus observó a todos los Titanes, uno por uno. "Todavía no dije nada acerca del resurgimiento del Monte Otris, solamente Artemisa, Hefesto, y Atenea lo saben. Quiero que los demás se enteren durante la reunión para no traer tensiones innecesarias antes de esta. Eso sí, como Bell es el representante, me gustaría que solamente uno de ustedes lo acompañara. Después de todo, no creo que sea muy buena idea traer 6 Titanes al Olimpo de una manera tan precipitada."
"Yo iré." Comentó Atlas con completa confianza, solo para ser detenido por Leto, que lo miró como si fuera un idiota.
"¿Estás loco?" Preguntó, haciendo que Atlas se señalara, ya que no estaba seguro si se refería a él. "Fuiste el que más problemas causo recientemente, casi matas a mi hija, y a los hijos de los Tres Grandes, ¿y quieres ir tú a la reunión?" Atlas simplemente pudo bajar su cabeza, al descubrir que la mujer tenía toda la razón. "Iré yo." Concluyó, mirando a Zeus, quien asintió con una pequeña sonrisa.
"Creo que a Hera no le hará mucha gracia volver a verte, pero no será un problema." Comentó el Dios, para luego entregarle una última mirada a Bell. "Nos vemos en un par de días."
El albino tan solo asintió con una sonrisa, un gesto que respondió Zeus antes de desaparecer mediante pequeños rayos.
"Bueno…" Bell pegó un pequeño salto, bajándose del trono. "Aún sigo siendo en parte mortal, así que necesito dormir un par de horas, y como entenderán, estos últimos días han sido muy ajetreados para mí." Comentó el albino, mirando a todos. "Los dejo con su reconstrucción en los aposentos. Por cualquier inconveniente, pueden despertarme."
"No te preocupes, nos haremos cargo." Comentó Eos, entregándole una sonrisa, algo que Bell le respondió.
En el Palacio de Cronos…
Bell se sentó en su cama, sin poder evitar observar todo su alrededor con pequeños escalofríos.
"¿Estás bien?" Preguntó Artemisa, sentándose a su lado.
"Si, es solo que hay demasiado espacio…" Respondió Bell, viendo la enorme cantidad de espacio libre que había. "Está todo tan vacío, y es tan espacioso que da un poco de miedo." Concluyó, temblando levemente al final.
"Ya veo. Si quieres, puedo acompañarte." Artemisa bromeó, haciendo que el albino sudara.
"No es necesario…" Contestó, para luego mirar un anillo sobre el mueble cercano, por lo que lo tomó con curiosidad.
Artemisa lo miró, impresionándose ligeramente de que el anillo fuera exactamente igual al que Bell llevaba en su mano. "¿Es un anillo de compromiso?" Preguntó, mirando entre ambos anillos varias veces. "Es idéntico al que te regalo Hera."
"Casi idéntico." Corrigió, viéndose que tenía una pequeña grieta en la parte interior. "Debe ser el anillo de Cronos, o de Urano… La verdad es que no estoy seguro." Bell se colocó el segundo anillo al lado del otro, mirándolo fijamente. "Pero, esto solo significa que había una manera en que los Titanes podían optar por un tamaño humano. Creo que se lo preguntaré mañana a Atlas por si tiene alguna idea." Concluyó, para luego sacarse los dos anillos y guardarlo en un cajón.
"Ten cuidado." Declaró la Diosa con ligera preocupación. "Recuerda que el anillo de Hera tiene un hechizo. Podría conllevar a un gran error si los confundes."
"No te preocupes." Contestó el albino rápidamente. "Con la rasgadura que el segundo anillo tiene, es fácil distinguirlos." Después de sus palabras, Bell no pudo evitar sonreír con picardía. "¿Acaso tienes miedo de que un anillo dicte con quien me voy a casar en el futuro?"
"En realidad, creo que ni tu ni yo deberíamos preocuparnos por eso." La Diosa desvió el tema de una manera magistral. "Si fuera así, el anillo ya debería haberte encontrado a tu mujer predestinada hace mucho tiempo. Así es como funcionan." Concluyó, recibiendo un rápido asentimiento por parte del albino, mientras se tiraba sobre su cama.
"No es que tu presencia me incomode…" Comentó el albino, cerrando sus ojos con cansancio. "Pero necesito dormir, enserio."
"Lo entiendo…" Artemisa lo miró por un corto segundo, pensando si acariciarle la mejilla o no, pero finalmente se arrepintió. "Nos vemos mañana."
"De acuerdo…" Comentó entre murmullos, rodando en la cama.
Al día siguiente…
Un gran peso…
Un gran peso sobre su cuerpo era lo que sentía. Especialmente en su cintura…
Como si algo o alguien estuviera sentado a horcajadas sobre él…
Bell abrió lentamente sus ojos, y lo primero que vio fue una larga cabellera plateada, junto a unos hermosos ojos plateados.
¿Un déjà vu?
"¡AAAHHHHHH!" Bell gritó como loco, cayéndose de la cama, mientras que Artemisa esquivó el tropiezo gracias a su gran agilidad.
"¡Buenos días!" Exclamó Artemisa con una linda sonrisa inocente en su rostro, mientras veía como Bell asomaba su rostro por arriba de la cama.
"¡Mierda, ya son dos veces que casi me matas del susto!" Exclamó el albino, poniendo los ojos en blanco. "¡Estoy empezando a sospechar que te divierte esto!"
"No lo sé…" Fue la simple respuesta de Artemisa, quien ensanchó aún más su sonrisa.
"Si, sí que lo sabes…" Pensó con los ojos entrecerrados al ver su reacción.
"Venía a decirte que todos te están esperando en el Campamento Mestizo." Comentó la Diosa, haciendo que las sospechas de Bell quedaran en un segundo plano.
"¿Ya saben que volví, eh?" Se preguntó el albino en voz alta, para luego sonreírle. "Iré en cuanto tenga la oportunidad. Debo preguntarle a Atlas sobre de lo que hablamos ayer." Artemisa tan solo asintió de acuerdo, desapareciendo en un destello plateado.
Bell tan solo pudo suspirar, para después abrir el cajón y tomar los anillos. El albino se aseguró de colocarse el anillo de Hera en su dedo índice, mientras que el otro lo puso en su dedo medio.
"¿Qué sucede?" Se preguntó Bell, al ver como el anillo de Hera brillo intensamente por unos pocos segundos. "Es la primera vez que veo que sucede algo así…" Pensó, solo para ver como de un segundo al otro dejó de brillar.
Le restó importancia rápidamente a lo que acababa de ocurrir cuando Atlas entró a su habitación, sosteniendo un balde de madera que tenía un líquido azul en su interior, algo que Bell no pudo evitar mirar con curiosidad.
"¿Para qué es eso?" Preguntó el albino, recibiendo una sonrisa como respuesta por parte del Titán.
"Esto es lo que utilizábamos para cambiar a nuestro cuerpo a unas medidas más aceptables cuando lo necesitábamos." Explicó el Titán. "Como nosotros no podemos variar nuestro cuerpo como los Dioses, creamos este producto. Con el paso de los años, la gran mayoría han quedado completamente inútiles, pero todavía hay algunos que sirven." Finalizó, para luego arrojarse el producto sobre su cabeza, brillando intensamente y disminuyendo su tamaño, hasta finalmente ser tan grande como Bell. "¿Qué te parece? Con la niebla y este producto, podríamos caminar entre humanos sin que se dieran cuenta que somos seres inmortales. Lo único malo, es que el efecto solo dura 24 horas."
"Me ahorraste mucho trabajo…" Bell posicionó una mano sobre el hombro de Atlas, y se veía que no había comprendido sus palabras. "De esta forma, será mucho más sencillo para todos. En especial para los campistas. Después de todo, sería un gran problema tener a 6 Titanes en el campamento."
"En ese caso, le preguntaré a Rea como se creaban estos productos, ya que ella es la que más sabe sobre esto." Declaró el Titán con una sonrisa.
"De acuerdo." Bell asintió. "También procura actualizarlo. He visto que se utiliza una especie de aerosol para camuflar a los ciclopes de su único ojo. Podríamos intentar usar lo mismo, y de esa forma, no sería tan extraño que unas personas se rosearan en la mitad de las calles."
"Tienes razón." Atlas asintió. "Sería mucho más fácil, que tener que ocultarnos para hacerlo, o cosas por el estilo."
"Ve a darle la idea." Ordenó el albino. "Yo tengo que ir al Campamento Mestizo. Me están esperando."
"En ese caso, déjame darte un aventón." Declaró el Titán, a lo que Bell recibió gustoso.
Unos minutos más tarde, en el Campamento Mestizo…
"Es bueno verlos a todos nuevamente." Dijo Bell mientras se acomodaba en su asiento.
Clarisse, Percy, Annabeth, Grover y Nico asintieron con una sonrisa, mientras imitaban la acción del albino.
"Entonces, ¿por qué nos invitaste a la Cabaña de Hera?" Preguntó Clarisse, viéndose algo incomoda por ser la primera vez que entraba.
"Porque aquí podemos hablar más tranquilamente, y nos aseguramos de que no escuchen otros campistas." Contestó Bell con seriedad, algo que todos tomaron como algo muy importante. "Quiero decirles algo que solamente lo saben pocos Dioses, y los hijos de Hefesto hasta el momento…" Siguió, mientras acomodaba sus manos bajo su mentón. "Hace poco, eh liberado seis Titanes que nos ayudaran a la causa. Antes de que digan algo, están siendo controlados estrictamente por mí, y si es que quieren hacer algo malo, tendrán que romper Juramentos hechos mediante el Rio Styx."
"Muy bien, de todas formas, no creo que nadie hiciera nada si aparecen en mitad del Olimpo. Después de todo, nadie sería tan precipitado…" Nico inclinó levemente su cabeza hacia un lado. "¿Verdad?"
Todos giraron su cabeza de manera automática a Clarisse, haciendo que la muchacha se sintiera hostigada ante las miradas inculpadoras.
"¡Muy bien, muy bien!" Ella agitó su única mano rápidamente. "¡Prometo que no haré nada, especialmente ahora que sé sobre ello!" Exclamó, un tanto molesta por las miradas que le rodeaban.
"No puedo creer que volvamos al Olimpo tan rápido…" Pensó Percy en voz alta, recordando el lugar fantástico.
"Dilo por ti." Comentó Clarisse rápidamente. "Yo eh perdido la única oportunidad de ir, por culpa de mi estúpido brazo." La Capitana no pudo evitar dar un suspiro lleno de frustración ante el recuerdo.
Bell tan solo negó con la cabeza ante esto.
"¿A dónde vas?" Preguntó Grover, viendo como el albino se levantaba.
"Eso era todo lo que quería decirles." Respondió Bell. "Iré a ver como se encuentra el Señor D. Además de que también quiero ver a Dorazal." Finalizó, esbozando una pequeña sonrisa ante sus palabras finales. "Estoy seguro que ya debió olerme, así que debe estar muy ansioso."
"De seguro se pondrá muy feliz." Fue la respuesta de Annabeth, para luego despedirse con un rápido saludo, al igual que todos los demás.
En el camino hacia la Casa Grande, Bell se cruzó con diferentes campistas que lo reconocieron casi al instante. Hubo un rápido saludo entre ellos, incluso se cruzó con Quirón, en donde tuvieron una pequeña charla, que finalizó con el centauro diciéndole que era bueno tenerlo de vuelta.
Finalmente, cuando llegó a la Casa Grande, ni siquiera tuvo que tocar la puerta, ya que Dionisio abrió la puerta de par en par.
"Te estaba esperando." Declaró el Dios, estudiándolo con su típica mirada aburrida. "No has cambiado nada."
Bell no pudo evitar poner sus ojos en blanco. "Me fui solo por un día. Además, sabes bien que mi apariencia no puedo variar."
"Como sabrás, las cosas están bastante movidas ahora." Comentó el Señor D, apoyándose en el marco de la puerta. "Todos estamos bastante ocupados. Incluso yo, que debo hacerme cargo de que todos los entrenamientos vayan a un nivel más alto, mientras creo un plano para construir una nave gigante." Esto último llamó mucho la atención del albino.
"¿Una nave gigante?" Preguntó, alzando una ceja.
"Como sabrás, esta guerra será bastante movida por el tema de los números. Aunque los Dioses podamos teletransportar a los campistas, no podemos mover una gran cantidad de gente sin gastar un gran margen de nuestro poder divino. Por eso, es que Zeus planea construir esta nave, por si las cosas se complican más de la cuenta." Contestó el Dios, poniendo sus manos en los bolsillos del pantalón.
"Pero, ¿para qué quieren una nave gigante, si los campistas no son tan numerosos?"
"No creo que seas muy listo." Contestó el Dios, haciendo que Bell se frotara el cabello ante la declaración. "Recuerda que también está el ejercito de Poseidón, el de Hades, las Ninfas, y si es necesario, Zeus se encargará de sumar otro aliado más a la causa." El Dios alzó ambas cejas, como si fuera algo obvio. "Con esa cantidad de números, es obvio que necesitaremos algo para movilizarlos rápido. Por eso es que Apollo nos está ayudando con los planos de los motores. De hecho, ya tenemos casi toda la nave terminada, por lo menos, en lo que a planificación se refiere."
"De acuerdo…" Bell se llevó una mano al mentón, intentado descifrar lo que estaba pensando Zeus. "Supongo que es un buen plan."
"Me gustaría que nos ayudaras mañana con los materiales más pesados. Después de todo, solo seremos tú, Artemisa, Apollo y yo para acarrear lo necesario. Lo mejor es que los campistas se centren únicamente en la construcción, en especial los hijos de Hefesto, que saben muy bien lo que hacen."
"Puedes contar conmigo." Bell le dio la mano al Dios, quien la aceptó con una diminuta sonrisa.
Varias horas más tarde…
Como era costumbre, el pequeño campamento de las Cazadoras se había instalado a las afueras del Campamento Mestizo, aunque, en esta ocasión, las Cazadoras se encontraban a pocos metros de los campistas, por si ocurría algo.
Bell se encontraba acariciando el hocico del dragón, que, por lo visto, se había quedado dormido.
"¡Dame ese trozo de carne!" Gritó Brilia, mientras saltaba e intentaba arrebatarle la comida a Phoebe, que tan solo se reía por la acción de la niña, al igual que todas las demás mujeres.
Bell tan solo sonrió ante la vista tan agradable, afirmando su pensamiento de que este era el lugar en donde él pertenecía.
"Se quedó completamente dormido." Bell miró hacia su costado, viendo como Artemisa se acercaba a él con una mochila.
"Si, es increíble que me haya extrañado tanto, siendo que solamente me fui por un día…" Contestó el albino con ligera gracia.
Artemisa se sentó a su lado, y posicionó una mano en la frente del dragón. "Lo entiendo perfectamente." Comentó la Diosa, haciendo que Bell la mirara con ligera sorpresa ante sus palabras.
Finalmente, la Diosa lo miró y se arrastró un poco más cerca de él, para luego mostrarle la mochila. "Quiero darte algo, que demuestra que ya eres miembro oficial de la Caza." Al escuchar esto, el ruido producido por las Cazadoras colmó al instante, mirando con gran atención a la pareja. "Después de todo, no podrás volver a tu Dimensión, y dijiste que querías quedarte con nosotras. Así que, decidí ofrecerte este regalo, para que sepas que yo… quiero decir, nosotras, también te apreciamos mucho." Bell asintió agradecido a sus palabras, tomando la mochila. "Ahí adentro se encuentra la vestimenta formal para las Cazadoras, aunque hice un par de cambios para que sea atada a la imagen de un hombre." Artemisa alzó sus dos manos, haciendo que saliera un arco plateado bastante grande a través de un brillo del mismo color. "Este es un arco especial que hice con mi energía divina, y con la ayuda de Hefesto. Es prácticamente irrompible, y puede moldear cualquier energía divina o mágica sin problemas para crear una flecha." Bell tomó el arco, notando que la textura no era tan áspera como la madera, y que el tacto se asimilaba a la textura de la porcelana. "Como ya tienes un control del arco casi tan bueno como el de mis Cazadoras, estoy seguro que te ayudará bastante en tu travesía… O mejor dicho, nuestra travesía." Concluyó, entregándole una sonrisa bastante linda.
"Hum, ahora me siento mal, porque no tengo nada para regalarle…" Pensó el albino, al ver la necesidad de agradecerle, tras ver tan bella sonrisa por parte de la Diosa.
Las Cazadoras comenzaron a murmurar entre sí con mucha alegría tras lo escuchado, solo para casi caerse del susto al escuchar las siguientes palabras:
"¿Quieres casarte conmigo?"
Todas las Cazadoras miraron con la boca abierta a Bell, solamente para tranquilizarse cuando vieron la mirada del albino, que claramente indicaba que era una broma, mientras estaba arrodillado y sostenía un anillo dorado en frente de la Diosa.
"Si." Contestó la Diosa, introduciendo el anillo en su dedo con delicadeza, mientras no podía evitar reírse ante el gesto anterior de sus Cazadoras.
"Eso me honra mucho." Declaró el albino, para luego sentarse y reírse levemente.
Las Cazadoras tan solo sonrieron, para luego seguir hablando entre ellas alegremente. Mientras tanto, Bell continuó acariciando el hocico de Dorazal, denotando que su mano ahora solamente contenía el anillo que le regaló Hera.
Sin que nadie se diera cuenta, Artemisa se había quedado observando el anillo de compromiso, cerrando sus ojos lentamente.
"Sí, quiero…" Pensó, mientras acariciaba el anillo con su otra mano.
Después de cenar, cada uno se fue a dormir, a excepción de Bell, que se quedó presenciando las estrellas, más concretamente, a la luna.
Artemisa apareció en un pequeño destello plateado a varios metros de él con la intención de hablar, pero rápidamente se ocultó detrás de las tiendas cuando vio como un hombre llegó de la nada, por lo que pensó que se trataba de un Dios.
"Esa gabardina te queda muy bien, Atlas." Comentó el albino, mirando el nuevo atuendo del Titán.
"¿Atlas?" Pensó Artemisa con impresión. "Debe estar usando algún tipo de poción para verse como un humano."
"Esta vestimenta es perfecta para ocultar mis otros dos brazos, y ni hablar de los lentes oscuros." Declaró el Titán, sentándose al lado del albino mientras se ajustaba las gafas de sol, que se encargaban de ocultar sus ojos dorados brillantes.
"Te pareces a Morfeo." Comentó el albino con cierta gracia.
"¿Morfeo?" Preguntó Atlas con cierta curiosidad. "¿Te refieres a…?"
"No ese Morfeo." Aclaró Bell rápidamente. "Me refiero a un personaje que vi de una película, junto a Luke…" Esto último le hizo bajar un poco su mirada, para luego volver a sonreír.
"Ese chico…" Comentó Atlas, para luego acompañar a Bell en su mirada hacia las estrellas. "¿Por qué querías quedarte en esta Dimensión?" Atlas cambió de tema, haciendo que una sonrisa apareciera en el rostro del albino.
"Porque aquí es donde realmente pertenezco." Comentó el albino con mucha seguridad. "Quiero mucho a las Cazadoras, y también a Artemisa…" Bell no pudo evitar dar un pequeño suspiro al final, algo que llamó la atención de Atlas y también alertó a la Diosa espía. "Aunque, quiero a Artemisa mucho más de lo que debería…" Concluyó, haciendo que Atlas volviera mirar hacia el frente, mientras que Artemisa ensanchó sus ojos.
"¿La amas?" Preguntó el Titán, recibiendo un asentimiento por parte del albino.
"Si, y mucho." Contestó, haciendo que Artemisa se llevara una mano a su pecho.
Ya sabía que él estaba enamorada de ella, pero es la primera vez que lo escuchaba de sus propios labios.
"Entonces, ¿eres algún tipo de masoquista o algo así?" Preguntó el Titán, haciendo que Bell lo mirara como si fuera un idiota. "Quiero decir, ¿no te duele?" Atlas se cruzó de brazos, mientras miraba como una estrella fugaz pasaba. "¿No te duele amar a una Diosa que no puede corresponder ese sentimiento aunque quisiera?"
"Debo admitir que duele un poco…" Confesó Bell, esbozando una pequeña sonrisa. "Pero, a diferencia de la mentira que pase con mi anterior amor, siento que mi amor hacia ella es sano. Después de todo, se preocupa tanto por mí, como yo por ella. Los dos nos queremos mucho, y, aunque no me ame, estoy muy feliz estando a su lado. Estoy feliz de haberme enamorado de una mujer como ella, que es una verdadera, VERDADERA Diosa para mí." Al escuchar esas palabras, unas lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Artemisa. "Por eso, es que quiero ocultar estos sentimientos. No me gustaría que ella sufriera por mi culpa."
"¿Lo dices por sus Juramentos?" Preguntó el Titán, recibiendo un asentimiento por parte del albino.
"Ya es muy feliz ahora. Y, mientras ella sea feliz…" Bell miró al Titán, entregándole una gran sonrisa dentuda. "¡Yo también soy feliz!"
"Así que, ¿eres feliz, eh?" Preguntó el Titán. "¿No podrías ser incluso más feliz?"
"Por supuesto que sí. Podría ser mucho más feliz." El albino respondió sin ninguna duda. "Pero no quiero sacrificarla a ella, solo por un deseo egoísta."
Al escuchar esto último, Artemisa se fue corriendo hacia su tienda, mientras se secaba las lágrimas que amenazaban con caer de su rostro.
Atlas y Bell volvieron a mirar las estrellas, y el Titán mencionó sus últimas dos palabras antes de quedar en completo silencio por el resto de la noche:
"Ya veo…"
Artemisa se arrodillo frente a la almohada, mientras las lágrimas no paraban de brotar de su rostro.
"¡Eres un tonto!" Ella despotricó en silencio. "¡Ya no soy tan feliz como antes! ¡Dejé de serlo, porque también te amo!" Artemisa observó el anillo que le había regalado, para luego temblar de impotencia y dejar caer su rostro sobre la almohada, haciendo que se humedeciera rápidamente por sus lágrimas.
"¡Realmente te quiero! ¡Te quiero mucho!" Ella lloró, hundiendo aún más su rostro en la almohada.
"¡¿Por qué tuve que hacer esos malditos juramentos?!" Su voz tembló por culpa del llanto.
"…"
"…"
Finalmente, la Diosa se llevó una mano a su pecho mientras lloraba en silencio, aferrándose fuertemente a su camisa por el intenso vacío que sentía, que se estaba transformando en un dolor insoportable. Un dolor y un vacío tan molesto, que ni siquiera el llanto le ayudaría a consolarla.
La única forma de hacerlo, era arrancándose esa horrible sensación del pecho, que se extendía sobre todo su cuerpo como si fuera un virus.
"…"
"…"
Finalmente, un suspiro lleno de melancolía cubrió sus labios tambaleantes, para después volver a preguntarse:
"…"
"…"
"¿Por qué?"
¡FINAL DE LA SEGUNDA PARTE!
Habiendo llegado a este punto, solamente falta una última cosa para que Artemisa tome el valor suficiente para romper sus votos. Como pequeño espoiler, he de decir que será como una avalancha que se avecinará encima de Bell, el cual, no tendrá ninguna oportunidad de hacer nada al respecto. Esa avalancha, serán los sentimientos que Artemisa ha estado ocultando y reprimiendo hasta el momento.
Quizás, los reprimió más de la cuenta para el pobre de Bell…
