¡Aquí vamos con la tercera parte de este capítulo triple!
Alguien preguntó si podía traducir este fic al inglés, y debo decir que estoy interesado en hacerlo una vez que lo termine. Si cabe la casualidad que alguien quiera actualizarlo por mí aunque todavía este incompleto, entonces que se ponga en contacto conmigo y hablaremos más a fondo.
Sin nada más que decir, aquí les dejo la última parte de este capítulo triple.
Disfruta!
"Así que… ¿Ese muchacho realmente existe, verdad?" La voz de una mujer resonó en el interior de una cueva, que estaba completamente obscura a causa de la noche. El tono de la mujer era tan elevado y fuerte, que daba a entender que su tamaño era más que colosal.
"Está completamente confirmado." El hombre incluso más grande y robusto que Hércules permaneció arrodillado en frente de lo que parecía ser una mujer colosal. "Tenemos oídos en el Campamento Mestizo gracias a nuestros aliados, y puedo asegurar que él ha regresado." El hombre alzó su rostro, denotando una cara que parecía haber sido esculpida por los mismos Dioses. "Por lo que se sabe, sus dagas son tan peligrosas como él mismo. Aunque, si lo separamos de sus armas, quizás no sea tan problemático como lo hacen ver…" Concluyó el hombre, viendo como un brazo de tierra gigante se hacía visible por un corto segundo, colocándole un dedo encima de la cabeza al hombre, que le hizo brillar intensamente.
"Ahora, tienes mi Bendición." Declaró la enorme mujer. "Sé que puedo confiar en ti, incluso desde tiempos inmemorables, por lo que es genial que ambos lográramos regenerarnos en el tiempo indicado." Indicó la mujer, volviendo el gigantesco brazo a las sombras. "Serás el general de mi ejército en el Tártaro. Encárgate de liderar a tus hermanos, e intenta mantener la puerta bajo nuestro control hasta que llegue yo y liberemos a los Titanes." La mujer colosal dio un pequeño suspiro. "Pero, no hay que ser precipitados. Primero debemos acabar con Bell Cranel. Y yo no soy de subestimar a mis enemigos, así que, tengo bien en claro que es alguien intocable, mientras tenga sus dagas, tal cual mencionaste. La mejor manera de eliminarlo, es separándolo de sus dagas que son capaces de cortar y obstaculizar nuestra regeneración. Incluso, no es necesario eliminarlo. Con mantenerlo alejado del verdadero campo de batalla, creo que será suficiente." Unos inmensos ojos dorados brillaron en la oscuridad. "Orión, encárgate de él."
El ahora reconocido gigante Orión alzó su mirada, entregándole una pequeña sonrisa un tanto siniestra. "Considéralo hecho, madre."
CAPÍTULO 33: ARRASTRADOS AL ABISMO.
"No puedo creer que estemos aquí, tan cerca de las Cazadoras…" Declaró Percy, sin poder evitar sentirse un poco incómodo ante el hecho, mientras observaba como Lilia y Brilia reían por lo bajo de una forma un tanto extraña colocando las ropas que estaban colgadas en dos mochilas diferentes.
"Es cierto." Comentó Annabeth, viendo como Nico parecía estar muy feliz, hablando con su hermana. "Pero también es cierto que la situación lo amerita."
"Tienes razón." Comentó Grover, viendo como muchos campistas circundaban a los alrededores. "pero nunca pensé que Lady Artemisa estaría de acuerdo con tratar con tantos campistas hombres ante tan poca distancia."
"Ellas no se ven muy felices." Clarisse se unió a lo conversación, señalando a Zoe y Phoebe, que se notaban claramente incomodas ante la situación. "Ya tenían suficiente con ustedes, y ahora son muchos más."
"Ellas son las más viejas, y las que conocen el lado malo de los hombres, tanto como My Lady lo hace." Thalía también se unió a la conservación, mirando a todos con una sonrisa. "No obstante, yo no puedo decir lo mismo. Después de todo, solo me eh cruzado con un Sátiro mujeriego, un traidor…" Thalía fijó su mirada en Percy, esbozando una sonrisa burlona. "Y un idiota."
"Yo también me alegro de verte, chispitas." Declaró, estrechando la mano con la mujer.
"¿Cómo se encuentra el hijo de Poseidón?" Preguntó un hombre negro completamente calvo y con unas gafas de sol, haciendo que Percy alzara una ceja.
"¿Te conozco?" Preguntó, estrechando la mano con el hombre por pura cortesía.
"Soy nuevo en el Campamento Mestizo…" Fue la simple respuesta del hombre, para luego ajustarse las gafas con una sonrisa misteriosa en el rostro. "Aunque, nos hemos visto antes." Concluyó, haciendo que Percy enarcara aún más la ceja.
"¿Por qué usas una gabardina tan grande?" Preguntó Grover con bastante curiosidad, haciendo que el hombre le sonriera.
"Es para tapar mis defectos." Contestó, haciendo que Percy, Grover, Thalía y Clarisse se miraran.
"¿Defectos?" Pensó Annabeth, comenzando a sospechar del sujeto.
Aunque eso no duró demasiado tiempo, ya que se distrajeron cuando Bell y Artemisa salieron de dos tiendas diferentes, llevando una toalla puesta que cubría todo su cuerpo, para luego tomar las mochilas que le ofrecieron las niñas, al ver que la ropa finalmente se había secado.
Cuando Bell y Artemisa se metieron en las tiendas, otra risita bastante extraña surgió por parte de ambas niñas, algo que Phoebe y Zoe lograron captar, haciendo que ambas mujeres se llenaran de incertidumbre.
"¿Qué es lo que hicieron ahora, niñas?" Preguntó Zoe, sentándose junto a la fogata, al igual que Phoebe.
Ambas miraron hacia otro lado, y giraron su rostro lentamente al mismo tiempo. "No sabemos de lo que estás hablando." Contestaron las dos al unísono, haciendo que ambas mujeres se rieran.
"¿Saben que ambas son muy obvias cuando mienten, verdad?" Preguntó Phoebe con bastante gracia.
Ambas niñas le entregaron una mirada a Phoebe, que le hizo ponerse un poco nerviosa.
"¿Qué? Preguntó la exploradora, con un tono un poco furioso ante las miradas empedernidas.
"Nosotras no tuvimos miles de años de práctica para aprender a mentir como usted, Phoebe." Volvieron a responder al unísono, haciendo que una gran vena en la cien se presentara en Phoebe, mientras que Zoe hizo todo lo posible para aguantarse la risa.
"¡Sera mejor que dejen de decir estupideces y que escupan de una vez!" Exclamó, haciendo que ambas niñas se miraran entre sí, para luego inclinarse de hombros, y escupir al lado de la exploradora. "¡No se hagan las tontas, maldición!" Phoebe las tomó de las ropas y las maldijo, haciendo que ambas niñas por fin se asustaran.
"¡Bien, bien!" Gritó Lilia con miedo.
"¡Pero no nos pegues, por favor!" Brilia siguió la oración, haciendo que Phoebe las soltara.
"Entonces, hablen." Ordenó la rastreadora con un tono mucho más tranquilo.
Lilia y Brilia se miraron entre sí, para luego esbozar una gran sonrisa traviesa. "Se darán cuenta en unos pocos segundos." Declaró Lilia, haciendo que Zoe y Phoebe se miraran entre sí con bastante incertidumbre.
Tal cual lo mencionó la niña, solo bastó esperar unos pocos segundos para ver la respuesta, y esa respuesta, se presentó en Bell saliendo de la tienda, con una vestimenta bastante… 'extravagante', por decirlo de alguna manera.
Un silencio abrumador se presentó en el lugar, algo completamente extraño, ya que el bullicio reinaba hace un segundo.
Todo se debía a Bell. O más bien, la vestimenta que llevaba Bell.
"Por algún motivo, me siento como si fuera la Diosa de la Luna." Declaró el albino, viendo su vestimenta, que claramente era el de Artemisa. Lo gracioso de verlo, era que su parte frontal estaba completamente estirada debido a la obvia razón de que no tenía pechos, y que su trasero parecía estar caído, algo que obligó a las Cazadoras taparse la boca ante la inminente risa.
Lilia y Brilia lo miraron, para comenzar a reírse por lo bajo como si fueran unas tontas. Bell tan solo las miró con ambas cejas alzadas. Incluso Dorazal hizo sonidos extraños, que recibió una mala mirada del albino como respuesta.
"¿De qué te ríes, lagartija?" Preguntó el albino, haciendo que el dragón escupiera a su costado y volviera a echarse, mientras seguía riendo.
Artemisa salió desde la otra tienda, vistiendo la gabardina y pantalones negros de Bell, que la hacían ver como si fuera una completa gótica, además de que su cuerpo parecía extremadamente lineal a causa de la gabardina tan suelta. En resumidas cuentas, parecía una tabla, algo blasfemo conociendo las medidas de la Diosa.
La Diosa dio un par de pasos lentos hacia el frente, mientras se ponía sus manos en la cadera y dibujaba una mirada en su rostro que no parecía estar para nada contenta.
"Bell, creo que tengo tu ropa…" Declaró la Diosa sin mucha emoción, fijando su mirada en el albino.
"Hm, hm hm…" La risa de Lilia resonó por lo bajo. "¡Jajajajajaja!" Sus fuertes carcajadas se hicieron presentes mientras se acercaba a la Diosa, mirándola de pies a cabeza. "¡Parece una tabla de surf negra!"
"¿Parezco qué?" Preguntó Artemisa con un tic en el ojo, haciendo que la risa de Lilia parara en seco, mientras comenzaba a sudar.
"Una tabla de madera…" Comentó, haciendo que la mirada de Artemisa se intensificará. "Una tabla de planchar…" La mirada de la Diosa se puso aún más dura, haciendo que Lilia se cubriera la cabeza. "¡Una tabla periódica! ¡Eso sí!" Exclamó con felicidad, para después poner sus ojos en blanco cuando la Diosa la tomó de la parte superior de su cabeza un corto segundo, y al otro, la niña estaba rodando en el suelo con gran dolor mientras se tomaba la cabeza.
La Diosa fijó su mirada brillante y aterradora en Brilia, haciendo que la niña se tapara el rostro con miedo. "Después me encargaré de ti." Declaró Artemisa, para luego fijar su mirada en Bell. "Bell, creo que reconozco esa ropa."
"Y yo creo que reconozco la tuya." Respondió el albino, solo para ser tomado y arrastrado por Artemisa a su tienda.
"¡Basta de estupideces!" Exclamó la Diosa, entrando a la tienda. "¡Vamos a cambiarnos!" Finalizó, cerrando la tienda.
Phoebe y Zoe tan solo se miraron entre si al ver que ambos entraron en la misma tienda para desnudarse, solo para reírse cuando recordaron como se veían, y los comentarios de Lilia, que sí, aún estaba rodando en el suelo por el inmenso dolor.
Los demás también parecían haberse tomado todo con bastante gracia, y por esa razón, estaban comenzando a pensar que las Cazadoras podían ser más divertidas de lo que parecía a simple vista. Por lo menos, en ciertas ocasiones.
De alguna forma, era tranquilizante para los campistas, que solo conocían la reputación mala de las Cazadoras, ver que también podían divertirse entre ellas.
Hablando de diversión, podría decirse que Bell estaba pasando un momento divertido…
¿O no?"
"Estas niñas son increíbles…" Declaró la Diosa con un pequeño suspiro, estando de espalda a espalda con Bell, asegurándose de que ninguno se mirara entre sí.
"Son niñas, no creo que esté mal dejarlas ser justamente eso." Respondió el albino con una pequeña sonrisa, mientras se colocaba su ropa interior.
"Lo entiendo, y estoy de acuerdo." Declaró la Diosa con una voz bastante dulce. "Pero también, deben aprender a dejar de ser niñas en algún momento. Por lo que, castigarlas por sus travesuras es algo que las ayudará a madurar." Concluyó, con un tono mucho más serio al final.
"Eso también es cierto." Bell asintió con una sonrisa tras las palabras de la Diosa.
Cuando el silencio parecía presentar entre ambos, Artemisa habló.
"Últimamente, siento que estoy perdiendo algo…" Comentó la Diosa con bastante melancolía, algo que alertó a Bell. "He estado encerrada en mi duda desde que la tengo. Es algo muy complejo de explicar… Pero, si lucho por lo que amo, siento que podría perderme para siempre…"
Bell no pudo evitar girar su rostro por un corto segundo, viendo la espalda desnuda de la Diosa, mientras se colocaba el sostén con delicadeza. Pudo captar una sonrisa en su rostro. Aunque claramente ella no estaba sonriendo, no de verdad.
"Creo que entiendes a lo que te refieres, por lo menos, en parte…" Comentó el albino, volviendo a mirar al frente. "Una duda bastante incomoda se me ha presentado últimamente, y pude resolverla por mi propia cuenta. Pero, hay una duda que era mucho más grande que esa, una que llevaba arrastrando por mucho tiempo, hace tiempo…" Comentó, haciendo que la Diosa lo escuchara con más atención. "En ese caso, también decidí resolverlo por mi cuenta, pero era imposible. Cuando tú llegaste y me ayudaste, me di cuenta que hacerlo por mí propia cuenta era imposible…"
"¿Te refieres a Aiz?" Preguntó la Diosa.
"Exacto." Fue la simple respuesta del albino. "Así que, si luchas por algo que amas, por algo que te hará bien, no veo una razón válida para no luchar en contra de tus dudas por ello." Bell estiró su cuerpo, para luego esbozar una sonrisa. "Siempre debes luchar por lo que amas." Ante el comentario final, la Diosa no pudo evitar mirar su espalda desnuda con mucha sorpresa en su mirada. "Y si te da miedo, porque no puedes hacerlo por ti misma. Entonces, debes saber que yo siempre estaré a tu lado, y que siempre de apoyaré, siempre. Al igual que tú lo hiciste en aquel entonces."
Bell no pudo evitar ensanchar sus ojos cuando sintió como su espalda era cubierta por el torso semidesnudo de la Diosa, mientras que ella rodeaba sus manos en el abdomen del albino, posicionando su rostro en el hombro del muchacho.
"¿Prometes estar para mí cuando más te necesite?" La pregunta y la acción de la Diosa hicieron que Bell tuviera un escalofrió bastante reconfortante a lo largo de todo su cuerpo.
El albino tomó las manos de la Diosa y se dio media vuelta, chocando su frente con la de la Diosa, al igual que sus narices.
"Lo prometo." Contestó Bell sin vacilación alguna, haciendo que la Diosa cerrara sus ojos con una bella sonrisa en su rostro.
Ambos se separaron abruptamente cuando un gran temblor se presentó de la nada por un corto segundo. Ellos se miraron entre sí con gran sorpresa, para después comenzar a escuchar diversos gritos de batalla en el exterior, sumado al ruido del metal chocando. Otro temblor más fuerte y grande se presentó, haciendo que ambos tuvieran que apoyarse el uno en el otro para no caerse.
"¡Ponte la gabardina, rápido!" Exclamó la Diosa, colocándose su camisa negra rápidamente.
Ambos salieron al exterior, desenfundando sus armas y viendo como Dorazal estaba atacando a una gran cantidad de semidioses y monstruos, mientras eran apoyados por los demás campistas, y Cazadoras.
"¡¿Qué demonios…?!" Se preguntó Bell en voz alta, completamente impresionado de que atacaran tan rápido, mientras se ajustaba la mochila de su espalda.
"¡No hay duda alguna!" Comentó el hombre negro, acercándose a Bell. "¡Están buscando algo o a alguien!"
"Lo sé, Atlas." Contestó el albino, para ver como diversos pasadizos de tierra se abrían, haciendo que una gran cantidad de enemigos salieran de ellos.
"Esos portales son de Gaia." Contestó Artemisa rápidamente, comenzando a arrojar diversas flechas a los enemigos.
"¡No paran de venir!" Gritó Grover, matando a un ciclope junto a Percy.
"¡¿Qué demonios está pasando?!" Preguntó Thalía, protegiéndose la espalda con Percy, Grover, y Annabeth. "¡Se supone que aun no estaban completamente organizados!" Concluyó, dando un gran salto y arrancando el ojo de un Ciclope con sus dagas, volviendo de una voltereta a su posición.
"¡No sé qué está pasando!" Exclamó Percy, arrojando diversas estocadas que mataban a semidioses. "¡Pero no creo que sean muy listos para atacarnos en nuestro propio terreno!"
Annabeth pudo distinguir como es que los Ciclopes y los campistas lo estaban separando de los demás. "O eso quieren hacernos creer…" Se dijo a si misma ante la vista.
Mientras tanto, se podía ver como Bianca y Nico estaban junto a las Cazadoras, creando diferentes columnas de huesos y guerrero-esqueletos para apoyarse entre sí.
"Déjame ayudar…"
"¡No!" Bell interrumpió a Atlas. "¡No son muchos enemigos, puedo encargarme!" Exclamó, rodeando a sus dagas con unas llamas y corriendo hacia los enemigos, mientras Artemisa lo seguía desde atrás con sus flechas.
El número de enemigos comenzó a reducirse rápidamente, haciendo que los campistas comiencen a oler la victoria.
Un último movimiento sacudió la tierra, haciendo que once entidades gigantes con forma humana y piernas de dragón aparecieran, haciendo temblar los mismos cimientos del Campamento Mestizo.
Annabeth miró a los individuos que habían parecido detrás de ella con los ojos bien abiertos. "Gigantes…" Esto hizo que Percy, Grover y Thalía miraran hacia atrás, con los ojos bien abiertos.
Los once gigantes fijaron su mirada en Bell de una forma automática, para después mirar a los 4 jóvenes que parecían estar acorralados.
"Recuerden las ordenes de nuestro hermano." Comentó el más grande y feo de todos. "Solo necesitamos a una Cazadora."
Los 11 gigantes se abalanzaron en contra de los 4 jóvenes, en donde Percy y Annabeth recibieron un impacto directo que los dejó muy aturdidos por la diferencia de poder y números, mientras que Thalía pudo esquivarlo con algo de dificultad, y Grover prácticamente se escapó del rango del ataque de milagro.
La Cazadora no pudo hacer mucho más, ya que los 11 gigantes rápidamente la rodearon y la tomaron de las piernas, para luego darle diversos golpes en la cara que la dejó completamente inconsciente.
Bell y Artemisa vieron esto, por lo que se enfurecieron inmensamente.
Al ver que la mirada estaba fijado en ellos, todos los gigantes sonrieron.
"¡Vámonos!" Exclamó nuevamente el que parecía estar a cargo, mientras la tierra comenzaba a moverse a sus pies, indicando que estaba creando un portal.
Bell se abalanzó sobre ellos con una ira impresionante, sus ojos habían cambiado de color nuevamente mientras los rayos vibraban a su alrededor. Tres de los once gigantes intentaron detenerlo, aunque murieron de una forma increíblemente rápida, debido a que su regeneración fue obstaculizada por las dagas de Bell, además de que fueron cortados en pequeños pedacitos. Otros dos cayeron al piso, completamente inconscientes cuando fueron penetrados por las flechas de Punta Plateada de Artemisa, retorciéndose del dolor.
Bell intentó matar a los restantes, pero rápidamente se detuvo cuando vio como el gigante líder sostenía a Thalía de la garganta, indicando que si seguía avanzando, le reventaría el cuello. Esto hizo que la misma Artemisa bajara su arco, apretando fuertemente los dientes.
"Eres rápido, ¿pero eres lo suficientemente rápido?" Preguntó el gigante que sostenía a Thalía con una sonrisa descarada, para luego dar varios pasos hacia atrás, comenzando a entrar en el portal de tierra.
Ante el descuido, un ciclope le dio un fuerte mazazo en las manos a Bell, haciendo que se quejara levemente por el dolor, al mismo tiempo que sus dagas salían volando. El albino no tardó en responder al ataque, e incineró al Ciclope, solo para recibir un fuerte golpe por parte de un Gigante que le hizo escupir una mezcla entre sangre normal y sangre dorada, que lo mandó a volar.
Bell aterrizó al lado de Artemisa y se levantó con un poco de dificultad, solo para ver con horror como casi todos los gigantes ya habían pasado por el portal de tierra.
"¡Thalía!" Grover gritó fuertemente, esquivando y corriendo al portal, entrando al mismo tiempo que el último Gigante.
"¡Atlas!" Bell gritó fuertemente, haciendo que el mencionado se quitara las gafas, al mismo tiempo que sus ojos brillaban intensamente. De un segundo al otro, una una enorme luz brillante cegó a todos, solo para que aliados y enemigos vean completamente atónitos como el Titán hacia su aparición.
Cuando los campistas pensaban que estaban en presencia de un gran enemigo, todos se sorprendieron inmensamente al ver como el Titán tomaba con una de sus manos a Bell, y lo apuntaba rápidamente hacia el portal, que ya estaba cerrándose.
"¡Espera, es muy peligroso!" Gritó Artemisa, volando a su altura. "¡Lo más probable es que ese portal lleve al Tártaro!" Exclamó con gran preocupación.
"¡Entonces, con más razón debo ir a por ella!" Exclamó el albino, mientras Atlas preparaba el tiro.
"¡Entonces, prométeme que volverás con ella!" Gritó la Diosa con impotencia, viendo como Bell le entregaba una mirada discreta. "¡Nunca rompes tus promesas, así que, promételo!" La mirada de Bell se suavizaría inmensamente, haciendo que unas lágrimas aparecieran en el rostro de la Diosa. "¡Promételo!"
Finalmente, una pequeña sonrisa triste apareció en el rostro de Bell, y mencionó sus palabras finales antes de ser arrojado:
"No puedo prometer algo de lo que no estoy cien por cien seguro. Lo siento…"
Bell fue disparado en un fuerte movimiento, entrando al portal de una manera directa. Artemisa tan solo pudo llorar al ver como el albino desaparecía de su vista.
Dorazal captó esto, y dio un gran rugido, abalanzándose contra el portal, y logrando entrar de milagro justo antes de que se cerrara.
Atlas se fijó en las dagas de Bell, haciendo que una mirada preocupada cruzara por su rostro.
Lo primero que vio y sintió Bell, es que se estaba desplazando en una especie de arenas movedizas, siendo imposible moverse libremente. El albino miró como Grover estaba forcejeando con uno de los Gigantes.
"¡Bell!" Gritó el sátiro al verlo.
Dorazal golpeó con su cabeza a Bell, haciendo que los dos tuvieran un gran impulso hacia el frente. El albino no dudo en darle un fuerte puñetazo en la cara al Gigante que sostenía a Grover, liberándolo.
Justo cuando su mirada se fijó en Thalía, y todos los demás Gigantes que la estaban rodeando, todo comenzó a fluctuar de una manera extraña.
Bell inclinó sus dos manos al frente, y gritó fuertemente.
"¡Fire-Bolt!"
Los Gigantes miraron esto completamente atónicos, soltando a la muchacha y haciéndose a un lado, solo para ver como Bell abría sus manos, haciendo que las enormes llamas se desviaran hacia donde estaban ellos, generando una enorme explosión.
Finalmente, fuertes gritos y rugidos pudieron escucharse, antes de que la arena desapareciera de golpe. Justo antes de que toda la arena desapareciera, se pudo ver como Dorazal aleteaba desesperadamente hacia Bell, o por lo menos, lo intentaba.
Bell observó cómo estaba cayendo desde el cielo, y la vista no era para nada agradable, ya que estaba rodeado de piedra quemada y fosos de lava, además de un calor bastante insoportable.
El albino cayó de pie, haciendo un aterrizaje perfecto, solo para escuchar como diversos gruñidos le rodeaban. Él se recompuso lentamente, solo para ver que estaba rodeado de monstruos.
"Ellos no están cerca, por lo que no hay necesidad de contenerme…" Comentó por lo bajo.
Una mirada sin piedad se presenció en el rostro del albino cuando creo una enorme bola de fuego con rayos rodeándolo, impactando el ataque en el suelo, haciendo estallar todo a su alrededor, generando una enorme cortina de humo, mientras diversos temblores causados por el ataque hacia que el suelo en donde estaba parado se cayera a pedazos, y se hundiera en la ardiente lava.
Después de que todo el estruendo se disipara y que el risco se terminara en hundir en la lava, se presentó un silencio bastante preocupante.
Finalmente, se pudo ver como una mano apareció en el borde del abismo, denotando que era Bell con su vestimenta completamente destrozada, logrando apoyarse sobre el terreno quemado con un poco de dificultad, solo para que una mirada ligeramente sorprendida cruzara su rostro tras escuchar un rugido y ver como una figura dorada surcaba los cielos a sus espaldas. Finalmente, una sonrisa apareció en el rostro del albino mientras terminaba de escalar, y aparecía un intenso brillo plateado en una de sus manos, viendo que se trataba de su arco, y arrojaba su mochila hecha harapos sobre el suelo, denotando que la ropa plateada en su interior estaba sin un rasguño.
En otro lado, Grover tomaba una espada ligeramente oxidada, y procedía a afilarla con una de sus dagas, mientras se internaba cautelosamente en un bosque que estaba completamente seco.
¡FINAL DEL CAPÍTULO TRIPLE!
En el capítulo siguiente, habrá muchas sorpresas. Solo tengo para decir que estoy contento de haber llegado al punto de inflexión en este arco tan rápido. Después de todo, esta es una de las partes que más me gustará escribir en esta historia, y eso ayuda bastante a que me inspire a seguir escribiendo incluso con más regularidad.
Solo espero que les haya gustado este capítulo, y que disfruten tanto como yo los que se están por venir.
Un saludo, y muchas gracias por tu apoyo!
Cantidad de palabras del capítulo triple: 5849+5345+4049=15.243 palabras.
