¡Después de un tiempo, aquí vamos de nuevo con otro capítulo!

Para los que me siguen en Wattpad ya sabrán el motivo de mi ausencia, pero para los que no lo saben, eh estado pendiente en mi otra historia, ya que debía hacer un capítulo cuádruple por la gran cantidad de objetivos acumulados. Además de eso, también he estado bastante ocupado con mi familia por el tema de los días festivos.

Hablando de los objetivos, esta historia ha cumplido uno en estos días:

Wattpad: 4830/5000 Estrellas. 36.053/40.000 lecturas.

FanFiction: 89/100 favoritos. 103/125 seguidores. 235.138/300.000 palabras.

*Recuerden que solo uno de esos objetivos ya significa un capítulo doble, y si se llegan a cumplir más al mismo tiempo, podrían ser hasta capítulos triples o cuádruples.*

Antes de comenzar con el capítulo, me gustaría contestar una review:

Funny-Little-Cute White Fox: Me alegra verte por aquí de nuevo. Me alegra que te hayas podido poner al día con la gran mayoría de capítulos, y también que te hayan agradado. En un momento, escribiste que los personajes fueron un poco OC. No es lo que tramaba, ya que intento respetar su desarrollo original (probablemente me eh dejado llevar un poco en ese capítulo). Espero que esto te siga gustando, y que también te continué sorprendiendo ocasionalmente!

Ahora si, comencemos con el capítulo.

Disfruta!

Unos grandes murmullos se escuchaban a lo largo de todo el Olimpo. No solo los capitanes de su respectiva Cabañas se encontraban allí, ya que todos los Titanes libres también formaban parte de la reunión.

"¿Qué es lo que hacen ellos aquí?" Se pudo escuchar que uno de los tantos Dioses Olímpicos habló, claramente impresionado ante la presencia de los Titanes, aunque claramente, no se veía como una impresión que se podría catalogar como favorable.

Zeus comenzaba a impacientarse, y el hecho de que Hades parecía haber decidido faltar a una reunión tan importante, solo hizo que la cólera del Dios llegara a niveles inimaginables, aunque parecía ocultarlo bastante bien. Lo único que se podía presenciar de su mal humor, era el ceño fruncido.

Bueno, era lo único que se destacaba, hasta que tomó su Rayo Maestro y lo sacudió fuertemente hacia el cielo, generando un gran estruendo.

"¡SILENCIO!" El grito y el rayo del Rey de los Dioses hicieron que todos se callaran al instante.

Al ver que todos se habían callado con su acto, Zeus pareció relajarse visiblemente ante el respeto demostrado.

"Para empezar, los Titanes que se encuentran aquí serán nuestros aliados en esta guerra. Es un acuerdo que Bell firmó con ellos, en donde se aseguró que nadie atacara al Olimpo." Aclaró el Dios rápidamente, sin tener la intención de entrar en muchos detalles.

"No solo nos encontramos aquí por esta guerra." Atlas dio un paso hacia el frente, representando a los suyos. "¡Ellos se llevaron a nuestro Rey!" Exclamó el Titán, haciendo que todos se miraran entre si y comenzaran a murmurar nuevamente, incluso con más intensidad.

Zeus tan solo pudo palmearse el rostro ante lo mencionado, ya que esperaba mantener ese dato de suma relevancia en secreto por un poco más de tiempo.

"¡Si, Bell es el Rey de los Titanes!" Exclamó Zeus, haciendo que otros truenos se escucharan en el cielo abierto, haciendo que todos se callaran nuevamente. "Pero no vinimos aquí a hablar sobre ello…" Concluyó, levantándose de su trono con calma. "Lo cierto es que atacaron al Campamento Mestizo, y como dijo Atlas, Bell se fue al Tártaro para salvar a mi hija que también quedó involucrada en el conflicto." Zeus miró atentamente a todos, viendo que la gente esperaba sus próximas órdenes. "Mi hermano también me ha dicho que Océano y Tetis aparecieron en las costas del Mar Mediterráneo con un enorme ejército. Lo más probable es que buscan reconquistar las aguas, y al mismo tiempo destruirnos en el proceso." Zeus miró a Poseidón, el cual asintió con seriedad. "Esto nos da la suficiente información para saber que el enemigo se ha dividido en dos ejércitos diferentes. Los calificamos en los que buscan liberar los Titanes del Tártaro y acabar con Bell, mientras que el segundo ejercito parece más compenetrado a un ataque más directo hacia el Olimpo."

"Está claro que buscan dividir nuestras fuerzas…" Declaró Atenea, frotándose el mentón.

"Y lo conseguirán." Contestó Zeus con una pequeña sonrisa. "Ellos nunca esperaron que algunos Titanes estuvieran de nuestro lado en esta batalla." Zeus volvió a sentarse en su trono, y apoyo la mano en su mentón. "Lo he pensado con mi esposa y Poseidón. Lo mejor es que todos los Dioses Olímpicos y los Titanes marchemos contra el enorme ejercito de Tetis y Océano. Obviamente, necesitaremos la ayuda de nuestros hijos para que podamos derrotar a los Titanes." El dios no pudo evitar enseriar su mirada. "Después de todo, el único Titán que es realmente competente para las batallas es Atlas. No es para ofenderlas, damas, pero se sabe que Tetis y Océano son unos Titanes muy poderosos."

"Lo entendemos perfectamente, hijo mío." Contestó Rea con una sonrisa.

"Pero si el ejército es tan enorme, ¿realmente podemos ganarles sin la ayuda de Bell?" Preguntó Astrea, escogiendo las palabras más adecuadas para intentar no ofender al Dios.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Zeus. "No debes subestimar el poder de los Dioses." Contestó, haciendo que Astrea sonriera nerviosamente. "Pero, teniendo en cuenta que hay una pequeña posibilidad de perder, también he pensado en una solución." Tras escuchar esto, todos miraron atentamente al Dios. "¡Percy Jackson!" Gritó el Dios, haciendo que el mencionado diera un paso al frente.

Zeus lo estudió con su mirada con una seriedad absoluta. "Sé que antes hemos tenido roces. Pero sin duda alguna, eres el Mestizo más fuerte de la generación actual, y probablemente, el más fuerte que haya existido y existirá." Aclaró el Dios, haciendo que una pequeña sonrisa apareciera en el rostro de Poseidón tras el reconocimiento. "Por eso, te enconando que lideres a los campistas hacia el Campamento Romano." Tras su declaración, un silencio abrumador se presentó a lo largo de todo el salón.

Los desentendidos del tema miraron de un lado a otro, sin entender las reacciones.

"¿Qué es el Campamento Romano?" Preguntó Percy, realmente intrigado.

"No creo que sea buena idea…"

"¡Silencio, mujer!" Zeus calló a su esposa, para después entregarle una pequeña sonrisa. "Es momento de cambiar las cosas, y hacerlas bien. Es el momento de reinar adecuadamente." Declaró, para luego fijar su mirada en Percy. "Aunque solo existamos nosotros como Dioses, también tenemos una contraparte. Podríamos decir que es como una doble personalidad, aunque ambas son muy parecidas." Concluyó el Dios, haciendo que todos comenzaran a ensanchar sus ojos tras comenzar a imaginarse lo que era. "Nuestra contraparte son los que ustedes conocen como Dioses Romanos. Y como nosotros los tuvimos a ustedes, nuestras contrapartes también tuvieron hijos. Ellos se encuentran en el Campamento Romano."

"¿Pero, por qué razón era necesario separarnos?" Preguntó Percy, sin poder comprender del todo lo que estaba escuchando.

"Porque podría generarse un enorme conflicto que destruiría a ambos campamentos." Declaró el Dios, sin dar muchos rodeos. "Por eso se mantuvo en secreto todo este tiempo. Pero ya no más, necesitamos la colaboración de todos para acabar con esta guerra." Zeus miró a Hefesto. "Por eso es que encomendé a tus hijos construir aquella nave. Fue una medida que no sabía si al final sería necesaria, pero con la desaparición de Bell, no nos queda más opción que recurrir a todas nuestras cartas."

"Muy bien." Percy rápidamente asintió, entregándole una pequeña reverencia. "Puede contar nosotros." Zeus simplemente asintió, satisfecho.

"Antes de terminar la primera parte del plan, ¿hay alguien que esté en desacuerdo?" Preguntó el Rey de los Dioses, sabiendo bastante bien quien no iba a estar de acuerdo.

No pasó ni un segundo para que esa Diosa se levantara de su trono, haciendo que todos la miraran.

"Yo no estoy de acuerdo." Declaró Artemisa. "Quiero participar en el rescate de Bell y mi Cazadora, además de devolver el control del Tártaro al Olimpo."

"Lo suponía, por eso tú y tus Cazadoras se encargaran de custodiar la puerta del Tártaro." Declaró el Dios, para luego fulminarla con la mirada. "Pero solo se dedicaran a eso. Tienes prohibido entrar, ya sabes muy bien que una gran cantidad de Gigantes custodian el otro lado de la puerta, además de que podrías toparte con Gea y un gigantesco ejercito del otro lado. Algo que con tus números, sería una batalla imposible de ganar." Artemisa rápidamente asintió, indicando que estaba de acuerdo.

Finalmente, una pequeña sonrisa apareció en el rostro del Dios. "Además, no debes preocuparte demasiado. Puede que Bell haya perdido sus dagas, pero sigue siendo Bell. Será muy complicado que logren detenerlo." Declaró, para luego enseriar su mirada. "Sé que confiabas mucho en él. Es momento de que demuestres a que nivel llega esa confianza." Concluyó, recibiendo otro rápido asentimiento por parte de la Diosa, para luego bajar levemente su cabeza en señal de respeto.

"Muchas gracias, padre."

CAPÍTULO 34: ¡VIEJO ENEMIGO, NUEVO AMIGO!

Una neblina densa cubría por completo el bosque seco del Tártaro. Entre todos los arboles completamente secos y negros, un par de cuernos se asomaron, escalando una pendiente con cierta dificultad.

Grover terminó de escalar, solo para entrecerrar sus ojos e intentar ver algo más allá, lo que era imposible. No solo por la molesta neblina, sino también por la gran cantidad de arbolada y diferentes riscos y pendientes rocosas que sobresalían en varias direcciones. Grover afirmó aún más el agarre en su espada oxidada tras ver un pequeño puente que conectaba dos extremos, y por lo que podía presenciar vagamente, quizás indicaba el final del espeso bosque en donde había estado atravesando por unos largos 30 minutos.

"No me gustan los puentes." Pensó Grover, acercándose lentamente. "Y ahora es peor. Si te caes y tienes algo de suerte, solo caerás en un rio de lava que te matara casi al instante." Grover no pudo evitar ponerse tenso tras el pensamiento. "Si tienes suerte…"

Grover se detuvo al instante, frunciendo ligeramente el ceño. Ah sus espaldas, una cabellera rubia comenzó a asomarse en la cima de un pequeño risco.

El sátiro ensanchó ligeramente sus ojos tras escuchar el ruido de una rama romperse, dándose media vuelta rápidamente, para ver cómo alguien asomaba su rostro.

"De todos los lugares, no esperaba verte aquí… Grover." Su voz claramente burlona y reconocida por el sátiro hizo que apretara fuertemente los dientes.

"¡Luke!" Gritó Grover, solo para ver como el mencionado se lanzaba con su espada, con la intención de partirlo a la mitad.

Grover pudo reaccionar rápidamente y colocó su espada oxidada entre ellos dos como defensa, bloqueando el ataque y utilizando su propia fuerza para mandar lejos al rubio.

Luke cayó estrepitosamente contra el suelo, pero no tardó ni un segundo en levantarse, agarrando su espada rápidamente.

"No has cambiado nada. Supongo que las hijas de Afrodita aun te quieren." Comentó Luke con suspicacia, para luego lanzarse hacia él.

Grover se agachó y corrió hacia un costado para esquivar el espadazo que probablemente le hubiera cortado en dos, solo para ver como Luke estampaba su espada contra un árbol y lo cortaba a la mitad de un golpe.

"Te recuerdo que ni siquiera haz estado dos semanas aquí." Comentó Grover, escupiendo al suelo para luego lanzarse en contra de su oponente.

Luke desvió el ataque de la espada con la suya, para luego propinarle una fuerte patada a Grover que lo mando contra un árbol, haciendo que se estampara fuertemente.

"Mi culpa." Comentó Luke, agitando su espada mientras miraba cautelosamente como Grover se levantaba. "Aquí no hay día ni noche. La noción del tiempo se puede perder muy fácil en un lugar tan tétrico y tenebroso como este." Finalizó, haciendo movimientos con su mano libre para hacer énfasis en sus palabras.

"¿De dónde obtuviste esa espada?" Preguntó Grover, preparándose para el siguiente ataque. "No sabía que los hombres de Gea se habían movilizado tanto dentro del Tártaro."

"Digamos que la robé." Dijo con mucha simpleza, para luego abalanzarse en contra de Grover, al igual que este último.

Justo ante de que las espadas chocaran fuertemente entre sí, se pudo vislumbrar como un arco plateado se interpuso en medio de ambos ataques, haciendo que las espadas chocaran contra una superficie que no parecía ser madera. Algo extraño, ya que se está hablando de un arco.

El arco se alzó con gran brusquedad, haciendo que las espadas se separaran y ambos receptores salieran despedidos hacia atrás ante semejante fuerza. Antes de tropezarse, Luke pudo estabilizarse y rápidamente comenzó a observar hacia todas las direcciones, ya que ni siquiera pudo ver quien fue el que intervino en el combate. Su rostro siempre sereno ahora se encontraba completamente serio.

Pudo escuchar como un rápido movimiento pasó en frente suyo, por lo que alzó rápidamente su espada en defensa. Allí en frente estaba Grover con la misma posición que él, pero estaba seguro que no había sido el sátiro. Después de todo, el movimiento había sido tan rápido, que parecía camuflarse como una simple briza.

Otro ruido extraño se escuchó a sus espaldas, por lo que rápidamente se dio media vuelta y arrojó un espadazo al aire, cortando la enorme piedra que estaba detrás de él. El polvo generado y la niebla tan jodidamente intensa solo hicieron que pudiera ver vagamente a alguien que parecía ser un hombre encapuchado con un traje completamente plateado. Lo último que pudo ver antes de que el hombre desapareciera nuevamente, fueron sus ojos rojos carmesí intensos entrecerrándose.

Al ver que el hombre desapareció, Luke dio un gran salto hacia atrás, solo para ver como el encapuchado había estado a su costado, demostrando su increíble velocidad.

Luke rápidamente atacó sin dudar, haciendo que el sujeto frenara fácilmente el ataque con su arco aparentemente indestructible, para luego romper su defensa alzando su arco y dándole un rápido golpe en las costarlas con este, mandándolo a un costado. El encapuchado dio un pequeño salto hacia atrás cuando vio como Grover le atacó con su espada oxidada, propinándole un pequeño corte en su capucha.

El encapuchado le dirigió una mala mirada por esto. Aunque gracias a ello, Grover pudo distinguir un poco más sus facciones, y el hombre le parecía extrañamente familiar.

Grover sacudió rápidamente la cabeza para quitarse esos pensamientos, comenzando a dar numerosas estocadas que fueron esquivadas sin ningún tipo de problemas. Cuando el sátiro se cansó de ser esquivado, intentó cortarlo a la mitad, solo para volver a ser esquivado cuando el encapuchado se agachó de un segundo al otro. Grover no pudo evitar poner una mirada extraña cuando su ataque terminó por darle un pequeño corte en el pecho a Luke, que estaba planeando atacar al sujeto por la espalda, o bueno, ese era su plan, hasta que fue interrumpido…

El encapuchado se movió rápidamente a la espalda del sátiro, dándole un fuerte golpe en su espalda con el arco, haciendo que Grover se tambaleara hacia el frente, solo para recibir un profundo corte en su mejilla por parte de Luke, que parecía haber intentado cortarle la cabeza al encapuchado, aunque nuevamente falló por la enorme velocidad de su contrincante.

El sujeto agitó fuertemente su arco para evitar que Luke volviera a alzar su espada, haciendo que el arma blanca saliera volando y diera un par de giros hasta caer en la mano libre del encapuchado, que clavó profundamente la espada en el suelo, para luego darle otro golpe con su arco y romperla a la mitad. El hombre plateado se cruzó de brazos, incitando a sus dos oponentes, que estaban completamente abrumados ante lo presenciado.

Grover se paró junto a Luke y le extendió su espada oxidada. El rubio aceptó el regalo sin ningún tipo de miramientos, ya que aun seguía completamente incrédulo ante el sujeto que estaba en frente de ellos. Mientras que Grover desenfundaba sus dagas, exactamente con la misma mirada que Luke.

Luke sacudió rápidamente su cabeza al igual que Grover, volviendo rápidamente a sus posiciones de combate.

El encapuchado no pudo evitar sonreír al ver que aparentemente habían unido fuerzas para derrotarlo.

El primero en acercarse fue Luke, y sus ataques terminaron siendo bloqueados y burlados nuevamente, haciendo que el rubio lamiera el suelo quemado una vez más. No pasó ni un segundo para que Grover le haga relevó, saltando encima de él, lo que el encapuchado nuevamente recibió con su arco, bloqueando las dagas y aprovechando la oportunidad para tomarlo del mentón, elevarlo sobre su cabeza y hacerlo volar en el aire, haciendo que terminara cayendo en el puente con un sonido sordo, y terminar cayendo varios pasos atrás del encapuchado y Luke.

El hombre plateado rápidamente dio un gran salto hacia atrás, subiéndose en el puente junto a Grover, en donde fue apoyado rápidamente por Luke.

Los tres atravesaron el puente, seguidos de varios ataques entre sí, que el sujeto únicamente se dedicaba a bloquear. Era sorprendente, ya que podía bloquear el ataque de los dos al mismo tiempo.

Cuando Luke pareció romper su defensa por fin, el arco cayó sobre los pies del encapuchado. El sujeto elevó su pie, haciendo que el arco se elevara a una enorme velocidad, golpeando fuertemente el mentón de ambos y obligándolos a retroceder. Para acabar la contienda, el hombre dio un gran salto y golpeó fuertemente el arco contra el suelo, creando un cráter y haciendo que todo el suelo temblara. Ese mismo golpe levantó una fuerte corriente de viento que se encargó de despejar casi toda la niebla en el sector, y los pocos restos que quedaron comenzaron a disiparse, aclarando más y más la vista.

Después de haber salido volando hacia el puente por el golpe anterior, ambos se levantaron del suelo con un poco de dificultad, para que luego sus ojos casi se salieran de su lugar.

Detrás del encapuchado agachado, se encontraba una enorme figura que se hacía más y más visible. Finalmente, la imagen de un enorme dragón echado en el terreno se vislumbró a todo detalle, sus ojos rojos carmesí fijados en los dos hombres que estaban luchando contra su amigo.

"Ese dragón…" Luke y Grover dijeron al mismo tiempo, viendo como el encapuchado se recomponía lentamente y posicionaba una mano sobre el hocico del dragón.

Finalmente, el encapuchado se quitó su capucha y reveló su identidad.

"Me alegra que ustedes dos estén bien." Comentó Bell con una media sonrisa, apoyando el arco plateado en su hombro.

Mientras tanto, en otra parte del Inframundo…

"¿Qué te trae a mi humilde morada, sobrina?" Preguntó Hades, sentado en el trono de su palacio con Perséfone sentada en sus piernas.

Artemisa no pudo evitar pensar que esos dos parecían tener una relación más firme que hace un año, pero prefirió no indagar en ello.

Después de todo, no era el momento para ello…

"Mi padre te ha llamado para que acudieras a su ayuda. No solo a ti, sino también a tu ejército." Comentó la Diosa de la Luna rápidamente, algo que el Dios tomó con ligera extrañeza, y lo demostró con la mirada que compartió con su esposa.

Hades se levantó cautelosamente de su asiento para luego darle un profundo beso a Perséfone y dejarla en el trono. Él se acercó lentamente a Artemisa, para luego cruzarse de brazos.

"Si es que mi querido hermano necesita un poco de ayuda, ¿por qué no vino a pedirla personalmente?" Preguntó, arqueando una ceja. "Si tiene algo que pedirme, dile que lo estaré esperando en mi palacio."

"¡No hay tiempo para esto!" Rugió Artemisa, pisando fuertemente el suelo con su pie, indicando su impaciencia.

Al ver la reacción, Hades no pudo evitar llevarse una mano al mentón y alzar ambas cejas como respuesta. Después de todo, sabía bastante bien que su sobrina solamente actuaba de esa manera tan irrespetuosa cuando algo muy malo había pasado.

El Dios del Inframundo miró a las Cazadoras que la acompañaban en busca de una respuesta, pero no tuvo que incitar mucho más para encontrarla.

"Una de mis Cazadoras fue secuestrada y enviada al Tártaro." Contestó la Diosa con un tono mucho más relajado, aunque su mirada seguía igual de histérica. Hades simplemente enarcó aún más su ceja, ya que según él, no era suficiente motivo para haberle respondido de una manera tan grosera.

La Diosa bajó su mirada y se mordió fuertemente el labio inferior, algo que llamó aun más la atención de Hades. "Bell intentó rescatarla, pero falló y también fue enviado allí." Tras el nombramiento de Bell, la mirada de Hades cambió drásticamente.

"¡¿Por qué no empezaste con eso?!" El tono del Dios hizo que Artemisa y las Cazadoras se sorprendieran inmensamente.

Hades rápidamente miró a su esposa. "¡Perséfone, llama a todo mi ejercito!" Hades le hizo una leve señal con su cabeza para hacer énfasis en sus palabras, algo que su esposa comprendió al instante.

"¿Eso significa que vas a ayudarnos?" Preguntó Artemisa con un brillo esperanzador en sus ojos.

Hades le redirigió su mirada, una mucho más seria de lo que acostumbraba. "Bell no es mi sobrino favorito por ninguna razón. Más que una parte de mi familia, él es un amigo. Un amigo que fue el único que me ayudó durante estos miles de años, cuando incluso mis propios hermanos me dieron la espalda y me encerraron en el maldito Inframundo." Aclaró el Dios, para después poner una mano sobre el hombro de Artemisa. "Estoy seguro que comprendes el valor de ese hombre mucho mejor que yo. Por eso es que haré todo lo posible para ayudar."

"Amor, ya están aquí." Declaró Perséfone, recibiendo un rápido asentimiento por parte de su marido.

"Además…" Comentó el Dios, acercándose a la puerta que conducía a la salida junto con sus invitadas.

Cuando salieron, todos se sorprendieron al ver cientos de guerreros-esqueletos, furias, y otro tipo de criaturas mitológicas a cargo de Hades.

"Solo estaba jugando contigo." Declaró Hades, entregándole una pequeña sonrisa. "Ayudaría a mi tonto hermano de todas formas. Después de todo, hay muchas otras personas que me caen bien en ese lugar."

"Muchas gracias." Artemisa se inclinó levemente al igual que sus Cazadoras. "Otra cosa más." Comentó la Diosa, haciendo que se ganara la atención de Hades una vez más. "Necesito ir hacia la puerta del Tártaro. Yo y mis Cazadoras nos encargaremos de vigilar cualquier movimiento…"

"No." Contestó Hades rápidamente, haciendo que Artemisa lo mirara con sorpresa. "Zeus actuó demasiado tarde. Cerbero murió, y los enemigos ya controlan el Tártaro por completo. Tanto la salida, como la entrada." Comentó el Dios con gran seriedad. "No puedo permitir que vayas…" Concluyó, para luego entregarle una pequeña sonrisa. "No sin mi ejército."

Al escuchar esto último, los ojos de Artemisa se ensancharon enormemente. "Pero…"

"Pero nada." Hades la volvió a interrumpir. "Yo soy el que reina este lugar. Por lo tanto, yo soy el que da las ordenes aquí." Su tono autoritario no dejó lugar a discusión. "Iré con mi hermano para asegurarnos de detener el avance del enemigo en el plano mortal. Estoy seguro que Bell encontrará la forma de abrirse paso hasta la puerta del Tártaro, y cuando llegue ese momento, debe tener un paso medianamente seguro hacia el otro lado." Finalmente, Hades le entregó una mirada completamente seria. "Escúchame bien. Lo más probable es que la batalla que tú lideras sea la más importante, pero mi hermano sabe bien que no puede permitir la devastación de sus propias creaciones. Tu padre apostó todo en ti por alguna razón, y confiaré en esa razón." Hades se colocó su tan preciado casco, mirando a su enorme ejército. "Pero esa razón debe llegar pronto. Con el control completo del Tártaro, solo falta que Gea encuentre la manera de romper las cadenas de los Titanes para armar el verdadero caos."

Mientras tanto, en el Tártaro…

"¿Por qué no me matas ahora?" Preguntó Luke, aun con la espada de Grover en su mano. Aunque ni siquiera la tenía apuntando en contra de sus adversarios, ya que sabía el obvio resultado.

"No es necesario matarte." Luke no pudo evitar alzar una ceja ante la respuesta del albino. "No estás con ellos."

"¿Estás seguro?" Preguntó Grover, mirando a Bell con bastante asombro tras sus palabras.

"He estado viendo su combate." Contestó rápidamente. "Primero, dijo que robó una espada." Bell continuó, dándole un par de palmaditas a Dorazal. "¿Por qué debería robar una espada a los que son sus supuestos aliados?" La pregunta hizo que Grover comenzara a comprender el razonamiento del albino. "Segundo, él se unió sin ningún tipo de dudas a ti para vencerme, siendo que todo el mundo aquí va para un mismo lado, ¿no te pareció extraño esa reacción?"

"Eres tan observador, como siempre." Contestó Luke con una pequeña sonrisa.

"Pero, ¿por qué?" Preguntó Grover, bastante impresionado ante la revelación. "Pensé que querías…"

"Yo no quiero destruir el Olimpo." Luke lo interrumpió. "Ya estoy harto de repetirlo…" Agregó, dando un gran suspiro al final. "Siempre he buscado cambiarlo. Otra cosa, es que la gente no lo entienda." Luke se levantó, haciendo que Dorazal le dirigiera su mirada, asustando levemente al rubio. "No pienso unirme a personas que piensan destruir todo." Luke no pudo evitar bajar su cabeza, apretando ligeramente los dientes. "Intenté buscar ayuda de mis viejos compañeros aquí para intentar hacer algo. Pero, me di cuenta que ellos nunca pensaron igual que yo." Los puños de Luke se apretaron con fuerza. "Pude huir de milagro…"

"Ya lo sospechaba…" Comentó Bell, haciendo que todos lo miraran con intriga. "lo sospeché desde lo sucedido en el Mar de los Monstruos. Existen personas que no les interesa cambiar lo que está mal. Simplemente quieren poder, quieren poder reinar sobre los demás. Me eh cruzado a muchas personas como el estilo para saber diferenciarlas. Incluso los mismos Dioses pueden comportarse de esa manera." Bell fijó su mirada en Luke, entregándole un rostro bastante serio. "La ambición es buena, pero es muy peligrosa cuando la tienen personas que no les interesa nada, más que ellos mismos." Finalmente, un pequeño bufido burlón salió de los labios de Bell. "Lo gracioso es que seguro Gea los matará si logra triunfar. Después de todo, no quiere que exista nada que esté vinculado con los Dioses."

Luke tan solo asintió, sentándose nuevamente. "Eres mucho más sabio de lo que pensé." El rubio le entregó una pequeña sonrisa tras sus palabras. "Supongo que no deseas perder esta guerra. Entonces, ¿puedo saber lo que tienes planeado?"

"Para serte sincero, nosotros tres no podemos hacer nada." Comentó el albino, señalando a Grover y Dorazal. "He perdido mis dagas al entrar en este lugar, y el segundo punto más importante es que no sé nada acerca de este lugar. Eso significa que no tengo ni idea de que tan lejos estoy de la puerta que conduce a la salida de este maldito lugar."

"El Tártaro es el abismo del Infierno." Declaró Luke, frotándose la mejilla. "Ah su vez, el Tártaro tiene sus propios abismos, donde cada Titán está encerrado. En resumidas cuentas, el Tártaro es tan grande como el Infierno en sí. Pero, por suerte, ustedes fueron enviados relativamente cerca a la puerta."

"¿Y qué es relativamente cerca para ti''" Preguntó Grover, haciendo que Luke se inclinara de hombros.

"No lo sé…" Contestó. "Calculo que son más de unas dos mil millas." Al escuchar la respuesta, Grover no pudo evitar poner los ojos en blanco.

"Por eso es que necesitamos a alguien que nos guie en este lugar." Contestó Bell, entregándole una mirada a Grover. "Nos podemos perder muy fácil en este lugar. Para serte sincero, te encontré de milagro. La única forma de frenar el avance del enemigo a tiempo es tener a alguien con nosotros que conozca este lugar como la palma de su mano." Concluyó, dirigiéndole una mirada a Luke. "Por suerte, lo encontramos bastante rápido. Después de todo, no existe nadie mejor que tú para investigar un sitio tan inmenso como este en solo unas dos semanas."

Dorazal y Grover también fijaron su mirada en Luke, haciendo que el rubio los mirara a todos.

"¿En serio me quieren en su equipo después de todo lo que hice?"

"He hecho varios cambios en el Olimpo, tal y como te prometí." Comentó el albino, acercándose al rubio. "Pero, todavía hay muchas cosas que hacer. Después de todos tus intentos frustrados, y descubrir que tus compañeros no pensaban igual que tú, veo que ya has entendido que tu camino no era el correcto y que probablemente ni siquiera existía ese camino, a diferencia del mío." Bell inclinó su mano a Luke, haciendo que el rubio lo mirara intensamente. "Pero, en estos momentos ya estamos en el mismo camino. Necesitamos caminar los dos juntos para lograr cumplir nuestro objetivo." Bell le entregó una pequeña sonrisa, extendiéndole su mano a Luke. "¿Qué dices?"

Luke miró hacia el suelo por varios segundos, pensando detenidamente en la propuesta.

Grover no parecía estar muy de acuerdo con esto, pero sabía que era la mejor opción.

"He lastimado mucho a la Diosa que te agrada tanto, al igual que a muchos otros…" Comentó, haciendo que una pequeña sonrisa apareciera en Bell.

"No hay pasado que recordar si destruyen el futuro. Todos cometemos errores, lo importante es aprender de ellos."

Finalmente, Luke le entregó una pequeña mirada por unos pocos segundos, para luego estrechar fuertemente su mano.

"Espero no arrepentirme de esto." Comentó Luke, entregándole una pequeña sonrisa.

"Lo mismo digo." Afirmó Bell, ayudándolo a levantarse.

"Antes que nos guie a la puerta del Tártaro, necesitamos rescatar a Thalía." Comentó Grover rápidamente, haciendo que Luke ensanchara ligeramente sus ojos.

"¿Secuestraron a Thalía?" Preguntó, apretando ligeramente sus puños ante el recuerdo de su amiga de la infancia.

"Logramos que los Gigantes soltaran a Talía en medio del portal." Comentó Bell, apretando ligeramente los puños. "Pero, ella estaba inconsciente. Lo más probable es que la hayan capturado los enemigos…"

"Si es así, se dónde irán." Declaró Luke, haciendo que todos lo miraran fijamente. "Hay un lugar en donde todos se reúnen. Me gustaría entrar en más detalles, pero no tenemos mucho tiempo." Comentó con gran seriedad. "Lo más seguro es que estemos a varias millas de distancia. Tenemos que salvarla antes de que llegue a ese lugar, o tendremos todo en contra."

"Si es por el tiempo, no será un problema." Declaró el albino con una sonrisa, haciendo que Grover y Luke le miraran.

"Entiendo que seas ridículamente rápido, pero será muy molesto llevarnos a cuestas." Afirmó Grover, haciendo que la sonrisa de Bell se ensanchara.

"Nunca dije que yo los llevaría." Concluyó, dándole un par de palmadas a Dorazal.

Unos pocos minutos más tarde, en el campamento de Artemisa…

"¿No deberíamos estar movilizando el ejército?" Preguntó Bianca, mirando a su líder con cierto nerviosismo tras hacer la pregunta.

Todas las Cazadoras se encontraban rodeando una pequeña fogata, esperando que el alimento terminara de cocinarse.

"Conozco bien a Bell. Antes de ir a la salida, estabilizará a el ejército enemigo desde dentro." Artemisa respondió la pregunta mientras quemaba un palo. "Eso le tomará un tiempo, así que no debemos apresurarnos."

"Pero…" Bianca intentó hablar, pero rápidamente se calló, y bajó su mirada con impotencia.

Artemisa captó esto, por lo que le entregó una pequeña sonrisa.

"No debes preocuparte por ellos dos." Bianca alzó su mirada tras las palabras de la Diosa. "Confió plenamente en ambos. Ellos piensan que haberse deshecho de las armas letales de Bell hace que este en desventaja, pero todas sabemos lo peligroso que es. Talía se convirtió en una de las mejores Cazadoras que he tenido en muy poco tiempo." Artemisa se levantó de su asiento, entregándoles una gran sonrisa a todas sus Cazadoras. "Yo confió en ellos, por eso no tengo ningún tipo de dudas, ni angustia." La Diosa se dio media vuelta, yendo a su carpa. "Ustedes deberían pensar exactamente igual. Los conocen tan bien como yo."

"Es admirable…" Comentaron Lilia y Brilia al mismo tiempo, viendo la actitud de su líder.

"Es cierto, pero lo hace para que no nos preocupemos." Susurró Zoe, haciendo que todas las demás la miraran.

"Tienes razón." Phoebe asintió. "Nosotras dos la conocemos mejor que nadie." Agregó con gran seriedad, viendo como la figura de la Diosa entraba en la carpa. "Ella es tan fuerte para que nosotras seamos fuertes. Pero, la verdad es que Lady Artemisa debe ser la que más está sufriendo en estos momentos…"

Un pequeño silencio un tanto incomodo se presentó tras las palabras de Phoebe. Todas las Cazadoras tenían una mirada muy preocupada en sus rostros.

"Y aun así, pudo crear un plan bien pensado…" Comentó Bianca, sintiendo una gran empatía hacia su líder.

"Si, espero que sea un buen plan…" Agregó Zoe, sabiendo que estaban cortos de tiempo.

"Yo lo creo." Comentó Phoebe con total seguridad, haciendo que todas la miraran. "Bueno… después de todo, la que mejor conoce a Bell entre nosotras es My Lady." La rastreadora se inclinó de hombros, como si fuera lo más obvio del mundo.

Zoe no pudo evitar reírse ante su comentario. "Si… Es tan cierto, que hasta llega a ser algo preocupante." Declaró, haciendo que Phoebe se riera junto a ella.

Mientras tanto, las otras tres no podían comprender la razón de que ese hecho fuera algo preocupante.

De nuevo en el Tártaro…

"¿Por qué tenemos que arrastrar a esta mujer, mientras que los Gigantes están tomando cerveza en la Capital?" Preguntó uno de los 6 hombres que viajaban lo más rápido posible con Thalía esposada.

"Estoy de acuerdo." Comentó otro, colocando su mano sobre su espada. "¿No sería más fácil eliminarla de una vez?"

"Créeme, nos sirve mucho más viva que muerta." Declaró la mujer que cargaba a Thalía como un costal de papas, dando a entender que era la líder del pequeño pelotón.

"¿Había dragones en el Tártaro?" Preguntó el hombre que iba más apartado del grupo, haciendo que todos vieran como un enorme dragón dorado volaba libremente en lo más alto.

"Ni idea." Respondió la mujer sin darle mucha importancia. "No te desvíes, te estas quedando un poco atrás."

"Si, si…" Comentó el hombre con gran aburrimiento. "Es que no dan ganas de trotar mucho en un lugar donde hace más de cincuenta gra…"

Un potente estruendo se escuchó por todo el lugar, seguido de una fuerte ventisca que arremolinó en varias direcciones.

Todos se dieron vuelta al instante tras escuchar el sonido ensordecedor.

Allí estaba Bell, sentado y cruzado de brazos sobre su anterior enemigo, que prácticamente había muerto en el acto cuando la enorme bola de fuego viviente impactó en contra de él. De hecho, se podía ver residuos de las llamas que aún lo rodeaban a él y al albino.

"Los encontré mucho más rápido de lo que pensaba." Comentó el albino, levantándose del suelo y comenzando a avanzar lentamente, haciendo que todos se asustaran. "Supongo que podemos acabar con esto rápido, o…"

"¡No des ni un paso más!" Gritó la mujer, apuntando su espada al cuello de Thalía.

Bell se detuvo abruptamente, haciendo que una gran sonrisa apareciera en el rostro de la mujer.

"Te gusta mucho hablar, pero la realidad es que nosotros tenemos la ventaja." Agregó, haciendo una pequeña seña a los 4 hombres. Los cuatro actuaron rápidamente y rodearon a su objetivo con sus espadas.

El filo metálico rodeó por completo el cuello de Bell, bloqueando cualquier movimiento posible.

"De hecho, ahora que lo tenemos aquí, simplemente no perdamos el tiempo y acabémoslo." Dijo uno de los hombres, recibiendo un asentimiento por parte de la mujer.

"Nos recompensaran bastante bien por…" La mujer no terminó de hablar, ya que escupió una pequeña cantidad de sangre.

Todos sus compañeros miraron a su líder con gran confusión, para luego asustarse cuando la mujer escupió una enorme cantidad de sangre mientras gritaba con gran fuerza. Solo pasó un segundo para que una espada atravesara lentamente su pecho, soltando a Thalía. La reciente Cazadora fue atrapada por Grover antes de que tocara el suelo.

"Nunca pensé que nos volveríamos a encontrar en un lugar como este." Comentó el rubio con cierta gracia, mientras dejaba que la espada calara más y más profundo.

"¡Ahhgggg, Luke, bastardo!" Llegó a decir la mujer, antes de seguir gritando en agonía, hasta que Luke sacudió fuertemente la espada y la arrojó como si se tratara de un pedazo de basura.

Con sus ojos casi apagados en vida, pudo ver como una gran cantidad de llamas explotaban alrededor de Bell, rostizando en cuestión de milésimas a las cuatro personas que estaban alrededor de él.

Antes de perecer, la mujer pudo distinguir como Bell salía completamente intacto de las llamas.

"No estaba hablando de más, porque yo no estoy solo." Declaró, mientras las llamas rodeaban su cuerpo.

Esas fueron las últimas palabras que escuchó antes de morir…

"¡Thalía, Thalía!" Grover la zarandeó, en un intento de despertarla.

Luke se acercó y posicionó una mano en su frente, frunciendo ligeramente el ceño. "Recibió un fuerte golpe en la cabeza. No creo que despierte hasta que pasen unas tres o cuatro horas."

"Entonces, nos toca descansar un poco…" Comentó el albino, sentándose sobre la hirviente roca mientras daba un gran suspiro de cansancio. "En estos momentos, creo que ya es muy tarde."

"Estoy de acuerdo." Comentó Luke, sentándose junto a Bell. "Mañana emprenderemos camino hacia la puerta del Tártaro."

"No." La respuesta de Bell sorprendió a todos. "Antes dijiste que una gran cantidad de enemigos se aglomeraban en un mismo lugar."

"Es conocida como 'La Capital'" Contestó Luke. "Se están creando enormes barcos de guerra aéreos para pelear tanto en el aire como en el mar, además de la obvia utilidad de poder transportar una gran cantidad de unidades. " Concluyó, para luego alzar una ceja. "Pero, ¿por qué quieres ir allí? Nos desviaremos un poco de nuestro camino principal, sin mencionar que es muy peligroso. Por lo que sé, cinco Gigantes custodian la Capital."

"¡¿Pudieron construir una ciudad en tan pocos días?!" Preguntó Grover con gran asombro.

"En realidad, no sé de cuánto tiempo estamos hablando." Afirmó Luke. "Cuando llegué, el lugar estaba completamente construido, y estaban en mitad del proceso para crear los barcos aéreos. Es obvio que llevan allí más tiempo de lo que parece."

"No importa hace cuánto tiempo están allí. Lo que importa es que volaremos todo." Comentó el albino, haciendo que los dos hombres lo miraran con los ojos bien abiertos. "Sé que lo mejor es no gastar mucha energía, pero necesitamos destruir todo su ejército desde dentro, aprovechando que prácticamente somos unos infiltrados aquí. Ellos pensaban que podrían encerrarme y matarme sin mis dagas, pero ellos no saben que yo estoy muy lejos de ser el único peligro que deben enfrentar." Comentó, para luego recostarse en el suelo. "Después de todo, tú nos guiaras hacia la ciudad." Finalizó, claramente refiriéndose a Luke.

"De acuerdo." Comentó el rubio, recostándose. "Solo te digo que esto me parece una muy pésima idea."

"Si no arriesgas, no ganas." Declaró Grover, imitando la acción de los dos anteriores, mientras se aseguraba que Thalía estuviera lo más cómoda posible.

"¿Qué hay de Dorazal?" Preguntó Luke, viendo como volaba en los cielos.

"A diferencia de lo que se cree, los dragones no necesitan dormir mucho tiempo. Él vigilará por nosotros." Contestó Bell.

"Debo decir que es una gran ayuda." Comentó Luke con una pequeña sonrisa, para luego desviar su mirada hacia su mano, en donde tenía un anillo.

De hecho, la forma del anillo le llamó bastante la atención.

"¿Qué sucedió con el anillo de bodas que siempre llevabas antes?" Preguntó, viendo como Bell lo miraba como si estuviera ciego.

"Está aquí." Respondió, alzando su mano. "¿No lo ves?"

"Es parecido, pero no es el mismo." Aclaró Luke, mirando el anillo con gran atención. "El anillo que tenías era mágico, tenía runas invisibles inscritas. Este no tiene nada de eso." Concluyó, viendo como el rostro de Bell comenzaba a ponerse cada vez más pálido.

"Oye, en el hipotético caso de que se lo haya regalado a alguien sin querer…" Comentó Bell, comenzando a sudar.

Esto hizo que Grover se riera por lo bajo, mientras que Luke lo disimuló a la perfección.

"Es un anillo mágico de boda. Se dice que ese anillo de alguna forma u otra siempre termina en la mano de tu futura esposa." Explicó, para después entregarle una mirada divertida. "Espero que ese anillo este en buenas manos…" Finalizó, con un tono bastante divertido en sus palabras.

"No…" Pensó Bell en voz alta, recostando su cabeza sobre la dura piedra quemada. "Eso… Eso no puede ser así…" Bell alzó su mano, mirando atentamente el anillo. "Tiene que haber algún tipo de error…"

En la carpa de Artemisa…

La Diosa estaba acurrucada lo más posible en la cama mientras unas lágrimas no paraban de brotar de sus hermosos ojos plateados.

Ella alzó débilmente el anillo dorado, acariciándolo con gran amor.

Sus pensamientos y sentimientos encontrados no la dejaban pensar correctamente en estos momentos, por lo que no se dio cuenta de lo que dijo:

"Espero con toda mi alma que no te haya sucedido nada, cariño…"

¡FINAL DE LA PRIMERA PARTE!

Apuré ciertos diálogos y acciones para que todo avanzara mucho más rápido. Al final, creo que ha quedado bien. Pero ya saben, es una opinión personal y me gustaría saber las de ustedes.

Todavía hay muchas cosas que no se saben y que no tuvieron explicación en este capítulo. Les pido que sean pacientes, ya que todas se irán desvelando a lo largo de los capítulos. Aun así, en la gran mayoría de los casos son pequeñas cosas, pero esas pequeñas cosas pueden ayudar a darle más coherencia a todo esto, dentro de toda la "coherencia" que puede tener una obra de ficción.

Espero que hayan disfrutado de este capítulo después de haber estado un mes completo sin actualizar. Había perdido un poco el ritmo de esta historia, y espero recuperarla ahora con este capítulo doble.

Ahora sí, nos vemos en unos pocos días para la segunda parte.

¡Feliz navidad atrasada y Feliz año nuevo adelantado!