¡Aquí me presento con la segunda parte de este capítulo triple!

Antes de comenzar, me gustaría contestar una review:

Aby001: Primero que nada, muchas gracias por darle una puntuación tan alta. Intento perfeccionar mi ortografía, pero resulta ser un tanto complicado con la gran cantidad de variantes que posee el idioma español. Creo que me va a llevar mucho tiempo poder hacerlo sin errores, pero siempre intento mejorar para que la lectura sea más agradable (también soy lector, y comprendo a la perfección lo molesto que llegan a ser las faltas ortográficas). Saliendo de ese tema, me alegra que te esté gustando como se desarrolla la narrativa de la historia, desde el desarrollo de los personajes, hasta las acciones que desembocan en problemas o soluciones futuras. Me alegra mucho ver que el mundo donde se desarrolla todo se siente bastante natural a tus ojos. Para finalizar, hay muchas partes que si son referencias hacia otras obras, una de ellas es el chavo del 8 como bien mencionaste.

Ahora sí, les dejo con el capítulo.

Disfruta!

Una Furia rodaría por el piso, sin sus alas y completamente muerta.

La gran cantidad de Mestizos heridos y muertos se desparramaban por el suelo, donde solo unos pocos quedaban con vida. A varios metros detrás de ellos, se podía presenciar la gigantesca puerta que conducía a la salida del Tártaro. Una gran línea de sangre mantenía a las dos puertas de madera y metal selladas por completo.

"¿Supongo que ya están pensando en darse por vencidos?" Preguntó Bell, su cuerpo cubierto de sangre, al igual que Grover y Luke.

"Tienes razón, ellos no sirven para nada." Todos miraron hacia arriba, viendo como un Gigante de un tamaño bastante más pequeño a los demás estaba en la cima de uno de los tatos pináculos rocosos que sobresalían.

El Gigante saltó, cayendo sobre algunos Mestizos y aplastándolos por completo.

"Apártense, solo estorban." Aclaró, haciendo que la docena sobreviviente se hiciera a un lado, dejándolo avanzar. Sus pasos generaban temblores leves, algo que no parecía intimidar en lo más mínimo a Bell, que se mantuvo impasible.

Luke y Grover se fueron varios metros hacia atrás, sabiendo que no había nada que hacer en este enfrentamiento.

Finalmente, el Gigante se posicionó a pocos centímetros de Bell, mirándolo desde arriba de una forma bastante imponente.

"Aspecto humano, solo mides un poco más de dos metros y tu rostro es bastante hermoso…" Comentó el albino, mirándolo fijamente a la cara. "Las descripciones son bastante fieles, Orión."

"¿Así que sabes quién soy?" Orión no pudo evitar alzar una ceja, denotando su curiosidad.

"Si, supe de ti desde antes de que armaras todo este disturbio junto con tu querida madre." Aclaró, sin quitarle la mirada de encima.

"Supongo que mi querida Artemisa te ha hablado sobre mí." Comentó el Gigante con algo de gracia.

"No la llames así." Bell le amenazó, frunciendo el ceño notoriamente.

"¡Relájate…!" Orión alargó la palabra para hacer más énfasis en ella, mientras daba varios pasos hacia atrás. "Solo era una broma." Concluyó, para luego mirarlo fijamente. "Estoy seguro que si Artemisa te habló de mí, sabes que nunca sería capaz de hacerle daño." Habló con un ápice de inocencia.

"Tengo dos versiones." La respuesta de Bell no solo sorprendió a Orión, ya que Luke y Grover solo había oído hablar de la versión de Artemisa. "Y de momento, me estoy creyendo más la de Apollo, si me lo preguntas." Amenazó, haciendo que Orión lo mirara fijamente. "¿Te uniste con tu madre para vengarte de Apollo, o siempre estuviste con ella?"

"Destruiste mi base de operaciones, eliminaste a todos mis hermanos y a gran parte de mi ejercito..." Orión le interrumpió. "No tengo razón para contestar a tus preguntas." Finalizó, entregándole una mirada muy desagradable.

"Debiste pensarlo con más cuidado cuando me trajiste aquí." Declaró el albino, sin poder evitar burlarse.

"Quizás tengas razón, pero…" Los ojos de Orión brillaron de un color dorado intenso, al mismo tiempo que sus músculos desgarraban su camisa, y una gran presión se presentaba en el ambiente. "Con la Bendición de mi madre, puedo destruirte sin problemas…"

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Bell.

"Eso está por verse."

CAPÍTULO 37: ¡LA VERDAD DE ORIÓN!

Un silencio bastante cortante se presentó entre ambos mientras optaban por sus poses de combate.

Luke y Grover se alejaron lo más posible, quedándose detrás de unas piedras para observar el combate. Los demás Mestizos habían hecho exactamente lo mismo para asegurarse de no quedar dentro del radio de los ataques.

Después de varios segundos mirándose firmemente, Orión movió una de sus pies hacia el frente.

Los espectadores ensancharon sus ojos en shock cuando el Gigante apareció al lado de Bell, donde el albino tenía su cuerpo inclinado hacia un lado en una maniobra bastante espectacular, esquivando el puño que se había incrustado en las rocas tan duras. Seguido de eso, una enorme onda expansiva se levantó, haciendo que los espectadores más cercanos salieran volando y que el suelo se rompiera a tal punto de mandar a volar enormes escombros por doquier.

Bell no pudo evitar ensanchar sus ojos ante la fuerza, ya que no se esperaba tal magnitud de poder. Eso solo significaba que Gea le había dado una Bendición enorme.

El albino no se dejó abrumar por la demostración, y lo demostró dando un gran salto para mantener la distancia entre ellos.

"¿Sorprendido?" Preguntó Orión, retirando su puño de los escombros. "Incluso yo me sorprendí un poco." Agregó, esbozando una sonrisa bastante tétrica.

"Debo admitir que esa Bendición es muy poderosa." Declaró, para luego sonreír. "Pero me he enfrentado a oponentes mucho más fuertes."

"¡Oh! ¿En serio?" Preguntó Orión, alzando una ceja. "Ahora mismo, soy el tercero más fuerte de todo este basto mundo, y la segunda es mi propia madre." El Gigante no pudo evitar poner las manos en su cadera. "¿Me estás diciendo que te enfrentaste a Caos y saliste con vida?"

"No era Caos…" Bell dio un pequeño suspiro. "Es algo difícil de explicar…" Concluyó, para luego sonreír levemente. "De hecho, esa fuerza demostrada me hizo recordar a mi enfrentamiento contra Óttar…" Pensó.

"Bueno, no es algo que me interese realmente." Orión se cruzó de brazos, sin poder evitar sonreír con suficiencia. "Después de todo, no puedes matarme sin tus dagas."

"Hablando de eso…" Comentó el albino con una sonrisa cubierta de misterio, algo que llamó la atención de Orión.

"¡Vamos, amigo!" Thalía gritó con gran energía, siendo respondido por un fuerte rugido de Dorazal.

Orión alzo su mirada con ligera sorpresa al ver un dragón Oυράrubin de tales dimensiones. Por su tamaño, parecía estar en su fase adulta, por lo que era muy peligroso, incluso para alguien como él.

Dorazal llegó rápidamente a la posición de Orión, y comenzó a hostigarlo con un gran ataque de llamaradas, mientras que Thalía comenzó a tirarle numerosas flechas que se encantaban de un color plateado cuando salían disparadas del arco de Bell.

Orión apretó fuertemente los dientes mientras se encorvaba levemente para resistir las flechas y el fuego abrazador, hasta que finalmente dio un gran grito cubierto de furia.

El Gigante pegó un enorme salto que nadie esperaba, creando un pequeño cráter por el mismo impulso.

Los ojos de Thalía se ensancharon de sobremanera cuando Orión aterrizo en el hocico de Dorazal y le obligó a cerrar su boca, haciendo que una enorme explosión se escuchara dentro del pobre dragón al no poder liberar las llamas. El Gigante escaló por la cabeza del dragón, y justo cuando estaba a punto de pegarle a Thalía, el dragón se movió bruscamente hacia un costado por los daños recibidos, haciendo que Orión perdiera el equilibrio y terminara agarrado a una de sus alas.

Orión comenzó a arrancar todas las escamas posibles sin piedad, haciendo que Dorazal cerrara sus ojos con gran dolor. Las enormes escamas doradas ensangrentadas salieron volando por doquier, mientras el Gigante escalaba por el dragón, hasta finalmente llegar a la espalda de este. Thalía intentaba sostenerse lo mejor posible ante los movimientos bruscos del dragón, por lo que no pudo evitar ser agarrada por Orión, quien la arrojó al suelo con todas sus fuerzas.

Los ojos de Bell se ensancharon con ligero temor ante esto, por lo que rápidamente voló hacia ella y la atrapó en el aire, para después tener una caída bastante forzada, comenzando a rodar por el suelo con brusquedad.

Mientras tanto, Orión le estaba arrancado las escamas y propinándole fuertes golpes en la cabeza a Dorazal.

"¡RAAARRGGGH!" El dragón gritó con gran dolor, haciendo que el fuego que lo estaba quemando en su interior saliera de su boca, justo al mismo tiempo que se estampó contra el suelo.

El dragón generó una gran línea de destrucción, al mismo tiempo que prendía fuego todo a su alrededor, incluso su propio cuerpo.

"Dorazal…" Bell no pudo evitar levantarse con una mirada incrédula en su rostro, al ver como las escamas del dragón estaban completamente derretidas, cubriendo su cuerpo inerte.

Entre las llamas, Orión apareció con una gran sonrisa asesina en su rostro, mientras cargaba con dos de las escamas que le había arrancado a Dorazal.

Bell empujó a Thalía para quitarla del camino, para luego arrastrarse por el suelo para esquivar todas las arremetidas que Orión estaba liberando, utilizando las escamas como armas.

Finalmente, una de las escamas impactó en el abdomen de Bell, generando un enorme cráter por la fuerza. La sonrisa de Orión rápidamente se borró a una mirada completamente sorprendida cuando lo único que sufrió daño fue la ropa del albino.

"Tú no eres el único que recibió una Bendición últimamente." Comentó Bell, para después esbozar una pequeña sonrisa. "Esto es de parte de Artemisa." Concluyó, propinándole una fuerte patada en la entrepierna que profundizó aún más el cráter.

Orión salió volando y se perdió rápidamente de la vista de todos.

"¡Rápido!" Gritó Bell, levantándose de un salto. "¡Tenemos que irnos ahora!" Finalizó, haciendo que los tres lo siguieran rápidamente.

"Al final tenías razón." Comentó Thalía, mientras se detenía al frente de la enorme estructura. "No funcionó el arco." Concluyó, mirando el arco plateado que llevaba en sus manos.

Flash Back:

"Antes de enfrentarnos a Orión, debo advertirles algo…"

"¿De qué se trata?" Preguntó Luke por todos.

"Como dije antes, el arco solo funciona contra Gigantes normales. Por lo que no sé si funcionará con Orión." Explicó Bell con seriedad.

"Lo dices por su Bendición…" Luke se frotó el mentón. "Podría ser una posibilidad. Especialmente si es que Gea le brindó una Bendición tan fuerte como creemos."

"La resistencia de Orión es mucho más elevada a la de un Gigante normal." Continuó el albino. "Por eso creo que solo con la esencia de Artemisa no bastara para ganarle."

"Pero no perdemos nada por intentarlo." Declaró Grover, haciendo que todos lo miraran. "¿Verdad?"

"Tiene razón." Thalía apoyó la idea del sátiro. "Como yo soy la que más habilidad tiene con el arco, me gustaría intentarlo."

Después de estar meditando la situación por un corto segundo, todos asintieron de acuerdo.

Fin del Flash Back.

"¡Eso no importa ahora!" Exclamó Bell. "Deben estar luchando del otro lado. El ejército aquí prácticamente está destruido." Thalía solo se dignó a ver el cuerpo de Dorazal, que estaba recubierto de oro derretido, que no paraba de emerger de su cuerpo.

"Él tiene razón, Thalía." Comentó Grover, apoyando una mano sobre el hombro de la mujer. "Luego tendremos tiempo para pensar." Concluyó, dándole un pequeño apretón para que no se sintiera culpable de lo sucedido.

Thalía lo miró por un corto segundo, para luego suspirar.

"¿Dónde coloco la sangre?" Preguntó Thalía, llenando su palma de la sangre que brotaba en una herida que tenía en el hombro.

"¡Aquí!" Luke señaló el pequeño cuadrado de hierro estigio que había a pocos centímetros de la puerta.

Thalía colocó su mano allí, haciendo que la sangre seca que recubría la unión entre las dos puertas brillara intensamente, para luego comenzar a abrirse. Se escucharon sonidos de guerra casi al instante, indicando que las intuiciones de todos estaban en lo cierto.

"¡Iré yo primero!" Exclamó Grover, dando un gran salto para entrar hacia la oscura cueva que se veía del otro lado, perdiéndose de vista al instante.

"¡Dame tu sangre, rápido!" Exclamó Luke a Bell, haciendo que el albino desgarrara su camisa, revelando su abdomen ligeramente sangrante por el anterior ataque punzante de Orión. "Es increíble que te haya podido hacer daño incluso con la Bendición de Styx." Comentó, mientras cubría su mano de sangre. "Está claro que se ha vuelto ridículamente fuerte."

"Concuerdo con eso." Declaró el albino, utilizando fuego para cicatrizar la pequeña herida.

"Ahora, ve." Luke hizo una pequeña seña con su cabeza, haciendo que Thalía se levantara rápidamente.

"¡Espera!" Thalía miró como Bell tomó su hombro sangrante, para luego apretar ligeramente los dientes cuando una sensación ardiente la dominó.

"No es bueno correr con semejante herida." Comentó el albino con una pequeña sonrisa, posicionándose detrás de Luke.

La Cazadora simplemente sonrió cuando vio que había cicatrizado su herida, para luego correr rápidamente hacia la puerta.

"Supongo que tú te quedaras." Comentó el albino con simpleza, haciendo que Luke cerrara sus ojos.

"Ya habíamos hablado de esto antes…" Contestó. "Además, alguien tiene que mantener la puerta abierta."

"Tienes razón." Contestó Bell, haciendo que Luke sonriera levemente.

"No quiero una despedida curs…" Antes de que el rubio pudiera terminar de hablar, sintió como una mano lo tomó firmemente del brazo.

Los ojos de Luke se ensancharon levemente cuando Bell posicionó su mano cubierta de la sangre de Thalía por aquella vez cuando la ayudó con su herida.

Antes de que pudiera decir algo, fue arrojado violentamente hacia la puerta, y en ese preciso momento, todo se volvió lento.

Lo único que pudo ver antes de que la puerta se cerrara abruptamente, fue la sonrisa de Bell.

El albino se dio rápidamente la media vuelta cuando escuchó leves temblores a varios metros de distancia.

Bell comenzó a avanzar hacia los temblores con gran seriedad, mientras miraba como los espectadores comenzaban a alejarse rápidamente del campo de batalla. El albino observaba como todos se iban corriendo rápidamente del lugar, claramente acobardados por lo que estaba a punto de suceder. O simplemente eran inteligentes al querer alejarse de una batalla monstruosa.

"Lo siento Luke, pero no puedo permitir que te quedes aquí." Pensó el albino en voz alta, sintiendo como los temblores eran más y más fuerte por cada paso que daba. "Además, tengo algo pendiente con este tipo…" Concluyó, deteniéndose al ver como Orión destrozaba unas rocas con sus manos, apareciendo finalmente en escena.

"Así que Styx no pudo con tu alma." Comentó el Gigante, sacudiendo los escombros de su cuerpo con las manos. "Supongo que será una lucha de resistencia, siempre y cuando antes no encuentre tu Talón de Aquiles." Concluyó, esbozando una sonrisa.

"Quiero saber la verdad antes de matarte." Declaró el albino, acercándose a paso lento. "¿Engañaste a Artemisa, la traicionaste y mataste a sus Cazadoras?" La sonrisa de Orión desapareció al instante tras escuchar las preguntas. "Dímelo ahora y acabemos con esto rápido."

En vez de responderle, Orión tomó una roca del tamaño de su cuerpo, para luego arrojársela con una fuerza abrumadora en un rápido movimiento. Bell cruzó sus manos en X, haciendo que la roca se rompiera en mil pedazos por el impacto y la velocidad que llevaba. El golpe fue tal que Bell se desplazó en contra de su voluntad, generando una pequeña línea de destrucción.

Bell rápidamente elevó el bloqueo a su barbilla, cubriendo el contundente gancho de Orión. El impacto generó una pequeña onda de choque, al mismo tiempo que el albino salía despedido al aire a gran velocidad.

Bell dio una voltereta en el aire y se recompuso rápidamente, justo a tiempo para esquivar el enorme escombro que fue arrojado en su contra. El albino fijo su mirada en Orión, que lo estaba esperando con una sonrisa. Él no lo decepcionó, ya que comenzó a descender a una velocidad gigantesca.

Orión dio un enorme salto, yendo al impacto directo con Bell.

Ambos se cruzaron a la mitad de vuelo, los ojos de los dos se ensancharon ligeramente cuando los puños impactaron contra sus respectivos rostros. Una enorme onda expansiva se generó, mandando a volar todos los escombros que se encontraban en el suelo.

Tanto Bell como Orión fueron despedidos a una dirección opuesta después de la magnitud del ataque, haciendo que Bell rodara y se chocara contra varias rocas, para finalmente chocar contra una enorme pared natural que sufrió un gran cráter, sumado a un fuerte estruendo y mucho polvo.

La caída de Orión fue mucha más directa, por lo que solo se quedó clavado a varios metros de profundidad en el suelo. El Gigante salió rápidamente de su pequeño cráter, fijando su mirada en el gran destrozo que causo la caída de Bell.

El polvo se sacudió violentamente cuando la figura de Bell se asomó del enorme cráter. El albino escupió un poco de sangre al suelo, indicando que el ataque no le había hecho mucho daño. Orión dio un gran salto a su dirección. Al ver esto, el albino se cubrió en llamas rápidamente e inclinó su puño hacia adelante para darle el golpe, debido a que ya lo tenía en frente.

Un pequeño estallido de llamas se presentó en el lugar, para que después se vea como una figura atravesaba por completo la pared natural, chocando rotundamente contra una enorme roca, dejándola a un suspiro de ser completamente destruida.

Orión apareció rápidamente del otro lado de la pared natural con la idea de continuar atacando, pero se detuvo cuando vio como Bell se tambaleaba ligeramente hacia un lado y no podía reincorporarse del todo.

"¿Qué te sucede?" Preguntó el Gigante con un claro tono burlón. "¿Ya estás cansado?"

Bell lo miró mientras intentaba regular la respiración, para después arrojarse en contra de él, al mismo tiempo que su puño se rodeaba de pequeños rayos y una gran cantidad de fuego que lucía bastante peligroso.

En vez de actuar con cuidado, Orión se abalanzó hacia él con una energía similar, generando otro fuerte choque.

Una pequeña estela de fuego atravesó la pared natural nuevamente, para que después se escuchara una gigantesca explosión cuando un mar de llamas explotó en todas direcciones. El fuego se alzó a varios metros de altura, mientras era rodeado por poderosos rayos.

Bell salió expulsado y arrodillado por la misma potencia de la explosión, aunque se lo veía ileso. Se recompuso rápidamente y fijo su mirada en la enorme cortina de humo que había dejado su ataque, solo para ver como Orión salía del humo, sacudiendo su cabeza por el gran aturdimiento que había recibido a causa del ataque, sin contar el sin fin de quemaduras que estaban sanando rápidamente.

Bell apretó fuertemente los dientes y su ojo celeste electico brilló intensamente, haciendo que una gran cantidad de rayos comenzaran a rodearlo al mismo tiempo que alzaba un poco sus manos. Sus pies dejaron el suelo, y una enorme ráfaga de rayos fueron lanzadas hacia Orión con sus manos.

Orión intentó cubrirse en vano, recibiendo todos los rayos que atravesaban su cuerpo. Los impactos generaban pequeños estallidos sonoros, haciendo que los gritos del Gigante sean inaudibles.

Bell aumentó su velocidad, haciendo que los rayos eclipsaran por completo la figura de Orión. Poco después, una gran cortina de humo comenzó a generarse en el campo de batalla, haciendo que sea imposible distinguir lo que estaba sucediendo, salvo los pequeños brillos incandescentes y el sonido de los rayos.

Finalmente, el brillo y el sonido cesaron, generando un sonido cortante mientras el humo y el polvo desaparecían lentamente del campo de batalla.

Lo primero que pudo distinguirse entre tanto polvo fue la figura encorvada de Bell, secándose el sudor de su frente mientras intentaba regular la respiración tras el ataque frenético.

Orión salió entre los escombros con una expresión agotada, mientras todos los agujeros que tenía en su cuerpo sanaban a una velocidad alucinante.

Ambos se miraron por un par de segundos, uno esperando que su cuerpo se sanara, mientras que el otro esperaba retomar el aire.

Finalmente, ambos salieron despedidos a una enorme velocidad, generando cráteres a sus pies. Los rostros de ambos se torcieron hacia un costado y escupieron una gran cantidad de sangre. La magnitud de los puñetazos fue tan grande que generó un gigantesco cráter a sus pies, para que después ambos salieran despedidos a velocidades increíbles.

Tanto Bell como Orión atravesaron una gran cantidad de obstáculos utilizando sus propios cuerpos, incluso rodaban y generaban grandes daños a causa de la velocidad que llevaban.

Después de haber terminado cada una en una punta diferente de la isla, ambos se levantaron ligeramente aturdidos.

Mientras que Bell estiró su cuerpo para liberar la tensión, Orión sacudió su cabeza y escupió una pequeña cantidad de sangre al suelo, que rápidamente desapareció.

Después de unos pocos segundos, Bell terminó sus estiramientos, y no pudo evitar dar un suspiro agitado antes de comenzar a volar a toda velocidad en dirección a Orión, esquivando los escombros y demás cosas que se cruzaban en su camino.

El Gigante se encontraba corriendo y saltando a toda velocidad, generando grandes grietas y cráteres por sus pasos y saltos.

Ambos comenzaron a flexionar sus puños hacia atrás a medida que se iban acercando, preparando el ataque.

Finalmente, ambos se cruzaron, generando un cráter de dimensiones increíbles, al mismo tiempo que una enorme oda de choque destruía todo a su alrededor a causa de que ambos puños se cancelaron entre sí, ya que había chocado uno con el otro.

Los dos cayeron rodando al suelo, en donde Orión pudo tomar la ventaja cuando quedó encima de Bell. El albino se cubrió rápidamente con sus manos ante los ataques constantes del Gigante, hasta que finalmente inclinó su espalda hacia un costado para esquivar un puñetazo que hizo temblar toda la isla. Bell rápidamente aprovechó su oportunidad y le dio un gran empujón con sus manos para quitárselo de encima, para luego propinarle una fuerte patada doble ascendente desde el suelo que profundizó aún más el cráter, y mando a volar muy lejos al Gigante.

Orión atravesó las pocas columnas que aún seguían en pie, derribándolas una por una, hasta que finalmente quedó enterrado entre una enorme montaña de destrucción, no muy lejos del final de la isla.

Bell llegó rápidamente y se estacionó a pocos metros de los escombros, solo para ver como todos ellos salían volando cuando un Orión cubierto de energía salió a atacarlo con todas sus fuerzas.

Bell esquivó el golpe y rodó hacia su costado, para luego contratacarlo con un muy fuerte puñetazo.

Orión se dio media vuelta prácticamente al instante, haciendo que los puños de ambos chocaran con gran contundencia, generando un gran estallido. Ese no fue el único que se oyó, ya que sus otros puños también chocaron poco después. Tanto Bell como Orión entrelazaron sus manos, iniciando un gran forcejeo.

Los pies de ambos se hundieron rápidamente en la piedra quemada por la gran fuerza que ambos estaban utilizando. Los dientes de los dos se apretaron fuertemente, mientras el sudor comenzaba a caer de su cuerpo, especialmente en el albino.

"¡¿Cómo es que puedes tener tanta resistencia?!" Exclamó el Gigante, sin creer lo que estaba presenciando. "¡Se supone que solo eres un Dios!"

"Hay muchas cosas que no sabes de mí." Contestó el albino. "Y por cierto, no soy un Dios." Los ojos de Orión se ensancharon ante la última declaración. "Por lo menos, no por ahora."

Bell bajó su mirada cuando el suelo comenzó a resquebrajarse, y rápidamente esas pequeñas grietas se comenzaron a transformar en una división gigantesca, debido a que el suelo se estaba partiendo en dos.

"Dios, o no Dios. Eso ya no importa." Declaró el Gigante con una pequeña sonrisa, al mismo tiempo que el suelo comenzaba a temblar y ceder. "Te diré una cosa…" El Gigante tomó fuertemente de las muñecas a Bell en un rápido movimiento. "Espero que vueles mucho más rápido que tu querido dragón, porque de lo contrario, terminaras en el mismo lugar que él."

La mirada gacha de Bell se alzó, mirándolo con confusión fingida. "¿En serio crees eso?"

Al escuchar la pregunta del albino, Orión no pudo evitar mirarlo con los ojos ligeramente ensanchados.

"¿Me estás diciendo que sobrevivirás de nuevo a una caída en el Rio Styx?" Preguntó, para luego reírse fuertemente. "Eres un tonto si piensas eso." Concluyó, al mismo tiempo que el suelo comenzaba a temblar con más fuerza y el lugar donde estaba Bell comenzaba a voltearse y separarse.

"El único tonto aquí eres tú." La sonrisa astuta que apareció en el rostro de Bell hizo que Orión alzara una ceja. "Después de todo, yo y Dorazal seguimos estado exactamente en el mismo plano." Tras escuchar esto, los ojos del Gigante se ensancharon de sobremanera.

"¡Imposible!" Exclamó. "¡Si fuera así, se hubiera movido hace tiempo!"

"Dorazal es raro, incluso en su misma especie es extraordinario." Explicó el albino. "Después de todo, es el dragón más fuerte y más grande que se haya conocido."

"¿Tratas de engañarme?" Preguntó Orión, mirándole con molestia. "Te recuerdo que yo he visto mucho de estos dragones. Conozco perfectamente su tamaño, al igual que su fuerza." El Gigante ensanchó sus ojos de sobremanera. "¡Ese dragón tuyo es por mucho el más débil al que me haya enfrentado, además de que su tamaño es incluso un poco menor al promedio!" Finalizó, al mismo tiempo que una fuerte sacudida se presentaba en el sitio.

"Si tanto los conoces, entonces debes saber que el dragón alcanza su etapa adulta cuando llega al año y medio." Las palabras de Bell simplemente confundieron a Orión. "Por lo tanto…" Bell alzó su rostro, sin poder evitar entregarle una mirada bastante descarada. "También debes saber que cuando las escamas de esos dragones se derriten, significa que están mudando de piel…" La sonrisa de Bell solo aumentó cuando el Gigante pestañeó en shock. "¿Lo sabes, verdad?"

Los ojos del Gigante se ensancharon lentamente cuando unos pasos rotundos se hicieron más y más fuertes a su espalda. Orión bajó levemente su mirada para ver como una sombra absurdamente gigantesca comenzaba a cubrirlo. Un segundo después, los pasos se detuvieron, y sintió como un enorme viento recorrió por todo su cuerpo desde atrás, sumado de un sonido ronco y abrumador, que sonaba como un pequeño gruñido. Él giró lentamente su cabeza, ensanchando sus ojos más y más al ver lo que estaba detrás de él.

Lo primero que vio, fueron dos ojos carmesí.

Un ojo carmesí que era igual de grande que su cuerpo…

Y la cabeza…

La cabeza tenía tal altura, que Orión necesitaría ser casi 7 veces más grande para igualarla…

Dorazal alzó lentamente su cabeza, haciendo que sus escamas doradas del doble de tamaño relucieran con gran intensidad. La enorme figura del dragón lució completamente imponente, al mismo tiempo que alzaba sus alas hacia los lados, dándole un aspecto completamente majestuoso y amenazante.

"¡ROOOOOOOOOOOOOAARRRRRRGHH!"

El rugido ensordecedor hizo que la figura de Orión se quedara completamente congelada.

Si su tamaño era tal, el poder y resistencia que poseía deberían ser de otro mundo.

Bell aprovechó el estado estupefacto del Gigante, flexionando sus piernas para luego dar un gran salto, haciendo que el suelo de su lado finalmente se separara y terminara hundiéndose en el Rio Styx. El albino ni siquiera le dio un momento para que el Gigante respondiera, ya que rodó rápidamente por encima de él, tomando iniciativa en el agarre de manos, para luego aterrizar y hacerle un rápido tacle, haciendo que Orión se cayera por la pendiente recientemente generada.

Antes de que el Gigante pudiera responder, Dorazal lo enrolló con su gigantesca cola por completo, quedando a pocos metros de la muerte. Orión fijó su mirada en el Rio Styx, y rápidamente intentó liberarse, pero quedó completamente impresionado cuando unos hilos llameantes rodearon la cola de Dorazal, haciendo que el agarre sea prácticamente irrompible.

"Te dije que antes de matarte, debías responder mis preguntas." Declaró Bell, acercándose al borde. "¿Engañaste a Artemisa, la traicionaste y mataste a sus Cazadoras?"

"¿Y qué es lo que gano si respondo?" Preguntó Orión, para luego escupir una gran cantidad de sangre y gritar de dolor cuando las escamas del dragón se erizaron.

"¡¿ENGAÑASTE A ARTEMISA, LA TRAICIONASTE, MATASTE A SUS CAZADORAS?!"

Bell gritó con incluso más fuerza que Orión, demostrando toda su rabia contenida.

Dorazal continuó con sus escamas extendidas, por lo que el cuerpo de Orión no estaba sanando.

"¿Por qué quieres saberlo?" Preguntó Orión, mirándolo con ligera dificultad.

"Porque Apollo es uno de mis mejores amigos. Y además…" Bell cerró sus ojos por un corto segundo. "Porque amo a Artemisa. No es justo que los dos gemelos que se querían tanto de pequeños, sigan enemistados por culpa de una injusticia." Concluyó, cruzándose de brazos. "A menos claro que todo lo que me dijo Apollo sea una mentira."

"Si te lo digo…" Orión tosió levemente. "¿Me dejas con vida?" Preguntó, recibiendo un asentimiento por parte de Bell.

"De acuerdo, pero tengo una condición." Concluyó, alzando un dedo. "Quiero que lo jures por el Styx."

"Hecho." El Gigante afirmó rápidamente. "La poción de Apollo era de bajo nivel, una que no me conduciría a la locura, pero si me alejaría de Artemisa…" Orión alzó su mirada con algo de dificultad. "Apollo decía la verdad, pero él no sabía que me había anticipado. No solo no tomé la poción, sino que la oculté y me arrojé un poco de la poción de locura en mis labios para crear una cuartada. A partir de allí, actué como un loco, mate a casi todas sus Cazadoras, y finalmente ella me mató…" Orión dio un pequeño suspiro. "La realidad es que nunca estuve enamorado de Artemisa. Solo me acerqué a ella para vengar la muerte de mi madre, asegurándome de desviarla de su camino divino para que Zeus la eliminara por romper sus Juramentos. La realidad es que fallé, ya que Artemisa nunca demostró un mínimo interés en mí, ni siquiera vi que le prestara atención a algún hombre en primer lugar." Finalizó, sin poder evitar reírse ante el último recuerdo. "Mi primera víctima iba a ser Artemisa, y después me encargaría de Hestia. De esa manera, iría limpiando lentamente el Olimpo por las leyes absurdas que manejan, y así, Zeus quedaría muy debilitado cuando mi madre se regenerara." El Gigante no pudo evitar bajar su mirada. "Al final, fue un fracaso total, y solo me pude conformar con dañar la relación entre Apollo y Artemisa, ya que ese hermano idiota sobreprotector se dio cuenta de mis planes." Concluyó, para luego alzar su mirada con gran seriedad. "No te he ocultado nada, y he dicho toda la verdad. Lo juro por el Styx." Un fuerte trueno apareció de la nada en el Tártaro.

Finalmente, Bell suspiró y se arrodillo.

"Dorazal, suéltalo." El dragón acató la orden de inmediato. El Gigante fue rodeado rápidamente por los hilos de fuego de Bell.

El albino comenzó a alzarlo lentamente, mientras ambos se miraban fijamente.

Justo cuando los pies del Gigante estaban a punto de tocar el suelo, Bell lo hizo hacia atrás, haciendo que Orión lo mirara con los ojos bien abiertos.

"Te olvidaste de hacerme una pregunta muy importante…" Comentó Bell con ambas cejas alzadas. "Te olvidaste preguntarme si era un mentiroso." Concluyó con una pequeña sonrisa, justo al mismo tiempo que los hilos de fuego desaparecieron.

Orión ni siquiera llegó a dar un grito ante la conmoción, cayendo al Rio Styx, sin antes mover su cuerpo inútilmente, pensado que eso le salvaría de la caída.

"Bien…" Bell se recompuso, sin poder evitar sonreír. "Creo que Arty se pondrá muy feliz al saber que Apollo nunca tuvo nada que ver con la muerte de sus Cazadoras." Concluyó, para luego comenzar a avanzar hacia la puerta.

Dorazal se quedó inmóvil, entregándole una mirada extraña.

Bell captó esto, por lo que se detuvo a mirarlo.

"¿Qué?" El albino no pudo evitar alzar una ceja. "¿Pensaste que perdonaría a alguien que puede apuñalarme por la espalda al segundo de salvarlo?"

Dorazal simplemente le continuó entregando esa mirada, hasta que finalmente sacudió su cabeza tontamente y lo siguió entre la gran destrucción causada por la batalla para llegar a la enorme puerta.

¡FINAL DEL CAPÍTULO!

Los que se preguntan qué tan grande es Dorazal, imagínense que si el dragón va a dos patas en vez de cuatro, le llegaría por encima del abdomen a Atlas.