¡Aquí me presento con esta última parte del capítulo triple!
Solo a un capítulo de terminar este arco, y por ende, solo a dos capítulos para comenzar el último arco. Ya falta poco, pero las complicaciones que tuve hace nada perjudicaron los tiempos de actualización. No podré terminarla a principios de Marzo como tenía pensado, pero no creo que vaya a durar más a allá de ese mes (a menos que me pase otra cosa, o que mi otra historia consiga varios capítulos triples seguidos).
Espero que puedan disfrutar esta última batalla del arco, y que disfruten aún más el reencuentro.
Les dejo con el capítulo!
Artemisa y Zoe estaban atacando con numerosas flechas desde lo alto de una de las dos colinas que había en el lugar, aprovechando al máximo el terreno. Sus enemigos estaban completamente encerrados en el cañón, arrinconándolos contra la otra colina.
Artemisa no pudo evitar sonreír al ver que la batalla no duraría mucho más de 5 minutos, a pesar de que en estos momentos ambos ejércitos eran igual de grandes.
"¡Miré, My Lady!" Artemisa arrojó una última flecha, para después seguir la indicación de Zoe. "¡Está saliendo!" El rostro de Zoe se llenó de felicidad tras sus propias palabras, al ver como Grover salía de la cueva donde estaba la puerta, siendo rápidamente seguido por Thalía.
"Sabía que lo lograrían." Declaró la Diosa, sintiendo como un gran alivio adornaba su cuerpo al ver que Thalía estaba bien.
"¿Pueden luchar?" Preguntó Phoebe, que era la encargada de cuidar la puerta, siendo escoltada por las demás Cazadoras.
"No dormimos bien en más de una semana, pero eso no será problema." Declaró Grover con una sonrisa afilada, mientras desenfundaba sus dagas, y corría rápidamente a apoyar a los que se encontraban defendiendo en primera línea.
Thalía iba a hacer lo mismo, pero Phoebe rápidamente la detuvo.
"¡Tú no!" Exclamó la rastreadora. "¡Tienes que quedarte con nosotras para proteger la entrada!" Thalía asintió rápidamente en comprensión.
"¿Qué sucedió con Bell?" Preguntó Bianca, claramente preocupada.
"¡¿Tú de nuevo?!" El arrebato de ambas niñas hizo que todas las mujeres miraran hacia la entrada de la cueva.
"Nunca pensé que nos volveríamos a ver." Comentó Luke con una sonrisa bastante evidente tras la cara de las Cazadoras. "Y mucho menos estando del mismo bando."
"¡¿Tú…?!"
"Lo que dice es verdad." Thalía interrumpió a Phoebe. "Sin su ayuda, hubiéramos tardado mucho más tiempo en descubrir la salida."
Finalmente, la rastreadora le dirigió una mirada llena de sospecha al rubio.
"Más te vale que no hagas nada extraño…" Amenazó la Cazadora.
"Relájate." Comentó Luke, alejándose hacia el campo interno de la batalla, sin antes entregarle una mirada intrépida. "Ya sé que tienes muchas ganas de jugar con mis partes íntimas, pero no te daré argumentos esta vez." Comentó con gran gracia, con un doble sentido que era muy fácil de distinguir.
"¡¿Qué mierda dijiste?!" Phoebe estalló en rabia, haciendo que el humor de Luke subiera, y esa sonrisa burlona que le entregó al lector era prueba de ello.
Aun así, la diversión no duró mucho para el rubio, ya que alguien le jaló la manga, para sorpresa de todos.
"¿Dónde está Bell?" Preguntó Brilia, sus ojos brillaban con gran expectación.
Tras esa pregunta, la mirada de Luke se enserio de sobremanera. Él se dio media vuelta, siendo incapaz de ver a la niña.
"Alguien debía mantener la puerta abierta…" Tras esto, todas se impresionaron, incluso la misma Thalía que no había escuchado esa parte tan importante. "Yo me ofrecí, pero Bell me empujó, y se quedó allí solo con Orión."
Un segundo de silencio un tanto incomodo se presentó, hasta que finalmente Phoebe suspiró.
"Me gustaría echarte la bronca, pero la verdad es que esas son las clases de estupideces que haría ese idiota." Comentó Phoebe, cerrando sus ojos. "Ahora, fuera de mi vista, antes de que quiera clavarte una flecha en las bolas por lo que le hiciste a Lady Artemisa."
Luke simplemente asintió y se marchó, haciendo que todas las Cazadoras retomaran posición, aunque ahora se encontraban con una mirada notoriamente preocupada en sus rostros.
Ellas no eran las únicas, ya que Artemisa se dio cuenta que sus Cazadoras retomaron la posición, y Bell aun no había aparecido. Su rostro permanecía tan estable como el océano, pero sus ojos no podían evitar reflejar esa gran preocupación y desesperación por saber que le había sucedido a Bell.
Un enorme temblor se presentó en todo el sitio, haciendo que todos detuvieran sus enfrentamientos en seco, mirando en todas direcciones.
Un segundo de silencio bastante tenso se presentó en todo el campo de batalla.
"¿Qué fue eso?" Zoe le preguntó a su Diosa, haciendo que otro temblor más grande se presentara, en donde muchos perdieron el equilibrio y cayeron al enorme remolino de tierra que se estaba haciendo más y más grande en el centro del combate.
Todos se apartaron rápidamente del centro, viendo como el remolino se hacía más y más grande.
"Ella está aquí." Declaró Artemisa, para que después de un segundo, una enorme figura se alzara desde el remolino. La arena y tierra que lo cubría rápidamente comenzó a caer, viéndose la figura de una enorme mujer que parecía estar hecha de tierra.
"¿Dónde está?" Preguntó la mujer con voz grave, sus ojos marrones incluso más oscuros que los de Hera revoloteaban en el campo de batalla. "¿Dónde está la Diosa de la Luna?" Volvió a preguntar, su cabello largo y verde hecho de hojas se movían de un lado a otro.
"¡Aquí estoy, Gaia!" La Diosa gritó, viendo a la mujer desnuda, que solamente estaba cubierta en sus partes más íntimas por la rara anatomía de su cuerpo.
Los ojos marrones de Gaia rápidamente se posicionaron en el origen del sonido, en la cima de la colina que se encontraba algo alejada. "¡Oh, ahí estás!" Exclamó con una sonrisa.
De hecho, Gaia era tan o incluso más hermosa que Hera. O por lo menos, lo sería si no fuera una mujer consumida por su propia locura y deseo de venganza.
"He de admitir que te imaginaba mucho más grande, pero solo eres un poco más grande que yo." Comentó la Diosa, estudiando la altura divina de su contrincante. "¿Qué es lo que quieres?" Preguntó, alzando una ceja. "Me parece raro que no hayas empezado a destruir todo ni bien apareciste, solo para charlar un poco…"
"Tus suposiciones son ciertas." Aclaró Gaia, entrecerrando sus ojos con una sonrisa un tanto extraña. "Estoy buscando las dagas del Muchacho de la Profecía. Los hijos de Hefesto no pueden elaborar un material tan refinado, y eso nos está trayendo algunos problemas." Gaia posicionaría las manos en su cadera, viendo el gran ejército que se situaba lo más lejos posible de ella, especialmente mirando a las Cazadoras. "Sé que tú debes tenerlas. Si me las entregas, prometo que no mataré a ninguna de tus Cazadora, y tu ejército. Obviamente, este trato te incluye a ti también."
Artemisa meditó la propuesta por un corto segundo, para luego esbozar una sonrisa zorruna.
"¿Debes estar muy desesperada para hacerme ese tipo de propuesta, verdad?" Preguntó, haciendo que Gaia frunciera ligeramente el ceño. "Obviamente, mi respuesta es no." Concluyó, haciendo que Gaia la mirara fijamente.
Después de un corto segundo, la Primordial dio un gran suspiro, enseriando su mirada de sobremanera, adquiriendo una expresión oscura combinada con seriedad.
"Pensé que podía razonar contigo…" Los puños de Gaia se apretaron con gran fuerza. "Pero, por lo visto, eres mucho menos lista de lo que pensaba."
CAPÍTULO 38: ¡LA BATALLA FINAL! ¡ARTEMISA VS GAIA!
"Zoe, aléjate lo que más puedas." Ordenó la Diosa, sin quitar la mirada en Gaia.
La Lugarteniente asintió rápidamente al ver la expresión compenetrada en la que se encontraba su líder.
La Diosa continuó mirando a la Primordial por unos pocos segundos, hasta que comenzó a caminar hacia a la pendiente. Los pasos de Artemisa rápidamente se aceleraron, hasta que comenzó a correr.
La Diosa dio un gran salto, para luego extender su antebrazo hacia el frente mientras su cuerpo se hacía más y más grande.
Finalmente, Gaia y Artemisa chocaron fuertemente con sus antebrazos, haciendo que una enorme onda de choque se expandiera en todo el sitio, de manera que la gran mayoría tuvo que cubrirse ante semejante corriente de viento.
Ambas intentaron golpearse con sus manos libres, fallando cuando los dos puños chocaron entre sí, generando otro fuerte estruendo. Artemisa intentó rápidamente contratacar con su otra mano a pesar de no tener mucho ángulo, en donde Gaia movió su rostro hacia un lado para esquivarla, para luego propinarle un fuerte puñetazo en la mejilla de la Diosa que hizo temblar levemente su postura. Gaia abrió su puño y atrapó la mano de Artemisa, obligándola a arrodillarse mientras intentaba propinarle varias patadas, siendo esquivadas con mucha dificultad por Artemisa, debido a que sus movimientos se veían bastante reducidos por culpa del agarre.
Finalmente, Gaia logró acertarle una patada en el pecho, que utilizó como un punto de apoyo para saltar lo más alto posible. La Primordial alzó sus dos palmas hacia el frente, generando una enorme estructura de piedra y espinas que fue disparada hacia Artemisa a una enorme velocidad. La Diosa actuó rápidamente, saltando hacia atrás diversas veces para esquivar todos los ataques lanzados por Gaia, que se clavaban tan profundo en el suelo que era imposible distinguirlos.
Finalmente, la Diosa apoyó sus pies en la pared de la enorme colina, para luego inclinar su cuerpo ligeramente hacia un lado para esquivar el último ataque a distancia. Su mirada rápidamente volvió al frente cuando sintió como Gaia se acercaba a gran velocidad, y eso era más que cierto, debido a que ya la tenía en frente.
La Diosa intentó darle un rápido puñetazo en el rostro que la Primordial desvió sin problemas utilizando su mano, para luego intentar darle un fuerte puñetazo. Artemisa logró cubrirse con su antebrazo justo a tiempo, pero no pudo bloquear la gran patada en el abdomen, que la envió a volar directamente hacia la otra colina.
Antes de impactar contra la enorme colina, la Diosa dividió su poder, haciendo que otra Artemisa apareciera junto a ella, que la tomó rápidamente de las manos, para luego girar sobre sí misma y arrojarla a una enorme velocidad hacia su objetivo. Gaia se defendió con un escudo de piedra, que de nada le sirvió, ya que Artemisa lo atravesó con una patada como si nada, enviando a ambas hacia el cielo.
Gaia iba a propinarle un gran golpe en el rostro mientras seguían ascendiendo, pero la otra Artemisa apareció en su espalda que detuvo su brazo, haciendo que la Primordial se sorprenda ligeramente. Esa sorpresa no terminó allí, ya que la otra Artemisa la tomó de sus dos piernas, para luego girar varias veces sobre sí misma, y arrojar a Gaia con todas sus fuerzas hacia el suelo.
Todos se cubrieron de los escombros cuando un gigantesco cráter y un fuerte estallido se presentaron en el campo de batalla, debido a la caída tan abrupta de Gaia, que por su expresión, parecía haberle dolido.
Gaia rápidamente rodó hacia un costado, haciendo que las dos Artemisas hundieran sus puños en el suelo sin pegarle a su objetivo. La Primordial se levantó rápidamente de un saltó y se cubrió de otro ataque de la Diosa. Gaia continuó bloqueando y desviando todos los ataques que iban hacia ella con gran precisión, hasta que en una ocasión tomó del brazo a las dos Artemisas, poniéndolas a su costado en contra de su voluntad, dando un gran salto para luego propinarles una fuerte patada descendente a ambas que las hundió en las profundidades, generando un gran temblor, sumado a una delgada cortina de polvo.
La Primordial rápidamente soltó los brazos de las dos Artemisas, cruzando sus brazos en X, justo al mismo tiempo que otra Artemisa hacia presencia a través del polvo, chocando el puño rotundamente contra su bloqueo. Gaia no le dio descanso y le propinó una fuerte patada giratoria ascendente, que la mandó a volar varios metros atrás. Ella rápidamente se dio la media vuelta, extendiendo sus brazos hacia los lados mientras veía como la Artemisa recientemente golpeada se acercaba a toda velocidad, sumado a las dos Artemisas que estaban saliendo de los cráteres en su izquierda y derecha.
"Dividir tu poder no es un buen plan." Declaró Gaia, mientras una gran cantidad de energía divina marrón comenzaba a emanar de su cuerpo. "Especialmente, si ese poder se pierde si son eliminadas…" Concluyó, haciendo que la energía marrón se viera disparada en las tres direcciones de una forma muy amenazante.
En ese momento, todo se volvió lento para ambas.
Justo antes de que el poder divino impactara en las tres Artemisas, un gran brillo plateado adornó a las dos que estaban saliendo del cráter, desapareciendo en el acto. Los ojos de Gaia se ensancharon de sobremanera cuando toda esa energía divina volvió a la otra Artemisa, haciendo que hiciera una espectacular barrida para esquivar la energía de la Primordial, para luego propinarle un fuerte puñetazo en el abdomen, seguido de una fuerte patada ascendente con salto que la mando a volar.
Gaia se recompuso rápidamente en el aire con una voltereta, para después alzar sus dos manos hacia el frente y crear una enorme bola de energía marrón que fue disparada directamente hacia Artemisa. Al ver que el impacto podría dañar a sus compañeros, la Diosa creó un gran muro plateado en frente suyo, reteniendo el ataque con gran dificultad.
Justo cuando la energía comenzó a dispersarse, la mirada de Artemisa se torció en una completa sorpresa cuando Gaia apareció detrás de ella, propinándole un fuerte golpe en el costado de su abdomen que la mandó a volar a ras del suelo.
Ella abrió rápidamente sus ojos, viendo como la energía marrón rodeaba por completo a la Primordial. Cinco bolas de energía divina marrones salieron despedidas hacia la dirección de Artemisa, quien rápidamente materializó un arco con sus poderes y arrojó cinco flechas, haciendo que ambos ataques se cancelaran entre sí a mitad de camino cuando chocaron, generando una enorme explosión que sacudió todo el campo de batalla.
Artemisa giró rápidamente sobre sí misma para recomponerse, levitando a pocos metros del suelo. La enorme cortina de humo que se había generado se disipó abruptamente cuando Gaia llegó volando a una gran velocidad. La Diosa apretó los dientes, haciendo que su aura divina la rodeara por completo, generando una gran presión en el ambiente por el hecho de tener a dos auras tan poderosas.
Ambas chocaron fuertemente sus puños, generando otra onda de choque aun mayor que la anterior, agrietando considerablemente el suelo, que a estas alturas, ya estaba muy maltratado.
La Diosa chocó su otro antebrazo con el de Gaia, para luego propinarle un gran tacle, haciendo que Primordial cayera al suelo en un sonido sordo. Artemisa se montó a horcajadas sobre ella en un rápido movimiento, mientras una enorme lanza de color plateado se creaba en su mano derecha.
"¿Qué sucede?" Preguntó la Diosa, mientras agigantaba más y más la lanza. "¡Se supone que deberías darme mucha más pelea!" Exclamó, a una inexpresiva Gaia.
La Primordial simplemente extendió su mano hacia un costado, haciendo que una enorme cantidad de poder marrón sea disparado al cielo, generando una fuerte luz que cegó a todos momentáneamente. Lo único que se escuchó, fue un grito de Artemisa.
Cuando el temblor y la luz cegadora cedieron, todos observaron como la Diosa estaba tirada en el suelo, mientras que Gaia estaba en el cielo, con su expresión oscura y seria aún vigente.
"No estoy yendo en serio, porque aun creo que hay una opción para negociar…" Contestó la imponente mujer, viendo como Artemisa se levantaba del suelo con cierta dificultad.
"Estás loca…" Comentó por lo bajo, mientras se tomaba su hombro, que no paraba de chorrear sangre dorada. "¡Si nosotros tenemos que morir para mantener a nuestros demás camaradas con vida, aceptaremos la muerte con orgullo!" Gritó con gran convicción, y el movimiento agitado de su cuerpo indicaba que lo decía sin una pizca de duda.
Los ojos de Gaia se ensancharon ligeramente cuando la herida del hombro de Artemisa sanó, algo que no debería ocurrir en un Dios. "¿Qué está pasando?" Llegó a preguntarse la Primordial, justo antes de que Artemisa volviera a tomar la lanza plateada y comenzara a volar hacia su dirección con su brazo flexionado.
Gaia simplemente frunció el ceño y cargó una gran cantidad de su energía marrón en la mano, para luego salir disparada hacia Artemisa. Ambas apretaron fuertemente los dientes el segundo previo al impacto, en donde la lanza y la energía densa e inestable estaban a un centímetro de chocar.
En un principio, un fuerte estallido se escuchó cuando ambos ataques impactaron entre sí, generando una especie de barrera en el punto de impacto. Rápidamente, el sonido se tornó monstruoso, enormes corrientes de aire se presentaron constantemente, al mismo tiempo que dos enormes esferas de color plateado y marrón se alzaban por los aires, cubriendo por completo la figura de ambas luchadoras. La energía destructiva generó una gran y última explosión, sacudiendo todo a varios metros a la redonda, generando un gran brillo que cegó completamente a todos por varios segundos.
Finalmente, el brilló cegador ceso, viéndose como ambas divinidades se miraban fijamente.
Otro pequeño temblor más se generó, en donde ambas salieron expulsadas hacia atrás por una fuerte onda de choque.
Gaia se regeneró rápidamente las heridas severas que tenía a lo largo de su brazo, viendo como Artemisa hacia lo mismo.
"Si no quieres cambiar de opinión…" Gaia dio un pequeño suspiro, para después mirarla de una manera bastante oscura. "No me dejas elección."
Artemisa observó con ligera sorpresa como Gaia apretaba fuertemente sus puños, haciendo que diversos portales de arena aparecieran a sus costados, en donde una gran cantidad de arena y tierra comenzó a recubrir su cuerpo por completo.
En cuestión de segundos, todo ese material fue rodeado y moldeado por la energía divina marrón de Gaia, generando una poderosa armadura que protegía todo su cuerpo.
"Veamos qué tal lo haces ahora." Declaró la Primordial, mirándola con suficiencia.
Un gran brillo plateado se haría presente por un segundo, y de allí saldrían otras tres Artemisas.
Antes de que alguna de las cuatro pudiera reaccionar, Gaia había desaparecido, y reapareció al lado de una de ellas, propinándolo un fuerte golpe en la cabeza que le hizo desaparecer en pequeños puntos plateados que rápidamente se dispersaron.
Las Artemisas restantes no dejaron que la fuerza demostrada por su oponente las amedrentara, por lo que dos de ellas la atacaron por los costados, solo para ser bloqueadas por Gaia.
Antes de que la Primordial hiciera algún movimiento, las dos Artemisas agarraron firmemente los brazos de la mujer, dejándola completamente inmóvil. La tercera Artemisa aprovechó esto, dándole un fuerte golpe en el rostro que generó una fuerte sacudida en todo el sitio.
Los ojos de la Diosa se ensancharon en shock cuando los huesos de su mano se rompieron en mil pedazos, debido a que la armadura de Gaia era increíblemente resistente. La Primordial simplemente sonrió ante lo sucedido, para luego hacer chocar fuertemente a las dos Artemisas que le estaban tomando los brazos, y acto seguido las arrojó con gran fuerza hacia el suelo. La Diosa intentó propinarle otro golpe con su mano buena, solo para ser detenida por Gaia cuando la agarró de su mano, para luego crear un gran látigo de espinas, que agitó violentamente y le cortó el brazo como si no fuera nada. Artemisa no tuvo tiempo ni de gritar, ya que una patada le quitó todo el aire, y la mandó a enterrarse al suelo. Justo cuando comenzó a gritar por el dolor agónico, el látigo de Gaia se rodeó por piedra y la energía marrón, convirtiéndose en una lanza, que no tardó en arrojarla, atravesando por completo la boca de Artemisa, para luego generar una enorme explosión que hizo retumbar todo el campo de batalla.
Gaia se dio rápidamente la media vuelta y creo otros dos látigos espinosos, cortando a la mitad las dos flechas divinas que habían sido arrojadas hacia ella, haciendo que explotaran en un fuerte estallido plateado a sus espaldas.
Los dos látigos repitieron la acción anterior y se convirtieron en unas fuertes lanzas explosivas, que rápidamente fueron arrojadas a las dos Artemisas que estaban en el suelo. Ambas utilizaron sus arcos en un intento de detener el ataque con sus flechas, fracasando abruptamente cuando las lanzas destruyeron las flechas plateadas sin problemas, llegando a su destino y atravesando el pecho de ambas Artemisas, generando otra gran explosión que obligó cubrirse a todos ante la enorme sacudida.
"Supongo que eso es todo." Declaró Gaia con una gran sonrisa en su rostro, mientras veía como su energía marrón aun seguía presente en su ataque anterior. "Ahora…" Comentó, alzándose aún más en el aire mientras veía al ejército enemigo. "Es momento de acabar con esto." Concluyó, comenzando a generar una enorme lanza explosiva, que no paraba de crecer.
Gaia rápidamente la tomó con sus dos manos y la alzó por arriba de su cabeza, mientras una gran cantidad de relámpagos marrones se desprendían del ataque por la gran cantidad de energía condensada.
A unos pocos momentos de cargar toda la energía, Gaia pudo distinguir con total sorpresa como una Artemisa en su tamaño humano se encontraba alejada del campo de batalla, mientras estaba comiendo Ambrosia.
"Eso explica muchas cosas…" Pensó Gaia, para luego ver como Artemisa se alzaba por los aires mientras su cuerpo se hacía más grande, comenzando a crear una enorme flecha en su arco.
Gaia rápidamente apuntó hacia ella mientras la sonrisa en su rostro se hacía más y más grande.
"Todo mi poder, en una flecha…" Pensaría Artemisa, cerrando profundamente sus ojos mientras la flecha comenzaba a emanar relámpagos plateados, indicando que el poder contenido era muy basto.
Finalmente, Artemisa abrió sus ojos con gran decisión.
"¡No dejaré que lastimes a nadie!" Exclamó, arrojando la enorme flecha.
"¡Eso está por verse!" Exclamó Gaia, arrojado la enorme lanza.
Ambas solamente observaron cómo se acercaba el impacto, hasta que ambos ataques chocaron entre sí…
Primero se generó una enorme ventisca que fue disparada en todas direcciones, y al próximo segundo una enorme esfera de color plateado y marrón comenzó a expandirse, generando una onda de choque sin precedentes. Ambas mujeres se cubrieron el rostro en vano, siendo completamente absorbidas por la luz y el ataque.
Luke y Grover observaban en completo shock como la esfera continuó creciendo, hasta que finalmente dejó de expandirse, cambiando su tonalidad a una completamente marrón, para después pasar a plateado, y finalmente un color dorado dominó sobre todos, para que después se produjera una devastadora explosión que hizo temblar los mismos cimientos del Infierno.
Las dos colinas fueron alcanzadas por la explosión y terminaron completamente destrozadas en cuestión de segundos. Una gran cantidad de rayos dorados caían en todas direcciones, generando grandes grietas en el centro del campo de batalla. La onda expansiva se expandió rápidamente, haciendo que todas las Cazadoras se tiraran sobre Lilia y Brilia, cubriéndolas de todos los enormes escombros y el fuerte viento cubierto de polvo que había mandado a volar a más de uno. Los relámpagos dorados caían con más y más fuerza, generando un enorme temblor en toda la zona, al mismo tiempo que el brillo dorado cegaba todo a su paso, haciendo que todos perdieran tanto la vista como el sonido por culpa del fuerte escándalo que producía la explosión del choque entre ambos ataques.
Después de lo que pareció una eternidad, el fuerte sonido y el cegador color dorado abandonaron gradualmente la escena, haciendo que las Cazadoras se volvieran a acomodar, quedando completamente atónitas ante la vista.
"No me jodas…" Comentó Luke, parándose con una expresión indescifrable en su rostro.
En frente de él, el campo de batalla ahora solo era un cráter de dimensiones inconmensurables, como si hubiera caído un enorme meteorito. Alrededor de aquel cráter, solo había escombros y destrucción por doquier, e incluso había algunos muertos por los rayos que desprendieron del ataque. En el lugar donde se produjo el choque inicial, había un pequeño huracán de humo que no paraba de emitir rayos dorados, indicando que aun había una gran cantidad de energía concentrada en ese sector.
Artemisa se levantó con gran dificultad, teniendo heridas a lo largo de todo su cuerpo, sumado a que su ropa estaba hecha girones. Ella observó hacia el frente con una respiración muy agitada, viendo como su oponente también se levantaba con algo de dificultad, aunque casi no tenía heridas en su cuerpo, que sanaron al instante. Pero, por lo menos, ya no contaba con esa poderosa armadura.
"Mierda…" Pensó Gaia, sintiendo un agotamiento completamente anormal para una Primordial. "La Bendición que le entregué a Orión me ha costado más de lo que pensaba." Concluyó, fijando su mirada en Artemisa. "Nunca pensé que ella me causaría tantos problemas…"
Gaia creó una pequeña lanza y se la arrojó a Artemisa. La Diosa respondió rápidamente materializando su arco y tomando una flecha que estaba atada a su cinturón, arrojándola contra la lanza. Para sorpresa de la Primordial, la flecha atravesó por completo la lanza, y rosó su mejilla.
El daño no parecía tan grave, pero cuando se dio cuenta que su herida no se regeneraba, tuvo los primeros síntomas. Sintió como un dolor punzante dominó todo su cuerpo, haciendo que cayera de rodillas mientras se tomaba el rostro con una expresión cubierta de dolor.
"Esa flecha…" Pensó, recordando que la punta de la flecha era plateada.
La mujer solo se dignó a observar con los dientes bien apretados como Artemisa se movilizó lo más rápido que le daba su condición para llegar a ella, propinándole una fuerte patada en el mentón que le obligó a escupir una gran cantidad de sangre dorada. A pesar de lo débil que se encontraba la Diosa, la patada fue lo suficientemente fuerte como para que Gaia volara un metro en el aire.
Aprovechando el estado mental y físico de su oponente, Artemisa le atacó con un fuerte puñetazo en el rostro. Gaia abrió sus ojos justo antes de que llegara el impacto, e hizo un movimiento bastante extraño en el aire. Ese movimiento no le permitió esquivar el golpe, pero por lo menos pudo devolvérselo, haciendo que ambas salieran despedidas hacia los lados por la fuerza del impacto.
Gaia rápidamente creo tres látigos pequeños justo antes de caer al suelo. En ese momento, Artemisa ya se había recompuesto y pensaba acabar con la batalla, pero apretó fuertemente los dientes de dolor cuando la Primordial arrojó los látigos espinosos justo antes de rodar por el suelo. Artemisa tembló levemente de dolor mientras se quitaba las espinas de su cuerpo. Justo cuando retomó su mirada en Gaia, solo pudo sentir como su mandíbula amenazaba con romperse por el tremendo golpe que se llevó en el rostro. Ella logró mantenerse de pie de alguna manera, pro propinándole un fuerte golpe en el rostro que hizo retroceder varios pasos a su oponente, aunque la Diosa cayó al suelo por la gran inestabilidad que tenía por culpa del cansancio y las heridas. Ella intentó levantarse, pero solo recibió una fuerte patada en el mentón por parte de Gaia, quien apenas pudo mantenerse de pie después de esa acción.
Gaia se acercó como un zombi al cuerpo magullado de Artemisa, sentándose a horcajadas sobre ella para acabar con la batalla. Artemisa pudo detener el primer puñetazo, pero no el segundo, haciendo que escupiera una gran cantidad de sangre dorada. De alguna forma la Diosa pudo responder y tomó el otro brazo de Gaia, para luego bajarla con gran brusquedad al mismo tiempo que ella intentaba sentarse, propinándole un fuerte choque entre sus cabezas, haciendo que la mirada de Gaia se tornara en una bastante perdida por momentos. La Diosa aprovechó el aturdimiento de su rival, propinándole una patada con sus fuerzas restantes para quitársela de encima. Gaia rodó por el suelo, aunque rápidamente se levantó, tambaleante.
"¡Artemisa…!" Gaia rujió, para luego abalanzarse sobre la Diosa, con una inestabilidad bastante clara en sus pasos.
"¡Gaia!" Artemisa le respondió su llamado, corriendo hacia ella de la misma manera.
La primera en darle el golpe fue Gaia, para que después Artemisa respondiera rápidamente. Se pegaban en todos los sectores posibles, sin importar que lugar haría más o menos daño, solo querían que la otra cayera.
Todos se asomaron en el borde del cráter, observando con completo asombro como ambas mujeres se golpeaban a diestra y siniestra, sin siquiera defenderse. Por cada golpe, ambas escupían sangre dorada, sumado a los horripilantes sonidos sordos que producían los fuertes golpes al caer en su objetivo, seguido del grito ahogado de quien lo recibió.
Tras escuchar un sonido extraño, Phoebe miró hacia atrás, donde la cueva aún seguía en pie, aunque con bastantes daños.
"¡Alguien abrió la puerta!" Comentó la Cazadora, haciendo que las demás miraran hacia el interior.
Después de haber dado un espectáculo de golpe tras golpe, Finalmente las dos divinidades propinaron sus últimos golpes antes de caer de rodillas. Gaia no pudo evitar apretar los dientes cuando su nariz se rompió a causa del último ataque de la Diosa, mientras que Artemisa no pudo evitar sentirse demasiado mareada cuando se quedó sin aire por el puñetazo en su abdomen.
Ambas respiraron agitadamente por unos segundos, hasta que Artemisa ensanchó sus ojos y escupió una gran cantidad de sangre por algún extraño motivo.
La Diosa bajó lentamente su mirada, viendo como unas raíces atravesaban su abdomen y emergían por su espalda.
"El poder que le he otorgado a mi hijo ha vuelto a mí." Comentó la mujer, retirando el puño con las raíces, haciendo que Artemisa posicionara las manos en el suelo, sintiendo que estaba a punto de colapsar. "Eso quiere decir que ha fallado." Continuó, alzando su mano cubierta de sangre dorada, comenzando a crear una lanza. "Será mejor que acabe contigo ahora, antes de que puedas volver a complicar la situación."
Tras esas palabras, todo se volvió negro para Artemisa. Era una sensación que ya conocía. Ya le había sucedido cuando estuvo a punto de morir en manos de Atlas.
Era como ese momento en donde veías pasar tu vida ante tus ojos, aunque la realidad es que solo había oscuridad.
No había ningún recuerdo, solo pensamientos…
Unos pensamientos que inundaron su cabeza…
Y todos ellos siempre iban a él…
Inconscientemente, unas lágrimas comenzaron a caer de su rostro.
"Me estoy quedando sin tiempo…" Pensaría, cerrando profundamente sus ojos. "Necesito un milagro para sobrevivir. Date prisa, tu eres ese milagro…"
Artemisa alzó una de sus manos hacia al frente y volvió a su tamaño humano, temerosa de su acción.
"Estoy extendiendo la mano, porque sé que vendrás. Aunque piense en ti y no estés…" Las lágrimas en sus ojos se intensificaron. "Aunque ni siquiera sepa si estás con vida…"
Todo el cuerpo de Artemisa comenzó a temblar, a medida que su llanto se intensificaba.
"Te necesito… Así es, te necesito ahora mismo…" La otra mano terminó en su pecho, mientras hacia lo posible para contener el sollozo. "¡No dejas de estar en mi cabeza! ¡Creo que me estoy volviendo loca!"
Los recuerdos de la última charla bastante íntima que tuvo con Bell volvieron a su cabeza.
"¡Cariño, dijiste que estarías a mi lado cuando más te necesite!" Gritó en su mente, sin poder evitar dejarse llevar por el dolor que sentía en su pecho. "¡Así que…!"
Gaia simplemente sonrió al ver como la Diosa extendía el brazo, y no paraba de llorar.
"Así que…"
La Primordial elevó la lanza lo más alto posible, para luego descenderla a una enorme velocidad.
"¡No me decepciones!"
Los ojos de Artemisa se abrieron cuando sintió como una mano electrizante y cálida tomó su mano que pedía ayuda desesperadamente. Sus ojos se llenaron de conmoción y felicidad cuando esa oscuridad desapareció por completo, viéndose como Bell la había acunado a la perfección entre sus brazos, mientras tenía su pie extendido, y Gaia estaba volando a la lejanía por el tremendo golpe que recibió.
"Rescatada como una princesa…" Pensó Grover con una pequeña sonrisa, viendo como Bell la estaba protegiendo entre sus brazos.
"¡Bell, debes detenerla ahora!" Exclamó la Diosa, que no tardó en volver a la realidad. "¡Si derribamos a su líder, ya habremos ganado!"
El albino tan solo escuchó sus palabras, para después sonreírle. Algo que a la Diosa le pareció bastante extraño, y esa confusión solo aumentó cuando Bell alzó sus brazos, arropándola con aun más cariño y delicadeza.
Las mejillas de Artemisa se encendieron en un color rojo sangre cuando recibió un pequeño beso en su frente, haciendo que su corazón comenzara a latir con locura. El hecho de estar en sus brazos y que tuviera el torso desnudo solo le hacía sentir como su cuerpo ardía más y más con gran anhelo. Después de todo, ella quería un beso en sus labios.
Lo deseaba tanto…
Pero sabía bien que no era el momento, ni el lugar para hacerlo…
¿También es necesario decir que ella no debería desear besar a ningún hombre?
"¿Qué fue…?"
"No sabes cuánto me alegra ver que estés bien." Bell la interrumpió, acurrucándola en su pecho, mientras le quitaba las lágrimas con un dedo.
Artemisa tan solo entrelazó sus propias manos sobre su pecho, sin poder evitar sentirse muy feliz al sentir esa calidez y esos hermosos sentimientos que se apoderan de ella cada vez que se encuentra cerca del albino.
Y después de haberlo casi perdido unas dos veces, esos sentimientos eran mucho más fuertes…
Simplemente, llenaban su cuerpo de unas sensaciones que no quería que desaparecieran jamás…
Artemisa volvió nuevamente a la realidad cuando Bell la dejó cuidadosamente en el suelo, viendo como Gaia se levantaba a la lejanía.
"La primera vez fueron tú y tus hermanos…" Comentó Gaia, levantándose con dificultad. "Ahora, son tus malditos hijos…" La Primordial apretó fuertemente los dientes, alzando sus brazos al cielo con gran rabia. "¡¿Por qué no te cansas de meterte en mi camino, Zeus?!" Gritó con gran furia.
"Puede que seas la Madre Tierra, pero eso no hace que puedas hacer lo que te plazca con todos los que habitan en la Tierra." Explicó el albino, cruzándose de brazos.
"¡Los humanos y ustedes, los Dioses, deberían ser exterminados por la gran plaga que representan en este pobre planeta!" Gritó con gran enojo, para luego cerrar profundamente sus ojos y dar un gran suspiro.
Su cuerpo dejó de temblar de ira, para después abrir sus ojos con una mirada oscura y compenetrada, alzando su brazo para hacer que este se rodeara por completo de su energía marró divina, que generaba un poco de distorsión a su alrededor, indicando que era un ataque bastante poderoso.
"Los mataré…" Comentó Gaia, para después comenzar a correr a una enorme velocidad hacia donde estaban sus dos oponentes.
Bell simplemente alzó su mano hacia un costado, haciendo que una gran cantidad de rayos comenzaran a concentrarse en su palma.
Él comenzó a correr rápidamente hacia su enemiga, yendo directo al choque.
En el medio del camino, el albino desvió su mirada por un corto segundo, viendo como Grover y Luke estaban en el borde del cráter, mientras que todas las Cazadoras se encontraban encima de la cueva para observar el combate.
El miró el rostro de todos y todas, uno por uno…
Una sonrisa se dibujó lentamente en su rostro mientras la bola de rayos se hacía más y más consistente y abultada.
No le importaba que estuviera corriendo hacia un enemigo varias veces más grande que él…
Él realmente estaba muy feliz de que todos estuvieran bien…
Finalmente, ambos se miraron cara a cara antes de chocar sus ataques, y gritaron con gran fiereza.
"¡GAIA!"
"¡MUERE, HIJO DE ZEUS!"
Ambos extendieron sus manos hacia el frente, haciendo que un gran brillo dorado se alzara por doquier, que rápidamente embulló las figuras de Bell y Gaia. Justo en el último segundo de que se perdiera de vista, se pudo ver como Bell se cubrió el pecho antes de que la enorme explosión sacudiera los escombros del cráter.
Una gran cantidad de rayos blancos salieron expulsados en varias direcciones, al mismo tiempo que una enorme onda de choque arrasaba con todo el suelo, mandando muchos escombros de diferentes tamaños a volar.
Después del gran temblor y brillo cegador, todos se descubrieron los rostros, para ver como una enorme cortina de humo y polvo estaba en donde inició el ataque, aunque una estela de humo hizo que todos miraran rápidamente hacia el final de esta, viendo como Bell estaba tirado en el piso, justo en la entrada de la cueva que conducía al Tártaro.
"¡Bell!" Gritó Zoe con terror, solo para calmarse al instante cuando el albino se levantó de un salto, apenas con heridas en muchas partes de su cuerpo, aunque no eran contundentes.
"¡Relájate!" Bell alzó el pulgar. "Todo es parte del plan." Concluyó, sacudiéndose el polvo de sus pantalones, que a este punto eran un desastre.
"Esto… esto no tiene sentido…" Todos dirigieron su mirada hacia el humo, viendo como la figura de Gaia lentamente se hacía visible. "Tendría que haberte matado…" La Primordial continuó hablando, tosiendo un par de veces. "Y apenas recibiste unos rasguños…" Finalizó, su figura finalmente se hizo completamente visible, viendo como su cuerpo estaba severamente dañado por los rayos, encontrándose en una condición deplorable.
Los ojos de Gaia se ensancharon en shock cuando recordó como Bell se cubrió el pecho. "¡Tú…!" Exclamó, tosiendo nuevamente. "¡Has vencido a mi hijo, solo porque te hiciste con la Bendición de Styx!" Concluyó, haciendo que más de uno se sorprendiera ante la revelación, en especial las Cazadoras y Artemisa.
"Veo que te diste cuenta…" Comentó Bell, ensanchando ligeramente su sonrisa. "Pero de nada te servirá ahora." Concluyó. "Antes que nada, me gustaría presentarte a un amigo que está muy enojado por habernos enviado al Tártaro…" Finalizó, haciendo que la mirada de todos se torciera en una completamente confundida.
"Es cierto, la puerta sigue abierta…" Pensó Phoebe, viendo como ambas puertas permanecían visibles, debido a que estaban abiertas de par en par.
Bell alzó sus dos manos hacia el frente, comenzando a crear una pequeña bola de fuego, que se hacía más y más grande por cada segundo que pasaba.
Los ojos de todos se ensancharon con gran incredulidad cuando una gran sombra de tamaños impensados se asomó por la puerta. Una pequeña bola de fuego comenzó a generarse en el centro de la figura, haciéndose más y más grande, de esa forma, revelando lentamente su forma.
La boca de Luke prácticamente se abrió en completa estupefacción ante lo que estaba presenciando, al igual que Thalía.
"¿Dorazal sigue vivo?" Se preguntó Thalía en voz alta.
"¿Te impresiona eso?" Preguntó Phoebe, señalando al dragón. "¡Su puta cabeza abarca un tercio de la maldita puerta más jodidamente grande que existe!"
La cabeza gigantesca de Dorazal con su boca abierta estaba creando una gigantesca bola de fuego, que obtenía más y más metros por cada segundo que pasaba, y en el caso de Bell era bastante similar.
Finalmente, ambas esferas eran de unos 10 y 30 metros cuando pararon de crecer.
"¡FIRE-BOLT!"
Bell gritó fuertemente, haciendo que ambos ataques sean liberados al mismo tiempo, generando un enorme temblor en todo el sitio. Todos cubrieron sus ojos cuando el ataque fue disparado, debido a que produjo un gran estallido luminoso al principio.
Los dos ataques se combinaron, produciendo una pared de fuego de un tamaño colosal completamente rodeada por rayos, yendo a una gigantesca velocidad hacia su objetivo.
Gaia solo pudo cruzar sus brazos en X cuando el ataque llegó, y utilizó sus energías restantes para crear nuevamente una armadura, aunque mucho menos consistente que la anterior.
El impacto llegó prácticamente al instante, haciendo que una gran onda expansiva que no tenía fin se produjera cuando chocó contra los brazos de Gaia, acompañado de una enorme barrera llameante que se extendió a varios metros de altura entre el bloqueo de Gaia y el ataque.
"¡AAAH-AAAAAGGGHHHHH!" Gaia gritó fuertemente mientras era lentamente arrastrada por el ataque, haciendo todo lo posible para resistirlo.
"¡MIERDA!" Gritó Grover cuando intentó sostenerse de unos escombros, saliendo volando junto con Luke y otros cuantos más por la gran corriente de aire que estaba generando el ataque.
Artemisa apartó su rostro, arrodillada en el suelo mientras intentaba sujetarse lo más posible, ya que en ese lugar las ventiscas eran aún más fuertes.
"Increíble…" Pesó Zoe en voz alta, con una expresión indescifrable, observando como Gaia soportaba el ataque, mientras que Bell y Dorazal no paraban de lanzarlo.
"¡AAAAAAAAAGGGHH, MALDICIÓN!" Gaia Gritó a todo pulmón.
"¡AHORA!" Bell gritó fuertemente, enviando una última, pero enorme ráfaga de energía junto con su dragón.
Los ojos de Gaia se ensancharon con horror, dando un gran grito final antes de que su armadura fuera consumida por el ataque. Su figura fue absorbida por el ataque, generando una enorme explosión final que llenó todo el sitio de una gran cantidad de humo y polvo. Aun así, una gran cantidad de escombros salieron volando por fuera de la gigantesca cortina en todas direcciones, indicando que se había generado una gran destrucción, pese a que el ataque había sido mayormente controlado.
Los segundos pasaron, y lo primero que pudo distinguirse entre tanto humo y polvo, fue la figura de Gaia, que se recomponía con una gran dificultad.
"¡Esto no termina aquí…!" Gritó, mientras todo su cuerpo ardía por las quemaduras de tercer y cuarto grado. "¡Volveré…!" Concluyó, creando un enorme portal de tierra, desapareciendo junto con el poco ejército que aún le quedaba.
Una vez que los enemigos se marcharon, el silencio volvió a apoderarse del ambiente.
Otros pocos segundos pasaron, en donde el polvo y el humo ya estaba abandonado la escena. Entre esa densa neblina artificial, se pudo ver como dos figuras se alzaban por debajo de los escombros. Una de ellas, abrazando protectoramente a la otra. Una vez que se encontraron de pie, se pudo distinguir como Artemisa le devolvió el abrazo al albino con la misma fuerza y cariño.
Bell tan solo observó cómo Artemisa alzaba su mirada, mirándolo fijamente. Sus ojos plateados brillaban con gran intensidad. Ella le entregó una pequeña sonrisa y comenzó a acariciarle la mejilla, algo que tomó por sorpresa a Bell, y su rostro lo demostraba.
Finalmente, el albino apartó su rostro con una pequeña sonrisa para dejar de ser acariciado, haciendo que la sonrisa de Artemisa aumentara levemente.
Ambos se miraron a los ojos por una última vez, entregándose otra sonrisa, para después ver hacia el frente como la neblina Artificial desaparecía por completo.
Una gran cantidad de soldados vitoreaban y agitaban sus espadas con emoción desde la cima del cráter, mientras observaban a la pareja.
Grover y Luke salieron entre unos escombros con una suciedad increíble, siendo ayudados por las Cazadoras.
"Parecen unos vagabundos." Comentó Zoe con mucha gracia, dándole una mano a los dos.
Los ocho se fijaron desde lo alto de los escombros como todos estaban vitoreando a Bell y Artemisa, haciendo que una sonrisa apareciera en sus rostros.
Finalmente, Artemisa apoyó su rostro en el hombro de Bell con mucho cariño. El albino le respondió, abrazándola por la cintura mientras ambos observaban con felicidad la alegría del ejército.
La alegría de haber triunfado…
¡FINAL DEL CAPÍTULO TRIPLE!
Como dije al principio, se viene el final de arco. El próximo capítulo cerrará de manera magistral, así qué estén preparados.
Si tienen alguna pregunta respecto a esta batalla, algo que o les convenció, algo que directamente no les gustó, o algún otro asunto, no duden en consultarme, ¡soy todo oídos!
Sin nada más que decir, nos vemos en el próximo capítulo!
Cantidad de palabras del capítulo triple: 5054+5429+7314=17.797 palabras.
