¡Aquí vamos con otro capítulo!

Ya 40 partes. He tardado bastante más de lo pensado en llegar a este número, pero aquí estamos. Ahora que me fijo, también me di cuenta que lo más probable es que esta historia llegue a más de 300mil palabras. Todavía queda un arco, y aunque sea el más corto, creo se va a llegar fácil.

Ahora, también me complace decir que se ha completado un objetivo, por lo que habrá un capítulo doble. Aquí mismo le dejaré la lista con los objetivos actualizados y los que aún faltan por cumplir:

Wattpad: 5903/6000 Estrellas. 44.521/50.000 lecturas.

FanFiction: 97/100 favoritos. 112/125 seguidores. 267.138/300.000 palabras.

*Recuerden que solo uno de esos objetivos ya significa un capítulo doble, y si se llegan a cumplir más al mismo tiempo, podrían ser hasta capítulos triples o cuádruples.*

Por si las dudas, les hago recordar que los capítulos multiplicados consisten en tener actualizaciones seguidas de una historia porque, como sabrán, estoy haciendo dos fics al mismo tiempo, e intercalo las actualizaciones por capítulos (eso quiere decir que sac en cada respectiva historia). Lo que hacen los objetivos, es que saque X capítulos seguidos de la historia que cumplió X objetivos. Espero haberme aclarado.

Por eso es que a veces tardo mucho en actualizar, ya que a mi otra historia le está yendo bastante bien en FanFiction, y aquí también está teniendo sus lecturas. Eso hace que acumule muchos más objetivos cumplidos que esta.

Sin nada más que decir, aquí les dejo con el capítulo.

Disfruta!

En el enorme Salón de Reuniones del Olimpo, Zeus, Poseído, Hades y casi todos los Dioses Olímpicos se encontraban sentados en sus respectivos tronos. Los Dioses más importantes parecían estar completamente sanos, mientras otros como Apollo estaban siendo tratados por las heridas que había en su pecho, brazos, entre otros lugares.

Zeus y sus tres hermanos estaban mirando atentamente a la enorme puerta que conducía al exterior, al igual que sus invitados.

Entre dichos invitados había muchos rostros conocidos, aunque algunos eran completamente nuevos. Todos parecían estar algo lastimados, pero no era nada grave.

Mientras parecían seguir esperando la llegada de alguien, un silencio increíblemente sepulcral adoraba por completo el salón.

Después de varios segundos de intensa espera, la enorme puerta fue abierta de una fuerte patada. Ese sujeto era Bell, que llevaba a Artemisa entre sus brazos, mientras era acompañado por las Cazadoras y Grover.

"¡Mi hija!" Exclamó Zeus, levantándose de su trono con gran sobresalto. Y él no fue el único, ya que Apollo reaccionó de la misma manera.

"¡Relájense!" Exclamó el albino con una pequeña sonrisa, entrando al salón mientras cargaba a la Diosa con sumo cuidado. "Su cuerpo está muy lastimado y agotado, pero no es nada grave." Comentó el albino, mientras observaba como Artemisa descansaba plácidamente, con su rostro perfectamente acomodado en el pecho de Bell. "Solo está descansando…"

Esto hizo que tanto Zeus como Apollo volvieran a sentarse en sus tronos, sin poder evitar expulsar un suspiro de alivio.

Grover y Bell se separaron un poco de las Cazadoras, yendo rápidamente hacia donde se encontraban Percy y los demás.

"Maldición, apestan a muerto." Declaró Clarisse, dándole un pequeño saludo a los dos, mientras eran abrazados por Annabeth.

"Bueno, estuvimos en el maldito Infierno." Respondió Grover de una forma subjetiva.

Mientras era abrazado por Annabeth, Bell dio un pequeño asentimiento hacia Percy, quien respondió de la misma manera. También lo hizo con su hermano Tyson, quien le contestó con una sonrisa, mientras ajustaba sus gafas de sol. Su mirada se cruzó con la de Nico, quien también recibió un rápido saludo.

"Ella se ve tan tranquila…" Comentó Annabeth, viendo como la Diosa dormía en los brazos de Bell.

"Si, pero esa tranquilidad no durará mucho." Contestó Bell, viendo la gran cantidad de sangre dorada que tenía en su abdomen. "Su cuerpo se enfrió. Necesitaremos curarla antes de que despierte, o sufrirá mucho." Explicó, fijando su mirada en Zeus. "Viejo, ¿te queda algo de Ambrosia?" Preguntó, haciendo que los que no conocían a Bell pusieran sus ojos en blanco.

Después de todo, era impensado que alguien llamara al Rey del Olimpo de esa manera…

"Desafortunadamente, nos gastamos todos los recursos en nuestra guerra." Contestó con calma, dejando bien en claro que el prefijo no le había molestado. "Pero estoy seguro que Apollo hará un buen trabajo." Concluyó, fijando su mirada en el mencionado, que tan solo asintió con una sonrisa.

"De acuerdo." Comentó Bell dando un pequeño asentimiento. "En ese caso, ¿ya podemos comenzar con la reunión?" Consultó, recibiendo una negativa por parte del Dios.

"Todavía falta un grupo…" Justo después de decir eso, Unos leves temblores comenzaron a sentirse en el Olimpo.

Todos se dieron media vuelta, mirando hacia la entrada.

En ese momento, todos observaron cómo Atlas ingresaba por la gran puerta con su cuerpo encorvado, mientras era seguido por las demás Titanides.

Todos los Titanes rápidamente se arrodillaron, e inclinaron sus cabezas.

"Nos complace mucho ver que se encuentra bien, nuestro Rey..." Comentó Atlas por todos, alzando un poco su mirada, viendo con ligera sorpresa como el albino tenía un anillo de compromiso, al igual que Artemisa.

Atlas inclinó aún más su cabeza, sin poder evitar sonreír. "Y nuestra Reina…"

Bell no pudo evitar poner cara de palo ante la última declaración.

"Espera un momento, creo que hay un malentendido."

FINAL DE ARCO-CAPÍTULO 39: JUNTOS PARA SIEMPRE…

"Oh, así que era un simple regalo…" Comentó el Titán, para luego recibir un fuerte golpe en la cabeza por parte de Leto.

"¡No crees esos malentendidos!" La madre de Artemisa le regaño, haciendo que Atlas sudara levemente. "¿No viste el rostro de esos pobres niños inocentes cuando pensaron que mi hija había roto sus Votos?" Cuestionó la mujer, señalando a Percy y todos los demás, incluyendo a los que aún no se habían presentado.

"¡Ya dije que lo siento!" Exclamó Atlas con una vena en su cien.

Cuando Zeus se aclaró la garganta, todos se callaron de inmediato.

"Dejemos las discusiones tontas de lado." Aclaró el Dios. "Debido a la condición de Artemisa, esta reunión será lo más rápida posible." Aclaró el Dios, fijando su mirada en los invitados. "Como en toda guerra, ha habido muchas bajas. Lamentablemente, es algo que no se puede evitar. Todos los que aportaron en la guerra y perecieron por la gloria del Olimpo tendrán su merecido reconocimiento." Aclaró el Dios, aplaudiendo un par de veces.

Un leve temblor se presentó, haciendo presente una enorme piedra detrás de los tronos, donde había una gran cantidad de nombres grabados.

"El Olimpo nunca olvidará sus sacrificios…" Declaró el Dios, cerrando sus ojos con cierto pesar. "Ahora, no debemos opacar el sabor de nuestra victoria." Zeus miró a sus lados, fijando la mirada en sus dos hermanos. "El Olimpo se ha vuelto a unir tras milenios, demostrando que finalmente pudimos olvidar todos aquellos estúpidos conflictos que nos habían mantenido separados." Zeus alzó su mano, y apretó fuertemente su puño. "Nosotros unidos demostramos que el Olimpo es un poder cuya paredes son impenetrables." Zeus se paró de su trono, dejándose llevar por la emoción. "¡Mientras el Olimpo se mantenga unido, no habrá nadie ni nada que pueda superar nuestro poder!"

"Es raro escucharlo hablar de esa manera…" Susurró Percy, recibiendo un asentimiento por parte del albino.

"Creo que sigue siendo algo arrogante, pero por lo menos ya reconoce que el Olimpo es obra de todos, y no solamente de él…" Declaró en voz baja, así solo los más cercanos podían escucharlo.

"Por todo lo que hemos logrado, por las relaciones que finalmente logramos reparar…" Comentó, mirando a Hades. "Y por los aliados indispensables que nos ayudaron a traer la victoria..." Continuó, fijando su mirada en los Titanes. "Debo decirles a todos…" Declaró, alzando sus dos manos, esbozando una sonrisa.

"¡Prepárense para una gran celebración en el Campamento Mestizo!"

Todos comenzaron a aplaudir por las palabras del Dios, aunque algunos se veían muy dubitativos.

"Antes de terminar la reunión, debo aclarar dos cosas." Declaró Zeus, sentándose en su trono. "Todos sabemos que Gaia aún sigue con vida, pero al estar afectada por el poder de la Flecha de Punta Plateada, ella no podrá recuperar sus fuerzas. Todo su ejército también está completamente destruido y desmoralizado. De hecho, si no la encontramos rápido, eso no importa. Después de todo, la flecha terminará de destruir su alma por completo en un par de días." Explicó el Dios, viendo como muchos se destensaron visiblemente. "Y lo segundo, es que habrá una gran premiación después de la celebración para todos aquellos que lucharon frente a las filas enemigas e hicieron un gran trabajo." Concluyó, haciendo que los aplausos y vítores sean mucho más animados, algo que sacó una sonrisa satisfecha en el Dios.

"Eso es todo, pueden irse." Zeus concluyó la reunión, haciendo que muchos Dioses se marcharan, mientras que unos pocos se quedaron.

Aun así, el salón seguía estando muy poblado, repleto de charla entre los campistas.

"Cuento contigo." Comentó Bell, entregándole cuidadosamente a la Diosa.

"Ella estará bien antes de la fiesta, lo prometo." Declaró Apollo, tomando cuidadosamente a su hermana entre sus brazos.

"Sé que lo harás." Fue la simple respuesta de Bell, entregándole una pequeña sonrisa.

Justo cuando Apollo estaba por marcharse, le entregó una última mirada.

"Bell." Comentó el Dios, llamando la atención del mencionado. "Es bueno tenerte de vuelta, hermanito."

El albino no pudo evitar sorprenderse ante las palabras tan sinceras del Dios. Él rápidamente negó con la cabeza, entregándole una sonrisa.

"No me llames así, es vergonzoso…"

"De acuerdo." Comentó el Dios entre risas, fijando su mirada en Artemisa. "Supongo que le dejaré tu burla a nuestra querida hermana." Comentó en un tono divertido.

"Créeme que ella es muy buena molestándome con eso cuando quiere hacerlo." Comentó el albino en un tono burlón.

"¿Es enserio?" Preguntó el Dios con gran sorpresa.

"Ustedes dos son más parecidos de lo que piensas." Fue la simple respuesta del albino, haciendo que Apollo sonriera levemente.

"Nos vemos en la fiesta." Concluyó, haciendo un rápido saludo antes de desaparecer en un destello dorado.

"¡Oye, Bell!" El grito de Zoe hizo que el albino rápidamente se dirigiera a ella. "¡Ven un momento!" Exclamó, haciendo pequeños movimientos con su mano para que se acercara.

Bell se vio confundido al instante, y no era por la actitud de Zoe. Más bien era por el hecho de que las Cazadoras estaban rodeadas de bastantes hombres y mujeres. Algunos los cual no conocía, y eso se le hacía bastante extraño, ya que había visto las caras de todos en el Campamento Mestizo.

"Así que, tu eres Bell Cranel. O también conocido como el Chico de la Profecía…" Comentó uno de los jóvenes, estudiándolo con su mirada. Cuando finalizó, el muchacho inclinó su mano con una suave sonrisa en su rostro. "Percy, Nico y todos los demás estuvieron hablando mucho de ti, por lo que es un gran placer conocerte." Bell lo miró por un corto segundo, para luego estrechar su mano. "Mi nombre es Jasón Grace, hijo de Júpiter."

En esos momentos, una gran cantidad de preguntas se llenaron en la cabeza del albino.

¿Quién era Júpiter?

¿Por qué el nombre del Dios no le sonaba en lo absoluto?

¿Por qué recién ahora se entera de la presencia de un semidiós que tiene todos los aires de ser alguien muy importante?

¿En dónde había estado en todo este tiempo?

Un momento…

¿Había dicho que se llamaba Jasón Grace?

¿Grace…?

"¡¿Eres el hermano de Thalía?!" Esa fue la primera pregunta que pudo gesticular tras estar completamente abrumado. Probablemente había sido así, ya que fue la pregunta que más ruido hizo en su cabeza.

"Bueno, él debe tener siento de preguntas ahora…" Comentó una de las mujeres, quien parecía ser una Amazona, según los recuerdos que Bell tenía de las Amazonas.

"Nadie lo puede culpar, Reyna…" Comentó otra de las mujeres, quien también era otra morena, salvo que esta tenía el cabello rizado. "Después de todo, el Campamento Mestizo y el Campamento Júpiter no sabían de la existencia del otro…"

"¿Campamento Júpiter?" Se preguntó el albino internamente, sintiéndose cada vez más y más abrumado por el exceso de preguntas que rondaban por su cabeza.

"Supongo que podemos explicárselo todo, Hazel." Comentó otro hombre, quien se encontraba junto con Tyson y Percy. Poseía un peinado estilo militar, y tenía una corpulencia mucho más marcada que ambos, aunque era notoriamente más pequeño, no en edad, sino en tamaño.

"Tú eres el mejor contando historias, Frank." Comentó Jasón, haciendo que el mencionado se inclinara de hombros.

Todas las charlas se detuvieron abruptamente cuando la puerta trasera del salón se abrió, viéndose como Zeus miraba en varias direcciones.

"Bell, necesito que vengas un momento." Declaró, fijando su mirada en el albino cuando finalmente le encontró.

"Supongo que dejaremos esa historia para más tarde." Comentó el albino, despidiéndose de sus amigos, y yendo rápidamente con su padre, aunque todavía no lo reconocía como tal.

"¿Qué sucede?" Preguntó el albino, alzando una ceja. "Es raro que me llames así de repente…" Comentó, atravesando el pasillo.

La expresión de Bell se agitó levemente cuando fue abrazado por el cuello desde la espalda, haciendo que mirara hacia un costado.

"Me alegro ver que mi sobrino favorito está en una pieza." Comentó Hades con una sonrisa.

"¿Hades?" Preguntó Bell con gran sorpresa. "¿Qué haces aquí?"

"Solo quería decirte que ya liberé a tu pequeño dragoncito." Contestó con claro sarcasmo en su voz, aunque su mirada pasó rápidamente a una completamente seria. "Aunque no venía a hablarte de eso."

"Sabemos que Luke tuvo una gran participación en el Inframundo." Declaró Zeus, haciendo que Bell lo mirara fijamente. "Aun después de lo que ha hecho, sigue siendo un peligro." Continuó, cerrando sus ojos. "Nada borra lo que hizo en su pasado, y sus intenciones nunca son del todo claras." Explicó, para luego abrir sus ojos. "Pero sé cómo eres tú. Si quieres liberarlo, este es tu momento." Las palabras del Dios sorprendieron al albino. "Solo quiero dejarte bien en claro una cosa…" Comentó Zeus, frunciendo el ceño.

"Si algo sucede, tú te harás responsable." Aclaró, entrecerrando sus ojos. "¿Quedó claro?"

"Tienes mi palabra." Declaró Bell, haciendo una pequeña reverencia.

Algo que sorprendió a Hades, porque nunca pensó que vería a Bell postrarse ante alguien en privado.

Eso solo significaba que Zeus finalmente había logrado ganarse todo su respeto.

"Muy bien." El Dios asintió, para luego sonreír. "Ahora ve, y diviértete."

"Será mejor que le hagas caso. Ella se resistió durante la reunión, pero si mi hermana te encuentra por aquí, te matará de un abrazo." Comentó Hades con clara gracia en sus palabras.

Esto hizo que Bell tuviera un gran escalofrió.

El amor de una madre podría ser terrorífico a veces…

Varios minutos más tarde…

"¿Existía otro campamento?" Se cuestionó Bell con los ojos bien abiertos. "Además de eso, los Dioses Griegos tienen una especie de segunda personalidad… Eso sí que no me lo esperaba." Comentó el albino, sentado en una de las docenas de mesas que se encontraban en el Campamento Mestizo.

Todos parecían haberse tomado un baño, haciendo que el ambiente y la frescura del bosque sean muy animada y agradable.

"Si, nosotros también casi nos volvimos locos en un principio." Declaró Hazel, mientras se frotaba el cabello con clara incomodidad. "De hecho, incluso tuvimos muchos problemas por culpa de uno de los nuestros. Aunque todo se pudo resolver bastante rápido, ya que los Dioses intervinieron de primera mano…"

"Así que ellos descendieron del Olimpo para interactuar con mortales…" Pensó el albino, sin poder evitar sonreír. "Supongo que las cosas han cambiado mucho desde el primer día que llegué aquí."

"Por cierto, ya te da la gran mayoría de los detalles…" Comentó Hazel, ajustando su corbata con una gran cantidad de sudor cayendo sobre su rostro. "Si quieres seguir hablando, ven a esa mesa de allí. Por ese lugar estamos todos los del Campamento Júpiter." Concluyó, levantándose de su asiento.

"¿Hm? ¿Te vas tan de repente?" Preguntó el albino con ligera confusión.

"Es que…" Hazel se frotó la nuca con gran nerviosismo. "No quiero seguir incomodando a las Cazadoras con mi presencia…" Comentó con una pequeña risa muy forzada, haciendo que Bell mirara sobre sus hombros.

"Cierto." Pensó Bell, sudando al ver como gran parte de las Cazadoras emanaban un aura asesina, mientras que otras se mostraban claramente incomodas ante la presencia de Hazel. "Había olvidado que ellas no soportan estar mucho tiempo cerca de un hombre, a menos que sea yo..." Bell no pudo evitar dibujar una sonrisa bastante vacilante tras ver las expresiones cubiertas de furor de todas las Cazadoras.

Bell simplemente saludo al hombre, para después ver a una mesa en concreto.

Allí se encontraba Luke, completamente solo mientras bebía con gran tranquilidad. Era un ambiente bastante deprimente, pero el rubio no parecía ni un poco afectado ante ello.

Finalmente, Bell fijó su mirada a las afueras del campamento, viendo como Dorazal estaba cuidando la entrada al campamento. El albino simplemente pudo sonreír al ver como daba un gran bostezo, mientras se acomodaba en la yerba.

"Supongo que ninguno hemos dormido bien." Pensó, sintiendo como sus ojos pesaban. "Espero que esta celebración termine pronto, y que las recompensas no sean a horas tan tempranas de la mañana…"

Después de sus pensamientos, estuvo charlando alegremente con las Cazadoras por varios minutos, contando todas las historias que sucedieron en el Tártaro, mientras que Thalía se encargaba de agrandar aún más aquellas historias.

Todo el ambiente alegre hacía imposible no sonreír. Aunque Bell no se dejó llevar por completo, por lo que pudo ver como Dionisio preparaba un par de cosas con Quirón en el escenario que estaba afueras de la Casa Grande.

Otros Dioses como Zeus, Hades y demás comenzaron a presentarse, mientras charlaban alegremente con sus hijos. Incluso Bianca y Thalía se separaron del grupo para poder hablar con sus padres.

Pero la llegada de todos estos Dioses…

Eso hizo que Bell se preocupara un poco…

Eso solo significaba que la fiesta estaba a punto de comenzar…

Y Apollo aún no había llegado con Artemisa…

"¡Hijo!" Bell casi termina escupiendo todo lo que estaba bebiendo a causa del gran susto que le propinó Hera. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta.

"¡Madre!" Exclamó el albino, dándose cuenta prácticamente al segundo como la había llamado, haciendo que un tenue sonrojo apareciera en su rostro.

Los ojos de Hera brillaron con gran intensidad, solo para que después lo abrazara con gran fuerza mientras comenzaba a llorar.

"¡Me has llamado madre!" Gritó con gran exageración, haciendo que Bell pusiera cara de palo al escuchar como todas las Cazadoras reían por lo bajo.

"¡No sabes lo mucho que me alegra ver que estás bien!" Exclamó Hera, separándose de Bell después de casi dejarlo sin aire.

"Ha mi también me alegra…" Comentó el albino, sintiéndose algo feliz al ver como la mujer estaba tan radiante y rebosante de felicidad.

Cuando la había conocido, solo desprendía un aura de rencor y desamor impresionante…

"Lamentamos interrumpir este tierno momento…" Todos miraron hacia un mismo lado, viendo como Atlas y las demás Titanides estaban en una forma mortal, aparentemente disfrutando del ambiente. "Pero, nosotros también queríamos saludar más adecuadamente a nuestro Rey."

"Deja de llamarme así en frente de todos, es algo vergonzoso…" Comentó el albino, ya que no le gustaba ser tratado como un Rey.

"Lo sé, solo estaba bromeando contigo." Declaró Atlas con una sonrisa un tanto descarada en su rostro. "Solo quería decirte que mañana será un día ajetreado." Concluyó, ajustando sus gafas de sol.

"No te relajes por haber resuelto esta guerra, aun te quedan muchos deberes que cumplir como Rey de los Titanes." Comentó Astrea.

"Si, lo sé…" Comentó el albino con un pequeño suspiro. "Todavía debemos zanjar lo de la biblioteca con Atenea, además de arreglar casi todo el maldito Monte Otris."

"Ahora no pienses en eso." Declaró Asteria, llamando la atención de todos. "Primero disfruta este día, y mañana arreglaremos bien las cosas." Una linda sonrisa decoró el rostro de la Titanide. "¡Nos vemos mañana!"

"¿Eh? ¿Esperen, qué?" Preguntó el albino con ambas cejas alzadas. "¿No van a quedarse?"

"No podemos olvidar todo lo que sucedió entre los Dioses y nosotros." Comentó Leto, mirando a Hera por un corto segundo. Creo que no hace falta decir la razón de su odio escondido en su mirada. "Si luchamos juntos esta vez, solo fue por ti." Explicó, entregándole una pequeña sonrisa al albino. "No obstante, ya está todo resuelto. No hay razón para obligarnos a estar juntos una vez más, ya que ahora somos libres." Concluyó, fijando su mirada en Hera.

La Diosa simplemente le entregó una sonrisa bastante amable, algo que evidentemente sorprendió a Leto.

"Espero que en algún momento, todos podamos entendernos." Declaró Hera, haciendo que los Titanes asintieran con cierto asombro ante la condescendencia de la Diosa.

Y esa condescendencia no parecía ser para nada falsa…

"Si el muchacho es el Rey de los Titanes…" Comentó Phoebe, viendo como los Titanes se alejaban. "¿Eso quiere decir que ya no puede volver a su… hogar, verdad?" Preguntó, intentando no ser tan obvia por si alguien estaba escuchando su conversación.

"Eso es correcto." Hera asintió, posicionando una mano sobre la cabeza de su hijo. "La responsabilidad que tiene en este mundo le cohíbe regresar al suyo." Esto hizo que todas las Cazadoras y Bell escupieran sus bebidas.

Y no, no había sido por la información. Eso estaba claro porque Bell ya lo sabía. Más bien había sido por el hecho de que Hera mencionó tan despreocupada y descaradamente que Bell viene de "otro mundo".

"Por suerte nadie nos escuchó…" Pensó Zoe, mientras miraba disimuladamente a los lados. "El hecho de que nuestra mesa esté algo separada de las demás por ser las Cazadoras ayudó bastante…" Concluyó, viendo con los ojos en blanco como la Diosa le daba un fuerte abrazo a Bell, antes de marcharse a hablar con Hestia y Afrodita.

"¿Por qué todas las mujeres de este mundo son tan problemáticas?" Pensó el albino, solo para sorprenderse ligeramente cuando todo el mundo cayó en un silencio abrumador.

Bell rápidamente giró su rostro, haciendo que sus ojos se ensancharan en shock.

"Creo que llegamos justo a tiempo para la diversión." Declaró Apollo con una tonta sonrisa en su rostro. "¿No lo crees, hermanita?"

Y si…

Su traje dorado y blanco llamaba mucho la atención.

Pero nadie se veía tan majestuosa como la Diosa de la Luna…

Ella llevaba un vestido plateado de una pieza que brillaba con gran intensidad y fervor. Sus ojos plateados profundos combinaban a la perfección con su delineador y su pintalabios. Su cabello castaño rojizo largo estaba un poco atado por su espalda, haciendo que todo su cabello tuviera un recorrido muy vistoso hasta por debajo de su cintura.

Ella era la definición de lo que era ser una verdadera Diosa…

"Lo que tú digas." Declaró Artemisa con sus ojos cerrados, dándole una fuerte palmada en la espalda a su hermano. "Ahora, aléjate de mí, idiota." Sentenció la Diosa, haciendo que Apollo se frotara el cabello con una sonrisa en su rostro.

Muchos intentaron tapar su risa cuando distinguieron como había un gran cartel que decía "¡Patéame!" En la espalda del Dios.

La Diosa fijó automáticamente su mirada en la mesa donde estaban las Cazadoras, haciendo que Bell sintiera un pequeño pinchazo al ver como se acercaba.

Muchos hicieron su muestra de respeto, mientras veían avanzar a la Diosa entre todas las mesas. Thalía y Bianca rápidamente la rodearon, con la idea de reunirse con su líder en la mesa.

La Diosa se sentó al lado de Bell, abandonando esa expresión sería y fría que tenía su rostro.

"Es bueno poder estar con todos ustedes…" Declaró la Diosa, juntando las manos con sus Cazadoras en la mesa. "Juntos, de nuevo…" Concluyó, fijando su mirada en Bell con una sonrisa llena de cariño en su rostro.

Bell simplemente respondió la sonrisa de la Diosa, para luego unir sus manos junto a las Cazadoras, haciendo que todos hicieran un gran apretón lleno de felicidad.

"No tuve el tiempo de decirlo antes, pero no saben la alegría que me dio ver que todas ustedes estaban bien." Declaró el albino, haciendo que todas las mujeres lo recibieran con una sonrisa suave, incluso la misma Phoebe le sonrió.

Buenos, todas habían sonreído…

Todas, menos una…

Artemisa lo estaba mirando fijamente sin ningún tipo de expresión. Solo sus ojos podían reflejar el gran conflicto interno con el que estaba peleando en estos momentos.

"¿Por qué?"

Se preguntó Artemisa, mientras sonreía y charlaba con todas.

"Incluso estando en un lugar como este…"

"…"

"…"

"…"

"¿Por qué no puedo dejar de pensar en él?"

Los recuerdos de Bell salvándola de Atlas y Gaia aceleraron los latidos de su corazón, haciendo que un tenue sonrojo apareciera en sus mejillas.

"Estaba tan contenta cuando volvió del Tártaro…"

Un gran brillo recorrió sus hermosos ojos plateados cuando miró de reojo a Bell.

"Pero, ahora…"

Artemisa no pudo evitar llevar su mano al pecho.

"¿Por qué vuelve a doler tanto?"

Una gran sonrisa apareció en el rostro del albino, haciendo que el tenue sonrojo de Artemisa se intensificara un poco más.

"¿Por qué la felicidad no pudo durar más tiempo?"

Ella se tomó con un poco más de fuerza el pecho.

"¿Por qué el amor tiene que ser tan doloroso?"

Artemisa no pudo evitar morderse el labio inferior al sentir como se le hacía un gran nudo en la garganta. Todo producto de ese enorme dolor que sentía en su pecho.

Era como un enorme malestar que no la dejaba en paz…

Una herida tan perforadora que le hacía sufrir más que cualquier otra…

"Se supone que en estos momentos debería estar muy feliz…"

"¡Muy bien, es hora de comenzar la diversión!" El comentario de Apollo desde el escenario logró que Artemisa se distrajera de su gran problema por unos segundos. "Para empezar, me gustaría que mi magnifico hermano cante una pequeña canción improvisada con una base que yo mismo elegí junto con la ayuda de Dionisio."

Al escuchar esto, Bell se levantó de su asiento y se dio media vuelta, dando un par de pasos, y confundiendo a todos por su acción.

"¿A dónde vas?" Preguntó Apollo, alzando una ceja. "El escenario está aquí…"

"Me voy." Fue la simple respuesta del albino mientras le entregaba una cara de palo.

"¡¿Qué?!" Gritó Apollo, sosteniéndose el pecho de una forma muy dramática.

"No soy bueno cantando." Volvió a responder con su cara de palo, haciendo que Apollo se riera.

"¡Vamos!" Exclamó el Dios con una gran sonrisa. "¡Solo será una canción, y la base ni siquiera dura 2 minutos!"

Bell se mostró algo dubitativo, pero en el momento que los vasos comenzaron a golpear fuertemente en todas las mesas, todo indicio de vergüenza o duda se había marchado por completo.

Los vasos comenzaron a golpear las mesas más y más rápido por cada paso que daba al escenario, hasta que finalmente llegó allí.

Apollo le entregó el micrófono, haciendo que el albino mirara a todos los espectadores.

Justo antes de que comenzara la base, su rostro se mostró muy inseguro de lo que debía hacer. Después de todo, era muy malo en esto.

Apollo rápidamente se puso al lado de Dionisio y comenzaron a reproducir la música.

Bell observó a los presentes mientras comenzaba la base. Su mirada se estacionó en las Cazadoras y Artemisa, quienes le entregaron una sonrisa. Su mirada se dirigió rápidamente hacia el sector donde estaban Percy y los demás, quienes lo recibieron con fuertes aplausos. Finalmente, su mirada se posó en el solitario Luke, quien alzó su vaso de cerveza con una sonrisa.

Al ver todo esto, Bell pudo sentir como su pecho emanó un sinfín de emociones agradables.

Sus ojos se cerraron profundamente mientras dibujaba una pequeña sonrisa y acercaba más el micrófono.

En esos momentos que permanecía callado, por su mente pasó la imagen de una mujer de cabello plateado estando de espaldas. Ella se dio vuelta, entregándole una hermosa sonrisa.

Por supuesto, ella era Artemisa…

Después de eso, las imágenes de Percy, Grover, Clarisse, Hades, Hera, Apollo, Dionisio, Luke, Tyson, Atlas, Annabeth, Nico y las Cazadoras pasaron todas juntas, demostrando a todas esas personas preciadas e importantes que habían aparecido en su vida en tan poco tiempo.

Bell dio un pequeño suspiro inaudible, abriendo sus ojos y agarrando el micrófono con sus dos manos.

"Hace tiempo que los recuerdos se van alejando ya…"

Tras sus primeras palabras, todos lo miraron atentamente y con gran sorpresa.

Eso era así porque…

Se podía sentir que esas palabras salían directamente desde el fondo de su corazón…

"Un héroe he sido, y desde mi hogar, les regale a todos mis semillas de salvación…"

Bell no pudo evitar cerrar profundamente sus ojos por lo que estaba a punto de decir.

"¡De tristeza mi mundo se llenó, tiñendo mi cielo azul en una gran oscuridad…!"

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del albino cuando las imágenes de Welf y Aisha aparecieron en su mente.

"Pero la verdadera amistad siempre perduró, y en el futuro también brillará…"

"Mis deseos y sueños ya no tengo, ¡desaparecieron por completo…!"

Bell no pudo evitar apretar fuertemente su puño.

"¡Pero conmigo tengo aun el poder…!"

Bell no pudo evitar abrir sus ojos con gran emoción, recordando aquella mirada que marcó un antes y un después en su vida.

"¡De pronto, unos ojos plateados…!"

Estás palabras asombraron levemente a Artemisa.

"¡Me reflejó, toda esa esperanza que estaba oculta en mi corazón…!"

Bell se llevó una mano en su pecho, recordando los primeros momentos con Artemisa y las Cazadoras.

"Ahora, vuelvo a tener fe y esperanza de que el mañana va a mejorar…"

Bell tomó fuertemente el micrófono con sus dos manos.

"¡Este desierto se transformó en un paraíso gracias a todos ustedes! ¡Ahora…!"

Bell no pudo evitar dar un pequeño suspiro al recordar a todos sus amigos.

"Vuelvo a creer que la familia, la magia y el amor…"

Bell apretó fuertemente el micrófono, para luego gritar a todo pulmón.

"¡Son verdad!"

La secuencia de la base comenzó a terminar justo a tiempo, haciendo que la canción se despidiera con una pequeña sonrisa de Bell a toda la audiencia.

Cuando la canción terminó, una gran cantidad de vítores y aplausos comenzaron a escucharse por doquier, haciendo que Bell se frotara el cabello con algo de nervios.

Muchos de sus amigos lo miraban con orgullo, mientras que otros estaban completamente fascinados por la letra.

Pero…

Había una persona en concreto…

"¡Wow! ¡Para alguien tan torpe como él, eso estuvo genial!" Exclamó Phoebe con una sonrisa mientras aplaudía. "¿No lo cree así, My Lady?" Preguntó la rastreadora, girando su rostro para mirar a Artemisa.

En esos momentos, la expresión de Phoebe cambió radicalmente…

La Diosa se encontraba con un enorme rubor en su rostro, sus hermosos ojos plateados bien abiertos mientras tapaba la boca con su mano para intentar disimular todas las emociones que estaba atravesando su cuerpo, algo que claramente no sirvió para nada.

Bell rápidamente bajó por las escaleras, ya que no quería llamar más la atención.

La música comenzó a sonar cuando Dionisio alzó el pulgar, haciendo que una gran cantidad de gente se pusiera a bailar. Ese cambio de ritmo fue lo suficientemente grande como para que Artemisa se diera cuenta que se había dejado llevar mucho por sus sentimientos, por lo que rápidamente cambió su expresión.

Al ver que Luke se encontraba solo, Bell se acercó a él y se sentó en su mesa.

"Pensé que no te molestaba ser el centro de atención." Comentó Luke, viendo como toda la gente estaba divirtiéndose. "En realidad, pensé que nada te molestaba." Concluyó, fijando su mirada en Bell.

"No me molesta ser el centro de atención, siempre y cuando no sea por este tipo de cosas." Declaró el albino, agarrando uno de los tantos vasos que había en la mesa, sirviéndose algo de cerveza.

El albino le dio un pequeño trago a su bebida, viendo la gran multitud que se había generado en un momento.

"¿Te sientes un poco solitario?" La pregunta del albino hizo que Luke se inclinara de hombros con una sonrisa.

"¿Qué puedo decir? Lo tengo bien merecido por todo lo que hice."

"¡Oigan, chicos!" Grover llegó de la nada, sentándose en la mesa sin pedir permiso, haciendo que Luke alzara una ceja. "¡Esta mierda se prendió al instante!"

"Ni que lo digas." Comentó Percy, sentándose junto con Tyson, haciendo que Luke alzara ambas cejas. "Incluso mi padre está bailando." Comentó, viendo como Poseidón estaba bailando junto con su esposa.

"¿Qué hacen aquí, sentados como perdedores?" Cuestionó Clarisse, tomando asiento. "¿Solo vinieron a charlar?" Agregó otra pregunta, sirviéndose una gran cantidad de cerveza.

"Oigan…" Comentó Luke con los ojos en blanco, aunque nadie pareció escucharlo.

"¡Chicos, los estuvimos buscando por todos lados!" Exclamó Annabeth, tomando asiento junto con Nico.

Finalmente, Luke tuvo un pequeño tic en su ceja y explotó:

"¡¿Quién mierda les dio permiso para sentarse aquí?!" Exclamó el rubio, haciendo que todos se miraran por unos pocos segundos.

"¿Esta alquilada o algo así?" Preguntó Grover, entregándole una sonrisa burlona.

"Por supuesto que no…" Comentó Luke, dando un pequeño suspiro.

"¿Entonces?" Preguntó Clarisse, dejando el vaso completamente vacío en la mesa.

"… Hagan lo que quieran." Luke no pudo evitar sonreír al ver la actitud tan despreocupada y amigable de los demás, como si nunca hubiera pasado nada gordo entre ellos.

"Bell…" El albino se sobresaltó por la voz reconocida, además de que una mano se apoyaba un tanto vacilante sobre su hombro.

"¿Quieres bailar?"

Bell miró hacia atrás, para ver que efectivamente se trataba de Artemisa.

"Bueno, no puedo negar la solicitud de una Diosa." Contestó el albino con ligero tono travieso. "Nos vemos luego."

"Diviértete." Fue la respuesta de todos.

Luke no pudo evitar entrecerrar sus ojos al ver como Artemisa tenía un anillo dorado en una de sus manos. El rubio ensanchó sus ojos cuando recordó la charla que había tenido con Bell en el Tártaro sobre el anillo de bodas mágico.

"Esto terminó siendo más interesante de lo que me imaginaba…" Pensó en voz alta, haciendo que todos lo miraran.

"¿De qué hablas?" Preguntó Nico, alzando una ceja.

"No es nada, solo cosas mías." Fue la simple respuesta de Luke, apoyándose en la mesa.

"¿Qué les parece si vamos a bailar?" Preguntó Clarisse, recibiendo un rápido asentimiento por parte de todos.

Las horas fueron pasando, y con eso, la profunda noche ha llegado…

Todos habían charlado, comido, reído y balido juntos…

Todos, menos dos personas que se mantuvieron un poco alejados en casi toda la noche, bailando ellos dos solos…

Esas dos personas ahora se encontraban a orillas del lago, acostados en la arena mientras miraban la linda noche.

"¿Te divertirse?" Preguntó Bell, mientras miraba las estrellas.

"Si…" Fue la simple respuesta de Artemisa, mientras imitaba la acción de Bell.

El albino no pudo evitar dar un gran bostezo. "Creo que ya debería ir a dormir…" Pensó en voz alta mientras se frotaba sus ojos cansados.

"Yo también debería irme…" Comentó Artemisa, sentándose en la arena. "Hay muchas cosas en las que debo pensar…" Explicó, haciendo que Bell se sentara y la mirara fijamente.

"¿Necesitas ayuda?" Preguntó, alzando una ceja.

Artemisa dudo por un segundo, pero finalmente negó con la cabeza.

La Diosa tomó la mano de Bell, sonrojándose inconscientemente.

Para suerte de ella, el albino no pudo ver su sonrojo, ya que la fuerte luz plateada lo impidió.

En un solo parpadeo ya se encontraban en el Monte Otrís, en donde Artemisa vaciló por un segundo en alejar su mano, pero finalmente lo hizo.

"Gracias por traerme, nos vemos mañana." Agradeció el albino, acercándose a sus aposentos. "Antes de despedirnos…" Bell se detuvo, haciendo que la Diosa le mirara fijamente.

Bell la miró de reojo, viendo el anillo de bodas.

"Quítate el anillo."

El comentario de Bell hizo que Artemisa sintiera un pequeño pinchazo en su corazón.

"¿Por-por qué?" Preguntó, mientras tomaba el anillo con su otra mano y lo miraba con mucha tristeza.

Al ver su expresión, Bell se sintió culpable debido a alguna extraña razón…

"Es difícil de explicar…" Fue la respuesta del albino, mientras miraba a sus aposentos. "Solo hazme caso." Finalizó, iniciando la marcha hacia su habitación.

Artemisa tan solo lo miró por un corto segundo, para luego cerrar sus ojos con mucho dolor y tristeza, desapareciendo en un destello plateado.

Unos minutos más tarde…

La Diosa se encontraba controlando a la Luna en su lujoso carruaje, mientras su mirada estaba cubierta de angustia.

Ella miró el anillo que aún tenía en su dedo, haciendo que numerosos recuerdos con Bell agitaran su cabeza.

Eran todos recuerdos tan bellos…

Pero, entonces…

"¿Por qué duelen tanto?" Se preguntó la Diosa, cerrando fuertemente sus ojos.

"Ya…"

Artemisa no pudo evitar comenzar a sollozar, mientras las lágrimas caían de su rostro.

"Ya…"

Todo fue por recordar aquel beso que le dio Bell…

"Ya…"

Fue aquel momento, en donde se dio cuenta que lo amaba con locura…

"Ya he estado soportando todo esto por tanto tiempo…" Se dijo a si misma mientras se tomaba fuertemente el pecho, haciendo que su llanto aumentara.

"¡Siempre, siempre he intentado olvidar este sentimiento!" Gritó, en un intento bastante pobre de desahogarse. "¡Pero no puedo!"

Ella se tomó el pecho con ambas manos.

"¡No puedo dejar de amarte!"

"¡Esas dos veces que me dejaste!" Gritó, haciendo que su llanto aumentara aún más.

"¡Todos esos días que estuviste lejos de mí, yo sentía como me rompía!" Ella gritó a los aires con toda su fuerza, para luego bajar su mirada, haciendo que un gran silencio se cerniera. Lo único que se escuchaba, eran las lágrimas cuando caían.

"En esos momentos, me sentí tan sola…" Susurró por la bajo, intentando relajar su fuerte sollozo.

"Y cuando volviste esas dos veces, yo me sentí llena de felicidad. Pero…"

Artemisa apretó fuertemente sus puños.

"Esa felicidad no duraba nada…" Ella dio un gran suspiro cubierto de dolor tras sus palabras.

"Después de todo, me volvía a sentir sola. Porque…" Artemisa comenzó a limpiarse sus lágrimas, al mismo tiempo que el llanto comenzaba a detenerse. "Porque fingir que solo quería ser tu mejor amiga me destruía por completo…"

"Pero esa no es tu culpa…"

Fueron las últimas palabras de Artemisa por unos pocos segundos, mientras su llanto se relajaba más y más.

El calor de su pecho dejó de ser una punzada mortal por alguna extraña razón, y por ese motivo alejó las manos de su pecho.

"Ya me cansé..." Comentó Artemisa, secándose las últimas lagrimas que salían de su rostro.

"Después de todo este tiempo, me he dado cuenta que es imposible luchar contra lo que siento..."

Artemisa dio un pequeño suspiro algo tembloroso.

"Solo…"

La Diosa apretó fuertemente sus puños.

"Solo quiero estar con él…"

"Quiero…"

"Quiero besarlo…"

Artemisa alzó su mirada, denotando un gran vigor y seguridad en sus ojos plateados.

"¡Ya no lo aguanto más!"

Después de decir aquellas palabras, su cabello se tornó en un brillante color plateado.

En otro lugar…

"Hm…" Bell no pudo evitar dar vueltas en la cama. "¿Habré sido demasiado insensible?" Se preguntó a si mismo con mucha preocupación. "Después de todo, ese anillo era un regalo…"

El albino no pudo evitar ensanchar sus ojos cuando vio como un gran brillo plateado cubría todo su aposento.

"¡¿Artemisa?!" Se preguntó, levantándose rápidamente y poniéndose un pantalón.

Él se dirigió a la puerta lo más rápido posible.

"¿Si está usando su poder divino…?" Pensó, mientras abría la puerta. "¿Habrá pasado algo?"

Lo primero que distinguió Bell al abrir la puerta, fueron los ojos algo enrojecidos de Artemisa.

Ella se mantenía completamente estoica, pero sus ojos indicaban con gran claridad que había llorado.

"¡Artemisa, ¿Qué sucedió?!" Preguntó el albino con gran preocupación, para luego mirar hacia atrás de ella. "¡¿Pasó algo con las Cazadoras?!" Reformuló su pregunta, buscando a las mencionadas con su mirada.

Pero, cuando se dio cuenta que ella no contestaba ninguna de sus preguntas, el albino la miró con gran preocupación. Además, el hecho de que ni siquiera se haya movido un centímetro era demasiado raro.

"… ¿Arty?"

Los ojos de Bell se ensancharon en completo shock cuando ella se acercó y le propinó un gran beso en los labios, cerrando la puerta en el proceso.

Sus labios se unieron torpemente, mientras Artemisa hacia todo lo posible para no separarse de Bell.

El albino estaba tan confundido por lo que estaba ocurriendo, que no se separó de Artemisa hasta pocos segundos después.

"¿Qué diablos fue eso?" Le cuestionó, mientras limpiaba sus labios.

Había sido un beso cubierto de inexperiencia y desesperación. Pero lo más probable es que ningún beso pudiera haber transmitido tanto deseo y pasión como ese.

Eso fue lo que le asustó a Bell…

"Después de todas las cosas que has hecho por mi…" Bell no pudo evitar sorprenderse al ver el rostro ensombrecido de la Diosa. "Después de lo feliz y amada que me has hecho sentir…" Artemisa comenzó a acercarse a paso apresurado, mientras Bell iba hacia atrás, solo para chocarse contra una pared.

"¡¿Cómo esperabas que no me enamorara perdidamente de ti?!"

Gritó la Diosa, fundiendo sus labios con los de Bell nuevamente.

Esta vez fue un beso incluso más cubierto de pasión que el anterior.

Al no tener escapatoria, Bell solo pudo aceptar el beso tan desesperado y pasional de la Diosa, que parecía estar durando milenios.

Si ella continuaba demostrando todo su amor y cariño de tal manera, pronto iba a ser incapaz de resistirse.

Pero tenía que ser fuerte por ella…

Cuando Artemisa abandonó los labios de Bell por falta de aire, la Diosa y el albino se miraron fijamente, haciendo todo lo posible para retomar el aliento.

"No puedes…" Declaró Bell completamente agitado. "Si Zeus se entera que rompiste tus Juramentos…" El albino intentó hacerla entrar en razón. "Si algo te sucede, no sería capaz de perdonarme…"

"Él no tiene que enterarse…" Respondió entre jadeos, para luego presionar su frente con la suya mucho cariño.

"Además, todas las pequeñas cosas que he creado, todo el pequeño mundo que me rodea…" Bell no pudo evitar sonrojarse cuando Artemisa lo abrazó con una enorme necesidad.

"Eso es todo lo que dejaré ir, porque tú eres mucho más grande que todo lo que he hecho…" Declaró la Diosa, haciendo que sus labios se rozaran.

"¡Así que te entrego mi alma!" Exclamó mientras una hermosa sonrisa se disparaba en su rostro. "¡Te entrego toda mi esperanza!" Unas pequeñas lágrimas salieron de sus ojos cuando los cerró.

"Voy a arriesgarme a romper todos mis Juramentos, porque ya estoy lista para ti ahora…"

Artemisa volvió a sellar sus labios con los de Bell, haciendo que el albino cerrara sus ojos, intentando aguantar la sensación abrumadora que estaba haciéndose más y más fuerte en todo su cuerpo.

Él también la deseaba demasiado…

Pero…

Aun le quedaba una última carta…

Finalmente, Artemisa volvió a separarse por la falta de aire.

Bell sintió como su corazón latió con gran fuerza al ver el leve rubor que acompañaba el rostro de Artemisa, junto con su jadeo y sus ojos tan serios que eran completamente adorables por las pequeñas lagrimas que desbordaban de ellos.

Esas pequeñas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, sumado a un temblor de su cuerpo. Algo que Bell captó, y no pudo evitar preocuparse por ella.

Justo cuando iba a decir algo, ella se presionó aún más fuerte contra él, mientras esbozaba una sonrisa entre lágrimas.

Maldición, era la sonrisa más hermosa y sincera que Bell había visto en su vida…

"Ya no quiero sentirme incompleta." Declaró la Diosa con una voz un tanto quebrada, haciendo todo lo posible para mantener esa preciosa sonrisa. "¿Recuerdas lo que me dijiste antes de que te enviaran al Tártaro?" Ella volvió a chocar su frente con la de Bell, cerrando sus ojos profundamente. "Dijiste que siempre estarías a mi lado…"

Los labios de Artemisa comenzaron a acercarse nuevamente, aunque en esta ocasión Bell hizo su rostro lo más atrás posible, chocando su cabeza contra la pared.

En ese pequeño momento, es donde pudo arrojar su última carta.

"¿Y qué pensará nuestro Padre?"

Esa pregunta hizo que los labios de Artemisa se detuvieran justo a tiempo.

"Creo que entró en razón…" Pensó el albino, dando un gran suspiro interno "Menos mal, porque ya estaba en mi limite..."

"¿Puedes alejarte…?" Preguntó Bell, para luego ensanchar sus ojos en shock cuando una daga se clavó al costado de su rostro.

"Nuestro Padre no puede decirnos nada." Contestó la Diosa con un rostro completamente serio. "ÉL está casado con su propia hermana." Concluyó, para luego besar nuevamente al albino.

En esta ocasión, Bell ya no pudo resistirlo más…

Después de todo, ¿era un pecado tan grande amar?

El beso se intensificó mucho más, haciendo que el rubor en el rostro de Artemisa se intensificará por completo al sentir como Bell por fin correspondía el beso y la rodeaba por la cintura.

Artemisa rodeó sus manos por el cuello de Bell, sin separarse ni un centímetro.

"Siento como si mi mente estuviera flotando fuera de mi cuerpo…" Pensó Artemisa, intensificando aún más el beso, logrando que el cuerpo de ambos se juntara aún más. "¿El amor podía llegar a ser así de placentero?"

Finalmente, ambos se separaron otra vez por falta de aire.

Los dos se miraron fijamente por unos pocos segundos, hasta que Artemisa movió sus brazos a la espalda del albino y lo abrazo fuertemente.

Artemisa cerró profundamente sus ojos y apoyó su rostro en el pecho de Bell, esbozando una sonrisa tan bella que era imposible de describir.

"Quiero que estemos juntos para siempre…"

FINAL DE LA PRIMERA PARTE!

Bueno, finalmente sucedió. Eso es lo único que tengo para decir jajajaja.

Ahora, me gustaría enviar un gran abrazo a Surfysun95, ya que hoy es su cumpleaños. Te mando un enorme saludo, y espero que hayas pasado bien tu día!

Nos vemos en la siguiente parte!