¡Aquí vamos con la última parte de este capítulo doble!

Bueno, después de estar tanto tiempo insinuando esto, ya ha llegado la hora de comenzar a culminar esta historia.

Espero que disfruten este último arco, y que se queden conforme con la conclusión de esta historia.

Antes de continuar, quiero pedir disculpas. En el capítulo anterior me confundí a Hazel con Frank por una extraña razón que aun desconozco. Es un error un tanto grosero, ya que las Cazadoras se vieron incomodas hablando con una mujer, algo completamente ilógico (siempre y cuando no hablemos de Afrodita, por supuesto). El que tuvo esa conversación con las Cazadoras fue Frank y no Hazel, solo quería aclarar eso.

Sin nada más que agregar, es hora de comenzar.

¡Disfruta!

"Todo era tan normal..."

"Entonces, ¿cómo...?"

"¿Cómo es que todo esto sucedido tan de repente?"

Bell no podía evitar hacerse esa pregunta mientras sus ojos aun reflejaban la sorpresa que era insuperable para su cuerpo.

Todo eso se simplificaba al simple hecho de lo que se encontraba sobre su pecho, durmiendo cómodamente en la cama junto a él.

Allí estaba Artemisa, quien parecía haberse quedado dormida. Ella parecía estar más tranquila y realizada que nunca, a pesar de que recientemente había cometido un crimen.

Los numerosos recuerdos de Artemisa besándolo una y otra vez hasta que ambos terminaron en la cama logró que Bell diera un gran suspiro cubierto de indignación. Y no, no era por lo que había hecho la Diosa, lo que realmente le molestaba, era el hecho de que no pudo resistirse a ella.

"Puedo ocultarlo, pero eso no significa que no te deseé tanto como tú me deseas..." Pensó el albino, bajando su mirada para ver como Artemisa dormía en su pecho.

Para suerte de ambos, los dos eran demasiado inocentes y apasionados como para haber llegado hacia el siguiente nivel, y el hecho de que ambos aún llevaran toda la ropa puesta era una clara prueba de ello.

Aunque quizás eso no fue tanto por la mano de Bell, ya que Artemisa fue la que había tomado la iniciativa toda la noche, y solo se había dignado a abrazarlo y besarlo durante horas.

"No puedo decir que eso no fue tierno..." Pensó el albino con una pequeña sonrisa tras recordar lo anterior mencionado.

Los ojos de Bell se fijaron en el rostro de la Diosa, quien tenía una expresión completamente resplandeciente. Era una bella durmiente, y probablemente eso era todo culpa de Bell.

"¿Conque los Dioses solo pueden dormir cuando se sienten muy cansados o muy calmados, ¿eh?" Se dijo el albino a sí mismo, sin poder evitar darle una pequeña acaricia en su mejilla. "Si estas tan calmada, ¿eso significa que la has pasado muy mal?" Preguntó en voz alta, pasando su mano por el largo y hermoso cabello plateado de la Diosa.

Las palabras y los actos de Bell hicieron que Artemisa despertara lentamente.

La Diosa abrió sus ojos con cierta somnolencia, sin poder evitar ruborizarse cuando vio que ella se había dormido en el pecho del hombre que amaba.

"Lo siento, ¿te desperté?" Preguntó el albino, tras ver como los ojos plateados de Artemisa lo miraban fijamente.

Bell estaba a punto de quitar su mano, pero Artemisa la tomó con sus dos manos y la llevó a su pecho con mucho cariño, haciendo que el albino se sonrojara levemente.

"Buenos días..." Comentó la Diosa, mientras se acurrucaba más y más en el cuerpo del albino.

INICIO DEL ÚLTIMO ARCO- CAPÍTULO 40: NUESTRO PEQUEÑO SECRETO...

Los dos se encontraban en la pequeña cocina, comiendo con total tranquilidad. La Diosa se había encargado de preparar un desayuno bastante simple, pero muy delicioso.

"¿Es necesario que te sientes sobre mi regazo?" Preguntó Bell, sin poder evitar sentirse ligeramente incomodo ante la cercanía excesiva de Artemisa.

"No tenemos mucho tiempo, así que quería aprovecharlo lo máximo posible." Fue la simple respuesta de la Diosa, mientras comía con tranquilidad.

"¿Ha que te refieres?" La pregunta de Bell hizo que Artemisa le mirara de reojo, sin poder evitar esbozar una pequeña sonrisa bastante subjetiva.

"Lo que quiero decir, es que voy a aprovechar al máximo el tiempo que tendremos a solas." Concluiría, lamiendo una pequeña miga que se había quedado al costado de sus labios, logrando que Bell mirara hacia otro lado con un pequeño rubor ante la clara insinuación de la Diosa.

"Solo espero que enfríes rápido tu cabeza." El comentario del albino hizo que Artemisa frunciera ligeramente el ceño. "Yo también te amo, y lo hago demasiado." Bell posicionó una mano sobre el cabello de la Diosa, haciendo que la misma cerrara sus ojos profundamente. "Por eso es que nunca dije ni intenté algo." Bell no pudo evitar sonreír mientras acariciaba el cabello de Artemisa. "Porque al final, nada de lo que yo sienta importa, si es que algo malo te sucede por culpa de ello." Artemisa lo miró fijamente tras sus palabras, sin poder evitar suavizar su mirada. "Solo quiero que seas la mujer más feliz del mundo, y creo que este camino solo te traerá dolor."

Artemisa simplemente suspiró y lo abrazó fuertemente, logrando que el albino se quedara un tanto impresionado ante la acción tan repentina.

"Ha veces, eres un idiota..." El comentario de la Diosa hizo que Bell pusiera los ojos en blanco. "Sé lo que piensas, y tu camino es el incorrecto." Tras escuchar esas palabras, el albino no pudo evitar mirarla con gran intriga. "Además, no pasará nada si es que nadie se entera." Concluyó, chocando su frente con la de Bell. "¿Será nuestro pequeño secreto?" Preguntó, haciendo que Bell se burlara.

"Por supuesto que sí." Contestó el albino con una sonrisa burlona en su rostro. "No quiero que Zeus te convierta en un maldito animal..."

Bell no pudo evitar ensanchar sus ojos cuando Artemisa le dio un rápido beso en sus labios.

"Seguiremos hablando de esto más tarde." Declaró la Diosa, dando un pequeño salto, para luego optar por su forma divina. "Ahora me iré de aquí, antes de que aparezcan los Titanes." Artemisa se despidió con un rápido saludo, haciendo que Bell quedara con su mano extendida y con las palabras en su boca.

"¡Espera un segundo...!" Bell no pudo evitar dar un gran suspiro de fastidio. "¿Qué querías decir cuando dijiste que mi camino era incorrecto?" Se preguntó en voz alta, recostándose en la silla de madera con sumo cansancio.

Después de unos segundos de estar meditando, Bell no pudo evitar alzar su mirada al techo con una mirada decaída en su rostro.

"Yo solo me preocupo por ti..." Pensó, sin poder evitar frotarse la mejilla con gran frustración cuando la imagen de Aiz cruzó por su mente.

O más bien, todo lo que él había hecho para conquistarla...

Miles de cosas había hecho para llegar a su corazón...

Y nunca funcionó...

Pero...

¿Con Artemisa?

"¿Por qué cuando no quise enamorarla, simplemente sucedió?" Se preguntó mientras visualizaba una imagen de Artemisa, cruzándose de brazos.

Finalmente, el albino se resignó a su destino y dio un gran suspiro.

"Supongo que los momentos más problemáticos de mi vida siempre estarán vinculados con este sentimiento..."

Unos minutos más tarde, en el Olimpo...

Zeus miró de pies a cabeza a todos sus invitados honoríficos. El Dios no pudo evitar apoyar la mano en su mentón al ver la condición en la que se encontraban casi todos los mortales.

"Quizás debería haber postergado la reunión hasta más tarde..." Pensó, viendo como todos luchaban para mantenerse despiertos, ah excepción de Bell, que se encontraba más fresco que una lechuga.

El albino no pudo evitar observar a Artemisa por un corto segundo, sorprendiéndose ligeramente al ver que se había quitado el anillo que le había regalado.

"¿Al final se lo quitó?" No pudo evitar preguntárselo internamente, pensando que algo raro estaba sucediendo.

Zeus se aclaró la garganta, haciendo que los pensamientos de Bell sean interrumpidos, y que todos en la sala le prestaran especial atención.

"Gracias por venir. Sé que el horario es algo duro, ya que todos vienen de una guerra y apenas pudieron dormir unas pocas horas a causa de la fiesta. Por esa razón, seré claro y conciso." Declaró el Dios, viendo a todos los semidioses. "Pidan sus deseos, uno por persona."

Percy se miró entre Annabeth, Grover, Nico, Clarisse y todos los demás Semidioses relevantes, asintiendo al unísono. Esto llamó la atención de los Dioses, ya que ese gesto indicaba que habían estado hablando de algo anteriormente.

"Señorita Zoe, no pudimos hablar con usted antes por obvios motivos..." Comentó Percy, ganándose la atención de la Lugarteniente, quien era la única Cazadora convocada. "Pero me gustaría hablarte de un plan." Concluyó el hijo de Poseidón, haciendo un par de señas con su mano para que se acercara.

Zoe miró a Artemisa, la cual asintió, indicando que no había problema en acercarse a él. La Lugarteniente simplemente le sonrió a su Líder y se acercó a Percy, quien le comenzó a susurrar un par de cosas al oído.

Zoe asintió repetidas veces, hasta que ensanchó sus ojos con ligera sorpresa.

"¿Es eso?" Preguntó la Lugarteniente, recibiendo un pequeño asentimiento por parte de Percy.

Zoe miró hacia las espaldas del semidios, viendo que todos los demás parecían estar rogándole con la mirada.

Finalmente, la Lugarteniente sonrió y asintió.

"Puedes hacer lo que quieras." Declaró, recibiendo una gran sonrisa por parte de todos.

"Muchas gracias." Percy le agradeció con gran sinceridad, para luego mirar al Rey de los Dioses. "Zeus, nosotros queremos pedir un solo deseo. Es algo complicado, y por esa razón todos nos pusimos de acuerdo para pedirte lo mismo."

"¿Es decir que este deseo tuyo vale por todos los semidioses y las Cazadoras?" Cuestionó el Dios con una ceja alzada, recibiendo un asentimiento como respuesta. "Muy bien, lo escucharé." Concluyó, enseriando su mirada.

Percy y todos los demás se arrodillaron, a excepción del albino, que se mantuvo al margen de la situación.

"Queremos que nos dejes ver a nuestros padres divinos una vez por semana." Declaró Percy por parte de todos, haciendo que más de un Dios se sorprendiera ante semejante petición.

Poseidón, Hera y Hades fijaron su mirada en Zeus con gran expectación ante su respuesta. Incluso Afrodita dejó de maquillarse para observar completamente atónita al joven.

"Eso es un poco imposible..." Pensó Apollo, viendo con gran curiosidad a su padre, esperando la respuesta.

"Hmmm..." Zeus tarareó, frotándose su corta barba. Más de uno se sorprendió, ya que pensaron que el Dios iba a responder con una negativa rotunda.

A diferencia de eso, se puso a meditar la petición con mucha calma...

"¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo, ¿verdad?" Cuestionó Zeus, dejando su tarareó a un lado para fijar su mirada en Percy, que tan solo bajó aún más su cabeza.

"¡Se lo pedimos por favor!" Exclamó Clarisse, saltando al apoyo para Percy. "¡Hay muchos niños en el campamento que ni siquiera tuvieron la oportunidad de conocer a ninguno de sus padres!"

Zeus fijó su mirada en Clarisse, haciendo que la mujer apretara ligeramente los dientes ante la mirada imponente del Dios.

El Rey de los Dioses observó a todos por unos pocos segundos, para luego dar un pequeño suspiro.

"No puedo aceptar esta petición..." Tras escuchar esta respuesta, Bell suspiró, mientras que los semidioses cerraron sus ojos con fuerza.

Algunos Dioses simplemente se recostaron en sus tronos, claramente decepcionados ante la respuesta del Dios, mientras que algunos simplemente miraron hacia otro lado, incomodos con la situación.

"Quiero decir, ustedes quieren que cumpla una petición tan sencilla cuando todos pusieron su deseo en esta." Al escuchar esta respuesta, todos observaron al Dios completamente impresionados.

Zeus alzó uno de sus dedos, haciendo que un pequeño rayo apareciera en este.

"Como mínimo, debo permitirles que puedan ver a sus padres divinos en los fines de semana." Sentenció, haciendo que un pequeño rayo se escuchara en el cielo, al mismo tiempo que ese pequeño rayo salía disparado.

"¡Genial!" Susurró Grover por lo bajo, en donde todos sonrieron, asegurándose de mantenerse arrodillados ante el Dios.

"Muchas gracias, Zeus." Declaró Percy, inclinando más su cabeza.

"No es ningún problema, solo tengo una condición." Comentó el Dios, mirando a los Dioses y mortales. "Solo tienen permitido reunirse en los campamentos. No podrán salir de allí, a menos que una situación complicada lo requiera."

"¡Entendido!" Los Dioses asintieron con una sonrisa.

"No nos parece un problema." Contestó Percy por todos, entregándole una sonrisa al Dios.

"Ahora, pueden marcharse." Ordenó Zeus, agitando su mano con desdén. "Prefiero hablar con Bell en la presencia única de los Dioses." Concluyó, recibiendo un rápido asentimiento por parte de todos. Aunque antes de marcharse, todos saludaron a Bell y le desearon suerte con una gran sonrisa, mientras que el albino los felicitaba por la valentía presentada hace un momento.

"Bien, ahora que estamos solos..." Comentó Zeus, viendo a los Dioses Olímpicos, para finalmente observar a su hijo. "Quería decirte que tú eres el que más ha aportado, y todos estaremos eternamente agradecidos por todo lo que lograste." Declaró el Dios con completa sinceridad. "Por esa razón, te concederé tres deseos." Comentó, alzando tres de sus dedos, para luego ocultar uno. "No obstante, lo que hice por Luke ya debería considerarse como el primero. Por ende, solo te restan dos más."

"Bueno, supongo que tiene sentido..." Pensó Bell, recordando que Luke hace poco tiempo era uno de los criminales más grandes del Olimpo. "Entonces, mi siguiente deseo sería que, a partir de ahora, todos los Dioses puedan intervenir en conflictos del mundo a voluntad cuando realmente sea necesario."

Zeus se frotó el mentón, estudiando la petición deliberadamente. "Supongo que cuando te refieres a una necesidad, apuntas a una posible catástrofe para los mortales, ¿o me equivoco?" Preguntó el Dios, recibiendo un rápido asentimiento por parte del albino. "Hmmm..." Zeus tarareó, meditando su respuesta. "Teniendo en cuenta que la condición es algo que no sucederá regularmente, la acepto." Concluyó, haciendo un chasquido con sus dedos, logrando que un trueno se escuchara en el cielo. "Ahora, pide tu tercer deseo."

"Para ser sincero, nunca pensé que tuviera otro más..." Pensó Bell, tomándose el mentón. "Creo que este era el último cambio vital para que el Olimpo se ubicara correctamente, pero evidentemente aún hay muchas pequeñas cosas que se deben cambiar..." Concluyó, para luego fijar su mirada en Afrodita, que parecía no estar interesada en nada de lo que estaban hablando. "Supongo que empezaré por ahí..." Bell Finalizó sus pensamientos, fijando su mirada en Zeus.

"¿Y bien?" Preguntó el Dios, cruzado de brazos. "¿Ya te decidiste?"

"Si..." Una pequeña sonrisa pícara apareció en el rostro de Bell, haciendo que los Dioses que lo conocían lo miraran con gran atención.

Después de todo, solo hacia esa mirada cuando estaba a punto de arrojar una bomba...

"Quiero que rompas el Matrimonio entre Hefesto y Afrodita."

Los ojos de todos los Dioses casi se salen de sus cuencas tras escuchar semejante petición.

El ruido del espejo rompiéndose que sostenía Afrodita se escuchó por todo el salón. El albino tan solo la miró, viendo que la Diosa estaba completamente atónita ante lo que había sucedido.

Afrodita fijó su mirada en Bell, y unas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.

"No es justo que la Diosa del Amor esté obligada a estar casada con un hombre que no ama." Explicó Bell, paro luego mirar a Zeus. "De hecho, nadie debería pasar por eso."

Finalmente, Zeus salió de su estupor y comenzó a reírse como un loco, para después mirar a Hefesto.

"¿Estás de acuerdo con esto?" Preguntó el Dios, haciendo que Hefesto se inclinara de hombros.

"El muchacho tiene razón." Fue la simple respuesta de Hefesto. "Ella no se merece estar con alguien que no ama." Aclaró el Dios, para luego observar a Afrodita. "Además, la Diosa del Amor se ha corrompido a causa del desamor. Es momento de que busque el amor verdadero." Concluyó, haciendo que Afrodita le entregara una enorme sonrisa llena de agradecimiento.

"Si buscas verdadero amor, supongo que nuestro amorío tampoco podrá continuar." Declaró Ares sin darle mucha importancia. "Después de todo, me encanta estar con muchas mujeres al mismo tiempo." Concluyó, cruzándose de brazos.

Afrodita simplemente asintió con gran alegría, indicando que nunca buscó nada real con Ares.

"Antes de aceptar, debo preguntarte a ti..." Comentó Zeus, fijando su mirada en Hera, quien simplemente dio un pequeño suspiro.

"Soy la Diosa del Matrimonio, y esto evidentemente me molesta..." Contestó la Reina del Olimpo, para después sonreír. "Pero si tú estás dispuesto a ser de mente tan abierta, como tu esposa, no puedo quedarme atrás."

"En ese caso..." Zeus asintió con satisfacción, chasqueando sus dedos. "¡Está hecho!" Exclamó, logrando que otro trueno se escuchara a lo lejos.

"¡No-no puedo creerlo!" Afrodita cayó de su trono y se puso de rodillas, mientras las lágrimas llenas de felicidad no paraban de brotar en su rostro.

"Se disuelve la reunión." Comentó el Dios. "Bell, si quieres hablar con algún Dios, recuerda que siempre eres bienvenido en el Olimpo." Finalizó Zeus, para luego desaparecer mediante un rayo, al igual que casi todos los Dioses.

Bell no pudo evitar sorprenderse cuando Artemisa no se quedó para esperarlo.

"¿No le habrá gustado?" Se preguntó internamente, sin poder evitar sentirse extrañado ante la actitud de la Diosa.

Bell interrumpió sus pensamientos de inmediato, cuando Afrodita lo abrazó fuertemente, ahuecando su rostro en el cuello del albino.

"¡Gracias, gracias, gracias!" La Diosa no paraba de gritar. El albino no pudo evitar corresponderle el abrazo con mucha empatía al sentir como su prenda se humedecía por las lágrimas de la mujer.

"No te preocupes, estoy seguro que ahora todo irá mucho mejor." Agregó, dándole unas palmaditas en la cabeza, haciendo que la Diosa lo abrazara aún más fuerte. "Te deseo mucha suerte encontrando a aquel hombre con el que siempre has soñado." Finalizó, separándose de la Diosa, quien no parecía estar muy contenta, ya que quería ser aún más mimada por el albino.

"Ahora tengo que hacer algo importante." Explicó, alzando su mano como gesto de despedida. "Ya sabes, ser el Rey de los Titanes es algo ajetreado..."

Afrodita tan solo le respondió el saludo, pero su mirada dejaba bien en claro que no lo dejaría escapar tan fácil la próxima vez.

Después de todo, en estos momentos, la Diosa lo veía como ese hombre con el que siempre había soñado...

En otro lugar del Olimpo...

"Esto es complicado..." Comentó Asteria, mientras se encontraba haciendo una autopsia con un mortal hecho de barro.

"Ni me lo digas, los movimientos deben ser milimétricos." Declaró Rea, mordiéndose el labio inferior.

"Esto tomará un largo tiempo..." Pensó Apollo, mientras se acomodaba en una silla cercana y observaba como las dos mujeres titanes hacían todo lo posible para pasar la prueba.

El Dios giró su mirada tras escuchar el movimiento de la puerta de sus aposentos, a diferencia de Asteria y Rea que estaban muy compenetradas en su trabajo como para escucharlo.

"Lamento las molestias." Comentó Bell, ingresando a la pequeña clínica que controlaba Apollo dentro de su propio dormitorio.

"¡Oh, Bell!" Exclamó el Dios, saltando de su silla y rodeando su cuello con uno de sus brazos. "¡Nunca eres una molestia, hombre!"

"¡Uh, Señor Bell!" Exclamaron las dos mujeres al unisonó, haciendo que un chorro de barro saliera despedido del cuerpo cuando le propinaron un profundo corte.

"¡Oigan!" La mirada de Apollo se oscureció, haciendo que ambas mujeres tuvieran un pequeño escalofrió. "¡Nunca deben distraerse! ¡Ya le causaron una hemorragia digestiva crónica!" Tanto Asteria como Rea fijaron su mirada en el paciente, comenzando a sudar mientras retomaban la concentración. "Si esto fuera una prueba real, ya las hubiera reprobado unas 75 veces..." Concluyó, palmeándose el rostro.

"Vamos, no seas tan duro con ellas." Declaró el albino, cruzándose de brazos. "Es la primera vez que hacen algo como esto." Apollo tan solo dio un suspiro tras las palabras de Bell.

"Lo sé, lo sé..." Contestó el Dios, viendo como ambas mujeres trabajaban con gran cuidado. "Pero no tengo otra opción, más que ser exigente. Si quieren aprender rápido, no solo tienen que estudiar los procedimientos, sino que deben practicar esos conocimientos al mismo tiempo." Apollo no pudo evitar frotarse el cabello con ligero cansancio. "En resumidas cuentas, estoy intentando que ellas adquieran todos los conocimientos y profesionalismo necesario en menos de un año, siendo que en lo general se tarda mucho más tiempo."

"¿No deberían practicar con cuerpos de barro semejantes a Dioses o Titanes?" Preguntó Bell, viendo como estaban tratando con un humano de barro.

"Los Dioses son descendientes de los Titanes, y los humanos se crearon a semejanza de los Dioses." Explicó el Dios. "Los tres organismos funcionan de la misma manera. Por lo menos, es así cuando hablamos de las funciones que cumplen cada uno de sus órganos."

"Lo entiendo." Bell asintió, sin poder evitar poner los ojos en blanco cuando otro chorro de barro salió disparado.

"Mierda, creo que le corté un pulmón." Declaró Asteria, frotándose la mejilla para quitarse el barro.

"Sé que ese organismo de barro no posee conciencia alguna, pero, pobre..." Susurró el Dios con una mueca de dolor.

"Te entiendo perfectamente." Bell acompañó el pensamiento de su mejor amigo, teniendo exactamente la misma expresión que él.

"¿Ya me vas a decir por qué estás aquí?" Preguntó Apollo, sabiendo que Bell no vendría a sus aposentos solo para hacer una pequeña charla.

"Vine a ver como estaban las chicas, pero ciertamente tengo algo muy importante para decirte." Apollo no pudo evitar mirarlo con gran curiosidad cuando Bell posicionó una mano sobre su hombro. "Necesito que vayas al Campamento de Cazadoras en la noche." El apretón del albino se intensificó, indicando que no estaba bromeando. "Es muy importante."

Después de unos pocos segundos, Apollo asintió con seriedad.

"De acuerdo, nos veremos allí." Concluyó un Dios, solo para despedir a Bell, junto con las otras dos mujeres, que solo se ganaron otro regaño del Dios cuando volvieron a distraerse.

"Bien, ahora..." Bell cerró la puerta del aposento, viendo como el pasillo parecía guiar a una gran cantidad de estanterías en la lejanía. "Solo me queda hacer una última cosa."

En la gigantesca biblioteca de Atenea...

"¡Todavía no puedes tomar los libros del fondo de mi biblioteca!" Exclamó Atenea mientras arrastraba a Eos hacia las primeras estanterías. "¡Como mínimo, necesitas ser mi secretaria personal por otros tres años más para adquirir esos conocimientos!"

"Ya me lo repetiste más de cien veces..." Declaró Eos con sus ojos en blanco, ya que Atenea le había recriminado su actitud todo el camino hasta llegar a la entrada, y decir eso es mucho.

"Lo siento, pero debe quedarte bien claro que no permitiré la extracción de todos mis libros, hasta que realmente reciba una buena y justa remuneración por ello." Aclaró Atenea, haciendo que Eos rodara sus ojos.

Atenea no era una mala mujer, pero a veces llegaba a ser muy molesta y orgullosa con ciertas cosas...

"¿Cómo estás, Eos?" Bell entró en escena, haciéndole un rápido saludo a la Titanide. "¿Atenea te está tratando bien?" Preguntó, sin poder evitar entregarle una sonrisa burlona a la Diosa, que tan solo se dignó a fruncir el ceño.

"No está dispuesta a compartir sus conocimientos con tanta felicidad, aunque debo admitir que ella tiene una organización perfecta en esta biblioteca." Explicó, mirando la gran cantidad de estantes, que no parecían tener fin. "Los conocimientos se dividen en épocas, además de que cada línea abarca un tema en específico. Hay ciencia, historia, química, divinidad, arquitectura..." Eos agitó su mano, indicando que la lista parecía ser infinita. "Fue buena idea venir a aprender un par de cosas aquí. Estoy segura que los Titanes podrán alimentarse con una gran cantidad de sabiduría cuando contemos con una buena parte de estos conocimientos. Aunque dicho logro se realizará en eones, ya que Atenea no es muy comprensiva que digamos." Concluyó, ignorando olímpicamente la mirada ofendida de la Diosa.

"De hecho, de eso quería hablar." El comentario de Bell ganó la atención de ambas mujeres. "Sabía que Atenea no sería tan mente abierta respecto a este asunto. Por esa razón, quiero hacerte una propuesta." Concluyó, dando un par de pasos hacia la Diosa.

"¿Una propuesta?" Se preguntó la Diosa con gran interés. "Te escucho."

"Quiero que le permitas acceder a la gran mayoría de tu librería, mientras que yo me encargue de brindarte conocimientos extras." Propuso, haciendo que Atenea alzara ambas cejas.

"¿Brindarme conocimiento extra?" Cuestionó, realmente entretenida ante semejante propuesta. "He recolectado y almacenado todos los conocimientos del mundo que han sido conocidos hasta ahora, incluso hay libros cuya existencia y contenido sería inentendible para un mortal." La Diosa se cruzaría de brazos, estudiándolo con la mirada. "Dicho esto, ¿Qué tipo de sabiduría desconocida podrías brindarme?"

Bell se cruzó de brazos, sin poder evitar sonreír con suficiencia.

"Es bien sabido que los conocimientos sobre las otras Dimensiones son prácticamente nulos." Las orejas de Atenea se movieron de una manera extraña tras escuchar la declaración. "Por lo que sé, únicamente se sabe de su existencia, pero nadie se atreve a involucrarse en ellas por las grandes catástrofes que podría producir el cruce entre dos mundos." Bell no pudo evitar entrecerrar sus ojos con gran subjetividad. "De hecho, todavía estoy seguro que te estas preguntando la razón del porqué Zeus trajo a un guerrero de otra Dimensión."

"Eso es porque el poder del enemigo se iba de nuestras manos." Contestó Atenea, recibiendo una negativa por parte de Bell.

"Aunque tienes razón, no estás del todo en lo cierto." Explicó el albino. "Alguien que puede destruir el Equilibrio Cósmico de una Dimensión, podría hacer lo mismo con las demás." Los ojos de Atenea se ensancharon ante la revelación. "En resumidas cuentas, estamos hablando de Guerras Multidimensionales."

"Entonces, mi Padre te trajo aquí antes para acabar con el problema desde la raíz, además de ser una excusa perfecta para salvarse de su final." Declaró la Diosa, recibiendo un asentimiento por parte de Bell.

"Si quieres, puedo explicarte como funciona mi mundo, y los conocimientos que tenemos allí. Por ejemplo, la Falna es uno de los mejores inventos de los Dioses de dónde vengo." Bell inclinó su mano hacia al frente, esbozando una pequeña sonrisa. "¿Tenemos un trato?"

Atenea no lo dudó ni un segundo, estrechando rápidamente la mano del albino.

"Espero que puedas darme buenos detalles." Comentó Atenea con una sonrisa.

"Haré todo lo posible." Contestó Bell, agitando el apretón con una gran sonrisa.

"El Rey da miedo..." Pensó Eos, sin poder expulsar una gota de sudor nerviosa cuando el mencionado le guiño un ojo. "Es increíble cómo puede seducir a todo el mundo solo con un par de palabras."

Una hora más tarde...

"¿Dónde está Bell?" Preguntó Zoe, viendo que el albino no había regresado en un buen tiempo.

"Esta trabajando." Fue la simple respuesta de la Diosa, mientras observaba como todas estaban preparándose para un rápido entrenamiento. "Ahora él es el Rey de los Titanes, por lo que no le veremos muy seguido, por lo menos de momento."

"¿Eso quiere decir que deberemos entrenar sin él a partir de ahora?" Preguntó Bianca, ayudando a las niñas a colocarse el arco.

"No lo creo." La declaración del albino hizo que todas miraran para atrás, recibiendo a su compañero con una gran sonrisa.

"Y yo que estaba comenzando a alegrarme…" Comentó Phoebe con una pequeña sonrisa, ganándose la mirada de Bell.

"No es tan fácil deshacerse de mi Phoebe, y tú lo sabes muy bien." Contestó el albino con suficiencia, haciendo que Bianca y Thalía se miraran entre si con gran confusión.

"¿Ha que se refiere?" Preguntó Thalía, haciendo que Zoe se riera por lo bajo y que Phoebe se pusiera muy nerviosa.

"No es una historia que me enorgullezca…" Respondió la rastreadora, haciendo que la intriga de ambas mujeres alcanzase las nubes.

"Basta de charla." Las palabras de Artemisa hicieron que todos se pusieran rígidos. "No podemos perder más tiempo." Finalizó, entregándole una rápida mirada a Bell. "Tú entrenaras conmigo. Las demás, hagan un todas contra todas."

Todas las Cazadoras asintieron rápidamente, dividiéndose en dos pequeños grupos dentro del campamento.

"Veamos dé que estás hecho…" Fueron las simples palabras de la Diosa justo antes de que optara por una posición de lucha.

"… De acuerdo." Contestó Bell con seriedad, haciendo lo mismo que Artemisa.

Después de unas dos horas, las Cazadoras no pudieron evitar sentirse confundidas. Especialmente las más viejas, que conocían mucho más a fondo la buena relación entre Bell y Artemisa.

Finalmente, todas tomaron un pequeño descanso, viéndolos a ambos como entrenaban.

"¿No te parece extraño?" Cuestionó Lilia, a lo que Brilia asintió.

"Ellos siempre hablan y ríen mucho, incluso durante los entrenamientos." Comentó Brilia, viendo como los dos estaban completamente serios. "Pero, ahora…"

"Siento una vibra extraña." Thalía completó los pensamientos de Brilia, fijando su mirada en Artemisa. "Aunque creo que la más extraña es Lady Artemisa. Después de todo, ella es la que está marcando esa… ¿Cómo decirlo…?" Thalía no pudo evitar frotarse el cabello con gran confusión. "¿Distancia?"

"Es cierto, creo que My Lady está siendo demasiado fría." Susurró Bianca, asegurándose de que su líder no la escuchara.

Phoebe y Zoe se miraron entre sí, sabiendo muy bien que esa actitud no debería estar ocurriendo, a menos que algo haya ocurrido entre los dos. Algo potencialmente malo.

Después del entrenamiento, llegó la Caza, y la actitud de la Diosa fue igual de distante en todo momento. Algo que no solo molestaba a las Cazadoras, sino que también molestaba a Bell, aunque este último lo intentaba disimular.

Y a la hora de la cena, cuando la Diosa siempre se sentaba lo más cerca posible del albino, ella volvió a sentarse junto a sus Cazadoras, marcando una clara distancia entre ellos dos. Las Cazadoras tan solo podían mirarse entre si con gran confusión, ya que querían saber lo que estaba pasando, aunque no se animaban a preguntarle. Bell tan solo la observó por un corto segundo sin mediar ningún tipo de palabras, solo para seguir comiendo como si todo estuviera bien.

"Lo más probable es que Apollo venga en unos minutos." Bell rompió el silencio, ganándose la mirada sorprendida de todas las mujeres.

"¿Por qué lo llamaste sin mi consentimiento?" Cuestionó la Diosa.

"Porque era necesario." Contestó el albino, entregándole una rápida mirada. "Estoy seguro que aun piensas sobre la guerra anterior. No eres tan tonta como para pasar por alto el hecho de que Orión haya estado en las filas enemigas."

"Eso es cierto, me trae muchas sospechas." Declaró la Diosa, bajando levemente su cabeza. "Pero eso no confirma ni desmiente nada. No sé si Orión pudo haber sido obligado por Gaia a tomar ese cargo."

"Yo lo sé todo." El comentario de Bell hizo que Artemisa le mirara con los ojos bien abiertos. "Me costó un poco sacarle la información, pero lo logré. Incluso, estoy dispuesto a jurar por el Styx si es que no crees en mis palabras."

"En estas instancias, no necesitas probar nada." Declaró la Diosa, esbozando una pequeña sonrisa. "Sabes que confió plenamente en ti."

"Bien." Contestó Bell, sin poder evitar sonreír por sus palabras. "No es una historia muy larga, así que intentaré resumirla lo mejor posible…"

Una hora más tarde…

El cielo nocturno se iluminó cuando el carro de Apollo hizo acto de presencia, haciendo que todas las Cazadoras y Bell alzaran su mirada.

"Supongo que nunca me cansaré de sus llegadas…" Pensó el albino con una pequeña sonrisa, viendo como el carro dio varias vueltas en el cielo, hasta aterrizar con un gran derrape justo en frente del campamento.

"¿Cómo están las protegidas de mi hermanita?" Preguntó el Dios a través de la ventanilla, bajándose las gafas de sol para ver a todas las mujeres, sin poder evitar sonreír a las pequeñas niñas que se ocultaban detrás de Zoe.

"Te estábamos esperando." La declaración de Zoe hizo que Apollo se impresionara.

"Que extraño, tenía entendido que yo era uno de los hombres más odiados para ustedes." Aclaró el Dios, bajándose de su carro. "Supongo que por esa razón Bell me pidió ir expresamente a este sitio." Declaró, fijando su mirada en el mencionado. "Entonces, ¿qué está sucediendo?" Preguntó el Dios, alzando una ceja. "Si ya es raro que me inviten, es aún más raro que me quieran hablar mientras mi hermanita parece estar haciendo su trabajo." Concluyó, dándole una rápida mirada a la luna.

"Tienes razón, nosotras te odiábamos por lo que le habías hecho a Lady Artemisa. O bueno, eso creímos en un principio." El comentario de Phoebe descolocó aun más a Apollo. "¡Eso no quiere decir que ahora seremos bueno contigo!" Replicó rápidamente, haciendo que el Dios se confundiera aún más.

"¿Me puedes decir que demonios está pasando?" Cuestionó el Dios, fijando su mirada en Bell.

"Lo sabrás en un segundo."

Justo después de la respuesta de Bell, los ojos de Apollo se ensancharon de sobremanera cuando sintió como alguien le abrazaba por la espalda. El Dios se dio la media vuelta rápidamente, quedando completamente estupefacto al ver a esa persona.

Habían pasado miles de años desde la última vez…

Desde esa última vez que recibió un abrazo por parte de su querida hermana.

La estupefacción de Apollo aumentó a niveles inimaginables, cuando sintió como las lagrimas de Artemisa comenzaban a humedecer su ropa.

"¡Lo siento! ¡Lo siento!" Gritó Artemisa entre sollozos, abrazándolo con aun más fuerza. "¡Debería haberte creído! ¡Debería haber creído en mi hermano que siempre estuvo allí para protegerme!"

Sin saber exactamente lo que estaba pasando, Apollo solo se le ocurrió dirigir su mirada cubierta de conmoción al albino, que tan solo lo recibió con una sonrisa.

"Es obvio que todo es obra suya…" Pensó el Dios con una sonrisa, correspondiendo el abrazo de su querida hermana.

"¡Por favor, perdóname!" Rogó la Diosa, ya mucho más relajada.

"No te preocupes, hermanita." Respondió el Dios, posicionando una mano sobre la cabeza de Artemisa con cariño. "Recuerda, no importa las decisiones que quieras tomar, o el camino que quieras recorrer. Yo siempre estaré apoyándote y dándote consejos." Apollo no pudo evitar reírse de sus últimas palabras. "Siempre y cuando los quieras, obviamente."

Artemisa se apartó del abrazo con una pequeña risa. "No necesito de tus estúpidos consejos, hermano." Declaró la Diosa, secándose las lágrimas.

Apollo infló su pecho de orgullo. Nunca pensó que se sentiría tan bien al volver a escuchar como Artemisa le llamaba hermano, y no idiota.

"¡Ha partir de hora, puedes llamarme hermano mayor si gustas!" Exclamó el Dios, señalándose a si mismo con gran orgullo.

"Sigue soñando, tarado." La respuesta de Artemisa hizo reír a las Cazadoras, mientras que Bell se mantenía al margen.

Era imposible no sentirse genial al ver como dos de sus personas más preciadas estaban reconciliándose. Aunque claro, lo hacían a su manera un tanto extraña.

"Supongo que ya es hora de irse…" Pensó el albino, viendo que ya era bastante tarde.

Después de una despedida con las Cazadoras, un abrazo que se vio obligado a recibir por parte de Apollo, y una despedida mucho más fría de lo habitual con Artemisa, el albino se retiró a sus aposentos.

"Es extraordinario pensar que ahora tengo aposentos." Pensó el albino, viendo la enorme estructura que ahora llamaba hogar. "De hecho, todo lo que he vivido aquí desde que llegue a sido muy extraordinario."

Diversos recuerdos atravesaron su mente en ese año y medio que lleva viviendo en esta Dimensión.

Y como siempre, ella se encuentra en el centro de todo…

Bell tomó la perilla de la puerta, pero no la giró. En estos momentos, estaba mucho más compenetrado en todo lo que había pasado ayer, y todo lo que pasó hoy.

Eso último hacia que se sintiera un poco mal. Era como un pinchazo en su corazón que le hacía sentir enfermo.

"Supongo que así se sintió ella durante todo este tiempo…" Pensó Bell, alzando su mirada al cielo nocturno. "Supongo que creer que ella podría estar dispuesta a desafiar sus Juramentos hizo que tuviera alguna esperanza, y bajé la guardia…" Aunque el pensamiento era algo deprimente, el albino no pudo evitar sonreír. "Pero, aun así, estoy contento. Ella se quitó el anillo y a actuado de esa manera para intentar sobrepasar lo que siente. Tiene pinta que lo de ayer solo sucedió porque explotó." Una pequeña sonrisa dentuda se dibujó en su rostro tras abrir la puerta. "Aunque me duela un poco, haré todo lo posible para ayudarla." Concluyó en voz alta, para luego cerrar la puerta.

Todo apuntaba a que iba a ser una noche aburrida…

"Bell…"

Los ojos del albino se ensancharon tras escuchar la voz que reconocería en cualquier lado.

Él giró su mirada lentamente, quedándose aun más impresionado ante la vista.

Allí estaba Artemisa, usando un traje de gala negro bastante hermoso mientras sus manos estaban cruzadas por encima de su pecho. La conmoción de Bell lo golpeó con una fuerza enorme cuando el anillo que le había regalado resaltaba a la perfección en uno de sus dedos.

Bell prácticamente se chocó la puerta cuando Artemisa se acercó lentamente, chocando su frente con la suya con mucho amor.

"Por fin estamos solos…"

Esas fueron las últimas palabras de la Diosa, antes de que vuelva a unir sus labios con los de Bell.

En estos momentos, Bell tenía la cabeza llena de preguntas:

¿Por qué había actuado con tanta indiferencia hasta ahora?

¿Por qué se quitó el anillo, solo para llevarlo puesto ahora?

¿Por qué estaba haciendo esto, si todo el plan apuntaba que ella se estaba alejando por su propio bien personal?

Y la pregunta que más resonaba en su cabeza…

¿Por qué ese vestido negro le hacia ver tan jodidamente hermosa?

¡FINAL DEL CAPÍTULO!

En el próximo capítulo se oficializará la relación amorosa entre Bell y Artemisa, mientras que también se podrá comenzar a ver pequeñas pistas del enemigo principal en este arco.

Este arco se basará más que nada en como Artemisa y Bell intentan ocultar su relación de todos, al mismo tiempo que diferentes acontecimientos van sucediendo referidos con el último antagonista. No quiero entrar en detalles, porque sino me iría demasiado por las ramas.

Ahora sí, ya no me queda nada más que decir. Solo agradecerles a todos por esperarme durante tantos días, debido a que estuve algo complicado este mes.

¡Un enorme abrazo!

Cantidad de palabras del capítulo doble: 7688+6402=14.090 palabras.