Ahora, también debo decir que gracias a esa tardanza se cumplieron una gran cantidad de objetivos, ¡Después de mucho, mucho tiempo, me vuelvo a presentar con otro capítulo!
por lo que habrá actualizaciones constantes por un buen tiempo. Después de todo, estamos hablando de un capítulo cuádruple.
Aquí les dejo los objetivos actuales:
Wattpad: 6400/7000 Estrellas. 50.675/60.000 lecturas.
FanFiction: 104/125 favoritos. 120/125 seguidores. 267.138/300.000 palabras.
*Recuerden que solo uno de esos objetivos ya significa un capítulo doble, y si se llegan a cumplir más al mismo tiempo, podrían ser hasta capítulos triples o cuádruples. *
Antes de comenzar, me gustaría contestar una Review:
Wally991: Solo era para hacer un poco de humor, aunque después de que lo haya leído, sinceramente no es una expresión tan cómica si tenemos en cuenta a los países extranjeros, además que, viéndolo ahora, veo que el chiste no estaba bien implementado, por lo que me disculpo. Respecto a tu ultima review, mencionaste algo sobre los verbos, y para ser sincero, tienes toda la razón. Es molesto que los verbos condicionales se repitan a cada rato. Aunque no es algo que usaba tanto ahora mismo, ya que los usé demasiado cuando comencé la historia, me doy cuenta que sigo repitiendo demasiado las pronunciaciones verbales, por lo que en este capítulo y en el futuro intentaré cambiarlo para que quede más cómodo. Como tus reviews fueron en los primeros capítulos, no sé si sigues leyendo esto, pero si lo haces, quiero que sepas que estoy agradecido por enmarcarme esas fallas. Hace un tiempo que me había quedado un poco estancado con la mejora de mi narración y redacción, pero con lo que mencionaste siento que puedo cambiar un par de cosas para seguir mejorando. ¡Un enorme saludo!
Sin nada más que agregar, solo espero que puedas entretenerte con el capítulo.
¡Disfruta!
"Bell..."
Los ojos del albino se ensancharon tras escuchar la voz que reconocería en cualquier lado.
Él giró su mirada lentamente, quedándose aún más impresionado ante la vista.
Allí estaba Artemisa, usando un traje de gala negro bastante hermoso mientras sus manos estaban cruzadas por encima de su pecho. La conmoción de Bell lo golpeó con una fuerza enorme cuando el anillo que le había regalado resaltaba a la perfección en uno de sus dedos.
Bell prácticamente se estamparía contra la puerta cuando Artemisa se acercó lentamente, chocando su frente con la suya con mucho amor.
"Por fin estamos solos..."
Esas fueron las últimas palabras de la Diosa, antes de que vuelva a unir sus labios con los de Bell.
En estos momentos, Bell tenía la cabeza llena de preguntas:
¿Por qué había actuado con tanta indiferencia hasta ahora?
¿Por qué se quitó el anillo, solo para llevarlo puesto ahora?
¿Por qué estaba haciendo esto, si todo el plan apuntaba que ella se estaba alejando por su propio bien personal?
Y la pregunta que más resonaba en su cabeza...
¿Por qué ese vestido negro le hacía ver tan jodidamente hermosa?
Bell sacudió esos pensamientos rápidamente de su cabeza, recordando en la situación que se encontraba actualmente.
En un principio intentó liberarse bruscamente de Artemisa, pero se dio cuenta que ni siquiera pudo moverla.
Finalmente, el cerró sus ojos y se tranquilizó. En esta ocasión, tomó sus hombros con delicadeza y cuidado, logrando que Artemisa rodeara sus brazos por encima de su cuello. El beso aún no había terminado, pero no tardó mucho en hacerlo cuando ambos separaron sus labios unos pocos centímetros, viéndose como un pequeño hilo de saliva conectaba sus labios, dejando bien en claro que Artemisa había profundizado el beso hasta límites inimaginables.
Aprovechando que ambos estaban retomando el aliento, Bell aprovechó la oportunidad y la alejó un poco de él utilizando sus manos. Siempre fue considerado, a diferencia de la primera vez, que parecía estar asustado.
"Artemisa, tienes que entenderlo…" Bell afirmaría, mientras un sonrojo comenzaba a formarse en sus mejillas, algo antinatural en él. "No podemos…"
"¿Crees que mi actuación no fue lo suficientemente buena?" Cuestionó ella, logrando que Bell ensanchara sus ojos ligeramente.
"¿Por eso actuaste tan fría durante todo el día?" Se preguntó en voz alta, para luego negar rápidamente con la cabeza. "Eso tampoco es bueno. De hecho, puede generar sospechas e incomodar a las Cazadoras. Deberíamos seguir igual que siempre."
"Lo entiendo." Diría la Diosa, para luego dar un pequeño suspiro. "Entonces, ¿simplemente no quieres arriesgarte?" Preguntó, haciendo que Bell asintiera.
"Esto es un amor prohibido. Ya lo hablamos ayer." Bell no pudo evitar mirar hacia otro lado cuando vio como una expresión cubierta de dolor adornaba el rostro de Artemisa. "No lo hagas más complicado, por favor…"
La Diosa continuó mirándolo por un par de segundos en un silencio bastante incómodo.
Finalmente, ese momento se corto cuando Artemisa volvió a dar otro suspiro, aunque en esta ocasión se notaba que era un suspiro que ocultaba fastidio.
Ella bajó sus manos y lo abrazó por los hombros, tal y como él lo estaba haciendo ahora, logrando que Bell la volviera a mirar.
"Puedes decirme todo eso, pero tus ojos no pueden mentirme." Comentaría, viendo como Bell parecía estar sufriendo tanto como ella por esta situación, pero intentaba mantenerlo escondido. "Solo estás resistiendo y ocultando tus verdaderos sentimientos…" Estás palabras hicieron que Bell comenzara a temblar levemente, logrando que Artemisa pasara una de sus manos a lo largo de todo su brazo. "Mira como todos esos sentimientos te hierven la sangre. Ni siquiera puedes ocultarlos…"
"Yo no estoy ocultando nada." La respuesta cortante de Bell hizo que Artemisa lo mirara atentamente. Ella quería escuchar lo que tenia para decirle. "Ya te lo he dicho. Te amo, te amo tanto que incluso me sorprende a mi mismo, ya que no sabía que podía llegar a sentirme así." El sonrojo de Artemisa fue acompañado por el apretón que recibió en sus hombros por parte de las manos de Bell. "Y eso, justamente por eso…" Artemisa lo escuchó con gran atención, ya que los ojos de su amado reflejaron una gran desesperación. "Yo tengo mucho miedo…"
Sin duda alguna, Artemisa se vio sorprendida ante esas palabras.
Nunca imaginó que alguien como Bell podría llegar a sentir un miedo tan real.
"No importa que tan bien lo ocultemos, tarde o temprano lo descubrirían." Explicó el albino, sintiendo como sus lagrimas comenzaban a emerger de sus ojos, pero se negaba a expulsarlas. "No quiero que te suceda nada, solo quiero que estés cerca mío para siempre, aunque no tengamos ese tipo de relación." Continuó explicando, para luego cerrar fuertemente sus ojos. "No me importa tener que reprimir esto. Después de todo, tú eres lo único que necesito, y si te pierdo…"
Bell sintió como su voz se agudizó, indicando que estaba a punto de quebrarse. Justo en ese momento, pudo sentir como Artemisa comenzó a acariciarle los hombros, y de alguna manera, lo tranquilizó un poco.
"Je…" La pequeña risa de Artemisa hizo que Bell abriera sus ojos, mirándola fijamente y con cierta confusión.
No fue buena idea hacer eso, ya que la expresión de la Diosa era muy parecida a la de él, por lo que sintió un extremo impulso de besarla allí mismo para calmar su dolor.
Lo único diferente, es que ella estaba sonriendo…
"Por eso dije que tu camino es el incorrecto." Tras sus palabras, Bell no pudo evitar recordar la charla que tuvo con ella en la mañana, ya que le había dicho exactamente eso.
"No entiendo a que te refieres con eso." Diría el albino, logrando que la sonrisa de Artemisa se ensanchara un poco más, mientras sus ojos comenzaban a arremolinarse en un sinfín de emociones y sentimientos.
"Yo pensaba lo mismo, pero casi te pierdo dos veces…" Tras sus declaraciones, los ojos de Bell se ensancharon ligeramente. "Primero, cuando pensé que nunca más regresarías de tu Dimensión. Y hace poco, cuando fuiste enviado al Tártaro…" Los labios de Artemisa se fruncirían con gran tormento tras recordar esos acontecimientos. "En las dos ocasiones, sentí que se desprendía una parte de mí, sentí que nunca volvería a ser la misma…" Artemisa apretó fuertemente los hombros de Bell, mientras su cuerpo comenzaba a temblar. "Todo por ocultar mis sentimientos, todo por no haber tenido la oportunidad de estar junto a ti como mi corazón realmente lo pedía…" Los ojos de Artemisa se pusieron ligeramente llorosos, mientras su voz comenzaba a quebrarse en gran medida. "Pensar que te irías sin siquiera poder dormir junto a ti, sin siquiera poder despertarme entre tus brazos, sin siquiera haberte besado una vez… Todos esos pensamientos…" Artemisa bajó su mirada, dando un suspiro vibrante para intentar que su llanto no emergiera.
"…"
Ella tomó un par de segundos para reincorporarse, para luego alzar su mirada nuevamente.
Esa mirada…
Bell no pudo evitar sentir como su alma se partía en dos al verla…
Ella tomó una mano de Bell, llevándola lentamente a su corazón, que estaba latiendo con gran fuerza.
"Sé que puedes sentirlo…"
"Se que puedes sentir como esos pensamientos me destrozaban por dentro…"
Bell simplemente se quedó en silencio por unos pocos segundos, mientras veía como Artemisa le entregaba la sonrisa más dolorosa que haya visto en su vida.
"Yo…" Bell intentó hablar, pero no pudo hacerlo. "No sé qué decir…"
"No tienes que decir nada." Declaró Artemisa, apretando con más fuerza la mano de Bell, logrando que este pudiera sentir sus latidos con más claridad. "Solo debes ser un poco más egoísta. Deja de pensar en mí, y piensa en lo que tu quieres hacer…" Declaró la Diosa, viendo como Bell abría su boca con la intención de negarse, pero al final la cerró sin decir nada.
"No quiero arrepentirme…" Comentó Bell.
"Te arrepentirás si no lo haces." Comentaría la Diosa, para luego ver que aun se encontraba indeciso, pero rápidamente encontró las palabras adecuadas para romper la pared.
"Además, si quieres que sea feliz… si eso es lo que te preocupa, créeme que nada me hará más feliz que esto." Afirmó, cerrando lentamente sus ojos. "Solo quiero amarte…"
Artemisa no pudo evitar sonrojarse aun más cuando sintió como unas manos vacilantes rodeaban sus caderas.
"Si me dices eso…"
El aliento de Bell se sintió extremadamente cerca, logrando que el cuerpo de Artemisa temblara con gran antelación.
Ya quería sentirlo…
Quería sentir esos preciados labios que le hacían navegar entre las estrellas…
"No puedo resistirme…"
Esas fueron las últimas palabras de Bell antes de que sus labios se unieran.
Artemisa rodeó lentamente sus manos por detrás del cuello de Bell mientras profundizaba el beso.
Sus lagrimas cubiertas de felicidad comenzaron a brotar sin su consentimiento, siendo completamente abrumada ante la sensación tan maravillosa que recorría alrededor de todo su cuerpo, hirviendo toda su sangre por completo. Sintiendo como ese vacío en su corazón era rellanado por completo, sintiéndose más completa que nunca.
Todo eso con un simple beso…
Después de varios segundos, ellos se separaron, logrando que Bell se sorprendiera un poco ante la vista.
"¿Estás llorando?" Preguntó el albino con gran preocupación, posando una mano sobre su mejilla, algo que aceleró aun más el corazón de Artemisa, si es que eso era posible.
Ella se acercó a él en un lento movimiento, posicionando su mejilla sobre el rostro del albino mientras sentía como sus lagrimas no paraban de caer.
"Lo siento, no puedo evitarlo…" Comentó con un tono completamente quebrado, pero de felicidad.
"Después de todo…"
Ella se abrazó aun más fuerte a él.
"Es la primera vez que me besas."
CAPÍTULO 41: ¡EL SURGIR DEL ROMANCE PROHIBIDO!
Bell se encontraba en su enorme cama junto con Artemisa. Ella estaba sentada a horcajadas sobre su cintura.
Ambos aun continuaban con sus vestimentas, mientras veían como un pequeño destello de luz entraba en una de las ventanas cerradas, indicando que ya estaba amaneciendo.
"¿Cuándo tiempo estuvimos así?" Se preguntó Bell en voz alta, mientras Artemisa reía levemente. "¿Qué es tan gracioso?" Cuestionó el albino, viendo como la Diosa materializaba un espejo.
"Para la próxima no utilizaré labial." Declaró, logrando que Bell pusiera los ojos en blanco cuando vio que tenía gran parte de su rostro y cuello cubierto de un labial plateado.
"Tengo que lavarme antes de que venga alguien…" Pensó Bell en voz alta mientras veía como Artemisa había dejado su marca en todo su rostro.
Justo cuando intentó levantarse, Artemisa lo presionó fuertemente contra la cama, logrando que el albino la mirara con gran extrañeza.
"Todavía falta una hora." Declararía la Diosa, posando sus dos manos sobre la camiseta negra de Bell. "Quiero divertirme un poco más, antes de fingir que todo sigue siendo normal entre nosotros…" Aclaró, deslizando su mano sobre el torso del albino, sin poder evitar sentir los músculos de este.
Y por algún motivo que no entendía, le gustó mucho hacer eso.
"Ahora que lo pienso…" Comentó Bell, viendo la mano de la Diosa. "¿Seguirás con el anillo?" La pregunta del albino hizo que Artemisa detuviera su acción, mirándolo con una ceja alzada.
"¿Por qué es tan malo que lleve este anillo?" Cuestionó la Diosa, alzando su mano mientras lo veía fijamente. "Nunca me dijiste el motivo, y que estés tan ansioso en ver como dejo de usarlo me parece muy extraño." Artemisa dio su punto, volviendo su atención hacia el albino.
"Bueno, llegado a este punto supongo que ya da igual…" Diría Bell mientras se inclinaba de hombros, logrando que la curiosidad de Artemisa creciera aun más. "Es un anillo de bodas mágico." Explicó, mientras tomaba otro anillo exactamente igual en su mostrador, aunque este tenía una pequeña grieta. "Cuando me convertí en el Rey de los Titanes, encontré este que es completamente normal. Por lo visto, el anillo mágico se aprovechó de eso un día, cambiando de posiciones con el anillo normal sin que me diera cuenta." Explicó el albino, mientras veía atentamente el anillo de bodas normal. "Te regalé ese anillo pensando que era este." Concluyó, dejando a Artemisa con más dudas aún.
"¿Y por qué es tan malo?" Preguntó la Diosa, mientras se acomodaba en la cintura de Bell y miraba atentamente el anillo mágico.
"No es que sea malo." Contestó Bell después de unos segundos. "Más bien, lo malo es que terminó en tus manos." Sus últimas palabras hicieron que Artemisa lo mirara con una ceja alzada. "Después de todo, es un anillo que profetiza tu futura esposa o esposo, y siempre encuentra la manera de terminar en las manos de esa mujer u hombre." Tras escuchar las últimas palabras de Bell, los ojos de Artemisa brillaron con gran emoción.
"¿Eso significa que vamos a casarnos?" Se preguntó la Diosa con un tono muy esperanzado.
"Viendo que hice todo lo posible para que no se cumpliera, lo más probable es que sea imposible detenerlo." Comentó el albino con cierta gracia.
"Entonces, quizás si debería ocultarlo para evitar sospechas." Declaró la Diosa, mientras veía el anillo detenidamente.
"No te preocupes." Bell la alivió rápidamente. "Solo se puede distinguir su magia cuando te acercas lo suficiente para ver los grabados especiales. Y es algo que te costaría mucho ver, a menos que estés a menos de un metro de distancia." Concluyó el albino, logrando que Artemisa recobrara su sonrisa.
"Así que, una boda secreta…" Comentó la Diosa con una voz un tanto atrevida, para luego presionar nuevamente sus manos contra el pecho de Bell. "Será muy interesante, ¿no te parece, hermanito?" Preguntó, logrando que un pequeño tic se presentara en la ceja de Bell.
"¿Tanto te gusta molestarme con ese sobrenombre?" Cuestionó el albino, para luego alzar una ceja. "¿Acaso no recuerdas quien te salvó el culo dos veces?" Artemisa tomó la pregunta como una declaración de guerra, por lo que rápidamente se puso a la ofensiva.
"Aun así, sigues siendo un pequeño bastardo…" Declaró la Diosa mientras deslizaba una mano por debajo de la camisa de Bell, logrando que este se sobresaltara cuando sintió el contacto directo. "Ni siquiera quieres quitarte la camisa en frente mío, ¿tanta vergüenza te da?" Cuestionó mientras continuaba manoseando los pectorales de Bell, logrando que este frunciera el ceño ante sus palabras.
Él había querido que ninguno de los dos se quitara ni una sola prenda, ya que podría ser peligroso.
Pero no dejaría que ella se burlara tan fácilmente…
"¡Yo también puedo hacer eso!" Gritó el albino con una sonrisa un tanto peligrosa, algo que sorprendió a Artemisa.
El albino alzó sus manos lo más alto posible, para que luego se escuchara un fuerte…
"¡PLAF!"
"¡HUUUUUUUGGMMMMM~!"
Artemisa no pudo evitar dar un fuerte gemido cuando ambas manos de Bell impactaron fuertemente en su trasero. Había sido una cachetada tan fuerte, que sus manos se hundieron un poco en cada nalga, sin importar el traje de gala negro que la Diosa llevaba encima.
"¡¿Pero qué…?!" Pensó Bell con los ojos bien abiertos. "¡Nunca había tocado algo tan suave y firme al mismo tiempo!" Se gritó internamente, omitiendo el gran gemido que había dado Artemisa.
Para su propia suerte, Bell volvió rápidamente a la realidad cuando sintió como Artemisa apretaba su pecho de una forma extraña. Este alzó su mirada, pensando que ella estaría muy enojada por lo que había hecho, por lo que rápidamente quitó sus manos. Su sorpresa fue aun más grande cuando vio como la Diosa tenía una expresión un tanto extraña mientras un rubor bastante intenso decoraba su rostro. Esa sorpresa pasó a preocupación cuando Artemisa comenzó a jadear levemente.
"¿Estás bien?" Preguntó el albino, viendo que su expresión no se encontraba para nada normal.
"Yo… no lo sé…" Respondió la Diosa mientras arrastraba lentamente la camiseta de Bell hacia atrás para ver su abdomen, sintiendo que su cuerpo se descontrolaba aún más. "Me siento muy rara, y solo está aumentando al verte…" Aclaró Artemisa, y Bell no omitió su mirada compenetrada hacia ahora su revelado abdomen.
Sus sospechas se confirmaron cuando Artemisa comenzó a agitar sus caderas lentamente, frotándose contra su cintura.
"Arty, relájate…" Diría Bell, sentándose mientras la tomaba de su cintura, logrando que la Diosa lo mirara con extrañeza. "Por lo visto, nunca atravesaste por estas sensaciones, pero te digo desde ya que no es buena idea dejarse llevar por ellas." Explicaría, logrando que Artemisa lo mirara con aun más confusión.
Bell simplemente sonrió, ya que su rubor y sus pequeños jadeos junto con esa mirada la hacían ver muy hermosa.
"Para explicarlo de una manera en la que puedas entenderlo rápido, solo te diré que el cuerpo se prepara de esta manera para tener sexo." Explicó el albino de la manera más simple y abstracta que encontró, para luego levantarse de la cama mientras cargaba a Artemisa entre sus brazos.
"Entonces, ¿todas las personas normales atraviesan este tipo de sensaciones?" Preguntó la Diosa, acurrucándose en el pecho de Bell. "Se siente muy raro, pero me encanta…" Comentó mientras frotaba sus muslos. "Todavía siento un gran cosquilleo donde me nalgueaste, y siento como mi estomago esta comenzando a arder de una forma extraña. Es como una picazón muy molesta que quiero calmar de alguna manera, pero no puedo rascarme allí dentro…" Declaró mientras se frotaba la parte baja de su estómago con una mano.
La Diosa comenzó a bajar su mano lentamente, pero Bell la detuvo justo ante de que llegara a su zona más íntima.
"Si no fuera algo tan agradable, nadie lo haría, ¿verdad?" Preguntó el albino, mientras movía la mano de Artemisa lejos de aquel lugar, ya que no quería ver como Artemisa comenzaba a explorar su cuerpo. "Fuera de eso, debes dejar que esas sensaciones vuelvan a esfumarse." Comentó el albino.
"Pero, ¿no te gustaría hacerlo conmigo?" Preguntó la Diosa, logrando que ahora Bell también se sonrojara. "Si dices que es tan agradable, estoy segura que se sentiría aún mejor si lo haces con alguien que amas."
"Supongo que estás en lo cierto, y realmente lo quiero, no voy a mentirte…" Declaró el albino, viendo el cuerpo de la Diosa detenidamente.
Nunca había pensado mucho en ello, pero ahora podía ver que Artemisa tenía unas curvas impresionantes. No solo eran sus hermosos senos bien dotados y firmes, sino que su trasero era bastante grande, suave, firme, y…
Bell sacudió rápidamente su cabeza al pensar en esas cosas, volviendo a la realidad.
"Pero no podemos." Concluyó Bell, mirando atentamente a Artemisa. "Afrodita conoce todos los acontecimientos sexuales de los mortales, y será un gran problema si ella nos descubre."
"Pero yo soy una Diosa." Declaró Artemisa, señalándose tiernamente.
"Si, pero yo sigo siendo un mortal." Respondería el albino, para luego inclinarse de hombros. "Aunque tampoco me molesta. Después de todo, tenerte a mi lado ya es más que suficiente." Finalizó, logrando que Artemisa lo mirara con mucho amor.
"Gracias, yo también te amo." Dijo la Diosa, para luego rodear sus brazos en el cuello de Bell, propinándole un profundo beso.
Cuando se separaron, Artemisa se volvió a recostar sobre su pecho mientras cerraba los ojos.
"¿Qué te parece si volvemos a la cama y dormimos un poco?" Preguntó la Diosa, ganándose un asentimiento por parte de Bell.
"Me parece una buena idea." Dijo el albino, dándole un pequeño beso en la frente que volvió a sonrojarla.
Una hora más tarde…
Bell no pudo evitar dar un gran bostezo debido a las pocas horas de sueño. Que se estuviera convirtiendo en un Dios lo ayudaba bastante, pero aún no había podido deshacerse del sueño por completo.
Artemisa, quien estaba sentada a su lado, tan solo lo observó mientras desayunaba con él.
"Esto de haber estado tanto tiempo en el Tártaro aun tiene efectos sobre mi…" Declaró el albino, refiriéndose al claro cansancio que sentía en estos momentos.
"Hablando de eso, Dorazal no se ha sentido muy bien…" La Diosa siguió el hilo de la conversación, sin poder evitar liberar cierta preocupación.
"Lo sé." Comentó. "Aprovechando que hoy tengo un poco de tiempo libre, iré a verlo." Concluyó, mientras seguía comiendo con tranquilidad.
Un pequeño brillo bastante adorable decoró a la pareja mientras continuaban comiendo en completo silencio, estando uno al lado del otro mientras disfrutaban de la comida.
Desafortunadamente, ese agradable silencio no duró mucho tiempo, ya que alguien golpearía la puerta gigante, logrando que tanto Bell como Artemisa saltaran de sus sillas.
"¡Viene alguien!" Exclamó el albino con clara desesperación. "¡Vete, ahora!" Finalizó, acercándose rápidamente a la Diosa para plantarle un beso de despedida, algo que claramente sorprendió a Artemisa, y su pequeño rubor evidenciaba ese hecho.
Omitiendo ese hecho, ella no tardaría en desaparecer mediante un destello plateado. Como todo había sucedido tan rápido, ella se olvidó de decirle algo muy importante…
Bell abrió la puerta, viendo a Atlas en su forma humana, llevando una gran gabardina marrón para cubrir sus cuatro brazos, además de las gafas de sol que cubrían sus ojos dorados.
"Buenos días, Bell." Dijo el Titan, mientras sostenía diversos papeles. "Hoy necesitamos ponernos al día con la gran mayoría de la infraestructura del Monte Otris, ya que está en muy mal estado…" El Titan lentamente redujo su voz, hasta que prácticamente ya no decía nada más. Lo único que hizo fue alzar ambas cejas, algo que confundió al albino.
"¿Qué sucede?" Preguntó Bell, sin poder evitar sentirse nervioso.
"No es nada…" Declaró Atlas, para luego bajar sus gafas mientras miraba atentamente a Bell. "Pero, me gustaría darle un consejo…" El albino no pudo evitar alzar una ceja ante la actitud extraña del Titan.
"Soy todo oídos." Respondió.
"La próxima vez que estés con una mujer, asegúrate de limpiarte el labial del rostro." Concluyó, sin poder evitar dibujar una sonrisa burlona cuando el rostro de Bell se torno en una mezcla entre el color blanco y rojo.
"¡Oh, mierda!" Bell se maldijo a sí mismo, cerrando la enorme puerta de forma rotunda, haciendo que Atlas se riera por su actitud.
"Debe haberse divertido bastante…" Pensó el Titan. "Tenía rastros de labial por toda su cara y cuello."
Momentos más tarde…
Después de varias horas de estar ayudando en el Monte Otris, Bell decidió ir al Campamento Mestizo. Todo esto siendo acompañado por Atlas.
"Oye, sobre lo que viste antes…" Comentaría Bell justo antes de entrar al campamento, ganándose la mirada de Atlas. "No digas nada sobre ello. No me apetece que se divulguen rumores."
"Lo entiendo perfectamente." Contestaría Atlas con una pequeña sonrisa, para que luego ambos atravesaran la puerta del campamento.
La mirada de Bell se estacionó rápidamente en una cabellera dorada solitaria que reconoció al instante.
"¡Eh, Luke!" Bell alzó su mano para saludar mientras gritaba, ganando la atención del rubio.
"Bell y Atlas…" Declaró el rubio, acercándose a ellos mientras balanceaba su espada. "Debo decir que no esperaba verlos tan pronto en el campamento." Comentó Luke, estrechando la mano de Bell en un saludo amigable.
"¿Qué estás haciendo?" Preguntaría el albino, viendo como Luke saludaba a Atlas con un saludo que contenía mucho más respeto.
"Ya sabes, entrenando un poco." Respondió mientras giraba su espada para hacer énfasis en sus palabras. "Es un poco difícil porque tengo que hacer todo solo. Ya sabes…" Comentó, inclinándose de hombros. "Es muy complicado ser un ex criminal en un lugar en donde todos te odian. Pero bueno, no puedo culparlos." Concluiría, esbozando una sonrisa que indicaba que no le importaba mucho eso. "Siempre y cuando no se metan con mis cosas, me da igual."
"Hablando de entrenamiento…" Comentó Bell, tomándolo por el hombro mientras se introducía en el campamento. "Ya que estás solo, ¿te gustaría hacer una rápida sesión mientras voy a ver como se encuentra Dorazal?"
"Ah, Dorazal…" Declaró el rubio con cierta preocupación. "Desde que volvió para cuidar el campamento, no se a movido ni un centímetro, y siempre parece estar durmiendo."
"Supongo que todos salimos un poco afectados de allí dentro…" Pensó el albino con cierta seriedad.
"Por cierto, ¿Dónde están los demás?" Preguntó Bell mientras los tres se introducían en el campamento. "Es raro verte entrenar solo." Aclararía, mientras saludaba a los diversos Semidioses que lo recibían con gran respeto y confianza.
"Ellos se fueron a entrenar junto a las Cazadoras." Explicó el rubio, recordando como Grover parecía llevarse muy bien con las dos niñas. "Después de todo lo ocurrido, creo que el grupo entabló una gran amistad con ellas. Lo más probable es que Thalia haya servido como un puente entre ellos." Concluyó, recordando que ahora Thalia era una Cazadora.
"¿Y por qué no fuiste con ellos?" Cuestionó el albino, logrando que Luke lo mirara como si fuera un idiota. "Oh, es cierto…" Bell ni siquiera necesito la respuesta, ya que los recuerdos de todo lo que había hecho Luke con Artemisa volvieron a su mente.
Cuando finalmente atravesaron el Campamento Mestizo, pudieron ver como Dorazal estaba acostado en medio de los árboles mientras parecía dormir. A su alrededor, una enorme cantidad de niños parecían estar jugando con el cuerpo dormido del dragón.
"Supongo que ya tiene nuevos amigos." Comentó Atlas con cierta gracia ante la vista.
"No creo que él pensaría lo mismo." Declaró Bell con una pequeña gota de sudor. "Por suerte, está demasiado débil como para enojarse con ellos."
"Su cuerpo está muy dañado en su interior." Los tres se sorprendieron ligeramente cuando Artemisa apareció junto a ellos, logrando que Luke hiciera una profunda reverencia hacia ella, quien no parecía darle mucha importancia. "En algún momento de la batalla debió haber intentado utilizar un ataque de fuego, de alguna manera debe haber fallado y el ataque termino explotando en su interior."
"Recuerdo algo sobre eso…" Comentó el albino con una mano en su mentón, recordando la lucha contra Orión.
"Hablando de eso, ¿hay alguna noticia de Gaia?" Preguntó Luke, logrando que Artemisa asintiera.
"Ya comenzamos una expedición hacia su escondite. Apenas tiene fuerzas, así que eliminarla no será ningún problema. Atenea y Ares se encargarán personalmente de ello." Respondió la Diosa, para luego fijar su mirada en Atlas. "Quería agradecerte por tu ayuda en la guerra. Por lo que sé, lograron neutralizar el ataque de los Titanes antes de que llegaran a Manhattan."
"No fue tan difícil." Aclaró el Titan como si no hubiera sido nada, aunque claramente no había sido cosa sencilla.
"Si quieres venir con nosotras, no tendremos ningún problema." La Diosa le dijo al rubio, algo que le sorprendió inmensamente. "Todos cometimos errores en el pasado, incluso los mismos Dioses. Es cierto que lo hecho por ti fue algo imperdonable, y nunca seré capaz de olvidarlo, pero también has guiado a una de mis Cazadoras y a Bell a través del Tartaro para que pudieran escapar, todo eso sin esperar nada a cambio." Declararía Artemisa, para después mirar a Luke con una pequeña sonrisa. "Eso también es algo que nunca olvidaré, gracias." Concluyó, para luego inclinar su mano.
Luke pareció algo impactado en un principio, pero aceptó el apretón de manos rápidamente, entregándole una sonrisa.
"Yo debería ser el que esté agradecido, My lady." Concluyó, para luego arrodillarse frente a ella como una gran muestra de respeto, algo que Artemisa recibiría con gusto.
Cuando ambos separaron sus manos, Luke observó sin querer su mano, pero terminó viendo algo que lo dejó completamente helado por unos segundos.
Sus dos ojos se fijaron en el anillo dorado.
"Oye, ¿tanto te impresionó recibir su perdón?" Preguntó Atlas con leve gracia al ver la expresión estupefacta del rubio.
"Eh, no es eso…" Comentó, levantándose con lentitud.
"¿Vamos a ver a Dorazal?" La pregunta de la Diosa se dirigió a Bell, quien la recibió con una sonrisa.
Luke se quedó junto a Atlas, viendo como los dos se acercaban a Dorazal mientras hablaban entre ellos con gran tranquilidad.
Finalmente, la estupefacción en el rostro de Luke desapareció. Su expresión se torció en una pequeña sonrisa picara mientras se cruzaba de brazos y observaba a la pareja.
"¿Quién lo hubiera imaginado?" Pensaría Luke, viendo como ambos le hablaban tiernamente al dragón, quien habría uno de sus ojos para mirarlos. "Ese anillo mágico terminó en las manos de una Diosa como lo es Lady Artemisa, una Diosa Doncella que odia a los hombres y que nunca en su vida se había enamorado. Sin duda alguna, Bell puede lograr hasta lo imposible." Concluyó, mirando a la Diosa detenidamente. "Supongo que será una relación muy complicada, me gustaría ayudar de alguna manera…" Finalizó, para luego inclinarse de hombros. "Habrá que ver como se desarrolla todo esto."
"¿Apollo no podría ayudar con esto?" Preguntaría el albino mientras acariciaba el hocico del dragón.
"No lo creo, Apollo conoce la anatomía de todos los seres que los Dioses crearon, pero Dorazal viene de una de las pocas especies en la que nosotros tenemos muy poco conocimiento." Explicó la Diosa, mientras acompañaba las caricias de Bell.
Ambos no pudieron evitar mirarse cuando sus manos se cruzaron por encima del hocico de Dorazal, deteniéndose en seco. El dragón los miraría con cierta curiosidad, ya que ambos estuvieron unos pocos segundos sin moverse mientras se sonreían.
"¿Podrás venir un momento a nuestro campamento?" Preguntó la Diosa, retirando su mano.
"Hoy las cosas están mucho más organizadas en el Monte Otris, por lo que no veo problema." Contestataria Bell mientras se sentaba cerca de Dorazal.
"Bien, porque me gustaría organizar algunas expediciones." Explicó la Diosa, sentándose al lado de Bell. "Las amenazas hoy en día son casi escasas porque eliminamos a casi todos en la última batalla, pero me temo que la regeneración no debería de tardar más de un mes para que sea un problema."
"Entiendo, lo hablaremos con las demás cuando lleguemos." Declaró Bell, levantándose junto con la Diosa.
Ambos se acercaron al dúo, en donde Atlas se arrodilló frente a él, algo que puso nervioso a Bell.
"Yo volveré al Monte Otrís para ver cómo van las cosas. Lo esperaré allí." Declaró el Titan, para luego desaparecer con una pequeña sonrisa.
Artemisa tan solo observó esto con curiosidad, ya que era raro que Bell se pusiera nervioso por algo, y últimamente podía ver que los Titanes era algo que le parecía estar molestando un poco.
En el campamento de Artemisa…
"¡Corre más rápido!" Exclamó Lilia mientras se sostenía de los cuernos de Grover, persiguiendo a Nico y Percy por fuera del campamento, mientras que Brilia estaba subida a los hombros de Lilia e intentaba atinarles con unas flechas de goma.
Desafortunadamente para ellas, Percy era demasiado rápido como para ser alcanzado, mientras que Nico creaba una gran columna de huesos cada vez que lo veía necesario, bloqueando el ataque con gran facilidad.
"¿Está bien que entrenen de esa manera?" Preguntaría Annabeth con una pequeña sonrisa mientras los observaba.
"Todavía son niñas, no está mal que se diviertan de vez en cuando." Aclaró Zoe mientras practicaba el tiro al blanco junto con Thalía, Phoebe y Bianca.
"¿No quieres intentar?" Preguntó Thalía, después de arrojar su flecha y clavarla en el centro con gran precisión.
"No gracias." Contestó Annabeth, haciendo unas piruetas con su espada. "Prefiero esto."
"Oh, eso no está bien…" Pensaría Bianca en voz alta con cierta desilusión, tras ver como su flecha pegaba en los extremos de la diana.
"No te preocupes, te costará un tiempo tener una puntería perfecta." Phoebe la consoló, clavando su flecha en el centro con gran precisión. "Lilia y Brilia estuvieron alrededor de un año y medio para lograr perfeccionar su puntería, y hoy en día siguen practicando con objetos movibles." Concluyó, viendo como las dos niñas intentaban atinarles a los dos hombres.
El entrenamiento de todos se vio interrumpido cuando vieron como Artemisa llegó junto con dos acompañantes. Todos hicieron una rápida reverencia, pero no volvieron a su entrenamiento de inmediato.
Después de todo, les parecía bastante curioso que Luke estuviera junto a la Diosa.
Es cierto que Atlas también estaba bastante involucrado en los conflictos pasados, pero digamos que la presencia de un Titan era difícil de persuadir, especialmente si era como una especie de mano derecha para Bell.
Artemisa se detuvo, mirando a todos con ambas cejas alzadas.
"¿Por qué se detienen?" Cuestionó la Diosa, para luego mirar fijamente a sus Cazadoras más grandes. "Si tienen algún problema sobre esto, será mejor que lo digan ahora." Concluiría, recibiendo una rápida negativa por parte de Thalía y Bianca, mientras que Zoe simplemente se inclinó de hombros, continuando con su entrenamiento.
Finalmente, la mirada de casi todos se posó en Phoebe, quien miraba seriamente al rubio.
Después de unos pocos segundos, una sonrisa un tanto aterradora adornaría el rostro de la Cazadora.
"De hecho, esto es mejor de lo que esperaba." Aclaró la Cazadora. "Ahora podré atormentarte de una forma legal." Concluyó, logrando que Bell sudara mientras que Luke ponía sus ojos en blanco.
"¿Qué quiere decir con "legal"?" Pensaría Luke con un leve temblor en su ceja.
"No te excedas, recuerda que el Ambar y la Ambrosia se agotaron por completo, además de que mi hermano aun tiene mucho trabajo como para lidiar con esto." Diría la Diosa, quien no pudo evitar poner una mirada afilada sobre Phoebe, quien entendió la orden a la perfección.
La rastreadora simplemente inclinó su cabeza, indicando que no le crearía ningún problema.
"Bien, si necesitan algo, estaré hablando con Bell en mi tienda." Dijo la Diosa. "Decidiremos el próximo lugar donde iremos a cazar." Bell no pudo evitar impresionarse ligeramente ante lo escuchado.
"¿"Decidiremos"?" Pensó el albino, sorprendiéndose por el termino plural.
Antes de que pudiera preguntarle acerca de ello, los dos se metieron en el campamento para iniciar el debate.
Bell miró hacia la entrada de la tienda, viendo que había sido cerrada. Aun así, parecía sostener cierta duda en su mirada.
"No te preocupes, no pueden ver ni escuchar nada que esté aquí dentro." Artemisa adivinó sus pensamientos, mientras le daba permiso para sentarse al frente de ella.
Bell se arrodillaría en la punta de la cama, o más bien, futón. Era algo extraña la vista, ya que el grande hogar de la Diosa era mucho más simple de lo que imaginaba. Solo había unos pocos decorativos de cabeza de animales, y algún que otro artefacto raro que parecían ser trofeos de sus conquistas.
Después de eso, solo tenía su futón y un par de muebles plateados, junto con un gran espejo que se sostenía en un enorme marco plateado.
"¿Te sorprende la vista?" Preguntó la Diosa con ligera gracia, tras ver como Bell miraba de un lado a otro. "Quizás este lugar no parezca el cuarto de una Diosa, pero mis aposentos en el Olimpo están para eso." Concluiría, para después aclararse la garganta. "Ahora, al tema que nos concierne…"
"Es cierto." El albino volvió su atención a Artemisa. "¿Por qué dices que la decisión debemos tomarla ambos, Arty?" Preguntó, logrando que Artemisa sonriera un poco ante el sufijo cariñoso.
"Como ahora eres el Rey de los Titanes, tu titulo es superior al mío. Por ende, me veo en la obligación de debatir esto contigo, sin importar el hecho de que estemos hablando de mis Dominios." Artemisa se explicó lo mejor posible, por lo que Bell pareció entenderlo, aunque no parecía gustarle mucho la idea, y su rostro solo hacia que sus pensamientos se pudieran leer fácilmente. "¿Hay algo que te molesta?" Cuestionaría Artemisa, tras ver la expresión del albino.
"No me gusta entrometerme en este tipo de asuntos." Bell dio su punto, cruzándose de brazos. "Puedes decidir sin mí, créeme que no me molesta." Artemisa tan solo pudo mirarlo con ligera sorpresa tras sus palabras, para luego negar con la cabeza con una sonrisa.
"En un principio pensé que habían sido imaginaciones mías, pero ahora me doy cuenta que en realidad si estás muy nervioso." Tras escuchar las palabras de la Diosa, Bell no pudo evitar alzar una ceja. "Es decir, es raro verte de esa manera, ya que nada te molesta." Artemisa se movió un poco hacia el frente, quedando más cerca de Bell. "Y todo a comenzado desde que te convertiste en el Rey de los Titanes…" Concluyó, logrando que el albino la mirara con sorpresa tras sus observaciones, para luego sonreír entre dientes mientras se palmeaba el rostro.
"Maldición, creo que eres la única persona a la que no puedo ocultarle nada…" Dijo, para luego quitarse la mano del rostro.
"¿Los Titanes son un dolor de cabeza?" Cuestionaría Artemisa, entrecerrando ligeramente sus ojos.
"¡No, por supuesto que no!" Bell agitó sus manos rápidamente para que la mujer se quitara esos pensamientos erróneos de su cabeza. "Ellos son geniales, el problema lo tengo yo." Artemisa no pudo evitar mirarlo con gran curiosidad tras sus últimas palabras.
Al ver que su enamorada no estaría contenta hasta que le contara todos sus problemas, Bell decidió hablarle sobre ellos.
"¿Sabes algo?" Comentó el albino, alzando su mirada con cierta nostalgia. "Cuando era niño, mi deseo era convertirme en un héroe. Quizás ahora no persiga ese deseo y pienso que era una tontería, pero ese deseo siempre fue de la mano con mis convicciones más puras, que eran hacerme fuerte. Quería hacerme fuerte para proteger a aquellas personas que serían importantes para mi cuando las conociera." Bell no pudo evitar reírse de si mismo tras escuchar sus propias palabras. "Sé que es algo demasiado quemado, pero era solo un niño…" La mirada de Bell se suavizaría considerablemente. "Además, no quería pasar por eso de nuevo…" La mirada de Bell se cubriría de melancolía tras recordar sus inicios. "Sé que en ese momento no comprendía los verdaderos motivos de la desaparición de mi abuelo, pero yo solo me eché la culpa y pensé que, si yo no hubiera sido alguien tan despreocupado, podría haber hecho algo." Bell no pudo evitar apretar fuertemente sus manos tras recordar la sensación que tenía en esa época. "Pensé que había muerto, y que no había hecho nada para evitarlo…" Bell sintió como Artemisa le colocó una mano en su hombro, lo cual le agradecería con su mirada.
"Seguro no fue sencillo, y no quiero sonar grosera..." Declararía la Diosa, soltando su hombro. "Pero, ¿eso qué tiene que ver con ser Rey de los Titanes?" Concluyó, alzando una ceja.
"Justamente eso." Respondió el albino. "Yo nunca quise poder para convertirme en el aventurero más fuerte, tampoco quise poder para convertirme en una especie de ídolo para todo Orario, y nunca quise poder para convertirme en el Rey de los Titanes." Declararía, para después dar un gran suspiro. "Yo nunca quise ser un líder, ni me considero uno. Solamente quiero proteger a esas personas que necesitan mi ayuda, a esas personas que están aquí dentro." Diría, señalándose el corazón con su pulgar. "Haber ascendido tantos puestos solo fue consecuencia de otras personas. Después de todo, yo nunca quise convertirme en un Rey." Bell no pudo evitar sostenerse el mentón con un leve temblor.
Realmente no le gustaba ser el Rey de los Titanes.
Sus ojos se ensancharon lentamente cuando sintió como una suavidad cálida y cubierta de cariño se depositaba en su mano libre.
"Aunque no es lo que hayas buscado, debías terminar allí. Es tu destino." Declararía la Diosa mientras acariciaba la mano del albino con sus dos manos. "Tus deseos desinteresados, tu carácter, tu forma de ver las cosas…" Continuó hablando, mientras sus miradas se cruzaban, desprendiendo una gran sensación agradable en el cuerpo de Bell. "Esas personas que te eligieron, lo hicieron porque sabían que tú eras el indicado. Ellos no vieron en ti a un Rey que los lideré, solo vieron a un hombre que les salvó la vida, que los ayudó cuando nadie más lo hizo." Artemisa alzaría lentamente sus dos manos, colocándolas cuidadosamente en las mejillas de Bell. "Solamente vieron a alguien que reflejaba seguridad, unión, amor y honor a todo aquel que lo siguiera." Ella acarició las mejillas de Bell cuando vio como el albino se sonrojaba levemente. "Ellos confían que, en tus manos, el mundo se convertirá en algo mucho mejor." Artemisa colocó su frente en la de Bell, logrando que ambos cerraron sus ojos. "Solo recuerda…"
Bell tomó las manos de la Diosa, mientras sentía como su pecho estaba a punto de explotar.
"Si estás estresado y necesitas ayuda, yo siempre estaré cerca para apoyarte."
Después de esas palabras, Artemisa selló sus labios con los de Bell.
Fue un beso tranquilo que duraría mucho más de lo que ambos esperaban. Sus rostros se reflejaron ante una gran felicidad, indicando la pasión que contenían sus almas.
Con solo verlos, se podía ver claramente que su amor parecía no tener límites.
Ambos se separaron después de que se quedaran sin aire. Artemisa aun continuó cerca de él mientras lo tenía tomado de las mejillas. A simple vista, parecía no querer separarse de él.
Después de que ambos se miraran fijamente por unos segundos, Artemisa decidió romper el silencio con una pequeña sonrisa.
"No entiendo como puedes hacerme tan feliz con solo probar tus labios…" Susurró con gran cariño.
Bell acomodó su largo cabello plateado, teniendo una mejor vista de su bello rostro. De esa forma, pudo ver mejor su expresión, y sus ojos…
Esos hermosos ojos plateados que reflejaban un afecto inconmensurable…
Todo ese afecto dirigido directamente hacia él…
Bell estacionó su mano en la mejilla de Artemisa, entregándole una pequeña sonrisa. Una sonrisa que le hizo sentir tan especial, ya que nunca la había visto.
"Yo también te amo." Dijo el albino, y justo cuando estaban a punto de darse otro apasionado beso, unos sonidos extraños del exterior llamaron su atención justo a tiempo para que sus manos bajaran.
Aunque no tan a tiempo…
"¡My Lady, tenemos problemas…!" Zoe se detuvo al instante y su expresión cambió radicalmente al ver como los dos estaban demasiado cerca uno del otro.
"¿Qué sucede?" Artemisa se levantaría rápidamente, ignorando la mirada que le entregó Zoe hace un momento.
"Por alguna razón, Afrodita está aquí." Dijo, sin poder evitar escupir el nombre de la Diosa del Amor con mucho asco.
"¡Necesitamos ayuda ahora, Phoebe perdió sus cávales!" El grito de Thalía llamó la atención de los tres, al mismo tiempo que se pudo ver de fondo como Grover era arrastrado por Luke y Nico de una forma muy cómica para que no creara más problemas.
Zoe dirigió su mirada nuevamente a Artemisa tras escuchar como chasqueaba la lengua.
"¡Genial!" Despotricó, acercándose a la salida de la tienda. "¡¿Qué demonios quiere?!" Se preguntaría con gran fastidio.
"Dijo que buscaba a Bell." Declaró, haciendo que las dos mujeres miraran al mencionado, mientras se señalaba con gran duda.
Al ver que Bell no tenía idea de lo que Afrodita hacia aquí, una vena en la cien apareció en el rostro de Artemisa mientras una sonrisa muy tenebrosa adornaba su rostro.
"Sé lo que quiere." Dijo la Diosa, haciendo que sus nudillos sonaran. "No se lo daré ni en sus sueños más húmedos…" Concluiría, logrando que Zoe asintiera con gran energía, saliendo junto con la Diosa a un posible conflicto.
"Esto no pinta bien…" Pensó Bell en voz alta mientras una gran gota de sudor recorría por su rostro.
¡FINAL DE LA PRIMERA PARTE!
Para los que se preguntan la razón de mi tardanza, lo que sucede es que estuve un poco ocupado en otras cosas, además de que estaba preparando un par de borradores.
¿Qué clase de borradores?
Como ya algunos saben, estoy haciendo una votación para las próximas historias que haré una vez que termine mis dos actuales. La idea con estos borradores, es mostrar una rápida impresión de como se desenvolvería cada historia y una demostración mínima de la trama que se desarrollará en ellas. De esa forma, pienso que cada uno podrá evaluar sus votaciones, aunque sea un poco mejor, y no solo dejarse llevar ante el aspecto de que su personaje favorito este o no este en la obra.
En total habrá cuatro borradores, uno por cada historia. Soy consciente de que solo un capítulo no podrá hacer que las decisiones sean más concientizadas, ya que, después de todo, en un capítulo no se ve casi nada de la obra en sí.
Todavía no tengo pensado cuando publicarlas, pero será en las próximas semanas. Subiré una por día para que tengan tiempo de leerlas a todas.
Empezaré con el borrador de la Shogun RaidenxEather, continuaré con la de NarutoxEsdeath, después con la de NarutoxYugao, y, por último, con la de TakashixSaeko.
El que aun tenga dudas respecto a las votaciones, háganmelo saber y les responderé rápidamente.
Por ahora, espero que puedan conformarse con la segunda parte de este capítulo cuádruple, que saldrá en unos 4 días o menos si todo va según lo planeado.
¡Un gran saludo!
