¡Después de un tiempo, vuelvo a presentarme con otro capítulo!

Lo más seguro que esta sea la última vez que haya un tiempo tan ancho entre un capítulo y otro, más que nada porque tengo pensado terminar esta historia. Es seguro que se han cumplido varios objetivos, pero en esta ocasión no me fijaré en ello, porque quedan muy pocos capítulos y no estaría bien que el epilogo o el final de arco se vea dividido por otra espera de un mes, siendo que faltaría únicamente un capítulo o dos para terminar.

Por esa razón, probablemente se vean una actualizaciones seguidas para que esta historia termine a lo largo de este mes. Eso no significa que la división entre capítulos sea tan corta, ya que podrían tardar una semana en salir.

Sin nada más que decir, solo me queda esperar que disfruten los últimos capítulos de esta historia.

Sin más dilación, comencemos.

¡Disfruta!

Las Cazadoras estaban practicando su puntería con diferentes troncos utilizados como blancos. El sol comenzaba a asomarse en la lejanía, dándole la bienvenida a un nuevo día.

Un nuevo día que parecía ser la rutina de siempre para las mujeres que odiaban a los hombres, pero la realidad es que ese día se convertiría en una pesadilla total…

Zoe observaba como todas sus amigas continuaban sus entrenamientos mientras afilaba una de sus dagas. Su mirada parecía estar bastante relajada, y probablemente se debía a que todas las Cazadoras novatas por fin habían logrado obtener una precisión alucinante en cada uno de sus disparos.

"Estoy segura que Lady Artemisa está muy satisfecha y contenta con estos progresos." Pensó la Lugarteniente, fijando su mirada en la gran cabaña donde se creaban las flechas.

Allí dentro se encontraba la mencionada Diosa, ayudando a su amante con la fabricación de flechas. De hecho, era algo gracioso ver a los dos, debido a que Artemisa llevaba un pilar gigantesco a su lado de carcajes repletos de flechas, mientras que Bell apenas llevaba la mitad.

"Eres muy lento." Comentó la Diosa con ligera gracia, viendo como Bell se fastidiaba un poco ante sus palabras. Era sabido que al albino no le gustaba perder bajo ningún sentido.

"Bueno, no poseo la vasta experiencia de 3000 años creando flechas." Comentó con gran sarcasmo, logrando que Artemisa alzara una ceja con una sonrisa burlona.

"Para que lo sepas, yo logré dominar esta habilidad en menos de un año." Diría la Diosa, logrando que Bell se inclinara de hombros.

"Lo siento, pero tendría que ser tan viejo como tú para saber si lo que estás diciendo es cierto." Declaró el albino mientras continuaba afilando una flecha.

"Un momento…" Artemisa dejó la flecha a medio terminar, entregándole una mirada anonadada. "¿Me estás llamando vieja?"

Bell simplemente la miró sin decir una palabra. Él se le quedó mirando por unos pocos segundos, para después volver a su trabajo.

Su silencio dejó una respuesta más que clara.

"Oye…" El tono de la Diosa sonó completamente amenazante mientras un pequeño tic se presentaba en su ceja.

"Ahora que lo pienso, siempre me dices hermanito. Supongo que tienes razón, eres la mayor. Muy, muy mayor." Comentó sin cambiar su expresión, aunque era más que claro que se estaba aguantando la risa debido a que Artemisa pareció perder completamente tras sus últimas palabras.

"¡Ya verás…!" Exclamaría la Diosa, abalanzándose sobre Bell, tirándolo al suelo.

La Diosa terminó sobre el albino, quien no paraba de reír por la actitud infantil de la mujer. Artemisa no pudo evitar sonreír tras escuchar la risa de su amado.

Ella se quedó admirando esa risa por unos pocos segundos, hasta que finalmente habló.

"Gracias."

Esa fue su única palabra, algo que confundió al albino.

"¿Por qué?" Indagó con cierta confusión.

"Gracias por quererme de esta manera. Gracias por dejar que te quiera de esta manera…" La Diosa le tomó de las mejillas, acercando su rostro lentamente.

"Gracias por hacerme tan feliz."

Esas fueron las últimas palabras, debido a que sus labios se unieron de una forma bastante apasionada.

Los besos aun mostraban esa clásica inexperiencia y torpeza. No era desagradable o gracioso, eso solo hacia ver la pureza que sobresaltaba de aquellas dos almas que realmente se amaban, que realmente se deseaban con gran necesidad.

Ambos se separarían por la falta de aire, un pequeño hilo de saliva conectaba sus labios.

Bell llevó una mano a la mejilla de la Diosa, acariciándola con gran cariño cuando vio como ella se apoyó en su mano con gran ternura.

"Se siente tan bien cuando estamos tan cerca…" Comentó la Diosa con sus ojos cerrados, claramente refiriéndose al contacto de sus cuerpos.

"No entiendo como alguien que no tenía idea del amor puede ser tan encantadora y cariñosa…" Comentó Bell, acercando sus labios para darle otro corto beso.

El albino se sentó y dejó que la Diosa se quedara sobre su regazo. Ambos se abrazaron fuertemente.

La Diosa se acurrucó en el pecho de Bell mientras dejaba que la sensación cálida la invadiera por completo.

Bell subió una de sus manos y comenzó a acariciarle el cabello.

Ellos se quedaron en silencio por unos instantes, sin intenciones de romper ese abrazo.

"Deberíamos volver al trabajo." Dijo Bell, rompiendo el bonito silencio.

"Solo un rato más…" El albino pudo sentir como la Diosa aferraba sus manos fuertemente en su camisa. "No sabía que el amor podría sentirse tan bonito." Concluyó, frotando su mejilla sobre su pecho.

Bell se rio ante el dicho de su amante, aunque no pudo evitar entenderla.

"De hecho, yo tampoco…" El albino colocó su mentón sobre la cabeza de la Diosa.

"Lo más seguro es que se sienta tan bonito por tu culpa."

"Eso debería decir yo."

CAPÍTULO 45: ¡LA DESTRUCCIÓN DEL OLIMPO!

La tensión era palpable en el Olimpo. Decir que los Dioses solo estaban un poco tensos era un completo eufemismo. Incluso el mismo Zeus estaba completamente estático mientras miraba a aquella mujer, Diosa, o lo que sea que fuera que había irrumpido en la morada sagrada. Y no solo fue su irrespetuosa entrada lo que los confundió, sino fue el hecho de que Ares y Atenea estuvieran a los pies de aquella mujer oscura, quienes apenas parecían estar respirando.

"¿Quién eres?" La tensión de los Olímpicos aumentó aún más tras la pregunta de Zeus, ya que la mujer simplemente sonrió.

Una sonrisa que generaría una gran inquietud en cualquiera.

"Veo que todos fueron arrastrados aquí de una forma bastante sencilla." Comentó la mujer, ignorando por completo la pregunta del Dios. "Antes de que tomen ideas erróneas, déjenme avisarles que preparé esta reunión sin intensiones de matarlos…A menos que me obliguen." Concluyó, su mirada se presentó algo siniestra ante sus últimas palabras.

"¿Qué le hiciste a mis hijos?" Zeus volvió a hacer otra pregunta, y en esta ocasión, fue él el que ignoró las palabras de Claridad.

"¿Ellos?" La mujer bajaría su mirada, viendo a los dos Dioses inconscientes. "Digamos que era mi principal objetivo. Después de todo, ellos son los que desencadenan la mayor maldad sobre la tierra." Explicaría la mujer, para luego mirar al Dios. "Ellos morirán, a menos que yo los cure. Después de todo, están siendo consumidos lentamente por mi poder de la destrucción." Tras escuchar esas palabras, varios Dioses no pudieron evitar sorprenderse.

"Así que, esa aura negra…" Pensó Zeus, viendo a sus hijos caídos. "Definitivamente no se trata de Caos. Entonces, ¿Quién diablos es?" Concluyó, pensando que sería mejor tenerle mucho cuidado a la mujer que se posaba frente a él.

"Ellos no tienen porqué morir. Siempre y cuando acudan a mis peticiones, nadie aquí tiene que morir." Aclararía la mujer con una sonrisa. "Después de todo, todo el mundo debe tener una posibilidad de redimirse."

"¿Qué es lo que quieres?" Muchos se sorprendieron al ver que Zeus parecía querer escuchar sus demandas. No todos reaccionaron de la misma manera, debido a que algunos ya estaban acostumbrados al cambio de actitud que había tenido el Dios.

Claridad miraría atentamente al Rey del Olimpo, entrecerrando ligeramente los ojos.

"Solo quiero que los Dioses de la Guerra desaparezcan por completo, y que no haya ninguna guerra más en todo el mundo." Declaró la Diosa Primordial, ganándose una mirada desaprobadora de Zeus.

"No hay forma de que acepte algo como eso." Respondió el Dios. "Las guerras son algo vital para la historia de los mortales y los seres sagrados. Transmitieron sientas de lecciones y avances tecnológicos que nos llevaron donde estamos ahora." Claridad no pudo evitar dar un pequeño suspiro cubierto de decepción, para después mirar al Dios.

"¿Por qué?" Cuestionaría, materializando una de sus cadenas, comenzando a agitarla. "¿Por qué todos tienen que perseguir la desesperación?" Se preguntó con gran tristeza. "¿Por qué todos desean destruirse entre sí?" Concluyó, alzando su cadena, logrando que apuntara hacia Zeus, mientras su rostro parecía buscar una respuesta. "¿Por qué mis creaciones tienen que ser tan necias?" Concluyó, logrando que los ojos de más de uno se ensancharan.

La mujer bajaría su mirada por un corto segundo, en donde parecía meditar sobre lo que debía hacer.

"Entonces, supongo que no me dejan elección…" Ella alzó su mirada, denotando una expresión mucho más oscura que la primera vez, haciendo que todos los Dioses se sintieran amenazados.

Apollo se puso rápidamente en posición de combate y materializó su arco, aunque Zeus le detuvo con su mano para que no hiciera nada.

"Si no logran comprender algo tan básico, deberé destruir el Olimpo y a todos ustedes…" Concluyó.

Hades se abalanzó hacia la mujer sin que Zeus pudiera detenerlo. El Dios del Inframundo llevaba su casco puesto mientras inclinaba su brazo hacia el frente, creando una gran espada de oscuridad que parecía ser capaz de rebanar todo a su paso.

Al ver el movimiento hostil, Claridad alzó una de sus manos, haciendo que la cadena negra se multiplicara infinidad de veces, siendo todas arrojadas contra Hades.

El Dios apretó fuertemente los dientes cuando las cadenas chocaron contra su espada de oscuridad, debido a que ejercían una gran presión sobre su cuerpo. Las cadenas parecían romperse, pero la espada también. Por lo tanto, la espada del Dios no aguantó por mucho más tiempo y terminó destrozándose por completo, haciendo que las cadenas lo golpearan con una gran contundencia y lo mandaran a rodar por el piso.

"¡Hades!" Gritó Poseidón, viendo como su hermano rodaba hasta chocar contra uno de los pilares, derrumbándolo en el acto.

Poseidón siguió ese ejemplo, ya que también fue golpeado a causa de su distracción.

"Antes de continuar con sus destinos, debo hacer una limpieza general." Comentó Claridad, desmaterializando todas sus cadenas, a excepción de una.

Todos se prepararon para un impacto directo, pero se quedaron completamente impresionados al darse cuenta que el ataque no iba dirigido a nadie de ellos.

La cadena se acercaba peligrosamente hacia los pilares de la sala.

"¡Espera!" Gritó Zeus, sabiendo lo que estaba tramando.

La cadena atravesó el primer pilar sin ningún tipo de dificultad. Así fue con el segundo, y el tercero.

Zeus solo pudo observar en shock como las cadenas destrozaron todos los pilares, para que después la cadena descendiera a una gran velocidad, incrustándose en el suelo.

A la lejanía, se pudo ver como la sala del Olimpo colapsaba, al mismo tiempo que toda la morada flotante se partía en dos cuando la cadena lo atravesó por completo, para que luego se resquebrajara en diferentes fragmentos y comenzara a perder lentamente su altitud.

Cuando el Olimpo fue destrozado en cuatro partes, los Dioses perdieron su equilibrio y terminaron cayendo por el gran agujero del medio que se había generado por la destrucción.

Zeus alzó su mirada mientras se precipitaba a una caída libre. Su expresión era una clara prueba de cómo se sentía ahora. Una expresión que era imposible de explicar.

Después de todo, estaba viendo como todo el Olimpo se desmoronaba frente a sus ojos…

Estaba viendo como todo lo que le había costado tanto crear era destruido en tan solo un segundo…

Quizás, el significado de devastación era lo que más se acercaba a lo que estaba sintiendo en estos momentos.

"¡Zeus, reacciona!" El grito de Poseidón hizo que el Rey del Olimpo despertara de su tormento, viendo como todos los Dioses estaban cayendo, esperando sus órdenes.

Zeus observó hacia abajo, pudiendo distinguir entre todos los escombros como Ares y Atenea caían sin ningún tipo de reparo.

"¡Hefesto, Hera!" Gritó el Dios, señalando a sus dos hijos. "¡Atrápenlos antes de que caían sobre la ciudad!" Ordenó, haciendo que los dos mencionados actuaran rápidamente, comenzando a volar a toda velocidad hacia donde se encontraban.

Hades fijó su mirada en Claridad, quien estaba encima de todos. El Dios hizo una pequeña mueca de molestia mientras creaba una gran espada de oscuridad, para luego desaparecer entre las sombras de los escombros.

Poseidón llamó a su tridente, el cual llegó de inmediato, alzando su mirada mientras una gran cantidad de agua comenzaba a rodear su cuerpo.

Hefesto invocó una enorme gárgola de metal, deteniendo la caída de Ares y Atenea. Tanto él como su madre se posicionaron rápidamente sobre aquella gárgola gigante, protegiendo a las dos divinidades que se encontraban al borde de la muerte.

Zeus llamó a su Rayo Maestro y observó como Hades se posicionaba detrás de la Diosa Primordial con la ayuda de los escombros, apareciendo entre las sombras mientras extendía su espada para herirla.

Claridad le atacó con un sinfín de cadenas, aunque de poco sirvió, ya que Hades se desplazó entre las sombras nuevamente, volviéndose invulnerable por segundos. La Diosa sonrió ante eso, haciendo que sus cadenas retractiles volvieran a su cuerpo, para luego abalanzarse a toda velocidad en contra del Dios del Inframundo.

Hades no pudo evitar pestañear con gran desconcierto al ver que la mujer se encontraba en frente de él en tan solo un pestañeo. Claridad preparo un fuerte puñetazo, haciendo que Hades se cubriera con su espada. El impacto fue tan grande que destrozó los escombros que se encontraban detrás de ambos. El Dios comenzó a retroceder rápidamente, siendo abrumado por la fuerza de la Diosa Primordial. Zeus y Poseidón llegaron justo a tiempo, brindando aun más apoyo con sus dos armas divinas.

Los rayos, el agua, y la oscuridad se mezclaron en un enorme tumulto de poder mientras hacían todo lo posible para contener el ataque de Claridad.

"Todo esto…" Los tres Dioses pensaron en completa conmoción. "¡¿Solo con su mano?!"

Los demás Dioses tuvieron que cubrirse por la enorme incandescencia que producía el choque de poderes.

Finalmente, se produjo una enorme explosión en el cielo que generó una enorme onda de choque, dispersando a una gran cantidad de Dioses. La explosión había sido tan fuerte que había cegado a todos por un momento, y cuando finalmente abrieron sus ojos, pudieron ver que Claridad no se encontraba en ninguna parte.

Dionisio desvió su mirada por un corto segundo hacia el cielo, sintiendo que algo extraño estaba sucediendo. Antes de que le restara importancia a ese hecho, pudo ver como Hermes llegó al campamento con una expresión realmente alarmada.

Zeus, Hades y Poseidón pudieron sentir como sus cuerpos se congelaban al sentir como numerosas cadenas los estaban aprisionando desde sus espaldas.

"¿En dónde están mirando?" El tono susurrante y malicioso que recorrió por detrás de sus cuellos hizo que les helara la sangre por completo.

Antes de que Claridad pudiera hacer algo más, alzó su mano libre hacia un costado, engullendo una gran cantidad de llamas con sus cadenas. Su mirada se desvió hacia ese mismo lugar, viendo como Hestia tenía sus dos manos inclinadas hacia el frente. La pobre Diosa ya estaba respirando con gran agitación, debido a que ella no era alguien que se caracterizaba por su fuerza en combate.

Claridad simplemente sonrió. "Si quieres que los suelte, supongo que puedo cumplir ese deseo." La Diosa primordial aferró sus manos a la cadena, agitándolas fuertemente hacia abajo, al mismo tiempo que las soltaba.

Esta acción hizo que todos los Dioses se quedaran completamente estáticos, ya que no podían igualar tal velocidad.

Y eso solo significaba una cosa…

La Ciudad de Nueva York se encontraba en completa paz, al igual que sus transeúntes, quienes viajaban de un lugar a otro, cada persona ocupada con sus propias responsabilidades y sus propios problemas.

Esa tranquilidad habitual fue completamente destrozada en mil pedazos, y nunca mejor dicho. Eso había sido así, ya que tres enormes Dioses habían caído sobre el Empire State y los edificios circundantes, rompiendo las estructuras por completo y llevándose miles de vidas en ese mismo proceso.

La gente que logro sobrevivir al primer impacto comenzó a correr despavorida, pero muchos quedaron enterrados por los gigantescos escombros que estaban volando por doquier, introduciéndose en diferentes edificios y localidades, generando un caos absoluto en cuestión de segundos.

"¡Afrodita, ahora!" Gritó Apollo, desviando la atención de la Diosa Primordial nuevamente.

Afrodita se acercó rápidamente a la mujer y expandió la niebla en todas direcciones, cegando la visión de Claridad en ese momento. La Diosa Primordial esperó pacientemente el ataque, preparándose para cualquier tipo de emboscada, aunque se notaba visiblemente que no se encontraba para nada preocupada.

Aun así, ella nunca hubiera previsto lo siguiente…

Su mirada cambió radicalmente cuando una gran cantidad de hombres desnudos que tenían la apariencia de su hermano se acercaron rápidamente a ella mientras le guiñaban el ojo.

Esto hizo que la Diosa se quedara completamente congelada en el lugar, solo para ver como las ilusiones desaparecían junto con la niebla. En ese preciso momento apareció Apollo, quien tenía su arco extendido mientras creaba una flecha dorada de tamaños abismales.

"¡Toma esto!" Gritó el Dios del Sol con una sonrisa furiosa, expulsando su flecha, quien no tardó ni un segundo en impactar en la mujer.

Un enorme torbellino dorado se creó, enviando a Claridad directamente hacia el suelo, generando otro impacto igual de estruendoso que el anterior.

Las partículas doradas y la onda de choque se esparcieron por toda Nueva York, destruyendo casi todas las viviendas que aun se encontraban intactas.

Los Dioses caerían al mismo tiempo que los restos del Olimpo se estrellaban contra el suelo, quedando solo algunos pocos vestigios del que una vez fue el lugar más sagrado en este mundo.

"¿Dónde están?" Se preguntó Hera, quien dejaba a Ares y Atenea en cuidado de Hefesto.

"Deberían de estar por aquí…" Dijo Apollo, mirando en la gran cantidad de escombros que había dejado el Olimpo.

Las dudas de todos se disiparían rápidamente cuando el Rayo Maestro cayó rápidamente sobre un montón de escombros, revelando a Zeus quien se estaba recomponiendo, quitándose las cadenas que aun estaban sobre su cuerpo.

Hades se levantó, esparciendo una gran cantidad de escombros a su alrededor.

"Usó algo para que no pudiera evadir las cadenas…" Pensaría el Dios del Inframundo en voz alta, viendo como las cadenas estaban cubiertas de un aura oscura.

El tridente de Poseidón pasó por al lado del mencionado Dios, haciendo que este volteara su mirada.

"Déjame ayudarte con eso." Comentó su hermano, rompiendo todas las cadenas con su tridente.

"Gracias." Comentó Hades con una pequeña sonrisa condescendiente, solo para ensanchar un poco sus ojos al ver como Poseidón escupió un poco de sangre.

Los ojos de todos casi se disparan al ver como Poseidón comenzó a gritar con gran fuerza al mismo tiempo que numerosas cadenas atravesaban su abdomen y le obligaban a flotar mientras movía sus piernas y manos en un pobre intento de liberarse.

Las cadenas rápidamente se desaparecieron, haciendo que el Dios cayera al suelo y escupiera una gran cantidad de sangre.

"¡Hermano!" Gritó Hera con gran pesar, corriendo rápidamente en ayuda de Poseidón.

"¡No puede ser!" Pensó Apollo con los ojos bien abiertos. "¡Ese ataque debió incinerarla!"

Hades apretó fuertemente los dientes y se cubrió de oscuridad nuevamente, pero justo antes de que se transportara al lado de Zeus, alguien lo tomó por el hombro.

"Me sorprendiste la primera vez, pero eso no volverá a pasar." La voz de Claridad sonó sobre su espalda, y antes de que pudiera saber lo que sucedió, él se encontraba en un lugar completamente diferente hacía unos segundos. Su mirada rápidamente se posó en el campo de batalla, viendo como Zeus hacia todo lo posible para esquivar las cadenas de Claridad, mientras que Hera llevó a Poseidón un poco lejos del campo de batalla.

Hera miró como Zeus apenas podía esquivar y bloquear las numerosas cadenas. Su mirada se desvió a Claridad, quien controlaba las cadenas con una tranquilidad que le asustaría a cualquiera.

"Solo está jugando con nosotros…" Pensó la Diosa en voz alta, para luego ver como Poseidón se ponía de pie con dificultad. "No puedes pelear en estas condiciones. Tenemos que irnos."

Esas palabras hicieron que Claridad desviara su mirada hacia los dos hermanos, haciendo desaparecer sus cadenas. La Diosa Primordial alzó su mano sin siquiera mirar, deteniendo el Rayo Maestro de Zeus sin ningún tipo de dificultad, haciendo que numerosos rayos se dispararan en todas direcciones.

Los ojos de Poseidón y Hera se ensancharon con gran conmoción cuando sus cuerpos fueron apresados por culpa de cadenas que salieron desde los escombros.

"Nadie escapará." Fueron las palabras fulminantes de la mujer, al mismo tiempo que alzó su mano libre, creando dos esferas oscuras del tamaño de una pelota de tenis.

"DEVASTACIÓN…"

Esa sola palabra hizo que todos comenzaran a sudar y se quedaran completamente inmóviles.

Después de todo, sabían bastante bien el significado de esa palabra…

Los únicos que pudieron reaccionar, fueron Hades y Zeus. Hades comenzó a desplazarse entre las sombras a gran velocidad, mientras que Zeus pudo liberarse del agarre de la Diosa Primordial y corrió rápidamente hacia sus dos hermanos, transportándose como si fuera un rayo.

Las dos esferas se acercaban a una enorme velocidad hacia Poseidón y Hera, quienes observaban el impacto inminente con gran temor.

Claridad no pudo evitar sonreír al ver el aparente resultado, pero esa sonrisa cambió a una expresión cubierta de sorpresa cuando la figura de Zeus y Hades llegaron justo a tiempo.

Zeus miró hacia su costado, viendo como Hades iba a recibir la esfera de lleno. El Rey del Olimpo afirmó el agarre sobre su Rayo Maestro, para luego arrojarlo contra el ataque utilizando todo su poder.

Increíblemente no hubo una explosión inmensa por tal choque de poderes, lo único que se pudo presenciar fue como la pequeña esfera pareció consumir todo el poder del rayo hasta que finalmente desapareció sin dejar rastro.

Hades observó como el Rayo Maestro cayó casi sin energía justo en frente suyo. El Dios desvió rápidamente su mirada, sin poder evitar ensanchar sus ojos ante la impresión.

"¿Hermano…?" Fue lo único que pudo decir Hades, ya que el estupor le había golpeado tan fuerte que no podía comprender lo que acababa de suceder.

Zeus escupió una gran cantidad de sangre como respuesta, para luego entregarle una sonrisa temblorosa mientras hacia todo lo posible para mantenerse de pie.

"¿Qué sucede?" Preguntó con un tono burlón. "¿Tanto te sorprende que tu tan odiado hermano menor te haya salvado?" Concluyó, mientras se tomaba su pecho, viéndose como una gran cantidad de sangre dorada se escurría de su vestimenta mientras un aura negra corrosiva cubría todo su cuerpo.

"¡Zeus!" Exclamó Hera con gran desesperación, atrapando a su marido entre sus brazos al ver como sucumbía ante el dolor y el rápido desgaste que estaba teniendo su cuerpo.

Hera parecía que estaba a punto de comenzar a llorar, pero antes de que pudiera hacerlo, el Dios tomó su Rayo Maestro y la colocó sobre su mano.

"No es momento para lamentos." Dijo Zeus, cerrando la mano de la Diosa sobre el rayo. "No ahora." Concluyó con una pequeña sonrisa que reflejaba una seriedad absoluta.

Hera no pareció ser la única que entendió esto, ya que toda su familia tomó esas palabras al pie de la letra.

"Supongo que el golpe terminó mejor de lo que esperaba…" Pensaría Claridad en voz alta, solo para esquivar un fuerte espadazo cortesía de Hefesto, quien generó una enorme grieta por la fuerza que había utilizado.

Poseidón dio un gran suspiro y dejó de temblar, cerrando sus ojos profundamente. Una enorme cantidad de agua comenzó a rodearlo mientras sostenía su tridente con ambas manos. El Dios abrió sus ojos, viendo como estaba creando un gran Coloso de agua, estando él en el centro.

"¡Ahora!" Rugieron todos los Dioses Olímpicos con la excepción de Zeus, Hades, Poseidón y Hera, arrojando una gran cantidad de ataques divinos simultáneamente, agotando todas sus energías en aquel ataque.

Claridad se detuvo en el aire, mirando como todos la atacaban desde diferentes direcciones. La mujer simplemente sonrió y alzó sus dos manos, rodeándose por completo de cadenas con un aura extraña que giraban a una gran velocidad.

Las cadenas se movieron erráticamente hacia los ataques como si tuvieran vida propia y los engulleron por completo. Las explosiones se concentraron dentro de las cadenas que apenas resultaron algo dañadas, asombrando inmensamente a todos.

Zeus tomó la punta de su Rayo Maestro, cargando la cantidad de energía divina restante en su cuerpo.

"Apuntale." Fue la simple palabra de Zeus, en donde Hera rápidamente asentiría.

La Reina del Olimpo direccionó el Rayo Maestro, expulsando un enorme rayo que fue disparado con una energía sin igual.

El rayo impactó de lleno con las cadenas, generando una enorme onda de choque muy electrizante que recorrió por toda la ciudad. Las cadenas parecieron resistirse en un principio, pero finalmente cedieron ante el potente ataque y se rompieron en miles de pedazos, dejando a la Diosa Primordial nuevamente expuesta.

Hades vio esto, por lo que rápidamente se desplazó entre la oscuridad al punto más cercano de la mujer. Poseidón comenzó a concentrar toda el agua en su tridente, haciendo que el liquido se transformara en energía divina celeste.

Aquel Coloso de agua desapareció en un santiamén. Poseidón permaneció flotando en el aire mientras sostenía su tridente, que parecía estar a punto de explotar por la gran cantidad de energía contenida.

Una rápida mirada se cruzó entre los dos hermanos, quienes asintieron al unísono.

Ambos se lanzaron a una enorme velocidad hacia la Diosa Primordial, logrando que la mujer alzara una ceja ante esto.

"¿No aprendieron de su anterior ataque en conjunto?" Se preguntó la mujer internamente, viendo como los ataques de ambos parecían ser mucho más poderosos que los anteriores. "Ni siquiera esa pequeña diferencia de poder podrá conmigo…" Concluyó, alzando sus dos manos hacia donde provenían los ataques, comenzando a crear cadenas.

Una sonrisa apareció en Zeus al ver lo que estaba a punto de suceder. "Te olvidaste de alguien."

Claridad no pudo evitar ensanchar sus ojos con gran sorpresa cuando sintió como alguien o algo le propinaba un fuerte golpe por encima de su cabeza. Los rayos no se hicieron esperar, y eso fue más que suficiente para saber de quien se trataba.

Las cadenas desaparecieron cuando la Diosa Primordial abandonó su postura a causa de la gran sorpresa.

Poseidón y Hades apretaron fuertemente sus dientes, inclinando sus armas hacia el frente con gran fuerza.

Justo antes del impacto, se pudo presenciar como una sonrisa dentuda aparecía en el rostro de Zeus tras ver a sus tres hermanos.

"Que recuerdos…" Pensó el Dios, recordando cuando tuvieron que trabajar en equipo de la misma manera para derrotar a los Titanes.

El impacto generó otra enorme explosión al igual que la primera, con la excepción de que esta era mucho más grande. Hefesto invocó diversos escudos gigantes para cubrir a todos sus aliados, para luego ser completamente cubierto por una luz cegadora que no dejaba de crecer en todas las direcciones.

Finalmente, la luz silenciosa completamente blanca dejó de ser tan silenciosa cuando se contrajo levemente, creando un gigantesco estruendo a lo largo y ancho de toda la ciudad, mandando a volar cientos de escombros en todas direcciones. El temblor fue desapareciendo gradualmente, hasta que aquel sonido ensordecedor finalmente dejó de escucharse.

La enorme cortina de polvo y humo no dejaba nada a la vista, solo se podía ver que la gigantesca explosión había expulsado casi todos los escombros a las afueras de la ciudad. No era necesario decir que no había ningún sobreviviente llegados a este punto.

La gran nube lentamente cedió terreno, dejando a la vista un gigantesco cráter que se expandía a lo largo de kilómetros en donde antes existía la ciudad de Nueva York. Diversas estructuras sobrevivientes del Olimpo se deslumbraban en los interiores del cráter, que aparentemente habían sido protegidas por Hefesto, y esos enormes escudos arruinados que rodeaban dichas estructuras eran clara prueba de ello.

Allí se pudieron ver a gran parte de los Dioses, quienes se encontraban casi intactos gracias a las defensas de Hefesto, aunque el cansancio de todos era más que notorio. Aunque el más cansado de todos era el mismo Dios de la Forja, quien no pudo evitar caer desmallado.

Todos los Dioses se reunieron como pudieron entre el enorme humo, tomaron a los tres Dioses inconscientes para dirigirse hacia Zeus, quien aun se encontraba al margen cerca del centro de la explosión.

El Dios miraba hacia ese punto, completamente convencido de que el ataque debería haber sido mortal.

Se pudo ver como tres figuras emergieron desde el polvo, siendo Poseidón, Hades y Hera, quienes estaban gravemente dañados por el ataque que ellos mismos habían hecho.

"Necesitará una atención de inmediato." Comentó Hades, quien llevaba a un Poseidón inconsciente sobre sus hombros.

"Por suerte mis aposentos aun sigues en optimas condiciones." Comentó Apollo, viendo como sus aposentos estaban a varios metros, luciendo algo dañados. "Intentaré hacer todo lo posible allí." Concluyó, viendo como Hera abrazaba fuertemente a Zeus, quien simplemente se reía de la expresión de su esposa.

"Un momento…" Comentó el mismo Apollo, viendo atentamente a Zeus, y como esa aura oscura aun no desaparecía. "El poder de la Devastación debería desaparecer una vez que su portador muere…" Pensó en voz alta, comenzando a sudar.

Él no fue el único, ya que aplausos pausados y regulares comenzaron a escucharse desde la cortina de polvo.

Todos dieron vuelta su mirada lentamente, mirando con completo horror como Claridad emergía del polvo sin casi ningún rasguño.

"Debo felicitarlos." Comentó la mujer con una sonrisa. "Eso me dolió bastante." Concluyó con una sonrisa relajada mientras continuaba aplaudiendo. "Pero…" Continuó, estirando su cuerpo, dejando ver las numerosas heridas superficiales que tenía su cuerpo. "Ya no tengo planeado extender esto por más tiempo…" Concluyó, entregando una mirada muy fría que hizo retroceder a todos los que aun podían moverse.

A todos, menos ciertos Dios que comenzó a reír.

Eso no sorprendió solo a los Dioses, sino a la misma Claridad, quien no pudo evitar alzar una ceja ante la actitud despreocupada de Zeus.

Solo piénsenlo, ¿quién sería capaz de reírse si su muerte estaba asegurada?

Zeus detuvo sus aparentes delirios, haciendo un gran esfuerzo para sentarse en el suelo mientras se quitaba una lagrima.

"Ahora lo entiendo todo. Supongo que este era el momento de esa tonta Profecía…"

El comentario del Dios hizo que todos se sorprendieran, mientras que el interés de Claridad explotó tras lo escuchado.

"Así que, ahora tienen una forma de poder ver el futuro, ¿eh?" Se preguntaría la Diosa Primordial. "Pero si sabían el resultado, ¿por qué simplemente no cedieron a mis peticiones?" Cuestionaría, ganándose una sonrisa bastante vivaz por parte del Dios.

"Porque no necesitamos hacer tal cosa." Comentó con completa seguridad ante la mirada sorprendida de Claridad. "Después de todo, el Chico de la Profecía se encargará de destruirte." Claridad pareció realmente interesada en aquellas palabras, por lo que desapareció su instinto asesino, aunque sea por unos momentos.

"¿Chico de la Profecía?" Claridad volvió a preguntar con gran interés. "¿Hay alguien más fuerte y problemático que el mismísimo Rey del Olimpo que aún esté con vida?" Concluyó, viendo como el Dios asentía. "¿Esto es alguna especie de truco?"

"Supongo que podrás sentir la energía sagrada. Así es como encontraste a Ares y Atenea, ¿o me equivoco?" La Diosa rápidamente asintió ante su comentario. "Entonces, sabrás que hay una gran cantidad de semidioses griegos no muy lejos de aquí. Por lo general, él oculta su energía, pero puedo asegurarte de que se encuentra allí."

"¡Zeus!" Gritó Poseidón con sus ojos bien abiertos, y los demás Dioses parecían estar igual de furiosos.

"Entonces, iré a hablar con ese tal Chico de la Profecía. Quizás pueda ser más razonable que ustedes." Comentó la Diosa Primordial, dándose media vuelta. "Por cierto…" Volvió a comentar, mirando a Zeus de reojo. "Si esto es un truco, prometo que los mataré a todos sin piedad." Concluyó, desapareciendo en un santiamén.

"¡Maldito imbécil!" Hades tomó a su hermano del cuello y lo jaló con enorme fuerza. "¡¿Te das cuenta que acabas de vender a todo el Campamente Mestizo?!" Hades lo agitó con aun más violencia, para luego arrojarlo fuertemente contra el suelo. "¡Aunque nosotros muriéramos, ellos tenían una posibilidad de sobrevivir, pero los has condenado por completo!" Concluyó, volteándose con gran molestia.

"Además, tengo entendido que Bell ahora no se encuentra en el Campamento Mestizo." Comentó Hera con gran preocupación. "Estoy intentando comprenderte, pero me es imposible."

"¿Dónde creen que se fue Hermes?" Todos se sorprendieron tras sus palabras. "Ya había planeado todo esto cuando destrozó el Olimpo con esa facilidad." Zeus cerró sus ojos con ligero dolor, tomándose el pecho. "Para cuando llegue, solo podrá ver como todos se irán frente a sus ojos."

"Lo entiendo, pero, ¿por qué arriesgar de esa manera?" Cuestionaría Apollo, acercándose a su padre.

"Muchos necesitan un tratamiento intensivo. Si no comenzamos ahora, lo más probable es que mueran." Concluyó, mirando a su hijo con gran seriedad. "No pierdas ni un solo segundo."

Apollo pareció entender la situación, por lo que rápidamente asintió con gran seriedad.

Un minuto más tarde, en el Campamento Mestizo…

Claridad llegó justo a tiempo para ver como una enorme luz se cernía sobre el campamento. La mujer atravesó las puertas, viendo como Hermes desaparecía de aquel lugar mientras estaba tomado de las manos con todos los campistas del lugar, desapareciendo mediante un gran destello.

La mujer desvió su mirada con ligero fastidio, viendo que aun quedaba un solo campista en aquel lugar. O más bien, un solo Dios.

"La habilidad de teletransportarse es lo único que realmente voy a envidiarle a los Dioses…" Afirmaría, acercándose lentamente al Señor D, quien la miraba con su típica expresión aburrida.

"¿Necesitas algo?" Preguntó el Dios, haciéndose el tonto.

"Sabes muy bien porqué estaba aquí. Pero ahora supongo que da igual." Concluyó, mirando hacia otra dirección con ligero aburrimiento. "Pero, hay algo que si me intriga…" Claridad volvió a mirarlo, dibujando una mirada cubierta de curiosidad. "¿Por qué te quedaste a morir?"

"Mi padre me encomendó un mensaje." Fue la simple respuesta de Dionisio mientras permanecía con sus manos en sus bolsillos. "Dijo que, si quieres ver al Chico de la Profecía, debes volver a donde están ellos."

"¿Sabes que a estás alturas ya no les creo nada, ¿verdad?" Cuestionó la Diosa, alzando una ceja. "Aun así, regresaré para matar a esos Dioses. Y luego seguiré con sus engendros para concluir con mi promesa, incluyendo a los que tienen sangre romana." Culminó la mujer, para luego mirarlo con interés. "Pero sabes que esa no es la respuesta que esperaba."

Dionisio bajó su mirada por un corto segundo, pensando detenidamente la respuesta.

"Supongo que no lo hago por mí, o por mi padre…" Dijo el Dios, alzando su mirada despreocupada. "Estoy seguro que Zeus me ordenó esto para asegurarse de que no fueras a por los campistas primero. Supongo que es una idea estúpida, ya que esto podría traer más interés para que fueras a por ellos, pero…" Dionisio se quedó callado por unos pocos segundos, para luego inclinar sus hombros. "En fin. Supongo que yo también tenía ese miedo." Dionisio miró a la mujer con gran seriedad. "Así que, por favor, no vayas tras ellos."

Para estos momentos, Claridad parecía bastante impresionada.

Por lo poco que había presenciado, no creía que ningún Dios antepusiera la seguridad de una especie aparentemente inferior sobre los suyos, sin importar que se tratara de sus propios hijos.

"He de admitir que me sorprendiste…" Comentó Claridad con una pequeña sonrisa. "Quizás mis creaciones aun no están tan podridas como yo pensaba. Pero, aun así, no termino de creerlo del todo." Concluyó, enseriando ligeramente su mirada. "Si no te resistes, prometo otorgarte una muerte rápida." Comentó la Diosa Primordial, haciendo que numerosas cadenas comenzaran a salir de sus manos.

Dionisio tan solo pudo suspirar ante la idea de morir.

Las cadenas se mezclaron con un aura oscura altamente corrosiva. Y justo antes de ser disparadas, pudo escucharse una palabra.

"DEVASTACIÓN."

Una gran cantidad de sangre dorada mancho el suelo al mismo tiempo que la figura de Dionisio se alzaba a causa de las cadenas que le estaban atravesando el pecho. El Dios tosió una gran cantidad de sangre dorada, sintiendo como si vida se extinguía rápidamente.

Las cadenas cubiertas de sangre lo rodearon por completo, haciendo que esa aura corrosiva cubriera al Dios por completo, quien comenzó a convertirse en pequeñas partículas.

Cuando su cuerpo estaba a medio desaparecer, el Dios no pudo evitar presenciar el cielo por una última vez.

En ese momento, numerosos recuerdos de los campistas llegaron a su mente.

Finalmente, su habitual expresión despreocupada y aburrida fue reemplazada por una sonrisa.

Justo antes de que desapareciera por completo, unas palabras se cruzaron por su mente.

"¿Quién diría que al final me encariñaría con esos mocosos…?"

Claridad solo observó en silencio como Dionisio desaparecía por completo, para luego bajar su mirada. Sus ojos rápidamente se estacionaron en un dragón dorado que sobresalía a la lejanía, por lo que comenzó a acercarse lentamente hacia él.

Unos momentos antes, en un lugar de Brasil…

Luke se encontraba dentro de una pequeña cabaña mientras jugaba un juego en su consola.

Así es, por lo visto, la había llevado hasta allí.

El hombre parecía tomar de su jugo con gran tranquilidad mientras disponía de su control en su otra mano.

"¡Allí está!" El grito se escuchó a través del plasma. "¡Agárrenlo!"

Luke colocó su jugo a un lado tras escuchar los numerosos gritos de hombres aparentemente españoles.

"Este juego nunca pasa de moda…" Pensó el rubio con una pequeña sonrisa.

Luke continuó jugando, desviando su mirada de la pantalla hacia la ventana para ver como Percy y los demás se encontraban entrenando junto a las Cazadoras. Incluso Clarisse se encontraba en el lugar, lo cual era extraño.

"¡Detrás de ti, imbécil!"

Su mirada se desvió nuevamente a la pantalla tras escuchar el grito.

"¿De verdad este juego está ambientado en España?" Se cuestionó con una ceja alzada mientras abría el inventario de aquel juego.

Su mirada se desvió cuando una notificación llegó a su celular. El rubio procedió a soltar el mando para tomar más jugo mientras miraba el celular con la otra.

Los ojos de Luke se ensancharon con locura y no pudo evitar toser una gran cantidad de jugo tras ver el contenido.

"Esto tiene que ser una maldita broma…" Pensó el hombre en voz alta, para luego levantarse y correr hacia el exterior a toda prisa, para la sorpresa de todos los demás, quienes no pudieron comprender al rubio.

"Gracias por dejar que mis amigos vinieran." Comentó el albino con una pequeña sonrisa mientras hacia un pequeño recorrido a solas con Artemisa.

Ambos recorrían el interior del bosque, en donde parecía que estaba haciendo algún tipo de perímetro.

"No hay problema." Contestó la Diosa con una sonrisa. "Después de todo, es tu cumpleaños." Concluyó, logrando que Bell se frotara el cabello ante sus palabras.

Bell se detuvo al ver que Artemisa lo había hecho, por lo que la miró con ligeras dudas.

"¿Arty?" Indagó el albino, acercándose a la Diosa.

Artemisa simplemente sonrió ante el apodo, para luego quitarse un collar de su cuello, entregándoselo a Bell.

"En esta ocasión, si tengo un regalo para ti." Afirmaría. "Era de mi madre. Ella dijo que se lo entregara a alguien quien yo pudiera confiar con mi vida." Bell abrió su mano, viendo como el collar era un corazón plateado que tenía una luna en el centro. "En un principio no había entendido muy bien esas palabras, pero ahora no tengo dudas a lo que se refería en aquel entonces…" Concluyó, abrazando fuertemente al albino.

Bell simplemente pudo contestar el abrazo con ligera sorpresa.

"Para ser sincero, no se que decir…" Comentó, logrando que Artemisa se separara un poco de él.

"No tienes que decir nada." Aclararía la Diosa, apoyando su frente con la de Bell. "Solo quiero esto…" Concluyó, para luego sellar sus labios con los de Bell.

Bell llevó sus manos a la cintura de la Diosa y la abrazó con aun más fuerza, recibiendo un gesto agradecido por parte de Artemisa, quien parecía estar bastante contenta por el contacto tan delicado y amoroso que le propinaba su amante secreto.

Ese momento podría haber durado mucho más de lo que los dos pensaban, si es que los ruidos intensos de las ramas y los pasos acelerados no le hubieran hecho acordar que las Cazadoras no eran las únicas que se encontraban aquí.

Ellos dos se separaron rápidamente, viendo poco después como Luke aparecía entre la gran vegetación.

"¡Aquí están!" Exclamó el rubio con agitación, logrando que Bell y Artemisa se miraran entre sí.

"¿Qué sucede?" Indagó la Diosa.

"No creerán esto…" Luke alzó su mano, en donde un video comenzó a reproducirse.

"Son solo las noticias de Estados Unidos…" Comentó Bell, sin ver nada extraño.

"Esperen." Aclararía el hombre, haciendo que ambos miraran y escucharan con gran atención.

"No sabemos que sucedió exactamente, pero a ocurrido una gran tragedia..." Comentó un locutor, mientras se veía como ponían un video de una cámara de seguridad en Nueva York.

El video comenzó a reproducirse, en donde se podía ver como el Empire State terminaba completamente destrozado en cuestión de segundos, al mismo tiempo que una gran explosión se generaba en toda el área circundante, hasta que finalmente alcanza la cámara y se corta la grabación.

"¡¿Pero qué…?!" Gritaron Artemisa y Bell completamente conmocionados por lo que vieron.

"No pudimos mantener ningún tipo de comunicación después de este suceso, y aunque no se ve lo que causa tales destrozos, creemos que estamos ante un ataque terrorista…" El locutor continuó hablando, pero para estas alturas ya no lo estaban escuchando.

"Nada se vio…" Comentó Bell, teniendo una idea de lo que eso significaba.

"Debemos ir a Nueva York, ahora." Concluyó la Diosa con total seriedad.

¡FINAL DEL CAPÍTULO!

¡Como siempre digo, espero que lo hayan disfrutado!

En el próximo capítulo se verá el enfrentamiento entre Bell y Claridad. Si el enfrentamiento y los acontecimientos son algo rápidos, entonces quizás puedan estar presenciando el lemon de esta historia en ese mismo capítulo.

Algunos se preguntan porque razón Artemisa nunca llegó a la reunión de los Dioses. Digamos que eso se responderá en el próximo capítulo.

No me quedan muchas más cosas que decir. Solo voy a decir que se preparen para una gran cantidad de muertes importantes.

¡Les mando un enorme saludo!

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