¡Aquí me presento otra vez con un nuevo capítulo!
Tuve unas largas vacaciones de casi un mes en donde me distendí de todo. Ahora vengo con ganas renovadas para continuar actualizando. Lo más seguro es que los próximos capítulos se vean pronto.
Sin mucho más que agregar, solo puedo esperar que les guste este capítulo.
¡Disfruta!
El gran cráter que se alzaba en donde antes existió la Ciudad de Nueva York ahora residían los restos sobrevivientes del Olimpo.
Al borde de este enorme cráter, se encontraban varios clones de Hermes y el mismo Dios quienes se encargaban de controlar los avances de los mortales que tuvieran la intención de meter sus narices.
En las pocas estructuras sobrevivientes del Olimpo, estaba el aposento de cierto Dios del Sol, quien se encontraba ayudando a los Dioses afectados por la batalla anterior. Había 5 Dioses que se encontraban en las camillas, solo uno de ellos estaba consciente.
Todos se encontraban alrededor de aquel Dios, quien parecía estar bastante relajado, a pesar de que mostraba una condición bastante pálida y desecha.
"Lo importante es que las bajas fueron casi nulas…" Comentó Artemisa, mientras miraba a su padre con gran preocupación. "Le daremos a Dionisio el reconocimiento que se merece cuando acabemos con esto."
"Al final, creo que mi tonto hijo por fin había encontrado una verdadera razón por la que luchar, quitando a las fiestas y el alcohol." Zeus se rio, solo para toser poco después.
Aunque esa tos no era para nada normal, y todos se veían preocupados por él. En especial Apollo y Hera.
El Dios del Sol solo se dignaba a observar como Hera reconfortaba a su esposo acariciándole la mejilla. Por su mirada, él parecía entender algo que los demás no.
"Deja de hablar." Declaró Bell con cierta preocupación. "Estás en una condición bastante mala para eso."
"Bell tiene razón." Comentó Afrodita, quien lucia bastante aturdida por lo que había ocurrido. De hecho, estaba completamente desalineada por la batalla reciente, algo que ella nunca dejaría que suceda.
"¿Cómo se encuentran los demás?" Preguntó Zoe, viendo a los demás Dioses inconscientes que estaban en camilla.
"Hefesto gastó demasiada energía, solo necesita reposar unas horas." Aclaró Apollo, para luego fijar su mirada en Poseidón. "Mi tío es otra historia. No solo consumió mucha energía, sino que también recibió heridas bastante graves. Pero supongo que estará bien en un par de días. Hades se fue a reclutar el ejército del Inframundo y el de los Mares por obvias razones. Tardará un tiempo en volver." Apollo se detuvo, algo que llamó la atención de todos.
Después de todo, aun faltaba que hablara de la condición de Zeus, Ares y Atenea.
"Bell, tenemos que hablar en privado." Comentaría el Rey de los Dioses, logrando que Hera se molestara.
"¿Acaso no escuchaste lo que dijeron? ¡Nada de hablar!" El reproche de la Reina fue apaciguado al instante cuando Zeus la tomó de su cabeza y la enterró sobre su pecho.
"Estaré bien." Aclararía el Dios con calma, dándole un pequeño beso en la frente que la ruborizó levemente.
Hera se alejó a regañadientes.
"Vengan conmigo." Apollo haría un pequeño gesto con su cabeza, haciendo que todos le siguieran, a excepción de Bell que se quedó junto a su autoproclamado padre.
"Entonces…" Bell vio que ya todos estaban alejados, volteando su mirada a Zeus. "¿Qué sucede, viejo?"
"Desembucha de una vez, hermano." Ordenó Artemisa, quien se cruzaba de brazos. "Puedo adivinar por tu mirada que algo no está bien."
"Es sobre Zeus, Ares y Atenea." Apollo bajó levemente su mirada. "Les di muchas revisiones, y sus heridas no son tan graves…"
"¿Eso quiere decir que estarán bien pronto?" Cuestionó Hestia con gran alegría en su voz, aunque la mirada de Apollo indicaba todo lo contrario.
El Dios cerró el circulo lo que más pudo para que Zeus no lo escuchara.
"Ellos se están muriendo…" Comentó por lo bajo, haciendo que todos lo miraran con gran asombro, que rápidamente se transformó en gran exasperación.
"¡¿Y no hay nada que puedas hacer para evitarlo?!" Cuestionó Hera con clara desesperación.
Apollo la miró, negando con su cabeza.
"Ella no mentía cuando insinuaba estar emparentada directamente con Caos." Apollo giró su rostro disimuladamente, viendo a los tres Dioses que eran el centro de la conversación. "Esa aura negra los está consumiendo. No solo a sus cuerpos, sino que también a sus esencias." Comentó con gran tristeza. "El deterioro de Zeus es el más rápido, ya que el ataque rosó su corazón."
"Eso quiere decir que ni siquiera su inmortalidad los salvará…" Comentó Artemisa, sin poder creer lo que estaba sucediendo. "Eso significa que…" La Diosa miró a su padre, viendo como parecía estar hablando tranquilamente con Bell.
"No digas eso, viejo." Declararía Bell, reacio a creer lo que estaba escuchando. "Recuerda que me llamaste con antelación para salvarte de tu muerte."
"Si, ese egoísmo fue lo que te trajo aquí hace casi dos años. Todavía recuerdo muy bien cuando llegaste…" Comentó el Dios, mirando hacia el techo algo dañado de los aposentos. "Hubo un momento en donde quise matarte, ¿lo recuerdas?" Comentaría el Dios con bastante gracia, haciendo que Bell se sorprendiera bastante.
"Incluso puedes ser bastante peculiar en una situación tan delicada…" Dijo, teniendo cierto respeto por primera vez en aquel Dios. "Me sorprendes, viejo." Concluyó, entregándole una pequeña sonrisa.
Zeus simplemente se rio entre dientes y le dio un par de palmadas en el hombro. Ese ambiente relajado se cortó lentamente cuando la sonrisa de Zeus se redujo considerablemente, sumado al silencio que se había apoderado entre ellos.
"No tenemos mucho tiempo, así que quiero ser lo más claro posible." Zeus miró hacia el techo, haciendo un pequeño segundo de silencio. "Sé que estoy muriendo."
"Pero no morirás. Recuerda lo que te dije hace un momento." Bell desafió sus palabras al instante, viendo como el Dios lo miraba de reojo ante sus palabras. "De lo contrario, no lograría cambiar nada sin importar que llegara con dos años de anticipación."
"Eso no es verdad." El Dios contestó de una manera rotunda, logrando que Bell se impresionara un poco. "En estos dos años, has cambiado muchas cosas." Zeus se dio media vuelta, mirando como los Dioses, Cazadoras y Semidioses hablaban entre sí. "Cambiaste la relación entre los Dioses y sus hijos mestizos. Cambiaste a los Dioses. Cambiaste a mi hermano, Hades. Hiciste que mi hija Artemisa volviera a sentirse muy feliz nuevamente. Incluso me cambiaste a mí. Tú te encargaste de que el Olimpo evolucionara de una manera majestuosa…" Dios lo miró con gran seriedad. "Tomaste decisiones dignas de un Rey…" Concluyó, apretando el hombro del albino con su mano. "Estoy muy orgulloso."
"Pero, no lo entiendo…" Bell apretaría ligeramente sus dientes, al mismo tiempo que sus puños se apretaban. "¿De qué sirve mi llegada temprana, si de todos modos no pude evitar la caída del Olimpo?"
"El Olimpo aún no ha muerto." Contestó Zeus con calma, logrando que Bell lo mirara con gran confusión tras sus palabras. "El Olimpo está justo frente a tus ojos." Bell no pudo evitar ensanchar ligeramente sus ojos al ver a todos los Dioses reunidos, quienes estaban hablando arduamente sobre algo. "El Olimpo no es una estructura. El Olimpo no es una llama. El Olimpo son todos ellos."
"Pero, ¿cómo podrían seguir sin su Rey?" Bell bajó su mirada tras sentir como Zeus le daba un golpe en su pecho.
"En eso tienes razón." Declaró el Dios. "Por eso quiero que me prometas que cuidaras de ellos." Bell no pudo evitar confundirse ante tal petición.
"Lo siento, pero no lo entiendo…" Contestó, haciendo que Zeus le golpeara una vez más en el pecho.
"Solo prométemelo." Dijo el Rey del Olimpo.
Bell pareció dudar por un corto segundo, pero finalmente asintió.
"Lo prometo." Afirmó el albino, logrando que Zeus sacara una débil sonrisa.
"Muy bien, ahora déjame solo…" Culminó, tosiendo con un poco de fuerza.
Bell tan solo asintió, apartándose de él. Cuando se reunió con todos, Zeus le hizo pequeños gestos con su mano a Artemisa, logrando que esta se acercara.
"¿Sucede algo, padre?" Preguntaría la Diosa de la Luna, sacándole una sonrisa al Dios.
"Solo quiero que me respondas una pregunta." Aclaró el Dios, enseriando un poco su mirada. "Y quiero que sea con total sinceridad."
"Por supuesto." Artemisa asintió sin dudar, logrando que Zeus volviera a su sonrisa que se había vuelto habitual en estos tiempos.
"¿Bell te hace feliz?"
Esa pregunta desordenó bastante a la Diosa, pero asintió sin ningún tipo de dudas.
"Muy bien…" Contestó Zeus, tomando un pequeño segundo de pausa. Él la volvió a mirar, esbozando una sonrisa un tanto picara. "¿Crees que también te haría feliz como mujer?" Artemisa no pudo evitar sonrojarse ante tal pregunta, y la sorpresa no le permitió ocultarlo.
"¡Soy una Doncella!" Contestó al instante. "¡Es imposible que tenga ese tipo de sentimientos hacia un hombre!" Su rubor desapareció y entregó la mirada más llena de desprecio falsa que podría haber creado en esos momentos.
Aunque Zeus parecía no haber creído del todo esa respuesta.
"Tienes razón, tus Juramentos son mucho más importantes, además de que nunca podrías sentir ese tipo de sentimientos por ningún hombre debido al gran odio que les tienes. Eso es lo que me estás diciendo, ¿verdad?" Cuestionaría el Dios, viéndose como Artemisa asentía de inmediato. "Supongo que estás siendo sincera." Comentó, logrando que la Diosa se pusiera un poco nerviosa. "Recuerda que me lo prometiste."
Artemisa no pudo evitar abandonar el contacto visual con su padre tras escucharlo. Ella comenzaría a jugar con sus manos con una expresión bastante tierna, como si fuera una niña que había sido descubierta haciendo alguna travesura.
Después de unos segundos de silencio, la Diosa bajaría su mirada y susurraría algo, al mismo tiempo que su rubor aumentaba.
"¿Qué dijiste?" Cuestionó el Dios, ya que había sido imposible oírla.
Artemisa alzó su mirada, haciendo un corto contacto visual con su padre, para luego mirar hacia otro lado.
"Que se vayan a la mierda mis Juramentos…" Ese comentario hizo que Zeus pestañeara en shock.
"¿Disculpa?" El Dios la volvió a interrogar, pensando que había escuchado mal.
Artemisa le volvió a mirar, aunque en esta ocasión no desvió la mirada.
"La felicidad que me da ser su pareja es mucho más valioso que esos estúpidos Juramentos, que solo me entregaron un gran dolor cuando me impidieron acercarme aún más a él." Contestó la Diosa con completa seguridad. "Prefiero correr un gran riesgo amándolo, a vivir con arrepentimiento por el resto de mi vida." Culminó con tanta convicción que sorprendió bastante a su padre.
Finalmente, Zeus salió de su estupor y no pudo hacer otra cosa que sonreír.
"Ya veo…" Comentó el Dios, alzando su brazo para acariciar el cabello plateado de su tan querida hija. "Entonces, les otorgo mis bendiciones a ustedes dos." Concluyó el Dios, logrando que Artemisa se impresionara, alejándose levemente.
"¡Pero-pero no es que seamos amantes ni nada de eso!" Exclamó algo alarmada, aunque no pudo disimular su sonrojo.
Zeus simplemente negó con la cabeza, bastante divertido ante la actitud de su hija. Una actitud que nunca demostraba en su presencia.
"No se dio cuenta que ella misma confirmó su relación con Bell hace unos instantes…" Pensó el Dios con cierta gracia, viendo como su hija no era capaz de mirarlo a la cara.
Esa linda conversación terminó de forma abrupta cuando un aura pesada golpeó todo el sitio.
Todos miraron hacia un lugar en concreto, viendo como un aura negra se agitaba violentamente alrededor de una figura que apenas era visible.
"Veo que trajeron a unos amigos…" La Diosa Primordial miró a todos, pudiendo sentir sus energías divinas. Su mirada se torció a una de confusión cuando notó una gran discrepancia en la energía que emitía cierta persona. "Estudié a todos los Dioses Olímpicos, pero estoy segura que no se te mencionaba en ningún sitio. Además, esa energía no se complementa del todo con la de un Dios. Entonces…" La figura de claridad se hizo completamente visible tras señalar a Bell. "¿Quién eres tú?"
CAPÍTULO 46: AL BORDE DEL ABISMO.
Artemisa se reuniría con los demás Dioses, viendo como Bell se acercaba a Claridad, quedando a una distancia prudente de aquella mujer.
"Por lo que tengo entendido, ya te hablaron de mí." El albino contestó la anterior pregunta de la Diosa Primordial, quien lo miraba sin inmutarse en lo más mínimo.
"Entonces el Chico de la Profecía si era real." Diría Claridad, estudiando a Bell con su mirada. "¿Tú también estás a favor de lo que ellos hacen?"
"Me he cruzado con todo tipo de enemigos en mi vida." La respuesta algo extraña de Bell llamó un poco la atención de la Diosa Primordial. "Algunos eran simples bestias sin raciocinio, otros eran impresionantes guerreros, y otros eran simples basuras…" Bell hizo una pequeña pausa, estudiando a la mujer con su mirada. "Y últimamente he logrado descubrir otro tipo de enemigos. Esos son aquellos que piensan destruir todo por el simple capricho de que el mundo no funciona de la forma en que ellos desean."
Claridad entendió al instante que estaba hablando de ella, por lo que finalmente dio un pequeño suspiro, agachando levemente su cabeza.
"No es un capricho, simplemente estoy purgando el mundo de los monstruos…" Contestó, para luego alzar su mirada con cierta seriedad, desprendiendo esa sensación desagradable que emitían sus ojos negros carentes de luz. "Supongo que no vas a escucharme…"
"Vayamos a otro lado." Pidió Bell, sabiendo que la batalla podría tornarse bastante fea y mucho de sus amigos podrían entrar en el fuego cruzado involuntariamente.
"Lo haremos aquí mismo." Fue la respuesta de aquella mujer, quien no dejó ninguna pizca de compasión y amabilidad en sus palabras.
"¿Por qué tendría que hacerte caso?" Cuestionó el albino, agarrando las empuñaduras de sus dagas, estando a nada de desenfundarlas.
Tras esa pregunta, Claridad miró hacia todos los Dioses y demás individuos que estaban reunidos. La Diosa Primordial alzó una de sus manos, haciendo que Bell ensanchara sus ojos en shock.
"¡Cuidado!" Bell intentó advertirles, pero fue en vano.
Las cadenas negras se dispararon tan rápido que nadie pudo ver exactamente lo que había sucedido. El albino volteó lentamente su rostro, abriendo sus ojos de par en par al ver como Afrodita vomitaba una gran cantidad de sangre mientras tomaba las cadenas que estaban atravesando su abdomen.
Un silencio sepulcral se presentó en todo el lugar, en donde todos se quedaron completamente inmóviles. La más impactada parecía ser la misma Afrodita, que no paraba de ver aquellas cadenas que atravesaban su abdomen.
Esa imagen no duró mucho tiempo, ya que las cadenas volvieron a Claridad, logrando que Afrodita cayera al suelo y vomitara otra gran cantidad de sangre dorada.
"¡No te preocupes, te pondrás bien!" Exclamó Luke, cargando a la Diosa medio inconsciente, entregándole una rápida mirada a Apollo.
Claridad tan solo miró como ambos se fueron a los restos de los aposentos de Afrodita, con la clara intensión de tratarle los daños.
Nadie había salido de su estupor aun, por lo que no pudieron prepararse cuando la Diosa Primordial volvió a alzar su mano.
"¿Quién será el siguiente?" Se preguntó la Diosa, logrando que Bell la mirara con gran rabia, desenfundando sus dagas en un rápido movimiento.
Claridad redireccionó sus cadenas a Bell, utilizando la misma velocidad. Pero en esta ocasión, el albino estaba mucho más preparado mentalmente.
Bell hizo un veloz salto, combinado con un movimiento descendente de sus dagas justo cuando las cadenas estaban por toparse en su camino.
Los ojos de Claridad se ensancharon ligeramente al ver como sus cadenas eran destrozadas con un movimiento bastante simple. Aun así, ella no detuvo el ataque.
Bell comenzó a gritar mientras continuaba avanzando hacia donde se encontraba la Diosa Primordial, agitando sus dagas con una enorme velocidad, destruyendo las cadenas que intentaban ponerse en su camino. Finalmente, el albino llegó a posarse frente a Claridad, en donde no perdió el tiempo.
La Diosa Primordial pensaría que con desviar aquellas dagas con sus manos serían más que suficiente para contrarrestar un ataque tan debíl, por lo que su sorpresa fue absoluta cuando logró hacer lo que estaba pensando, pero un profundo corte se prolongo a lo largo de todo su brazo.
Bell dio un pequeño salto hacia atrás, recomponiendo su posición rápidamente mientras observaba como la mujer miraba el corte que se extendía a lo largo de todo su brazo.
"Vaya…" Fue la simple respuesta de la mujer, quien miraba como su sangre dorada chorreaba a borbotones. "Tienes unos juguetes bastante interesantes allí, ¿no te parece?" Concluyó, fijando su mirada en aquellas dos dagas que se encontraban manchadas de sangre dorada.
"Es cierto." Comentó Percy con una gran sonrisa. "Con esas dagas, Bell tendrá una gran ventaja sin importar la diferencia de poder. Después de todo, un solo corte podría matarla." Todos no pudieron evitar estar de acuerdo con el hijo de Poseidón, sintiendo como la esperanza alcanzaba niveles muy altos.
Claridad hizo una pequeña mueca de fastidio cuando sacudió su brazo con la intención de quitarse la sangre. Esa mueca desapareció al instante cuando volvió a mirar al albino, entregándole una sonrisa relajada.
"Veamos de qué están hechas, Chico de la Profecía." Comentó la Diosa Primordial, poniéndose en postura de combate.
Todos observaron esperanzados como Bell se volvió a arrojar contra la mujer, generando un fuerte impacto.
Esas sonrisas desaparecieron por completo cuando tuvieron una vista un tanto curiosa. Eso se debía a que Claridad había tomado una de las dagas con su mano, haciendo que brotara un poco de sangre.
Bell no perdió el tiempo e intentó apuñalarle el pecho, pero el resultado fue el mismo: Una fuerte ventisca cuando ella atrapó la daga con su otra mano.
Bell intentaba zafarse del agarre, pero le era imposible ya que Claridad las estaba tomando con gran fuerza para su sorpresa.
"Los materiales de esta daga son bastante peculiares, incluso puedo notar cosas que no logro entender…" Comentó la Diosa Primordial, ignorando por completo como Bell intentaba escapar de su agarre. "Si…parece ser que Hefesto intentó crear unas dagas prácticamente indestructibles." Concluiría, para luego esbozar una sonrisa un tanto peligrosa.
Las manos de la mujer se apretaron con aun más fuerza en aquellas dagas, haciendo que la sangre dorada brotara con aun más intensidad. Un sonido un tanto extraño comenzaron a escucharse para Bell.
Ese sonido rápidamente comenzó a sonar como resquebrajaduras, haciendo que el albino ensanchara sus ojos con completo desconcierto al ver como sus dagas estaban comenzando a agrietarse.
Antes de que pudiera hacer algo al respeto, sus dos dagas se rompieron en mil pedazos al mismo tiempo que caía de espaldas.
Todos observaron esto con gran estupor, ya que no sabían lo que estaba sucediendo.
"Pero, para romperlas requieres una fuerza fuera de este mundo…" Pensó Artemisa, sin poder comprender lo que estaba sucediendo.
"¡Mierda!" Fue lo único que pudo pensar Bell cuando se puso de pie, solo para ensanchar sus ojos con gran conmoción al ver como Claridad ya estaba en frente suyo.
"Acabemos con esto de una vez…" Susurró con una voz de ultratumba.
Bell ni siquiera pudo reaccionar a tiempo cuando ella le propinó seis fuertes golpes contundentes a lo largo de todo su torso, generando una gran explosión de energía que le hizo escupir una gran cantidad de sangre.
"DEVASTACIÓN."
El séptimo golpe generó un fuerte estruendo que le obligó a todos a cubrirse por la gran cortina de polvo que se había generado.
Todos volvieron su mirada al campo de batalla, haciendo que ensancharan sus ojos en completo shock.
Allí se encontraba Bell, tirado a varios metros de Claridad con sus ojos completamente blancos mientras vomitaba una gran cantidad de sangre, al mismo tiempo que un aura negra corrosiva cubría todo su torso.
"¡Bell!" Todos gritaron con gran desesperación al ver en la terrible condición que había quedado con tan solo un par de golpes.
"Solo era pura palabrería…" Comentó la Diosa Primordial mientras se acercaba lentamente al inconsciente Bell. "No existe nadie que pueda desafiar el poder de la desaparición." Concluiría, aunque sus pasos se detuvieron al instante cuando vio como un borrón plateado se posó justo en frente de ella.
"Lady Artemisa…" Pensaron todos las Cazadoras con gran preocupación al ver como la Diosa había actuado por su cuenta.
"¿La Diosa de la Luna?" Se preguntó Claridad al mismo tiempo que inclinaba su cabeza hacia un lado.
"¡Aléjate de él!" Rugió la Diosa con gran furia, sorprendiendo un poco a su contrincante.
De un segundo a otro, los ojos de Artemisa pestañearon con gran alerta.
"¿Crees que posees la fuerza necesaria para mantenerme alejada?" Le susurró Claridad al oído, congelando por completo a la Diosa de la Luna.
Se podría decir que Artemisa saltó hacia atrás por mero instinto, esquivando de milagro un puñetazo que generó una grieta en el suelo.
Artemisa materializó un arco divino plateado ni bien tocó el suelo, poniéndose a la defensiva instantáneamente. Su objetivo se vio bastante claro cuando Claridad llegó a una velocidad que nadie pudo seguir, estrellando un par de puñetazos y patadas contra el arco, generando pequeñas ondas de choque en gran parte de la zona.
Artemisa dio un gran salto hacia atrás para tomar algo de distancia, pero de poco sirvió, ya que Claridad estaba encima de ella en tan solo un instante. La Diosa volvió a bloquear otro ataque con su arco, utilizando el mismo bloqueo como apoyo para sostenerse sobre la mano de su oponente, propinándole una fuerte patada en el rostro que ni inmuto a Claridad, pece al fuerte remolino que se había creado por culpa del golpe. Artemisa volvió a pestañear con gran alerta y nuevamente dio un gran salto hacia atrás por pura inercia, esquivando otro ataque devastador que generó otra gran grieta en el suelo.
Ni bien pudo apoyarse en el suelo, Artemisa retomó su postura de combate. Los ojos de la Diosa se ensancharon en shock cuando Claridad apareció a su costado de la nada, propinándole un fuerte puñetazo en el abdomen que la mando a volar, logrando que la Diosa ensanchara aun más sus ojos por el dolor mientras escupía una gran cantidad de sangre dorada.
Claridad no le dio descanso, ya que volvió a atacar a una velocidad vertiginosa con una de sus cadenas, posándose a varios metros detrás de Artemisa. El ataque fue tan rápido que solo pudo distinguirse la enorme ventisca y el cambio de posición de la Diosa Primordial, sumando el hecho de que una de las manos de Artemisa había salido volando.
Artemisa se recompuso en el aire con un gran estallido, para luego moverse a una alta velocidad hacia su mano que sostenía el arco, recuperándolo y esquivando otro ataque de Claridad por los pelos.
La Diosa rodó por el suelo y se dio una media vuelta a una gran velocidad, sosteniendo el arco con su única mano mientras observaba con gran dolor como su brazo cortado no paraba de sangrar. Desafortunadamente, ni siquiera tenía tiempo para hacer un torniquete, ya que Claridad se encontraba parada a un par de metros, mirándola con completo desdén.
"Ya me aburrí de esto." Aclaró Claridad, mientras posicionaba un pie hacia adelante, indicando que estaba a punto de moverse.
Artemisa reforzó su pose defensiva, esperando el impacto en cualquier momento. Por lo que su sorpresa fue aun mayor cuando Claridad apareció detrás suyo con un puño extendido sin siquiera sentir su presencia. Un segundo después, un enorme cráter se generó, y el abdomen de Artemisa se hundió peligrosamente mientras escupía una enorme cantidad de sangre dorada.
El cuerpo de la Diosa se estrelló fuertemente contra el mismo cráter, haciéndolo aún más prominente. Claridad no tuvo piedad con ella, y se demostró cuando comenzó a darle diversos golpes en el torso que hacia temblar todo a su alrededor, hundiendo más y más a Artemisa entre los escombros, hasta que finalmente le dio una fuerte patada, disparando los escombros hacia el cielo, al igual que la misma Artemisa.
Todos observaron con horror como la Diosa apenas parecía estar consciente por sus ojos borrosos.
Esos ojos que apenas parecían tener vida se posicionaron en la figura inconsciente de Bell por un corto segundo. La Diosa se estrelló contra el suelo y se detuvo a un metro del albino.
Artemisa alzó su mirada para ver a su amante secreto, viendo que aún seguía con los ojos en blanco mientras esa aura corrosiva parecía estar consumiéndolo lentamente.
"Al igual que Caos, ella posee el poder de destruir y crear lo que sea a su antojo…" Pensó la Diosa, bajando su mirada con gran dolor mientras todo su cuerpo temblaba. "Ese poder se encarga de destruir tu alma y cuerpo hasta que no queda nada de ti…" Unas lagrimas comenzaron a emerger de sus ojos, sintiendo como la desesperación e impotencia se apoderaban de ella. "No hay ningún individuo de este mundo que pueda imponerse a ella…" Sus pensamientos fueron cortados de repente cuando escupió una gran cantidad de sangre.
"La Diosa de la Castidad, una Doncella, llorando por un hombre…" Comentó Claridad, sosteniendo dos cadenas con su mano que estaban clavadas profundamente en el abdomen de la Diosa. "Están completamente podridos por dentro." Escupió con gran asco y decepción.
Claridad dio un gran suspiro, para luego alzar su otra mano, creando una pequeña esfera de color negro.
"Es hora de acabar con esta disputa irrazonable." Culminó, entrecerrando ligeramente sus ojos.
Justo cuando estaba a punto de hacer su ataque, pudo sentir como un par de flechas impactaron sobre su cuerpo, logrando que la Diosa Primordial volteara su mirada hacia sus atacantes.
"¡Deja en paz a Bell y Lady Artemisa!" Gritaron las dos Cazadoras menores, estando frente a frente con la Diosa Primordial.
"¿Unas niñas?" Se preguntó Claridad, sus ojos se encontraban carentes de compasión.
"¡No!" Gritó Zoe con gran desesperación, viendo que las niñas se habían escabullidos sin que ellas se dieran cuenta, por lo que comenzaron a correr hacia donde ellas para defenderlas.
"Están malditas, pero ningún niño se merece ver esta masacre." Comentó la mujer con una mirada vacía, al mismo tiempo que redirigía su ataque hacia las pequeñas Cazadoras. "Les ahorrare el sufrimiento de ver esto." Concluyó, logrando que los ojos de Artemisa se ensancharan de sobremanera.
La Diosa reunió toda su fuerza restante y logró arrancarse las cadenas, para luego usar sus manos para impulsarse a toda velocidad, ya que sus piernas no parecían responder más.
La Diosa abrazó fuertemente a las niñas y cerró sus ojos, esperando el impacto inminente.
"¡DEVASTACIÓN!"
La explosión se presentó por todo el lugar, haciendo que todos se cubrieran por el gran polvo que azotó toda la zona.
Artemisa abrió lentamente sus ojos, sin poder evitar sorprenderse al ver que el ataque no parecía haberle afectado. Como estaba de espaldas, no pudo ver a su salvador, aunque las niñas parecían poder distinguirlo.
La Diosa volteó su rostro, ensanchando aun más sus ojos cuando el polvo cedió terreno.
"¡B-BE-BELL!" Gritaron las dos niñas al punto del llanto al ver que Bell había cubierto el ataque de Claridad, a coste de su brazo que estaba completamente rojo por el impacto.
"¿Cómo es esto posible?" Se cuestionó Claridad con gran sorpresa, viendo como el aura corrosiva desaparecía por completo del cuerpo de Bell. "¿Y qué es esa forma?" Se volvió a a preguntar, viendo como unos rayos lo rodeaban, al igual que un aura de fuego.
"Claro…" Los ojos de Artemisa parecieron pestañear con gran comprensión. "Al no ser de este mundo, el efecto de destrucción no funciona en él." Concluyó, algo que Claridad pudo escuchar.
Y de pronto, esa Diosa Primordial parecía estar realmente interesada en Bell, y su mirada la delataba.
"Llévense a Artemisa." Fueron las simples palabras de Bell, mientras esa aura de fuego y rayos lo hacia lucir completamente amenazante.
Las niñas no parecieron reaccionar a tiempo tras el pedido, por lo que Claridad aprovechó para atacar a Bell, quien aparentemente parecía distraído.
La sorpresa que se llevó fue inimaginable, ya que Bell volteó su rostro a una enorme velocidad al sentir que se acercaba, agachándose para esquivar el puñetazo, para luego apoyarse en el suelo y propinarle una gran patada en el abdomen que le hizo retroceder.
"¿Pudo verme a tal velocidad?" Se preguntó Claridad, aterrizando en el suelo con gran destreza. "El único que podría seguirme en este punto sería aquel viejo y mi hermano…" Pensó la Diosa Primordial, mirando de reojo a Zeus, quien se encontraba en la camilla junto a Hera.
"¿No me escucharon?" Cuestionaría Bell, entregándoles una mirada un tanto tenebrosa. "¡Aquí solo me estorban! ¡Lárguense a menos que quieran morir por culpa del fuego cruzado!" Concluiría, logrando que las dos niñas asintieran rápidamente, cargando a la Diosa, que para este punto estaba apenas consciente.
"Así que, ¿planeas enfrentarme tu solo, eh?" Analizó Claridad, para luego esbozar una pequeña sonrisa. "Supongo que te tienes bastante confianza."
"No me gustaría tener que preocuparme de otra cosa además del combate." Explicó, poniéndose en postura de combate. "Eso es todo."
"Hmmm…" La mujer tarareo, incrementando un poco su sonrisa. "Bell, ¿verdad?" Le preguntaría, ajustando su postura de combate. "Por lo que escuché, perteneces a otra Dimensión. Como debes saber, estuvo encerrada por una gran cantidad de milenios, por lo que nunca pude explorar más allá de estos límites." Comentaría, cruzándose de brazos. "Si me ayudas a investigar como funcionan las demás Dimensiones y que tan bien están siendo controladas, entonces podría perdonarte la vida." La Diosa alzó ambas cejas con una linda sonrisa. "¿Qué dices?"
"Lo siento, pero debo declinar esa oferta." Fue la simple respuesta de Bell, ajustando su postura de combate.
"Bueno, tenía que intentarlo…" Pensó Claridad en voz alta, poniendo un pie adelante del otro, al igual que Bell.
Un pequeño silencio se presentó entre ambos mientras se preparaban. Bell parecía estar completamente serio, mientras que la Diosa Primordial aun tenía una pequeña sonrisa en su rostro.
El segundo finalmente pasó, y ambos dejaron una gran estela de polvo cuando desaparecieron de su posición.
Todos tuvieron que sujetarse de cualquier cosa para mantenerse de pie, ya que un gigantesco cráter se creó en donde el impacto se generó. Allí se encontraban Bell y Claridad, ambos con un puño en su rostro que se enmarcaba fuertemente contra su mejilla. La diferencia entre el impacto es que Claridad no parecía demostrar mucho dolor, mientras que Bell escupió una pequeña cantidad de sangre dorada mezclada con roja.
Ambos se separaron por la misma inercia del golpe.
"Pero…" Ni bien Claridad tocó el suelo, se lanzó a una enorme velocidad en contra de Bell, quien parecía descompensado. "¡¿Puedes detener esto?!" El cráter se hizo aun más grande, generando otra gran oleada de polvo que se disipó rápidamente a causa de la onda de choque.
Cuando el polvo dejó a la vista el resultado, los ojos de Claridad se ensancharon con sorpresa genuina por primera vez.
"¡Impresionante!" Exclamó la Diosa, viendo que Bell había detenido su puño con sus dos manos, indicando que había logrado compensarse a pesar de las adversidades.
Una lluvia de golpes comenzó a caer entre ambos. Sus puñetazos chocaban con gran fuerza, generando profundos temblores que hacían agitar todos los escombros de Nueva York. Ninguno de los dos se hizo consciente de como estaban expandiendo más y más el cráter que tenían a sus pies, creando una enorme discordia alrededor.
Entre todos los choques de puños, Claridad utilizó uno de los escombros como impulso para pegar un rápido salto lateral, poniéndose justo por detrás de Bell. La sonrisa de la mujer no duró mucho tiempo, ya que Bell respondió al instante, y si que lo hizo. El hecho de que tenía el puño del albino incrustado en su mejilla era prueba de ello.
Lejos de verse abrumada por el contrataque extremadamente rápido de su contrincante, Claridad alzó rápidamente su antebrazo y comenzó a bloquear cada uno de los puñetazos incendiados de Bell, generando enormes ondas de choques que llegaban a todos los rincones de la ciudad en ruinas.
"Ehhhh…" Comentó la Diosa Primordial con una sonrisa dentuda mientras continuaba resistiendo la embestida sin ningún problema, para luego comenzar a atacar nuevamente.
"¡¿Por qué sonríes de esa manera?!" Exclamó Bell mientras sus choques de puños creaban ondas de choques el doble de fuertes que hace un momento.
Bell dio una fuerte explosión de llamaradas final, que obligó a Claridad a cubrirse en forma de X, mandándola directo a las profundidades de lo que ahora era un enorme y profundo pozo que ellos mismos habían creado.
"Bell…" Comentó la Diosa Primordial, haciendo una pequeña mueca mientras abandonaba su postura. "Eso dolió un poco." Diría, al mismo tiempo que su sonrisa volvía a ella mientras las pequeñas quemaduras de sus brazos sanaban en un instante. "Si estás dispuesto a escucharme una vez más, podríamos llegar a un acuerdo." Bell alzó una ceja mientras descendía, quedando a unos metros de la Diosa Primordial.
"Supongo que puedo escucharte…" Comentó el albino.
"Algo anda mal…" Comentó Phoebe, sin poder evitar sentirse muy preocupada por cómo se está desenvolviendo todo.
"Es cierto, ¿por qué Bell no ha usado "eso"?" La gran mayoría miró a Zoe con extrañeza, ya que no conocían el verdadero potencial de Bell.
"Es por mi culpa…" Todos se sorprendieron tras escuchar la voz de Artemisa, ya que pensaban que a estás alturas se encontraba inconsciente. "Si no hubiera peleado conmigo ese día…" La Diosa recordó su primer combate con Bell, sintiendo una enorme culpa. "Entonces, este combate podría haber sido el que le vuelva a traer la inspiración de una verdadera batalla para que vuelva a despertar el Argonauta…"
"Podría convertirte en mi general. Podrías liderar junto a mi mientras nos encargamos de limpiar y traer orden a este mundo de locos." Comentaría Claridad. "Mientras tanto, podrías enseñarme como funcionan las demás Dimensiones, y traer orden en ellas si es que es necesario." Bell simplemente sonrió con burla, algo que incomodó a la mujer. "¿Qué te parece tan gracioso?"
"Sabes, me parece bastante curioso…" Comentó, para luego entregarle una mirada muy peligrosa. "No eres nada más que una malcriada. El mundo no se ata a tus ideales y preconceptos, por lo que quieres destruir a casi todo el mundo y volver a crearlo a tu antojo." La sonrisa de Bell se intensificó un poco más. "Si, no eres más que una niña malcriada que está haciendo un gran berrinche."
Claridad volvió a hacer otra mueca, aunque en esta ocasión fue mucho más pronunciada que la última.
"En ese caso…" Comentó, reafirmando su postura de combate. "Deberé mostrarte la gran brecha que existe entre nosotros…" Culminó, logrando que Bell se pusiera bastante tenso tras ver su mirada.
Todos se cubrieron al instante cuando una enorme explosión sacudió gran parte de la zona, mandando a volar una gigantesca cantidad de escombros y polvo por doquier.
Todos descubrieron sus rostros lentamente, viendo como ahora estaban a los pies de un enorme cráter que se asemejaba a un gigantesco cañón.
Artemisa se arrastró por el suelo en un intento de ver hacia abajo para saber lo que había sucedido. El polvo fue disipándose lentamente, en donde se pudo ver a dos figuras que lentamente se hacían más nítidas.
En ese momento, los ojos de la Diosa se ensancharon con gran conmoción tras lo que estaba presenciando.
Ese silencio sepulcral fue roto cuando Bell escupió una gran cantidad de sangre y su aura le abandonaba por completo.
"Se acabo, chico de otra Dimensión…" Aclaró Claridad con una seriedad aterradora mientras su rostro era manchado de sangre, ya que tenía a Bell en frente suyo mientras su brazo atravesaba por completo su abdomen.
Zeus alzó su mirada, sintiendo como su vista se volvía muy borrosa.
"Creo que mi momento a llegado…" Comentó el Rey del Olimpo, sintiendo como su cuerpo y alma cedía ante la desmaterialización.
"¡No, todavía no puedes irte!" Lloró Hera mientras se apoyaba sobre la camilla de su esposo, llorando desconsoladamente.
"Después de todo lo que te e hecho, lloras por mí." Comentó, posicionando su débil mano sobre la cabeza de su amada. "Sé que no me has perdonado, y también sé que no me lo merezco. Solo…" Hera no pudo evitar alzar su cabeza tras escuchar como el tono de Zeus se apagaba. "Solo te pido un último beso…" Concluyó el Dios, logrando que Hera llorara con aun más fuerza.
De todas formas, no se resistió al deseo de su esposo, por lo que tomó las manos de Zeus y acercó lentamente sus labios hacia él, dándole un corto beso en los labios.
Si, fue corto, pero transmitió una gran cantidad de sentimientos que hace tiempo parecían haber muerto.
De alguna forma, esa llama había vuelto a resucitar entre ellos.
"Puede que haya estado con muchas mujeres…" Comentó el Dios, sintiendo como Hera apoyaba su frente con la de él. "Puede que haya amado a muchas mujeres, pero solo una tenía mi corazón. No dudes de eso…" Concluyó, viendo como era alzaba su rostro, solo para ver como el cuerpo de Zeus comenzó a convertirse en partículas.
"Aun no puedes irte, ni siquiera has designado tu sucesor…" Comentó Hera en un pobre intento para hacer que Zeus intentara luchar por su vida, aunque claramente era inútil.
"Pero, ¿qué dices?" Le cuestionaría el Dios con una sonrisa dentuda, estando a punto de desaparecer. "Mi sucesor a sido elegido desde hace mucho tiempo…" Esas fueron sus últimas palabras.
Hera observó con gran lamento como todas las partículas se elevaban al cielo, que se cubrió de una gigantesca tormenta en cuestión de segundos.
Una tormenta que alertó a todos, incluso a la misma Claridad.
"Pero, ¿qué…?" Se preguntó Claridad, viendo como numerosos rayos retumbaban en el cielo.
Un trueno cayó sobre Bell, haciendo que un aura electrizante gigantesca lo rodeara por completa.
El albino alzó su rostro furioso en el mismo instante que ese rayo calló, denotando el brillo de sus dos ojos celestes electrizantes.
"Oh, maldición…" Comentó la mujer, apretando ligeramente los dientes.
Sus sospechas se hicieron reales cuando un sinfín de rayos comenzaron a caer sobre Bell que le obligaron a apartarse.
"Este muchacho…" La Diosa miró su brazo que antes tenía incrustado en el abdomen del albino, distinguiendo bastantes daños.
Su mirada se dirigió rápidamente a Bell, quien se encontraba flotando mientras gritaba y era golpeado por un sinfín de rayos que se dirigían directo al hueco que había en su abdomen, haciendo que se regenerara a una enorme velocidad.
El aura electrizante rápidamente se combinó con una fuerte oleada de fuego que sofocó a todos los espectadores, quienes se encontraban en un estado de estupefacción extrema al ver como una corona de rayos se alzaba sobre la cabeza de Bell.
"No es solo energía divina, parece estar combinándose con su fuerza nativa…" Comentó la mujer, claramente refiriéndose a la magia. "Pero, ¿de donde viene tal aumento de poder?" Se preguntó mientras se cubría el rostro por las oleadas de llamaradas y rayos que rodeaban el cañón artificial.
Claridad no tuvo mucho tiempo para encontrar una respuesta, ya que Bell apareció de la nada en frente suyo y la tomó fuertemente del cuello y la alzó por los aires. A pesar de estar siendo ahorcada, Claridad no parecía demostrar mucha molestia.
"Ya veo, ¿este es tu verdadero poder?" Preguntaría la mujer mientras miraba los ojos celestes furiosos del albino.
Bell no le respondió. Simplemente gritó y la arrojó con una fuerza ridícula hacia arriba.
Claridad atravesó el cañón artificial cuando perforó la pared con su propio cuerpo, generando un gigantesco derrumbe.
Bell la arrojó tan fuerte que atravesó por completo el suelo, logrando que una gran parte de los escombros de la ciudad muerta salieran expulsados cuando la Diosa Primordial emergió de aquel lugar.
El derrumbe no pudo llevarse a cabo como tal, ya que todos los escombros salieron volando a una enorme distancia cuando una enorme corriente de aire salió despedida del cañón artificial con forma de un rayo de color carmesí.
Claridad se sentó sobre los escombros, solo para ver como Bell caía sobre ella y comenzaba a darle una gran lluvia de puñetazos frenéticos cubiertos de locura, generando enormes estallidos eléctricos por toda la zona mientras mandaba a volar todos los escombros cercanos.
Claridad no parecía defenderse, solo recibía todos los golpes sin inmutarse a pesar de que su cuerpo parecía estar recibiendo algunas heridas.
Bell se detuvo y comenzó a respirar con gran agitación.
"¿Eso es todo?" Los ojos del albino se ensancharon en completa incredulidad cuando vio que Claridad apenas parecía estar lastimada.
Bell dio otro gran grito e intentó pegarle a la Diosa, fallando rotundamente cuando Claridad atrapó su mano sin ningún tipo de dificultad.
Un ruido espantoso resonó por todo el lugar, haciendo que Bell se arrodillara y comenzara a gritar de dolor cuando su mano se rompió en tan solo un instante por culpa del agarre de la Diosa Primordial.
El albino utilizaba toda su fuerza en un intentó de librearse del agarre, pero era completamente en vano.
Finalmente, Bell pegó un último grito y cayó un gigantesco rayó del cielo que cegó a todos por completo un par de segundos.
Todos se acercaron rápidamente al campo de batalla una vez que pudieron recomponerse de la ceguera, viendo las grietas inmensas que había generado el Rayo Maestro de Zeus, que se encontraba incrustado a pocos metros de Bell.
Bell se encontraba sentado en el suelo mientras respiraba con gran agitación. Su aura le había abandonado por completo y todo su cuerpo estaba gravemente dañado. Sus ojos habían vuelto a la normalidad, y parecía estar en unas condiciones incluso peores que Artemisa o Afrodita.
"Ese ataque fue tan fuerte que incluso le hizo daño a si mismo…" Pensó Clarisse con gran conmoción, que tan solo aumentó al ver que Claridad se posaba a pocos metros de Bell, teniendo algunas marcas del rayo, pero eran leves y estaban sanando rápidamente.
"Eso sí que me dolió, Bell." Comentó Claridad, acercándose lentamente al albino, sentándose frente a él. "Hagamos un trato." Diría la Diosa Primordial, apoyando su codo sobre los escombros. "Si me ganas, les daré tres días más de vida para que reflexionen." Claridad ensanchó ligeramente su sonrisa por lo que estaba a punto de decir. "Pero si yo gano, me tendrás que jurar por el Styx que me ayudaras a reinar mi mundo y me comentaras todo sobre tu Dimensión."
Bell la miró sin decir una palabra, intentando retomar su aliento. El albino fijó su mirada en Artemisa, quien se encontraba sentada en el suelo.
Ambos parecieron entenderse con tan solo una mirada.
"De acuerdo…" Bell junto su mano con el de la Diosa Primordial. "Es la última alternativa que tengo." Claridad tan solo sonrió ante lo escuchado.
"Esta lucha absurda se acaba…" Comentó la mujer, para luego ensanchar sus ojos peligrosamente. "¡Ahora!"
Una gigantesca ventisca fue acompañada por todas las grietas que se generaron cuando el brazo de Bell fue inclinado hacia el suelo en tan solo un segundo.
"¡¿Qué?!" Exclamó Claridad con gran dolor al sentir como algo punzante se clavó sobre su hombro, al mismo tiempo que veía que el brazo de Bell estaba a un centímetro de tocar el suelo.
Claridad volteó su rostro, viendo como una flecha plateada estaba clavada en su hombro. "Ya veo…" Comentó, fijando su mirada en Artemisa, quien estaba sosteniendo la cuerda de su arco con su boca. "No debí haberme confiado tanto…" Concluyó, para luego volver su mirada a Bell. "Pero, aun te cuentas en condiciones deplorables…" Pensaría, viendo como Bell tenía su mirada ensombrecida. "¡Sí utilizo toda mi fuerza…!"
Otra ventisca enorme se creó, agrietando aun más el suelo.
"¡¿Cómo…?!" Pensó la mujer en voz alta genuinamente sorprendida, al ver que el brazo de Bell no se había movido ni un centímetro.
"Él… él me confió la seguridad de todos…" Comentó, al mismo tiempo que la corona volvía a aparecer sobre su cabeza y los rayos se hacían presentes. "No pienso decepcionarlo…" Comentó con lágrimas en los ojos, comenzando a girar voltear las tornas.
Claridad apretó fuertemente sus dientes en un pobre intento de detener la mano de Bell, quien estaba tomando rápidamente ventaja sobre la suya.
La mujer volvió a alzar su mirada frustrada, solo para sorprenderse inmensamente al ver la expresión cubierta de convicción que provenía del albino.
"Ya lo entiendo…" Comentó la mujer, sintiendo como su fuerza seguía disminuyendo a gran velocidad. "Esta no es solo su fuerza…" Pensaría, viendo como una imagen de Zeus se presentaba de tras de él. "¡Es la de ese viejo también!"
"¡AAAAAHHHHHHHHH!" El gritó de Bell se escuchó por todo el lugar cuando la mano de Claridad tocó el suelo, generando una enorme explosión que cegó a todos momentáneamente.
Los espectadores descubrieron lentamente sus ojos, viendo como otro cráter se había creado en aquel lugar. Como todos tenían sus miradas puestas en aquel lugar, no pudieron darse cuenta a tiempo cuando Claridad apareció detrás de Artemisa, robándole una de sus flechas plateadas.
"Este juguete tuyo es muy peligroso." Comentó la mujer con una sonrisa, quebrándola en dos y logrando convertirla en una poción que rápidamente consumió, borrando el efecto. "Tendré que tener más cuidado contigo la próxima vez." Afirmó ante la mirada aterrada de todos. "No se preocupen. A diferencia de ustedes, yo si cumplo mis promesas." Aclaró la Diosa Primordial, para luego alzar su mano como gesto de despedida. "Nos veremos en tres días. Y espero que no vuelvan a decepcionarme." concluiría, desapareciendo en un instante.
Todos miraron nuevamente hacia abajo, viendo como el polvo lentamente dejaba ver a una figura.
Allí se encontraba Bell, tirado en el suelo completamente inconsciente con heridas realmente graves.
Después de tanto tiempo, volvió a saborear la amargura de una derrota…
¡FINAL DEL CAPÍTULO!
El próximo capítulo traeré algo de contenido +18. Ya sé que algunos deben estar hartos de que repita esto, pero siempre está bien decirlo: recuerden que daré bastantes avisos a lo largo de la lectura para que no se topen con un contenido que podría no ser de su agrado. También habrá un aviso cuando finalicé el lemon, ya que obviamente no se concentrará todo el capítulo solamente en eso (aunque si su gran mayoría, pero se saltearían cosas relevantes para el próximo capítulo).
También estrenaré el borrador de Aether x Ei junto con el próximo capítulo de esta historia.
Espero que hayan disfrutado este capítulo. Nos veremos dentro de poco con la continuación.
¡Les mando un enorme saludo!
