¡Aquí me presento con otro nuevo capítulo!
Como bien menciona el capítulo y los cambios en la restricción de edad, este capítulo tendrá contenido sexual. Como siempre digo, habrá diferentes avisos para que sepan cuando comenzará y terminará el lemon.
Lo dije antes, pero lo vuelvo a decir: Este capítulo no se basa únicamente en el lemon, así que los que no quieran ver contenido sexual no necesariamente deben saltearse este capítulo, ya que tiene algunas cosas interesantes.
Probablemente sea el único lemon de esta historia, a menos que decida hacer algún otro en el capítulo final, lo cual dudo. Dependerá mayormente de la opinión general, pero creo que la gran mayoría no estará leyendo esta historia por ese tipo de contenido. Después de todo, a estas alturas a penas se ha visto contenido subido de tono (de hecho, de las cuatro historias que llevo hasta ahora, esta es la que menos contenido sexual tiene y por mucho).
Como último tip, es necesario recordarles que apenas tengo tres lemons en todo lo que llevo escribiendo. Por ende, me verán bastante verde en estás cosas, y probablemente se presenten ciertas cosas un tanto extrañas, o que no les va ni les viene. Espero que logren entender mi inexperiencia en este tipo de asuntos, y que me perdonen por si notan diferentes cosas que no serán de su agrado.
Después de tanta presentación, creo que ya es hora de comenzar el capítulo.
¡Espero que disfruten este tipo de contenido!
CAPÍTULO 47: LUNA BLANCA (+18)
La visión era oscura, el sonido era inentendible.
Esos bullicios molestos lo habían despertado sin pizca de gracia.
¿En donde se encontraba para que haya tantos sonidos?
Su falta de sueño quedó en segundo plano cuando pudo sentir como la mayor parte de su cuerpo se encontraba entumecido.
Cada intento de movimiento le otorgaba un dolor punzante, y el distintivo tacto de las vendas que cubrían casi todo su cuerpo era algo que reconoció de inmediato.
Después de todo, era un gran conocedor de esa sensación gracias a todo lo que tuvo que atravesar en su adolescencia.
Sus parpados pesados cedieron con lentitud, dejando a la vista un marrón bastante borroso.
Ese marrón indistinguible rápidamente tomó forma, dejando ver un techo de madera bastante peculiar que le traía muchos recuerdos.
Inmediatamente de eso, él se llevó la mano sobre su cabello blanco e hizo una gran mueca cuando el dolor de cabeza se presentó con todos sus últimos recuerdos.
Evidentemente, el dolor de cabeza no era lo único que lo atormentaba…
Ese dolor pasó a segundo plano cuando sintió como alguien lo abrazaba desde un costado.
"¿Arty?" Se preguntó Bell, viendo como la Diosa lo abrazaba con gran ímpetu, combinado con una gran delicadeza para no lastimarlo.
"Por fin despiertas, a pasado un día." Comentó la Diosa, levantándole levemente con su abrazo para colocar su mejilla sobre la de él.
"¿Un día?" Se preguntó, en donde por fin la desesperación lo golpeó. "¡¿Cómo están todos?!" Su tono alarmado fue apaciguado cuando la Diosa le dio un par de palmadas cariñosas en su cabeza.
"No te preocupes." Comentó, separándose levemente. "Ganaste la apuesta, así que la gran mayoría estamos bien."
"¿Cómo te encuentras?" Artemisa no pudo evitar sonreír un poco al ver la gran preocupación que el albino mostraba por ella.
"Digamos que tuve días mejores, pero no está tan mal." Comentó, alzando uno de sus brazos para ver que tenía la mano vendada. Bueno, en realidad, no había mano. "Aun no disponemos de Ambrosia para curar las heridas en su totalidad."
"Es un alivio." Comentó con gran tranquilidad. "Cuando te había visto tan lastimada, realmente me había sentido fatal." Explicó, sintiendo como la Diosa le acariciaba la mejilla.
"No te preocupes por eso." Comentó con dulzura. "Lo volvería a hacer si eso garantiza tu seguridad." Concluyó, para luego tomar sus dos mejillas, propinándole un casto beso en sus labios.
Bell sintió como la Diosa le recostaba sobre la cama nuevamente con gran cuidado. Ella le continuó acariciando la mejilla mientras le entregaba su bella sonrisa que incluso podía calmarlo en una situación como esta.
"¿Por qué me miras tanto?" Cuestionaría con cierta diversión, presenciando como su amado la observaba fijamente.
"Te amo." Esa respuesta inesperada hizo que Artemisa se sonrojara un poco, pero aun así no detuvo su accionar.
"¿Por qué tenías que decir eso?" insinuó la Diosa. "Hiciste que me ardiera el pecho, y ahora tendrás que tomar la responsabilidad entregándome muchos besos." Afirmaría la hermosa Diosa, logrando que Bell sonriera por primera vez en este día.
"Antes de eso, me gustaría saber donde estoy, y cuales fueron las personas que no corrieron con la misma suerte que nosotros." Comentó el albino, logrando que la Diosa enseriara su mirada.
"Ahora estamos en el Campamento Mestizo. Nos encontramos en la cabaña de Zeus, ya que creímos que sería mejor curarte en este lugar en donde mi hermano pudiera trabajar con tranquilidad. Ya sabes, lo que sucedió con el Olimpo…" Concluyó, bajando su mirada ante las últimas palabras. "Y las victimas…" su mirada se puso aun más triste. "Solo fueron dos, pero fueron realmente grandes. Primero confirmamos la muerte de Dionisio, quien se sacrificó para defender a los mestizos del campamento y entregar el mensaje para que Claridad volviera a Nueva York sin tener la intensión de perseguirlos."
"Ya veo, por eso es que el campamento se encuentra mucho más silencioso de lo normal…" Pensó Bell en voz alta, viendo las persianas cerradas, apenas sintiendo ruidos en su exterior.
"Y, después…" El tono apagado de la Diosa hizo que Bell la mirara. "El otro fue…"
"Fue Zeus, ¿verdad?" Preguntó Bell, recibiendo un asentimiento cubierto de tristeza por parte de la Diosa.
Bell simplemente miró el techo y se quedó en completo silencio por varios segundos.
"¿Hicieron un funeral?" Fue la pregunta que salió de sus labios, viendo como la Diosa negaba con la cabeza.
"No creemos que sea buena idea. No hasta que terminemos con esto y podamos darle una despedida a su altura, al igual que Dionisio." Fueron las palabras de Artemisa, viendo como Bell pareció hacer una pequeña mueca ante eso.
"De seguro están los Titanes aquí, ¿verdad?" Preguntaría, viendo como su amante le asentía. "Necesito que los reúnas a todos aquí. Estoy seguro de lo que piensan y no estoy para nada de acuerdo." Concluyó, cruzando una última mirada con la Diosa. "Solo tú, yo, y ellos. No quiero que nadie más se meta en la conversación."
Artemisa pareció dudar por unos segundos, ya que la condición actual de Bell no era tan buena como para entablar una conversación tan seria.
"Muy bien." Finalmente decidió, levantándose de la cama. La Diosa se dirigió a la puerta, entregándole una última mirada al albino. "Continuaremos con lo nuestro cuando termines."
Esas últimas palabras confundieron un poco a Bell, ya que ella pareció demasiada interesada en continuar con sus besos.
Aun así, esos pensamientos no tardaron en pasar a segundo plano cuando fijó su mirada a la mesa de la cabaña, viendo que allí se encontraba el Rayo Maestro de Zeus.
O más bien, lo que ahora era su Rayo Maestro.
Bell se levantó con cierta dificultad, para luego tomar el Rayo Maestro.
Él lo miró por unos segundos, para posteriormente sentarse en la mesa. Su mirada se enfocó en el centro de esta, en donde se encontraba la cara de Zeus tallada.
Bell volvió a mirar su Rayo Maestro mientras lo movía de un lado a otro, demostrando una seriedad absoluta.
Una seriedad que intentaba ocultar su tristeza…
Qué intentaba ocultar el desastre de emociones que se arremolinaban dentro suyo…
"Nunca supe lo que significaba la grandeza." Comentó entre sonrisas, que fueron enterradas al instante por esa seriedad que volvió a dominarlo. "Y creo que nunca lo sabré…"
El silencio mortal se presentó nuevamente en el lugar mientras la mirada perdida de Bell observaba hacia la nada.
Ese momento se rompió cuando volvió a hablar.
"Fuiste un gran líder, Zeus." Se asentiría varias veces a si mismo tras esas palabras mientras retomaba su mirada al Rayo Maestro. "Eso es algo que nunca pude y podré discutirte."
Otro silencio más pequeño que el anterior se presentó mientras observaba el Rayo Maestro, entregándole una pequeña sonrisa que solo duró un segundo.
"Te he enseñado mucho."
Bell miraría hacia el rostro tallado de Zeus.
"Siempre me pareciste un gran prepotente idiota que había que meterle un buen palo en el culo para que despertará de su sueño." Bell comentó esto con una pequeña sonrisa, recordando aquellos momentos. "Pero secretamente siempre te había admirado por tu firmeza. Después de todo, gracias a ti es que el Olimpo pudo reinar por tantos milenios…"
Otro silencio se presentó, mientras la sonrisa permanecía en el rostro del albino.
El joven solamente se dignó a hacer un par de gestos con su mano, y esa pequeña sonrisa se vio manchada con lagrimas cuando mencionó las siguientes palabras:
"¿Por qué tuviste que morir?"
Su voz se quebró un poco tras esa pregunta, al mismo tiempo que esa sonrisa volvía a desaparecer.
"Teníamos tanto de que hablar una vez que todo esto terminara."
Aunque seguía sosteniendo esa seriedad y esa mirada imperturbable, eso no impedía que sus lagrimas rodaran por sus mejillas.
Después de unos segundos, el joven simplemente dio un gran suspiro, mirando nuevamente al Rayo Maestro.
Una sonrisa bastante vivaz cruzó por su rostro tras recordar ciertas cosas…
"Antes siempre se me cruzaba la idea de matarte, ya que creía que de esa manera te tardarías unos tres mil años en resucitar, y en ese tiempo podrías reflexionar de toda la mierda que has hecho. Después, volverías a reunirte con nosotros completamente reformado." Se río ante la idea, enfocando su mirada en el rostro tallado.
Esa risa fue reemplazada al instante por un rostro cubierto de remordimiento.
"Pero nunca más nos volveremos a ver." Su cabeza se movió de un lado a otro con gran impotencia mientras movía el Rayo Maestro. "Pues no creo que puedas resucitar si tu alma fue destruida por completo, ¿no crees?" Otra sonrisa se volvió a presentar después de su mal chiste.
Esa sonrisa continuó por unos momentos mientras continuaba moviendo el Rayo Maestro.
El silencio nuevamente se presentó en la habitación, y esta vez el silencio fue mucho más largo y pesado.
Finalmente, el sonido del rayo rodando por la mesa pudo escucharse.
"¿Qué debo hacer ahora eh?" Una expresión indescifrable se apoderó de su rostro.
"¡Te odio por dejarme con esta carga!" El ruido de la mesa al ser golpeada se escuchó junto con el grito ahogado de Bell.
El albino agacharía su mirada y comenzaría a secarse las lagrimas de su rostro, en un pobre intento de dejar de llorar.
"Me duele que te hayas ido." El suspiro ahogado hizo que su tono se cubriera de tristeza.
"No hay nada que pueda aplacar ese hecho." Comentó, negando con la cabeza para sí mismo.
Bell alzó su mirada, observando el rostro tallado.
"Como dije antes, te he enseñado mucho." Comentó, para luego secarse las lágrimas. "Pero tu me has enseñado mucho también."
Bell miraría el rostro de su padre por una última vez, sintiendo como su garganta se cerraba por lo que estaba a punto de decir:
"Espero poder estar a la altura y no decepcionarte, padre."
El sonido de la puerta abriéndose y los pasos apresurados dieron a entender que Artemisa ya había cumplido con su cometido.
"¡Jefe!" Exclamaría Atlas, solo para detenerse cuando se percató que se estaba quitando las lágrimas.
Todos parecieron entender esto, y la que más pesar sintió por él, fue la que hace poco se había convertido en su hermana. Eso era algo natural, ya que Artemisa estaba pasando exactamente por lo mismo, incluso lloró en silencio sin que nadie se diera cuenta.
"Lo siento chicos, solo me estaba despidiendo del viejo…" Comentó Bell, volteando su rostro para mirar a los recién llegados. "Por favor, siéntense."
"De eso nada." Comentó Asteria con el ceño fruncido. "Apollo ya dejó bien en claro que deberías de reposar estos dos días restantes para recuperar toda tu energía."
"Lo sabía." Pensó Bell, recordando su batalla más reciente. "Ese es un gran poder, pero consume la energía demasiado rápido. Más los daños que tuve en la batalla…" Concluiría, fijándose como tenía gran parte del cuerpo vendado.
"¿Sucede algo?" Preguntó Rea, logrando que Bell negara con su cabeza.
"Solo eran pensamientos míos." Bell hizo unas señas con su mano para que lo siguieran, en donde todos le hicieron caso.
El joven se sentó sobre su cama, mirando a todos los Titanes que había mandado a llamar.
"Ya deben estar al tanto de todo lo que está pasando…" El albino dejó que se hundieran las palabras, viendo como todos asintieron. "Eso resume todo. Solo voy a decir que ninguno de ustedes tiene que participar en esta guerra." Concluyó, logrando que Atlas diera un paso adelante.
"¡Pero, jefe!" Exclamó mientras alzaba su puño apretado. "¡No podemos pasar por alto algo como…!"
"En primer lugar, deja de llamarme jefe." Ordenó el albino con una mirada ligeramente disgustada.
"Como desee." Respondería rápidamente, arrodillándose ante él.
"Estoy comenzando a sospechar que haces todo esto para molestarme…" Pensó con los ojos en blanco. "Nuestro acuerdo se sometía a la guerra anterior. Esto quiere decir que no se ven obligados a participar en esta guerra." Hablaría, ignorando por completo el hecho de que Atlas lo estaba tratando como si fuera un ser superior. "Es claro que Claridad solo tiene la mirada puesta en nosotros y la humanidad, o por lo menos, es así en un principio. Ustedes siempre han deseado la paz, así que por eso quiero que no se involucren en esta guerra. Además, también debería agregar que sus puntos de vista totalmente pacíficos se acoplan a los deseos principales de esa mujer, así que dudo mucho que tengan problemas con ella."
"¡Pero no podemos ignorar lo que le han hecho a usted!" En esta ocasión, Astrea fue la que dio un paso hacia el frente. "¿O acaso cree que solo estorbaríamos?"
"Nunca dije eso." Respondería al instante, para luego bajar un poco su mirada. "Creo que debo recordarles algo…" El comentario hizo que todos los Titanes le prestaran especial atención. "Cuando me eligieron como su rey, quedamos de acuerdo que solo sería una entidad representativa, que solamente hablaría por todos los Titanes cuando sea necesario. Últimamente me están tratando como si estuviera por encima de ustedes, cosa que no me agrada." Concluiría, logrando que todos los Titanes se miraran entre sí.
"Perdónanos, pero creo que malentendió las cosas…" Comentaría Atlas, ganándose la atención de Bell. "Nosotros no hacemos esto porque sea el Rey de los Titanes. Solo lo hacemos porque somos amigos." Estas palabras hicieron que Bell ensanchara sus ojos. "¿Acaso es muy extraño?" Atlas no pudo evitar alzar una ceja al ver la reacción del albino.
"No, para nada. Solo me sorprendiste un poco…" Comentó Bell mientras se tapaba el rostro con una mano, aunque podía verse una sonrisa. "Si tanto insisten, tengo un plan." Se destapó el rostro, reemplazando esa sonrisa con seriedad. "Pero estaría bien que lo habláramos con todos los Dioses más tarde. Ahora tengo otras dos cosas más importantes para hacer." Los Titanes parecieron comprender y asintieron de inmediato como respuesta.
"Entonces, llámanos cuando nos necesites." Atlas habló por todos, comenzando a marcharse de la habitación.
Artemisa pudo ver como su madre le entregó una sonrisa cuando salían de la cabaña, una sonrisa que ella le respondió.
Cuando todos se marcharon, la Diosa miraría hacia el interior de la habitación, denotando como Bell se recostaba.
La sonrisa de la Diosa cambió un poco cuando cerró la puerta.
"¿Es raro pensar que uno de tus más grandes adversarios se ha transformado en tu amigo?" Preguntaría la Diosa, sentándose al borde de la cama.
"En realidad, creo que ya estoy acostumbrado." Respondería mientras miraba el techo. "Cuando llegué aquí, la mitad de las Cazadoras querían matarme, mientras que la otra mitad me tenía mucho miedo. Ahora ellas son como mis hermanas." Bell daría su punto, para luego desviar su mirada hacia la Diosa. "Y creo que no es necesario de hablar sobre nosotros…"
"¡No voy a permitir que un hombre se una a mi caza!" La Diosa no pudo evitar reírse tras recitar esas palabras.
Su risa lentamente se apagó, en donde volteó su mirada y junto su mano con la de Bell.
"¿Quién hubiera pensado que terminaríamos de esta manera?" La voz de la Diosa sonaba tan nostálgica y romántica.
"Si…" Contestó Bell, mirando al techo. "Nunca pensé que debería cruzar a otra Dimensión para encontrar al verdadero amor de mi vida…" Concluiría, para luego mirar a la Diosa con ligera curiosidad tras sentir como ella se sentaba sobre su cintura.
"¿Arty?" Las dudas aumentaron aun más cuando la Diosa comenzó a trazar círculos sobre el pecho del hombre.
"Te dije que lo continuaríamos, ¿o ya lo olvidaste?" Concluiría con una sonrisa un tanto seductora, para luego bajar su rostro.
Ambos volvieron a besarse, pero nunca sospecharon que ese beso podría ser interrumpido de esta manera…
"¡Ya les dije que no…!"
La voz de Thalía se apagó por completo cuando la puerta fue abierta abruptamente.
Allí se encontraba Clarisse y Percy liderando la marcha, en donde ambos parecían estar sujetados por las manos de Thalía que estiraban su rostro de una forma un tanto graciosa.
Muchos campistas desconocidos se encontraban detrás de ellos, junto con las Cazadoras que parecían estar haciendo todo lo posible para retener la multitud, pero ya era muy tarde…
El silencio que duró varios segundos se rompió cuando los labios de Artemisa y Bell se separaron. Ambos voltearon su rostro, viendo la gran cantidad de gente que había detrás de la puerta.
El rostro de Bell se volvió incluso más pálido si es que eso era posible, mientras que todos seguían presenciando aquel momento con una mirada cubierta de consternación.
"Habíamos escuchado que despertaste, asi que…" Comentó Percy.
"Queríamos saber como estabas…" Clarisse terminaría el comentario de su rival.
"Hicimos todo lo posible, pero era una gran multitud de gente…" Comentaría Thalía, quien tenía una expresión pálida que competía con la de Bell.
"Lamentamos interrumpir, los dejamos solos." Comentó Nico apareciendo entre las piernas de Percy y Clarisse, cerrando la puerta lentamente.
Bell se quedó completamente mudo por unos pocos segundos, hasta que finalmente dio rastros de vida.
"Estamos perdidos…" Pensaría en voz alta mientras se tapaba el rostro con sus dos manos.
"No importa." Ese comentario hizo que Bell mirara a la Diosa con mucha sorpresa, quien se encontraba mirándolo fijamente.
"Pero, deberías saber más que nadie…"
"No importa, porque quiero hacerlo contigo hoy."
Después de interrumpirlo, la Diosa dejó algo de tiempo para que las palabras se hundieran en el aire, en donde pudo ver como Bell parecía preocuparse más y más.
"Si lo hacemos, Afrodita también lo sabrá. Quizás podamos lidiar con los campistas, pero será imposible hacer algo con ella." Respondió Bell al instante, intentando que su amante entrara en razón.
"Eso ya no me importa." La Diosa negó con su cabeza, para luego mirarlo fijamente. "Todos pueden saberlo, pero nadie me robará este momento y estos recuerdos."
"¿Por qué estás hablando de esa manera?" Bell lucía muy preocupado mientras comenzaba a acariciar su mejilla. "Me estás preocupando."
"Nuestro padre a caído tan fácil bajo esa mujer, y solo me hace pensar…" Bell pudo notar como los brazos de Artemisa comenzaron a temblar. "Solo pienso que quizás no haya un después para mi cuando acabe esta guerra…"
"¡No digas eso!" Bell la tomó fuertemente de sus hombros. "¡Estarás bien!"
"¡Tú no sabes eso!" Unas lagrimas salieron de su rostro cuando quitó las manos de Bell bruscamente. "Tu no lo sabes…" Volvió a comentar en un tono mucho más bajo. "Le dije a mi padre que al estar contigo, no sentía ningún tipo de arrepentimiento. Pero eso es una mentira." Explicaría, logrando que Bell ensanchara un poco sus ojos. "Eso será una mentira, hasta que podamos convertirnos en uno." Concluyó.
"Espera, ¿le contaste al viejo?" Preguntó Bell con los ojos bien abiertos.
"Él me acorraló. Aunque creo que fue algo con un desenlace muy bueno." Comentaría con una pequeña sonrisa, recordando las últimas palabras de su padre. "Él dijo que nos apoyaba."
Bell no pudo evitar bajar su mirada.
Sus ojos dibujaban una mezcla de sorpresa e incredulidad.
Nunca hubiera pensado que Zeus cambiara tanto como para aceptar una relación que conllevara a romper los Juramentos más importantes del Olimpo.
Artemisa vio como Bell no parecía decir nada, logrando que ella bajara un poco su mirada.
"Pero, no voy a obligarte." Comentó, bajando su mirada con tristeza. "Si no quieres hacerlo conmigo, yo lo entenderé…"
La Diosa alzó su rostro con sorpresa cuando sintió como Bell la tomó por los hombros.
"Artemisa, eres la única mujer que amo, y también la única mujer que deseo." Comentaría con una sonrisa tranquilizadora. "No dudes nunca de ello."
Artemisa simplemente cerró sus y le entregó una sonrisa tan bonita como la luna.
Ella le dio un corto beso en sus labios, para luego mover su rostro de un lado a otro para acariciar su nariz con la de Bell.
Entonces, la siguiente palabra pudo escucharse en aquella habitación silenciosa:
"Demuéstralo."
¡AVISO!
¡AVISO!
¡COMIENZO DE LEMÓN!
Primero ella llevó su mano a su mejilla con delicadeza y levantó su rostro para reducir esa corta distancia que los separaba.
Bell solo se dignó a disfrutar ese beso mientras observaba a la candente Diosa.
Esa Diosa que era conocida por su fuerte odio a los hombres. Esa Diosa que era conocida por tener unas Leyes estrictas que la mantenían alejada de cualquier tipo de relación amorosa con hombres.
Esa Diosa, que a pesar de todo lo que estaba en su contra, ella había aceptado sus propios sentimientos y los de su amado sin importar lo imposible que hubiera parecido hace tan solo unos días.
Él había hecho tanto por ella, y ella había hecho tanto por él…
Cada muro y cada imposible que existía fue destrozado con este simple beso…
Un simple beso que reafirmaba el deseo y el amor que se tenían ambos.
Él era suya, y ella era suyo. Solo querían disfrutar este momento.
La Diosa de la Luna solo quería sentirlo todos los días en ese cruce de labios y calidez que se proporcionaban mutuamente.
La Diosa llevó una de sus manos sobre el pantalón que llevaba su amante, y como si fuera un presagio, las nubes despejaron a la luna.
Una luna que brilló con una intensidad tan grande que obligó a todos los campistas a presenciar tal preciosidad.
Una luna completamente blanca…
El beso torpe que usualmente tenían comenzaría a dar paso a unas sensaciones que diferían de la pasión que usualmente se trasmitían. Pero eran unas sensaciones que terminaban de completar ese beso que antes siempre parecía carecer de algo.
Y eso era deseo.
El deseo intimo que ambos dejaron salir a la luz.
Ese deseo que ninguno de los dos sabía que estaban reprimiendo con tanta ansiedad.
Ahora, ese deseo era completamente libre.
Tanto Bell como Artemisa no pudieron evitar sentirse algo extraños ante el nuevo sentimiento que crecía dentro de ellos sin parar. Pero lejos de detenerse, la Diosa apretó levemente el bulto creciente logrando que ese beso se intensificara a niveles insospechados.
Esa extrañeza rápidamente comenzó a tornarse en un gran disfrute para ambos, quienes desbordaban toda su pasión y deseo sobre el otro.
Ahora, solo los besos no eran suficientes para satisfacerlos…
La lengua de Artemisa pidió permiso para entrar en la boca de Bell cuando se presionó contra sus labios tímidamente. Un acto que Bell rápidamente aceptó, haciendo que la Diosa diera un pequeño gemido ahogado cuando sintió como sus lenguas chocaban una con la otra con gran energía. Como si hubieran deseado hacer esto desde hace mucho tiempo.
El sonido de algo destapándose fue acompañado con los constantes jadeos de ambos cuando finalmente se separaron por falta de aire.
Tanto la Diosa como el muchacho continuaron pegados el uno al otro mientras el vapor agitado y el aliento golpeaba sus rostros. Un aliento tan dulce que los estaba embriagando a niveles impresionantes.
Querían seguir embriagándose ante esa sensación tan agradable y adictiva.
La tentación fue imposible de soportar, por lo que ambos unieron sus labios desesperadamente, aunque ni siquiera habían recuperado todo el aliento.
Las lenguas se enrollaron entre sí, completamente absorbidas ante el deseo de buscarse mutuamente.
Esas sensaciones de timidez y extrañeza finalmente desaparecieron de ambas mentes, haciendo que las manos de Bell se acercaran peligrosamente a las caderas de la Diosa.
Un gemido contenido surgió de Artemisa cuando sintió como Bell apretó sus caderas y la empujó aun más contra él. La Diosa contestó instintivamente cuando llevó su antebrazo a los pectorales del hombre mientras su única mano se encargaba de escarbar por debajo de su ropa interior, buscando algo con gran insistencia que no tardó en encontrar.
Bell gruño en el beso cuando sintió como la Diosa tomó su miembro delicadamente.
Los leves sonidos placenteros de Artemisa comenzaron a escaparse por su boca al sentir las caricias que sus nalgas estaban recibiendo, mientras que las cejas de Bell temblaban ante el placentero toque de su amada, quien comenzó a acariciar su miembro lentamente.
Los labios se separaron y los jadeos se tornaron mucho más intensos que la última vez, demostrando que tanto estaban disfrutando cada segundo de este momento.
Los jadeos y el rubor de la Diosa se hicieron aún más prominente al sentir como el miembro de Bell se hacia más y más grande, hasta que comenzaría a palpitar bajo sus dulces caricias.
"¿Esto te está gustando?" Preguntaría la Diosa seductoramente.
"Hiba a preguntarte lo mismo." Bell respondió con una sonrisa picara mientras apretaba el trasero de Artemisa, haciendo que la Diosa se mordiera el labio inferior para contener el gemido.
"Puedes tocarme en más lugares si quieres." La respuesta de la Diosa dejó bien en claro que quería ser tocada por todas partes, un deseo que Bell pareció apreciar bastante.
"¿Dónde quieres que te toque?" Ofreció con una sonrisa burlona, en donde Artemisa le respondió de la misma manera mientras se sentaba a horcajadas sobre él.
"Podrías empezar por aquí." Comentó un tanto avergonzada mientras llevaba una de las manos de Bell por debajo de su camisa y su brasier, terminando sobre uno de sus senos. "Ellos han crecido estos últimos meses, y de seguro es por tu culpa."
Bell apretaría un poco, sintiendo como su pezón ya estaba duro, dejando en claro que la Diosa se encontraba bastante caliente en estos momentos.
"Son muy grandes y suaves, mi mano se hunde en él…" Pensó el albino algo impresionado ante el tacto, sin darse cuenta como la Diosa hizo una mueca placentera mientras miraba hacia otro lado con pena. "Tus pechos son increíbles." Afirmó, la Diosa no tardó ni un instante en darse cuenta que decía la verdad, debido a que su miembro se había puesto más duro y grande que antes.
"¿Esto tiene que entrar en mi…?" Artemisa no pudo evitar pensarlo mientras se mordía el labio inferior. "¡Ni teniendo tres manos podría cubrirlo por completo!"
Bell continuó deleitándose de la textura tan excéntrica de esos preciosos montículos y ella no pudo evitar retorcerse un poco ante el placer mientras continuaba frotando la hermosa suavidad de sus pectorales y la aspereza placentera que le otorgaba el miembro del albino. Ese placer iba directo a su estómago, quien comenzaba a arder con gran fuerza e incrementaba más y más cuando recibía caricias y apretones por parte de Bell.
Sus muslos chocaron entre si cuando las oleadas de placer comenzaron a ser insoportables.
Así es, ella estaba llamándolo...
Artemisa volvió a buscar los labios de su amado, uniéndose nuevamente en un interminable deseo que parecía no poder saciarse nunca. Después de todo, las caricias ni los besos eran suficiente como para apaciguar todo ese ardor que estaba recorriendo en las partes más íntimas de cada uno.
Solo podría saciarse si ese roce intimo se profundizaba aún más.
Mucho más profundo.
El deseo de querer más y más comenzaría a alcanzar niveles inimaginables, haciendo que Bell comenzara a quitarle toda la ropa a su amada, mientras que ella hacia exactamente lo mismo.
La vergüenza de estar desnudo frente al otro nunca cruzó por sus mentes. Solo estaba ese constante deseo adictivo que los estaba llevando a sentir cosas que jamás pensaron afrontar.
Simplemente era algo hermoso sentir como sus pechos bombeaban con gran fuerza y anhelo a la par de sus intimidades, quienes esperaban poder unirse para que sus almas gemelas finalmente puedan convertirse en una.
Artemisa tomó ambas mejillas del albino mientras continuaba besándolo. Ella sintió como las manos de Bell abandonaban sus pechos y comenzaron a descender por su abdomen. La Diosa deseo profundamente que esas manos continuaron su camino, y ese deseo le llevó a que un profundo gemido cubierto de felicidad y calidez se escapara de su boca cuando Bell acarició su clítoris y finalmente aterrizó en su vagina.
La Diosa apretaría las mejillas de Bell con un poco más fervor mientras sus lenguas bailaban acompañando la intensidad que las manos de Bell le estaba trasmitiendo.
"No importa donde vaya, ella es suave en todos lados…" Bell no pudo evitar pensarlo con gran admiración.
El toque hacía que Artemisa rozara las nubes. No era un toque indecente, era un toque que se sentía amable y gentil, algo que la hacía sentir muy feliz.
Definitivamente era imposible que ella terminara en los brazos de alguien más.
Bell, y solo Bell podría trasmitir tanta felicidad a su cuerpo y corazón con un simple toque.
El brillante hilo de saliva era lo único que quedaba de aquel beso que se había roto hace un momento. La respiración agitada y el rubor se había apoderado por completo de la Diosa, que en estos momentos no podía evitar gemir ante las constantes caricias que estaba recibiendo su parte más íntima.
Ella llevó sus dos brazos sobre el torso esculpido de su amado. Lo acariciaba con tanto fervor, ya que el mero tacto era completamente adictivo para ella. Lo había visto y tocado muchas veces antes, pero nunca dejó liberar sus verdaderas intenciones como ahora, y se sentía tan increíble que podría derretirse en ese preciso momento.
Los gemidos de Artemisa fueron interrumpidos cuando Bell unió nuevamente sus labios con los de ella. Esa sensación no duró mucho tiempo, ya que su amante se separó y bajó lentamente hasta su cuello. La Diosa no pudo evitar cerrar sus ojos con gran placer al sentir como Bell mordía suavemente su cuello, que rápidamente se transformaron en rápidos besos que descendían más y más.
Bell continuó con su pequeño camino de besos, quedando extasiado ante la suavidad y el olor que le trasmitía la piel de aquella mujer que amaba tanto.
Sus besos se detuvieron cuando llegó a uno de los senos de la Diosa y el aperitivo principal parecía ser esa frutilla que sobresalía del hermoso y suave pastel.
Las uñas de Artemisa se aferrarían a la espalda del albino y su propia espalda se encorvaría tras sentir como su amado arremetió contra su pezón sin pensárselo dos veces.
Las oleadas de placer eran tan insoportables que el ardor de su abdomen se volvió completamente insoportable, mientras esos gemidos comenzaban a tomar un toque mucho más lujurioso. Su lengua lentamente salió a relucir con la curvatura de su espalda en un intento de liberar todo ese placer que estaba incendiando todo su cuerpo.
"¡¿Cómo es que unas simples caricias pueden sentirse tan bien?!" Ella logró articular mientras comenzaba a frotar su trasero contra el miembro de Bell en un movimiento instintivo, dejando bien en claro que se había dejado perder por el momento.
"Si sigues frotándome así, yo…" Bell hizo gran esfuerzo para hablar, logrando que la Diosa sonriera al escucharlo de esa manera, y por ese mismo motivo aumentó la velocidad de sus caderas.
Pudo sentir que ella no fue la única en aumentar la intensidad, ya que él se encargó de comenzar a chupar sus dos pechos al mismo tiempo mientras acariciaba su trasero con una mano y su intimidad con la otra.
El sudor ya hacia acto de presencia, y el hecho de que una leve capa los estuviera cubriendo era prueba de ello.
La intensidad de ambos aumentó drásticamente, y el clímax no tardaría en emerger con un gruñido por parte de Bell y un gran gemido por parte de Artemisa. El semen golpeó la espalda de Artemisa y los jugos de amor golpearon con fuerza la mano de Bell, dejando en evidencia el buen trabajo de uno con el otro.
El estimulo producido fue tan grande para la Diosa que no pudo evitar caer rendida sobre el pecho de Bell mientras hacia todo lo posible para recobrar esa energía que había perdido en su cuerpo al enfrentarse a su primera experiencia estimulante.
Ambos se miraban intensamente, una mirada tan intensa que trasmitía los pensamientos del otro. Unos ojos que se encontraban perfectamente conectados y luego del juego previo, ya se estaban gritando y rogando para dar lugar al plato principal.
Ella ya estaba lista para recibir al hombre que deseaba. Eso quedaría más que claro cuando levantó sus caderas y las movió hacia atrás, logrando que el miembro de Bell golpeara su cavidad húmeda.
La sensación de que sus dos partes más intimas se rozaran fueron participes de la gran nube de emociones que sus cuerpos tuvieron que soportar.
Ella estaba a punto de ser suyo, y él estaba a punto de ser suya.
Un deseo que la Diosa añoraba desde ese día que él la salvó de Atlas con un beso.
Después de ignorar lo que sentía…
Después de engañarse a sí misma…
Después del inmenso dolor que sintió cuando Bell se fue a su Dimensión en lo que parecía ser un no retorno…
Después de sentir un gran remordimiento que la carcomía todas las noches…
Después de haber sufrido tanto…
Después de tanto tiempo, por fin parecía ser que ese deseo tan añorado iba a cumplirse.
"¿Cómo es que puedes ser tan linda incluso en estos momentos?" Le cuestionó. "Deja de mirarme así. Maldición, eres tan encantadora." Bell intentó guardárselo, pero simplemente no pudo.
Ella estaba completamente sonrojada y jadeante. Era un tipo de lindura que nunca había visto de ella, y estaba comenzando a arrepentirse por no haberlo hecho hace tiempo.
"Quiero sentirte, cariño…" Comentaría la Diosa, quien bajaría un poco sus caderas, haciendo que su cavidad y el miembro de Bell se besaran desprendiendo una gran calidez sobre ambos. El abrumante sentimiento fue tal que ambos se quedaron paralizados por unos segundos, embriagándose ante la dulce sensación que desprendía ese instante.
"¿Tú también quieres sentirme?" Volvió a preguntar, asegurándose de que su amado también quería esto.
Como era de esperarse, Bell asintió de inmediato.
"Eres la mujer más hermosa y maravillosa que tengo en mi vida." La tomó del rostro, acercándola lentamente. "Por supuesto que quiero sentirte, Arty…" Sus labios se unieron tras esas palabras.
La Diosa la abrazó fuertemente de cuello al igual que Bell que la tomaría de su espalda.
Artemisa pudo sentir como sus labios se abrieron lentamente para dar paso al que sería su hombre por el resto de su vida.
Los gemidos de la Diosa fueron reemplazados por unos quejidos cuando sintió como Bell se abrió paso dentro de ella, hasta que finalmente tocó el fondo.
Bell se separó del beso y pudo distinguir como la Diosa se llevó la mano sobre su abdomen, sintiendo como el miembro de su amado la golpeaba por arriba de su ombligo.
"¿Estás bien?" Preguntaría, viendo como su amada lloraba en silencio.
Es obvio que el dolor era muy grande, la sangre que salía entre el lugar que los mantenía conectados era prueba de ello.
Pero ella no estaba llorando por el dolor.
"El sentimiento de poder conectarme con el amor de mi vida es mucho más fuerte que cualquier tipo de dolor." Afirmaría, sin poder evitar recostarse sobre el pecho de Bell al sentir como el hombre de su vida le acariciaba la mejilla para consolarla.
Bell esperó pacientemente mientras continuaba consintiendo a su linda Diosa. Las lagrimas de felicidad continuaban emergiendo de ella mientras sentía como ese dolor punzante iba desapareciendo.
El albino no pudo evitar cerrar sus ojos ante la sensación tan cálida que se desprendía por dentro de su amante. Era una sensación tan aguda y adictiva que le ordenaba moverse, pero él resistiría cualquier tipo de tentación hasta que su querida dulzura estuviera preparada para soportarlo.
"Arty…" Susurró por lo bajo, dándole un beso en la frente que la Diosa pareció aceptar con mucha calidez y felicidad.
Ese beso en su frente pareció durar una eternidad. Parecía no tener la intención de separarse, y Artemisa lo estaba disfrutando más de lo que hubiera pensado.
Los dos se quedaron completamente inmóviles en ese momento. Ella se dejaba consentir mientras esperaba que ese dolor desapareciera por completo.
Artemisa alzaría su rostro, entregándole una sonrisa que se tiño de un recuerdo precioso para ambos cuando Bell se aseguró de quitar las lagrimas que aun estaban sobre sus mejillas.
La Diosa asentiría levemente y su amante pareció entenderla.
Bell comenzó a mover lentamente sus caderas. Los ojos de la Diosa se agrandaron cuando el placer que la golpeó en sus entrañas fue demasiado grande como para soportar. Ella ahueco su rostro en el cuello de Bell y lo mordió con delicadeza, ahogando todo lo posible aquellos gemidos tan energéticos que le avergonzaban un poco. Nunca pensó que el placer podría hacerla sentir tan bien.
Los gemidos de la Diosa se hicieron incontenibles cuando sentía como sus paredes se cerraban y abrían constantemente. El choque silencioso de su pelvis solo aumentaba ese placer por alguna extraña razón, y cada vez que lo volvía a introducir hasta el fondo podía sentir como tocaba su cérvix y eso le entregaba una pequeña oleada de placer que amenazaba en llevarla a su segundo clímax poco después de haber enfrentado al primero.
"Puedes ir más rápido…" Ella logró hablar de alguna forma, y Bell no fue capaz de desobedecer a su amante.
De hecho, él también estaba disfrutando mucho de la estrechez, suavidad y calidez que le brindaba el interior de su linda Diosa.
El deseo, la pasión y la lujuria comenzaron a opacar sus otros pensamientos mientras el choque de caderas se aceleraba aún más y más. Como resultado, Bell no pudo evitar tomar a su amante de la cintura para luego tirarla sobre la cama. Artemisa rodeó sus piernas alrededor del albino en un movimiento instintivo al no querer separarse ni un segundo de él.
Los movimientos se hicieron aún más rápido desde esa posición, la Diosa cruzaría sus piernas sobre la cintura de Bell mientras comenzaban a compartir un beso cubierto de la intoxicación tan adictiva que estaban recibiendo sus cuerpos unidos.
Sus labios no tardaron tanto en separarse, ya que las estocadas se hicieron mucho más fuertes y rápidas desde esta posición, obligándole a Artemisa tomar grandes bocanadas de aire, solo para desperdiciarlo en gemidos que ni siquiera ella sabía que podía liberar.
Los ojos de Artemisa se habían nublado ante la lujuria del momento, sintiendo como su clímax estaba a punto de golpearla nuevamente, al mismo tiempo que el miembro de Bell se hacia aun más grande, anunciando que también estaba en su límite.
"¡Esto es fantástico!" Los gemidos constantes de la Diosa y el placer que le estaba nublando la mente hizo que su tono de voz tuviera unos sonidos realmente extraños que solo lograron encender aun más a Bell, haciendo que las estocadas sean aún más rápidas.
El choque de sus caderas se había transformado en un sonido realmente extraño cuando los jugos de Artemisa se habían encargado de lubricar toda esa zona, haciendo que diversos chapoteos se escucharan cuando sus pelvis chocaban.
"¡Algo viene!" Gimió la Diosa con un tono que sin duda la avergonzaría si fuera capaz de escucharse ahora mismo. "¡Algo realmente increíble viene!" Las piernas de Artemisa se apretaron con todas sus fuerzas, y después de eso, solo pudo recordar como su mente se puso completamente en blanco.
Bell continuaría embistiendo con aun más rapidez, haciendo caso omiso a la expresión totalmente depravada de su amante que no había sido capaz de soportar tanto placer cuando golpeó su segundo clímax.
Bell solamente pudo gruñir cuando sintió como las paredes volvieron a apretarse nuevamente, indicando que la Diosa estaba por venirse una vez más, sin importar que lo había hecho hace literalmente segundos.
Bell se aferró con gran fuerza a la Diosa y cerró fuertemente sus ojos, dando una ultima estocada que pudo atravesar el cérvix de la Diosa, para luego expulsar una gran cantidad de su esencia.
Las piernas de Artemisa se abrieron un poco al perder su fuerza, y su gemido ahogado más fuerte se presentó en este momento. Sus piernas cayeron a un lado y comenzaron a temblar por culpa de la enorme oleada de placer que la estaba golpeando con su tercer y más grande clímax con diferencia.
En estos momentos, su mente solo tenía espacio para procesar ese inmenso placer que la estaba ahogando y mandando directamente hacia las estrellas.
Bell pudo sentir como su polla no parecía querer acabar con esto, aunque después de ver como se encontraba su amante decidió terminar las cosas aquí.
El albino se dispuso a retirar su conexión con Artemisa, escuchando que la Diosa gemía una vez más ante la sensación.
"Creo que fue demasiado para ella…" Pensaría Bell en voz alta, viendo como todo el semen se escurría hacia el exterior. Sin duda alguna, había expulsado una carga bastante grande.
El albino volvió a alzar su mirada con ligera preocupación, que pareció extinguirse cuando pudo ver como Artemisa cubría sus ojos con su antebrazo mientras respiraba con una excitación y cansancio absoluto.
"Esto es lo mejor que he sentido en mi vida…" Comentaría la Diosa, en donde se pudo notar que su tono depravado había sido reemplazado por uno de total cansancio.
Ella quitó levemente su mano, logrando que Bell pudiera ver sus hermosos ojos plateados llorosos.
"Después de esto, ya no me queda ni una pizca de duda." La Diosa le entregaría una expresión completamente adorable.
"Definitivamente somos el uno para el otro."
¡AVISO!
¡AVISO!
¡FINAL DEL LEMÓN!
"Me deberías haber dicho que era tan grande." Artemisa se abrazó aun más a Bell. Ambos estaban cubiertos por las mantas de la cama. "Me dio un poco de miedo."
"¿Miedo?" Cuestionaría el albino, entregándole una sonrisa pícara. "Tú fuiste la que tomó la iniciativa, ¿o acaso ya no lo recuerdas?"
"Eso no quita el hecho de que tuve un poco de miedo. Es como si algo me hubiera llenado por completo…" Comentó mientras se frotaba el abdomen. Su mirada se levantó, sin poder evitar sonrojarse un poco. "¿Y que tal estuvo para ti?" Le preguntó, abrazándose aún más a él.
"Bueno, no soy un experto en este tema. Pero…" Se pauso, para luego levantar su mano.
"¡PLAF!"
Artemisa no pudo evitar chillar de sorpresa cuando Bell le dio una fuerte nalgada, haciendo que esta se ruborizara bastante.
"Puedo asegurar que este culo es de alto calibre." Comentó con una sonrisa burlona, sintiendo como Artemisa le daba una fuerte palmada en el pecho.
"¡Vamos, deja de bromear con eso…!" Exclamaría mientras se reía levemente.
La charla de ambos se vio interrumpida cuando Hestia entró en la habitación. La Diosa parecía querer hablar de algo importante, pero cuando vio como Bell y Artemisa se encontraban desnudos siendo únicamente tapados por aquellas mantas, la mujer solo pudo atinar a ruborizarse profundamente y cerrar la puerta de golpe.
Ambos miraron aquella zona por unos pocos segundos sin decir una palabra.
"Para la próxima, iremos a mis aposentos." Bell hizo clara referencia a las interrupciones.
"Estoy de acuerdo." La Diosa asentiría.
Unos minutos más tarde…
Bell saldría con su única prenda luciendo algo desaliñado por obvios motivos.
"¿Por qué viniste?" Preguntaría, sentándose en frente de la Diosa, quien parecía haber superado el anterior altercado.
"Buscaba a Artemisa para avisarle que ya creamos cubos de Ambrosia para restaurar su mano." Explicó, logrando que Bell se recostara sobre su silla.
"Hmm, lo entiendo…" Tarareó. "Pero no puedes hacerlo hoy." Culminó, fijando su mirada en la Diosa. "Ella tiene que descansar por hoy." Concluyó, logrando que Hestia le entregara una mirada genuinamente preocupada.
"¿Qué le sucede?"
"No puede caminar."
"…"
"…"
"…"
"¿Querías alguna otra cosa?" Bell pasó del tema al ver que la Diosa no parecía reaccionar ante lo escuchado.
"¿Eh?" Hestia por fin despertó. "No-no realmente…" su tono avergonzado y nervioso era más que evidente, pero Bell pareció ignorarlo.
"Muy bien. Entonces comencemos con la conversación principal." La Diosa pareció confundirse bastante ante esas palabras, ya que no había venido a hablar de ningún otro asunto. "Me ahorraste la molestia de tener que buscarte." Esa última afirmación solo encendió la curiosidad de Hestia.
"¿Qué es lo que necesita de alguien como yo?" Cuestionaría la Diosa con gran interés, ya que sabía de antemano que era bastante mala respecto a cualquier tipo de asunto bélico.
"Lo estuve pensando después de haber tenido relaciones con Arty…" Ese comentario hizo que la Diosa se sonrojara al instante. "No sé si podría funcionar, pero no perdemos nada si lo intentamos…"
Bell se giró en la silla mientras comenzaba a quitarse las vendas de su espalda, haciendo que la Diosa se ruborizara aun más al pensar que el albino estaba hablando de cosas indecentes. Ese pensamiento lentamente se disipó de su mente al ver como diversos tatuajes borrosos comenzaban a ser visibles.
"¿Eso es Griego Antiguo?" Se preguntaría la Diosa internamente, entrecerrando sus ojos en un pobre intento de distinguir las escrituras borrosas.
Sus ojos se posaron en la parte superior cuando pudo notar algo que era completamente tangible y que no se encontraba indescifrable.
"¿Nivel 10?" Se preguntó, ladeando levemente su cabeza. "¿Acaso se trata de algo que se encuentra en su Dimensión?"
"Hace dos años que no actualizo mi Falna." Bell señaló su espalda mientras miraba de reojo a la Diosa.
"¿Crees que podrías actualizar mis niveles?"
¡FINAL DEL CAPÍTULO!
De seguro muchos tendrán una gran cantidad de preguntas con este final. Todas esas dudas se responderán en el próximo capítulo (descuiden, no me olvidé que casi todo el Falna en esta Dimensión es inútil, CASI).
El próximo capítulo de seguro será más corto de lo normal, ya que traeré los últimos preparativos y ciertas despedidas antes de la pelea final.
En lo particular, este lemon ha sido un verdadero dolor de cabeza. Es la primera vez que pienso tanto en como desarrollar cada escena en algo como esto, y espero de todo corazón que les haya gustado. Siempre sentí que le falta más desarrollo sentimental a mis otros lemons. Nunca había estado conforme del todo, pero en esta ocasión es la primera vez que me siento "completo" después de terminarlo y releerlo. Solo espero que para ustedes sea igual.
Sé que todavía me hace falta mejorar mucho respecto a este campo, así que haré lo mejor posible para seguir aprendiendo. Agradecería mucho que me dieran cualquier consejo o critica para mejorar y/o agregar otros aspectos.
No creo que haya otro lemon en esta historia. Todo dependerá del apoyo que reciba el actual y las ganas que tendría en lo personal para hacer otro.
Les agradecería que le echaran un ojo al borrador de Aether x Ei si es que tienen tiempo.
Nos veremos dentro de poco.
¡Muchas gracias por leer!
