¡Aquí me presento con otro nuevo capítulo!

Ya publiqué el borrador de Esdeath x Naruto, lo comento por si alguno les interesaría leerlo.

Volviendo al tema principal, para ser sincero no tengo nada que deba aclarar, así que simplemente espero que disfruten esta lectura.

¡Comencemos!

Claridad no supo exactamente que sucedió. Solo sabía que alguien le había golpeado con una fuerza bastante abrumadora, y que de pronto se encontró estrellada en el suelo.

La Diosa Primordial se levantó lentamente mientras escupía una pequeña cantidad de sangre dorada hacia un costado.

Apenas le habían lastimado, pero la lastimaron.

Un logro que ni siquiera su hermano hubiera conseguido si es que accedía a su forma divina.

Solo había una persona que podía lograr hacerle daño en estos momentos.

Su mirada se fijó inquisitivamente en ese cabello blanco que se arremolinaba por el viento. Su expresión pasiva aun continuaba en su rostro, mientras veía como ese muchacho y la Diosa se posaban al lado de un moribundo Apollo.

"No eres de los que llegan a tiempo, ¿no es así?" Apollo se intentó burlar de Bell, solo para escupir una gran cantidad de sangre dorada.

"Sabes que eso no es mi culpa." Bell intentó seguir la broma del Dios, pero falló rotundamente ya que su mirada permanecía impasible mientras miraba de reojo como Artemisa lucia completamente frustrada ante la situación actual.

"Je, supongo que tienes razón…" Los ojos del Dios lentamente perdían su brillo, hasta el punto de estar casi apagados. "Supongo que no es justo lo que voy a decir, pero ahora eres el Rey del Olimpo y sabes tan bien como yo que de alguna forma todos dependemos de ti. Es frustrante el no poder ayudar como deberíamos, y me es aun más frustrante decirte esto…" Apollo no pudo evitar bajar su mirada con gran frustración, para luego entregarle una pequeña sonrisa mientras tomaba la mano de Artemisa. "Está todo en tus manos, hermano…"

El Dios cerró lentamente sus ojos, haciendo que Artemisa cerrara sus ojos con gran pesar mientras se aferraba a su mano con aun más fuerza.

Bell permaneció sin una muestra de emociones ante toda la conversación, pero la realidad era completamente diferente.

Este no era el momento para llorar.

Artemisa también parecía entenderlo, por lo que dejó que la cabeza de Apollo se recostara en el suelo. Ella no pudo evitar sonreír débilmente al ver como la sonrisa aún seguía vigente en el rostro del Dios.

"Por ti, y por todos los demás que cayeron en esta guerra…" Bell apretó fuertemente sus puños, poniéndose de pie para enfrentar a la Diosa Primordial que se encontraba mirándolo a varios metros.

"¡Juro que sus muertes no serán en vano!"

CAPÍTULO 50: ¡DESIERTO DE CRISTALES, EL ATAQUE DEFINITIVO!

"Quédense atrás." Ordenó Bell, para luego dar un gran salto para posarse frente a Claridad.

"No es que pudiera moverme mucho de todos modos…" Atlas no pudo evitar quejarse por lo bajo mientras se tomaba un hombro con dolor.

Claridad permaneció cruzada de brazos. Su mirada pasiva y su sonrisa terrorífica seguían vigentes en su rostro.

"Me ahorraste el trabajo de tener que ir a buscarte." Comentaría la Diosa Primordial, colocando ambas manos en su cadera. "Por si no lo sabes, la propuesta aún está vigente."

"No me interesa una mierda tu propuesta." Bell no pudo evitar insultarla, ya que estaba realmente molesto en estos momentos.

"Bueno, parece ser que alguien necesita controlar su vocabulario." Claridad estaba sorprendida en un principio por lo que escuchó, pero finalmente acabó con una sonrisa.

"Es una lastima tener que matar a alguien tan interesante como tú…" La Diosa Primordial alzó su palma, haciendo que una bola de energía oscura apareciera en ella.

Se pudo ver como Artemisa y Atlas dieron un paso hacia atrás por el mero terror de ver esa pose.

Cada vez que la efectuó sin que la interrumpieran, alguien había muerto.

La sonrisa de Claridad se apagó en el último segundo, para después mencionar la siguiente palabra.

"Muere."

La bola se disparó a una velocidad que nadie pudo distinguir, dejando una gran estela oscura a su paso.

Parecía ser que nadie podía verla, pero para sorpresa de todos, ese ataque fue desviado cuando Bell la golpeó con su mano casi sin esfuerzo.

Todos ensancharon sus ojos con completa consternación tras lo presenciado. Aunque sin duda alguna, la más impresionada era Claridad, quien no pudo evitar apretar los dientes.

La mujer pareció tomarlo como algún tipo de provocación, ya que comenzó a arrojar decenas de bolas oscuras a una velocidad impresionante, logrando que todo se tiñera de un color negro.

Antes de que el polvo cubriera a Bell, se pudo distinguir como su brazo se movía a una velocidad borrosa mientras desviaba todos y cada uno de los ataques.

Las esferas comenzaron a chocar por doquier, generando enormes explosiones a lo largo y ancho de todo el campo de batalla.

Atlas casi se muere del susto cuando una esfera pasó justo a su lado, haciendo que cayera de espaldas y mirara hacia atrás, viendo como una explosión se alzaba no muy lejos de él.

Después de que toda la ráfaga de ataque finalmente se tranquilizara, Claridad parecía estar completamente satisfecha ante lo logrado.

Atlas y Artemisa miraron la cortina de polvo con gran preocupación, pensando que Bell había salido herido.

La sorpresa más grande se la llevó la misma Claridad, quien no pudo evitar ensanchar sus ojos y abrir un poco su boca al ver que Bell estaba completamente intacto, mientras su mano permanecía flexionada hacia el frente.

Esa sorpresa no duraría mucho en ella, ya que nuevamente optó por su clásica sonrisa y se colocó sus manos en la cadera, riendo levemente.

"Supongo que te has vuelto un poco más fuerte…" Fue el simple comentario de la mujer, quien no pudo evitar inclinarse de hombros. "Pero déjame decirte que deberías ser cerca de tres veces más contundente para tener una posibilidad de derrotarme."

"Eso está por verse." Fue la respuesta cortante de Bell, quien se puso en posición de combate.

"Supongo que deberé aplastar esa confianza tuya una vez más…" Claridad ni siquiera se puso en guardia, demostrando que su oponente ni siquiera valía la pena.

Eso evidentemente hizo enojar un poco a Bell.

"¿No te tomarás esto de una manera seria?" Cuestionaría el albino, apretando fuertemente los puños.

"Si logras lastimarme, aunque sea un poco, quizás considere la posibilidad…" Claridad no pudo evitar burlarse, logrando que Bell se pusiera aún más serio.

Definitivamente le iba a hacer tragar sus palabras.

Las piernas de Bell se flexionaron, para después desaparecer sin dejar rastro de sonido, denotando su gran sigilo. Claridad tan solo incrementó aun más su sonrisa, para luego desaparecer al igual que su oponente.

"¿Eh?" Atlas no pudo evitar pestañear con confusión. "¿Dónde se fueron?" Se preguntaría, para después ensanchar un poco sus ojos al notar diferentes borrones que pasaban a una gran velocidad.

Esos mismos borrones comenzaron a impactar entre sí, haciendo que rebotaran y cayeran en diferentes lugares, aunque no tardaban ni un segundo en volver a colisionar. La arena se agitaba con una violencia impresionante mientras grandes cortinas de polvos se presentaban junto con los temblores en los lugares que esas dos figuras borrosas chocaban.

Bell no pudo evitar apretar los dientes debido a que Claridad parecía controlar su velocidad sin ningún tipo de problemas. Justo antes de que volvieran a impactar sus puños, Claridad desapareció sin dejar rastro y Bell ensanchó sus ojos ante lo presenciado. Actuó por puro instinto cuando se desvió a un costado para esquivarla, logrando que la mujer se dirigiera a toda velocidad hacia el suelo. El albino intentó aprovechar ese momento para atacar a toda velocidad, solo para volver a ensanchar sus ojos y detenerse justo a tiempo cuando Claridad dio varios giros sobre si misma mientras una gran cantidad de cadenas filosas la rodeaban.

Bell dio un gran salto hacia atrás y aterrizó en la arena con gran elegancia, quedando a una distancia segura de la mujer. Por definitiva su instinto no iba a tener descanso, ya que ni bien estacionó, arrojó una gran esfera de fuego y rayos hacia el suelo para utilizarlo como impulso.

Lo que debía esquivar se presentó casi al instante cuando él abandonó el sitio. Su rostro no pudo evitar llenarse de espanto al ver como cientos de cadenas chocaron contra el suelo y generaron una gigantesca explosión que cubrió todo el sitio de un denso polvo.

Bell dio vuelta su mirada con una meuca de dolor cuando una cadena rosó su hombro y le propinó un profundo corte.

El albino no se detuvo allí, y comenzó a esquivar todas las cadenas que iban disparadas a su dirección a una gran velocidad. Sus dientes estaban apretados ante la concentración que esto requería, ya que el hecho de estar rodeado de polvo no facilitaba la situación.

Claridad continuó arrojando cadenas a diestra y siniestra desde afuera del polvo. Ella sostenía una mirada completamente relajada mientras lo hacía. Después de un rato de diversión, ella bajó sus manos y las cadenas desaparecieron, indicando que su trabajo ya debería de estar hecho.

La mujer continuó observando como la cortina la nube de polvo se desvanecía lentamente con su típica sonrisa, una expresión que no duró mucho tiempo.

Su rostro se enserió de sobremanera por alguna extraña razón. Ella dejó de mirar la nube de polvo y llevó sus ojos sobre su espalda, viendo como Bell estaba chocando la espalda con ella.

Ambos se quedaron completamente inmóviles mientras el polvo desaparecía.

Los temblores no se hicieron esperar y la gran energía que comenzaron a desprender generaría una enorme turbulencia en la arena que la obligaría a retirarse, dejando un enorme cráter en donde ellos estaban.

Los dos comenzaron a caer al enorme cráter, y el primero que hizo un movimiento fue Bell, quien intentó darle un puñetazo. Claridad desapareció justo antes de que su ataque la golpeara ante su leve sorpresa.

Bell cayó de pie y rápidamente miró hacia arriba, viendo como su adversaria le entregaba una sonrisa bastante horripilante mientras sostenía una gran esfera de color negro entre sus manos.

"¡DEVASTACIÓN!"

El ataque fue lanzando a toda velocidad y no le dio suficiente tiempo de reacción a Bell, lo único que pudo hacer es intentar desviarlo.

Pero intentar era la palabra clave.

Bell apretó fuertemente los dientes cuando sus manos entraron en contacto con la energía corrosiva que lo comenzó a arrastrar a una gran velocidad, generando una línea de destrucción a su paso, hasta que su cuerpo quedó hundido en el suelo.

Bell apretó sus dientes con aun más fuerza mientras hacia todo lo posible para retener el ataque.

Todo lo que estaba a su alrededor comenzaría a destruirse por la gigantesca presión que generaba la esfera, haciendo que el cuerpo de Bell comenzara a temblar.

"¡Maldita cosa…!" Rugió el albino mientras cerraba sus ojos con fuerza. "¡MOLESTA!" Tras esa palabra, la esfera oscura finalmente fue repelida y disparada hacia el cielo.

El ataque iba directo a Claridad, quien lo recibió con una sonrisa. La Diosa Primordial convocó una de sus cadenas y la agitó con gran fuerza, rompiendo el ataque en dos y desvaneciéndolo por completo ante la mirada atónita de todos.

La sonrisa de Claridad desapareció cuando vio que Bell no se encontraba dentro del cráter. La mujer siguió su fibra de energía divina al instante, pero cuando miró hacia abajó ya era demasiado tarde, debido a que Bell salió entre la arena con un estallido de velocidad y le propinó un fuerte golpe en la mejilla que generó una fuerte onda de choque.

El cuerpo borroso de Claridad fue directo al suelo, creando una enorme ola de arena en el lugar. Una enorme ola que fue cortada a la mitad cuando la figura de ambos oponentes la traspasó a toda velocidad.

Allí se podía presenciar como Bell tenía la ofensiva, aunque Claridad estaba esquivando todos los ataques con suma facilidad mientras permanecía con sus brazos cruzados. Su hermoso cabello negro se movía con total libertad cuando su cuerpo se movía con extrema precisión para esquivar todos los ataques.

Claridad detuvo sus movimientos defensivos cuando contratacó con un fuerte cabezazo, generando un fuerte temblor que puso los ojos de Bell en blanco por un segundo. La mujer le dio una fuerte patada giratoria en las costillas, haciendo que Bell escupiera algo de sangre dorada cuando salió despedido a toda velocidad.

La mujer tenía la idea de seguir atacándolo, pero se detuvo en su lugar al ver que su patada descendente falló cuando Bell se recompuso en el aire más rápido de lo que esperaba.

El albino hizo un par de volteretas en el suelo y terminó a una distancia prudente de la mujer, viendo como ella simplemente lo miraba con esa sonrisa suya mientras tenía las manos sobre su cintura.

Bell entró en su posición nuevamente y saltó hacia ella lo más rápido posible. Claridad parecía no tener ningún problema en esquivar todos sus ataques, su destreza era visiblemente superior, por lo que no era realmente extraño.

En estás alturas, podría lograr conectarle un ataque solo si utilizaba algún método extraño.

Y así fue, ya que después de haber estado esquivando sus ataques por unos segundos, la mujer ensanchó sus ojos al sentir como su cabello era tomado.

Bell rápidamente la tomó con las dos manos y comenzó a girar en círculos. Los ojos de la Diosa se agrandaron aun más tras sentir como sus piernas abandonaban el suelo, en ese preciso momento comenzó a girar como si estuviera en el lanzamiento de bala y ella era la bola de acero.

Bell la soltó y fue disparada con una velocidad impresionante, una velocidad que él pudo seguir y se posicionó en el extremo receptor para propinarle un gran puñetazo. Justo cuando su mano se extendió para pegarle, Claridad se detuvo a unos centímetros de su puño y procedió a entregarle una sonrisa burlona.

Esa sonrisa desaparecería de su rostro cuando el albino abrió su mano, denotando una pequeña esfera de fuego en ella.

"¡Fire Bolt!"

El ataque le pegó de lleno en la cara, generando un corto pero impactante temblor.

Un puño salió entre la delgada cortina de humo que impactó contra el abdomen de Bell, logrando que este escupiera sangre dorada antes de salir despedido y caer a pocos metros de la Diosa Primordial.

Bell se sentó en la arena mientras se tomaba el abdomen con ligero dolor. Se limitó a observar como aquel humo desaparecía, dejando a la vista a una Claridad quien no se encontraba sonriendo, y sus brazos cruzados reflejaban una total seriedad. Lo más seguro es que esa postura infrecuente en ella se debía a que su rostro estaba un tanto chamuscado y que su labio inferior estaba partido, haciendo que la sangre dorada rodara por su mentón para caer al suelo mediante gotas regulares.

"Jejeje…" Bell no pudo evitar reírse un poco mientras se levantaba del suelo lentamente, algo que confundió a Claridad.

"¿Qué te parece tan gracioso?" Preguntaría, sin poder evitar alzar una ceja.

"Al final, logré lastimarte un poco…" La sonrisa no desapareció ante su respuesta.

"Ya veo…" Claridad no pudo evitar entrecerrar sus ojos de una forma maliciosa. "Entonces, ¿de verdad quieres que me ponga un poco seria?" Le cuestionaría, viendo cómo se quitaba la sangre que corría por debajo de sus labios.

"Tú fuiste quien lo propuso, no yo." Contestó, haciendo que la Diosa Primordial frunciera el ceño.

"Bueno…" La arena se agitaría a sus pies mientras le miraba de reojo. "Espero que no te arrepientas después…" Concluiría, abandonando su postura relajada.

Bell simplemente sonrió mientras reforzaba su postura de combate.

Claridad apareció en frente de él en un santiamén, logrando que su sonrisa desapareciera al instante tras dar un pequeño salto hacia atrás para esquivar el codazo que iba directo a su abdomen. Desafortunadamente, eso no fue suficiente, la prueba estaba en la cadena que había rodeado su cuello de un segundo al otro.

Bell no pudo evitar apretar los dientes tras sentir como su aire se terminaba por culpa de lo fuerte que le estaba apretando. La fuerza era tal que lo elevó un poco del suelo.

Claridad no pudo evitar sonreír nuevamente, al mismo tiempo que flexionaba su brazo. Los ojos de Bell se pusieron en blanco en ese momento y el fuerte estallido generado por una gran onda de choque era la causa de ello.

"¿Qué sucede?" Ella se burló con bastante gracia mientras retorcía su puño en el abdomen del albino. "¿No dijiste que podías con ello?" Claridad abrió uno de sus ojos con cierta astucia, viendo como el color volvía a los ojos de Bell, quien no tuvo otra de más que entregarle una sonrisa forzada.

Claridad agitó fuertemente la cadena, logrando que Bell saliera despedido a una gran velocidad, aunque pudo recomponerse casi al instante. No pudo evitar encorvarse un poco al sentir el dolor insoportable que se expandía a lo largo de todo su abdomen. El dolor era tan grande que se asemejaba a tener una maldita vara de hierro hirviendo atravesándolo.

Sabiendo que no podía dejarse llevar por el dolor, Bell se recompuso se inmediato y atacó a la mujer, solo para ser esquivado con un alto grado de facilidad. El grito de dolor no se hizo esperar cuando un fuerte codazo por la espalda lo mandó directo al suelo. O eso debería haber sido, ya que Claridad interceptó el movimiento cuando le propinó una gran patada en la frente que le hizo volar.

Bell se recompuso en el aire lo más rápido que pudo, solo para voltear su mirada con gran incredulidad al ver que Claridad estaba a sus espaldas. No fue mucho lo que pudo distinguir en ese segundo, pero estaba seguro de que ella se encontraba de cabeza mientras poseía esa sonrisa singular.

El albino actuó por puro instinto cuando intentó darle un codazo, solo para que desapareciera y apareciera a varios metros de él aun estando de cabeza. Bell volvió a arremeter contra ella lo más rápido posible, teniendo el mismo resultado una y otra vez.

Claridad pareció aburrirse de la persecución absurda cuando usó una de sus cadenas para rodear el cuello de Bell justo antes de que llegara a ella. Lo revoleó a un costado como si se tratara de basura.

Cuando Bell abrió sus ojos, ya la tenía encima, quien no desperdició el tiempo y le propinó una fuerte patada en el pecho que lo mandó a la dirección contraria, logrando que Bell gritara de dolor. Claridad volvió a aparecer frente a él para propinarle un fuerte pisotón que lo envió directo hacia el suelo. La situación volvió a repetirse cuando Claridad apareció antes de que terminara de caer, propinándole un fuerte rodillazo en la espalda para enviarlo a volar de nuevo.

La Diosa Primordial se mostró bastante entusiasta ante la idea de demostrarle como se debe hacer una persecución correcta, por lo que siguió haciendo rebotar a Bell en el aire infinidad de veces sin descanso alguno. A simple vista, parecía como si Claridad estuviera jugando al pingpong y él era su pelota personal.

Finalmente, la arremetida de golpes acabó cuando Claridad le regaló un fuerte rodillazo en el estomago que lo mandó a volar nuevamente, pero pudo recomponerse y estacionar en el suelo. Aunque, si lo había hecho, era solo porque ella lo había querido.

Los gritos de Bell finalmente cesaron, pero la verdad es que las condiciones en las que se encontraba eran deplorables, por no decir más.

Su respiración agitada por el daño y el ojo cerrado que tenía a causa de la hinchazón era lo más suave. Su ropa estaba hecha pedazos, de hecho, ya ni siquiera tenía su musculosa. Los moretones se expandían a lo largo de todo su torso, al igual que la sangre dorada y diferentes cortes en el cuerpo.

Al ver la mirada consternada de Bell, Claridad no pudo hacer más que ensanchar su sonrisa.

Ella alzó una mano, logrando que una cadena de aura oscura con una altura inconcebible saliera de ella ante la mirada atónita de todos.

"DEVASTACIÓN."

Los ojos de Bell solo pudieron ensancharse al sentir como todo a su alrededor se volvía negro, al mismo tiempo que una enorme corriente de viento lo rodeaba por completo.

Después de unos segundos, Bell abrió sus ojos lentamente. Sus brazos cruzados en X bajaron de golpe tras presenciar la vista en completo shock. No pudo evitar mirar hacia atrás, viendo como una delgada línea de destrucción se extendía por todo el desierto, y lo más gracioso es que ni siquiera se podía ver el final de esta.

Su mirada volvió al frente, y no pudo hacer otra cosa más que apretar los dientes y temblar.

Hace mucho tiempo que no sentía este tipo de sentimiento, pero finalmente había vuelto.

El miedo…

"Esta es tu ultima oportunidad." Aclararía la mujer con una sonrisa mientras su mano permanecía extendida, aunque ya no había rastro de la cadena.

Bell pareció despertar ante esas palabras, haciendo que apretara fuertemente sus puños.

"¡Solo necesito unos segundos más!" Como si fuera alguna especie de activación, una corona de rayos apareció junto con el Rayo Maestro, al mismo tiempo que comenzaba a gritar a todo pulmón.

La mirada tranquila de Claridad cambió radicalmente al notar el enorme cambio en el ambiente. Incluso dio una expresión que nunca antes había proyectado.

Era una expresión completamente alerta y precavida.

"¡UUUUHHH AAAAAAAAAAAAHHHHHHHH!" Bell acabó con un gran gritó, generando una onda de rayos a su alrededor que obligó cubrirse a Claridad, quien solo pudo apretar los dientes ante lo presenciado.

Bell se movió a tal velocidad que sorprendió a la mismísima Diosa Primordial, quien no pudo esquivar el fuerte puñetazo en su mejilla. Bell la siguió la más rápido posible, aprovechando el factor sorpresa que aún seguía incrustado en ella para propinarle un fuerte rodillazo en el abdomen que la envió hacia el cielo.

Bell se aferró al Rayo Maestro con sus dos manos, logrando que el cielo se nublara de repente.

El fuego y los rayos se comenzaron a mezclar en el arma. Los truenos, el viento enloquecido y los destellos de luces cegadoras no se hicieron esperar.

"¡FIIIIIREEE BOOOOOOOOOOOOOOLT!"

Una enorme onda de energía de fuego y rayo salió disparada hacia Claridad, quien apenas se había recompuesto en el aire y no tuvo más opción que recibir el ataque con su mano.

La mujer apretó fuertemente los dientes al sentir como el fuego y los rayos le estaban calcinando la mano, por lo que rápidamente recurrió a la otra. Aun así, todavía no era suficiente para repeler el ataque, además de que Bell no mostraba ápice de agotarse, sin importar que estuviera gritando a todo pulmón.

"¡GGGGRRRRRRRRRR!" La mujer gruñó mientras el ataque la hacia retroceder lentamente, haciendo que se marcara una vena en su sien.

"¡YA ME CANSÉ DE LOS JUEGOS ESTUPIDOS!" Gritó con gran fiereza, creando diversas cadenas que cubrieron gran parte del ataque, logrando que este mismo explotara y generara un gran brillo en el cielo, que rápidamente se intensificó por doquier.

Artemisa y Atlas se cubrieron cuando la enorme presión del viento y los restos del ataque los golpeó.

La arena y los escombros salieron volando por todas partes, logrando que esa zona del desierto tuviera un aspecto completamente espantoso.

Bell no pudo evitar caer de rodillas al suelo, respirando con un cansancio extremo mientras la corona desaparecía y sus ojos volvían a la normalidad. Él alzó su mirada, solo para distinguir como Claridad salía entre el polvo, denotando unos daños y quemaduras bastante notorias en sus dos brazos.

"Supongo que es imposible intentar razonar con un idiota…" Claridad comentó con gran disgusto mientras abría y cerraba sus puños, quienes se curaban a una enorme velocidad.

Tras estar curada por completo, su mirada volvió a Bell. Su mirada se oscureció y apareció de repente en frente de él, dándole una fuerte patada en el mentón de la cual ni pudo responder.

Bell rodaría por el piso un par de metros, hasta que finalmente cayó rendido al suelo. El albino hizo su mayor esfuerzo para levantarse, pero se encontró con la gran sorpresa de que le costaba horrores.

Su mirada se levantó lentamente tras ver como una sombra se posaba en él.

"Eres una basura." El comentario fue seguido de otra patada, que obtuvo el mismo resultado de la anterior.

Bell simplemente pudo postrarse en el suelo mientras gritaba de dolor al sentir como varias de sus costillas, ya frágiles por culpa del pingpong anterior, finalmente habían cedido.

Claridad continuó acercándose a él con una sonrisa asesina mientras postraba sus manos sobre su cintura. Esa sonrisa cambió al ver como Bell sacaba un cubo de Ambrosia de su pantalón desgastado, haciendo que ella agitara su mano con gran fuerza.

"¡NO…!" Bell no pudo evitar gritar con desesperación al ver como la salvación salía volando de sus manos a una gran lejanía tras la ráfaga de viento cortante que le golpeó.

Artemisa observó como el pequeño cubo cayó a sus pies, haciendo que sus ojos se ensancharan de sobremanera.

"¿En serio pensaste que te dejaría hacer eso?" Cuestionaría la mujer con una sonrisa burlona que se mezclaba con arrogancia. "Ya estoy harta de tener que rematarlos como si fueran unas cucarachas por culpa de esa cosa." La sonrisa de Claridad aumentó aun más y sus ojos se oscurecieron por completo. "Pero, al ver tu rostro, puedo entender que ya no hay más de esa comida regenerativa, ¿o me equivoco?"

Al presenciar esa expresión en Bell, ella pensó que se había quedado sin esperanzas y que por fin había sucumbido ante la gran oscuridad que genera la desesperación.

Eso era algo que ella conocía bastante bien. Después de todo, la desesperación y el resentimiento son los únicos dos sentimientos que reinaron en ella cuando fue encerrada durante milenios por su hermano.

Pero, ella estaba equivocada…

Los pasos lentos de Claridad se detuvieron al ver como un Bell con la mirada ensombrecida se ponía de pie con gran dificultad. La mujer no pudo evitar mirarlo con gran conmoción tras presenciar su expresión cuando alzó su rostro.

Él no estaba cubierto de desesperación.

De hecho, era todo lo contrario.

Y eso hizo que ella se enojara.

Hizo que se enojara a niveles desmedidos.

"¡Basura insolente!" Rugió la mujer con gran rabia, dándole un fuerte golpe en el rostro que lo hizo tambalear hacia atrás, aunque no se cayó a pesar de su condición.

Bell volvió a alzar su mirada, denotando esa seriedad que rebozaba confianza y esperanza.

Eso hizo que la vena en la sien de Claridad se intensificara aun más, al mismo tiempo que sus dientes rechinaban.

"Todos ustedes, malditos cerdos…" Claridad comenzó a caminar lentamente hacia él. "Incluso cuando están a punto de morir, no pueden darse cuenta de lo que ustedes mismos generaron a millones de personas. Como destrozaron sus vidas, como es que desgarraron a miles de familias…" Sus pasos se aceleraron considerablemente. "¡¿Cuántos golpes voy a tener que darle a tu duro cráneo para que puedas comprenderlo?!"

Bell no pudo evitar escupir sangre dorada cuando recibió un fuerte golpe sobre su rostro que lo mandó a volar. En esta ocasión calló estrepitosamente al suelo, y parecía que no iba a volver a levantarse.

En parte, así fue, pero eso no impidió que su boca permaneciera cerrada.

"Yo fui un héroe." Claridad se detuvo justo en frente de él tras escuchar sus palabras. "Por eso mismo, sé más que nadie lo que puede sufrir una persona, lo que puede sufrir uno mismo, y lo que puede sufrir una familia." Bell alzó su rostro como pudo, entregándole una sonrisa adolorida a la consternada mujer. "Y por eso mismo, sé que, si todos nos vestimos del mismo color, si el mundo se convierte completamente en blanco o en negro…entonces…" La sonrisa de Bell se ensancharía ligeramente. "Entonces, ¿qué sentido tiene mi vida, si no puedo vivirla?"

Claridad lo miró genuinamente impresionada por varios segundos, hasta que finalmente comenzó a reír por lo bajo.

"Entonces, ¿quieres vivir esa vida a costa de matar a seres que pueden tener familia, que pueden tener hijos, que pueden tener un maravilloso futuro?" La sonrisa de la Diosa Primordial seguía exactamente igual, aunque sus ojos estaban tenebrosamente apagados.

"Por supuesto que no, eso es algo que está mal, y seguirá estando mal antes, hoy y siempre." Contestaria rápidamente. "Pero, la maldad en las personas genera que otras se conviertan en héroes, genera que el mundo se mueva con millones de formas diferentes, genera avances beneficiosos que quizás nunca se hubieran podido alcanzar de otra manera. Y, sobre todo, la maldad genera historia, la ilustre historia que sigue evolucionando constantemente y nos obliga hoy mismo a estar parados en esta situación."

No sabía si era por culpa de sus delirios, pero Claridad estaba segura de que había visto a su hermano por unos segundos en vez de a Bell.

Esa mirada perdida cambiaria a una peligrosa poco después.

La mujer volvió a reír de una forma horripilante, sin antes crear una de sus cadenas.

"La escoria debe ser purgada de este mundo." Comentaría, preparándose para acabar con él de una vez por todas.

Las cadenas se acercaban a su cuello lentamente, con la esperanza de ver esa desesperación que tanto anhelaba.

Una escoria como él no se merecía felicidad, ni mucho menos morir con esperanza…

"¡NO PODEMOS CONTROLARLO POR MÁS TIEMPO!"

El rugido de Hades hizo que Claridad ensanchara ligeramente sus ojos.

"¿Qué fue eso?" Pensó, para luego ensanchar un poco sus ojos al notar algo. "Un momento…el sitio esta completamente nublado, y aun así hay una luz tan fuerte…" Los ojos de Claridad se ensancharon un poco más. "Espera, ni siquiera el sol podría emitir tanta luz, en especial desde que ese Dios está muerto…" Su mirada se alzó lentamente para mirar al responsable, haciendo que sus ojos se ensancharan en completo shock.

Ella dio varios pasos hacia atrás al ver una gigantesca esfera de energía que era tan grande como un edificio de 30 pisos. Básicamente, era casi tan grande como una manzana completa.

"¡No es posible que ellos hayan logrado crear semejante flujo de energía divina por si mismos!" En ese momento, algo pareció hacer clic en la cabeza de Claridad tras recordar los cubos de ambrosia. "¡Ahora ya lo entiendo…!" Su mirada volvió a Bell, riéndose de él. "Aun así, ¿de verdad pensaron que eso podía detenerme?" La mujer pisó el pecho de Bell con gran fuerza justo antes de que este intentara levantarse, haciendo que gritara de dolor. "Para tu información, como mínimo deberían haber intentado crear una el doble de grande. De hecho, quizás hubieran podido si te comías esa cosa…" La mujer alzó su mano, materializando una de sus cadenas para el desconcierto de Bell. "Lastima que nunca pudiste llevar a cabo ese plan…"

La cadena se lanzó a una gran velocidad, logrando que todo se pusiera lento para Bell.

Sus ojos temblaron ante la idea de presenciar como la cadena filosa perforaba su propio cráneo sin que él pudiera hacer algo.

Eso debería haber sido así…

Y nuevamente, había otra palabra clave en esto…

La cabeza de Claridad se contrajo cuando recibió un fuerte puñetazo que se encontraba imbuido de una delgada energía plateada, haciendo que saliera volando por los aires.

"¡Arty!" Exclamó Bell con una sonrisa adolorida, solo para sorprenderse al ver como la Diosa dejaba caer algo sobre su mano.

"Después todos me agradecerán como es debido, y espero que me des una gran recompensa por salvarte el culo." Artemisa se burló, para luego salir en un estallido de velocidad.

"¡TÚ…!" Claridad saldría de las grietas con un estallido de colera que ni siquiera el mismo Zeus podría igualar.

Su mirada se fijó instantáneamente en Artemisa, quien se encontraba relativamente cerca, además de que le estaba entregando una sonrisa mordaz.

Esa atención autoimpuesta sobre la Diosa que más le molestaba cambió paulatinamente al escuchar un sonido realmente extraño. La mujer se dio media vuelta y se cubrió por puro instinto, solo para ver con gran furia como se trataba de Atlas, quien había lanzado su ataque de aire.

Lo malo es que esto último había hecho que la poca cordura de Claridad finalmente explotara.

"Ya me cansé…" Una sonrisa macabra apareció en su rostro mientras alzaba sus dos manos, haciendo que una esfera de color negro comenzara a crecer y crecer sobre ella. "Supongo que puedo destruirlo todo para volver a crearlo."

La mujer comenzó a alzarse aun más en los aires mientras mantenía esa sonrisa macabra que era acompañada de pequeñas risas.

Sus ojos se ensancharon de sobre manera al sentir que un ataque se acercaba, haciendo que diera una gran vuelta sobre si misma para esquivar dos Flechas de Punta Plateada. Su ataque prematuro fue disparado por esa distracción sin su consentimiento, pero terminó siendo devorado por la enorme esfera, por lo que no pasó a mayores.

"¡¿QUIEN…?!" Diferentes venas se marcaron en su rostro tras esa palabra, volteando su mirada a las dos causantes de su distracción.

Ellas dos eran Phoebe y Thalía, quienes habían sido traídas por un Hermes que lucia sonriente ante lo que acababa de presenciar.

"¡Uno tras otro, no dejan de aparecer como una maldita plaga…!" Los dientes de Claridad rechinaron.

Esa furia estremecedora no duraría tanto tiempo, ya que la mujer se movió por puro instinto al ver como un gigantesco ataque se dirigía hacia ella.

O eso pensaba.

En ese momento, pudo ver como a varios metros de ella pasaba una gigantesca corriente de poder que era liderado por el Rayo Maestro.

"¡¿Cómo es que…?!" Su mirada bajó instantáneamente en Bell, quien lucía sin ningún rasguño, aunque se encontraba arrodillado en el suelo. Lo más probable es que se debía al consumo excesivo de magia y poder divino.

Justo cuando la idea de destruir todo volvió a su cabeza, pudo sentir como algo se hacia más y más grande detrás de ella, además de que la temperatura se hizo insoportable de un momento a otro.

Ella se dio la media vuelta, solo para sostener la gigantesca esfera con sus manos. Sus ojos temblaron al ver que la esfera de poder divino había crecido tanto hasta incluso llegar a su posición.

Eso significaba que por lo menos era el doble de grande que antes, agregando que el aura blanca había sido reemplazada por una de fuego azul que disparaba una gran cantidad de pequeños rayos.

Bell alzó su rostro, para luego inhalar lo máximo de aire que su cuerpo pudiera albergar.

Todo para decir una palabra.

"¡AHORAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

Los ojos de Claridad se ensancharon a niveles inimaginables al sentir como su cuerpo comenzaba a arrastrarse en contra de su voluntad.

El rostro de Thalía y Zoe casi se sale de lugar al ver como la gigantesca esfera comenzó a descender hacia la superficie, tiñendo todo el lugar de un color azul eléctrico.

Las Cazadoras no eran las únicas en tener esa reacción, ya que incluso los mismos Dioses y Titanes que habían arrojado la esfera tenían esa expresión.

"¡TODOS APARTENSE DE LA ZONA DE IMPACTO!" Gritó Artemisa, haciendo que reaccionaran.

"Se que puedo retenerlo…" Se dijo Claridad a si misma mientras una gran cantidad de cadenas rodeaban la esfera por completo. Ella tenía una sonrisa en su rostro, pero no era la típica, ya que era claramente forzada.

Su sonrisa falsa fue imposible de mantener cuando su cuerpo seguía y seguía siendo arrastrado por la enorme cantidad de energía que la tenía prisionera.

"¡AAAAAHHHHHHHHHHHHHH!" Sus gritos se comenzaron a escuchar, al mismo tiempo que la tierra por completo temblaba con gran fuerza, todo producto de la gran aura que la rodeaba al verse obligada a usar todo su poder.

Aun así, eso no parecía servir, ya que la gigantesca masa de poder seguía avanzando sin parar.

Una gran tormenta de arena se presentó en todo el lugar que era acompañado de diversos escombros que se despegaban de la tierra agrietada, sintiendo cada vez más como se acercaba el impacto inminente.

O así debería de ser…

La mirada de la gran mayoría se ensanchó en completo shock al ver que el avance del ataque se estaba deteniendo.

"La está conteniendo…" Pensó Hera en voz alta con gran terror.

"¡Tiene que ser una maldita broma!" Gritó Hades, quien no podía evitar cubrirse ante la enorme tormenta de arena.

El suelo en la zona de impacto se agrietó y despegó sin parar, hasta generar un remolino de escombros y un enorme cráter en el lugar donde se proyectaba la caída.

"Lo sabía…" Claridad dijo por lo bajo, haciendo que su sonrisa volviera a su rostro, aunque era una sonrisa mucho más sádica que antes. "¡Sabía que esto no iba a detenerme!" Gritaría con locura, deteniendo el avance casi por completo.

Esa sonrisa desapareció al instante tras sentir como algo se acercaba a toda velocidad.

Era pequeño, pero altamente peligroso.

Ella se vio forzada a aplastarse contra la bola de energía para esquivar, haciendo que una gran cantidad de sus cadenas se rompieran.

Lo único que pudo hacer fue ver la flecha pasar.

Además de entregar una última mirada a la Diosa de la Luna, quien tenía su arco extendido.

La esfera comenzó a avanzar nuevamente, haciendo que los gritos de Claridad se volvieran a escuchar, pero esta vez eran unos que se encontraban cubiertos de frustración.

"¡OOHHHHHHHHHHHHH UGGGGGGGGGGGG!" Las venas en los ojos de Claridad se marcaron al igual que las venas en cada musculo de su cuerpo, todo para intentar detener el avance.

Todo en vano…

No sabía si estaba cerca del suelo por culpa de esa luz azul cegadora que cubrió por completo el lugar.

Solo se pudo enterar cuando sus pies tocaron el piso.

"¡AAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH!"

Esta vez, los gritos eran de dolor e impotencia, los gestos cubiertos de desesperación que hacia su rostro era una clara prueba de ello.

Al final, ella no pudo resistirse a la enorme energía y fue tragada por completo mientras gritaba de dolor.

Solo pudieron entenderse unas últimas palabras antes de que su figura se perdiera lentamente dentro de la esfera gigante:

"¡MAL-MALDITA SEAS, ARTEMISAAAAAAAAAAAA!"

Finalmente, el ataque impactó el desierto y la luz cegadora azul se transformó en algo mucho, mucho más fuerte.

La luz blanca no solo rodeó a todos, sino que hizo temblar el planeta entero, además de que todos sin excepción sintieron como sus ojos comenzaron a quemarse con gran fuerza, por lo que se vieron obligado a cerrarlos.

Un enorme domo de luz blanca se alzó por todo el Desierto del Sahara, logrando que una nave espacial captara varias imágenes del acontecimiento, ya que era algo que se podía ver con extrema facilidad incluso desde esas alturas. Y vaya que era una vista singular.

"¡AARRRRRRRRGGGGG AAAAAHHHHHHHHHHH!" Artemisa y Atlas intentaron cubrirse de la explosión agarrándose de lo que fuera, pero fue imposible, ya que salieron expulsados hacia atrás por la gigantesca presión que esta ejercía.

Todos los demás corrieron la misma suerte, por lo que terminaron volando por los aires sin control, incluso el cadáver de Apollo se encontraba por allí.

El sonido de la explosión hizo que todos sangraran de sus oídos ante la fuerte frecuencia.

Ese sonido, ese brillo, y las constantes catástrofes que causaba un ataque de tal magnitud se sintieron por varios segundos.

Segundos que parecieron minutos, e incluso horas.

Cuando todo ese caos acabó, lo último en desaparecer fue la luz blanca.

Y lo primero que pudo sentirse después, fue un sonido.

El sonido de la arena arrastrándose a gran velocidad para rellenar un hueco.

Así es, aunque en esta ocasión, no era cualquier hueco.

Solo basto para mirarlo un poco al saber que el Desierto del Sahara ya no existía.

Ahora había aparecido un enorme desierto, que sería conocido como el Desierto de los Cristales.

¿Por qué?

La respuesta era simple:

El enorme hueco estaba relleno de diversos cristales puntiagudos. Había algunos que llegaban hasta las nubes, e incluso las atravesaban.

Pero, eso no era lo más importante ahora.

Después de todo, no había rastro de los causantes…

El silencio tenso del sitio fue cortado cuando unos pies que se deslizaban en un enorme cristal descendían hacia el suelo.

"Mierda, esa cosa nos mandó a las nubes…" Pensó Hades, su cuerpo tenia ligeros daños y su ropa estaba considerablemente sucia y maltratada. "Incluso después de estar tan lejos, pudo hacerme algo de daño. Espero que los demás estén bien."

La preocupación del Dios cambió cuando su mirada se alzó, viendo como otra persona estaba descendiendo a través de los cristales al igual que él.

"¡Hermana!" Gritaría el Dios con alegría, viendo como Hera giraba su rostro, para luego devolverle la sonrisa.

"¡Hades, estás bien!" Ella cerró sus ojos con gran alegría.

La felicidad de ambos Dioses aumentó aún más tras ver como más gente comenzaba a unirse a ellos de diferentes cristales, notándose una enorme alegría por parte de todos.

"Demonios, no nos queda ni un poco de energía divina ni siquiera para volar." Comentaría Rea, quien a diferencia de los demás, estaba descendiendo de los cristales estando sentada.

Atlas emergió de uno de los cristales del suelo cuando lo rompió de un puñetazo. El Titan salió lentamente, para luego abrir sus cuatro brazos, liberando a Phoebe y Zoe, quienes se encontraban lo más acurrucadas posible dentro del abrazo que las había salvado.

"Muchas gracias." Las dos Cazadoras rápidamente agacharon sus cabezas como señal de respeto, algo que Atlas le restaría importancia.

"No se preocupen. Ahora podría decirse que ya he terminado de pagarles por nuestro altercado de hace un tiempo." Las Cazadoras parecieron estar de acuerdo con su declaración, por lo que le entregaron una sonrisa.

"Podrías haberme protegido también…" Comentaría Hermes con un tono burlón, apareciendo detrás de los tres, quienes lo miraron con una sonrisa dentuda.

"Era obvio que podías cuidar de tu propio trasero sin muchos problemas." Despotricó el Titán con aires de perspicacia.

"¡Oigan!" Los cuatro alzaron sus rostros, para ver como todos los Dioses y Titanes corrían hacia ellos, teniendo una gran sonrisa en sus rostros.

Los cuatro se unieron a ellos como pudieron, ya que tuvieron que ayudar a Atlas debido a que apenas podía caminar.

"Al final lograste sobrevivir hasta el final, ¡eres un maldito suertudo!" Astrea le dio un fuerte golpe en el hombro a Atlas, haciendo que este se quejara de dolor, aunque eso no apagó su sonrisa.

Una mano algo lastimada emergió de un barranco, sosteniéndose de un cristal. La figura se alzó como pudo, ya que sus fuerzas estaban en el límite.

Todos miraron hacia el lugar donde se escuchaban los quejidos de esfuerzo. Sus rostros se llenaron de alegría tras reconocer esa hermosa cabellera plateada.

"¡Es Lady Artemisa!" Gritó Phoebe con gran alegría. No tardaría ni un segundo en correr hacia ella, y todos los demás la siguieron después.

Artemisa hizo más quejidos de esfuerzo, logrando que todos se detuvieran al ver como estaba intentando levantar una mano detrás del barranco. La Diosa usó todas sus fuerzas restantes para empujarlo hacia arriba, denotando otra cabellera bastante parecida al de la hermosa mujer.

Bell se apoyó sobre el cristal y comenzó a respirar con gran agitación, denotando bastantes daños alrededor de su cuerpo.

"Jejeje…" El albino se rio con sobreesfuerzo, abriendo uno de sus ojos para mirar a la Diosa. "Creo que debería de haberme guardado un poco de magia para moverme fuera del radio de explosión. Maldición, la onda expansiva realmente me hizo mierda." Concluiría con otra pequeña sonrisa.

"Ya te salvé el culo dos veces. Me debes una doble recompensa." Artemisa pudo encontrar sus palabras entre tantos jadeos, y obviamente su sonrisa suspicaz no tardó en aparecer en su rostro.

"¡Son Bell y Artemisa!" Exclamó Hera a punto de las lágrimas, al ver como ambos estaban bien.

Todos corrieron rápidamente hacia ellos mientras reían, denotando la gran felicidad que sentían al haber superado la profecía apocalíptica.

"¡Artemisa, Bell!" La Diosa de la Luna se levantaba con cierta dificultad, para luego entregar una sonrisa a aquellos que se acercaban con sus manos extendidas en señal de saludo.

Bell se puso de rodillas. Sus condiciones no eran mejor que las de todos en general, pero aun así pudo devolverle una radiante sonrisa dentuda. Se notaba su felicidad al ver que todos parecían haber recibidos daños mínimos de la explosión masiva.

"¡Lady Artemisa!" Las dos Cazadoras abrazaron con gran fuerza a su Líder, casi llorando de alegría al ver que ella se encontraba con vida.

"¡Hijo mío!" Hera lo abrazó fuertemente mientras lloraba en su hombro, un abrazo que Bell no tardó en corresponder.

"¿Cómo te sientes luego de matar a la Diosa Primordial que creó nuestro mundo?" Preguntaría Hades con su pecho inflado de orgullo.

Bell tan solo le entregó una sonrisa cansada, para luego alzar su puño para chocarla con su tío, quien le reconocía como su sobrino favorito.

"No hubiera sido posible, si es que ustedes no estaban aquí." Comentaría el albino, mirando a todos. "El plan fue un completo éxito."

Después de un pequeño momento emotivo entre ambos, todos se posaron cerca del otro, apoyando a los que tenían grandes dificultades para caminar.

Antes de marcharse, todos observaron el gran cambio que había recibido el Desierto del Sahara.

"¿Cómo explicaremos todo esto?" Se preguntó Bell mientras se frotaba el cabello, intentando encontrar una respuesta.

"Ya se nos ocurrirá algo." Explicó Hera.

"Podemos usar la excusa de algún meteorito, o algo por el estilo." Comentaría Hades con simpleza.

"Si me lo preguntas a mí, creo que este lugar se ve incluso más bonito." Hestia no pudo evitar sonreír ante se comentario, pero no tardaría mucho en deprimirse. "Aunque el calor en este lugar sería aun más insoportable. En especial cuando toda la tormenta causada por el impacto se desvanezca." Concluiría, haciendo que todos miraran hacia el cielo.

"El cierto, parecía un maldito huracán gigante cuando tuve la oportunidad de mirarlo por encima de las nubes." Aclaró Hefesto, recordando esa vista bastante singular.

Todos se quedaron en silencio por unos segundos, admirando el cielo antes de despedirse de aquel lugar.

"El cuerpo de mi hermano…" Artemisa no pudo evitar bajar su mirada con cierta tristeza. "Ya debe haber desaparecido para estos momentos…"

Ella alzó su mirada un tanto sorprendida al sentir como una mano se posaba sobre su cabeza. Las caricias hicieron que se sonrojara un poco, y su sonrisa no tardó en emerger de ella al ver como Bell la estaba reconfortando.

"El fue alguien increíble." Bell no pudo evitar bajar su mirada. Su sonrisa alegre cambió un poco tras recordar a Apollo. "Espero que…"

Bell no pudo terminar de hablar, ya que una fuerte ventisca azotó a todos, haciendo que los más débiles salieran volando y se separaran del grupo. Esos fueron Bell, Atlas Zoe y Phoebe, quienes terminaron en diferentes posiciones.

Los ojos de todos se ensancharon en completo shock al sentir como todo el ambiente cambiaba de un color negro, logrando que esa felicidad fuera reemplazada por un terror indescriptible.

Bell miró a la compañera que estaba más cercana en estos momentos, siendo Phoebe. Su rostro horrorizado era una clara prueba de que estaba viendo a alguien que debería estar muerto.

El albino dio vuelta lentamente su mirada, solo para distinguir como una cadena salió disparada a toda velocidad.

La cadena pasó entre medio de Hera y Hades, llegando a su objetivo.

Artemisa vomitó una gran cantidad de sangre cuando la cadena atravesó por completo su pecho. Su cuerpo cayó al suelo, volviendo a escupir una gran cantidad de sangre cuando la cadena abandonó su pulmón derecho.

"He fallado por unos centímetros…" Declaró la figura que se encontraba sobre uno de los cristales que no eran tan altos.

Su sonrisa psicópata no era lo más distintivo, ya que su cuerpo estaba completamente hecho mierda. Aun así, se regeneraba a una velocidad gigantesca.

"¡Artemisa!" Bell intentó levantarse para ayudar a su amada, solo para arrodillarse obligatoriamente cuando dos cadenas emergieron del suelo y le ataron las manos con gran fuerza, negándole cualquier tipo de movimiento.

"¡Muere de una maldita vez!"

Bell alzó su rostro tras escuchar esas palabras, viendo como una enorme esfera de energía oscura se dirigía hacia su posición.

En ese momento, todo se volvió lento…

"No…no puedo moverme." Pensó Bell, sabiendo que este era su final.

La esfera de color negro quedó en segundo plano cuando una figura apareció en medio, haciendo que los ojos de Bell se agrandaran a más no poder.

"¿Phoebe?" Fue lo único que pudo pensar.

El rostro de la mujer lentamente se movió sobre su hombro. Ella proyectaba a una seriedad absoluta.

Ese ambiente negro se cubrió de un color blanco lleno de esperanza cuando la mujer le sonrió.

Esa sonrisa tan solo hizo que sus ojos temblaran con gran horror.

"¡PHOEBE NOOOOOO!" De alguna forma encontró la fuerza suficiente para romper las cadenas, pero ya era demasiado tarde…

El aura oscura la rodeó por completo, haciendo que todo comenzara a temblar con gran fuerza.

Una fuerte luz cegadora se proyectó en todo el lugar, hasta que finalmente cubrió el cuerpo de Phoebe por completo y no se pudo ver más de ella.

Una gigantesca explosión justo en frente de él le obligó a cerrar sus ojos.

Bell rápidamente los abrió, solo pudiendo presenciar una enorme nube de humo en donde antes estuvo Phoebe.

"No…" Las lágrimas de Thalía comenzaron a caer sin previo aviso mientras se cubría la boca.

Artemisa parecía estar llorando, pero ni siquiera podía levantarse del suelo. Solo podía mirar aquel lugar mientras sus lágrimas caían sin parar.

Bell continuó observando el lugar con una mirada perdida.

Esto no podía ser verdad…

Ella definitivamente iba a salir de ese humo…

Ella iba a hacerlo…

¡Ella no iba a morir!

"Ella entregó su vida, que dramático." Claridad y su tono sarcástico resaltaron en el ambiente tétrico, quien comenzó a reír como una completa desquiciada.

Los brazos de Bell cayeron rendidos al suelo al ver como solo una pequeña parte de la camisa de Phoebe había logrado sobrevivir al impacto.

Sus ojos brillaron con un tono indescriptible mientras veía como esa prenda desgarrada descendía lentamente.

Todo a su alrededor era completamente negro.

Solo estaba él, y esa pequeña muestra de lo que una vez fue Phoebe.

Su mente dibujó una foto en donde él y todas las Cazadoras estaban juntos. Un destello blanco la atravesó y la hizo mil pedazos, para luego liberar una gran cantidad de llamas blancas en su interior.

Sus ojos perdidos enfocaron como la prenda desgarrada finalmente tocó el suelo.

"¿Estás loco?"

El recuerdo distante llegó a su mente.

"¡No daría mi vida por ti ni en un millón de años, muchacho!"

Ese simple recuerdo, hizo que la mente de Bell finalmente explotara.

"OOOOH UAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!"

¡FINAL DEL CAPÍTULO!

El próximo será el final de arco, y después viene el epilogo.

En todo caso, solo quedan dos capítulos.

Por favor, no me odien por dejarlo justo aquí. Quería dividir la pelea final en tres partes, y creo que este momento fue perfecto para cerrar justo aquí.

Como en el final de arco me voy a centrar únicamente en la conclusión de la batalla final, digamos que el epilogo servirá para dar un cierre general a esta historia.

¡Les mando un gran saludo, y espero que nos estemos viendo pronto!