¡Hola! ¡He vuelto!

Aquí os dejo la conti, bastante prontito. Gracias por los reviews, ¡sois geniales! Y espero que os guste este capítulo.


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FBI: Criminal Investigative Division

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Capítulo 9: "El escorpión: Parte II"

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- Escorpión, Sakura – dijo casi en un susurro. – Sasori es escorpión.

- ¿Qué? – articuló ella como pudo.

No sabía si había entendido bien o, más bien, no quería haber entendido lo que Sasuke había dicho. No podía ser real que la persona con la que llevaba dos años compartiendo su vida, la que le había ayudado llegar a donde estaba, fuera una persona totalmente distinta. ¿Cómo podría ser que no fuera esa misma persona?

De pronto, un recuerdo le inundó la mente, de la primera vez que tuvieron sexo hace ya más de dos años cuando Sakura contempló su hermoso cuerpo y se percató de que en su omoplato derecho Sasori tenía un tatuaje: un hermoso escorpión con una rosa roja.

- Es un recuerdo de mi adolescencia – había dicho Sasori en su día con una sonrisa.

Y ahora comprendía a la perfección aquellas palabras que no tuvo muy en cuenta. Comprendía las noches y días que desaparecía para dar clase o para hacer otra cosa relacionada con Akatsuki. Quería llorar y gritar, pero no podía, no ahora.

- ¿Sakura? ¿Estás ahí?

- Sí – dijo ella volviendo a la realidad y evitando que sus ojos se nublaran.

- ¿Estás sola?

- Sí. Sasori, – tragó saliva cuando pronunció el nombre, con sentimiento de dolor – está en un seminario o eso creo… - soltó un suspiro al pensar de nuevo en la posibilidad de que estuviera haciendo algo ilegal por ahí. – No tardará en llegar.

- Recoge todo lo que puedas, estaré allí en menos de diez minutos – aseguró Sasuke por la otra línea.

- Hola, cariño – dijo una voz sobresaltándola. Al girarse, encontró la voz de sus problemas actuales mirándola con la misma intensidad y cariño que el primer día, como si ella lo fuera todo y nada de eso fuera una mentira, aunque en el fondo la chica sabía que lo era. Sasori se acercó lentamente hasta ella. - ¿Con quién hablas?

Sasori acabó con la distancia que los separaba para proporcionarle un beso, al cual su cuerpo no parecía reaccionar por mucho que su cerebro se lo estuviera gritando. Rápidamente, intentó actuar con fingida normalidad para no levantar sospechas y, aprovechándose de la velocidad de su cerebro, dijo la primera excusa creíble que se le cruzó en la mente.

- Con mi madre – sonrió mientras volvía a colocar el teléfono en su oreja. – Mamá, te tengo que dejar. Sasori acaba de llegar.

- Ten cuidado. Me daré prisa.

- Un beso, adiós – dijo y colgó pensando en las palabras de su compañero. Miró a su novio con aquella mirada de amor que aún tenía a pesar de la situación y sonrió mostrando su mejor sonrisa, como buena actriz que era. – No te he oído llegar, ¿qué tal el seminario?

- Largo y aburrido – respondió soltando un suspiro a la vez que dejaba su maletín en el suelo. – Sólo quiero descansar y tomarme una larga ducha con mi nena – sus ojos viajaron por el cuerpo cubierto por el albornoz de la chica. – Aunque veo que ya te has adelantado.

- Si quieres te preparo un baño – sugirió ella, quizá demasiado rápido de lo que hubiera planeado, pero en un tono convincente.

- ¿Y qué hay de diversión en ello si tú ya te lo has dado? – inquirió levantando una ceja sugestivamente a la vez que agarraba sus caderas. – Me daré una ducha rápida y después… - sus labios se acercaron a su oído, - podemos mojarnos de otra manera.

Por muy sugerente que fueran sus palabras, y lo eran mucho, Sakura no podía dejarse llevar por el sentimiento de lujuria que sentía hacia él porque iba en contra de todo lo que había jurado y, sobre todo, porque no estaba segura de que ese hombre fuera el mismo del que se había enamorado.

La chica sonrió antes de ver como Sasori, si es que ese era su verdadero nombre, se perdía por la puerta del baño y al oír el agua correr, decidió que era el momento idóneo para poder huir de ahí, así que se acercó a su armario y comenzó a meter toda la ropa que pudo en una bolsa de viaje. Sabía que no contaba con mucho tiempo por lo que debía ser rápida y rigurosa para poder pillarlo por sorpresa antes de que Sasuke apareciera por la puerta.

Nada de esto parecía real, era un sueño horrible, una pesadilla, y de las peores. ¿Cómo había ocurrido? ¿Cómo no se había dado cuenta de semejante mentira siendo una de las mejores analistas del FBI? Sasori había jugado con ella, la había engañado y mentido y la única pregunta que se hacía una y otra vez era, ¿por qué? ¿Por qué estar con ella sabiendo que su sueño era acabar con gente como él?

De pronto, mientras se perdía en sus pensamientos, sintió una presencia a sus espaldas y algo frío y duro colocarse junto a su sien. No tenía que darse la vuelta para saber que Sasori estaba apuntándola con una pistola.

- No intentes hacer nada – dijo con una voz tan seria que jamás le había oído.

- ¿Cómo lo has sabido? – preguntó Sakura apretando los labios al deducir que el chico había averiguado que ella estaba huyendo y todo era un trampa.

- Cuando mientes hablas más rápido – confesó mientras su mano libre se posaba en la cadera de ella. – Bueno, y nunca habrías rechazado sexo en la ducha conmigo así que supuse que algo iba mal – Sakura intentó librarse de su agarre tras esas palabras, pero le fue imposible. – Además, vi cierto papel en tu escritorio.

Sakura abrió los ojos percatándose que la hoja en sucio donde había anotado todo o que sabía de Akatsuki había desaparecido, seguramente porque Sasori la había robado mientras ella mantenía la conversación con Sasuke.

- ¿Quién eres? – farfulló furiosa.

- Soy Sasori, tu novio.

- ¿Quién eres realmente?

- Oh, cariño – dijo él con una sonrisa torcida en la boca. – Creo que eso ya lo sabes.

- ¿Qué quieres de mí? – preguntó intentando zafarse del agarra de nuevo en vano.

- No se trata de lo que quiero, sino de lo que puedo tener – respondió haciendo que Sakura frunciera el ceño sin entender sus palabras. – Supongo que habrás avisado a alguien del FBI y nos queda poco tiempo juntos.

- Supones bien.

- Entonces, no me queda más remedio que matarte – chasqueó la lengua y giró a la chica para encararla. Por primera vez, Sakura comprobó que aquel hombre no era del que se había enamorado por mucho que se parecieran físicamente. – No es personal, nena. Yo no quiero hacerlo porque te quiero, pero no me dejas otra opción – la pistola apuntó la sien de la chica. – Lo siento, Sakura.

Antes de que apretara el gatillo, Sakura dio una patada en el costado derecho haciendo que el chico, soltando un quejido de dolor, se doblara hacia el lado dolorido y apartara la pistola de su cara y Sakura encontrara su salida momento para girarse y poder huir. Pero, no había ni andado dos pasos cuando sintió como una mano la agarraba de la pierna provocando que cayera al suelo con un grito de sorpresa y un cuerpo corpulento que conocía demasiado bien se situara encima de ella.

El forcejeo comenzó: Sakura intentaba librarse del hombre y de la pistola que sostenía en su mano derecha mientras el pelirrojo intentaba agarrar sus muñecas para poder disparar. Sin saber cómo, la joven agente especial dio un cabezazo al chico, quien gruñó dolorido como un animal llevándose la mano a la zona del golpe y causó que estuviera lo suficientemente aturdido como para que Sakura se pudiera levantar del suelo.

- ¡Joder! – bramó furioso el chico viendo como un hilillo de sangre caía de su frente.

No obstante, aquello no le paró y antes de que Sakura pudiera huir por la puerta, se levantó frénicamente contra ella, causando que sus cuerpos se chocaran con violencia contra la pared del pasillo. Sakura gritó dolorida por el impacto de su cuerpo contra aquel muro, pero intentó que el daño no tuviera tanta importancia como para impedirla continuar el forcejeo.

Otras veces habían estado en una situación parecida: él con su cuerpo apretándola contra el muro. Pero, en comparación, las otras veces había habido amor y ahora solo había violencia y un poderoso deseo de supervivencia. Sasori intentaba agarrar con su mano las dos muñecas de la chica, aunque no podía por la resistencia que ésta estaba poniendo.

De pronto, un par de luces azules provenientes de la calle se filtraron por las ventanas, haciendo que ambos abrieran los ojos porque sabían perfectamente que era el FBI. Sasori soltó una maldición y clavó su mirada en los ojos jades de ella.

- Lo siento, cariño. Esto no debía ser así – dijo con la mirada indecisa, ¿acaso estaba teniendo dudas? – Nos veremos pronto.

Y así, sus labios besaron salvajemente a una aturdida Sakura, quien no sabía muy bien cómo reaccionar ante el beso, aunque tan pronto como había empezado, acabó. Sus ojos café fue lo último que vio antes de sentir un fuerte golpe en el cuello y su visión se cubrió complemente de negro.

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- ¡Sakura, despierta! – sintió como su cuerpo era zarandeado y como una voz que conocía muy bien le invitaba a despertarse de aquel pequeño sueño. Cuando sus ojos se abrieron, intentándose acostumbrar a la poca luz que había en el ambiente, no pudo evitar parpadear un par de veces al encontrarse con una mirada negra como la noche y no con los ojos café que estaba acostumbrada a ver. – ¡Sakura!

- Sasuke… - dijo ella como pudo. - ¿Dónde está Sasori?

El Uchiha suspiró aliviado al comprobar que ella estaba bien. Cuando había entrado por aquella puerta, esa por la que había querido entrar meses atrás, se había sorprendido del desorden del lugar, pero más se había asustado – sí, Sasuke Uchiha estaba asustado – cuando había divisado un bulto rosado en el pasillo cubierto por un albornoz y un hilillo de sangre. Rápidamente se había acercado al cuerpo de su compañera y, tras comprobar sus constantes vitales, había procedido a reanimarla.

- No está – contestó ayudándola a levantar. – Debió de huir mientras subía. ¿Estás bien?

Ella asintió algo aturdida fijándose en el desastre que había en la habitación de frente a sus ojos. Se había largado. Los dos años de su vida se habían marchado en cuestión de minutos por la puerta de su casa y quería llorar porque no sabía que iba a pasar. Se sentía sola, confusa, perdida y lo menos que quería ahora era tener que pasar un interrogatorio sobre lo que acababa de vivir porque, francamente, ni ella sabía muy bien que acababa de ocurrir.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Sasuke frunciendo el ceño viendo los objetos del suelo.

- Me descubrió, forcejeamos y, bueno, supongo que huyó porque no me acuerdo de nada más – se llevo la mano a la frente y comprobó que tenía sangre.

- Los refuerzos estarán aquí en unos minutos y seguramente parte del FBI, ¿quieres coger tus cosas antes de que aparezcan? – inquirió su compañero entrando en el cuarto donde Sakura se había movido casi inconscientemente. – Sé que va en contra del protocolo, pero son tus cosas y las necesitarás.

- Gracias, Sasuke – dijo ella con una sonrisa pequeña.

- Vístete – ordenó mirando a la chica, quien se sonrojó al recordar que tan solo llevaba un albornoz. – Yo iré guardando algunas cosas.

Sakura se metió en el baño tras escoger la ropa del armario y darle su maleta a Sasuke. Se vistió lo más rápido que pudo con un par de pantalones vaqueros oscuros, una camiseta negra y un jersey grueso verde musgo y, tras meditar unos segundos delante del espejo, salió para ayudar a su compañero, quien parecía tener todo controlado.

- He guardado un par de prendas, pero no estoy seguro de que más necesitas.

- Puedo continuar yo, no te preocupes – dijo ella pensando en la ropa interior que tenía guardada en la cómoda.

- No nos queda mucho más tiempo, ¿necesitas coger algo más?

- Tengo todas esas carpetas de la mesa y un par más en los cajones del escritorio que me gustaría llevarme – respondió señalando con la mirada. – También esos dos libros, el azul y el negro.

- Buscaré una caja o algo.

Con velocidad y decisión, la joven Haruno continuó el trabajo que su compañero había empezado en aquella maleta e, incluso, usó la bolsa de viaje que previamente había utilizado para poder guardar todas las pertenencias que tenía. Sabía que no se podría llevar todo, pero sí lo necesario hasta que pudiera volver a su casa, si es que volvía. Pensándolo bien, aquel sitio era el hogar que había construido con Sasori y ahora que todo era una mentira no sentía que aquel apartamento fuera su hogar. Ya no.

Se acercó al salón-comedor de la casa y observó con tristeza todos los objetos de la sala, desde el pequeño sofá marrón donde había pasado horas abrazada a Sasori hasta la estantería donde un par de fotos adornaban. Sonrió acercándose hasta ésta y parándose de frente a una foto que tantos recuerdos le traía: Sakura recién graduada de la universidad junto a sus padres; y concluyó que de todas las fotografías, la mayoría junto a Sasori, esa era la única que merecía la pena llevarse.

- ¿Estás? – preguntó Sasuke con una caja debajo de su axila y la maleta de la mano contraria.

La chica asintió y cargando con la bolsa y la fotografía de sus padres, se puso el grueso abrigo y salió por la puerta de su casa, no sin antes echar un último vistazo al que había sido su hogar durante algo más de un año.

- No me siento muy bien para coger el coche – dijo ella mientras bajaban en el ascensor.

- Podemos venir mañana a por él. No te preocupes.

La sonrisa y mirada que Sasuke le dirigió bastaron para animarla y para hacerla ver que todo esto tendría solución, pero sobre todo que no estaba sola y que tenía a alguien acompañándola en dicha locura.

Mientras guardaban sus pertenencias en el maletero del coche que usaban en el trabajo, un par de vehículos del mismo estilo se pararon de frente a ellos con las sirenas encendidas y llamando la atención de los vecinos. Sakura suspiró aliviada, aunque más lo hizo cuando de uno de los coches Naruto bajó con rapidez para envolver en sus brazos a la chica, siendo seguido de cerca por Sai, quien mostraba preocupación, y su jefe.

- ¡Sakura-chan! ¡Cuánto me alegro de que estés bien, 'ttebayoo! – confesó el chico sin soltarla de sus brazos.

- Na-Naruto, ne-necesito respi-rar – articuló la pelirrosa como pudo.

- Mierda, dobe, ¿no ves que la estás asfixiando? – farfulló Sasuke molesto. No había salvado a la chica del peligro de Sasori para que muriera asfixiada en brazos de aquel idiota rubio.

- Perdón, Sakura-chan.

- ¿Cómo estás? – preguntó Kakashi apretando cariñosamente el brazo izquierdo de la chica. – Hemos venido lo más rápido que hemos podido.

- Francamente, no sé muy bien como estar – respondió ella apoyándose contra el maletero del coche. – El chico con el que llevo dos años de mi vida no es quien era y, encima, tiene algo que ver con la banda que asesinó a mi padre.

- Y estás sin hogar – añadió Sai recibiendo un codazo por parte de Naruto.

- Gracias, no me había dado cuenta de eso – dijo irónicamente la chica, soltó un sonoro suspiro y masajeó su sien lentamente por el cansancio y el cúmulo de emociones. - ¿Qué se supone que voy hacer?

- Por el momento, deberías descansar -respondió su jefe cruzándose de brazos. – Déjanos el resto a nosotros – sus ojos se clavaron en los jade. - ¿Hay alguien con el que te puedas quedar?

- Donde mi madre.

- Eso sería un riesgo si Sasori decidiera ir por ti.

- Estoy de acuerdo con Sai, es muy arriesgado – Kakashi pareció pensarlo. – Mandaré un alguien a vigilar a tu madre. Hasta que todo esté más estable deberías quedarte en algún sitio seguro.

- Puedes quedarte con Hinata-chan y conmigo – sugirió Naruto con una sonrisa mientras rodeaba con su brazo los hombros de la chica. – Karin se va mañana a su nueva casa y tenemos una habitación libre.

- No voy a meterme con vosotros ahora que vais a estar solos.

- Puede quedarse conmigo – propuso Sasuke sorprendiendo a todos, sobre todo a la chica, quien lo miro agradecida. – Puedo ofrecerle protección y Sasori no esperaría que estuviera en mi casa.

- Es una buena idea – dijo el jefe. - ¿Tú que opinas, Sakura?

- ¿Estás seguro? No quiero ser una molestia.

- Ya he accedido, ¿no? – habló su compañero cruzándose de brazos y dando por zanjado el tema.

- Está bien – Kakashi carraspeó. – Me quedaré vigilando al equipo mientras recogen pruebas y esperaré a que Shikamaru aparezca – sus ojos se clavaron en el resto de la unidad. – Id a casa. Mañana os avisaré para hablar de esto – todos asistieron. – Sakura, descansa, lo necesitas.

- Gracias, Kakashi.

- Si necesitas algo, no dudes en llamarme, Sakura-chan.

- Lo mismo digo.

- Muchas gracias, chicos – ella sonrió. – Mañana nos vemos.

Y con un último gesto de despedida, se montó en el vehículo acompañada de su compañero de trabajo y, por el momento, de casa hasta que la situación fuera más estable. Ese pensamiento le golpeó repentinamente: iba a vivir con Sasuke durante unos días.

Francamente, la idea le emocionaba porque eran buenos compañeros y habían llegado a comprenderse con un solo gesto en tan poco tiempo, pero el hecho de tener que vivir con alguien tan atractivo como Sasuke hacía que Sakura sintiera cierto cosquilleo y nerviosismo en toda su piel. ¿Cómo sería su casa? ¿Estaría igual de guapo por las mañanas? ¿Y él la encontraría atractiva recién levantada? En sí, daba igual todas esas preguntas ya que iba a tener una respuesta más pronto de lo que ella se pensaba.

No tardaron mucho en llegar a un barrio rico de la ciudad, con grandes empresas y rascacielos, parándose en uno bastante elegante y lujoso que había llamado mucho la atención de la chica. Durante el trayecto, ninguno de los dos había hablado porque Sakura estaba muy absorta recordando todas las emociones que había vivido durante el día y porque el Uchiha había estado observando de vez en cuando la expresión del rostro de su copiloto.

Una vez estacionaron el coche en el aparcamiento subterráneo, subieron al ascensor con todas las pertenencias de Sakura y el chico marcó la última planta del edificio, la 24, y Sakura pensó que nunca había estado en un edificio tan alto.

Más abrir la puerta del apartamento, la joven agente no pudo evitar mostrar sorpresa ante aquel increíble lugar. Todo en él, desde los objetos más pequeños hasta el mobiliario, indicaban dos cosas: elegancia y modernismo, algo que esperaba de alguien como Sasuke. El apartamento tenía un gran salón con ventanales, donde se podía apreciar toda la ciudad, una chimenea, una mesa de cristal con seis sillas y en el centro de la sala, tres sofás de color blanco y una alfombra en el centro de color gris clara.

- ¿Eres narco o qué? – preguntó Sakura sin evitarlo, a lo que Sasuke soltó una pequeña risa.

- Ven, te enseñaré donde vas a dormir.

Avanzaron por el pasillo de color oscuro, donde divisó un par de puertas de madera negra, pero lo que más llamó su atención fue una figura al fondo de la oscuridad que se acercó con rapidez hacia ellos. De todas las cosas que esperaba encontrar en casa del Uchiha, jamás hubiera imaginado toparse con un dóberman, de orejas caídas y mirada fiel, y menos se hubiera imaginado que Sasuke fuera cariñoso con el perro.

- Hola, chico – saludó acariciando detrás de las orejas del perro. – Vamos a tener visita.

El perro miró curiosamente a Sakura y se acercó a ella con pose firme e intimidante, olió las botas de la chica para luego oler una de sus manos, su mirada de clavó en la de Sakura y, de la nada, lamió la mano que acaba de oler, haciendo que Sakura soltara un suspiro y devolviera el afecto al perro.

- ¡Oh, pero qué precioso eres! – la chica se agachó y dejó que el perro lamiera su rostro. - ¿Cómo se llama?

- Anubis – respondió Sasuke sonriendo, viendo como su perro había congeniado muy bien con la chica, cosa que pocas veces hacía a la primera ya que siempre solía ser bastante reacio en el primer contacto, pero con Sakura parecía distinto.

- No te veía como un chico amante de los perros.

- Es mejor compañía que algunos humanos – confesó haciendo que Sakura soltara una risa. El chico abrió la puerta de su izquierda. – La habitación de invitados no está habilitada. La he usado para almacenar un par de cosas, pero mañana estará disponible para que puedas instalarte – dijo rascándose la cabeza. – Hoy dormirás en mi cuarto.

- No puedo dormir en tu habitación – dijo ella con velocidad negando con la cabeza. – Me conformo con el sofá.

- Necesitas descansar y eres la invitada – insistió empujando a la chica dentro de la habitación. – Sólo va a ser una noche, así que no discutas por esto – Sakura abrió la boca para discutir, pero la mirada que le echó bastó para cerrarla y guardarse sus palabras. – Esa puerta es el baño y hay toallas limpias debajo del lavabo – Sasuke se acercó al gran armario para sacar unas prendas seguido de cerca de su perro. – Si necesitas algo, avísame. Vamos, Anubis.

- Sasuke – llamó ella antes de que este se marchara. – Gracias. Por todo.

El chico no pudo más que asentir levemente y mostrar una pequeña sonrisa antes de desaparecer por la puerta acompañado de su fiel perro, dejando sola a Sakura en aquella moderna, distinguida y amplia habitación.

La Haruno soltó un suspiro observando el cuarto monocromático en gris, negro y blanco. Por muchas ganas que tenía de explorar y de averiguar más secretos de su compañero, estaba exhausta física y mentalmente de aquel día, por lo que se deshizo de la ropa con rapidez y se puso el primer pijama que encontró en su maleta. Abrió la cama de suaves y elegantes sábanas negras y se metió en ella gimiendo de placer por la comodidad del sitio y, sin nada más, Sakura se dejó llevar por el placer de la comodidad y el olor de Sasuke en el ambiente.

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Espero que os haya gustado tanto como a mí escribirlo. Pronto la continuación, pero como siempre os pido, dejadme vuestros reviews para saber que os ha parecido.

Un saludo

SheNdy.