Peligrosa tentación

Los personajes no me pertenecen, son de la gran Rumiko Takahashi esto es sin fines de lucro solo diversión por y para los fans.

Esta obra se reserva en su totalidad los derechos de autor, prohibida su copia o uso.

Una historia AU (universo alterno) solo tomo prestado los personajes, no necesariamente deben apegarse a sus personalidades.

Advertencia: está clasificada para mayores de edad, puede contener violencia física o emocional así como escenas eróticas y lenguaje soez.

O—

Ahí me encontraba yo, aburridísima escuchando la crítica de mi profesor de arte, el hombre era un sujeto relativamente joven pero era un amargado. Mientras yo creía que mi obra iba bien, él terminaba de echar abajo la poca motivación que llevaba esos días. Había decidido tomar estas clases porque una amiga me lo recomendó luego de una ruptura desastrosa, no le vi nada de malo aprender algo nuevo, algo que no tiene nada que ver con mi profesión como analista financiero.

Llevaba un poco más de un año en esto, tres días a la semana los dedicaba a este estudio de arte tres horas, las que llamaba "mi momento desestresante de la semana" pero últimamente el sujeto en cuestión, o sea mi profesor era un tanto antipático conmigo, la razón… pues lo rechacé dos veces, intentó invitarme a cenar pero no es mi tipo, definitivamente ni siquiera alcanzaba para un revolcón, soy de esa clase de mujeres que si no me mueve un pelo entonces ¿cómo? Y luego de mi última experiencia amorosa estaba negada al romance.

—¿Tendo me oyes? — preguntaba el tipo acariciándose la barba del mentón, detesto ese gesto en algunos hombres, por qué se rascan tanto o se acarician ¿es una manía? — pensaba mientras lo veía con desagrado.

—Arreglaré el color como dices— respondí casi como un robot.

—Eres la alumna más antigua aquí, dales el ejemplo a las nuevas ¿quieres? — dijo con un tono irónico que me terminó por enfadar.

—Tú eres el profesor, tú enséñales — respondí dejando mis pinceles sobre la mesa, me voltee para quitarme el delantal cuando tocaron a la puerta y todos miramos en esa dirección.

Éramos un grupo de diez mujeres de diferentes edades que pagaban por unas clases a la semana en ese estudio de arte, en medio de una apabullada vida en Tokio.

La directora una mujer madura asomó y sonrió gentil al idiota, digo al profesor. Se quedaron platicando en el marco de la puerta, dejé de prestar atención cuando oí el murmullo de mis compañeras, era como escuchar a un grupo de adolescentes hormonales.

El motivo, el sexy bombón que entraba junto al profesor, fácilmente medía 1.80 de cabello negro como la noche más oscura, lo llevaba suelto medianamente largo, sus ojos eran como dos luceros azules que titilaban constantemente acompañado de pestañas tan espesas y crespas que lo odié por un breve segundo, su nariz era como tallada por los dioses, entró con una sonrisa de portada de revista luciendo unos labios carnosos muy apetecibles.

"Es divino" "Lo quiero para mí" "Mira esa sonrisa" "Que brazos" etc… se oía entre mis compañeras que nada disimuladas lo miraban pecaminosamente, el sujeto sabía muy bien el efecto que provocaba en las féminas del salón y no dejaba de sonreír coquetamente el muy condenado.

—Queridas alumnas, les presento al nuevo profesor— ¡espera qué! dijo ¿profesor? mi cerebro se enfriaba de golpe — él es Ranma Saotome, como sabrán mis vacaciones comienzan mañana y él las acompañará por estas dos semanas— agregó el maestro titular.

—Buenas tardes a todas, espero ser de gran ayuda y que ustedes disfruten de mi compañía— dijo esbozando otra sonrisa que robó suspiros.

Luego de esa breve presentación ambos se acomodaron en el escritorio, terminé de guardar mis cosas tomé mi bolso y me encaminé a despedirme, no estaba de humor para continuar y luego del sermón del idiota que tenía por profesor prefería ir por una cerveza fría para bajar el calor que sentía.

—Tendo ¿te vas? — cuestionó en cuanto me vio.

—Sí — respondí volteando.

—Espera — dijo el nuevo, me detuve — mañana no podrá irse de mi clase— dijo cerca de mi oído estremeciéndome por completo.

Entrelacé mis dedos un tanto nerviosa, hace tiempo que no sentía que se me enchinara la piel por la voz del sexo opuesto, lo miré de reojo y me sentí desnuda literalmente, su mirada me veía ardiente de deseo y estoy segura de que mis mejillas se enrojecieron en el acto, sin decirle nada continué mi andar.

Una vez fuera podía oír los latidos desbocados de mi corazón, el calor que hacía era sofocante pero no tanto como recordar su voz cerca de mí, era verano y decidí coger mi larga cabellera en una coleta alta, pasé por la tienda de conveniencia y compré seis latas de cerveza fría, me fui directo a mi departamento abrí el ventanal que daba a una pequeña terraza, con el atardecer de fondo y con mi mente perdida en ese par de orbes comencé a beber la refrescante bebida.

Una hora después y sin cervezas caí sobre el sofá un poco ebria y cansada, cerré los ojos para dormir de una buena vez pero de pronto desperté asustada ¿dónde rayos estaba? Me pregunté muy confundida mirando el cielo, mi cuerpo estaba sobre algo acolchado cuando sentí un placer inconfundible, mis ojos buscaban con urgencia a la persona que arremetía excitantemente en mi zona más erógena…

—¿Qué haces? — Pregunté cuando vi un par de grandes manos aferrarse a mis piernas — ¡Ah, ah… espera, ah, ah! — el placer iba en aumento era sensacional, sus succiones, su lengua tocando mi clítoris me hacía delirar…

De pronto vi esos ojos llenos de fogosidad, era el maestro nuevo ¡Oh por Kami! ¿En qué momento llegué a esto? Pero estaba tan bueno… pero no debería, me repetía entre jadeos que aumentaban notablemente.

—No es correcto… ah, sí… ah — salía de mis labios, abrí los ojos impactada de mis gemidos y llevé ambas manos a la boca para callarme.

Por acto reflejo mis largas piernas se aferraron al cuerpo desnudo del hombre que seguía en su cometido dándome un placer inolvidable, desesperada jalé de su cabello un poco y es que estaba a punto de venirme si continuaba su apogeo, casi veía las estrellas cuando desperté sudando tan excitada que tuve que ir directo al baño por una ducha bien fría, sentía que no había dormido nada, aunque ya eran las siete de la mañana. El agua caía sobre mi trémulo cuerpo que aun ardía de deseo por ese hombre desconocido, era el sueño más picante y real que había tenido en mucho tiempo, mi lívido había despertado innegablemente.

El tiempo había pasado casi en un pestañear, conduje mi Mazda XR-7 de color acero cromado, un lujito que me di con el finiquito de mi último trabajo. Iba en dirección a la oficina cuando decidí hacer una parada en mi cafetería favorita, un americano frío y con mucho hielo le daría a mi cuerpo el empuje para comenzar el día.

La amable vendedora me entregó el pedido en menos de tres minutos, una maravilla considerando la cantidad de personas que tenía en espera, eso es lo bueno de ser un "cliente habitual". Con el popote entre mis labios le di un buen sorbo, el café sabía espectacular y casi al instante sentí ese punch de energía que requería.

Concentrada en mi bebida fría un sujeto chocó torpemente conmigo…

—Perdone usted— salió de su boca, mientras yo maldecía al sentir el café caliente sobre mi pie.

—¡Ash por un demonio! — exclamé ipso facto.

—¿Tendo? — preguntó al verme con detenimiento, no podía ser era él… mi sueño picante, digo el profesor nuevo.

—¡Oh mi pie! — chillé quejándome, la idea era que dejara de verme a la cara pues me ponía nerviosa.

El hombre se agachó y con un pañuelo secó por encima de mi pie, limpiando el café que resbalaba por el charol negro de mi tacón, la garganta se me secó al notar que sus azules descaradamente veían mis torneadas piernas, hacía tanto calor por el verano que mis trajes siempre eran una blusa y una falda hasta la rodilla, algo creí balbuceó pero como tonta volví a introducir el sorbete en mi boca para beber el americano confiando en que el hielo siguiera allí, algo debía bajarme la temperatura ¿no?

—Ha sido mi culpa, me gusta el café bien caliente — dijo poniéndose de pie, tragué duro y es que era muy alto quise dar un paso atrás su porte era envidiable sin embargo puso su gran mano sobre mi hombro derecho, sí, la misma que sostenía anoche mis piernas para adentrarse en el recoveco más profundo y glorioso de placer — casi choca con otra persona— agregó como excusa por tocarme.

—Oh, ya veo… debo irme— fue lo primero que salió de mi boca al fin, sí lo sé fue tan idiota.

—La veo por la tarde en el estudio— acabó con una sonrisa matadora, un cosquilleo me subía por el vientre directo a cada uno de mis pechos justo en el momento en que lamió su labio inferior.

¡Por un demonio¡ me sentía tan excitada que creí desfallecer caminé con dificultad hasta mi coche, el americano no hacía nada y el hielo estaba derretido ¡cómo es posible! Ese hombre tiene la culpa, es decir a cualquiera le sube la temperatura.

Puse las manos sobre el volante y pegué un grito molesta conmigo misma por la insípida respuesta que le di, de pronto lo veo cruzar por delante de mis ojos. Sus largas piernas daban zancadas rápidas, miraba serio hacia su carro y en su mano el café que llevaba hace un rato y qué decir de su redondo y espectacular trasero, ese pantalón resaltaba sus glúteos que felizmente mordería… ¡Akane detente, eso no pasará! Me dije fuerte echando andar el Mazda me puse en marcha para llegar a mi destino.

El maldito reloj no estuvo a mi favor, tampoco el calor, el día avanzó tan lento como ver una competencia de caracoles. Entre correos, papeles, firmas y llamadas me la pasé… apenas hice una pausa para un sándwich de pollo al medio día. Al menos pude trabajar sin pensar en él aunque miraba el reloj cada una hora solo para saber cuánto faltaba para la maldita clase de arte, quería verlo y es que me había planteado un desafío… debía mantener la compostura dentro de esas cuatro paredes, habría más personas allí no creo que me sienta tan revolucionada otra vez, no, claro que no.

A las 18hrs en punto me largaba de la oficina con una sonrisa en los labios, no alcanzaba a cambiarme de ropa y la verdad nunca lo hacía pero saber que se encontraría allí me hizo dudar de mi atuendo.

¡Al carajo! Pensé yéndome directamente al coche, conduje como una loca enajenada en plena hora punta en Tokio, los 25 minutos que solía tardar los reduje a 12, eso lo decía todo.

Eché un vistazo a mi rostro en el espejo retrovisor, el maquillaje se conservaba, retoqué un poco los labios y mi cabello suelto perfectamente peinado lucía bien pese al caluroso clima. Puse un pie fuera del coche y me dirigí a la sala principal, no había nadie maldición, todas se darían cuenta de mi objetivo ya que solía llegar justo a la hora.

Me acerqué a mi puesto, saqué el delantal y me quedé viendo el óleo sobre el lienzo… sabía que mi arte no sería apreciado en ningún museo ni mucho menos, pero me gustaba lo que representaba mi pintura, eran mis sentimientos plasmados en cada trazo, de un momento a otro la nostalgia me invadió y en ese preciso instante la voz grave de un hombre me trajo de regreso…

—¿Acongojada Tendo? — preguntó el nuevo profesor.

—Buenas tardes— dije casi automático— no, solo apreciaba lo que hice— señalé.

Él se acercó y se posicionó a escasos centímetros de mí, justo a mi lado. Puso su mano en la barbilla y observó mi pintura por un largo minuto…

—Me gusta, tiene sentimiento— dijo sin dejar de verla.

—Al otro profesor no le parece, tampoco le agrada los colores que usé— respondí fastidiada al recordarlo.

—Pero él no se encuentra aquí, soy yo quien evaluará esta obra— mencionó dedicándome esa mirada que me dejaba estática.

—Ah… no lo sabía— respondí.

—Para mañana estará terminada, quiero que se dediquen a algo nuevo, algo que no han visto aun— dijo con entusiasmo.

Mientras tomé el delantal y me lo puse, él muy acomedido se ofreció para atarlo por detrás, fueron unos segundos de silencio en donde apenas sentía su respiración. Hasta que tomó mi largo cabello para acomodar bien el cinto, eso me sorprendió pero me quedé quieta esperando.

—Listo— replicó.

—Gracias— contesté.

Este se alejó hacia su escritorio y comenzaron a llegar todas mis compañeras, las siguientes tres horas fueron un sube y baja de emociones. La verdad era que Ranma, es decir el profesor tenía un estilo muy diferente al idiota anterior. Las féminas por otro lado no daban cabida a tan sensual hombre y creo que varias terminaron en orgasmos cuando él se les acercaba a ver sus avances. Definitivamente el hombre me gustaba, no podía negarlo. Pero me sentía un poco torpe y desubicada en fijarme en él… seguramente tiene novia o hasta varias, sí, seguramente es un don juan que ama el sexo ardiente y duro. ¿Qué tiene que ver eso conmigo? Pues que las envidio a todas, qué tiene de malo un poco de diversión, una necesita liberar endorfinas por todos los cielos.

Entre su linda cara y su pelvis, sus ojos no daban cuenta del descaro lujurioso que desataba Saotome, por mi retorcida mente pasaban las escenas más candentes de una película XXX y en todas él era mi protagonista.

Cuando oí que mis compañeras se despedían, recién noté que se acababan las tres horas de clase. Todas fueron marchándose rápidamente al notar que el sexy maestro no estaba, me quedé viendo por la ventana, apenas oscurecía pasada las nueve de la noche… ¿Y ahora qué? pensé entre mí.

Mis noches se reducían a dormir, o beber y dormir, o matarme en el gimnasio y dormir…

—¿Aún sigue aquí? — preguntó mi sueño picante.

—Ah… sí ya me voy— dije confusa, no había notado que estaba sola y que él asomaba en el marco de la puerta, lo vi entrar y cerrarla cosa que me pareció extraña.

Caminó como un guepardo entre las mesas hasta llegar a mí…

—Antes que nada, quisiera reciba mis disculpas sinceras por haberla quemado en la mañana— dijo a un escaso metro de mí.

—Fue un accidente, no es necesario— dije alzando las manos.

—Noté que te gusta el americano frío— de pronto dejó de lado las formalidades y me tuteaba, flipaba de emoción ante su cambio.

—Sí, verano, calor, iba a mi trabajo necesitaba bajar la temperatura— dije estúpidamente, pero ¡¿cómo le digo eso?! trágame tierra.

—Yo prefiero un café bien caliente por la mañana, eso me baja el calor hay días en que uno amanece ardiente ¿sabes? — ¿me lo dice a mí? ¡Ja! Si supiera que soñé con él entre mis piernas y que por eso fui por el bendito americano.

—Te entiendo completamente— respondí.

—Hace un rato me fijé que tienes un lindo lunar en el cuello— soltó sin reservas sorprendiéndome.

—¿Ah? —salió de mi boca confusa.

—¿No lo sabías? — Cuestionó rodeándome, volvió a tomar mi cabello y lo levantó — justo ahí — tocó con la yema de sus dedos mi cuello, un leve impulso eléctrico me recorrió ante su contacto, alcé la mano para tocar y este tomó mi dedo para indicarme la zona exacta.

—No lo recordaba— dije apenas.

—Nunca te lo han besado, ha de ser por eso— aseveró asomando su cabeza por un costado, negué como tonta.

Este retrocedió sin soltar mi cabello y posó sus labios sobre ese lunar, jadee suave ante la señal que evidentemente me enviaba.

—Me pregunto si tienes más… — soltó en tono grave, excitándome.

Quise voltear pero este no me dejó, volvió a posar sus carnosos labios y se fue haciendo paso hacia un costado del cuello, para ese momento sus manos bajaban por mi diminuta cintura…

—Me encantaría ver cuántos lunares tienes ¿te gustaría buscarlos conmigo? — preguntó casi en un hilo de voz cerca de mi oído, sus dedos subían al escote de mi blusa y comenzó a desabotonar uno a uno, posó sus grandes manos sobre el brasier de mis pechos y los amansó suavemente provocando otro jadeo.

—También quisiera ver tus lunares— dije mientras su lengua se paseaba por mi cuello, me tomó de las caderas y me volteó.

—Claro que puedes, solo hay una condición— señaló juguetón — esta noche está prohibido dormir — finalizó tomando mis labios con ansias, el beso era apasionado, fuerte e intrépido.

Su lengua no daba tregua y la mía no quedaba atrás, sus manos presionaban mi trasero y su pelvis se refregaba contra la mía, el calor subía considerablemente, el sueño picante de anoche se haría realidad sin dudas, pero esto era otro nivel.

La falta de sexo hacía mella y quería con todas mis fuerzas ser poseída por este misterioso pero sensual hombre, apenas y nos sabíamos los nombres, para cualquiera esto sería sexo de una sola noche y bien poco me importaba si con eso me quitaba las ansias.

Lentamente retrocedimos hasta el escritorio que usaba él, me levantó cual pluma y metió sus manos bajo mi falda por sobre mis muslos para subirla sin tapujos.

—Si no te gusta el lugar…— comenzó a decir entre besos que quemaban.

—Es perfecto— dije sin pensarlo mucho, estábamos solos sería toda una experiencia queríamos esto, la tensión sexual que se plantó ayer no eran ideas mías, no, era de verdad.

Se deshizo de mi blusa y bajó los tirantes del sostén, mordió y besó mis hombros. Para no quedar atrás fui desabotonando su camisa y sorpresa, tenía un físico espectacular un pecho duro y un vientre como roca, rápidamente bajé la cremallera de su pantalón y palpé la notable erección que se formaba debajo del bóxer.

Cuando sentí que soltaba el broche del brasier por completo mis pechos estaban tan endurecidos que sus lamidas los tensaban mucho más, cada succión era un deleite primero uno luego el otro tuve que inclinarme hacia atrás y apenas me sostenía de la mesa cuando sentí sus dedos acariciar la entrada principal, esa que para ese momento estaba tan humedecida que no dudó en introducir dos de sus dedos explorando la tibieza de mis paredes.

—¡Ah! — Gemí fuerte — ¡Ah, ah, sí! — continué.

En un juego ya sabido sus dedos entraban y salían provocándome espasmos de placer, corrió más mi braga para hacerse espacio y cuando los sacó lamió cada dedo como si fueran una sabrosa paleta del mejor mantecado, mordisquee mi labio inferior ante su acción y bajé la tela para ver su miembro duro, tenso y punzante.

Se acercó y rosó mis labios, me movió hacia el borde de la mesa como si todo lo tuviera fríamente calculado tomó mis manos con el único fin de bajar la tela que cubría su imponente glande y me penetró con ímpetu, fue lo máximo.

—¡Ah! — Alcancé a jadear cuando salió y volvió a embestirme con fuerza — ¡Oh! — me sostuve apenas.

—Me gusta hacerlo duro— gruñó mirándome con fiereza, lo jalé del cabello hacia mí.

—No te contengas— dije chocando su frente con la mía.

Ese sería el pie inicial, se movía con fiereza entre mis piernas cada embestida era un deleite. Su glande estaba tan firme y grande que me hacía delirar de placer, mis pechos rebotaban con bravura y este se movía frenético mancillándome sin compasión, mi espalda se arqueaba de puro gusto con cada penetración.

—Ah… estás tan mojada y estrecha— decía entre gemidos.

—No te detengas, ah, ah, ah, ah— pude responder.

Aumentó su fricción descontroladamente la sala hacía eco de mis gemidos y de los suyos y a ninguno parecía importarle si nos encontraban en pleno apogeo.

—Me correré — soltó de pronto y es que también estaba a punto de venirme cuando este se salió y derramó sus jugos sobre mi vientre, también llegaba al orgasmo.

Ranma me besó suavemente en los labios, su frente sudada daba cuenta del ejercicio efectuado, terminó por arrancar mi braga y la falda, estaba completamente a su merced…

—Otro lunar— dijo besando mi pezón derecho, ese lo veo a diario pensé.

Limpió mi vientre con un pañuelo y bajó despacio, me tenía tendida sobre el escritorio y comenzó a acariciar mi ingle, cosquillas suaves sentía y es que no me recuperaba de los espasmos del orgasmo, sus labios bajaban por mi piel como si de una inspección de rutina fuera…

—El tercer lunar— mencionó abriendo mis piernas, justo por dentro del muslo.

Se abrió paso sin chistar y cuando sentí sus labios besándome allí, ese sueño candente se hacía realidad, con sus dedos se ayudó e introdujo su lengua en mi interior…

—Ah… oh, ah, sí — dije muy contenta.

Sus succiones eran mucho mejor que en ese sueño, y en cuanto alcanzó el clítoris me desaté por completo. Estaba tan excitada con su ardiente oral que estrujaba mis pechos entregada al placer, sus grandes manos se aferraban a mis piernas igual que anoche en mi subconsciente. Me correría de nuevo a ese ritmo y es que el hombre sabía justo donde rosar sus boca para provocarme el delirio absoluto.

El orgasmo no se hizo esperar y en su boca me vine, este se levantó para saborear mis jugos…

—Eres deliciosa Akane Tendo — dijo lamiendo sus labios, mi lívido pedía más se supone que no dormiríamos y esto apenas comenzaba.

Me tomó de la mano y me sentó mirándome con profundidad…

—Me gustas— dije con voz caliente.

—Ayer, te hice el amor como tres veces antes de que decidieras irte— señaló, me besó con pasión pudiendo sentir el sabor de mi sexo en su boca.

—¿En serio? — dije incrédula.

—Llámalo como quieras, no iba a esperar un día más sin poder probarte — respondió — hazme un favor— agregó — recoge tu cabello — dijo entregándome el elástico que llevaba él en su muñeca derecha, lo miré curiosa y lo hice sin objeción.

—¿Fetiche? — pregunté y este soltó una sonrisa pícara, de pronto me bajó de la mesa y me volteó.

Su erección chocaba en mis nalgas, puso sus manos cada una en uno de mis pechos y se acercó a mi oído…

—Quiero hacerte mía mirando ese lunar— señaló besándolo con alevosía y penetrándome certeramente.

—¡Ah! — gemí por su rudeza, mis manos se apoyaron sobre el escritorio y comenzó a penetrarme una y otra vez sin contemplaciones.

—Ah, ah, Akane, eres divina, no puedo detenerme— decía chocando con mi cuerpo, mis pechos volvían a rebotar, ambos gemíamos extasiados, mi interior se acostumbraba a su carne, a su grosor a su viveza.

Me sujetaba de las caderas acortando cualquier espacio, en verdad le gustaba el sexo duro y no estaba acostumbrada a esa fiereza pero me encantaba, lo estaba disfrutando tanto que no podía parar de jadear.

—Ah, Ranma… — dije cuando sentí que sus dedos entraban por delante entre mis piernas, no dejaba su penetración, estaba extasiada cuando creí que era lo máximo me continuaba excitando.

—Amo ese lunar— dijo entre gemidos, sacó sus dedos de mi interior y los introdujo en mis labios, mordisquee un poco además de lamer y luego amansó mis senos sin dejar su cometido.

Mis nalgas rebotando en su sexo, nuestros gemidos vigorosos y su glande mancillándome era la noche perfecta, después de tanto tiempo mi cuerpo necesitaba esto, sentirse vivo, pleno, deseado.

Fue así que arremetió con todo, sacó su miembro para correrse sobre mis nalgas y este era mi tercer orgasmo de la noche, me volteó y me tomó entre sus brazos estaba agitada igual él pero se notaba la energía que guardaba.

—Esto es demasiado bueno— dijo besándome en los labios — recuerda que tienes prohibido dormir, conmigo las noches son exhaustas— sostuvo cautivándome por completo.

Y claro que quería más, entre las cervezas, el gimnasio y su potente erección lo prefería a él, mil veces a él.

Una noche sin dormir, sexo casual, sin reservas, duro y sin tapujos… eso era Ranma y eso quería yo, simplemente perfecto.

Fin

Nota del autor

Estimado lector ¿les gustó? Pues a mí sí, quería escribir un sabroso y suculento lemon para ustedes porque son los mejores, no hay otra razón.

Espero lo hayan disfrutado, aunque creo que Akanita se lleva las flores…

Creo que este Shot es digno de un #QuesigalaSuculencia ¿o no?

Déjame tu preciado review, amo leerlos.

Desde Chile una fanática más de Ranma ½

Sweetsimphony._