Tu forma de amar

Los personajes no me pertenecen, son de la gran Rumiko Takahashi esto es sin fines de lucro solo diversión por y para los fans.

Esta obra se reserva en su totalidad los derechos de autor, prohibida su copia o uso.

Una historia AU (universo alterno) solo tomo prestado los personajes, no necesariamente deben apegarse a sus personalidades.

Advertencia: está clasificada para mayores de edad, puede contener violencia física o emocional así como escenas eróticas y lenguaje soez.

O—

Había pasado un tiempo desde que mi cuerpo no se sentía tan activo y lleno de energía, desde mi último fracaso en una relación, estuve enfocada en lo laboral, las clases de arte eran una excusa para no llegar tan temprano al departamento y de pronto conocí a ese tipo, el maestro sustituto, era cómo decirlo… "una bomba sensual" algo así como si cada mirada te invitara a desnudarlo. Y como si eso no fuera poco, un encantador vecino me buscaba no precisamente para convidar "una taza de azúcar" el chino tentaba cada vez que podía.

Aquí me encuentro, frente al elevador con un par de ojos verdes viéndome como si fuese un trozo de pulpo apanado.

—Ese tipo es ¿tu novio? —preguntó.

—No —contesté.

—Ah… lo ves ¿con frecuencia? —parpadee varias veces antes de contestar.

—Depende —respondí.

—Estás muy comunicativa —replicó Mousse.

Entonces el elevador se abrió, en cuanto di un paso dentro este me arrinconó a un lado del tablero de botones, lo miré sorprendida, creí que mi indiferencia lo haría alejarse pero no.

—¿Qué te parece continuar lo que dejamos? —preguntó cerca de mi oído, no alcancé a contestar cuando sus labios dejaban besos húmedos por mi cuello.

—Alguien nos puede ver… —solté muy descarada, cuando recién lo había hecho en una sala de cine.

Mousse gruñó y algo me dijo en chino, que se yo, pero prendió todos mis sentidos… sus manos amansaron cada uno de mis senos al tiempo que tomó mis labios para sí. Un breve atisbo de "consciencia" me decía ¡Para Akane, qué haces! Abrí brevemente los ojos y noté que recién se cerraba la puerta del elevador, entonces me pregunté ¿por qué detenerme? ¿Acaso no puedo disfrutarlo? ¿Sentirme deseada es malo? ¿A quién carajos le hago daño? ¿Es normal que mi lívido esté por las nubes? Apenas terminaba de cuestionarme eso último cuando siento las manos de mi sexy vecino apretujar cada una de mis nalgas y recordé que mi braga rota estaba dentro de la bolsa que apretaba con la mano derecha.

—No puede ser —masculló separándose de mis labios, respiré agitada— andas sin nada –agregó frotándose contra mí, como si eso lo hubiese excitado más.

El calor entre los dos iba subiendo de nivel y ni siquiera habíamos presionado el botón que nos llevaría a nuestros respectivos apartamentos, sus largos dedos desabotonaban mi blusa para acceder a mis montes y poseer entre sus labios uno de mis rosados pezones…

—Te haré gritar de placer —musitó de pronto, sin dejar de jugar con ese delicado botón en mi seno izquierdo, bajó su mano palpó mis labios inferiores y sin más se hizo paso entre ellos —¡Ah, estás tan húmeda! —exclamó, mientras yo jadeaba por su intromisión.

Entró suave pero profundo y luego retrocedió solo un poco para nuevamente adentrarse por mis tibias paredes…

—¡Ah, ah, ah! —gemí intentando alcanzar el botón de mi piso, pero solo logré que la puerta del elevador se volviera abrir.

Estaba tan sumergida en su excitante juego que con dificultad seguía presionando el botón para que las puertas se cerraran, de pronto los pasos de una persona se acercaban, la adrenalina tomaba control y él arremetía con sus condenados dedos en mi zona más erógena con suma complacencia, cerré los ojos y entonces sentí que se hacía paso entre mis piernas que poco a poco comenzaban a temblequear…

—Mousse… la puerta, la puerta, ah… —susurré.

En un movimiento rápido él presionó casi como de memoria el número de nuestro piso y con ello la bendita puerta se cerraba, el leve movimiento del elevador indicando que subía dio pie para que mi sensual chino explorara ese rincón más deseado.

A punto del delirio y con el temor inminente de que alguien detuviera el elevador me dejé llevar por el delicioso oral que efectuaba Mousse, sentía mis mejillas arder, mi centro a punto de explotar, su lengua llegaba tan profundo que mi clítoris se derretía con tanta estocada. Sus manos aferradas a mis caderas, como si pudiese moverme, con mi espalda pegada a la pared fría y mi faldita cubriendo parte de su cabeza…

—Detente, ah, ah, no puedo contenerme —musité, pero más avanzó en su cometido desencadenando una ola de sensaciones que me enloquecían.

El orgasmo era inminente y entonces me dejé correr libremente, solo unos segundos después Mousse se ponía de pie, y saboreaba su boca con mirada fogosa, crucé las piernas casi por inercia, con mi respiración agitada y es que los espasmos no daban tregua en mi interior.

Mousse tomó mi mano y la besó tímidamente… rodé los ojos ante su acción.

—Vamos a mi casa —no era una invitación, sonaba más a una orden.

No pude contestar, este me jaló fuera del elevador y me llevó directo a la puerta de su apartamento.

Una vez adentro no soltó mi mano hasta llegar a su alcoba, la enorme cama muy bien extendida y llena de mullidos cojines se veía bien.

—Recuéstate —pidió, me acomodé en medio de la gran cama.

Este entró en la puerta que supongo era del baño, tardó apenas unos cinco minutos, cuando salió la mandíbula se me fue hasta el piso, el chino venía desnudo, bueno casi, una diminuta tanga, sí, un hilo en color negro brillante decoraba sus hermosos y redondas nalgas, fue lo primero que vi ya que salió dándome la espalda, podía notar como la tela cubría apenas su gracia, su musculosa espalda demostraba arduo trabajo en el gimnasio y de pronto se volteó haciendo que jadeara de puro gusto…

La diminuta tanga cubría todo el largo y ancho de su endurecida erección, como si se tratase de ropa a medida, sin poder evitarlo remojé mis labios un tanto ansiosa… ¡vaya pero qué cosa! Exclamé internamente.

El chino puso música muy estimulante, suave pero excitante… ¿acaso este tipo es profesional?

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó casi como un ronroneo. Se puso en cuatro sobre la cama y comenzó a gatear hasta llegar a mí —Es la primera vez desde que estoy en Japón que una mujer me excita tanto, ¿sin bragas? Quiero amanecer dentro de ti —musitó dejándome atónita.

—Estás loco —susurré, mientras me desnudaba lentamente…

—Tú me tienes así.

—No quiero…

—¿Compromiso? Solo te deseo Akane, vamos a disfrutar esta noche solo dime cómo lo quieres y cuánto lo quieres porque estaré a tu merced —soltó de cuajo, nunca nadie me había dicho semejante cosa.

Pasé mis manos por alrededor de su cuello y lo besé apasionadamente, me olvidé de todo, solo respondía a la necesidad de mi cuerpo y este pedía compañía, calor, desenfreno, sexo sin tapujos y sin arrepentimientos.

El hombre era rápido en sus movimientos, prácticamente me tenía desnuda desde la cintura hacia arriba, lo único que me quedaba puesto era la faldita corta que usaba esa noche, sus grandes manos acariciaban mis largos brazos hasta llegar a mis pechos, los amansaba a gusto, los lamía y retorcía cada uno de mis rosados botones. Podía sentir esa temible erección sobre mi pelvis, subió un tanto la faldita y frotaba su falo sobre mí.

De pronto me giró de lado sobre la cama y continuó su rose desvergonzado por mis nalgas, con cada mano en uno de mis senos y su lengua por mi cuello comenzaba a sentir un deseo lascivo por ser penetrada. Sentí como sus labios se movían por mi espalda justo por sobre la columna, bajó un poco más y mordió una de mis nalgas a lo cual chillé pero de puro goce, tomó mi mano y la puso por sobre la tela de cuero que cubría su bien ponderado miembro y lo masajee suave notando que en la punta podía levantar una especie de mini sombrero, sintiendo la humedad de su carne este alzó una de mis piernas y tanteó sutil en mi centro, lo sentí gruñir muy excitado, el preámbulo era divino.

Entonces me volvió a girar quedando sobre mí, cachetee sus nalgas y tiré de la diminuta tanga solo para verificar si resistiría o si tendría que rasgarla…

—¡Quítala! —exigió, lo miré ansiosa y resultó ser que solo debía jalar y la pequeña pijama de su hombría salía sin más, el hilo de la tanga cayó sobre la cama.

Acarició mi ingle con delicadeza y entonces me embistió de forma brutal, su miembro estaba tan tenso que casi suelto otro orgasmo con la primera estocada, fue profunda sin nada de tanteos, gemí sonoramente y él lo gozó, una sonrisa malvada salió de sus labios. Y entonces salió y volvió a hacerlo esta vez en frenesí, su penetración era certera no lo sacaba por completo cuando volvía arremeter mientras mis pechos sonaban con bravura por su acción. Sin dejar de moverse alzó una pierna y volvió a ponerme de lado tal y como estaba originalmente, la posición no era la típica pero ¡Oh por Kami! era tan deliciosa para mi clítoris que pecaba con cada embestida.

—¡Ah, ah, ah! —gemía.

—Sí, ah, ¿lo sientes? Ah, ah —decía Mousse en mi oído, apretujando mis pechos, volviéndonos locos de la excitación.

Fue entonces que sus largos brazos alcanzaron mi monte de venus y sin decoro alguno sus dedos volvieron a entrar por mi frontis, podía imaginar su falo rosando sus dedos al tiempo que jugueteaba con mi zona erógena.

—Mojada y toda mía Akane, te hare delirar —gruñó mordiendo mi hombro al tiempo que me penetraba sin pudor.

—Me correré… ah, ah, ah Mousse —a la vuelta de la esquina sentía el orgasmo, pero entonces salió de mí dejándome llena de espasmos, lo miré aturdida y con mal humor.

—Nos correremos — soltó en lo que se ponía un preservativo, se sentó en la cama y me tomó posando mis nalgas sobre él, casi no tenía energías pero Mousse introdujo toda su carne por mi parte posterior, alcé los brazos extasiada —Muévete, suave — pedía casi como una instrucción y así lo hice, me abrazó y con sus manos en mis pezones el candente movimiento volvió a ser tan duro como hace instantes, la cama amortiguaba nuestros embates y es que yo subía y bajaba como una enajenada por su falo —sus dedos se introdujeron en mis boca y los lamí ahogando gemidos agudos, aunque él no se quedaba atrás, jadeaba intensamente con cada uno de mis movimientos.

—Ya no puedo más, ah, ah, Mousse

—Dámelo Akane —gruñó tomando mis caderas, mis manos se afirmaban de su cuello y este me ayudaba a subir y bajar fuerte contra él, hasta que toqué el cielo entre nubes de algodones, el orgasmo venía con todo y él también se corrió pude sentir la presión de sus jugos aunque los recibía el preservativo.

Caí rendida sobre la cama boca abajo, estaba muy traspirada y mojada entre mis piernas, apenas recuperaba el aliento cuando mousse se acomodó a mi lado y acarició la fina línea de mi espalda hasta mis nalgas…

—Muero por hacértelo así —mencionó.

—¿Cómo? —pregunté mirándolo de soslayo.

Este no me respondió y se quedó quieto unos dos minutos a mi lado, solo oíamos nuestras respiraciones cuando sentí besos en mi espalda. Creí que era momento de irme, tenía más que saciada mi cuota de sexo por esa noche sin embargo, este candente chino no dejaba su cometido…

—Levanta la cola —pidió y entonces noté como su miembro había vuelto a endurecerse, se veía vivaz y lleno de deseo.

Frotó su sexo al mío por un rato, quería excitarme y lo estaba logrando, entonces me volvió a penetrar por mi centro. Boca abajo y mordiendo uno de los mullidos cojines Mousse me corrompía voraz, comenzó sensual, casi haciendo círculos, como si su carne quisiera empaparse de mí.

—Estás tan dilatada pero más me excitas —gruñó estrujando mis pechos.

—¡Ah, ah, oh, sigue, más rápido! —exigí, entonces el frenesí fue más impetuoso, podía sentir las gotas de sudor de Mousse cayendo por mi espalda, el resonante golpeteo de su pelvis en mis nalgas y sus gemidos de placer a un volumen alto.

—Me correré afuera, ah, ah, lo prometo —soltó.

Enterré mis uñas en la colcha, esperando otro delicioso orgasmo y entonces sentí como sacó su falo y soltó sus jugos en mi espalda, pero sus dedos continuaban sucumbiendo y no dejó de aventurarse hasta que volvía a correrme, tan solo un minuto después.

Nos quedamos allí, uno al lado del otro recuperando el aliento, no sé en qué momento pero me quedé dormida, estaba tan relajada y satisfecha que solo sucumbí ante el cansancio.

Unas horas después…

Aún no amanecía cuando desperté con deseos de ir al baño, me removí lentamente y noté que estaba bien cubierta por una colcha, Mousse pasaba su brazo por encima de mi vientre y con cuidado pude escabullirme hasta el sanitario. Algo adormilada recogí mi ropa y hasta la bolsa de papel con mi braga, me fui de la casa de mi vecino a las cinco de la madrugada, solo crucé hasta mi puerta y fui a envolverme entre mis frazadas, volví a dormirme casi enseguida aunque con una enorme sonrisa pues ni en mis sueños más picantes esperé una noche como esta, sexo desbocado en el cine y luego con mi vecino en pleno elevador…

Sin duda cada uno de mis nuevos amantes tenía una forma de amar, ¿cómo podría quejarme? Cuando la más beneficiada y satisfecha era precisamente yo.

Continuará…

Estimado lector, se acabó la espera para este chino bien agraciado. Akane no solo gozó en el cine, sino que este ojiverde le tenía ganas de verdad.

Quiero aclarar que esta lectura es y será siempre en este tono, picante, erótica y sin romanticismo. Estamos ante una Akane adulta y soltera que disfruta de su sexualidad. Si no te agrada, eres libre de dejar de leer.

No esperen amores bonitos, flores, chocolates y mucho menos confesiones porque ellos solo tendrán sexo cada vez que gusten y por mero placer.

La trama de esta historia se basa precisamente en esto, no hay amor de por medio, solo complacerse de diversas formas con quién te haga sentir deseada.

Sin más preámbulos me despido, gracias por leer y si te gustó déjame tu preciado review, amo leerlos.

Desde Chile una fanática más de Ranma.

Sweetsimphony._