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Los personajes no me pertenecen, son de la gran Rumiko Takahashi esto es sin fines de lucro solo diversión por y para los fans.

Esta obra se reserva en su totalidad los derechos de autor, prohibida su copia o uso.

Una historia AU (universo alterno) solo tomo prestado los personajes, no necesariamente deben apegarse a sus personalidades.

Advertencia: está clasificada para mayores de edad, puede contener violencia física o emocional así como escenas eróticas y lenguaje soez.

O—

Había pasado una semana exacta desde mi último encuentro con mi provocador vecino, por alguna razón no habíamos vuelto a topar y eso que vivíamos en el mismo lugar. De alguna forma lo agradecía porque no quería compromisos y miradas esperando algo más, así es que me dediqué al trabajo por completo.

Con respecto a las clases de arte… pues nada no quería ir allí y verlo otra vez. Sentía que si lo hacía terminaría envuelta en sus brazos y no tenía intenciones de depender sexualmente de alguien.

Era sábado por la noche y mi nevera solo tenía agua embotellada, había sido un día sumamente caluroso. Todo el día en una larga playera había sido cómodo pero no óptimo para ir a la tienda por algo de comer, eran las ocho de la tarde y pronto el sol se escondería. Tomé una camiseta de pabilos de color cereza y una faldita corta de jeans, mis tenis, la tarjeta y salí rauda por algo para comer.

El atardecer era maravilloso, corría una ligera brisa fresca y quizás debí traer un canguro o algo pero ya qué, la tienda quedaba a cinco minutos de mi edificio a pie así es que no era tanto.

Dentro de la tienda tomé un carrito y comencé a echar cosas dentro, una bandeja de carne, cebolletas, unos paquetes de ramen siempre salvaban el hambre, unas cervezas y un par de golosinas. Me dirigí a la caja satisfecha porque había encontrado todo lo que necesitaba, la cajera atendía a un anciano mientras esperaba mi turno, de pronto quedé viendo la vitrina que tenía enfrente con un sinnúmero de preservativos, todo tipo de tamaños, colores, sabores y marcas, entonces oí un susurro que me hizo estremecer…

—¿Te gustaría probarlo? —fruncí el ceño y miré atrás, era Ranma quien también llevaba un carrito de compras.

—¿Por qué no? —le increpé.

—Dicen que no son tan buenos, que el sabor es muy sintético —respondió.

—Ah, eres experto en la materia ¿no?

—Solo tuve dos encuentros de ese tipo —replicó.

—Interesante —contesté y me giré para pagar mis cosas.

—¿No me vas a preguntar? —continuaba hablándome y el viejito delante de mí se tomaba todo el tiempo para cancelar sus enceres.

—¿Qué cosa?

—Bueno qué hago aquí, cerca de tu casa ¿no?

—No me interesa —comenté escueta.

—Wow, es la primera vez que me ignoran así, eres mala Akane —reprochó a mi espalda.

—Tú vida tú problema, eres libre de comprar aquí o en dónde quieras —respondí.

—Sí tienes razón, ¿ya no irás a las clases de arte?

—¿Qué fue ese cambio tan repentino? —lo volví a mirar enarcando una ceja.

—Bueno, si no te interesa saber por qué compro aquí puedo preguntarte por un tema en común ¿cierto? —lo miré con los ojos entrecerrados, maldito sabelotodo pensé.

—Mucho trabajo, solo quiero llegar a casa y…

—¿Coger? —soltó de pronto y la cajera nos miró muy divertida.

—Podrías ser más discreto ¿no? —respondí con evidente enojo.

—Ese es el problema, ¿cuál es el tabú con el sexo? Todos lo practicamos, es delicioso por qué tanto susurro con algo tan normal —continuó poniéndome incómoda, su punto era cierto pero no todos lo compartían de la misma forma.

—Lo que sucede es que a veces hay… —de pronto sentí que alguien me acariciaba el borde de mi nalga, miré atrás y era Ranma quien me guiñaba un ojo con todo descaro.

—Continúa por favor —dijo el muy cínico.

—¿Qué haces? —pregunté alarmada, alrededor había gente es decir no era el lugar más adecuado.

—Te extrañé, una semana se me hizo eterna —respondió

Lo iba a golpear, juro que lo iba hacer pero sin previo aviso sus dedos se adentraron y me dejaron impávida, lo tomé del cuello de la camisa y lo acerqué a mi rostro.

—Eres un pervertido —musité.

—Pero te gusta —susurró acariciando mi intimidad, mis labios se abrieron levemente soltando un jadeo.

—¿Llevará eso solamente? —preguntó la cajera al ver las dos cosas que Ranma llevaba en el carro, este se las pasó con la mano que tenía libre y las dejó sobre la cinta, lo miré escandalizada y es que paso que daba este no soltaba mi centro, el cual comenzaba a humedecerse por su intromisión — ¿Cómo cancela? —preguntó la cajera viéndonos a ambos, este le entregó su tarjeta y pagó por todo incluyendo lo mío.

Solo entonces me liberó tomé mis cosas y las tiré literalmente dentro de la bolsa y salí casi que corriendo, pero este me atajó en el estacionamiento.

—Hey, ¿adónde vas tan despavorida? —dijo interponiéndose en mi camino.

—A mi casa, ya déjame en paz.

—Pensé que pasaríamos un rato juntos, vine aquí con la ilusión de verte, es más iba a tu edificio pero te encontré en la tienda, en verdad quiero un tiempo contigo ¿tú no? — lo miré dubitativa, sí quería, claro que quería… pero por qué dudaba me comportaba como una estúpida adolescente.

Esperé un largo minuto antes de responder, lo vi de pies a cabeza, mi corazón estaba desbocado y es que este hombre me excitaba de solo verle…

—Está bien —respondí, no pude decir nada más me jaló hasta donde tenía estacionado su carro. Abrió la puerta trasera y tiró las compras sobre el asiento, la luz se iba y la noche caía, pasé mis manos por mis brazos desnudos.

—¿A dónde quieres ir? —preguntó.

—No lo sé… ¿qué tal aquí? —él enarcó una ceja de forma traviesa.

—Sexo en el carro, ¿acaso lees mi mente? —plantó un beso en mi boca y abrió la puerta del copiloto y se acomodó.

Miré a todos lados y no había nada cerca, era una locura, pero solo queríamos sexo ¿qué tiene de malo?

Me acomodé sobre sus piernas y este cerró, sus ventanas eran polarizadas así es que de cierta forma nos daba un poco de privacidad.

—Pareces un adolescente en celo —le dije entre acalorados besos, Ranma ya me había sacado la playera de pabilos.

—Akane es que el sexo contigo es otro nivel… en serio que te deseaba desde hace días —gruñó apretujando mis nalgas, la mini falda de jeans iba por mi cintura y mi tanga seguía en su lugar aunque a esas alturas ya comenzaba a mojarse.

—Pudiste llamarme, no hacer rondas en la tienda —repliqué y este removía la tela de mi ropa interior.

—Lo haré, apenas saciemos esto —musitó.

Mientras nos sumergíamos en un candente preámbulo en ese diminuto espacio, el coche se movía notoriamente, de seguro causando intriga entre los mirones que pasaban por fuera.

—¡Ah! —gemí fuerte en cuanto me penetró, tenía a Ranma con la camisa abierta y con su glande afuera o más bien dentro de mí.

—Muévete para mí Akane —pidió al tiempo que sostenía mis manos en la guantera.

Me movía suave y sensual gozaba de cada sensación y es que este hombre venía animado desde dentro de la tienda, en cuanto bajé la cremallera su falo asomó palpitante, mi amante me tomaba de las caderas y me profanaba sin titubeos. Ya lo habíamos hecho en varias ocasiones, a los dos nos gustaba así, fuerte, duro sin delicadezas pero esta vez me moví con un ritmo suave y este gemía mientras subía y bajaba acariciando su miembro con mis blandas y cálidas paredes.

Una, dos y tres y volvíamos a repetir la deliciosa fricción, mi profesor de arte no dejaba de juguetear con mis rosados pezones mientras yo movía mis caderas sin cesar…

—Ah, ah, ah…

—Estás tan estrecha, me vuelves loco —decía tomando mis labios con pasión, nuestras lenguas se entrelazaban y ahogábamos gemidos en nuestras bocas.

Ranma miraba con alevosía como su miembro salía y volvía a entrar, tocaba mi monte de venus en suaves caricias, luego mis nalgas y mi espalda.

—Ah, Ran…ma, ah, ah, sí, ¿lo sientes? —dije apenas y es que pareciera que llegaba cada vez más arriba, mi clítoris saltaba de placer y no podía frenar mis movimientos. Era mío, todo mío y lo cogía con locura.

Este atrajo mi cuerpo al suyo, nuestros pechos desnudos y mojados se pegaron cual imán mientras nuestros sexos no paraban de darnos placer…

—Oh, oh, sí no te detengas Akane, lo haces delicioso… —susurró cerca de mi oído, lamió mi cuello y no dejaba de apretujar mis nalgas, podía sentir como enterraba sus dedos en mi culo como si pudiera moverme a algún lugar cuando lo estaba disfrutando tanto.

Solo iba por un poco de comida pero me encontré con semejante postre.

Sentía la necesidad imperante de desbocarme sobre él, me alejé y volví a posar mis manos sobre la guantera, me correría…

—Ya casi, ah,ah,ah… —jadee fuerte dejándome llevar por el delirio del placer.

—Corrámonos juntos, prometo salir —dijo entre gemidos.

Entonces lo embestí con fuerza y sin miramientos, el coche se movía podía sentirlo pero no tanto como nuestros sexos, más rápido, más fuerte como un trotecito donde no estaba permitido frenar, no todavía… mis senos chocaban entre sí y este afirmaba mis caderas para que la penetración fuera certera.

—Lo tengo, ah, ah, ah, ay sí, ah, ah…. —y entonces solté mis jugos, este me levantó con mis espasmos recorriéndome por completo y se corrió sobre mi vientre.

—Wow, a esto me refería…

—Me has ensuciado toda —reproché recuperando el aliento.

—Matas toda la pasión, pero no te creas que tengo un deseo loco de volver a coger contigo —dijo besando mis labios.

—Debo regresar a casa —repuse.

—¿Por qué? ¿Novio, esposo, amigo con derechos? —preguntó acariciando mis senos.

—Nada de eso —respondí buscando mis brasier el cual coloqué rápidamente.

—Qué lástima… iré a dejarte —respondió ayudándome a acomodar mi ropa.

—No es necesario puedo caminar.

—Deja la joda, no me incomoda hacerlo —respondió al tiempo que ambos bajábamos del mismo lado, este se dio la vuelta y subió para conducir.

Si normalmente demoraba cinco minutos caminando en el coche fueron apenas dos…

—¿En qué piso vives? —preguntó cuándo estaba punto de bajar.

—Vamos, dijimos sin ataduras ¿no? —repliqué seria.

—Ok, saber dónde vives no lo considero atadura, puedo darte mi dirección si deseas pero siento que nunca me visitarás porque hasta ahora soy yo el que te busca —mencionó como reproche.

—¿Acaso me estás reclamando?

—No preciosa, quiero que entiendas que amo el sexo contigo y que quisiera verte más seguido.

Akane lo miró un poco incrédula, pero le daría chance después de todo fue a su barrio y la encontró.

—Ok, te daré mi teléfono —Ranma se entusiasmó e intercambiaron números.

Luego de eso me marché, llegué al apartamento y de pronto recordé que dejé todas mis compras en el asiento trasero…

—¡Ash, por un demonio! —mis tripas sonaban de hambre y por andar cogiendo dejé mi comida atrás.

De pronto el móvil comenzó a sonar, era él, Ranma…

—¿Sí?

—Tus víveres —respondió.

—¿Sigues abajo? —pregunté casi corriendo a la puerta en cuanto abrí choqué con él de frente.

—Lamentablemente no, pero si quieres estar arriba yo feliz —respondió lleno de picardía.

—¿Cómo llegaste aquí? —pregunté pues se supone el conserje avisa antes de hacer pasar visitas.

—Tengo mis métodos ¿puedo pasar?

—No —respondí pero este me ignoró y pasó por mi lado.

Dejó la bolsa sobre la mesa de la cocina y miró alrededor…

—Está muy bonita tu casa Akane.

—Gracias —respondí.

Me dispuse a ver mis alimentos, algunos iban a la nevera y de pronto veo un pack, una especie de oferta que iba encintada con una huincha amarilla.

—Esto no es mío —se lo mostré y él sonrió.

—Es mío, era un dos por uno…

—Ah, ya veo.

—Es mucho mejor que esos condones que veías de sabores —agregó y lo miré un tanto interesada.

—¿En serio?

—Claro que sí, ¿quieres probar? —preguntó tentadoramente acercándose hasta mí.

—¿Este era tu plan? Venir a mi casa y tener sexo en cada ¿rincón? —Ranma soltó una gran carcajada.

—¿Quieres que lo hagamos sobre la cocina o en el baño, incluso en el balcón? —preguntó irónico.

—Ridículo —le dije entregándole su pack.

—Yo moriría por saborear tus hermosos pechos con un poco de crema chantilly o que tal un poco de jarabe de arce justo aquí —señaló su hombría.

—Ya basta no eres una golosina —respondí sonriendo y es que no podía evitar imaginármelo, relamí mi labio inferior.

—Otro round sería glorioso, nos ensuciamos, nos divertimos y luego nos bañamos juntos ¿qué dices?

—Experimentar es mi pasión —respondí entusiasmada.

Todavía no cenaba, pero Ranma insistía con el postre y aunque ya me lo había servido en el estacionamiento del mini súper, tenerlo en mi territorio me daba mucha ventaja, era sábado por la noche y seguramente aprovecharíamos la oferta que compró, después de todo con este semental estaba prohibido dormir.

Continuará…

Estimado lector, ayer les quedé debiendo esta actualización y les pido disculpas pues he tenido una semana muy estresante y agotadora. En mi país estamos a un mes de vacaciones de verano y estoy contando los días para poder tener más tiempo para mis historias.

Espero les haya gustado este lemonoso capítulo, ya saben que este fic es así, sin romances, sin ositos de peluches ni promesas.

Mi pareja favorita goza de su sexualidad y sin reservas.

Anímense y déjenme sus preciados reviews, amo leerlos.

Desde Chile una fanática más de Ranma.

Sweetsimphony._