DIA 3: BAJO LA LLUVIA

2.- Caprichosa

Asta x Noelle

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La fuerte lluvia los golpeaba y la oscura noche dificultaba su visión.

― ¡Oye, date prisa! ― Exclamó Noelle sujetada de los hombros de Magna.

El aludido controló su adorada motocicleta, la Crazy Cyclone. ― ¡Eres tan escandalosa Princesa, déjame hacer mi trabajo! ― Respondió bajo el casco.

La chica frunció el ceño. Pero ya no dijo más, después de todo lo que menos quería era provocar un accidente.

Tardaron un par de minutos cuando llegaron al punto de reunión del club de Beisbol de la Academia Clover. Estaban a punto de partir hacia su viaje a la Ciudad vecina para el torneo anual; sin embargo antes de eso, la muchacha tenía un asunto pendiente con el chico bajito de cabellos cenizos y hermosos ojos verdes.

Y al parecer era algo que no podía esperar.

Magna estacionó la motocicleta en un techo cercano y la apagó.

Noelle no perdió tiempo y se bajó entregándole el casco. ― ¿Me esperarás? ―

El chico bufó. ― Por supuesto que sí, Yami-san me encomendó una misión y la terminaré ―

Una gotita de sudor resbaló por la cien de ella. ― Sabes que con sólo papel de baño es feliz ¿cierto? ―

La señaló molesto. ― ¡Insolente! Que sea tu padre no es manera para… ―

Pero la peli plata le cortó su discurso. ― Bla bla… Ahorita regreso ― Y salió corriendo, ajustando su impermeable rosado contra su cuerpo, para que la lluvia no la mojara aún más.

Un montón de silbidos y cuchicheos inundaron el lugar, cuando todos los chicos del club repararon en su presencia. Le tenían mucho aprecio y que estuviera ahí significaba un espectáculo asegurado. Después de todo, era la hija adoptiva de Yami Sukehiro, el dueño del popular restaurante los Toros Negros y la novia de su Capitán, Asta.

― Qué fastidio ― Murmuró intentando ignorarlos, para nada le gustaba ser el centro de atención. Movió su cabeza en varias direcciones buscando a su novio.

― ¿Noelle? ― Giró, y lo vio al pie de los escalones del autobús. Sonrió feliz.― ¿Qué haces? Te vas a enfermar ― Se sacó la chaqueta del equipo y se apresuró a llegar a ella para cubrirlos a ambos en una especie de sombrilla improvisada y alejarla unos pasos, pero la joven lo sujetó de la playera para que no avanzara más.

― Tranquilo… estoy bien ― Musitó visiblemente sonrojada ante su caballeroso gesto.

Asta alzó la vista. ― ¿Quién…? ―

Sabiendo a que se refería, respondió. ― Oh, Magna me trajo ― Señaló un árbol cercano donde el chico de mechas moradas se apresuraba a limpiar los faros de su moto. ― Papá lo obligó ― Añadió con diversión encogiéndose de hombros.

― Eres todo un caso ― Comentó sonriendo de lado, la chica echó su cabello hacia atrás en un gesto pretensioso. Era demasiado caprichosa cuando se lo proponía.― De todas maneras es muy tarde ¿Qué haces aquí, y luego con este clima? ―

Ahora ella bajó la vista, sujetándose con firmeza a su impermeable para darse valor. ― Lo sé… Nos despedimos hace rato pero… ―

Él ladeó la cabeza con confusión. ― ¿Pero…? ―

Víctima de la descarga de adrenalina que absorbió su ser, Noelle enredó sus manos en el cuello masculino y atrajo su rostro en un hábil movimiento para poder besarlo en los labios. Aquella acción lo tomó desprevenido que no correspondió.

― Es para la buena suerte… ― Murmuró la peli plata con la vista en el pecho del chico, intentando que su rubor disminuyera. Sin embargo, después de salir de su trance, Asta acercó su mano libre al mentón femenino y lo alzó para besarla de nuevo, ésta vez con más entusiasmo.

Ahí estaban los dos, en medio de la lluvia, con una chaqueta encima de sus cabezas, besándose cómo si no hubiera mañana.

Los gritos de vitoreo y silbidos invadieron nuevamente el ambiente. Noelle fue la primera en separarse y escondió su rostro en el pecho de él. Sus acciones le cayeron como un balde de agua fría, más fría que aquellas gotas que caían del cielo y ahora disminuían su intensidad.

Asta sonrió y la abrazó contra sí. ― ¡Hey, el espectáculo terminó, todos al autobús! ― Ordenó, mirando cómo sus compañeros le sonreían con complicidad pero acataban su indicación, después de todo era el Capitán del equipo.

Estando solos de nuevo, palmeó la espalda de su novia para hacerla reaccionar. ― Eres una princesa bastante atrevida, lo sabías ¿verdad? ―

Sonrojada le golpeó el hombro. ― Tonto… ―

Soltó una carcajada y empezaron a andar para conducirla hacia Magna. ― Vamos, es hora… Si no nos enfermaremos los dos ―

Se separó y asintió. ― Gana el torneo, ¿de acuerdo? ―Pidió alzando su puño.

El cenizo sonrió e imitó su gesto, chocándolo con ella. ― Tú mandas ― Retiró la mano y se acercó para colocarle el gorro del impermeable.

La Sukehiro desbordaba genuina felicidad. Después de todo, siempre lograba lo que quería, y ni siquiera una lluvia podía detenerla.