DIA 4: CUMPLEAÑOS

4.- Diferente

Asta x Noelle

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Asta se sintió extrañamente incómodo; Cómo si lo observaran, así que lentamente abandonó la tierra de los sueños y abrió sus ojos verdes, encontrándose con unos pequeñitos de color miel.

― ¿Alice? ― Murmuró somnoliento no muy seguro de lo que veía.

― Hola Papi ― Saludó la niña sonriente en medio de la oscuridad de la habitación matrimonial.

Se talló los ojos y se enderezó recargando su brazo oscuro sobre su mejilla. ― Princesa, es muy tarde… ¿qué sucede? ― Susurró.

Ahora se sintió ligeramente avergonzada, y ya no dijo más. Entendiendo aquello, Asta se sentó en el colchón. ― A ver… ven aquí ― Estiró los brazos para poder levantar a la niña y sentarla en una de sus piernas.

Hace apenas un año que la adoptaron, aún era muy tímida, pero no podía negar el hecho de que su pecho se calentaba como la primera vez que la escuchó llamarlo Papá y no Asta-san.

― Oh, tu mamá no está ― Recién reparó en el hecho de que esposa no estaba recostada a su lado. Lo atribuyó a quizás había ido a la cocina por un vaso de agua, así que no le dio mayor importancia; encendió una lámpara del mesón y se volvió a su pequeña castaña. ― Entonces… ¿qué sucede Alice? ―

La niña de siete años jugueteaba con un pedazo de papel entre sus manos, infló sus mejillas y después dejó salir el aire contenido. ― ¡Feliz cumpleaños Papi! ― Exclamó extendiendo aquella hoja, mostrando un infantil dibujo en crayones.

Parpadeó confundido. ¿Tan de madrugada era? Tomó el dibujo en sus manos con una sonrisa. ― ¿Qué tenemos aquí? ― En los garabatos de colores se apreciaba su figura, Noelle, Ryuga y ella tomados de las manos, y arriba, volando en sus cabezas, el pequeño Liebe. Hasta abajo, con los mismos crayones estaba escrita la oración, "Te amo papá, gracias por mi familia", en letras torcidas, pero entendibles.

Su corazón se estrujó. Estaba demasiado conmovido.

― Mamá me dijo que era tu cumpleaños ― Empezó a decir bajito. ― ¡Quise ser la primera! ― Exclamó alzando sus bracitos, sus ojitos se abrieron con preocupación al ver los verdes de su padre con un brillo extraño. ― ¿Papi, qué...? ―

El cenizo tiró de ella para envolverla en sus fuertes brazos, en un intento por calmar su emoción y sus acelerados latidos del corazón.

Dioses, ¿qué hizo para merecer esto?

― Gracias Alice… te amo tanto mi niña ―

La castaña se emocionó y disfrutó del calor familiar que irradiaba aquel hombre de imponente figura, pero que en casa era toda ternura.

Todos sus cumpleaños eran diferentes, pero en lo que no desvariaban era en el hecho de que estaba rodeado de gente que lo amaba y tal parece que se sumaban más y más.

Era un hombre bendecido con grandes compañeros y amigos y por supuesto con una maravillosa familia.

― ¡Vaya! ¿Misión cumplida? ― Interrogó Noelle entrando a la habitación con Ryuga en brazos, quien se fregaba los ojitos para despertar y estar al tanto de la situación.

Alice se separó y asintió sonriente. ― ¡Misión cumplida mamá! ―

Asta dejó salir una risilla. ― Me han pillado desprevenido totalmente ― Confesó, ante la sonrisa burlona de su esposa.

Noelle le pasó al niño, y éste no tardó en golpearle las mejillas para llamar su atención. ― ¿Pa? ― Sonrió ahogando un bostezo al reconocerlo. ― Cumpleaños… feli… ― Murmuró atropelladamente, apenas y podía mantener los ojos abiertos.

El cenizo se echó a reír y besó la cabeza ceniza del menor. ― Gracias campeón ― Pudo sentir el brazo de su mujer en su hombro y la miró.

― Muchas felicidades Rey Mago ― Comentó divertida, inclinándose para darle un beso en los labios. Se separaron. ― Feliz cumpleaños a mi querido esposo ― Lo besó de nuevo y él sonrió. ― Felicidades al padre de mis tesoros ― Un tercer contacto los emocionó ambos.

― Qué afortunado que soy, Capitana ― Comentó con picardía.

― Por supuesto ― Y de nuevo cargó a su hijo menor, quien ya estaba dormido. ― Bien, deberíamos seguir el ejemplo de Ryu ―

Unos gruñidos alertaron a la familia. Alice levantó las sábanas. ― ¡Tío Liebe! ― Exclamó.

El pequeño ser babeaba mordisqueándose su dedo pulgar mientras mascullaba cosas como "es una galletota", "nadie me roba mis tesoros".

Asta negó sonriente. ― Ese tonto… ― Y lo tomó en brazos para subirlo a su cabeza.

Noelle sonrió acomodándose en la cama, colocando a Ryuga en medio e invitando a Alice a que hiciera lo mismo.

Esa noche especial, los cinco compartirían cama.

― Mañana tendremos que viajar muy temprano a Hage ― Anunció el padre de familia, tapando a todos con la colcha. ―… Yuno y Charmy vendrán a celebrar también ― Después de todo, también era el cumpleaños del peli negro y habían mantenido la tradición de festejar todos juntos en la aldea que los vio crecer.

― Será muy entretenido entonces ― Declaró la peli plata con burla, imaginándose volver a ver a sus amigos de los Toros Negros y el desastre que definitivamente ocurriría con su presencia.

Una hora más tarde, Asta no había podido volver a dormir y en silencio observaba a su precioso presente; su sueño de convertirse en Rey Mago lo llevó por diversos caminos y se sentía dichoso de poder disfrutar de algo tan cálido y hogareño como esto.

― Los amo… ― Susurró.