DIA 5: CAFETERÍA
5.- Cuenta saldada
Yami x Charlotte
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Antes de ingresar a la cafetería, Charlotte peinó su dorado cabello con sus dedos en un gesto rápido y hábil. Estaba demasiado ansiosa, ese pescador era impredecible y cualquier acción o cosa que saliera de su boca no podría interpretarla y terminaría saliendo corriendo muy muy lejos de él.
Así habían sido las cosas entre ellos desde la escuela secundaria y aun así, a pesar de su actitud bruta y densa, ella se enamoró de él.
Llevó sus manos a la correa de su bolso, respiró profundamente contando hasta cinco, dándose ánimos e ingresó al local. Total, fuera lo que fuera tenía que enfrentarlo.
Sus ojos azules escanearon el lugar que sin bien no estaba lleno, no podía localizar al hombre.
― ¡Charlotte-san! ― El grito infantil llamó su atención y dirigió su mirada a donde una niña peli plata venía hacia ella, agitando una manita.
Sonrió con ternura. ― Pequeña Noelle ― Murmuró a modo de saludo.
― Ven, papá está por aquí ― La tomó de la mano y la arrastró con ella. En todo ese momento, la rubia no perdió la sonrisa y se dejó guiar.
Bueno. Al menos no estaría sola.
Cuando llegaron al lugar, Noelle se sentó despreocupadamente. Pero la mujer no podía decir lo mismo.
¿Dónde diablos estaba Yami?
La menor bebía tranquilamente una malteada de chocolate.
― Ese pedazo de imbécil ― Pensó con molestia. ― ¿Dónde…? ―
La niña dejó de beber, mostrando un tierno bigote oscuro. ― Está superando sus límites… o algo así dijo ― Comentó restándole importancia. Una vena saltaba de la sien de Charlotte, conteniendo su ira ante la irresponsabilidad del peli negro. ― ¡Oh, ahí viene! ― Señaló la espalda de la mujer.
― ¡Wow! Sí viniste… ― Dijo aquella voz masculina. Los nervios quisieron apoderarse de la Roselei, pero el enfado era mayor esta vez. ― Hey, enana… ve a jugar por allá ―
Se empinó el vaso con el resto de la bebida y con una servilleta se limpió. ― ¡Oki! ― Exclamó dando un salto para ir al área de juegos de aquella cafetería.
Luego de verla desaparecer, Yami ocupó el lugar. ― Te vas a cansar de estar ahí ― Acotó, señalando con una mirada el asiento frente a él.
― ¿Cómo te atreves a dejar sola a Noelle mientras vas al baño? ― Cuestionó, pero aun así se sentó. ― Pudiste esperar a que llegara ―
El hombre dejó salir una risa. ― Nadie aquí la va tocar ― Aseguró, descansando una de sus manos sobre un bate de beisbol de metal que tenía guardado a un costado.
Ella bufó, odiaba darle la razón. Para bien o para mal, Yami Sukehiro se había hecho de renombre entre la Ciudad; el extranjero revoltoso que adoptó a una niña peli plata.
― No deberías tentar al mal ― Aconsejó ya más tranquila.
― ¿Te preocupamos, Reina Espinosa? ― Alzó una ceja con clara confusión.
― Me preocupa Noelle; y no me llames así ― Corrigió, intentando que su voz no se quebrara. De pronto, un mesero le trajo una taza de café. ― Eh… yo no ordené… ―
― Déjalo ― Ordenó Yami mirando al joven quien obedeció y se retiró. ― Yo lo pedí para ti ― Respondió ante la duda en el rostro de la mujer.
Charlotte observó la taza humeante con ojo crítico y desconfiado. ― ¿Qué tramas? ―
Sonrió y se recargó en su asiento levantando las palmas de las manos. ― Ningún truco mujer ―
Aún tenía dudas, pero terminó sorbiendo el líquido con delicadeza. Ciertamente era muy delicioso, parece que decía la verdad.
― Está muy rico ― Murmuró con la taza a la altura de sus labios.
― Me alegro, es lo mínimo que puedo hacer ―
― ¿Ah? ―
Gris y azul se encontraron. Sólo que los primeros la veían de manera profunda, un brillo particular salía de ellos.
― Salvaste a Noelle ― Expresó, segundos después. Charlotte terminó de bajar la taza y se quedó pasmada. No esperaba que ese tema volviera a relucir. ― Mi vida no alcanzará para pagarte… ―
― No digas esas cosas ― Murmuró todavía desconcertada por su repentino cambio de tema y lo serio que se veía al respecto. Bueno, era de Noelle de quien estaban hablando; desde que esa niña ingresó a su vida, algunos aspectos en el hombre cambiaron.
Había visto su desesperación aquel día que la niña enfermó.
¿Cómo puedes cobrarle a un padre la preocupación por sus hijos?
Dejó que le pagara los gastos médicos, porque era un terco. Creyó que con eso la cuenta estaba saldada, pero tal parece que ese peli negro era más orgulloso de lo que pensó.
― Sé que un café no compensa… ―
Nuevamente lo interrumpió, extendiendo su brazo para tocar la mano de él por encima de la mesa. Fue un impulso poderoso y se obligó a calmar los latidos de su corazón.
― Es más que suficiente, gracias por invitarme Yami ― Y se alejó.
El Sukehiro sonrió, haciéndole una señal al mesero dando por terminado el asunto. ― Me alegra contar contigo Charlotte ― Quizás no era mala idea disfrutar un poco de esa bebida con su rubia favorita.
― Siempre me tendrás, tonto ― Fue lo que quiso decir. Pero se dedicó a sólo sonreírle.
Esperaba pronto poder honesta con él.
La pobre ignoraba el hecho de que tenía más oportunidad de la que creía.
