DIA 8: BAILE LENTO
8.- Abrir los ojos
Asta x Noelle
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Sus ojos verdes se abrieron, mostrando genuino asombro. Sonrió ampliamente observando lo colorido de aquella celebración.
Luces por todos lados, pero a diferencia del Festival de las estrella del Trébol, aquí todo se veía más elegante. Movía su cabeza de un lado a otro, estaba demasiado emocionado, lleno de mucha energía.
― ¿Te diviertes, Bakasta? ―
El chico asintió sonriéndole a su compañera de cabellos plateados. ― ¡Todo esto es genial! ― Trotó en su lugar con impaciencia. A manera de agradecimiento y para festejar la victoria, la Reina Lolopechika ofreció una fiesta en su adorado Reino; a pesar de haber vivido en ese lugar por varios meses, esta actividad era ajena a cualquiera cosa que hubiese visto antes.
Noelle negó con diversión. ― No tienes remedio ―
De pronto, el ritmo de la música cambió. Ya no era alegre ni estridente, más bien era suave y de melodías alargadas y lentas.
― ¿Oh? ― El cenizo se dio cuenta que las personas se dispersaban, algunas se reunieron en parejas y se tomaron de las manos para empezar a bailar ese nuevo estilo de música. Estaban muy cercas unos de otros y casi no avanzaban, sólo se balanceaban de un lado a otro.
La Silva dirigió su mirada a dónde su compañero quedó pasmado. ― ¿Eso? Es un baile lento … En los banquetes de las familias reales se realizan, por lo regular nunca participo ― Explicó, encogiéndose de hombros al final. Pero el chico a su lado parecía aún más curioso con la información obtenida.
Se sonrojó ante el pensamiento que fugazmente atacó su mente.
Le gusta Asta.
Esa era la verdad absoluta.
En su momento de revelación no supo cómo reaccionar, incluso después de la batalla contra la Tríada Oscura evitaba al muchacho de cabellos cenizos, pues sentía que cargaba con una etiqueta en la frente con la frase "me gusta, Asta" y lo que menos quería era que él se enterara, al menos por ahora; quería llevar las cosas a su ritmo, sin embargo también sabía que tenía que empezar a ser más expresiva para que se notaran las intenciones, que sus acciones le dejaran entre ver al susodicho que le importaba más allá de un mejor amigo.
Y para lograr todo eso, debía tomar riesgos.
Ir decidida hacia lo que quería.
La visión de Asta se vio bloqueada por la mano de Noelle. Se giró a ella, quién mantenía un ligero tinte rosa en sus mejillas. Quizás tenía frío, imaginó ridículamente.
― Que no participe no quiere decir que no pueda bailar ― Lo miró, insistiéndole con la mano extendida. ― ¿Quieres intentar? ― Ofreció, sin titubear.
La mirada verde se expandió. Hace rato que no pasaba tiempo con la peli plata, honestamente la echaba de menos, le parecía de lo más natural tenerla a su lado; a pesar de que sus poderes aumentaran de manera descomunal ante los recientes eventos, seguían siendo los novatos de los Toros Negros, de manera simple podía decir que Noelle Silva era su mejor amiga. Después de la batalla eso cambió, al menos todavía lo mandaba a volar con su magia de agua y estaba internamente agradecido por ello, de lo contrario estaría enserio preocupado por ella.
Sonrió, mostrando su blanca dentadura. Abandonó sus pensamientos y decidió divertirse con la joven. Le sujetó la mano y la sintió temblar cuando entraron en contacto.
A pasos lentos pero firmes, ambos se condujeron a la pista. Evitando que su vergüenza tomara el control, Noelle instruyó a Asta la forma en que debían sujetarse. Sus manos entrelazadas, una de ellas tocando su cintura y la suya sobre el hombro masculino, gracias al cielo portaba un traje (pantalón y camisa oscuros, elegantes pero frescos), escaparía sí su mano entrara en contacto con su piel. Ignorando el escalofrío que la recorrió ante el toque prolongado sobre su cuerpo, echaron andar de izquierda a derecha, suavemente siguiendo la melodía de fondo.
¿Desde cuándo se volvió alto?
El verde y rosa casi chocaban entre sí de no ser porque él miraba al suelo para no pisar a su amiga.
― Nada mal, Bakasta ―
― ¿Tú crees? ―
― Sí vas a ser Rey Mago debes acostumbrarte a estos eventos ― Le recordó tranquila.
Esa frase hizo click en la mente del joven.
Ahí iba de nuevo.
Esa chica que era una princesa, poseedora de una magia inigualable le daba su apoyo y confianza a él y a su sueño. Alzó la mirada y sintió que un velo desaparecía de la misma.
― Cuento contigo, Noelle ―
Ella sonrió. ― Claro que sí… ― Y sus labios se expandieron dejando ver sus pequeños y perfectos dientes.
La garganta de Asta se secó.
¿Por qué Noelle estaba brillando?
Parpadeó un par de veces y se obligó a tragar saliva o de lo contrario se ahogaría. Noelle Silva era una joven bonita, eso se sabía de sobra. Pero por alguna extraña razón, justo hoy se dio cuenta que su mejor amiga en realidad era muy bonita.
Ese sencillo vestido azul claro, como el agua, la hacían ver increíble, su cabello plateado resaltaba al igual que sus ojos rosas.
¿Por qué apenas se percató del vestido?
¿Su cabello siempre fue así de largo y brillante? El impulso de pasar sus dedos por aquellas hebras plateadas, se apoderó de él; estaba libre de las coletas, por lo que la acción sería más fácil de realizar.
― ¡NO! ― Exclamó en su mente, deteniendo sus inusuales pensamientos. ― La hermana Lily… ―
No era correcto.
Noelle era su preciada compañera. No estaba bien verla de otra forma, sería raro; Además él amaba…
― ¡Hey, Asta te estás quedando atrás! ― Exclamó ella dejando salir una risita al ver que su compañero casi se resbalaba. ― ¿Estás bien? ― Pidió todavía sonriente.
Que lo llamara por su nombre provocó que su pecho se empezara a calentar, se sentía un poco sofocado, pero incluso así no quería alejarse.
El sonido de su risa desconectó su cerebro. Eran pocas veces que la escuchaba reír, pero así de cerca todo era tan diferente.
Se enderezó y volvió a tomar posición. ― Estoy bien… sigamos ―
No arruinaría el momento con sus cavilaciones sin sentido.
― Estás muy bonita esta noche, Noelle ―
El rostro femenino por completo cambió de color y le lanzó un puñetazo. ― ¡No digas esas cosas tan a ligera, tonto! ―
Se soltó a reír, ignorando el dolor de su hombro.
Sip, todo estaba igual entre ellos.
Pobre tonto, ese baile sólo era el inicio de que sus ojos se abrieron finalmente.
