DIA 9: BESO EN LA FRENTE

9.- Pequeños gestos

Asta x Noelle

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Lentamente su subconsciente abandonaba la tierra de los sueños y al mismo tiempo sus ojos se comenzaron a abrir, adaptándose a la luz de aquella blanca habitación.

― Al fin… ―Murmuró con alivio una voz a su lado.

Aun con su mirada entrecerrada, movió su cuello lentamente hacia la voz. ― Hey... ― Saludó en un murmullo ronco, al reconocer a Asta.

El aludido sonrió. ― Bienvenida, Noelle ―

Ya más despierta, agregó. ― ¿Tan mal nos fue? ― Pidió en un tono de voz más claro, notando que el cenizo tenía vendado su brazo oscuro y el rededor de la cabeza, además de cortes en el rostro.

― Sí, algo así… ven te ayudo ― Agregó al ver que ella tenía intenciones de sentarse. Le tendió su mano libre y la ayudó con delicadeza.

― Duele... ― Se quejó bajito, dándose cuenta que una gruesa venda atravesaba parte de su abdomen. Ya recargada en el respaldo de la cama se percató que su pierna izquierda también estaba envuelta de la rodilla hasta casi llegar al tobillo. ― Qué horror ― Finalizó dejando salir un suspiro.

― Esos hechizos tuyos cada vez son más locos ― Declaró con notoria molestia.

Ella cerró los ojos. ― ¿Estás diciendo que estoy loca? ―

Asta estaba al borde de la exasperación. ― ¡Sí, estás loca Noelle! ―

― Bueno, ya somos dos… ― Respondió sonriendo de lado, aun sin mirarlo.

Desde que se habían vuelto caballeros mágicos, sus vidas estaban en riesgo 24/7, era algo que sabían de sobra. El futuro era impredecible, la muerte los acecha en cada oportunidad, pero aun así no se dejarían derrotar tan fácilmente, aunque existiera la mínima posibilidad de ganar, siempre darían su máximo esfuerzo.

De todos modos eso no excluía que se preocuparan por el bienestar del otro y de ser necesario darían la vida por la persona que les importaba.

Lo escuchó suspirar con resignación. Tal parece que ninguno de los dos tenía ganas de discutir esta vez. A fin de cuentas estaban vivos, que era el punto.

Planeaba sacar otro tema de conversación, cuando la mano de él apartó su flequillo y segundos después el suave tacto de los labios masculinos impactó en su frente.

Su cerebro dejó de funcionar. Y su corazón se saltó un latido antes de empezar a bombear con más velocidad.

Abrió los ojos, teniendo cerca el rostro de él, quien no terminaba por romper aquel roce. Sus mejillas y sus orejas cambiaron a carmesí. El aleteo de las mariposas invadió su estómago como si fuese una chiquilla de diecisiete años.

Casi una eternidad después, Asta se apartó y le sonrió con su inusual brillo en sus ojos verdes.

― Nunca dejas de sorprenderme ― Dejó salir una risita orgullosa. ―Siempre lo diré…eres tan asombrosa, Noelle ―

Ella formó un puchero, evitando sonreír. ― Tonto… ― Él simplemente disfrutó de la reacción femenina, acariciándole ahora la mano sobre la cama.

Y en el interior, Noelle se sentía soñada, después de todo ¿qué era mejor que ser mimada por tu esposo?