DIA 12: ANILLOS DE PROMESA

12.- Sembrando sueños

Yuno x Charmy

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― ¡Gracias, vuelva pronto, la! ― Exclamó Charmy con entusiasmo después de despedirse de un cliente. Viéndose sola de nuevo en aquella pequeña cafetería, el gesto de la peli negra cambió a uno triste.

Suspiró y se dio la vuelta, recargándose sobre la barra. Desabotonó el primer botón de la camisa verde oscuro que usaba y extrajo una fina cadena con una argolla al final.

"Espera por mi… ¿de acuerdo?"

Sonrió sin mucho ánimo, admirando la pieza redonda entre sus dedos. Claro que lo esperaría el tiempo que fuese. Sólo que ahora ambos estaban concentrados en concretar sus propios sueños, antes de empezar a compartirlos juntos, como pareja y quizás en un futuro no muy lejano, como marido y mujer.

Confiaba en él. Además mantenían comunicación diario, no era igual a tenerlo cerca para poder abrazarlo y besarlo, pero con sólo verlo, incluso si fuera a través de la pantalla de su celular, le sobraba y bastaba para no rendirse y seguir adelante.

Sonrió enamorada y con recobradas energías, besó la fina argolla y la volvió a guardar en su escote.

― ¡Charmy, ayúdame aquí por favor! ―

― ¡Ya voy! ―

A varios kilómetros de ahí, en otra ciudad para ser precisos, Yuno leía con concentración absoluta un enorme libro de economía empresarial. Sobó el puente de su nariz antes de girarse a su laptop abierta y empezar a escribir un nuevo documento.

Sus dedos se movían ágilmente sobre las teclas. Segundos después de escribir el primer párrafo de su informe se detuvo al observar la argolla brillar en su dedo.

Sonrió con evidente ternura. Algo impropio de él, pero cuando se trataba de Charmy Pappitson, todo en él se volvía diferente.

Se alejó de la laptop y se permitió unos minutos para recargarse en su silla giratoria y pensar en su adorada novia de ojos verdes.

Recordaba cómo años atrás ella fue la que tuvo el valor de confesársele, y así empezaron una relación, una muy extraña a los ojos de los demás, pero que para ellos era más qué perfecta.

Charmy hacía mucho por él, el hecho de apoyarlo a que regresara a su ciudad natal para encargarse del negocio familiar significaba demasiado, así que ahora él fue quien decidió dar el siguiente paso.

Anillos de promesa creaban el peso necesario que quizás con palabras no alcanzaría a expresar, le pareció la idea más apropiada. Cuando su trabajo diera frutos regresaría y cambiaría esas alianzas y podían incluso empezar a vivir juntos.

La idea de verdad lo emocionaba. La quería en su futuro.

Acarició la alianza con sumo cuidado. Le había pedido que esperara, entonces tenía que esforzarse el doble para que la espera no fuera tan larga.

Nuevamente estiró sus manos al teclado de la computadora y echó manos a la obra. Después de todo, el Restaurante soñado de Charmy no se iba a levantar solo.