DIA 14: A CEPILLA EL CABELLO DE B

14.- Simple

Asta x Noelle

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Asta salió del baño, usando unos pantaloncillos para dormir y una toalla en su cuello, la cual utilizaba para secar su cabello. A paso lento se encaminó a la habitación que compartía con su esposa, a quien encontró frente al tocador con una sonrisa.

― ¿Noelle…? Lo siento... ¿te desperté? ―

Ella negó suavemente. ― Descuida, ¿te ayudo con eso? ― Preguntó, señalando con una cabezadita, el cabello húmedo.

El hombre sonrió y asintió. Se dejó caer sobre el pequeño banquito frente al tocador y Noelle tomó un cepillo para empezar su labor.

Asta cerró los ojos, dejando que su mujer lo mimara de esa forma tan simple pero tierna. Después de todo eran una pareja que disfrutaba de las cosas sencillas y con lo reservada que podía ser ella a veces, qué mejor que aprovechar cuando sacaba ese lado expresivo.

― Parece que me extrañas en el frente de la batalla ― Comentó ella, pasando el cepillo con suavidad por aquellos rebeldes cabellos grises.

― ¿Tan mal me veo? ― Pidió él de vuelta, abriendo un ojo para verla por encima, con un gesto burlón.

Noelle se encogió de hombros. ― Tú lo dijiste, no yo ― Los dos se rieron por lo bajo. Y él volvió a cerrar el ojo hundiéndose en la sensación cosquilluda en su cuero cabelludo.

Pero ella tenía razón, estaba muy cansado física, mental y emocionalmente; su sueño para ser Rey Mago ya no estaba muy lejos de cumplirse; pero eso sólo significaban tareas extras, sobre todo en el ámbito de la cultura, la política y el estudio del Reino del Trébol.

Años atrás inocentemente creyó que sólo era convertirse en el más fuerte y obtener el título. Pero a final de cuentas había protocolos qué seguir, por muy aburrido qué fuese, debía esforzarse.

Había misiones que no podía rechazar, a veces eran fáciles y otras regresaba bastante mallugado; y lo que menos quería era preocupar a Noelle, además de que Liebe también estaba resintiendo el exceso de esfuerzo anti mágico.

― ¿Entonces…? ― Pidió la mujer, dejando la actividad para mirarlo curiosa a través del espejo.

El cenizo abrió los ojos abandonando sus reflexiones y le sonrió por el reflejo. ― Tranquila, estoy bien… ―Tomó su mano por encima de su hombro y la estiró al frente para poder besarla. Se veía tan bonita, especialmente éste último tiempo. ― ¿Cómo está el bebé? ―

Noelle sonrió ampliamente y se llevó su mano libre a su vientre hinchado de cinco meses. Lo frotó con profundo cariño por encima de su camisón lila. Su marido observó aquella acción por el espejo y se sonrojó como un niñito.

Su mujer era supremamente preciosa.

Y no podía exponerla en su estado, por eso desde que se enteraron de su embarazo abandonó el campo de batalla y se dedicaba al papeleo de la Casa Silva.

― Está muy tranquilo, pero creo que le gusta más cuando estás cerca ― Comentó. ― Deberíamos pensar en un nombre, pronto ― Sugirió. Asta asintió estando de acuerdo. Y después ella volvió a la tarea de cepillarlo. ― ¿Sabes? Espero herede tu color de cabello ― Murmuró.

Él sonrió con más ánimo. ― Espero que sí… ― Aunque realmente no le importaba, ese bebé era un pedazo de Noelle y él mismo y con eso era suficiente.