DIA 21: PELEA Y DISCULPA
21.- Empezar de cero
Asta x Noelle
.
.
La lluvia arreció, y unos relámpagos iluminaron la base de los Toros Negros, estremeciendo a sus habitantes.
Grey tembló en su lugar, con una sábana encima de su cabeza. ― Es-esto es muy malo ―
Vanessa a su lado, observando la ventana, asintió. ― Lo sé, ya es muy tarde ―
― Deberían quitarse de la ventana, podrían salir volando ― Advirtió Magna llegando a ellas.
La peli rosa se giró al chico. ― Estoy muy preocupada, Noelle no ha regresado ― El gesto de Magna cambió. ― Deberíamos salir… ―
― ¿QUÉ? ― Pronunció una segunda voz masculina.
A varios metros de ahí, refugiada en una saliente cercana, Noelle hacía muecas de dolor sujetándose el tobillo, que para estas alturas permanecía hinchado.
― Ugh, rayos… ― Musitó en un intento de apaciguar el dolor. Estaba toda empapada y el clima no tenía señales de cambiar. Además de que con esa torcedura no podría avanzar tres pasos sin que el dolor la tirara de nuevo al suelo.
Sin poder evitarlo más, las lágrimas se acumularon en sus ojos rosas. Hace tanto tiempo que no lloraba, pero sentía que el peso de los últimos acontecimientos sumado a esto, por fin la había sobre pasado y se sentía sin salida.
― Soy tan tonta ― Musitó empezando a sollozar bajito. Tallaba sus ojos pero más lágrimas salían. Estaba muy triste.
― ¡NOELLE! ―
Se asustó y miró en todas direcciones hasta que divisó aquel cabello cenizo, acercándose.
― ¡NOELLE! ― Gritó, utilizando sus manos cómo megáfono para hacer eco entre el bosque. Finalmente su mirada conectó con la rosada de la chica de la realeza. ― ¡Noelle! ― Corrió y se hincó rápidamente frente a ella. Suspiró en alivio. ― Estás a salvo… genial ― Murmuró más para sí. Desde que escuchó la charla de Vanessa, sus instintos actuaron por él y salió corriendo desesperado sin paraguas o compañía en búsqueda de la niña de ojos rosas.
― ¿Asta...? ― Pidió ella aún sin creer que él estuviera ahí.
― ¿Qué pasa? ¿Te duele algo? ― Intentó acercarse para tomarla de los brazos y sacarla de ahí, pero la joven dio un respingo y con su trasero se empujó hacia atrás lejos del alcance del niño.
― Vete, Asta ― Dijo formando un puchero.
Esas palabras le dolieron, y su gesto decaído fue prueba de ello. ― Noelle, por favor… ―
Ella negó. ― Por favor, no quiero verte ― Bajó la mirada, nunca había llorado delante de él, pero estaba destrozada, ni siquiera podía verlo a la cara.
Aun hincado, Asta avanzó un paso. Le lastimaba verla de esa manera. ― No seas así, eres mi mejor amiga ―
― No, no es cierto… Soy una horrible persona, deja de ser amable conmigo, sólo déjame ¡AUCH! ― Exclamó con dolor en medio de su monologo y rápidamente su mano viajó a su tobillo para sobarlo con suavidad.
El cenizo observó aquello y se acercó, rompiendo la distancia que los separaba. ― ¿Qué sucede? ― Olvidándose por completo de las palabras de ella. Le tocó el tobillo. ― ¿Duele? ―
― ¡AUCH! ¡IDIOTA, CLARO QUE DUELE! ― Le gritó, dándole un puñetazo en el hombro.
Debido al empujón, el chico cayó sobre su trasero, quedando sentando. Sacudió su cabeza, soltando gotitas, que empaparon aún más la cara femenina. ― Esto es grave, vamos, hay que sacarte de aquí ― Le tendió la mano.
Pero Noelle se cruzó de brazos. ― No iré contigo, esperaré por Finral ― Anunció.
Asta frunció el ceño. ― No seas necia, Finral Senpai está de misión, te vas a resfriar ― Por fin le alcanzó una mano y empezó a tirar de ella suavemente, pero ella se quejó y la soltó creyendo que la había lastimado.
Volteó a verla, su ki gritaba lo triste que estaba y su cara lo demostraba. Un vacío se apoderó de su pecho, más específicamente en su corazón.
Suspiró, y se sentó en pose de indio dándole la espalda. ― Bien, entonces me quedaré a esperar contigo ―
Noelle se sonrojó, pero se cruzó de brazos. ― Haz lo que quieras ―
― Eso hago ―
Deseaba con todas sus fuerzas mandarlo a volar, por su insolencia. Pero decidió dejar el asunto por la paz.
Unos veinte minutos después, la Silva empezó a estornudar. Su tobillo estaba más inflamado que hasta se estaba poniendo morado. Y pequeños espasmos se apoderaron de su cuerpo.
El de ojos verdes, la observó de costado.
Había sido un mes bastante difícil desde que habían discutido.
Entendía que sólo se preocupaba por su bienestar, pero fue muy hiriente con la forma en que decidió expresarlo. Se dijeron cosas horribles, cosas falsas que no pensaban del otro.
Ella no era una chica hueca de la realeza. Era su mejor amiga.
Una chica valiente y de un corazón demasiado amable.
Y estaba seguro que la niña pensaba lo mismo. Sólo que ahora no encontraban la ocasión para disculparse. Por su ki, notaba lo arrepentida que se sentía, no la quería lejos.
Necesitaban arreglar ese malentendido.
― Te contradices totalmente ―
― ¿Eh? ― Pidió ella, medio adormilada.
Asta se giró para enfrentarla. ― Dices que yo soy un imbécil que se lanza sin pensar en los demás, en lo preocupados que pueden estar por mí ― La señaló. ― Y mírate aquí, haciendo un berrinche, exponiéndote de esta manera ―
Noelle enfureció. ― Idiota, no es lo mismo ―
― Ajá, claro cómo digas ―
― ¿Te burlas de mí? ― Cuestionó más irritada. ― ¡HEY! ¿QUÉ HACES? ¡SUELTAME! ― Cansado, y agradecido de que la lluvia había cedido por fin, se acercó para capturarla de nuevo en sus brazos y sacarla de esa mini cueva.
La peli plata no era rival ante la intensidad con la que él la miraba. ― Ya no te alejes ― Le pidió y ella enrojeció hasta las orejas. ― No eres una mala persona, quítate esa idea de la cabeza ― Comentó con cierta severidad. Y después sonrió de forma tenue. ― Gracias Noelle, por preocuparte por mí ―
― ¡Yo, no…! ―
La soltó y le tendió las manos de nuevo, esperando que ella voluntariamente lo siguiera. ― ¿Confías en mí? ―
Sus labios temblaron y sus ojos eran vidriosos por el llanto contenido. ¿De verdad quería empezar de nuevo?
Porque ella también quería, con todo su corazón. Lo había extrañado tanto, las cosas no eran las mismas sin él cerca. Le asustaba lo dependiente que se había vuelto de ese enano musculoso, pero era su mejor amigo.
Olvidando su orgullo, asintió débilmente y le tendió ambas manos. Asta sonrió, sujetándola y apretándolas con suavidad.
― Vámonos de aquí ― La soltó y le dio la espalda para que se subiera y así poder llevarla hasta la base. La peli plata enrojeció ante la propuesta silenciosa, pero decidió esconder su vergüenza y hacer lo que le ofrecía sin chistar.
Empezaron a andar de forma lenta. Noelle abrazada sutilmente al cuello masculino, mientras éste sujetaba suavemente los muslos de ella para que no se cayera.
La Silva estaba preocupada de que sus latidos del corazón fueran escuchados por quién la cargaba. Estaba muy nerviosa, pero al mismo tiempo se sentía muy segura.
― Lamento lo que dije el otro día, Asta ― Se abrazó un poco más a su cuello. ― No eres un egoísta... eres un chico asombroso ― Musitó más apenada qué nunca.
El de ojos verdes sonrió. ― Gracias Noelle ― La miró por encima del hombro. ― También eres una maga asombrosa ―
Ambos se sonrieron levemente y con honestidad. Estar separados no les funcionaba, sin embargo esa discusión les ayudó a entender la importancia que tenían el uno con el otro, gracias a eso por fin habían arreglado esas diferencias y seguirían trabajando juntos, como hasta ahora.
