DIA 22: MIRAR EL ATARDECER

22.- Metas

Asta x Noelle

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Los rayos anaranjados del cielo, anunciaban la llegada del atardecer. El rostro de Noelle mantenía un tono cálido y se sentía tan bien recibir esos últimos rayos del sol en su cara. Involuntariamente, un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas, pero estaba tan sumida en sus pensamientos que no se percató de ello.

― ¿Noelle? ―

Se giró ante el llamado, y sonrió de forma tenue. ― Hey… ―

El gesto de Asta cambió a uno de preocupación. ― ¿Qué sucede? ¿Todo bien? ― Pidió, acercándose con cautela a la joven, quien estaba sentada en el pasto, con las piernas flexionadas hacia su pecho.

Ella no entendía su preocupación, así que asintió. ― Claro, ¿por qué…? ― El cenizo la señaló, y así se dio cuenta que todavía tenía rastros de lágrimas. ― Ay… descuida, no es nada ― Se limpió rápidamente con el dorso de su mano.

Por fin se sentó a su lado. ― ¿Segura? ―

― Sí… ― Se abrazó a sus piernas, volviendo su vista al frente. ― Es bonito ¿no? ― Pidió.

Asta la imitó, imaginándose que se refería al atardecer, así que estuvo muy de acuerdo. ― Sí que lo es… ― Sonrió tranquilo. ― Después de pasar por mucha oscuridad y frío en La Pica… ― Señaló al frente. ― Esta vista es fantástica ―

Ella sonrió, mientras asentía contra sus rodillas. Segundos después suspiró. ― Pensaba en mi mamá… ― Añadió. El cenizo se volvió a ella en silencio esperando a que continuara. ―Después de tantos años… por fin podrá descansar ― Sus ojos se volvieron vidriosos. ― Aunque al final no fuera mi culpa… quisiera que estuviera aquí… ― Se encogió de hombros. ― Me pregunto si me observa ―

― Estoy seguro de que sí ― Se volvió al chico, que ahora tenía la vista de nuevo en el atardecer. El perfil de Asta se veía iluminado y el corazón de la niña dio un vuelco, pero lo disimuló muy bien. ― Y también estoy seguro que está muy orgullosa de ti ― La volvió a mirar y le sonrió ampliamente. ― Estuviste asombrosa allá atrás ― Se rascó la nuca. ― Bueno, siempre lo has sido ―

Noelle sonrió con mejor humor. ― Gracias… ―

― No hay de qué ―

La Silva negó. ― No. Enserio gracias, Asta ― Lo vio ladear la cabeza con confusión. ― En ese momento quería rendirme, pero después apareciste… ― Las emociones se congestionaron en su pecho ante los recuerdos y su sonrojo creció. ―… Enserio me salvaste ―

Los ojos de ambos brillaban de una forma distinta y aquellos tenues rayos del sol sólo intensificaban el tono verde y rosa.

― Siempre me tendrás ― Aseguró el niño, alzando un pulgar. ― Y… yo… ¿puedo contar contigo? ― Preguntó en un tono bajito, como si de repente sintiera pena.

Noelle alzó su palma derecha sonriendo. ― Claro que sí, Bakasta ― Entusiasmado con su respuesta, el chico chocó su mano con la de ella, sonriéndole del mismo modo.

Después volvieron su vista al frente, la noche finalmente estaba llegando y con ello las primeras estrellas.

La joven se sentía más tranquila, su meta de vengar a su madre estaba cumplida. Miró de costado al chico a su lado y sonrió; ahora tenía una nueva meta, ayudar a ese enano gritón, que además era quien le gustaba, a cumplir su sueño.