DIA 25: FUTURO

25.- Resplandeciente

Finral x Vanessa

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― Es todo tuyo… ―

Los ojos de Vanessa se humedecieron al procesar aquella frase. Miles de emociones se congestionaron en su pecho; felicidad, alivio, miedo, nervios… y otras más.

La sombra oscura que la acompañaba desde niña, desaparecía conforme pasaba más tiempo con aquel castaño taxista.

Él la salvó.

La esperanza empezó a albergar en su corazón y el deseo de que el futuro llegase fue más grande.

Su destino cambió automáticamente, era dueña de sus decisiones y había alguien a su lado dispuesto a seguirla y acompañarla en las buenas y en las malas.

Estaba enamorada de Finral Roulacase.

El aludido la miraba con un brillo travieso y una sonrisa pequeña, mientras le tendía aquellas llaves.

Sin mediar otra palabra. La peli rosa se lanzó a sus brazos, envolviéndose mutuamente con la mayor fuerza posible. Los espasmos empezaron a recorrer el cuerpo femenino a medida que las lágrimas aumentaban.

Enternecido con su reacción, sonrió para sí y le acarició con suavidad el cabello rosa, en un intento por calmarla.

Casi diez minutos después, el llanto cesó.

― ¿No te gustó? ― Interrogó él con una sonrisa, acariciándole las mejillas a la mujer, limpiando los restos de lágrimas.

Ella dejó salir una risa. ― Eres un tonto Finral Roulacase ― Sus mejillas ahora enrojecidas por la vergüenza. ― ¿Por qué…? ―

El castaño se acercó de nuevo sujetando en sus manos el rostro femenino. Estaba muy nervioso, pero por primera vez quería ser quién tomara la iniciativa. ―…porque te amo, Vanessa Enoteca ― Y la besó de manera dulce. Un roce bastante corto, pero suficiente para acelerar el corazón de ambos, como si tuvieran quince años.

Se sonrieron con complicidad, después de separarse.

― Entonces… ¿las quieres? ― Pidió nuevamente alzando las llaves.

Vanessa asintió emocionada y las tomó, llevándolas a su pecho. ― Muchas gracias Finral, no tenías qué… ―

Él le tomó la mano libre y besó el dorso de la misma, cual princesa. ― Quiero estar en tu futuro… y tu futuro está aquí ― Le dio una cabezadita a aquel bar abandonado.

La mujer miró al mismo lugar, y la nostalgia la invadió.

Recuerdos dolorosos, sus sueños quedaron atrapados ahí, y sus miedos más profundos se hicieron realidad todos esos años que se la pasó sirviendo a Yamato Irui. Pero por fin, gracias a Finral sería libre y juntos transformarían ese lugar y empezarían de cero creando recuerdos felices.

La felicidad de Vanessa casi era palpable. El chico estaba muy feliz con el resultado, verla de esa manera era la recompensa más grande que jamás hubiera tenido.

Le costó mucho convencer a su hermano Langris, que le ayudase con el papeleo de traspaso de propietario, después de que Yamato fue arrestado y condenado.

Las chicas volverían, pero un ambiente más sano y digno a cargo de la misma Enoteca, quienes la adoraban como a una hermana mayor.

― Y bien… ¿empezamos? ― Pidió ella tendiéndole la mano.

Finral sonrió asintiendo y sujetó su mano. Con prisa, ambos ingresaron al local para empezar a inspeccionarlo y realizar el listado necesario para ejecutar la nueva inversión antes de abrir al público.

Después de muchos años, el futuro se veía resplandeciente para ambos.