Disclaimer: Los personajes de Twilight son de Stephanie Meyer. La historia no me pertenece, esto es una adaptación.
Summary: La arrogancia del león no se define sólo por aquellos que manda, también reside en su pelo. Acostumbrado a dar órdenes, y que le obedezcan, no puede creer cuando un peluquero con tentadoras curvas corta un trozo de su preciosa melena. Pero su mayor error es huir de él. Corre lo más rápido que puedas, ratoncito, porque a este gato le encanta perseguir.
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Capítulo 1
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Edward
— ¿Qué quieres decir con que Billy no está aquí? — Edward no levantó su voz realmente, y sin embargo, todo el mundo en la peluquería lo escuchó y notaron su disgusto. Las cabezas se agacharon, las manos se ocuparon tijereteando y peinando, y nadie se atrevió a devolverle la mirada.
Si fueran shifters de león (1), habría dicho que era porque reconocieron su estado alfa —saluden al rey de la jungla de asfalto.
Pero éstos sólo eran seres humanos normales, personas fácilmente intimidadas por un hombre en un traje caro con una actitud autoritaria.
A excepción de una.
— El abuelo está en el oeste. — La respuesta de la mujer le hizo girar, y él inhaló bruscamente, captando algo más que el aroma particular de la barbería. Descubrió en ella una esencia que lo tentaba y despertó un hambre que no tenía nada que ver con la comida.
Huele delicioso. Para un humano.
Estando de pie a sólo apenas 5 pies y medio, la mujer alcanzaba apenas su barbilla. Ella no dejó que su estatura la disuadiera. Su cabeza inclinada. La barbilla levantada, casi desafiante, cuando se encontró con su mirada fija. Ojos castaños enmarcados por pestañas oscuras no vacilaron ante su mirada ambarina.
Alguien tiene espíritu.
Pero no tenía tiempo para explorar hasta donde llegaría su actitud y su valor. Había cuestiones más importantes que clamaban su atención. Como su pobre, melena lanuda.
— ¿Qué quiere decir que está en el oeste? Tengo una cita. — Las personas no cancelaban sus citas. Tampoco le hacían esperar. Las ventajas de estar en la cima.
— Mi tía Cecily tuvo un parto prematuro. Él se fue algún tiempo para conocer a su nuevo nieto. — Una excusa decente, pero aun así…
— Pero ¿qué pasa con mi pelo? — Eso podría haber sonado más lastimero de lo que le gustaría. Sin embargo, ¿quién podría culparlo? Estaban hablando de su preciosa melena que requería de un corte regular para que las puntas no crecieran desiguales, o, peor, puntas abiertas que arruinaran su apariencia.
Vanidad, uno de sus defectos, junto con la arrogancia y la falta de disposición a ceder.
— No hay necesidad de preocuparse, tipo grande. Estoy tomando las citas del abuelo mientras él no está.
— ¿Tu? — ¿Una muchacha, cortando su pelo? No podía dejar de reír, la idea demasiado ridícula para contemplarla.
— Lo siento. Yo no le veo la gracia.
— ¿No esperara en serio que confíe mi melena a una mujer? — El sexismo, vivito y coleando en el mundo de Edward, la culpa de las hembras que en su manada le habían criado. Sin mimos para Edward. No creían en dejarlo jugar con muñecas o explorar con otros. Su madre y tías, por no hablar de sus numerosas primas hembras, le habían enseñado a ser duro. No permitieron suavidad en su mundo, no cuando lo preparaban como futuro líder de su manada.
Él era muy masculino, todo el tiempo, y maldita sea, un hombre usa un barbero, no una peluquera. Incluso si ella era linda.
— Haz lo que quieras. Tengo más que suficientes hombres para atender… — ¿Ése era su gato gruñendo? — …sin agregar un pomposo a la lista.
— ¿Pomposo? — Aun cuando ella había dado en el clavo, no detuvo su mirada indignada.
Una mirada que eligió ignorar. Ella cruzó los brazos sobre su pecho, resaltando su escote —
Ooh hermoso, asombroso pecho.
Su naturaleza curiosa atrajo sus ojos a la uve misteriosa y atrayente hasta que ella se aclaró la garganta.
— Mis ojos están aquí arriba, tipo grande.
Cazado. Lo bueno es que él era un gato. Su género no tenía vergüenza, ni tampoco se disculpaban. Él le disparó su mayor atractivo, su sonrisa infantil.
— Mi nombre es Edward. Edward Cullen.
Ella no reaccionó a su sonrisa o títulos, por lo que añadió,
— El CEO de Empresas Cullen. — Estiró sus labios lo suficiente como para mostrar su hoyuelo mortal.
Y aun así no logró impresionarla.
Ella levantó una ceja.
— ¿Se supone que eso significa algo?
Seguramente ella bromeaba. Dentro de su mente, su pobre león yacio en un montón traumatizado y cruzó sus patas sobre sus ojos.
— Somos el mayor importador de carne en el mundo.
Sus hombros se levantaron en un encogimiento de hombros.
—No reviso la etiqueta para ver quién lleva mi carne. Simplemente la como.
— ¿Qué pasa con nuestra cadena de restaurantes? Lion's Pride Steakhouses
— He oído hablar de ellos. Decente, pero por lo que he oído, excesivamente caro. Puedo conseguir un plato más grande de comida en LongHorn. Y de acuerdo con mis amigas, los camareros son más lindos también.
Por una vez, Edward se quedó sin palabras. ¿Su león estaba en otra parte? Su melena definitivamente se erizo… y hormigueo.
Edward ya había retrasado dos semanas más de lo habitual este corte de cabello debido a un viaje de negocios en el extranjero. Era hora de volver a su prioridad más alta.
— ¿Cuánto tiempo hasta que Billy esté de regreso?
— Una semana, quizá dos. Le dije que se tomara su tiempo. El abuelo no suele tomar tiempo libre, y él no ha estado allí hace años.
¿Algunas semanas? Se vería como un ñu si esperaba tanto.
— Eso no es bueno. Necesito un corte. ¿Hay barberos masculinos disponibles?
— ¿Miedo a que una chica toque su precioso pelo? — Ella sonrió. — Puedo mirar la agenda y ver si podemos encontrar un hueco esta tarde.
— No tengo tiempo para volver. Necesito que se haga ahora.
Por lo general, cuando usaba la palabra ahora, la gente saltaba para cumplir sus órdenes. Ella, por su parte, negó con la cabeza.
— No puede ser, a menos que hayas cambiado de opinión y estés dispuesto a dejar que lo corté yo.
— Eres una peluquera.
—Exactamente.
—Quiero un barbero.
—La misma cosa. — Dijo la chica sin un cromosoma Y.
— Creo que voy a esperar. — Edward se apartó de ella, sólo para congelarse cuando ella murmuró,
— Marica (2).
Si ella supiera cuánta razón tenía. Pero, por supuesto, ella no se refería a su felino.
El orgullo le hizo volver.
— Sabes qué. Pensándolo bien, puedes cortarme el pelo.
— Es muy amable, Su Majestad. — Ella le hizo una reverencia burlona. No era divertido, incluso si era exacto. La fulmino con la mirada en respuesta.
— Veo a alguien demasiado tenso para el sentido del humor.
— Me gusta mucho la comedia, cuando la escucho.
— Lo siento si mi tipo de sarcasmo es demasiado simple para que usted lo entienda, tipo grande. Ahora, si ha terminado, siéntese para que podamos terminar con esto y usted y su precioso pelo puedan volver a su oficina.
¿Una mujer dándole órdenes? No es raro cuando un hombre vivía rodeado de ellas. Pero en realidad obedecer, eso era nuevo… y en este caso, inevitable.
Con la cabeza en alto, Edward tomó el asiento ofrecido, de espaldas a la mujer, pero aún podía verla en el espejo y rastrearla por el olor. Loción de coco, suavizante de telas, y almizcle de mujer. Toda mujer.
Mi mujer. Quiero saborearla.
Su león gruñó de hambre. Extraño porque Edward había tomado un buen desayuno, incluso lucho con su beta, Jasper, por los dos últimos trozos de tocino.
La peluquera puso una capa de tela alrededor de la parte superior de su cuerpo, para protegerlo del picor por los trozos cortados. Hasta ahora, como siempre, excepto que la mera presencia de Billy nunca tuvo el cuerpo de Edward tan consciente. El ligero toque de sus dedos en la nuca mientras sujetaba el cierre de velcro causó que todos los pelos de su cuerpo se pusiesen de punta. Y no eran lo único en posición de firmes.
Antes de que pudiera preguntarse por su reacción, ella retiró la mano y se ocupó con su bandeja de instrumentos. Maquinilla de afeitar, tijeras, cepillo, peine. Pero olvídate de los varoniles colores negros que un barbero usaría. Sus herramientas eran de color rosa y negro, como las rayas de cebra, Indigno de él.
Estuvo a punto de decir algo, pero se mordió la lengua, sólo porque él podía verla observando y esperando por el espejo. Como si él le fuera a dar la satisfacción. Este gato sostuvo su lengua… por ahora.
La peluquera pasó sus dedos a través de sus largos mechones, levantando y estudiando las diversas capas que generalmente cortaba Billy. A diferencia de muchos hombres de negocios, Edward prefería mantener su dorada melena algo larga. Es curioso cómo muchas de sus amantes le habían dicho que le daba un aspecto leonino… si supieran la verdad.
— ¿Cuánto quieres quitar?
Tan poco como sea posible, dado que todavía no confiaba en ella.
— Alrededor de una media pulgada más o menos. Incluso solo las puntas.
Eso debería bastar hasta que Billy regresase.
— ¿Estás seguro?
Ella frunció el ceño ante su coronilla, mientras sostenía hebras largas hacia arriba.
— Parece que podría quitar al menos dos pulgadas, si no más.
¿Cómo lo sabía? Edward generalmente mantenía su melena a una longitud civilizada que acababa en la parte superior del cuello de la camisa.
—Estoy seguro.
—Ya sabes, un hombre de su edad realmente debe tener un corte más maduro. El estilo surfista melenudo se adapta más a chicos jóvenes.
Él clavó los dedos en el reposabrazos y luchó para no gruñir.
—Me gusta mi pelo así.
—Haz lo que quieras. Sólo estaba diciendo que te verías mejor con un corte más corto.
¿Afeitarse su preciosa melena? ¡Nunca!
—¿Siempre discute con sus clientes?
Sus ojos se encontraron en el espejo, y no se sorprendió al ver una sonrisa al acecho en las comisuras de sus labios.
—Sólo cuando se equivocan.
Eso le arranco una sorprendente carcajada. A pesar de su irritación con la situación, y su naturaleza franca, a regañadientes le gustaba la nieta de Billy.
—Muy bien. Usted puede cortar un poco más de media pulgada. Pero no mucho más corto. No quiero terminar pelado.
—Para un hombre de su edad y posición, está demasiado obsesionado con su pelo. —murmuro mientras separaba secciones de su melena con horquillas. No era exactamente su aspecto más varonil.
Edward mantuvo una estrecha vigilancia sobre cualquier persona con una cámara o un teléfono celular. Si se atrevían a tomar una foto, probablemente se iría sin cortarse el pelo.
Bueno, él no iría con esos pelos en público, pero seguro como el infierno que obtendría venganza. CEOs de corporaciones multimillonarias tenían una imagen que mantener, y pinzas para el cabello de color rosa sosteniendo su cabello en ángulos locos no encajaban exactamente la misma.
—¿Cómo es que no te he conocido antes? — Billy había desfilado un gran número de sus hijos y nietos a través de su tienda de peluquero con los años.
La atención se centró en sus manos, que manejaban un conjunto de tijeras; ella respondió.
— No lo visito a menudo. Yo vivía en el Medio Oeste con mi mamá y mi papá. En realidad estaba trabajando en una peluquería allí hasta que cerró, y el abuelo me ofreció un trabajo aquí.
—¿Solamente hizo las maletas y se mudó?
—¿Por qué no?
Ella soltó una capa de pelo, y mantuvo las tijeras cortando. Pedacitos de cobre revolotearon hasta el suelo, y Edward trato de no ponerse tenso. Había apenas tanto pelo esparcido como cuando Billy se lo cortaba. Ella parecía saber lo que hacía a la hora de usar las tijeras, pero por alguna razón, no podía sacudir su inquietud.
— Las mujeres deben estar cerca de la familia.
Las mujeres de su familia, sin duda lo hicieron, a pesar de sus mejores esfuerzos por trasladarlas a otras tribus y ciudades. Infierno, él incluso trató de sobornar a algunos de sus primos más bribones con la promesa de condominios en otros continentes. Sin embargo, las leonas en su manada se conformaban. Una señal de que era un buen líder, pero era molesto, ya que significaba que estaban metiendo constantemente sus narices en sus negocios.
Y también les encanta hacer de casamenteras.
—¿Cuándo vas a darnos algunos cachorros? — No pasaba un día que él no oyera esto. —Tengo una amiga que quiero que conozcas. — Diversión para una noche, hasta el día siguiente cuando su prima lo machacaba para hacer algún tipo de compromiso.
La peluquera reaccionó a su declaración sobre el lugar de una mujer con un bufido.
—Los tiempos han cambiado, tipo grande. Nosotras ya no estamos atadas a una cocina o forzadas a matrimonios arreglados. Incluso llegamos a votar. Las niñas hoy en día a menudo se mueven fuera de casa y tienen puestos de trabajo. O al menos eso es lo que se hace.
Él no pudo evitar una mueca de dolor mientras le daba un corte decisivo a su melena. Hasta ahora, todo se veía bien. Sin embargo, podría jurar que había música siniestra zumbando en los bordes de su mente, alimentando un cierto temor que nunca admitiría en voz alta.
¿Miedo de esta mujer y sus tijeras? Nunca. Y su león reforzó esto con un muy masculino rawr.
Aún sin embargo, ella esencialmente lo había acusado de ser un machista. Él se explicó.
—No quise parecer misógino. Simplemente declaré que las mujeres a menudo encuentran consuelo teniendo la familia alrededor de ellas.
—Yo tengo familia aquí.
—Touché. — Entonces él no podría haber dicho que lo incitó a preguntar:
—¿Qué hay de tu novio? Estoy seguro de que no está contento con tu abrupta marcha.
Ella se detuvo y lo miró en el espejo.
— ¿Es este el camino no tan sutil de preguntar si estoy sola?
—¿Estaba siendo sutil? Permítame decirlo de otro modo. ¿Tiene un amante? — Él lo desafiaría a un duelo si ella lo tenía y…
Espera un segundo. Él no estaba desafiando a nadie, especialmente no al novio humano de una peluquera que acababa de conocer. Apenas encontrada y sin embargo deseada.
El reconocerlo le hizo fruncir el ceño. Hora de iniciar el circuito de citas de nuevo si una chica humana regordeta y bocazas era capaz de volverle irracional. No ayudó que su león le instara a frotarse contra ella y marcarla con su olor para mantener a otros machos a distancia.
No sucederá. Marcar a cualquier tipo de mujer estaba destinado a crear complicaciones. Edward no iba a sentar la cabeza o comprometerse. Él estaba en su mejor momento. Tanteando el terreno.
Coqueteando con una peluquera que puso sus pelos de punta, y trajo a la vida sus sentidos eróticos.
Las cosas que podría hacer con ella. Mordiscos en su piel cremosa... Pellizcos en ese delicioso labio inferior, que se tensó cuando ella frunció el ceño y dijo:
—En primer lugar, no creo que mi vida amorosa sea de tu incumbencia. —Corte. —Segundo. Incluso si yo estuviera sola, yo no saldría contigo. — Snip. Corte.
—¿Por qué no? — Él podría haber parpadeado de asombro cuando la pregunta salió de su boca. Sin embargo, un gatito curioso necesitaba saber. Las mujeres simplemente no dicen que no. No era arrogante que él lo afirmara, no cuando era un hecho.
El rechazo no era algo que él se encontrara. Hasta ahora.
—¿En serio tienes que preguntar por qué no saldría contigo?
Ella sonaba tan incrédula.
—¿Quieres que te recite la lista alfabéticamente?
En realidad, lo hizo.
—Vamos a oírlo.
Ni siquiera una pausa.
—Agresivo. Fanfarrón. Arrogante vinculado a machista. Cabrón. Ególatra. ¿Realmente necesito seguir adelante?
Una sonrisita surgió de él… de nuevo. ¿Qué había en esta mujer que lo deleitaba? Ella siguió discutiendo y le desafiaba a cada paso, y sin embargo no podía dejar de encontrarla divertida. Ella totalmente lo intrigaba, especialmente al tratar de adivinar lo que diría a continuación. Qué refrescante encontrarse con una mujer que no estaba relacionada con él, o impresionada por él, que se atrevía a tratarlo como a un hombre.
Ella lo consideraba bajo sus normas.
—Creo que tu lista necesita un retoque. — Él lanzó una defensa de su carácter.
—Oh, ¿en serio? ¿Y cómo te ves a ti mismo? Estoy segura que esto será bueno.
—Déjame ver. Atractivo, audaz, valiente, atrevido, elegante, feroz, especialmente como amante, — admitió con un guiño. — Galante.
Con un resoplido burlón, ella interrumpió.
—Aja. Lo dudo mucho.
—Y sin embargo, realmente no me conoces. Mis amigas te dirían que soy un caballero. — A la hora de abrir puertas y atender la cuenta. Aparte de eso, no había nada suave sobre él. Pregúntale a los que se lo cruzaron. Los reyes no dejan que nadie cuestione su autoridad.
—Yo no sé, sin embargo, sobre esta supuesta galantería, porque yo no soy tu amiga.
—Podrías serlo. — Él le dio otra oportunidad. Ella verdaderamente lo atraía con la redondez de su figura, abrazada por un vaquero desteñido y cubierto con una sudadera holgada que colgaba tentadoramente dejando fuera un hombro, dejando al descubierto un tirante negro.
¿Encaje o algodón? Una mente felina quería saber.
Pero al parecer no lo sabría hoy, porque ella, una vez más, se las arregló para resistírsele.
—¿Salir contigo? No es probable.
Una vez más las palabras salieron de él sin voluntad.
—¿Por qué no?
—Oh por favor. He visto lo suficiente para saber que no eres mi tipo.
Tan mentirosa. Al parecer, no era el único excitado por su charla ingeniosa. El olor almizclado de su excitación le hizo cosquillas en sus sentidos. Eso le hizo más audaz.
—Te garantizo que cuando este entre tus muslos y estés arañando mi espalda, gritaras una melodía diferente.
Así que podría haberse pasado un poco con esta última afirmación. Eso no era ninguna excusa para lo que sucedió después.
—Cerdo. — Sin embargo, no fue el insulto animal su delito más grave. ¡Fue el trozo gigante de cabello que ella corto!
Un grueso trozo insustituible, de su pelo retirado de forma permanente. Accidental o intencional, no importaba.
¡Ack! Mi melena. Mi hermosa, preciosa melena.
No pudo evitar un gruñido bajo. Sus ojos destellaron en el espejo, el oro capturando la luz y reflejándola, junto con su furia.
—Tú. No. Acabas. De. Hacer. Eso. — Y sí, podría haber gruñido la última palabra.
—Oops ¿Hice yo eso? Lo siento. — Dijo, sin arrepentimiento en absoluto. Con una sonrisa y un beso volado, dejó que su crimen cayera sobre él como una lluvia de hebras de cobre.
Y entonces, ella corrió.
1 En inglés shifters: cambiadores.
2 En inglés "pussy" se utiliza para gatito y para "marica".
Hola!
Aquí el primer capítulo! que tal estas personalidades? Edward coqueto y vanidoso y Bella toda una guerrera xD
A mi me encantan :D
Gracias por seguir y marcar como favorita esta adaptación y sobre todo gracias por sus reviews, amo leerlos.
Esta adaptación ExB tiene 21 capítulos cortos, 1 epilogo y final feliz.
Tratare de actualizar todos los sábados o domingos.
Besos
