Descargo de responsabilidad: Los personajes de Twilight son de Stephanie Meyer. La historia no me pertenece, esto es una adaptación.

Resumen: La arrogancia del león no se define sólo por aquellos que manda, también reside en su pelo. Acostumbrado a dar órdenes, y que le obedezcan, no puede creer cuando un peluquero con tentadoras curvas corta un trozo de su preciosa melena. Pero su mayor error es huir de él. Corre lo más rápido que puedas, ratoncito, porque a este gato le encanta perseguir.


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Capítulo 10

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Bella

Volviendo a la realidad suspiro. Aunque breve, el paseo era lo bastante largo para que Bella se preguntara qué diablos había hecho y que estaba planeando hacer.

Ella había dejado que un hombre al que apenas conocía le provocara un orgasmo en su camioneta en un estacionamiento. ¡A plena vista! ¿Qué está mal conmigo?

¿Y por qué ella no estaba más horrorizada de sus acciones?

Esa era la peor parte. Ella no albergaba una pizca de vergüenza en absoluto, a pesar de que había actuado como una mujerzuela. A pesar de su confusión sobre sus acciones, cuando le preguntó por su dirección, ella se la dio. Sin dudarlo, ni se apartó cuando él le agarró la mano izquierda y la puso sobre su musculoso muslo. Él la mantuvo allí colocando su mano más pesada encima de ella. El íntimo contacto la emocionó.

A pesar de su reciente clímax, su deseo por él permanecía insaciable. ¿A quién le importaba si ella apenas lo conocía y quería nada más que caliente, sexo placentero? Ofrecía exactamente lo que quería.

Pasar un buen rato sin condiciones ni expectativas. Teniendo en cuenta los recientes acontecimientos, ella podía manejar una noche de diversión sin sentido.

Al menos ella lo quería, hasta que se detuvo delante de la tienda de su tío. Solo un vistazo hacia fuera del lado de su ventana basto para cambiar de opinión.

No fue la gran cristalera con su azulado letrero "Fresh From The Brine" lo que llamó su atención, o la puerta de la tienda con sus horarios establecidos y el letrero de "cerrado". En cambio, su mirada se concentró al lado de la modesta pequeña puerta que usó después de horas para llegar a su casa.

Personalmente, prefería el acceso interior porque la escalera exterior era ridículamente empinada. Pero cuando la tienda estaba cerrada, tenía que recurrir a la otra entrada de su casa.

Sin embargo, el temor que la tenía jadeando y resoplando y que había apagado su deseo abruptamente no era el tramo de escaleras. Fue la visión del mensaje pintado, corriendo en riachuelos rojos, sobre el portal blanco y el cristal de la puerta lo que hizo caer su corazón.

Puta perra.

Sólo una persona alguna vez la llamó así.

¿Cómo podía haberla encontrado? Había huido a través del país. Tomado un apartamento sin un contrato de arrendamiento. Nada estaba a su nombre. Y sin embargo, ese mensaje, ese nivel de odio... Solo conocía una persona que haría esto.

El conocimiento de que James pudiese estar al acecho mato cualquier idea de pasar una agradable velada con el hombre a su lado. No podía decirle a Edward la cosa desordenada que era su vida. Pero, ¿qué excusa podía utilizar para decirle a Edward que se fuera? Por alguna razón, decirle: —Hay que dejarlo porque mi ex novio psicópata podría estar acechándome—, no parecía una gran manera de terminar una noche que debería haber terminado en su cama y con mucha menos ropa.

Por no hablar, siendo un chico, que Edward probablemente se comportaría como todo un macho ante ella e insistiría en protegerla.

A los hombres realmente les gustaba golpearse el pecho para proclamar su superioridad sobre los demás, lo que podría resultar sexy, -especialmente él sin camisa-, pero no era lo que necesitaba en ese momento.

¿Así que cómo podía apagar el chisporroteo que todavía sentía, y escapar? Ella solo conocía un modo seguro de apagar su libido. La mejor bloqueapollas: la buena de Mamá.

—Mierda, no puedes venir esta noche. Me temo que acabo de recordar que tengo que llamar a mi madre. Ella está teniendo algunos grandes problemas pre menopáusicos, ya sabes sofocos y esas cosas. Le prometí que charlaríamos más tarde esta noche. Lo había olvidado completamente. Realmente lo siento. Tendremos que quedar en otra ocasión, —le soltó en una rápida corriente de palabras mientras se bajaba de la camioneta de Edward.

Antes de que pudiera llegar a la puerta para cubrir el grafiti, sintió una presencia a su espalda. El miedo automático que sintió la hizo gritar hasta que se dio cuenta de que era simplemente Edward, que se había movido más rápidamente de lo que esperaba. De alguna manera él había salió del vehículo sin que se diera cuenta y se cernía sobre ella. El saber que era él no hizo nada por calmar el rápido latido de su corazón.

—Te lo dije antes, no me mientas. — Ella se dio la vuelta y trató de ponerse delante de la evidencia y la razón de su mentira.

—Está bien, quizás mi madre no está esperando una llamada. Simplemente no quiero herir tus sentimientos diciéndote que he cambiado de opinión. Prerrogativa de una mujer, ya sabes.

Sonaba débil incluso para ella y él no se movió ni una pulgada.

Ojos ambarinos se fijaron en ella.

—Muévete.

—¿Para qué?

—Así puedo ver lo que estás escondiendo.

—¿Yo? ¿Ocultando algo?

Ella trató de mostrarse inocente batiendo sus pestañas.

No funcionó. Colocando una mano a ambos lados de su cintura, la levantó y la puso fuera de su camino, revelando el mensaje que goteaba en toda su gloria profana.

—¿Qué diablos es eso?

Él clavó un dedo en la puerta.

—Los adolescentes devaluando los valores de propiedad, —dijo ella, seguido por un débil intento de risa. Él no se lo tragó, a juzgar por su ceño fruncido.

—Este no es un mensaje aleatorio. Está dirigido a ti, y tienes miedo.

—No, no lo tengo. —Ella debería haber sabido mentir mejor. Su madre siempre decía que era pésima mintiendo.

Edward no se lo creyó ni por un segundo.

—No soy idiota. Tienes miedo porque sabes quien dejó esto. —

—Tal vez, —se cubrió ella.

Él se cruzó de brazos y la miró.

Era impresionante como la miraba. Ella se encogió de hombros.

—Está bien, sí que tengo una idea. Pero debería ser imposible. Se supone que está en el oeste. No hay manera de que pudiera saber dónde estoy.

—¿Él es el ex-novio que no terminó bien? — Ella se encogió de hombros.

—Es posible, o esto realmente podría ser sólo un acto al azar de arte callejero.

—El arte son las imágenes o las iníciales reales, no la palabra "puta perra" ensangrentada.

Ella se estremeció cuando él lo dijo en voz alta. Pero entonces sus palabras penetraron. ¿Sangre? Seguramente no. Se mordió el labio inferior por la preocupación.

—No sabemos si es sangre. Podría ser ketchup.

—Yo trabajo con la carne. Reconozco la sangre cuando la veo. ¿Este tipo te ha amenazado antes?

¿Cuánto debía contarle? Edward parecía terriblemente enojado. No con ella, sin embargo. Alguien estaba bombeando testosterona, un verdadero macho reaccionando a una amenaza percibida.

Lindo, ¿pero ella realmente necesita otro hombre en su vida causando caos? Incluso si Edward se ofreciera a protegerla, ella no estaba segura de querer su ayuda. Tenerlo a su alrededor, posiblemente donde James pudiera verlo, solo causaría más problemas.

James tenía graves problemas de celos. Realmente graves. Sólo una de las muchas razones por las que había cortado con él. El problema era que James no había tomado bien el rechazo.

—No es nada de lo que tengas que preocuparte. Es mi problema, y voy a tratar con él. Me pondré en contacto con la policía local y veré si su orden de alejamiento sólo se aplica para mi antiguo lugar de residencia. Si no puedo transferirla, entonces solicitare una nueva. Problema resuelto.

Un músculo se marcó a un lado de su mandíbula.

—No es un problema resuelto. Este tipo es, obviamente, un enfermo si te ha seguido a través de todo el continente sólo para amenazarte.

—Bueno, yo no llamaría exactamente a esto una amenaza, es más como un juicio sobre mi carácter.

¿Eso que escucho fue un gruñido?

—Bella, ¿por qué deliberadamente le estas restando importancia a esto?

—Debido a que este no es tu problema. Es mío, ¿de acuerdo? Y debería haber tratado de arreglarlo en lugar de huir. Fui estúpida, pensé que si me iba, y me ponía fuera de la vista, estaría fuera de su mente. Que James me dejaría en paz. Estaba equivocada. Así que ahora voy a tratar con él. Sola.

Sus labios se apretaron. —Sola no.

—Sí, sola. Esto no tiene nada que ver contigo. No somos una pareja, ¿recuerdas? Lo que significa que no tienes nada que decir sobre mi vida personal, y esto es personal. Así que ahora, si me disculpas, voy a ir arriba, llamar a la policía, y hacer frente a esto. Por mi misma.

Con eso, abrió la puerta y entro en el pequeño vestíbulo. Ella se volvió para cerrar la puerta detrás de ella, asegurándose de ponerle cerrojo haciendo caso omiso de la mirada de Edward a través del cristal ensangrentado. Y, sí, la miraba fijamente. En silencio, pero aun así sus ojos lanzaban el mensaje que ella sintió entre sus omóplatos mientras caminaba por las escaleras, como diciendo, "Estás siendo terca". Sip. Pero no podía evitarlo.

Culpa de su madre que la había criado de esa manera. Cuando llegó a la parte superior de las escaleras, jadeando y resoplando, la pendiente aún sin ser más fácil que la primera vez que la había subido, podía admitir para sí misma un hipo de miedo ante la puerta cerrada de su apartamento que burlaba de ella. ¿Pero que había al otro lado de ella? Seguridad, ¿o caminaba hacia el peligro? Tal vez debería haber dejado que Edward me acompañara, sólo para comprobar.

Soy una muchacha grande. Puedo manejar esto.

Ella, y el spray que sacó de su bolso. Lo sostuvo en una posición alta, lista para rociarlo y entro en su apartamento. Nadie saltó sobre ella, lo que significaba que no tendría que cambiar sus bragas. Evitando venirse abajo con los puños fuertemente cerrados, ella inmediatamente encendió un interruptor de luz e iluminó la pequeña entrada. Todavía nadie, pero había demasiadas sombras para su gusto, rincones oscuros donde algo, o alguien, podría esconderse. Prácticamente hiperventilando, encendió cada lámpara que tenía, incluso las luces del tocador del baño. Nadie se escondía en las esquinas, nadie salió de su armario o detrás de la cortina de la ducha blandiendo un cuchillo con la música de Psicosis. El tranquilo apartamento debería haberla tranquilizado, pero el miedo no se desvanecía.

Él sabe dónde estoy. Él no ha renunciado. ¿Qué haría James a continuación? A diferencia de lo que le había dicho a Edward, ella no se molestó en llamar a la policía. Ya sabía lo que dirían. Hasta que James no hiciera algo, no podían actuar. El mensaje en su puerta no contaría.

Ella no podría demostrar que él había dejado el mensaje con sangre, al igual que ella no podía probar todas las otras cosas que había hecho en casa… las flores muertas en su peldaño de entrada, los neumáticos acuchillados de su coche. Cuanto se trataba de acechar -e inspirarle terror- James jugaba demasiado bien.

A solas, sin nadie que la viera, o la juzgara, Bella, finalmente empezó a temblar de miedo. Sus extremidades cedieron, sus músculos convirtiéndose en gelatina temblorosa, y cayó al suelo. Pero ella no noto la dureza bajo sus nalgas o la frialdad del yeso de la pared contra la que se apoyó, un muro que impediría un ataque sorpresa desde atrás. Ella levantó las rodillas contra su pecho y las abrazó, meciéndose lentamente mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Alivio y terror, todo en uno. Ella podría haber jugado el papel de mujer fuerte y capaz con Edward, pero la verdad era que Bella estaba aterrorizada.

Al haber recorrido unos cientos de millas, realmente había esperado dejar su pasado atrás. Durante un momento esa noche, con Edward burlándose y deleitando todos sus sentidos, casi se había permitido darle a Edward algo más que su cuerpo. Tal vez creer que podía empezar de nuevo.

Error. No podía seguir adelante con su vida. Ahora no. No con Edward. Ni con nadie.

Joder, si no fuera por el hecho de que necesitaría su cheque de pago de la barbería, empacaría una bolsa y huiría esta noche. James no estaba trabajando con nadie, no por lo que ella sabía. Él ya lo había demostrado cuando incendió su peluquería en la parte de atrás de su casa. A Bella no le importaba lo que afirmó el jefe de bomberos. Y una mierda las ratas mordieron el cableado.

¿Podría su ex novio recurrir al mismo truco dos veces? No podría soportar que su abuelo perdiera la tienda en la que había trabajado por cuarenta años a causa de ella. Pero con James, todo era posible. ¿Cuál es su plan? ¿Qué es lo que quiere? Sabía que ella no lo quería, así que ¿por qué no la dejaba en paz? ¿Qué iba a hacer ahora? Él le había dejado un mensaje, pero dudaba que eso fuera todo.

La pregunta era, ¿dejaría de sentir con miedo antes de que él hiciera su siguiente movimiento, o estaba ya implementando el siguiente paso en su plan de venganza? Soy una idiota por estar aquí. Tendría que haber ido a un hotel a pasar la noche.

Era muy tarde ahora. Ella no se atrevía a salir de la relativa seguridad de su apartamento. El miedo la mantuvo despierta por un tiempo. Veía la ventana que daba acceso a la escalera de incendios, pero las luces brillantes de su apartamento no la dejaban ver mucho más que un reflejo de su piso. Por lo que ella sabía, él podría estar agachado allí, observándola. A la espera de que se durmiera. De que fuera vulnerable.

Ella se estremecía ante cada sonido que hacia el viejo edificio como crujidos a través de la noche. La fatiga intentó reclamarla. Daba cabezadas, sólo para despertarse asustada, segura de que él había venido por ella. La mañana no llegaba lo suficientemente pronto. Y en aquel momento ella tuvo que tomar algunas decisiones.


Y aparece el villano, chan chan chan...

¿Qué creen que pasara ahora? ¿Edward podrá ayudarla o Bella huirá?

Este capítulo esta bien larrrrgo, no se pueden quejar de mi! xD

Si ven algún error o falta ortográfica, avísenme por favor.

Ya saben que amo leer sus comentarios e impresiones. Espero que hayan disfrutado este cap tanto como yo.

Recuerden que las actualizaciones dependen de ustedes ;D

Gracias por seguir y marcar como favorita esta adaptación y sobre todo gracias por sus reviews.

Besos