Iruma suspiró una vez que llegó al final de la escalera de pie, él quiso compartir una tradición que nunca había probado, nunca pensó que eso provocara tantos problemas. Aún no entiende lo que hizo Purson para que Crocell congelara toda la azotea, o él porque sus mejores amigos actuaran tan raro (y es que desde lo que pasó en la azotea, al regresar al aula, Clara se mostró esquiva con ellos, cosa muy rara en ella).

Bueno, supuso que no toda tradición humana iba a ser recibida tan bien como los fuegos artificiales, así que para la siguiente que quiera hacerlo, tal vez lo piense dos veces.

Iruma descolgó el adorno del techo y lo dejó caer en una caja en el piso. Bajo de la escalera con desgana y la cerró para transportarla hasta donde encontrara otro muérdago, cuando los puso no pensó que el mismo día tendría que quitarlos.

— Iruma — El nombrado saltó de sorpresa, se había sumergido en sus pensamientos, además de que era tarde, no pensó que alguien todavía caminaría por los pasillos.

— ¡Amelie! — Se alegró de verla. Para ser honesto, tal vez lo primero bueno que le pasaba, tomando en cuento de que incluso cuando estaba con Azz y Clara podía sentir tensión en el ambiente, — ¿Qué haces aquí? — Y es que el chico pensó que la presidente ya estaría en el dormitorio del consejo estudiantil.

— Hoy tuve trabajo de más, además te estaba buscando... escuche lo de la azotea... — Comentó la pelirroja, Iruma empezó a gesticular nervioso, muy abochornado.

— Lo siento, no pensé que esto se saliera de control y... —.

— No, como presidente no debí permitirlo... además, quienes son más culpable son Purson y Crocell — Iruma asintió un poco preocupado, claramente Purson no debió acosar a la chica, y Crocell debía controlar su temperamento, no era correcto congelar media escuela por alguien molestándole.

— ¿Están en problemas? — Preguntó el humano.

— No, gracias a que Asmodeus descongeló todo, esos dos solos se llevaron un gran regaño... solo queda saber que hará Kallego con ellos mañana —.

Ambos se quedaron en silencio, Amelie habia dicho que eso no había sido su culpa pero no podía evitar sentirlo así por su travesura. Se pregunta si ha sido muy mimado por el abuelo y por eso ya no tiene esa percepción del peligro trabajando. De hecho, ya ni recuerda cuando fue que dejó de temer el que sus amigos se dieran cuenta de que era humano. Tal vez por eso no medio lo que pudiera salir mal ese día.

— Te he estado buscando para ayudarte, ¿Puedo? — Pidió la caja donde está guardando los muérdagos. Iruma hacía malabares con ella en su brazo izquierda, ya que con el derecho llevaba la escalera. Al final sí aceptó su ayuda.

— Cuando tengo tareas físicas hago magia para practicar. Así que para la caja y la escalera utilice un hechizo para que no pesen — Comentó con una sonrisa, cuando Amelie tomó la caja se dio cuenta que, en efecto, no pesaba nada.

— ¿Te falta mucho? — Preguntó la presidente, caminando a la par que el humano.

— En realidad no, solo me queda ese — Respondió el chico, señalando el muérdago en lo alto del techo. Abrió la escalera una vez más y subió hasta el penúltimo escalón, pero se sorprendió de ver que las yerbas estaban enredadas, intentó desenredarlas con ambas manos, sin éxito. Amelie lo observó, pensando si debería ayudarle. No es que Iruma se enoje, al contrario, seguramente recibiría su ayuda muy bien porque se nota muy desanimado, pero el problema era la misma Amelie porque cada que siente la cercanía de Iruma, todo su cuerpo tiembla y puede sentir los nervios a flor de piel.

Pero no importa, después de batallar un poco, es capaz de desatorar el adorno, sin embargo necesitó de jalar con fuerza y eso hace que Iruma caiga de la escalera. O eso iba a pasar, pero al tener a la presidente ahí, puede evitarlo.

Uno de sus pies se atoró en la escalera, y al caer, sin pensar, posó ambas manos en cado hombro para no caer al piso. Casi golpean cabeza con cabeza, pero pudieron evitarlo, sin embargo cuando el chico se iba a disculpar con la chica, al elevar la mirada, ambos se congelan.

Iruma está tan cerca de Amelie que al moverse, ambas narices se tocan. Los colores se subieron al rostro y pudieron jurar que escucharon sus propios corazones latiendo rápidamente.

—¡L-lo siento! — Se disculpa Iruma, intentando alejarse.

—¿E-estás bien? — Preguntó ella tartamudeando, sumamente nerviosa por la cercanía. Iruma bajó con ayuda de Amelie y fueron a la sala del consejo estudiantil.

Justo ahora, una curiosa escena está pasando en el lugar. El chico de cabello azul está sentado mientras la presidente venda el tobillo del otro, ambas par de mejillas ruborisadas.

La tensión en la habitación se podía cortar con un cuchillo, en efecto.

—L-lo siento — Vuelve a pedir disculpas, no le molesta que Amelie sea tan cuidadoso con él, pero no puede evitar pensar qué ella se ve obligada a eso porque la enfermería está cerrada a esa hora y no puede pedirle a un maestro la llave porque... debería dar muchas explicaciones.

Después de todo, Amelie es su complice en este desastre.

— No hay problema — Contesta — ¿Te duele mucho? — Pregunta una vez que termina con su tarea.

— En realidad no.

— ¿Ya hablaste a tu casa? — Iruma asintió, nadie volvió a hablar, ninguno de los dos sabían que decir. Para ser honestos, ambos eran unos inexpertos en ese tipo de relaciones.

Pero...

Exactamente, ¿Qué tipo de relación?

Ya ambos sabían que querían ser más cercanos con el otro, ¿pero hasta que límite? en cierta forma, eran complices en varias cosas pero su relación y sentimientos eran muy diferentes a los que tenía con sus amigos, Azz o Clara.

Solamente quiere ser más cercano a Amelie y pensó que el muérdago podría ayudarlos.

Solo quiere...

— Amelie, ¿Puedo besarte? — En realidad, Iruma no se dio cuenta de lo que decía, no inmediatamente. La pelirroja, que aún no se incorporaba después de vender el tobillo de Iruma, parpadeó una vez, luego una segunda vez, y luego una tercera.

Cuando su cabeza finalmente había procesado lo que había escuchado, se sonrojó. Sus cuernos, que asemejaban un par de orejas de gato, se sacudieron en un ademán tierno de nervios. Es entonces donde el humano comprende sus propias palabras, también se sonroja.

— Y-yoo — Tartamuda sin creer que su propia boca lo acababa de traicionar. Está por pedir perdón una vez más, pero la voz de la presidente lo interrumpe.

— P-puedes — Fue lo único que dijo, quedando a la expectativa de lo que piensa hacer Iruma.

El chico parpadea. Comprendiendo que puede hacerlo con permiso de ella y sin tener que poner el muérdago como una excusa para ello.

Traga duro, pero se acerca al rostro de Amelie, poco a poco, hasta sentir el aliento mezclandose con el suyo, pega sus labios a los de ella en un fugaz toque e inmediato se aleja, muerto de verguenza.

Y ella misma a sufrido un corto circuito.

No dicen nada, ambos se quedan viéndose, congelados a centimetros del rostro del otro. Fácilmente pudieron estar horas así, de no ser por los golpecitos en la puerta.

— ¡Adelante! — Exclama Amelie, obligándose a hablar con normalidad, lo consiguió un poco pero sus nervios le hicieron una mala pasada.

Opera abrió la puerta, encontrándose con una escena un tanto hilarante. Iruma y Amelie estaban completamente rojos, podría ser algo normal (porque todos saben que había algo más allá que solo una amistad ahí), de no ser porque la distancia entre ellos era mayor de cinco metros y Amelie parecia estar concentrada en su agenda (o lo que fuera aquel cuaderno), si tan solo no la hubiera sujetado al revés, tal vez Opera se hubiera creído que todo estaba bien.

— Acabo de interrumpir algo, ¿verdad? — Le hechó leña al fuego, Opera se divirtió con las expresiones de los dos adolescentes, que se esforzaron mucho en negarlo.

Tal vez, pensó el sirviente, sería bueno darle esa plática lo más rápido posible.


Notas: Dos cosas.

1.- No me fije antes, pero la última oración estaba inconclusa cuando publiqué el capítulo (se me borraron unas palabras). Una disculpa.

2.- Para que no tengan dudas... Sí, al final Opera quiere hablar de sexo con Iruma XD