Descargo de responsabilidad: Los personajes de Twilight son de Stephanie Meyer. La historia no me pertenece, esto es una adaptación.

Resumen: La arrogancia del león no se define sólo por aquellos que manda, también reside en su pelo. Acostumbrado a dar órdenes, y que le obedezcan, no puede creer cuando un peluquero con tentadoras curvas corta un trozo de su preciosa melena. Pero su mayor error es huir de él. Corre lo más rápido que puedas, ratoncito, porque a este gato le encanta perseguir.


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Capítulo 14

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Bella

La arpía, haciéndose pasar por la madre de Edward, se fue, pero sus acusaciones aún resonaban en la cabeza de Bella. Pero el hecho de que la bruja tuviera una aversión instantánea hacia ella no era lo que perturbaba tanto a Bella. Rebobinó la manipulación de Edward hacia ella. Se tomó un momento para procesar lo que dijo, pero una vez que caló en ella, tuvo que preguntar,

—¿Qué demonios fue eso?

—Pido disculpas por el comportamiento de mi madre, pero para ser honesto, así es como es.

—Me importa un comino tu madre loca. Estoy hablando de todo el rollo "es mía". Está empezando a perturbarme toda esta cosa de "hombres de las cavernas" que está pasando. Tú no me posees, tipo grande. No soy un juguete que puedes reclamar y luego dejar —Incluso si dicha actitud era un poco caliente—Yo soy quien decide a dónde voy y con quién.

—No, por el momento todavía no. Estás en peligro, por lo que no vas a ningún lado por el momento. No hasta que este problema con tu ex-novio sea atendido.

—¿Y cómo vas a resolver lo de James? —Porque excepto que su ex pudiera distraerse con alguna otra pobre chica o conseguir su culo arrojado a la cárcel, no podía ver cómo Edward pensaba que podía ayudarla.

—Vamos a decir que tengo mis medios.

La amplia sonrisa no la tranquilizó, no con la tormenta fría en sus ojos.

—No lo vas a matar, ¿no? —Preguntó, medio en broma. Algo sobre lo que Edward dijo que no era un hombre que hacía las cosas a medias. Pero seguramente, ¿no se rebajaría a la violencia o asesinato? Por otra parte, ¿qué sabía realmente de él?

—¿Te importaría si James encontrase un fin lamentable?

Qué extraña pregunta.

—Si estás preguntando si me importa lo que le suceda a James, entonces no.

El violento idiota se merece lo que le suceda.

—Pero ese bastardo no vale la pena como para meterse en problemas. Por no hablar de que no creo que tu color sea el naranja, y no eres el tipo de hombre que se agache a por el jabón. Así que vamos a mantener las cosas legales. En otras palabras, no contratar ningún sicario o poner los pies de James en cemento y tirarlo desde un muelle.

Él se rió.

—Realmente tienes una imaginación muy viva. Sicarios... —Él se rió—No hay necesidad de preocuparse por ello. Soy más del tipo práctico "manos a la obra" —

Y eran bonitas esas manos. Grandes. Fuertes. Distrayentes.

—Mantén tus manos limpias. James no vale la pena de que te arriesgues a que seas arrestado.

—Yo no sería atrapado.

La respuesta arrogante hizo que rodara los ojos.

—Tu arrogancia realmente no conoce límites. Sólo mantente alejado. Por favor. No necesito tu ayuda.

—Sin embargo, la tendrás de todos modos.

La frustración burbujeó, y ella gritó.

—¿Por qué eres tan terco?

—¿Por qué me gustas?

Intentó purgar la irritación fuera de ella. Parpadeó y lo observó, se dio cuenta por primera vez desde que fue secuestrada esta mañana que él todavía llevaba el traje de la noche anterior, aunque arrugado y la corbata floja. Su mandíbula brillaba dorada con el inicio de un rastrojo de barba, y las líneas de fatiga aumentaban sus rasgos.

La verdad la golpeó.

—Nunca te fuiste anoche.

—Por supuesto que no. ¿De verdad crees que te dejaría después de ver el mensaje y lo asustada que estabas?

Él lo dijo como si no hubiera ninguna duda de que él la protegería.

La comprensión de que él había regresado sólo para verla, llenó su corazón.

Había hecho algo totalmente dulce, inesperado, y a la vez tan bueno, y aquí estaba ella, siendo una perra total.

¿Por qué?

Debido a que la asustó.

Edward la asustó, no porque ella temiera daño alguno de su parte, a pesar de su cargo de secuestro. No, tenía miedo de él porque parecía demasiado bueno para ser verdad.

Míralo. Rico, generoso, increíblemente sexy, totalmente interesado en ella, en absoluto asustado o intimidado por su actitud obstinada y capaz de lidiar con su lenguaje sarcástico.

El paquete perfecto con la madre maliciosa clásica. Él era la fantasía romántica de todas las chicas. Pero ella no lo creía. No creía que podía tener tanta suerte.

Tiene que haber algo mal con él. Algo que no había visto, pero cuanto más revelaba de sí mismo y de su personalidad, y más tiempo pasaban juntos, más atraída se sentía.

Ella trató de alejarlo por miedo, pero él no se movió. Siguió tratando de que confiara en él. Exigió que la dejase protegerla. Él dominaba todos sus sentidos sólo con su presencia.

Él quería hacerla suya.

¿Estaba maquinando un plan tortuoso?

Claro que sí. Ella quería sucumbir.

¿Pero y si se equivocaba al respecto?

¿Podía darse el lujo de sumergirse en su mundo y su vida, sólo para descubrir más tarde que él era una mala persona? ¿Llegaría a ser tan agresivo como James cuando estaba con ella? ¿Y si ella se permitía creer que podrían tener una relación, sólo para que la abandonase una vez que el desafío pasase? ¿Podrían su ego y su corazón, hacer frente a este tipo de rechazo?

La verdadera pregunta era, ¿se atrevería a correr el riesgo de creer que tenían algo real entre ellos? ¿O dejaría que las experiencias del pasado y los errores la alejaran de un posible futuro brillante y agradable?

Mientras ella repasaba su mini revelación, él bostezó. Una gran bostezo, de proporciones épicas. No podía dejar de reír.

—Me alegra que pienses que es gracioso. Yo necesito una siesta, pero no me atrevo a cerrar los ojos, ya que es probable que quites el cerrojo al primer ronquido.

—¿Tú roncas?

—¿Puedo mentir y decir que no lo hago?

La admisión de esta falta sólo hizo apreciarlo más.

—¿Qué pasa si prometo no dejarte mientras duermes?

Él arqueó una ceja de oro.

—Esto no tiene precio. ¿Me estás pidiendo que confíe en ti?

Irónico, ella le pidió que le concediera una cosa que ella misma se negó a darle: un poco de confianza.

—Lo digo en serio. Prometo no salir corriendo mientras estés durmiendo.

—Me gustaría creerte ratón, pero eres tramposa. ¿Qué tal un compromiso?, Voy a tomar una siesta si te unes a mí.

—¿Quieres que nos durmamos juntos?

¿Ella y Edward en una cama, durmiendo? Ja. Como si su cuerpo fuera a dejar que eso sucediera.

Parecía que él llegó a la misma conclusión.

—Pensándolo bien, no sé si me podría dormir contigo tan tentadoramente cerca.

—Es un mal plan. Estoy de acuerdo.

—Yo nunca dije eso. Puede que no sea capaz de dormir, pero estoy dispuesto a intentarlo.

Él volvió a bostezar cuando ella lo miró con recelo.

—Dormir solamente. Nada de travesuras —reiteró. Aunque ya tenía que saber que era más una advertencia para sí misma que para él. Él realmente la tentó. Una tentación que iba a resistir. Ambos eran adultos crecidos, capaces de controlarse a sí mismos.

¿Oyeron esto, hormonas? Yo estoy al mando, y digo manos fuera.

—Si insistes. —Sonaba abatido.

Una parte de ella quería insistir en lo contrario. Sin embargo, pudo ver el cansancio en él ahora que ella realmente presto atención. Él no era el único cansado.

Había dormido solamente a intervalos inquietos la noche anterior. Aun así, sin embargo, ¿ella y Edward compartiendo la cama? Murmuró una última débil protesta.

—No tengo pijama.

—¿Funcionaria una camiseta mía?

¿Sólo una fina capa de algodón y sus bragas para separarlos? Ella tendría que asegurarse de que se mantenía en su lado de la cama.

Se cambió en el baño, despojándose de sus ropas y deslizándose en la gran camiseta que había obtenido en un paseo por el closet. Si bien estaba recién lavada, el olor a suavizante le recordaba a él. Su suave suspiro de placer le hizo poner una mueca.

Era tan patética. No podía dejar de codiciar un tipo que obviamente no era bueno para ella.

Cuando emergió del esplendor de mármol conocido como el baño, la ducha enorme con su mampara de cristal y su bañera de hidromasajes que la tentaban para un rápido chapuzón, Edward ya estaba bajo las sábanas, acostado de lado, de espaldas a ella, la cabeza en la almohada. ¿Dormido?

Por un momento dudó en tomar su ropa y salir huyendo. Olvidándose de su promesa. Ella sabía que esto era una mala idea.

—Mete ese culo delicioso en esta cama, ratón.

Estúpido lector de mentes.

—¿Qué te hace pensar que no lo estaba haciendo? Hicimos un trato.

—Sí, lo hicimos, pero tengo la impresión de que estás teniendo los pies fríos. (1) ¿Vas a correr como un ratón asustado de mí?

Debería. En cierto modo, se asustó sobre James pero, con Edward... en realidad podía ver las maravillosas posibilidades —si él era autentico.

Teniendo en cuenta lo equivocada que había estado, sin embargo, sobre su ex luego de una serie de novios fallidos, ella no confiaba en sus propios instintos. Pero al mismo tiempo, no era una cobarde, y quería mantener su palabra.

—Un trato es un trato. Voy a dormir contigo, pero ¿qué sucederá cuando nos despertemos?

—Entonces todas las apuestas terminan.

¿Qué demonios se supone que significa eso? No se atrevió a preguntar.

Ella hizo su camino alrededor de la cama King-size. No se veía fuera de lugar, sin embargo, en aquella lujosa habitación. Decorado en una paleta de colores muy masculinos compuesto por muebles de madera de ébano, en el espacio destacaba una alta cama, con una cabecera tallada a mano a juego con una alta cómoda, mesillas de noche, y un banco cubierto de tela lujosa azul puesto a los pies de la cama. Las paredes estaban pintadas de un gris paloma mientras que la alfombra peluda, en la que sus dedos se cerraron con deleite, era de un azul profundo. Su edredón estaba hecho en tonos de gris y blanco, con varias almohadas en el tono de un tormentoso mar oscuro.

Todo era masculino, muy caro y sorprendentemente cómodo. Trepándose en el colchón, se hundió un poco en la parte superior de la almohada, pero no resbalo sobre las sábanas de satén. Aunque extremadamente suave, las sábanas blancas acariciaron las partes expuestas de su cuerpo.

—¿Qué tipo de material es este? — Preguntó ella, frotando la tela para distraerse del hecho de que estaba actualmente en la cama con Edward.

—Bambú con algún número ridículamente alto de hilos.

—Es genial.

—Y tú estás tratando de aburrirme para que me duerma. Buen intento. —Un brazo serpenteo alrededor de su cintura y la atrajo por sobre la superficie lisa de la cama. Ella gritó, luego respiró hondo mientras se detenía acunada contra un claramente masculino, y muy desnudo, cuerpo. Un cuerpo excitado.

—Um, creo que se te olvidó algo, tipo grande.

Sus palabras salieron amortiguadas, probablemente porque le acariciaba el pelo en la parte posterior de la cabeza.

—¿Qué?

—Pijamas. ¿Tal vez unos pantalones de chándal? ¿Ropa interior por lo menos?

—Duermo desnudo.

Por supuesto que sí. Ella realmente no podía sorprenderse, sin embargo...

—Eso es genial, excepto que no estás solo. Y se supone que el plan es tomar una siesta, y esto es una distracción.

Emocionante. Esperemos que no se diera cuenta del hecho de que su cuerpo se calentó varios grados, su proximidad encendió su deseo por él.

—¿Te distraigo, ratón? — Las palabras calientes cosquillearon en el cuello expuesto.

Se estremeció. Sus labios presionaron contra la piel, una zona erógena que arrojó calor a todo su cuerpo.

—Deberías estar durmiendo. — Protestó.

— Me estoy poniendo cómodo. — Ronroneó, el sonido vibró en su piel.

¿Cómodo? ¿Cómo puede alguien reclamar comodidad con algo que empuja con fuerza contra su culo? ¿Cómo podía alguien esperar dormir con un brazo deliciosamente pesado sosteniéndola? ¿Cómo iba a pensar en relajarse con el calor de su cuerpo, despertando todas sus terminaciones nerviosas, y su cálido aliento, y su olor…

Al diablo con esto.

Ella hizo un ruido mientras se retorcía y giraba.

—¿Qué haces?

—Oh, cállate. — Esta vez, ella era la única capaz de silenciarlo. Lo besó a sabiendas de lo que iba a suceder. Y era su responsabilidad.

Estúpido pedazo de hombre sexy.

Bella no estaba muerta. O ciega. O incapaz de desear. Una parte de ella entendía completamente que apenas conocía al chico y que las cosas estaban completamente en mal estado en su vida. Pero, maldita sea, una chica podría tomar algo en la misma medida.

O podía tenerlo todo. Tomar lo que Edward escondía con sus bromas.

Él no protestó cuando la boca de ella lo mordisqueó. Él no la apartó mientras sus manos exploraban la anchura de su hombro o la longitud de su brazo musculoso.

Obedeció completamente cuando ella lo empujó hacia atrás y se deslizó sobre él, mano a mano, sus piernas se abrieron para permitir la rigidez de su eje se mantuviera recto. Su longitud rígida frotó contra la entrepierna húmeda de sus bragas, una provocación que tuvo sus músculos apretados.

—¿Que sucedió con lo de dormir? — Murmuró mientras sus labios lo dejaron para explorar el borde de la mandíbula sin afeitar.

—Necesito algo para relajarme.

—¿Me estás utilizando? — Preguntó con fingida indignación.

—¡Totalmente! — Bella no era una flor marchita cuando se trataba de su vida sexual. No siempre se necesitaba un hombre para seducirla. ¿Había algo más delicioso que seducir a un hombre de tal poder como Edward?

—Oh, ratón, eres única. — Respiró las palabras contra sus labios, después de acariciar su trasero.

En un rápido movimiento, la colocó debajo de él, la punta de su pene presionando contra su sexo todavía cubierto.

Se quedó sin aliento, y sin embargo, su corazón se aceleró. Se sujetó a sus antebrazos y dejó que su boca viajara. Abajo de sus labios a la suave piel de su cuello. Lamida. Chupada. Se detuvo en la muñeca, sin duda palpitante, y chupó. Cada chupada de su boca enviaba una sacudida a su sexo.

Se le calentó todo el cuerpo. La humedad de su excitación la hizo resbaladiza, sus bragas estaban empapadas.

Abandonó el lugar que había marcado y se movió más abajo, con la mandíbula rozando la curva de sus pechos, arrastrando el suave material de la camiseta.

Odiaba el tejido entre ellos. Quería desaparecerlo. Así que no dudó en absoluto, cuando su boca tomó el pezón erecto que sobresalía a través del algodón.

Caliente. Tan cálida y agradable. Dios mío.

El material pronto quedó empapado mientras chupaba la punta de su pecho, logrando evadir el bulto y aumentar su excitación.

Ella gritó cuando él abandonó esta zona erógena, pero luego se quedó sin aliento, a la espera, cuando su destino quedó claro.

Abajo. Abajo. Por su cuerpo, viajando, su toque abrió camino hasta el borde de la camiseta, que se había subido a la cintura en sus travesuras.

Le dio un suave beso en la redondez de su vientre. Pero no se detuvo.

Se movió más abajo, aunque su respiración se volvió entrecortada y sus dedos se aferraron a las sábanas.

Llegó al borde de sus bragas y tomó el dobladillo elástico. Tiró de él con los dientes, arrastrándolo hacia abajo por la cadera. No podía dejar de mirar hacia abajo mientras lo hacía y casi se desmayó con la imagen que se le presentaba.

Se inclinó sobre ella, sus ojos ardiendo de deseo mientras agarraba con los dientes la tela de sus bragas.

Él le sostuvo la mirada y sacó un poco más de tela. Ella suspiró. Tan caliente.

Tan en el camino.

O eso es lo que pensaba.

Con un tirón salvaje y un gruñido demasiado atractivo, Edward rasgó las bragas.

Convirtiéndolas en una pieza inútil que no podían impedir el acceso a ella.

Que se adaptaba perfectamente a sus necesidades.

Él flotaba entre sus muslos, su cálido aliento al jadear vibraba contra su sexo expuesto. Se estremeció. No pudo evitarlo. También se retorcía, sus caderas tratando de invitarlo a acercarse.

Él lo hizo. Sus labios rozaron en sus labios inferiores, frotándose contra ellos.

Ella se sacudió, cimbreando la parte inferior de su cuerpo, con lo que sus labios entraron en contacto más íntimo.

Una risa la sacudió.

—Estás deliciosamente impaciente.

Estaba deliciosamente despierta y no estaba de humor para esperar.

Afortunadamente, tampoco él. La punta de la lengua lamió su sexo. Después otra vez. Cada golpe era más audaz, más largo, más satisfactorio. Abrió los labios sensibles y la lamió, estremeciendo su carne. Fue maravilloso. Aumentando su deseo. Esto... no fue nada comparado a cuando su lengua encontró su clítoris hinchado.

Olvidándose de permanecer quieta y disfrutar, se retorcía en la cama mientras sentía un placer eléctrico cada vez que la lengua la recorría. Él la sujetó firme, inmovilizándola con su fuerte antebrazo colocado encima de su cadera.

Ella gritó, un sonido entrecortado, incoherente, pero alentador porque él no cedió. Por el contrario, parecía decidido a volverla loca de felicidad.

Él la acercó a la orilla. Ella flotaba en el umbral.

Se detuvo.

Ella gimió.

—No. No. No te detengas.

—No pienso hacerlo. Sin embargo, esta vez, tengo la intención de sentir cuando te vengas. —Fue su respuesta cortante.

—¿Sentir qué?

Oh. Oh. La gorda cabeza de su eje encontró la entrada de su sexo. Empujó, grueso, empapado con sus jugos. Sus muslos se abrieron para dar cabida a su cuerpo.

Se deslizó lentamente, prolongando el placer de entrar en su estrecho canal, llenándolo por completo.

Se hundió hasta la empuñadura y se detuvo, la longitud rígida de él latiendo en su interior. Su sexo palpitó en respuesta.

Ella gimió y abrió los pesados párpados para verlo equilibrado encima de ella, la cabeza echada hacia atrás, los músculos de su cuello tensos. Entonces él sostuvo su cuerpo inclinado sobre ella, podía mirar hacia abajo y ver dónde sus cuerpos se unían. Carne con carne.

Un sonido se le escapó, una expresión gutural de necesidad e impaciencia. Ella lo miró a la cara para encontrarlo mirándola. Sus ojos brillaban como oro fundido, y por un truco de la luz, o por el deseo que empañaba su visión, parecieron menos humanos.

Pero totalmente cautivadores.

Sus miradas permanecieron enlazadas cuando comenzó a moverse, un ritmo lento y constante que lo llevó a lo más profundo, tan profundo, luego se retiró hasta que sólo la punta quedó dentro. Luego entro de golpe con un movimiento rápido que la hizo jadear. Estremecerse.

Una y otra vez, él le hizo esto. Lenta retirada. Empuje rápido. Puro placer.

Con un grito, ella llegó a su clímax. Ella agarró sus anchos hombros, las uñas clavándose en su piel. Pero no parecía importarle cuando pistoneó su carne temblorosa. Inclinó la cabeza hasta que sus labios se posaron contra el hueco de su garganta. Él chupó la piel mientras bombeaba su cuerpo, tomando su éxtasis, retorciéndose en un segundo orgasmo que la hizo gritar, la boca abierta, y sin embargo sin ningún sonido.

Cuando llegó su liberación, fue repentina. Su cuerpo se tensó y empujó profundamente por última vez. Abrió la boca en la parte carnosa de su hombro, sus dientes pellizcando la carne, lo suficientemente fuerte que habría gritado si tuviera aliento.

Pero el dolor fue fugaz, el placer abrumador, y el estupor saciado que vino después fue muy relajante como para luchar.

Esto se sintió bien.

Ella ni siquiera protestó cuando él los puso de modo que, una vez más, ella yacía en cuchara contra él. Tampoco se alejó cuando él le acarició el pelo y le susurró en voz baja,

—Mía.


(1) "Tener los pies fríos": estar arrepentido.


FELIZ NAVIDAD!

Ya saben que amo leer sus comentarios e impresiones.

Gracias por seguir y marcar como favorita esta adaptación y sobre todo gracias por sus reviews.

Besos