Descargo de responsabilidad: Los personajes de Twilight son de Stephanie Meyer. La historia no me pertenece, esto es una adaptación.
Resumen: La arrogancia del león no se define sólo por aquellos que manda, también reside en su pelo. Acostumbrado a dar órdenes, y que le obedezcan, no puede creer cuando un peluquero con tentadoras curvas corta un trozo de su preciosa melena. Pero su mayor error es huir de él. Corre lo más rápido que puedas, ratoncito, porque a este gato le encanta perseguir.
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Capítulo 15
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Edward
Edward despertó antes que Bella y aprovecho el momento para estudiarla.
En reposo, todas las líneas de preocupación disminuyeron. No mostraba la tensión por el miedo, o los labios tensos por su terquedad. En ese momento, ella parecía en paz y, dada la ligera curvatura en la esquina de su boca, contenta. Porque le he dado placer.
Y se lo daría de nuevo. A menudo.
Era su intención garantizar que tuviera esa mirada todo el tiempo. Bueno, tal vez no siempre. Disfrutaba de ella cuando su naturaleza ardiente se hacía cargo. Lo atractiva que estaba cuando se lanzaba al ataque, la mirada de sus ojos, su postura agresiva y la barbilla inclinada obstinadamente.
Absolutamente hermosa. Pero lo más hermoso de todo era su pasión. La forma en que ella lo había seducido apenas unas horas antes había probado ser más allá de glorioso.
Harían una buena pareja. Mejor que buena. Incluso si ella no tenía un gen felino, poseía gran fuerza. Calzaría perfecto en su manada. Como alfa, necesitaba unacompañera que pudiera sobrellevar su posición.
Sin embargo, en caso de que necesitara algo más que palabras para defenderse, probablemente debería armarla. Además de la lengua afilada podría utilizar un cuchillo afilado por si acaso las garras salieran.
Algo de lo que él se ocuparía más tarde. En primer lugar, quería a….
Bang. Bang. Bang.
Mataría a quien llamaba a su puerta.
Si Bella no estuviera durmiendo, habría rugido a cualquiera que se atreviera a molestarlo. Esperó. No siguió durmiendo. Observó un ojo abierto, y vio el momento exacto en que se dio cuenta de dónde estaba y con quién. Una sonrisa feliz tiró de sus labios. El calor que irradiaba de su cuerpo aumentó. Su parte inferior se retorció contra su ingle. Parte de él se agitó y dijo: "Hola". Un deseo compartido se desató en sus cuerpos.
Bang. Bang. Bang.
Golpearon de nuevo. Insistentemente.
—Maldita sea. —Gritó mientras rodaba fuera de la cama. —¿No puede un hombre disfrutar de una siesta en medio del día?
Rasgaría en tiras a quien se atreviera a molestarlos. Su león tenía maneras de tratar con la gente. Desafortunadamente, ellas eran un poco sucias.
—Abre la puerta, —gritó Jasper, que no se contentó con solo aporrear la puerta.
—¿Y si no lo hago? —Gritó Edward, mientras iba desnudo e indiferente hacia la entrada de su apartamento. Hacía tiempo que poseía todas las llaves del lugar. No porque no confiara en Jasper, sino más porque su sagaz madre seguía sacando copias.
La leona astuta reclutaría a sus primos para engañar a Jasper y así pedirle prestadas las llaves y copiarlas.
Ahora se utilizaba una huella digital. Duplica eso, mamá.
Bang.
—Hombre, ¿qué está tomando tanto tiempo?
—¿Alguna vez has pensado en utilizar un maldito teléfono? — Le espetó al golpear el pulgar en la pantalla táctil.
—Lo hice, pero alguien era demasiado perezoso para responderlo.
—No hay respeto—murmuró Edward mientras abría la puerta. Él plantó las manos en las caderas y ladró, —¿Qué demonios era tan importante que tenías que venir a molestarme?
—Fuiste tú quien dijo que me pusiera en contacto si ese tipo aparecía.
Inmediatamente todos los pensamientos de matar a Jasper y arrastrarse de nuevo a la cama con su mujer desaparecieron. El Alfa regresó, y fue al grano.
—¿Que sucedió?
—No mucho ya que la seguridad que contratamos lo intercepto, pero el tipo James trató de acercarse a su apartamento.
—¿El equipo de seguridad lo arresto?
Jasper negó con la cabeza.
—No. Algo lo asustó antes de llegar lo suficientemente cerca. Uno de los guardias dijo que tomó una aspiración profunda y luego salió corriendo.
Por supuesto que sí. Cuando Edward marcaba algo, los depredadores más pequeños sabían que debían dispersarse.
—¿Acaso no lo persiguieron? ¿No les dijiste que quería a este hombre capturado?
—Sí y si.
—¿Pero?
Jasper se encogió de hombros.
—Ellos lo perdieron.
Nada pudo detener el resoplido de Edward.
—¿Lo perdieron? Pensé que habíamos contratado a profesionales. Qué es lo que te dieron, ¿cachorros sin entrenar? Esto en cuanto a su reputación como el mejor.
Dile a Jacob, cuando hables con él, que no estoy impresionado.
Le encantaba provocar al líder del Clan. Era algo que había estado haciendo durante años.
—Díselo tú mismo. Jacob está abajo en la sala de reuniones. De alguna manera, no creí que lo quisieras aquí mientras dormías. Y no me atreví a dejarlo en el vestíbulo con tus primos. Hay más de ellos de lo habitual.
Probablemente porque la noticia de su huésped aun rondaba. Además, ¿quién sabía cuánto del drama de su madre se había extendido? Cuando se trataba de rumores y demagogia, era la reina de la manada.
—Dile al lobo sarnoso que bajaré en unos pocos minutos. Tengo que encontrar unos pantalones.
Encontrarse desnudo con Jasper era una cosa. Su beta lo había visto en cueros con frecuencia y no necesitaba impresionarlo. Pero tratar con otros alfas significaba que tenía que proyectar cierta aura, una que no era posible con un miembro balanceándose, incluso aunque fuera de proporciones descomunales.
—Unos pantalones estarían bien. Una camisa también. Y recuerda, no hay tiempo para dormir la siesta. —Le regañó Jasper, una implicación clara e indeseable. -
—Además, es posible que desees pensar en darte una ducha rápida.
¿Lavar el olor de su compañera de su piel? No. Sin embargo, al mismo tiempo, no quería compartir el dulzor de la lujuria de Bella con nadie más. Me pertenece. Ella es mía.
Incluso si ella probablemente protestaba.
Molesto con su beta, por muchas razones, la principal era que no podía tomar una siesta, le cerró la puerta en la sonriente cara.
Aspiró sabiendo que no iba a poder relajarse un poco más con su compañera. Él podría haber usado otra docena de horas de sueño,—y sí, los rumores eran ciertos. Los gatos realmente disfrutaban de su sueño. Pero ahora no era el momento de tomar una siesta. Dado que James había tratado de hacer un movimiento, y que Bella se preocuparía por su familia, él necesitaba salir y tomar medidas.
Ah, y probablemente debería hacer algo acerca de los sesenta y tres textos intermitentes en su teléfono, todos de una persona un poco psicótica, que pasó cuarenta y siete horas de duro trabajo para parirlo y renunció a todo por él, —ese todo aún tenía que ser definido—, la pesadilla y la persona más importante de su vida, —hasta que conoció a Bella. Su madre.
Al entrar en su habitación, miró la cama vacía. Respiró profundo, percibiendo la fragancia persistente de su vida amorosa.
¿No podemos disponer de unos minutos?
En realidad no debería. Pero incluso si no podía seducir a su nueva compañera, él debía encontrarla, lo que no resultó difícil. Siguió el sonido del agua al baño. Al entrar, se detuvo y se apoyó contra el marco de la puerta, admirando por un momento la encantadora imagen que se encontraba ante sus ojos.
Él había localizado a Bella. Ella estaba de pie dentro del perímetro de cristal de la ducha, empapando su cabeza con la lluvia que caía sobre ella. Él sabía que ella lo vio entrar, el movimiento rápido de sus ojos en su camino notando su presencia. Sin embargo, no hizo nada por ocultar el esplendor de su curvilíneo cuerpo. Brillaba, húmeda y tentadora.
Las manos, resbaladizas por el jabón, se deslizaron sobre la piel húmeda, cubriendo sus pechos llenos y pesados, resbalando por encima de la hendidura de su cintura, acariciando la forma redondeada de sus caderas.
Pero fue cuando la mano enjabonada alcanzó entre sus muslos que Edward se quebró. Se acercó a ella, contento de que no tenía que perder el tiempo desvistiéndose.
Él sabía lo que pasaría cuando se metió en la ducha. Lo sabía. Lo quería. Lo tendría. La tendría a ella.
Una parte de él comprendió que estaba fuera de control. No le importaba. La tomaría, ahora, en la ducha. No podía esperar a oírla gritar. Pero, al mismo tiempo, quedaría limpio. Multitarea. Incluso Jasper no podría encontrar ningún fallo con sus excelentes habilidades de gestión del tiempo.
Y sabía que Bella amaba sus habilidades relativas al clímax.
Una sonrisa brillante lo recibió cuando entró en los terrenos húmedos.
—Hey, chico grande— dijo con voz ronca. —Ya era hora de que te unieras a mí.
—Lo siento por el duro despertar. Tuve algunos negocios que atender.
—Oh, ¿tendrás que salir?
—Sí. —Meowr. Tan tristemente pronunciado.
—Es una pena. — Manos jabonosas, las de ella, por supuesto, se apoyaron en su pecho y se movieron más abajo. Y abajo. Tragó saliva cuando ella le agarró y le acarició.
—Estaba un poco ansiosa por utilizar esto para despertar.
—¿Y este uso se parece al que usaste para dormir?
Su sonrisa traviesa se ensanchó.
—Sí. Es una cura increíble para muchas cosas.
Perfección absoluta. Era suya. Incluso si ella no lo sabía todavía.
—Realmente no tengo mucho tiempo. Tengo un socio de negocios—muy inoportuno, por cierto— esperando por mí.
—No tiene que tomar mucho tiempo. — Sus manos acariciaron su longitud erecta.
No, no tomaría mucho tiempo si seguía tocándolo de esa manera.
—Te mereces más que algo rápido en la ducha.
—¿Qué pasa si quiero un rapidito?
¿Cómo podía decepcionar a su compañera? Él lo haría por ella. Ja. Gran justificación.
—Creo que podría manejar algo rápido.
—Me gusta rápido. — Ella lo agarró con fuerza en la última palabra, y él gimió.
Aplastó sus labios, besándola con una pasión feroz que no había disminuido ni un poco. Por el contrario, estaba más inflamado y deseoso de ella que nunca. Ella llevaba su marca. Ella era su compañera. Su esposa.
Él la habría presionado contra la pared de la ducha para poder ponerse de rodillas y complacerla. Sin embargo, los chorros de masaje no dejaban mucho espacio. Y ella realmente lo quería rápido.
La pregunta era, sin embargo, ¿estaba su cuerpo preparado para recibirlo?
Mientras la besaba, dejó que sus dedos buscaran al sur de su cintura, arrastrándose a través de los rizos húmedos de su montículo a la tierna carne entre las piernas. Ella suspiró contra su boca y arqueó sus caderas hacia él.
Excitada, sí, pero ¿era miel húmeda por dentro?
Deslizó un dedo dentro. Una humedad efusiva lo recibió. Carne caliente palpitaba alrededor de su dedo. Sus manos lo agarraron, frenética.
Osciló el dedo dentro de ella y tomó nota del estremecimiento que recorrió su cuerpo.
Estaba lista para él.
Y él para ella.
Retiró la mano y se tragó su gemido. Llegó a su cintura, disfrutando de nuevo de su forma de reloj de arena. Toda una mujer.
Con fuerza bruta, la levantó, se acercó a sus labios y susurró:
—Envuelve tus piernas alrededor de mi cintura.
Ella lo hizo, de forma rápida y sin decir una palabra. Presionó su núcleo contra él, justo por encima de su eje, que se balanceaba justo debajo de su trasero.
Él la alejo de él, e inclinó sus caderas, colocando la punta de su pene en la entrada. Muy poco, empujó, entrando con una lentitud agonizante.
Como de bien ella lo tomo.
Cómo acaloradamente lo envolvió.
¡Cuán profundo lo recibió!
Cerró sus tobillos a su alrededor y se dobló, flexionándose contra él, envainando el resto de él.
Sus labios se unieron, respiraciones calientes que se fundían mientras flexionaba para empujar dentro y fuera. Ella envolvió sus brazos alrededor de él, casi tan fuerte como sus piernas. Su cuerpo vibraba, un cable de alta tensión a punto de romperse.
El entendía bien ese sentimiento. Quería romperse también.
Más rápido, el empujaba, un cuerpo a cuerpo que estimulaba su punto G, lo cual, a su vez, significaba que su canal se estremecía y temblaba, exprimiendo su eje.
Podría haberse quedado en ese momento pre-clímax para siempre, pero ella llegó. Y se vino duro.
Ella gritó en su boca, apretada a su alrededor, y su sexo se estremeció y se convulsionó en olas de felicidad.
Era demasiado. Demasiado maravilloso. Él también... Aaaah.
Podría haber rugido el sonido sin palabras. Afortunadamente, no parecía darse cuenta mientras se colgaba en sus manos, con la cabeza apoyada en su hombro.
Acunándola en sus brazos, Edward disfrutaba del momento. Un momento que se prolongó durante un tiempo hasta que se sintió obligado a preguntar:
—¿Estás bien?
Ella se movió contra él. La cabeza se inclinó lo suficiente para que él pudiera ver la perezosa sonrisa que ella le disparó.
—Mejor que bien. — Ella se agitó en sus brazos, y él la dejó abajo, ocultando su petulante satisfacción cuando ella vaciló con las piernas temblorosas, la presunción desapareció cuando ella dijo,
—Mejor que despertar con cereales y leche. —
¿Realmente lo comparó con cereales y leche? Hizo una mueca.
—No me digas que comes esas cosas.
—Todo el tiempo. Me gusta eso. Es rápido y fácil. ¿A quién no le gusta un plato de azúcar para animarse en la mañana?
—Yo no lo hago. Un león necesita comida de verdad.
—¿León? Alguien tiene una opinión subjetivamente alta de sí mismo— bromeó, sin darse cuenta de su metedura de pata verbal. —Aunque tengo que admitir que me recuerdas a un animal con algunos de los ruidos que haces.
Si supiera que esos ruidos eran sólo la punta de su cola peluda, perfectamente peluda.
—Así que me demandan por ser un hombre que se expresa verbalmente en estado de excitación. Pero te advierto, me demandan bajo su propio riesgo. Tengo contratado el mejor abogado penalista de la ciudad.
—Si me preguntas, el dinero estaría mejor invertido en un psiquiatra para tu problema de ego.
—Admítelo, mi suprema confianza es sexy.
—No, es preocupante, pero por suerte para ti, tu trasero es increíble.
Podría haber cerrado los ojos mientras lo insultaba y lo elogiaba al mismo tiempo. No sabía si debía saltar sobre ella y morderla hasta que se disculpara o atacarla y morderla para darle las gracias. Era curioso cómo una misma solución funcionaba sin importar el escenario.
El problema era, que cualquiera de los casos tendría que esperar. Él tenía asuntos que atender.
Meowr. Sí, el hombre también estaba decepcionado.
—Así que, ¿tu aversión a los alimentos procesados significa que no hay nada en la nevera?
Cerveza. La leche de coco, que prefería al tipo de vaca pasteurizada. Absolutamente repugnante. Como él decía, la única cosa para la que las vacas eran buenas era para un filete grueso, poco hecho y estrellado en un plato cargado de carbohidratos.
Alimentos. Su vientre retumbó. Esta era una necesidad que podía cuidar. Llamaría a la cocina y haría que improvisaran dos desayunos, en realidad tres. Tenía que recordar cuidar a su compañera ahora también.
—Si puedes esperar unos quince, veinte minutos, a continuación, voy a enviarte una comida adecuada mientras estoy en mi reunión.
Lo que realmente necesitaba, era irse antes de que Jasper volviera con una moto sierra para cortar a través de su puerta.
Su beta era excelente siguiéndole la pista. El bastardo.
El agua seguía corriendo caliente y el vapor empañaba el aire. Cogió el jabón para hacer un lavado rápido, al menos esa era su intención. Lo que no significaba que Bella se lo pusiera fácil, no cuando ella pasó las manos por las manchas de jabón, una sonrisa juguetona en los labios y una expresión que endureció su eje.
—Deja que te ayude a limpiarte para esta reunión a la que necesitas llegar.
Ella iba a ayudarlo a perder su mente, y dado lo sucio que sus pensamientos estaban cuando ella tomó prestado el jabón y se inclinó para frotarse los dedos de los pies, ninguna cantidad de agente de limpieza en el mundo podría ayudar.
Necesito salir. Ahora. Antes de que me distraiga de nuevo.
Algunos días renegaba ser el Alfa de la ciudad.
Con un beso duro y un verdadero gemido de arrepentimiento, dejó a Bella en la ducha y agarró una toalla. Se secó mientras iba hacia su armario para buscar ropa.
Cuando salió unos minutos más tarde, totalmente vestido, impecable con su traje, se encontró a Bella descansando en la cama, vistiendo sólo una toalla.
Sólo una toalla entre él y…
Gatita mala.
Era hora de dejar a un lado los pensamientos que involucraran lamer, morder y arañar y centrarse para ir a trabajar.
Cuanto antes termine, más rápido estaré de vuelta aquí.
—Estaré de vuelta tan pronto como pueda— prometió, incapaz de resistirse a pasar su mano por su pierna.
Se sentó y abrazó la toalla contra su pecho, no es que hiciera mucho por ocultar sus pechos.
—¿Qué debo hacer mientras estás fuera?
¿Debía decirle que no se escapara porque no iría muy lejos? ¿Prohibirle que se pusiera en contacto con cualquier persona para que no comprometiera su seguridad? ¿Debería decirle que no jugara sola y se guardara para él? Espera, eso era algo que las mujeres hacían en las películas de terror antes de que apareciera el asesino. Debo pedirle que piense en mí. Pensándolo bien, no hay necesidad. Como si no fuera a estar pensando en mí.
Bella tenía razón en una cosa. Edward era lo suficientemente arrogante como para saber los pensamientos que plagaban su mente. Si esos pensamientos eran buenos o no, era una cuestión totalmente diferente.
—¿Por qué no te tomas el tiempo que no esté para relajarte? Obtener una buena comida. Voy a enviarte alimentos de mi propia cocina. — No era tan privada dado que la mayor parte de su familia la utilizaba también, pero como alfa, tenía prioridad.
—Suena bien. Que tengas una buena reunión. —Lo dijo alegremente y sólo falto el "querido" a lo June Cleaver (1), y la cerca pintada de blanco para que fuera perfecto.
También estaba completamente fuera de lugar.
Casi en la puerta, Edward se detuvo y se volvió hacia ella.
—Te estás tomando esto demasiado bien.
Con expresión inocente, ella le miro a los ojos.
—¿A qué te refieres?
Ella no lo hizo, batir sus pestañas, pero estuvo cerca. Sus cejas se unieron con sospecha.
—Estas fingiendo ahora mismo, esta no eres tú, estás de acuerdo con todo.
—¿Yo, fingir? — Esos amplios ojos, cándidos y... Oh, la toalla se deslizó. Delicioso. Bayas.
¡Los ojos en su cara!¡Los ojos en su cara!
Él desvió la mirada y luchó por recuperar su línea de pensamiento.
—Quiero decir que esta mañana estabas tratando de escapar diciéndome lo que quería oír como estabas haciendo hasta ahora. Sin embargo, ahora me estás provocando con tu delicioso cuerpo. — Su sonrisa lo cegó. —Y me estás tentando con promesas de delicias para más tarde. — Se lamió los labios. —Y al parecer quieres que yo crea que vas a estar aquí.
—¿No es eso lo que quieres?
—Bueno, sí. Pero no creí que estarías de acuerdo con tanta facilidad.
—¿Me hace algún bien discutir?
—No. — Y, sí, se dio cuenta de que su respuesta formulada de forma tan categórica probablemente sonó irrevocable. No le importaba. Él no quería que ella fuera a ninguna parte. No sin él.
Ella contoneó un hombro desnudo.
—Si no me va a hacer ningún bien discutir, ¿cuál es el punto? Ya has demostrado que eres más grande que yo. Además, estoy empezando a apreciar las ventajas. — Ella parpadeó, y la toalla cayó accidentalmente de nuevo. Casi se arrancó la corbata y atacó.
Bang. Bang. Bang.
Maldito Jasper y su terrible sentido de la oportunidad.
Responsabilidades estúpidas. Sólo tenían que venir a llamar a su puerta cuando él estuviera pensando en llamar a la suya.
Distraído de nuevo y, a juzgar por su sonrisa divertida, a propósito.
—Compórtate— dijo, sacudiendo su dedo.
—Eso no es divertido.
—Bella. —Dijo con un tono de advertencia, que su manada no ignoraría al oírlo.
Excepto que Bella no era parte de la manada.
—Oh, vale, voy a ser una buena chica. — Su risa ronca no lo tranquilizó. —Se tu un buen chico, y para que lo sepas, voy a estar pensando en ti mientras estés fuera.
Amenazó mientras le daba la espalda, la toalla sobre sus muslos, a la altura de su cadera.
Dio un paso hacia ella. Se detuvo. Gruñó. Se obligó a alejarse de la hermosa flor color rosado que lo esperaba bajo la toalla.
—Más tarde. Y es mejor que estés aquí o... — Advirtió al salir.
Se fue con la imagen de ella extendida en su cama. Lista y dispuesta. Sola.
Grrrr.
Así que, con un poco más de irritación de la que Jacob probablemente merecía, Edward fue a la sala de reuniones.
—¿Cómo diablos hiciste para perder el objetivo? —Espeto Edward mientras se dejaba caer en una silla cubierta de resistente cuero.
—Buenas tardes a ti también, Su Majestad. — La sonrisa de Jacob iba bien con su tono sarcástico. Un hombre de unos treinta años, Jacob era el alfa del Clan de los Lobos en la ciudad. Aunque fuerte de carácter, no era rival para Edward y no tenía fuerza ni números para hacer una carrera por el título de alfa de la ciudad, —rey de la jungla de asfalto—, que lo puso bajo Edward cuando este llegó al poder.
Por desgracia, siendo apenas el segundo de ellos, su viejo compañero de escuela no siempre mostraba el debido respeto. Si no le gustara tanto el chico, le habría desgarrado el estómago, derramado sus entrañas, y alimentado a las ratas de la alcantarilla.
Estúpido amigo, primero arruinaba su siesta y ahora mataba de hambre a la población de roedores local.
—Se perfilaba como una gran tarde hasta que fue interrumpida por la incompetencia.
—Es por eso que estoy aquí en persona para ofrecer mis disculpas. Mis chicos lo jodieron todo, y consiguieron un buen sermón por ello.
—Entonces, ¿qué pasó? — Preguntó Edward, algo apaciguado por la disculpa.
—El lobo solitario que estamos cazando no solo está ignorando deliberadamente las leyes Lycan. También es más astuto de lo que creíamos. Dado lo que sabíamos de su comportamiento, esperábamos alguien errático, fácil de detectar y arrinconar. Es decir, un tipo lo suficientemente tonto para entrar en nuestra…-
—¿Nuestra?
—Tu ciudad. —Corrigió Jacob sin pausa —y amenazar con violencia, especialmente a una mujer, debe de tener algunos tornillos sueltos.
—¿Esperabas un rabioso?
Un rabioso era un cambia-formas que había dejado que su bestia consumiera su humanidad. Tal vez había pasado mucho tiempo transformado, o su psique no era lo suficientemente fuerte como para controlar la bestia dentro. Cualquiera sea la razón, su pensamiento era a menudo irracional —para un ser humano—, inesperado, y violento.
—Incluso si fuera un rabioso, eso no explica cómo evadió a tus hombres. Les pago a tus chicos para que estén alerta.
—Y lo estaban. Sin embargo, no olía como un lobo. El bastardo se roció el cuerpo con un aerosol. Añade que se ha afeitado la cabeza por lo que no se parecía a las fotos, y el hecho de que llevaba bolsas del supermercado. Mis chicos no lo detectaron. No fue sino hasta que se detuvo en la esquina del edificio y tomo una gran bocanada de aire que se dieron cuenta de quién era. Pero para entonces ya era demasiado tarde. Dejó caer los comestibles y corrió. El chico es jodidamente rápido. Él nos perdió en el andén del metro. Se mezcló entre la multitud, y con todos los diferentes aromas enturbiando el camino, no se lo pudo localizar.
Al igual que Bella lo había perdido en el mercado el día que se conocieron. Por primera vez, podía ver los beneficios de vivir más alejado, donde los rastros humanos eran pocos y un león podía cazar a su presa.
—Así que sabe que estamos tras él.
No era exactamente la mejor noticia. James podría desaparecer en el entorno y dejar a Edwrad sin nadie para castigar, o su próximo movimiento resultaría ser más sutil y difícil de detectar. Edward necesitaba llamar su atención antes de que el muy cobarde fuese tras alguien más frágil y humano, como la familia de Bella. Una vez que Bella y él se habían emparejado, su seguridad se convirtió en su responsabilidad.
—¿Tienes suficientes hombres de guardia en su apartamento? — Aunque probablemente James no volvería, Edward prefería mantener las bases cubiertas.
—Sí, y mis chicos también están observando de cerca a su familia y sus lugares de trabajo. Si sale a la superficie, lo capturaremos.
—Más te vale.
—Pareces muy preocupado por este tipo—declaro Jacob. —Más de lo que un lobo solitario desobediente merece. ¿Ha hecho daño a alguien de la manada?
—En cierto sentido. Él amenaza a mi compañera.
Esta era una manera de aturdir a un oponente.
—¿Tú? ¿Emparejado? Tienes mis condolencias.
Edward frunció el ceño.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Siempre es triste cuando un hombre es encadenado a una bola y cadena. Lo próximo será tomar malditos bailes de salón, después llamar a todo "lo nuestro", perder tu armario por sus zapatos, y luego tener que ver comedias románticas en vez de ir al bar con los chicos.
—También voy a tener sorprendentes relaciones sexuales varias veces al día.
—Podrías haber tenido todo eso sin esposarte.
—Fui yo quien la reclamó.
—¿Por qué? ¿Por qué hiciste eso? —Jacob negó con la cabeza. —No me vengas llorando cuando ella te haga usar un feo suéter en Navidad.
—No voy a llorar porque me aseguraré de que tú y yo tengamos el mismo suéter, dándotelo a ti en público, por lo que no podrás rechazarlo. Tendré a Jasper para que tome una foto, y la voy a publicar en todas las redes sociales que me apetezcan.
—Eres un rey malvado, Edward.
—Gracias. —No pudo evitar una sonrisa de satisfacción.
Jacob rió.
—Por otro lado, necesito un favor.
Edward levantó una ceja.
—¿Un favor? Debe ser importante si realmente me estás pidiendo algo.
—Esto me deja con un mal sabor de mi boca a mí también.
—¿Estás seguro de que no es la marca de comida para perros que comes?
—Ja. Ja. El rey de la selva, pero definitivamente no de la comedia. Hablando en serio, este favor es importante. Necesito un lugar seguro para mi hermana. Ella está dejando su actual clan, pero no sin dificultad. Han prometido represalias si se atreve.
—Ellos no pueden mantenerla si se quiere ir. — Las leyes actuales lo prohibían.
Mientras que otra manada se comprometiera a recibirlo, un shifter podía cambiarse.
No siempre fue así. En épocas anteriores, la única forma de escapar era por el matrimonio, un tratado complicado, o la muerte.
—Estos chicos son un grupo difícil. Pero su compañero murió, y ahora que se ha ido, ella no se siente segura.
—¿Por qué no la proteges tú mismo?
—Porque yo no puedo darme el lujo de iniciar una guerra. El último alfa de esta región, como tú bien sabes, diezmó el clan con sus estúpidas rencillas. No tengo los números para hacerles frente a estos chicos. Pero mi hermana necesita salir. Creo que si ella está aquí, rodeada de tu familia y bajo tu protección, no se atreverían a atacar.
Y si lo hicieran, se arrepentirían. La manada del león era sagrada y también lo eran aquellos a los que adoptaba.
—Voy a dar seguridad a tu hermana. Sin embargo, espero ver el progreso respecto a este lobo corriendo por mi ciudad.
—Hecho.
Se estrecharon las manos para sellar el acuerdo, y luego intercambiaron algunas bromas más, que sólo sirvieron para aumentar la impaciencia de Edward por volver con Bella.
Jacob finalmente se despidió, pero Edward no tuvo tanta suerte. Un par de gemelas en disputa llegó, escupiendo y maullándose la una a la otra, y exigiendo que resolviera la disputa: Lauren le había prestado su coche y se lo había arañado. Pero Jessica le prestó su blusa favorita y la otra se la había manchado.
Una disputa ridícula. Ambas consiguieron tener que lavar todos los platos de la cocina durante una semana. Sin lavavajillas permitido. Únicamente lavarlos a mano.
Eso les enseñaría a perder el tiempo.
Pero no fueron las únicas.
Cada elemento sólo sirvió para retrasar su regreso a Bella.
Dulce Bella. Se preguntó lo que ella había hecho en su ausencia.
(1) Referencia a la comedia Norteamérica de los años 60 "LeaveItto Beaver", en que los protagonistas eran perfectos padres de los suburbios de esa época. El personaje más conocido era June Cleaver —la madre— quien siempre era amable y la perfecta anfitriona.
Me encanta la amistad de Edward y Jacob.
Pido disculpas por mi falta de actualizaciones, mi computadora esta viejita y la simple acción de copiar y pegar es un martirio.
Les prometo que no abandonare la adaptación.
Ya saben que amo leer sus comentarios e impresiones.
Gracias por seguir y marcar como favorita esta adaptación y sobre todo gracias por sus reviews.
Besos
