Los terribles 30's

Parte 1

¿En qué parte del plan todo se había ido al carajo?

Trató de liberarse, pero las cuerdas tenían un perfecto amarre. Lo único que podía hacer era escuchar como la mujer que le daba la espalda lloraba desconsoladamente. Si no hacía algo pronto ambos iban a morir.

¿Creíste que podías atraparme? – aquel hombre le dio una palmadita en la mejilla – Me caíes bien – lo señaló – Eres tenaz, valiente y jamás te rindes. Creo que tenemos las mismas cualidades.

Él esbozó una media sonrisa. No, no podían ser iguales.

Solo desátame y veamos si tenemos esas cualidades. – alzó una ceja y sus ojos dorados brillaron bajo la luz de la lampara.

Su oponente soltó una risotada y lo apuntó con un dedo, mientras le daba una calada a su puro.

Lo que voy a lamentar es deshacerme de ti. Tantos años que estuviste detrás de mí y nunca pudiste atraparme y ahora morirás. Es una lástima.

Ambos escucharon el lamento de la mujer, su rival se puso de pie para desviar su atención en la dama que le seguía dando la espalda.

¿Todo bien señorita? – preguntó en tono amable. ― ¿Llora porque voy a matarlo?

Ella levantó la cabeza y sus ojos azabache se encontraron con un par de ojos azules. Tenía recorrido el rímel, por lo que se formaba una pequeña línea negra que iba de sus ojos hasta las mejillas.

¿Es sarcasmo? – una lágrima otra vez – ¡Todo lo que quería era pasar un cumpleaños decente!. ― un pequeño sollozo de escapó de sus labios ― ¡Todo lo que quería era quitarme esta maldita cana! Y ahora en cambio, estoy atada y a punto de morir.

Oh, pero no he dicho que vaya a morir…― hizo una pausa – Aún.

El hombre no sabía cómo reacción. Había estado con muchas mujeres, pero ninguna de ellas era tan dramática como la mujer que tenía en frente. Miró a uno de sus secuaces y ambos se encogieron de hombros. De pronto sacó un pañuelo azul con el cual le limpió las lágrimas.

La dejo con su drama.

Le dio la espalda, pero esa palabra ella ya la había interpretado de otra forma.

¡¿A quién le llama dramática?! – alzó aún más la voz y sus lágrimas fueron remplazadas por una ira incontenida ― ¡Dramática su abuela!

Dio la orden para que le volvieran a vendar la boca y por consiguiente observó a su rival.

Tienes una forma muy extraña de conseguirte mujeres, Taisho.

Dos días antes…

Pensé que era un mito eso de que cuando uno llega a los treinta siente que la flor de su juventud se va a partir que uno pisa el tercer piso.

¡Estaba en un tremendo error!

Después de ver aquella cana en mi cabeza un sinfín de imágenes de mí y con un cabello blanco se cruzaron por mi cabeza. No tenía novio, no tenía ni siquiera un "amigo" con quien pasar un rato (ya sabes a lo que me refiero). La única compañía que tenía era mi gato, Buyo, quien dormía plácidamente en su cama.

Fruncí el cejo mientras lo observaba… ¿Y si me convertía en la señora de los veinte gatos? Esa señora que no tiene hijos, esposo, pero si un montón de gatos.

Traté de respirar mientras me concentraba en algo, no deseaba que un ataque de ansiedad me diera.

Afortunadamente mi móvil sonó.

¡Perfecto! ¡Una distracción!

¡Lo que necesitaba!

― ¿Quién cumpleaños mañana? …

¡Cierra tu boca Akane!

Mi amiga se quedó muda al escuchar mi explicación. Era como si se lo hubiera dicho en mayúsculas, letras en negrita y todos los signos por habidos y por haber.

― Por lo visto alguien amaneció de muy buen humor – escuché su tonó sarcástico detrás del móvil – Me alegra escuchar eso, Kagome.

¡Respira!

Cerré los ojos.

¡La cana de mi cabello es mental! ¡Se puede pintar! ¡Se puede rejuvenecer!

― Escucha, he llegado a la conclusión de que mañana será mí no cumpleaños.

Podía casi ver su reacción, seguramente tenía una ceja alzada mientras le hacía un gesto raro as u móvil. Como si esa mirada fuera directamente hacía mí.

― ¿Y se puede saber por qué hoy es tu no cumpleaños?

― Akane… ― una lagrima resbaló en mi mejilla – Me descubrí una cana – sentí como me resbalaba una lágrima. ― ¡Una cana! ¡Una maldita e insignificante cana!

Si, llámame ridícula y todo lo que tú quieras. Pero esa cana se esparce como el virus "T" y cuando menos lo recuerdas tu cabeza está repleta de ellas. Son casi imposibles de eliminar. Mi madre se pintaba el cabello de rubio y aun así se podían ver sus canas.

Esperaba comprensión de su parte o algo, pero en cambio solo escuché su risa.

Fruncí el cejo, si no fuese porque es mi amiga le hubiera colgado y cortado cualquier comunicación con ella. Incluso lazos de amistad.

¡Córtala, Akane! *

― ¿Por qué te ríes?

Ella suspiró un poco más tranquila.

― Porque eres dramática.

― ¡No soy dramática! – grité ― ¿Y si me convierto en la señora de los gatos? Esa cuyo departamento huele a humedad y después la encuentran muerta.

― Eres muy dramática. – ella volvió a suspirar –Una cana no dice que ya estás vieja. Además, cumplir treinta no es tan malo. Tú misma lo habías estado diciendo durante un año.

― Si, pero eso fue antes de verme esa cosa blanca en la cabeza.

― Probablemente ya la tenías desde ayer y no te habías dado cuenta – su tono era consolador – Mira, deja de llorar, paso por ti y nos vamos a desayunar. Ya en la noche planeamos una salida ¿Qué te parece? Además, Ranma ya no tendrá que seguir viajando, podría incluso presentarte a un colega de su trabajo.

Hice una mueca, realmente a pesar de conocer a Akane durante dos años no he visto a su novio. Según ella tiene mucho trabajo y es un hombre que siempre esta de viaje, solo sé que se llama Ranma. Incluso no he visto fotografías de él, en ese aspecto ella es muy reservada.

Sería la primera vez que conozco a ese tal Ranma.

Suspiró mientras observo la cana de mi cabello. En cuento cuelgue la llamada con Akane voy directo a un supermercado a comprarme un tinte. Esa cana se va porque se va o me dejaré llamar Kagome Higurashi.

― Como quieras― respondo resignada y sin un ánimo.

Comienzo a odiar la palabra "Cumpleaños".

Terminó sin mucho apuro la llamada, es viernes y no tengo que ir a la oficina ya que me habían dado el día libre. Paso a un minisúper que esta justo a tres manzanas de mi departamento. Pero el ver los tientes no hace sino incrementar mi duda. ¿Si mi lo pinto rubio, me vere más morena? Niego y dejo la caja de tinte sobre su estante.

A la cajera no parece importarle del todo mi indecisión. Pues esta más entretenida viendo un programa de concursos mientras una risa burlona escapa de vez en cuando de sus labios. Atiende a un cliente que solo iba por pastillas Halls negras y unos condenes para luego desaparecer por la puerta.

Frunzo el cejo ¿Para que querrá las Halls?

Bien Kagome, me regañó mentalmente. No estoy para hacerme preguntas estúpidas. Estoy aquí para comprarme un tinte. Pero nunca he necesitado uno y es agama de variedad me confunde. El rojo pasión es bonito, pero no es mi estilo. Hay diferentes tonos en negro azabache y no sé cual elegir.

¡Maldita sea!

Es igual que elegir que marca de tapones es la indicada, cual durara más. Esto de ser mujer es sumamente complicado. En fin, ya está decidido, elijo uno entre azabache y castaño. A ver que tal.

Cuando de la nada escuchó un estruendo y las cosas se tornan oscuras. Todo lo que veo ante mi es mi vida pasar a mis casi cortos treinta años.

Un carro se impráctica contra las puertas del minisúper. Tanto la cajera como yo nos hacemos a un lado para cubrirnos de los cristales y del propio auto. Que queda a escasos milímetros de mí. Lo justo para ver la puerta del copiloto abrirse.

Todo me da vueltas, lo que escuchó son solo leves voces. Siento como me agarran del brazo y por consiguiente un arma se clava en mis cienes. El corazón se me paraliza y por instinto levanto los brazos.

― Inuyasha…

Unos hombres armados, de esos que parecen detectives estilo película de misión imposible.

― Suelta a la señorita.

Me atrevo a ver al hombre que esta en frente de mí, apuntando con una pistola al que me tiene amordazada.

― ¿Y qué dijiste? ¿La dejo ir y así me vas a matar?

Por un segundo me atreví a ver a mi captor y lo que veo me deja con la boca abierta. Cabello blanco y largo, sujeto con una media coleta, él sí que necesitaba un tinte. Sus ojos están ocultos por unas gafas de aviador en tono azul metálico. Lleva una chaqueta de cuero negro. Dios, parece el propio Pete Mitchell salido de Top Gun.

― Debemos dialogar.

El chico de ojos azules parecía el mas sensato. Bueno eso creo, porque esta tratando de dialogar con él.

― ¡No des un paso! – lo amenazó– O te juro que le vuelo los sesos.

¡NO!

Espera, soy joven. Aun no llegó a mis treinta. Necesito llegar a mis treinta.

― No le hagas nada. Deja ir a la civil. Estoy seguro de que podremos llegar a una solución.

― Sabes que eso no va a ser así – escuché como le quitaba el seguro al arma –Sabes perfectamente como yo que me incriminaron. Pero te juro que voy a probar mi inocencia. Así que mientras tanto, ábreme el camino para que ella y yo nos podamos ir.

El chico de ojos azules asintió y lo único que hizo fue dar la orden a sus demás compañeros para que estos bajaran sus armas. El tal Inuyasha me metió al auto sin ningún cuidado, subió al auto y dio marcha en reversa.

Yo solo pude observar al chico de ojos azules mientras nos alejábamos, tratando de pedirle ayuda con la mirada.

Ese hombre manejaba como si el propio diablo lo persiguiera, tuve que buscar el cinturón de seguridad para ponérmelo. Pero si ya estábamos alejados de quienes lo perseguían, lo más ideal era que me soltara.

― ¿Me vas a liberar?

Tuve que interrumpir el silencio que existía entre los dos.

Me miró, me miró, negó y por último esbozó una media sonrisa.

¿Bonita? ¡Estúpida, te está secuestrando!

No es momento para decir que tiene bonita sonrisa o que sus brazos son iguales o más grandes que Henry Cavil.

― No – se agarró más al volante – Eres mi pase de salida.

Detuvo el auto en un callejón, se volteó hacia mí y por un momento pensé que me besaría al verlo arcarse tan sigilosamente.

― Lo siento.

Sentí un pinchazo en el antebrazo y todo a mi alrededor se desvaneció.

Xxx

Escuchó su móvil sonar, se apuró en sacarlo del bolsillo de su pantalón y al ver la persona que le estaba marcando tuvo que alejarse del bullicio.

― Hola corazón.

― Hola preciosa – la saludó, fingiendo estar de buen humor para no alertar a su novia.

― ¿Si nos vamos a ver esta noche?

Miró el estruendo que había ocasionado su amigo. No, iba ser imposible verla. Justo cuando ya por fin iban a terminar su misión, surgieron nuevos infortunios. Tenía que esperar hasta dar con Inuyasha si deseaba ver a Akane.

― Lo siento, tuve unos inconvenientes en el trabajo – saludó a un agente que iba a tomar algunas evidencias. O si es que había unas – Tengo que hacer un viaje corto de negocios. Mi jefe ocupa la firma de un cliente. Pero descuida, no demorara una semana.

― ¿Me lo prometes?

― Si.

Y tras decirle algunas palabras más cortó la comunicación.

En seguida timbró otro móvil y supo que no era de su novia, sino el de su jefa.

― Escapó.

No hace falta decirte lo que tienes que hacer. Inuyasha es peligroso y todas las pruebas apuntan a que es un traidor.

― ¿Te has puesto a pensar si alguien lo esta tratando de incriminar?

Tonterías Ranma. Quiero a Inuyasha aquí en la agencia muerto o vivo. Pero tú te encargas de eso.

Cerró los ojos y maldijo por decima ocasión. Estaba en una encrucijada. Por un lado, le debía lealtad a la CIA y por el otro, Inuyasha era su amigo. Ambos habían sido entrenado juntos, compartiendo misiones juntos y que todo eso se acabe de la noche a la mañana por su traición.

No podía creerlo.

De hecho, no quería hacerlo.

― No te preocupes Tsubaki. Se justo a donde se dirige.

Colgó la llamada y de inmediato se acercó a él un agente, entregándole unos papeles para su firma.

― ¿Dónde cree que haya ido, detective?

Ranma observó en el pavimento las marcas de las llantas que Inuyasha había dejado al salir rápido.

― Solo a un lugar – respondió para sí mismo – Solo a uno.