Una vez más aparezco con una breve historia, así que si ya me seguis y me lees, te agradezco por sumarte nuevamente a este nuevo relato.
Para la tranquilidad de todos, será una historia de pocos capítulos que ya tengo escrita y solo falta hacer lectura de corrección, así no me matan por tardar en publicar :)
Si estás viendo SPYXFAMILY, creo que todos damos vueltas sobre el mismo punto... ¿Cómo será cuando se enteren? No pude evitar pensar en escribir algo al respecto y esto es lo que salió.
Sin mucho más que decir, espero que lo disfruten y me lo hagan saber.
Saludos!
¿En qué momento? ¿En qué momento fue que sucedió? ¿Es que acaso había bajado la guardia? ¿Había dejado de ser el mejor? ¿Había fallado en lo que era su primera regla? Desde la oscuridad de su habitación, Loid Forger dejó escapar un suspiro cargado de frustración. Hacía semanas que venía con una lucha interna, intentando analizar todos sus pensamientos sin dar con una buena respuesta. Para él, había cosas imposibles, inalcanzables, inexistentes. ¿Desde qué momento, entonces, había dejado que una semilla se plantara dentro de él sin que pudiera evitar su germinación? ¿En qué momento se habían empezado a desdibujar los límites entre Twilight, Loid Forger y él mismo?
Aquél había sido un día agotador y ya le habían dado su próxima misión. Twilight no tenía tiempo para relajarse y sin embargo... no podía dejar de tener preocupaciones, que para el común de la gente serían banales, en la cabeza. Anya había estado de mal humor desde que se había levantado, ni el ir a la escuela había cambiado su día. Si bien no había recibido ningún tornitus (para su suerte), se la pasaba diciendo que odiaba la luna nueva. Loid no podía entenderla, cada vez que le preguntaba algo al respecto, solo farfullaba cosas incoherentes, fruncía el ceño y se alejaba o metía en su habitación. Bond se había pasado el día persiguiéndolo y ladrando. Tampoco lo entendía, no había aceptado jugar, pasear, más comida ni nada. Y Yoru... Yoru era tema aparte. Era su esposa como parte de cobertura para la misión, no obstante la imagen de Yoru se colaba constantemente en su cabeza y hasta en sus sueños. Sin ir más lejos, esa mañana antes de que Anya se levantara, se topó con ella en el pasillo. Llevaba unas mantas dobladas en sus brazos e intentaba guardarla en uno de los armarios altos. Loid había tenido la intención de ayudarla, por lo que le quitó las mantas de las manos y se estiró sobre ella para guardarlas en su lugar. No se dio cuenta la posición en la que había dejado a su mujer hasta que ella lo llamó con voz nerviosa.
—Eh... Loid...
Se supone que un espía nunca debe bajar la guardia y él como el mejor espía de Westalis debió haberse dado cuenta de que estaba cometiendo un error. Bajar la cabeza cuando no había terminado de acomodar las mantas y encontrarse con el rostro sonrojado de Yoru tan cerca del suyo, no fue ni por asomo de los actos más inteligentes de Twilight. Podía sentir su respiración nerviosa y su aliento mentolado, por la pasta de dientes, chocar contra su rostro. Loid no pudo evitar quedarse congelado en su lugar. Había intentado evitar de manera consciente esos momentos con su mujer en el último tiempo. Desde la última vez que había confundido sus acciones por sentimientos amorosos hacia él y ella le había reiniciado el cerebro con uno de sus golpes, se había prometido dejar la actuación amorosa para lo estrictamente necesario. Yoru había demostrado no ser ni por asomo como todas las mujeres que había conocido y utilizado para sus misiones, y eso lo aliviaba y alegraba por partes iguales. Por ello, se había prometido a si mismo respetar aún más a Yoru y no abusar de la situación. ¿Acaso eso hizo que se relajara ante la propietaria de aquellos ojos rubíes de los que no podía apartar la mirada? ¿Qué le pasaba? ¿Por qué pensaba en ella más de lo estrictamente necesario?
"¡Reacciona, Twilight!"
Loid había abierto la boca para disculparse y dar un paso atrás, y lo hubiera logrado si no fuera por Bond que pasó a lo bruto hacia la habitación de Anya empujándole en el proceso, haciendo que perdiera el equilibrio. Loid apoyó las manos contra la pared en un intento de evitar la caída, lo que ocasionó varias cosas, todo había sucedido de manera extremadamente rápida. Uno, Yoru había terminado encerrada entre sus brazos y la pared. Dos... las mantas que no había terminado de acomodar, cayeron por el golpe que le dio al mueble al usarlo de sostén ocasionando lo que menos habría imaginado en la vida.
Yoru había reaccionando instintivamente y con sus buenos reflejos había intentado evitar la caída de las mantas, por lo que se había puesto en puntas de pie, había levantado las manos e inclinado la cabeza hacia arriba. El problema de todo eso, fue que el rostro de Loid quedó mucho más cerca del suyo y sus narices llegaron a rosarse. Incluso con tal cercanía, el espía pudo notar cómo el rostro de la joven enrojecía de golpe y cómo ella cerraba los ojos ojos con fuerza. A su vez, bajó las manos que habían servido de sostén por un momento para las mantas que volvieron a emprender su caída y golpearon la cabeza de Loid, justo en la nuca, por lo que su cabeza bajó unos centímetros y su boca chocó con los labios de su esposa. De un momento a otro, se estaban besando, o bueno, no exactamente porque solo sus bocas habían chocado en un accidente.
Las mantas cayeron al suelo y a Loid le llevó unos segundos procesar lo que había ocurrido. El pánico se apoderó de su cuerpo e hizo lo único que se le ocurrió en ese momento. Cerró también los ojos con fuerza y esperó el golpe que sabía que vendría. ¿Qué le iba a hacer un desmayo más en su vida? Esos últimos meses, venía cotizando de a montones. Para su sorpresa, el golpe nunca llegó y Loid se atrevió a abrir los ojos luego de unos segundos más que parecieron eternos. Con precaución, se atrevió a apartarse y dar un paso hacia atrás. Yoru se mantenía estática con los ojos cerrados y el rostro enteramente enrojecido, tenía también las manos cerradas en dos puños y parecía cargada de tensión. Para su suerte, no lo había empujado ni dado uno de sus golpes mortales que parecían reiniciar la matrix entera. Aún así, seguía esperando de un momento a otro que ella reaccionara y le propinara un puntazo. El corazón le latía a mil por hora y sentía el rostro en llamas. Se sentía como un puber que daba el primer beso de su vida y estaba a la espera de la resolución. ¿Había estado bien, había sido horrible?
Yoru colocó las manos sobre su pecho que bajaba y subía de manera irregular.
—Lo... lo siento, Yor...
Fue lo único que pudo decir, pues las palabras se le atoraban en la garganta y el cerebro parecía no querer responder con normalidad. Parecía que un cortocircuito le hubiera atravesado el cerebro, dejándolo abombado, aturdido. Yoru por su parte, se tomó unos segundos antes de negar con la cabeza con lentitud y volver a abrir los ojos.
—No... es nada. F-fue un accidente.
"No es nada", "no es nada", "no es nada". Sus palabras se repetían como disco rayado e hicieron que un cúmulo de ideas lo atravesaran embotellándose en su cabeza. ¿Qué debía interpretar de esa respuesta? Loid quería preguntar. Loid quería saber si ese "no es nada" era un permiso para... o una negativa rotunda para... ¿para qué?
"Twilight, concéntrate. No te olvides quién eres, ¡Twilight!"
Loid, aún confuso, tuvo el impulso irrefrenable de volverse a inclinar sobre su sonrojada esposa, de probar de verdad el sabor de sus labios, de besarla de verdad; de responder a todas las interrogantes que le surgían sin que él pudiera detenerlas. Ya no pensaba con lógica, su cuerpo no le respondía y no acataba las órdenes mentales de alejarse. Loid hubiera cedido a la voluntad de su cuerpo si no fuera por la voz adormilada de su hija que pasaba detrás suyo.
—Bue-nos... días —saludó con gran bostezo mientras se restregaba los ojos. Anya, dormida, no se había percatado de nada y Yoru vio su oportunidad para escapar.
"¿A qué estás jugando, Twilight?" volvió a preguntarse en el silencio sepulcral de su habitación. Loid se cubrió el rostro con sus manos intentando descifrar si sus impulsos eran meramente necesidades físicas y biológicas o algo más. Sabía la respuesta, solo... no estaba dispuesto a aceptarla o asumirla. "No es momento de analizar todo esto. La operación Strix es lo importante". En un intento testarudo de sacarte ideas absurdas de su cabeza y de acallar los latidos de su corazón que se aceleraban en cuanto pensaba en su familia falsa, Twilight dirigió su concentración a su nueva misión "Y más aún... mañana es cuando debo estar más despierto. No puedo permitir fallas. Mi vida está en juego. Debo cumplir con la misión de recabar datos de la mejor asesina de Ostania, Thorn Princess... debemos identificar si Desmond sabe que estamos detrás de él y es quien la ha contratado para eliminarme, al menos antes de que ella cumpla con su objetivo y logre matarme".
Por primera vez desde que había adoptado a Anya, Loid se había marchado de la casa dejando a una niña berrinchuda y llorona bajo cuidado de Franky. Esa noche él había avisado que debía trabajar y Yoru, para mala suerte de Anya, había llamado informando que se retrasaría por trabajo adicional en el ayuntamiento. Fue entonces que Anya había enloquecido; lloraba, pataleaba y suplicaba que se quedara con ella. Algo dentro de Loid se removió ante el llanto de su pequeña hija. Sin embargo, aquella era una misión que no podía posponer.
Según sus informantes, Thorn Princess estaba tras él y esa noche iría a aniquilar a uno de los funcionarios corruptos que WISE tenía en la mira. Takahashi Minato era uno de los principales traficantes de información para la facilitación de contrabando de armas a grupos rebeldes, simpatizantes con Westalis, escondidos en Ostania. Según le habían informado, Thorn Princess, es decir su contratante, creía que Twilight mantenía contacto con Takahashi e iría esa noche en busca de datos acerca del próximo intercambio y para asegurarse que la entrega de dinero no fuera interrumpida. Lamentablemente para Takahashi, y ese era el motivo por el que nadie sabía mucho sobre Thorn Princess, la famosa asesina no dejaba alma en pena con vida por lo que, podía pensarse que era su fin. Con esa información en sus manos, Twilight sabía que se estaba jugando la vida al tratar de recabar datos sobre aquella asesina a sangre fría. Pero, lamentablemente, era la única opción que tenía para intentar adelantarse a alguna posible estrategia de confrontación o escape. Si quería ganar esa batalla, debía saber a quién se estaba enfrentando.
Disfrazado como un mero trabajador de limpieza, con una máscara que ocultaba su identidad y manteniendo la gorra baja, Twilight se infiltró en uno de los depósitos, ubicados al sur de Ostania, donde se llevaría a cabo el intercambio de dinero provisto para esa noche realizado por el propio Takahashi Minato.
Lo primero que Twilight notó al meterse en aquel lugar fue el silencio impropio que se escuchaba a su alrededor. Lo segundo, el olor a hierro que despedía la sangre esparcida por todo el suelo. Allí había ocurrido una verdadera masacre. Intentando mantener el mayor sigilo posible, Twilight se dirigió hacia donde creía encontrar a su objetivo. A lo lejos pudo escuchar unas voces amortiguadas. Alguien suplicaba por su vida y estaba casi seguro de que aquél era el funcionario. Thorn Princess probablemente lo tendría acorralado.
—¡L-lo s-siento! ¡N-no me m-mates! ¡J-juro que n-no s-se nada de Twilight! ¡POR FAVOR!
Twilight podría haber sentido pena de ese hombre si no fuera por el mero hecho de ser una persona que atentaba contra la paz entre Westalis y Ostania. Thorn Princess, sin saberlo, se estaba encargando de eliminar a alguien que estaba comenzando a representar un problema para WISE. Lamentablemente para ellos, a partir de ese día tendrían que buscar información del proveedor principal por otro lado. Manteniendo una distancia prudencial donde no pudiera ser visto ni oído, Twilight se acercó aún más.
—Lo entiendo y lo lamento señor Takahashi. Le creo... no es nada contra usted... Bueno, en realidad si. Usted está traicionando a la patria y a mi no me gusta la gente que traiciona a la patria.
Fue como si un cortocircuito atravesara su cerebro y una especie de plomada detuviera la sinapsis de sus neuronas. Esa voz... Loid frunció el ceño con preocupación al oír la voz de aquella mujer llamada Thorn Princess. ¿Acaso el cansancio le estaba jugando una mala pasada? ¿Acaso lo sucedido la mañana anterior le estaba ocasionando estragos en su cabeza? Olvidándose por completo del papel que tenía que jugar, Loid se acercó de manera imprudente para cerciorarse de que en realidad su cabeza le estaba jugando una mala pasada.
—Lo lamento, pero le pido por favor que me entregue su vida.
Sin decir mucho más, Thorn Princess atravesó el cuello de Takahashi Minato con uno de sus estiletes dorados. El terror en los ojos de Takahashi quedó grabado en la memoria de Loid, los ojos parecían querer salir de las cuencas del cráneo, la boca había quedado abierta en un grito ahogado por su propia sangre. Más pronto de lo que esperó, el cuerpo cayó inerte hacia un costado, derramando sangre de manera profusa y a chorros, por la boca y por donde la aguja lo había atravesado.
La mandíbula de Loid hubiera podido tocar el piso si eso fuera posible, pero no por lo terrible de la escena, él había hecho cosas peores si de eso se trataba. Lo que al espía lo había dejado espantado era la imagen de la sicaria. Parada en medio de un charco de sangre, Loid pudo ver con claridad a Thorn Princess, al vestido negro que conocía, al peinado que veía todos los días... a la silueta que estaba acostumbrado a tener cerca suyo... o mejor dicho, Loid estaba viendo con claridad a su mujer, su esposa, a la madre que había escogido para Anya... a Yoru Briar, a Yoru Forger.
Pero no, aquello no podía ser cierto, debía estar alucinando. Loid no estaba dispuesto a creer lo que sus ojos veían, Thorn Princess no podía ser Yoru. No, de ninguna manera. Él la había investigado, incluso le había puesto un micrófono y nada le había dado indicios de que Yoru Briar fuera alguien más de lo que mostraba ser. No. Sin duda debía ser algún tipo de ilusión o alucinación producto del cansancio o alguna neurotoxina que estuviera esparcida por allí y que él no había detectado. Si, debía ser algo así.
Loid cerró los ojos y meneó la cabeza intentando despejarla. Debía marcharse de allí cuanto antes. Una vez más, gran equivocación por parte de Twilight... Con la nueva idea implantada en su cabeza de escapar de allí, abrió los ojos notando de inmediato el grave error que había cometido. Thorn Princess había desaparecido de su campo de visión. Aún perplejo, el espía dio un paso hacia atrás.
—¿Acaso eres Twilight?
La voz proveniente de sus espaldas hizo que su corazón pegara un brinco. Por primera vez en mucho tiempo, Twilight se encontraba desarmado, sorprendido, atrapado y sin saber qué hacer. Loid no respondió, solo giró su cuerpo para quedar cara a cara con los mismos ojos rubíes en los que se había perdido la mañana anterior. A pesar de ser los mismos ojos que tanto conocía, la diferencia con los que estaba viendo en ese momento era notoria, ya no eran esos ojos amables y brillantes de ilusión y alegría. El rojo de sus ojos incluso parecían más oscuros, cargados de una determinación y seguridad abrumadores. Loid podía ver el instinto asesino en ellos.
—¿Puedes responder mi pregunta por favor? ¿Acaso eres Twilight?
El rostro cubierto de gotas de sangre de Yoru, no le favorecía al tono amable que intentaba imponer en su voz.
"¡TWILIGHT!"
Como si de un motor que comenzara a funcionar de nuevo se tratara, el cerebro de Twilight comenzó a pensar a toda velocidad, evaluando cada posibilidad de escape que tenía. Se suponía que él no debía toparse con Thorn Princess según el plan que había desarrollado. Por supuesto, todo se había ido al carajo, pues la tenía delante suyo, amenazadora, imponente. El arma que llevaba en su espalda estaba muy lejos de su alcance ante los reflejos de la asesina profesional que tenía delante. Twilight sabía que si hacía un movimiento en falso, estaba muerto. Por otro lado, aunque negara la identidad de Twilight y se hiciera el desentendido, no tenía garantizada la seguridad de su vida. Se decía que Thorn Princess no medía culpabilidad o no... si estabas en el medio de su camino, tu muerte estaba asegurada. Pocas eran sus chances de salir victorioso de eso. Si tan solo pudiera encontrar algo para distraerla por unos segundos, quizás podría tener la posibilidad de escapar.
—¿Yoru?
Su nombre había salido de su boca siquiera antes de haber formulado un plan. Los nervios y lo abrumador de la situación estaban haciendo mella en él. La asesina inclinó la cabeza hacia un lado y alzó las cejas con sorpresa.
—¿Me conoces? —preguntó haciendo girar uno de los estiletes dorados en su mano, mostrándose amenazante.
Loid tragó saliva con dificultad. Una pequeña parte de él, esa que se aferraba a los últimos hilos de esperanza, deseaba que la mujer desconociera ese nombre. ¿No era acaso una alucinación? ¿Cómo había podido ser que él, el mejor espía de Westalis, no se hubiera dado cuenta que se había unido en matrimonio con la mayor asesina de Ostania? ¿Cómo había pasado tanto tiempo sin que se fuera cuenta de nada? En todo ese tiempo que había convivido junto a Yoru, él había sido el crédulo al creer en la ingenuidad de la joven.
Por otro lado, ante los movimientos constantes de las agujas en las manos de la mujer, Loid entendió que a Yoru no le interesaba si alguien sabía o no su identidad... pues ella no dejaría a nadie con vida.
¿Qué debía hacer? Basado en su experiencia de convivencia en aquellos nueve meses, Loid había aprendido que su esposa tenía habilidades de pelea y una fuerza que eran inusuales para alguien menuda y delgada como ella, lo que ahora cobraba completo sentido al conocer su verdadero trabajo. En una pelea cuerpo a cuerpo, sabía que perdería. ¿Cómo podía ser que nunca hubiera sospechado nada? Sin estar muy seguro de lo que hacer, Twilight decidió jugar una carta muy arriesgada.
—Yor... soy yo.
—¿Perdona? Creo que no te conozco.
Acercándose amenazadora, Yoru sujetó sus estiletes por delante de su cuerpo, doblando un poco las piernas, dispuesta a atacar. Loid necesitaba ganar tiempo. En una acción desmedida y jugándose la vida, Twilight subió su mano con lentitud hacia su rostro y retiró la máscara falsa, develando la cara que tanto Yoru conocía. La reacción de la mujer había sido lo que había esperado. Ella abrió los ojos con gran sorpresa y bajó los estiletes, perpleja y perdiendo un poco la defensa de sus manos. ¿Revelando su identidad, Yoru tendría piedad?
—¿Loid?
Sin perder el valioso tiempo que había ganado, el espía sacó su arma de la espalda y apuntó directo al pecho de su esposa.
—Qué tonta soy —Yoru soltó una pequeña risa que lo descolocó por su frialdad—. Estoy ante el que se dice, es el mejor espía de Westalis, claro que ibas a saber quién soy... Me habían avisado que Twilight era el maestro de las máscaras, pero querer tomar la identidad de mi esposo y apuntarme con un arma, no te van a salvar la vida. De hecho, solo estás logrando hacerme enojar.
Loid pudo percibir un aumento de furia en los ojos de la asesina. Ella había aferrado aún más los estiletes y dobló sus rodillas, lista para lanzarse directo a su cuello. Al paso que iba, no le estaban quedando muchas opciones más que disparar el arma.
—¡Yoru! ¡En verdad soy yo! ¡Soy Loid!
—No me gusta la gente mentirosa, ¿sabes?
No tenía muchas oportunidades más...
—¡Yoru!
—No te perdonaré... ¡No te perdonaré por usar el rostro de mi marido!
Thorn Princess adelantó un paso hacia él y Twilight se decidió apretar el gatillo.
