En un mundo ideal, Twilight no existiría más que como nombre de una cursi película para adolescentes. En un mundo ideal, él volvería de su trabajo, organizaría probablemente una salida a tomar cervezas con sus amigos o iría a visitar a sus padres. Incluso podría pensarse en la posibilidad de cruzar su camino con una hermosa joven que le robara el corazón... en un mundo ideal.

En el mundo real, se suponía que él se había deshecho de su corazón y los absurdos sentimientos que obstaculizaban su trabajo diario. A lo largo de esos años de vida y carrera, había aprendido a desprenderse de todo su viejo ser, había envuelto su corazón bajo capas de hielo e incluso había colocado una armadura a su alrededor.

Habiendo hecho todo eso y siendo conciente de la persona que era, de la misión que debía cumplir, de sus objetivos, de la imposibilidad de vivenciar ciertas cosas... entonces ¿por qué no podía apretar el gatillo?

En el momento en que la asesina dio un paso hacia él, su dedo se congeló en a milímetros del gatillo y dejó de responder a sus órdenes mentales. Twilight había perdido el control de su mano y en su lugar, Loid Forger había tomado posesión de casi todo su cuerpo, evitando que matara a quien consideraba a su esposa. Loid no podía dispararle a su Yoru, a esa mujer sonriente, alegre, avergonzada, torpe y mala cocinando. Loid no podía luchar contra la única persona que hacía que su verdadero yo saliera a la luz, ese que él pensaba enterrado y olvidado en los rincones más profundos de su ser. Twilight debía poder hacerlo, Twilight tenía que hacerlo, pero había perdido el control.

Procurando al menos sobrevivir ante el inminente ataque de la mujer, Loid usó la culata del arma como escudo ante las estocadas que comenzaron a caer sobre él como lluvia torrencial. Tenía que pensar rápido en una alternativa o de lo contrario moriría. Si tan solo pudiera encontrar una manera de inmovilizarla y sobre todo, de quitarle los estiletes que a duras penas esquivaba, quizás tendría una posibilidad de escapar con vida.

En un movimiento afortunado, Loid logró empujar los estiletes hacia su costado izquierdo al tiempo que propinaba un golpe con la culata de arma en el brazo izquierdo de ella. Yoru dio un salto hacia atrás, recuperando aliento y fuerza para una nueva embestida.

—Vaya y pensar que yo esperaba matarte en menos de un minuto. Me has sorprendido, llegaste a superar los dos minutos... peleas bien —Yoru sonrió —, y he de admitir que esa máscara es muy resistente. Mis cortes no la han arrancado. En fin, en respeto, no seré tan generosa con el próximo ataque.

Loid apretó los dientes y retrocedió un paso preparándose para una nueva lluvia de estiletes. Tenía cortes en varias partes del rostro y los brazos. Yoru estaba empecinada por ir a su rostro. Se limpió la sangre que corría por una de sus mejillas con el dorso de su mano.

La ingenuidad de Yoru no podía presentarse en peor momento. Bajo ese odio o esa sed de sangre, nada la haría darse cuenta de la verdad y él no sabía cuánto más podría resistir los ataques. ¿Se detendría?

—Yoru... en verdad soy yo. Loid. Te lo juro, por Anya.

Apenas dijo el nombre de su hija adoptiva, Loid se arrepintió. Yoru frunció los labios y en un abrir y cerrar de ojos lo derribó de manera sorprendente por la cintura, quitándole todo el aire de un golpe. La cabeza de Loid golpeó el piso con fuerza dejándolo aturdido y la pistola que tenía en su mano salió disparada lejos de su alcance ante el impacto. Thorn Princess lo había acorralado contra el piso. Su rodilla le presionaba el pecho con una fuerza increíble, inmovilizándolo, y un estilete apuntaba justo entre medio de sus ojos. Loid estaba asombrado de no haber quedado inconsciente de inmediato ante tal golpe, aunque le dolía exageradamente la cabeza y su vista se había vuelto borrosa. ¿Se habría partido el cráneo?

—No tienes permitido meter a mi hija en esto —Yoru habló entre dientes —. Me propuse eliminar a la basura como tú que usa a los seres queridos de los demás, para darle un mundo mejor a mi hija.

Si la situación hubiera sido otra... Loid quizás hubiera podido sentir calidez y orgullo en su pecho ante tales palabras. Sin embargo... solo podía pensar que Twilight había fallado por primera vez en lo que llevaba en sus años de espía. Twilight había bajado la guardia, había dejado que alguien penetrara en la fortaleza y eso era lo que obtenía. La nada, la muerte. Loid, en tanto, se entregó a ella.

"Anya... lo lamento, hoy no volveré a casa. Es mi fin".

—¡NOOO!

Un grito agudo irrumpió el ataque final de Yoru, congelando el estilete justo a un centímetro del rostro de Loid. Ella preparó el otro estilete de la mano libre, lista para protegerse o atacar a quien fuera el protagonista del grito.

—¡MAMÁ NO MATES A PAPÁ!

—¡¿ANYA?!

Montada sobre Bond, Anya se acercó a toda velocidad hacia ellos. Tenía el rostro bañado en lágrimas y respiraba de manera agitada, parecía temer haber llegado muy tarde para evitar una gran tragedia en su familia perfecta.

—¡Es pa, es pa! —lloriqueó—. De verdad es pa. ¡No lo mates!

Anya bajó del lomo de Bond y se tiró sobre el pecho de Loid, empujando la mano estática de su madre para alejar las armas peligrosas del rostro de su padre.

—¿Ah?

Yoru, al igual que Loid, parecía estar completamente confundida y sorprendida. Bajó los estiletes con lentitud, dejando caer sus manos a cada costado de su cuerpo y aflojó la presión que ejercía sobre Loid, dándole lugar a Anya para protegerlo.

Loid no estaba seguro de si debía agradecer el milagro divino de ver a Anya allí y haber salvado su vida, o gritarle por poner su propia vida en riesgo. Si Yoru había estado dispuesta a matarlo creyendo que su imagen era un engaño, nada le garantizaba que no fuera a hacerle daño a su hija. Debía protegerla. Y si bien no podía disparar contra quien llevaba adelante el papel de su esposa, Loid sabia que no permitirá que nada le ocurriera a Anya. No importaba si no era su hija verdadera, Anya era una pequeña e inocente niña y no permitiría que nada le quitara la sonrisa.

Aprovechando que Yoru no salía de su estupefacción, Loid se las ingenio para hacer acopio de todas sus fuerzas, a pesar del dolor de su cabeza, y colocar a su hija detrás de su espalda, en un intento de protegerla.

—No, pa... Ma no es...

La súplica de Anya quedó perdida en el viento ante los repentinos ojos aguados de Thorn Princess. Los estiletes cayeron al suelo con un sonoro ruido y Yoru se cubrió la boca con ambas manos, sin notar que sus mejillas se estaban llenando de lágrimas.

—No puedo —dijo con voz ahogada y rota —. No puedo.

—Ma...

—No te muevas Anya.

Loid, desconfiado, impidió que la niña escapara de su protección. No obstante, el llanto angustiado de Yoru hizo que algo se removiera en su pecho con incomodidad. Dolía. Su llanto dolía más que su cabeza.

—¿Y-Yoru?

—N-no importa s-si no eres el v-verdadero L-Loid... y-yo n-no puedo...

Sabiéndose derrotada, Yoru se dejó caer sobre sus piernas y agachó la cabeza, como esperando su golpe final. El instinto de Twilight le decía que esa era su oportunidad para huir, sin embargo, su cuerpo no respondía.

—Ma no nos lastimará —a su espalda, Anya palmeó su brazo y habló con seguridad. Incluso parecía llevar cierta calma a su corazón perturbado—. Ya, ya, todo estará bien.

—¿Anya? —Loid observó con asombro cómo su hija salía de detrás suyo y se acercaba a Yoru, a quién le palmeó la cabeza repetidas veces repitiendo que todo estaría bien. Bond, a su vez, apoyó la cabeza en una de las piernas de Yoru, como queriendo corroborar las palabras de su dueña y demostrar que podían confiar en quien había causado innumerables muertes.

Aquel acto pareció calmar los espasmos de la asesina quien luego de un momento alzó la cabeza para mirar a su marido e hija, aunque evitando hacer contacto visual.

—¿L-Loid?

Parecía ser que al fin había admitido la identidad de su esposo. Aún así, ¿qué tanto podía confiar en ella?

—Soy yo.

Yoru tragó con dificultad y su rostro tomó una tonalidad rojiza que intentó ocultar con sus manos.

—Lo... lamento. Loid, yo... lo lamento. Qué vergüenza... oh, Anya, no me veas, por favor no me veas.

La cabeza de Twilight era un caos total. Aún no podía terminar de entender la situación. Al final, resultaba que Yoru, la mujer que fingía ser su esposa, era en realidad quien debía matarlo y la mejor asesina de todo Ostania. Se decía que Thorn princess podía acabar con un batallón ella sola, pero allí la tenía, frente a él, disculpándose y con el rostro anegado en lágrimas. Por razones como esas es que se había prohibido confiar en otras personas además de él mismo, por eso había decidido arrojar su corazón y su antigua vida al olvido. Las consecuencias de su descuido eran incalculables y por primera vez, las estaba presenciando. La misión strix había vuelto su vida un completo caos. Por otro lado, estaba Anya, su hija adoptiva que había llegado...

—Momento —Loid pasó la vista de Bond a Anya repetidas veces—. ¿Cómo es que llegaron aquí? ¡Se suponía que estaban bajo el cuidado de Franky! Además... ¿Cómo sabían dónde encontrarnos?

Anya abrió los ojos con pánico ante el cuestionario que no se esperaba y se escondió detrás de Bond ante la mirada acusadora de su padre. En ningún momento desde que Bond le había compartido la visión, había pensado que tendría que enfrentarse a esa posible indagatoria. ¿Qué excusa podría poner para no tener que develar su secreto?

—Oh...

—Anya...

Anya comenzó a hablar de manera atropellada con incoherencias y palabras sueltas que fueron interrumpidas abruptamente por el ladrido repentino e incesante de Bond. Con solo un vistazo a la mente de su perro, Anya supo qué era lo realmente preocupante en ese momento. Detuvo su perorata y paseó la mirada por todo el lugar. Se les acababa el tiempo.

—¡Hay que irnos! —chilló de pronto, sobresaltando a sus padres— ¡A casa!

Loid frunció el seño cansado de andar a las adivinanzas y sobre todo, cansado de las sorpresas.

—Anya, responde lo que te pregunté.

—¡Ma necesita ir a casa!

Yoru, que no había podido emitir otra palabra más que disculpas, miró a su hija con el rostro enrojecido. No podía evitar pensar que a pesar de todo el caos que había causado, de toda la sangre que había derramado, Anya se estaba preocupando por ella. Se inclinó al piso de golpe, apoyando la frente contra el dorso de sus manos en un gesto que indicaba vergüenza. Yoru tenía el rostro y el cuerpo manchados con sangre, así como sus manos, sin contar que Anya había estado a punto de ver cómo asesinaba a su padre de una puñalada en medio del cráneo y la cantidad de cuerpos aniquilados esparcidos por el suelo que al menos sumaban seis, que Anya con seguridad habría visto. Yoru no creía merecer la benevolencia de su familia falsa.

—Anya, Loid... siento haberles mentido... siento mucha vergüenza. Yo... yo...

—¡Hay que irnos! —gritó de nuevo la niña, interrumpiendo las disculpas.

—¿Qué te pasa, Anya? Se que esto es... extraño pero...

A Loid el dolor de cabeza le estaba comenzando a penetrar el cerebro. Era mucha información repentina para un hora, aunque lo más probable era que el dolor se debiera al golpe que Yoru le proporcionó contra el suelo. Anya, por su parte parecía incrementar su nerviosismo y ansiedad, comenzando a dar vueltas en su lugar. A Loid le sorprendía que su pequeña hija no hubiera entrado en estado de shock ante la escena que se presentaba a su alrededor. No podía culparla por horrorizarse ante tal escena de muerte y destrucción. Él estaba habituado, había visto y hecho cosas peores, por lo que no se sentía en pleno derecho de juzgar ni acusar a su mujer.

—¡El tío viene hacia aquí con sus amigos!

—¿Qué?

La respuesta de Anya lo descolocó. Yoru incluso había levantado la cabeza del suelo, también desconcertada por la referencia a su hermano. No obstante, no hizo mención a ello, manteniéndose agachada contra el suelo.

—Era una trampa, una trampa, una trampa... para atraparlos a los dos.

—¿De qué estás hablando, Anya? ¿Y cómo sabes que...?

Anya no sabía qué hacer. La desesperación y el pánico se apoderaban de su cuerpo y la angustia quería tomar posesión de ella ante los posibles futuros que pasaban por la mente de Bond. En todos, Anya terminaba sola en un nuevo orfanato o siendo producto de nuevos experimentos.

—¡Soy una esper! —gritó finalmente con puños y ojos cerrados— ¡Sé que ma es una asesina! ¡Sé que pa es un espía! ¡Y sé que el servicio secreto viene a buscarlos!

Loid abrió ampliamente los ojos. Eso no se lo veía venir. ¿Anya conocía su identidad? ¿Desde cuándo? Yoru, aunque sorprendida, había comenzado una oleada de disculpas de nuevo, pero él no podía dejar de pensar en las palabras de su niña. Una esper. Si podían enumerarse los talentos de Twilight, además de ser el maestro del disfraz, podía decirse que tenía una memoria excepcional. Loid buscó en su memoria esa palabra que tanto le resonaba. Hacía mucho tiempo que no la escuchaba, pero como buen espía que era, Loid recordó unos documentos que estaban en posesión de la WISE. Hacía unos años WISE había recibido información de un laboratorio en Ostania que se dedicaba a experimentar con embriones con el objetivo de convertirlos en seres superiores. Se creía que si modificaban parte del ADN al momento de la gestación, podrían crear niños con talentos excepcionales. WISE había dedicado tiempo en recolectar información al respecto sin muchos resultados, pues al momento de infiltrarse en el que creían que era el laboratorio, el lugar había sido abandonado con anterioridad, como si alguien les hubiera advertido que estaban detrás de ellos. Con el objetivo de desaparecer del mapa, los científicos decidieron mantenerse en el anonimato y WISE perdió el rastro, si es que no habían encontrado otro lugar fuera del ojo de la compañía para llevar a cabo sus experimentos. Como la mayoría de los casos en que no pueden avanzar, WISE tuvo que olvidarse del caso ante la falta de información, ya que al no tener sospechosos, no tenían mucho para hacer. Twilight, en parte, agradecía que eso hubiera pasado, pues se decía que los niños nacidos bajo esos experimentos habían desarrollado habilidades que serían de gran utilidad para el país o para una organización secreta que se dedicaba al espionaje.

Que Anya hubiera develado que era una Esper, tenía varias connotaciones. Por un momento a Loid se le cruzó la duda por la cabeza, pero pronto la descartó, era imposible que Anya conociera esa palabra si no fuera verdad. Además, estaba la pregunta del tipo de habilidad que la niña poseería, aunque creía saberlo. Con las identidades al descubierto, varias piezas que al principio no encajaban y que había dejado en una eterna incógnita, ahora comenzaban a tomar su lugar. Infinidad de preguntas comenzaron a formarse en la cabeza de Loid, incrementando el dolor punzante de su cabeza. ¿Cómo Anya había llegado a un orfanato? ¿Por qué los había aceptado a ellos si sabía sus verdaderas identidades? ¿Cómo era que nunca lo había mencionado? ¿Por qué nunca se había dado cuenta? ¿Qué le habría ocurrido a Anya durante toda su vida? ¿Qué había pasado con sus padres biológicos? ¿Cómo era que nadie la hubiera ido a buscar aún siendo que era alguien que no pasaba desapercibida fácilmente? ¿Cómo es que una asesina y una Esper vivieron en el anonimato bajo sus propias narices?

—¡PA!

Loid salió de su ensimismamiento y volvió a mirar a la niña de cabello rosado. Si ella tenía razón y Yuri se estaba acercando, la policía secreta de Westalis no tendría piedad ni con él, ni con Yoru por ser su esposa (a menos que Yuri tuviera el suficiente poder como para salvarla), ni con una niña como Anya. No importaba de quién se tratara, si los capturaban, los torturarían hasta la muerte. Y si descubrían lo que era Anya... oh dios. No quería ni imaginarlo.

—Yor... —decidido, dejó de lado las dudas hacia su mujer de manera momentánea y se dirigió a ella, sacándola de su perplejidad—, hace un momento dijiste que querías hacer de este un mundo mejor para Anya. ¿Verdad?

—S-si.

—Bien... pues tenemos algo en común. Es momento que nos olvidemos de quienes somos y cumplamos el papel de la familia Forger. Debemos proteger a Anya y evitar que nos capturen...

—Pero...

—Yor... no importa quién seamos en verdad. Si la SSS nos atrapa, no tendrán piedad. Ni contigo, ni con Anya —Loid tomó una bocanada de aire y atrapó una de las manos de Yoru entre las suyas —confío en tí. Llévate a Anya a casa y hablaremos bien allí.

Si había algo que no podía poner nunca en duda, era el cariño que Yoru tenía por Anya y lo protectora que podía ser. No mentía cuando decía que confiaba en ella para la protección de Anya. Aún así la parte racional de él gritaba a los cuatro vientos que no podía descuidarse de nuevo. Un movimiento en falso implicaría su muerte. La de él y posiblemente la de su hija.

—¿Qué? —ella lo miró con sorpresa. Sus ojos rojos expresaban lo que hace un momento parecía imposible, miedo— ¿Qué harás? ¿Por qué tu no...?

—Tus habilidades superan con creces las mías. Puedes llevarte a Anya sin que te vean. Sé que puedes hacerlo. Yo no creo poder seguir tu ritmo y si somos muchos, llamaremos la atención. Bajo ningún punto permitas que las vean. Yo me llevaré a Bond. Prometo que nos veremos en la casa. ¿De acuerdo?

—Pero, pero, yo...

—Ya hablaremos con sinceridad en la casa, Yor... ahora es momento de escapar y proteger a Anya a toda costa.

—Loid...

—Las veré en casa. ¿Bien? Si no llego en media hora, quiero que no le abran la puerta a nadie. Quiero que escapen.

—Pa...

—Loid...

—Las veré en casa.

La firmeza en su voz zanjo la cuestión, pero cuando el espía intentó ponerse en marcha, fue detenido por el agarre firme de Yoru, que no lo había soltado. El rostro de la mujer estaba colorado de nuevo y Anya había formado una sonrisa burlona al mirar a su madre.

—Yo... solo... ten cuidado.

Loid apretó su mano comunicando con ese gesto que lo tendría. Luego acaricio la cabeza de su hija y con una breve orden hacia su mascota, se puso en marcha. Twilight tenía que volver a la acción y en ese momento, su misión era escapar de la SSS.

—Bond... cuida de pa.