¡Último capítulo! Espero les haya gustado y me dejen saber sus opiniones. Desde ya, gracias nuevamente por haberme acompañado en una breve historia más. ¡Nos leemos pronto!


Lo primero que hizo Yoru al llegar a la casa fue despojarse de sus ropas manchadas y eliminar cualquier rastro de sangre de su cuerpo. No quería que Anya la odiara más de lo que seguramente ya lo hacía. En tanto ella se limpiaba, Anya se había sentado frente a la puerta esperando la llegada de Loid y de Bond.

Yoru estaba nerviosa y confundida, pues habían pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo. Había estado a punto de matar a Twilight, Loid o quien fuera. En el momento que él se había quitado la máscara, Yoru no podía creerlo, no podía aceptar lo que estaba viendo y refugiarse bajo la estela de una mentira había sido lo único que no la había derrumbado en ese primer momento.

Viéndolo en ese momento, en donde ya todo había pasado y solo podía recrear las escenas en su cabeza, no podía dejar de pensar que casi mataba a la única persona que había despertado legítimos sentimientos en ella, al menos fuera de los que tenía hacia su hermano. Hacía tiempo se había visto obligada a admitir y asumir sus sentimientos por Loid. Cada que comentaba algo en el trabajo respecto a él, sus compañeras no dejaban de burlarse y destacar lo absurdamente enamorada que se mostraba, pues sus ojos brillaban cada vez que hablaba de él, su tono de voz se suavizaba, sus mejillas se teñian de rojo y su corazón se aceleraba (detalle que no compartía). Al final, con el tiempo había tenido que admitirse a si misma que tenía sentimientos más que profundos hacia su esposo y que, incluso, su compañera de trabajo la hacía poner celosa.

Descubrir la identidad secreta de Loid no era ni por asomo lo que Yoru esperaba al cumplir con la que había solicitado, fuera su última misión. Desde que había entendido que la identidad de Twilight era verdaderamente la de su esposo, Yoru había descubierto dos cosas. Una, no podría cumplir con su misión. Dos, algo dentro suyo afirmaba a gritos que, en caso de que surgiera algún problema, no le importaba tener que ir en contra de su propia organización con tal de proteger a su familia. Si, de Twilight decían que era el mejor espía de Westalis y el mayor enemigo de Ostania. Él, por si solo, acababa con todas las posibilidades de crecimiento de Ostania y, Yoru, aunque se creía alguien defensora de su patria, tenía una certeza: Loid era buena persona. No le importaba lo que se decía de él como espía, ella sabía que era una bueno, amable, considerado y que solo quería lo mejor para Anya, eso era suficiente para saber que no podría cumplir con su misión. Por primera vez en años, Thorn Princess debía informar un fracaso.

Pero... ¿por qué no se había espantado? ¿Por qué no había escapado de ella? ¿Por qué le había entregado la vida de su niña si lo más normal era que la aborrecieran como persona? Ella sentía vergüenza de sí misma y si bien se justificaba pensando que hacía justicia por mano propia e intentaba mejorar el mundo, eso no quitaba el echo de que era una asesina y que una parte de ella se regocijaba cuando mataba a alguien. Lo normal sería que todo aquél que descubriera la verdad, se espantara... entonces, ¿por qué?

Otra cosa que también debía considerar y no podía dejar de pensar, era el tema Anya. Ella definitivamente era especial y contaba con un talento especial, aunque todavía no entendía bien de qué se trataba. Lo había confirmado cuando antes de dar vuelta en una esquina por dónde se acercaba una patrulla de la SSS queriendo obstaculizar toda salida posible, la niña había advertido su presencia y señalado otro camino libre.

Hasta donde había podido entender, su pequeña hija había admitido ser una esperie o algo así, y Loid había insistido en protegerla a toda costa, incluso poniéndola a su cuidado después de haber visto lo que era en realidad, una asesina a sangre fría. Pero, sobre todo, y lo que más le llamaba la atención, es que conocía la verdadera identidad de los dos. ¿Sería, entonces, que Anya sabía sus identidades desde un principio o acaso había sido descuidada y por ello se había visto descubierta? En tal caso, ¿por qué no la había delatado? En el trayecto de vuelta a la casa, Yoru quiso preguntar al respecto pero la niña respondió que solo hablaría cuando Loid y Bond estuvieran presentes. El tiempo en tanto, se había vuelto como un chicle y se estiraba como si no tuviera límite.

Yoru no podía dejar de caminar de un lado al otro, al compás del tic tac del reloj. ¿Qué pasaría ante la inminente llegada de Loid? Si bien ella había admitido sus sentimientos (para si misma), no quería decir que aquello fuera recíproco, entonces, ¿podría Loid, es decir Twilight, entregarla? ¿Y en caso de que no fuera Loid quien apareciera en la puerta sino la SSS para capturarla a ellas? En ese caso, ¿le habría pasado algo a Loid? ¿Debía enfrentarlos? ¿Entregarse? ¿Sería acaso él quien las había dirigido directo a una trampa? No, él le había pedido que cuidara de Anya y si bien ya no sabía qué cosa era verdad y qué cosa mentira (no podía culparlo pues ella también había mentido), sí sabía que el cariño por su hija era genuino y que ella era alguien especial a quien necesitaba cuidar.

La cabeza le estaba doliendo de tanto analizar en la situación en que se encontraban. No estaba segura lo que debía hacer a continuación, sin mencionar que todo su interior y su instinto de supervivencia, le exigían que huyera y se escondiera. Había perdido la cuenta de las vueltas que había dado cuando Yoru detuvo su andar de modo abrupto al oír pasos provenientes a lo lejos. Para encontrarse más o menos preparada, se acercó a la mesada donde disponía de una considerable cantidad de cuchillos afilados. ¿Sería Loid? ya casi había transcurrido la media hora que él mismo había impuesto, ¿y si era otra trampa y ella estaba cayendo por ilusa, por enamorada? Yoru tomó el mango de un cuchillo.

No debes dudar Yoru. Tienes una vida que proteger.

—¡Tranquila Ma, son Pa y Bond! —gritó de pronto Anya, sobresaltándola.

¿Podría ser? ¿Podría Anya estar equivocada? ¿Y si era la SSS? ¿O acaso si Loid había cambiado de opinión? ¿Y si estaba acompañado por gente de su compañía para emboscarla? ¿Qué tanto podía confiar en las palabras de quien se había convertido de un día para otro en su familia y había ocultado su verdadera identidad? Aunque... ¿hablaba de él o de ella?

—Ma, todo estará bien.

Yoru se mordió el labio inferior ante las palabras de su hija. Si bien ella se mostraba segura, Yoru no podía dejar de tener miedo, aunque no estaba segura si su miedo se debía en realidad a un posible rechazo de Loid a quien realmente era y sus sentimientos, o a la posibilidad de él la traicionara. Después de todo... ¿Qué cosas de esa familia eran realmente verdad? ¿Qué los mantenía unidos como para no apuñalarse por la espalda? ¿Qué le aseguraba que todos eran capaces de jugarse la vida por esa falsa familia?

—¿Segura? Yo... ¿puedes saber si hay alguien más?

Anya negó con la cabeza de manera enérgica y le dedicó una amplia sonrisa.

—No lo hay. Son Pa y Bond —afirmó.

Como confirmación de las palabras de su hija, un ladrido se escuchó del otro lado de la puerta seguido del ruido de las llaves al insertarse en la cerradura. No obstante, Yoru se preparó esperando lo peor. El corazón le latía con velocidad y sus manos temblaban por primera vez.

—¿Anya? ¿Yoru? —Loid preguntó apenas abrió la puerta. Soltó un suspiro en cuanto las vio dentro de la casa, quizás también aliviado de que Yoru no lo recibiera con un lanzamiento de uno de sus estiletes— ¿Están bien?

Bond apenas entró corrió a beber agua, parecía sediento. Anya, soltando un gritito, se arrojó a abrazar a su padre por la pierna y sujetarlo fuertemente, como queriendo impedir que se fuera de nuevo.

—¡Estamos bien!

Yoru los contempló desde su lugar. Loid se había agachado a la altura de Anya y le había devuelto el abrazo. Aquella imagen hizo que su corazón temblara y algo golpeara su orgullo. Podía ser verdad que eran una familia falsa que se había ocultado los mayores secretos del mundo, pero si había algo que no podía ignorar, era que esas personas que conformaban la extraña familia, eran quienes le llenaban la vida de felicidad y los quería, en verdad que los quería mucho. Una lágrima solitaria se escapó por su mejilla y Yoru la dejó correr hasta que cayera al suelo.

—¿Yor? —Loid se levantó y acercó a ella con un dejo de preocupación y a la vez cuidado —No pretendo hacerte daño. Lo juro por Anya. ¿Podríamos hacer una tregua momentánea, al menos hasta que cada uno cuente su verdad? ¿Su historia? ¿Podrías... por favor dejar el cuchillo?

—¿Qué?

Yoru bajó la mirada sorprendiéndose a si misma por encontrarse con el cuchillo fuertemente sujetado en su mano derecha. El cuchillo temblaba como si tuviera vida propia y por un momento Yoru podría haberlo pensado como una posibilidad si no fuera porque veía su propia mano temblar como poniendo en duda su profesionalismo como asesina. Sus mejillas se bañaron en calor y su labio inferior también se unió al baile tembloroso de su cuerpo. Yoru dejó el cuchillo en su lugar, dio un paso hacia atrás y agachó la cabeza murmurando un "lo siento". Loid pareció relajarse un poco al no ver un arma cortante en las manos de su esposa. ¿Qué debían hacer ahora?

—En el camino hacia aquí hablé con Franky para que se despreocupe por Anya... —informó él con su típico tono serio pero tranquilo. Yoru no entendía cómo era que podía mantener la compostura en una situación como aquella. ¿Por qué no le estaba gritando?

Loid se acercó lo suficiente a su esposa como para alcanzar su barbilla y levantarle el rostro dubitativo para que lo mirara

—En lo que a mi respecta, jamás me encontré con Thorn Princess. Ella se fue antes de que yo llegara.

La sorpresa cruzó el rostro de la mujer y sus ojos rojos como rubíes parecieron brillar un poco más. Ella levantó las manos y aferró la que Loid había colocado en su rostro, como quien toma un salvavidas para salir a flote.

—¿P-por qué? —soltó con la voz cortada. ¿Por qué no la rechazaba como probablemente habría hecho cualquier persona en su sano juicio?

—Porque los dos, no, los tres nos hemos mentido. Hemos compartido estos últimos nueve meses juntos, nos merecemos el beneficio de la duda.

Yoru asintió con la cabeza luego de un momento y dejó caer sus manos, soltando un largo suspiro en el trayecto. Loid hizo lo propio.

—¿Estamos seguros?

—Por ahora creo que si. Al menos mi organización aún desconoce tu identidad. Solo queríamos anticiparnos y recolectar información porque sabíamos que te habían enviado a matarme.

—Cuando me dan el objetivo —ella se mordió el labio inferior sintiéndose incómoda al hablar de ello, sobre todo sabiendo que Anya se encontraba también allí—, solo me dicen donde ir y donde encontrarlo. No tengo información del contratante. De ti, solo sabía que era probable que te aparecieras en el depósito para hacer contacto con uno de tus informantes.

—Takahashi no era informante, simplemente alguien corrupto que también estaba bajo la mira de mi compañía. De hecho, nos haz hecho un favor eliminándolo... lamentablemente, ahora debemos buscar otra forma de llegar a la fuente principal del traficante.

Yoru tomó una bocanada de aire antes de sostener la mirada celestes e intensa de su marido.

—Ah... pues, yo... tampoco he podido dar con Twilight. Simplemente no apareció...

Las palabras habían salido más firme de lo que esperaba y no pudo evitar que las comisuras de su boca se elevaran en una ligera sonrisa. Loid se la devolvió y asintió con la cabeza.

El espía sabía que se estaba jugando la vida al depositar su confianza en otra persona que no fuera él mismo, pero eso era algo que no podía evitar. Sus reacciones ante Yoru eran mayormente involuntarias y no sabía identificarlas y o clasificarlas. Lo que sí sabía era que Yoru, a pesar de ser quien era, se había ganado algo más que su confianza, la cuestión era identificar hasta dónde llegaba ese algo. Los ojos de Loid recorrieron el rostro ligeramente sonrojado de su esposa y se detuvieron en sus labios, lo que le trajo a la cabeza el suceso que había ocurrido el día anterior. El deseo de volver a besarla, pero a conciencia, se impuso con ferocidad en su pecho. Tan solo si se inclinaba un poco hacia delante, él podría...

—¡¿SE BESARON AYER?!

El grito interrumpió de modo abrupto el contacto visual que ambos habían generado pegando un salto en su lugar. Anya se había parado en medio del living y los miró boquiabierta mientras los rostros de los adultos enrojecían cual tomates. Fue entonces que Loid confirmó cuál podría ser el talento especial de su pequeña hija adoptiva. Muchas situaciones en las que ella terminaba involucrada de imprevisto, comenzaban entonces a tener sentido.

"¡ANYA! ¡NO ME LEAS!"

Ante el pequeño reto mental, Anya pegó un sobresalto y un chillido, la confirmación final que necesitaba Loid para saber que su hija podía leer la mente de las personas. A su lado, Yoru se había cubierto el rostro enrojecido con las manos, en un vano intento de cubrir su vergüenza.

—Bien... ¿Qué les parece si preparo un poco de café y algo de chocolate caliente y aclaramos un poco este embrollo? —propuso el rubio con tono amable, en un intento de relajar el ambiente e incluso de desviar sus pensamientos del accidente del día anterior.

Yoru asintió con la cabeza y se apresuró a preparar ella las bebidas. Necesitaba distraerse del caos que era en ese momento su cabeza y su corazón. Loid, la observó hacer sin atreverse a interrumpirla. Simplemente tomó las tazas y se las ofreció en silencio, aún no estaba seguro de lo que debía hacer con Yoru. Muchas cosas se habían puesto en juego en esa situación: la misión Strix, la falsa familia que habían formado, los sentimientos que había desarrollado de manera descuidada en relación a ellas... Mientras escapaba de Yuri y la SSS, bendito sea Bond por haberlo salvado en varias ocasiones, Loid había intentado analizar sus próximos movimientos y cada opción que tenía. Ninguna le parecía válida. No se sentía capaz de abandonar a Anya y a Yoru a su suerte, además eso implicaba un gran retroceso en la misión Strix y olvidarse por completo de ellas. Dos cosas que sabía, no podía hacer. ¿Sería posible continuar con esa familia falsa y con sus vidas como si nada de esto hubiera pasado o incluso fortaleciendo la familia a raíz de todo esto? Por otro lado, si lo analizaba fríamente, tener a Yoru de su parte podría a llegar a ser muy beneficioso para él.

—Hablaremos bien entre nosotros cuando Anya se duerma, ¿está bien? —preguntó en un susurro.

Su mujer asintió con la cabeza en silencio y sirvió el café en dos de las tazas. Loid esperaba poder hablar con ella y resolver algo más que solo contarse sus verdades, lo ocurrido en el día anterior era algo que no dejaba de rondar por su cabeza y cada vez que pensaba en ello, su corazón se aceleraba.

Con bebidas calientes en mano, la familia Forger se sentó alrededor de la mesa ratona, preparados para, por primera vez, hablar con la verdad, sin velos en el medio, sin mentiras, siendo francos entre ellos.

—Oye, Anya... —Yoru tomó su lugar en el sillón de dos plazas al lado de la niña pelirrosa— ¿Cómo sabes...?

—Anya es producto de un experimento —Loid tomó la palabra dando un sorbo a su café con leche desde su lugar en el sillón individual—. No es mi hija biológica y tampoco he estado casado anteriormente, como probablemente ya intuyes. En tanto Anya, aparentemente tiene el talento de poder leer las mentes. ¿Me equivoco?

Moviendo los piecitos que colgaban desde su posición en el sillón, Anya negó con la cabeza con la mirada desviada hacia el suelo. Parecía estar nerviosa y Yoru, entre sorprendida y apenada por todas las veces que la niña habría leído sus oscuros pensamientos, se atrevió a acariciar el pelo de la niña, ofreciendo su apoyo.

—¿Quieres empezar contándonos tu historia?

Anya miró a sus padres adoptivos de manera alternativa, sopesando su respuesta. Desde que tenía memoria recordaba a los médicos que la rodeaban decirle que no debía hablar con nadie de sus habilidades; recordaba el malestar que le hacían sentir, los pinchazos, las tareas interminables y los castigos por su llanto. Desde que había escapado y había sido adoptada por Loid, Anya había empezado a experimentar por primera vez en su vida lo que era el cariño, la alegría, el sentirse protegida y querida. Con la llegada de Yoru, su vida había tomado aún más color y había empezado a entender lo que significaba pertenecer a una familia. Si bien sabía que aquello era momentáneo o hasta la duración de la operación Strix, Anya había disfrutado cada momento como nunca y su temor se traducía a perder todo lo que había conseguido, todo a lo que se quería aferrar de por vida. Loid o Twilight, Yoru o Thorn Princess y Bond, los tres se habían convertido en sus pilares de vida y no quería soltarlos. ¿Si contaba su historia qué pasaría?

Anya se mordisqueó el labio inferior con indecisión y movió sus manos entrelazando sus dedos. Si bien sabía que ninguno de los dos estaba pensando en rechazarla o en dejarla, tenía miedo de lo que pudiera pasar de aquí en adelante. Aún quedaba definir qué ocurriría con la misión de su papá y qué haría su mamá con su asignación... aún quedaban muchos cabos sueltos. ¿Existiría entonces la posibilidad de que pudieran seguir estando juntos? ¿O volvería al orfanato como había visto antes en las visiones de Bond? Anya volvió a mirar a su perro con temor, intentando visualizar un cambio en ese futuro que tanto la aterrorizaba. Como si supiera lo que su dueña necesitaba, Bond meneó la cola y la imagen de ellos cuatro como familia volvió a aparecer en sus visiones, lo que le trajo cierta paz y alegría. Por lo que, por primera vez en su vida, Anya decidió romper con las enseñanzas de los médicos y confiar en quienes quería que fueran sus padres para toda la vida.

Anya, se dispuso a contar la historia de el experimento 007, su historia.