LA HISTORIA ES MIA ASÍ COMO LOS PERSONAJES DESCONOCIDOS QUE PUEDAN LLEGAR A SALIR, LOS PERSONAJES QUE TODAS AMAMOS SON DE S. MEYER.
Cuando mamá me vio, se puso como loca. Primero, se puso a llorar por su pobre niñita, pensé que se deshidrataría; luego, se fue al otro extremo, se puso a gritar que no pararía hasta encontrar al miserable que lastimo a su hija, ordenándole a mi padre que lo cazara, mi padre y yo solo nos quedamos viéndola con los ojos muy abiertos, cada vez daba más miedo; quise distraerla de su monologo así que le pregunte qué comeríamos, lo que provoco otro ataque de locura, me pregunto qué quería de comer, y antes de poder contestarle salió corriendo a la cocina ordenando preparar mi comida favorita.
El resto del día se la paso "consintiéndome" y lo digo sarcásticamente porque estuvo encima de mi todo el día, que si tenía hambre, que si tenía sed, que si tenía frío, que si tenía un antojo, y así siguió y siguió, al final, le dije que estaba un poco cansada e iría a dormir un rato. Fue la única manera en que me dejo tranquila y al día siguiente al fin me pude ir a mi departamento, después de eso, todo se tranquilizó.
Hoy ha llegado el día de entregarle el vestido a Alice Cullen, y vendrá personalmente por él, quiere revisarlo antes de llevárselo para asegurarse de que todo este per-fec-to (si, ella lo remarcó pausadamente).
En este preciso momento, estoy yendo hacia ella, veo que se encuentra con la rubia malacarienta, la tal Rosy, o algo así creo que se llama.
-Hola Alice, buen día ¿estás lista para ver tu vestido?
-Señorita Cullen para ti- bien, eso no me lo espero. -Aun no puedo entender como permitió mi hermano que te metieras en su cama-. definitivamente eso me lo esperaba aún menos.
-Disculpe señorita Cullen- recalco. -Pero no creo que sea asunto suyo lo que haga o deje de hacer con su hermano-. Le contesto, ya me estoy cansando de su actitud. Veo que la rubia pone mala cara.
-Si me interesa, no voy a permitir que mi hermano se enrede con una lagartona como tú.
-Señorita Cullen, creo que nunca le he faltado al respeto, y así mismo, le pido que me respete-. Le digo con toda la amabilidad posible. -Ahora, si me acompaña, le mostrare su vestido.
Antes que pueda decir algo, me adelanto y dirijo hacia donde se encuentra el vestido, espero que esta sea la última vez que la vea. Le digo a una de las chicas que le ayude a probarse el vestido mientras yo atiendo una llamada de otra clienta.
Una vez que han terminado de medirle el vestido a Alice, me acerco a ellas, internamente espero que todo ese bien y no realice algún cambio.
-¿Todo bien?- le pregunto con toda la amabilidad posible.
Se queda en silencio viéndome, me pone ansiosa pero no lo demuestro.
Al fin habla.
-Sí, todo está perfecto-. Dice muy altiva. –Toma- me entrega un cheque, -con eso estará liquidado el vestido. Espero no volver a verte.- que directa, bueno, yo espero lo mismo, pero no se lo digo.
-Que tenga una buena boda, señorita Cullen-. Le deseo como a todas mis clientas.
Ella y su amiga ponen mala cara –Gracias-. Contesta más a la fuerza ya que hay quien nos escuche.
Luego de eso, ellas se van, me alegra que todo haya salido bien, al fin puedo descansar de Alice Cullen.
El día pasa con mucho trabajo, y los días siguientes también.
Llevo una semana si hablar con Edward, lo último que supe de él es que salió del país, me escribió un mensaje antes de irse.
Es sábado a mediodía, ha estado nevando, toda la familia está en casa de mis padres, mis hermanos, sus esposas, hijos y yo. Hace mucho que no estábamos reunidos todos, así que mis padres y abuelos lo están disfrutando mucho.
Después de la gran comida que hicieron mi madre y abuela, nos sentamos a tomar el té, los niños me convencieron hacer una guerra de nieve, la verdad, no me podía negar, amo a esos chiquillos, fue un todos contra todos, aunque había dejado mi abrigo adentro.
Y así que aquí estoy ahora, un día después, tirada en la cama con un fuerte resfriado y fiebre alta.
He pasado la mayor parte de la mañana dormida, hasta que escucho un insistente ruido muy molesto. Cuando capto lo que es, me levanto y dirijo a la puerta, es el timbre. Es muy insistente, camino lo más rápido que puedo, pero estoy un poco mareada.
Al fin llego a la puerta y la abro. Me sorprende ver quién es.
-Hola, bonita- veo a Edward frente a mi puerta con una gran sonrisa.
-¿Qué haces aquí?- le pregunto con voz rasposa.
-Acabo de llegar y quise pasar a verte- frunce el ceño. -¿Estas bien? Te ves mal- me toca la frente. –Tienes fiebre, vamos-. Me toma en brazos y me lleva hasta la cama, durante el camino, no paro de estornudar.
Él me deja en la cama.
-¿Ya viste al médico?- se sienta a un lado de mí.
Me quejo. –No, solo necesito dormir.
-Isabella...- comienza a regañarme
-De verdad, estaré bien, solo necesito tomar algo para el resfriado.
-¿Dónde está el botiquín?
-En el baño.
Lo escucho buscar en el baño, por los sonidos, creo que tira algunas cosas, vuelve al cuarto con medicamentos que me obliga a tomar.
-¿Cómo te sientes?
-Terrible- vuelvo a estornudar.
-Necesitas descansar-. Se acuesta a un lado de mí y me abraza.
-Te voy a enfermar, deberías irte- me quejo en su pecho, realmente no quiero que se vaya, me siento muy cómoda y calientita.
-Shh... no me voy a ir, descansa cariño.
Te extrañé, le dije en mi mente.
-También te extrañe-. Creo que lo escuche decir, pero no estoy segura, ya estoy casi en la inconciencia.
Él comienza a cantar muy bajito, no me doy cuenta cuando me quedo dormida.
¡CHICAS, VOLVI! SE QUE FUE UNA ESPERA UN POCO LARGA PERO YA LES TRAIGO CAPÍTULO NUEVO. ¡SALUDOS!
