僕のヒーローアカデミア

Boku no Hero Academia, no me pertenece. Derechos reservados a Kohei Horikoshi por el uso de sus personajes. La historia es totalmente de mi autoria y sin fines de lucros. No acepto adaptaciones de ella.

Edición: 19-10-22


Las sonrisas coquetas de Shoto están a la orden del día. Sus ojos pasean de arriba a abajo, sin pudor, por el cuerpo de la mesera que claramente le correspondía. Una sonrisa ladeada aparece en su rostro cuando la chica se reclinó sobre él, poniéndole las tetas en la cara; mientras dejaba un par de cubatas sobre la mesa. Todoroki no tiene reparo alguno de echar ojo sobre eso. ¿Por qué lo harías sí el espectáculo era solo para él?

Ella le sonríe con seducción, cuando le hace saber con una seña de que el baño estaría libre en unos momentos. Francamente, esa era una oferta que le caía de perlas, porque su día fue una mierda. Un buen polvo podría liberarlo de sus frustraciones... y algo más.

La carcajada de Touya lo saca de esa nube de cortejo. Shoto hace una mueca desagrado antes de dirigir su atención a su hermano, está sentado frente suyo. Alzando una ceja de incredulidad, como si no estuviera habituado a ese tipo de comportamientos, cuando es claro que lo está. Aun así, no deja de causarle gracia el cinismo de su hermano menor. La verdad es que poco le importa dónde meta la polla.

—Bien, al menos no tendremos que pagar toda la cuenta — interviene Hawks, removiendo el líquido que le quedaba al fondo de su vaso. Mientras esconde su sonrisa retorcida detrás de su vaso de whisky.

—Oh, claro, ya hizo el efecto Shoto ¿No, mocoso? — Touya colocó su mejilla en la palma de su mano. Una curvatura surcó sus labios. Leve, aunque más bien era burlona.

Shoto giró los ojos mientras suelta un bufido. Poco le importaba lo que dijera su hermano y mucho menos el puto de su novio.

—No puedes dejar tu pito dentro de los pantalones.

—¿Y? Solo es sexo. Se siente bien. ¿No es por eso que muerdes la almohada todos los días, Hawks? — suelta una ligera risa triunfante cuando escucha a su cuñado decir entre dientes "mocoso, estúpido" —. Además, yo podría estar con quien yo quisiera. ¿Para qué limitarme? Los cogen rico, consensuado y yo puedo saciar mis necesidades. Todos ganamos — responde con simpleza, levantando los hombros para restarle importancia.

—Suenas como un imbécil.

— Es un imbécil —completa fastidiado—. No te creas tan especial, mocoso. Tampoco es para tanto.

— Ya, lo que digas. No me importa. De todas formas que te quede claro que no me creo especial, lo soy y lo sabes. — De nuevo el gesto de superioridad se posiciona en su rostro completamente seguro de sus palabras. Shoto es completamente consciente de su atractivo visual, de lo magnética que es su personalidad; de su lugar en la sociedad.

Pasa por una por su cabello. Sacudiendo con ligereza las rojas hebras finas que se entrelazan con las blancas. Haciendo difusa la línea divisoria entre ellas. Realmente, la heterocromía que padece, no era algo que le molestara a Shoto. Considera que es parte de su encanto.

Bebe un poco de la cerveza que dejó la tetona. En ese punto de la noche, los músculos de su espalda empiezan a liberar las tensiones. Lo que hace que se sienta más relajado que por la mañana. Es entonces, que decide beber un par de cubatas más, antes de encerrarse un rato en un cubículo del baño. La música de fondo no era totalmente de su agrado, pero sí lo suficientemente buena como para mantener un buen ambiente en el sitio.

Al menos así fue hasta que unas risas estruendosas se hicieron presentes, perturbando su noche. Son demasiado grotescas, demasiado ruidosas. Algunas más agudas, de esas que lastiman los oídos y hacen querer taparse las orejas. Gira su cabeza manteniendo su gesto serio, mirando por encima de su hombro. Intentando localizar de donde provenían.

Una chica de cabello rosa está bailando sobre una mesa a lo lejos, y un tumulto de gente le aplaude al bit de la música. No tardó mucho en identificar de quiénes se trataban.

Comenzó a hastiarse de un momento a otro con una velocidad, que incluso a él termina por sorprenderle.

¿Cómo es que uno de sus lugares favoritos fue invadido por ellos? Precisamente tenían que ser ellos. Casi se le escapa un gruñido disconforme, que, al final, termina atorado en su garganta. Aprieta los labios con molestia. Intentando no dejar salir la aversión que reside dentro de su cuerpo.

Le desagradan mucho. Sabe bien que son el típico grupo de personas que dominan la escuela. La elite de deportistas y estudiantes que se la pasan riendo a costa de otros. Solo aceptando a la gente de estatus cerca de ellos.

Arruga el entrecejo.

Demasiado hipócritas, demasiado falsos.

No le gustan, ni siquiera un poco.

Regresa la vista a su hermano, quién tiene una mueca de satisfacción en el rostro. Como si su perspicacia le hubiera hecho encontrar la cura del cáncer o algo similar. Shoto no sabe cómo describirlo, pero francamente le parece sumamente desagradable.

—Entonces... ¿Dices que podrías tirarte a cualquiera?

—¿Qué no te ha quedado claro?

—Vale, pues... Entonces métete en los pantalones de "La liebre de la Yuuei". Ya sabes uno de los rematadores estrella del equipo de vóley: Midoriya.

De pronto, Shoto siente repugnancia y apreta la quijada un poco. «Claro que no, qué asco. Primero muerto.» Si no mal recordaba ese niñato tiene novio, los ha visto paseándose por los pasillos de la universidad. Tomados de las manos, derramando miel a cada paso que daban. Todos lo saben. Es casi como una regla alabar su relación de frente, envidiarles por la espalda. A él simplemente le causaban náuseas, verlos pavonear su amor de mentiras frente a todos. ¿Quién se podría enamorar en la universidad? Teniendo tantos placeres enfrente para experimentar.

Shoto no lo entiende y tampoco le interesa entenderlo. Aun así, es consciente que Midoriya no es el tipo de personas con las que podría sacarse un polvo fácil. Tiene toda la pinta de ser un romántico que pide citas bajo el manto estrellado y algunos besos al atardecer. ¿Qué podría esperar de un tipo que incluso se mete en los asuntos del consejo estudiantil, y que es uno de los mejores deportistas de la Yuuei?

Todoroki es un cabrón, pero jamás se metería entre una pareja. Eso iba en contra de sus principios morales. Odia tanto a ese tipo de personas.

— No — responde en automático. Arrastrando las sílabas.

No, no perdería así el tiempo.

— Oh, vamos, ¿Shoto "Él meto mi pene en cualquier cosa que tenga hoyo", no podría con un conejito asustado como lo es el pequeño Midoriya? — dice su hermano con un deje de sorna.

Shoto mira de reojo al chico. Rizos verdes, alborotados. Delgado, pero no lo es tanto. Más bien parece tener una masa muscular bastante consistente con 1.75 —la estatura que Shoto le calculaba—. Puede notar, la fuerza en sus brazos. No le queda ninguna duda de que es capaz de romperle la boca con un solo golpe. Midoriya es atractivo, nunca dudo de eso, e incluso se lo reconocía. Desde que conoce de su existencia, eso le ha quedado claro, pero no es su tipo, no le interesa.

— No, Dabi — niega, enfatizando el apodo de su hermano—. No estoy interesado en sus mierdas. No es que no pueda, es que no quiero.

—Ah, ya, comprendo. Le tienes miedo a la guillotina social que representa. Me sorprende que una basura como tú, le tenga miedo al qué dirán.

Shoto hace una mueca.

No, claro que no era eso. En realidad, simplemente no le apetece perder su tiempo en las estupideces que su hermano le propone.

— No me importan. Además, el niño tiene novio y sabes bien que no me gustan esas cosas.

— No, no tiene. Lo he oído. Al parecer terminaron por eso están aquí, o al menos eso dicen las malas lenguas. Entonces, ¿mi querido hermanito no tiene el suficiente encanto para llevarse a la cama y romperle el corazón a uno de los prodigios de la universidad?

— ¡Qué va! Si se niega tanto es porque sabe de sus posibilidades. Entonces, eso quiere decir que el mocoso no es tan especial como tanto presume.

—Lo sé, lo sé. Claro que no podría acercarse lo suficiente, sin llevarse un puñetero golpe de su perro guardián. Es obvio que Shoto no tiene oportunidad. Incluso dudo que pueda defenderse del Conejito.

Shoto está furioso, le hierve la sangre y el ácido gástrico le quema la garganta. Respira profundo para calmarse, no lo logra. No quiere caer en sus provocaciones. Vuelve a mirar de soslayo, y ve bailar a Midoriya con la chica que momentos atrás estaba bailando sobre la mesa.

Sus carcajadas cada vez son más sonoras y la sonrisa se ensancha en su rostro. Todoroki solo puede sentir más que repugnancia. No, definitivamente, no está dispuesto a involucrarse en ese ambiente.

— No, no la tiene. Es mucho para atraparlo entre sus garras.

«Oh, no. No, no, no. Claro que no.» Nadie era mucho para él. De eso está completamente seguro. ¿Qué no podía meterlo entre sus garras? Claro que podía. Shoto garantiza que en poco tiempo lo tendría de rodillas, proclamando su amor y rogando migajas de atención que no está dispuesto a dar. ¿Midoriya? Pffft. Presa fácil, unas cuantas palabras bonitas, un par de citas y un buen sexo bajo la luz de la luna; harían que Midoriya bailara sobre la palma de su mano.

No suele hacer ese tipo de cosas, porque simplemente le da pereza esforzarse tanto, para obtener algo, que piensa desechar con rapidez.

— Está bien. ¿Eso quieren? Lo tendré arrastrándose por mi amor en poco tiempo. Solo espera.

Dabi suelta una risotada, completamente satisfecho del rumbo que está tomando la situación. Desde el principio poseía la certeza de la respuesta de Shoto. Conoce tan bien a su hermano, que hasta cierto punto le divierte lo predecible que puede ser. Y él puede reconocer una tirada divertida dónde sea. Y sabe que será interesante ver a su hermano intentando meterse en la cama de alguien que no lo mira ni por error.

Joder, como disfrutaría todo esto.

— Seis meses. Tienes seis meses para romperle el corazón. Te estoy dando medio año porque soy benevolente contigo. No creo que llegues lejos. Aun así, habrá reglas porque no soy estúpido como tú. Si se llega a enterar antes de tiempo o en su caso, no logras cumplirlo... — Dabi guarda silencio un momento, sopesando sus posibilidades. Shoto se estaría mintiendo si negara que no sintió una pizca de miedo, cuando vio un brillo peculiar en los ojos de su hermano —. Tendrás que aceptar 6 meses de trabajo en las oficinas del viejo. Uno por cada mes que desaprovechaste la oportunidad que te estoy dando. En cambio, si pierdo, tomaré el puesto ese mismo tiempo.

Está totalmente claro para Shoto que Touya sabía cómo jugar con su mente. Si en este momento decidía echarse para atrás quedaría como un cobarde de mierda, y Shoto era todo menos un cobarde. Tragó duro, mordiéndose la lengua para no soltar todas las maldiciones que pasan por su cabeza. No le daría el gusto de verlo descolocado.

—¿Solo eso? — contesta con altivez.

—No, lo voy a pensar. En unos días te daré las reglas a seguir, mientras, tienes camino libre para hacer lo que tú quieras.

—Está bien.

Los ojos de Shoto de nuevo escapan hacia Midoriya. Él está levantando un vaso, lleno de quién sabe qué cosa, mientras baila al ritmo de una canción de reggaetón sucio. Mueve las caderas de un lado a otro, despacio, con un gesto que a Shoto le apetece un poco sensual. Sin pena, ni pudor, solo disfrutando del momento, de sus amigos, de sí mismo. «¿Qué no hace bien este cabrón?»

No le quita la mirada de encima, encuentra a sí mismo poniéndose ansioso de poco en poco. La gracia de Midoriya es inusualmente buena. Uno de sus amigos le pone una botella de tequila en la boca y él no se queja. Shoto le ve beber durante 10 segundos y como todo el líquido que no alcanzaba a tomar, se desliza por su cuello. Trazando un camino que pasa por la manzana de Adán y que termina entre su pecho, justo al borde de esa camisa blanca que tiene abierta hasta la mitad. Su ropa entallada se desacomoda un poco más con cada movimiento.

Desde siempre supo que Midoriya tenía buen cuerpo, pero «Joder, qué buen culo tiene».

Las chicas que van con él restriegan su cuerpo contra el de Midoriya. Monopoliza la atención de las féminas, sin importar que ellas también están acompañadas por un tío rubio y un pelirrojo, que si no mal recuerda, igualmente son parte del equipo de voleibol. Shoto examina con más atención buscando la otra parte del grupo. Está a un lado, firmes, cuidando de que nadie se acerque a las chicas. Shoto no sabe sí es porque son demasiado territoriales, o es genuina preocupación.

Sus ojos terminan regresando a su próxima presa. Le está cazando, necesita información antes de lanzarse de lleno. Midoriya sigue saboreándose, saboreando el momento. Dejando que manos ajenas toquen su cuerpo. Bailando con un montón de mujeres, frotando su piel. Está lejos, pero Shoto podría escuchar los jadeos de cansancio, siente el calor que emanan. La sensación pegajosa en su cutis y lo salado de sus labios.

Midoriya toma la cadera de una de las chicas para pegarla a sí mismo. Están de frente y se sonríen muy amistosamente. Lo suficientemente cerca como para poder olerse, pero lejos como para no rozarse. La porrista —sí, porque Todoroki sabía quién era. La había visto en los campos de práctica —, pone su brazo por encima del hombro de Midoriya y se deja guiar por sus fuertes manos.

Una de ellas se desliza hasta la cara de la chica y deja un mechón castaño detrás de su oreja y se acerca para decirle algo al oído. Sueltan una carcajada que parece sincera, antes de dedicarse una mirada que Shoto no sabe descifrar.

Siguen bailando cuando la de cabello rosa salta sobre Midoriya para obligarlo a darle atención.

De nuevo con esos pasos que le apetecen sensuales y Shoto comienza a sentir como de a pocos el calor del lugar empieza a subir. Otra vez, la sensación de cosquilleo le empieza a corroer por dentro, y la ansiedad en sus labios hace que tiemblen de una manera casi imperceptible.

«Uy, qué calor hace aquí».

Todoroki sabe bien a que se debe, pero su orgullo no le permite aceptarlo. Sus ojos viajan con rapidez en busca de la mesera de un rato atrás. Recibe una sonrisa cuando la encuentra. Ladea un poco la cabeza y ella sus señas mudas. No hay necesidad de palabras, ambos dejan su sitio para darse un encontronazo en el baño.

Shoto, deja a su hermano, sin darle explicación. Ella entra primero, tanteando el terreno, asegurándose que hubiera nadie antes de cerrar la puerta tras de sí. Shoto ya no tiene paciencia para medios juegos, la dureza en sus pantalones, le nublan un poco el juicio.

El ansia le come, así que la estampa contra uno de los cubículos para comenzar a besarla con brusquedad. Chupetea sus labios, dejando pequeñas mordidas en ellos detrás de sus labios traviesos. La siente temblar bajo su fuerte agarre, él se estremece. Jadea hosco. A Todoroki le prende provocar todas esas sensaciones en el cuerpo ajeno.

Sus manos son traviesas, se deslizan con lentitud hacia el abdomen de ella, pasando por su pecho, masajeando un poco sobre la ropa. Jugando un poco con los pezones mientras ataca su cuello con fiereza y la apresa entre la pared y su persona. Se aburre al rato, lleva su mano debajo de la falda, dentro de las bragas.

Está húmedo, le gusta sentirla mojada por él. Es una caricia a su ego. Roza con sus dedos para estimularla, despacio. Firme pero con suavidad. Provocando gemidos más fuertes que son callados con la boca descortés de Todoroki. Los gemidos ahogados en besos, intercambio de fluidos, sensaciones que les erizan la piel y que son empujados sin juicio al abismo del placer.

Carnal

Caliente

Húmedo

Delirante.

Shoto siente que no puede más y se desabrocha el pantalón liberando su erección. Palpita, pide ser atendida. Le duele un poco, quiere enterrarla. Sin dejar de besarla, saca un preservativo de la bolsa de su pantalón. Necesita saciarse, antes se lo coloca porque está caliente, pero no es ningún imbécil.

Toma la pierna ajena y siente como se aferran a su cadera. «Es flexible, al menos», piensa. Entra, la primera estocada es dura, quizá con poca consideración, pero antes de seguir observa a su acompañante. Ella le recibe gustosa, cerrando los ojos y en su cara pinta el placer puro, para él es una señal para continuar de la misma manera. Duro, caliente. Embestidas que le hacen soltar sonidos guturales.

Lame el lóbulo de la mesera, y lo mastica con delicadeza. Le está jadeando al oído, y la siente temblar bajo la presión de su cuerpo. No la conocía, sin embargo, le da gracias por dejarle liberal la tensión que había acumulado entre sus piernas.

«Puto Midoriya»

Le repugna que los movimientos rastreros de Midoriya le lleguen al pensamiento, y le molesta más que eso le guste y ponga aún más. Todoroki aumenta el ritmo de su vaivén. Aprieta los glúteos ajenos, casi encajando las uñas, saboreando cada centímetro del cuello de la mujer que está cogiendo.

Más jadeos femeninos, más rápido, más rápido, más fuerte. Más sensaciones electrizantes que le recorren la columna vertebral. Más delicioso, más sonidos guturales, más cosquillas en la punta del pene que está a punto de liberarse, pero no antes de hacerla terminar a ella.

Sus manos dejan el culo de la muchacha para llevarla al clítoris. Con dos dedos sería suficiente para llevarla al paraíso o tal vez al segundo círculo del infierno*. Descontrolando sus sentidos y desconectándose de cualquier otra cosa que no sea la sensación de un polvo rápido en el baño de un bar.

Explota, ella lo hace junto con un gemido y las manos aferradas a los hombros de Shoto. No lo espera más y sigue con estocadas rápidas y bruscas, imaginando el culo que tanto le había puesto hace unos momentos. Todoroki también se libera de las tenciones, reemplazándolas con la neblina de lujuria sobre sus pensamientos.

Shoto terminó pensando en el culo del rematador estrella de la Yuuei.


Izuku a sus 20 años de edad pocas veces había sentido el amor. Amor romántico, porque el amor lo encontraba en otras cosas. Como en sí mismo cuando jugaba vóley o en la hermandad que llevaba con Kacchan o en el apoyo que recibía de sus padres, incluso del que recibe de Tía Mitsuki y el tío Masaru. Pero Midoriya, en ese momento, se debatía sobre su sentir. Ya hace un tiempo que conocía a Shinsou, pero las cosas habían cambiado en los últimos meses y no como le hubiera gustado.

Se encontraron por primera vez en la universidad, esa vez en la que Izuku tuvo un evento para la promoción del equipo de voleibol. La Yuuei era una universidad de prestigio, no solo en el ámbito académico, sino que también en algunos deportes; entre ellos ese que tanto le apasionaba desde niño. No recuerda con exactitud cómo, pero sí hay algo claro de ese día, es que se quedó tres horas hablando con Hitoshi de todo y de nada. Llegaron al punto dónde, sin darse cuenta, tenían registrado el número del otro con un corazón después de su nombre.

Joder, ojalá le hubieran dicho a Izuku que ese momento solamente había sido un vistazo de lo que venía.

Empezaron a frecuentarse, al menos dos veces por semana, porque sí, iban a la misma universidad, pero en departamentos completamente distintos. Izuku pertenece al área de ciencias sociales y Hitoshi a la de artes. Aun así, siempre buscaron una manera de encontrarse con frecuencia. Se divertían mucho, y poco a poco el lazo entre ellos se había estrechado al grado de conocer todas las penas del otro. Las cosas eran distintas cuando se detenía a compararlas con sus amigos más cercanos como Kacchan, Kiri u Ochako.

Izuku lo entendió todo cuando empezó a comparar sensaciones. Le quedó más que claro, cuando se percató de que las cosas subieron de nivel en el mismo instante que dejó de salir a sus citas ocasionales por ver a Shinsou. No es que antes de él haya sido un casanova, simplemente le gustaba darse la oportunidad de conocer personas.

Al principio fue un poco abrumador. La clase de sentimientos que le revolotearon en el estómago, le nublaron el juicio con una tela color rosa. Si las cosas hubieran sido diferentes, si sus amigos no hubieran estado para darle confort en ese momento, tiene la certeza absoluta que Izuku, habría perdido la cabeza por completo.

Midoriya creyó que esa faceta suya, de baja autoestima y manojo de nervios, se había quedado en secundaria. Cuando los cambios hormonales, las burlas constantes de la gente ajena — que siempre eran acalladas tras unos golpes de Kacchan— le afectaban. Más no fue así, y no dejó pasar que aunque estuviera sanando, le habían hecho la suficiente mella como para crearle fantasmas que a veces zapatean sobre su corazón.

Pese a eso, cuando se cansó de sentirse tan asustado como se sentía, tomó las riendas de la situación. Porque, sí algo le había enseñado el deporte, es que las cosas no cambiarían sí, él no estaba dispuesto a que las cosas cambiarán.

Entonces, se confesó y fue correspondido. Así empezó su relación que duró alrededor de año y medio.

Una relación con subidas y bajadas entre montañas de algodones de azúcar. Dónde la seguridad, el confort, el amor; eran sensaciones que se asentaron entre ellos. Izuku, no podría estar más agradecido de poder gritarle al mundo cuánto lo amaba, de caminar de la mano entre la gente, dónde la multitud quedaba de lado.

Las sonrisas y los corazones viajaban en un vaivén de sentimientos de colores que pintaban su existencia gris, de tonalidades cálidas. Al menos eso era lo que decía Hitoshi.

Más afortunado no podría sentirse.

O eso fue lo que pensó unos meses atrás.

Hitoshi era dos años mayor, y un escultor demasiado talentoso. Así que no había sido sorpresa para nadie que ganara su transferencia a París, después de aferrarse al primer lugar, en una exhibición que ofrecía una beca a una de las escuelas más prestigiosas de Francia. Shinsou sin dudarlo, hizo las maletas, e Izuku no tuvo reparo alguno de apoyarle, aunque sentía una pizca de tristeza en lo más profundo de su corazón.

Las cosas fueron bastante complicadas al inicio. La franja horaria era distinta, haciendo que no solo la distancia estuviera entre ellos, sino que había 7 horas que los separaba. Entre todas las actividades de Izuku y el nuevo modo de vida de su novio, hallar un horario en el que pudiesen verse por videollamada, fue una tarea complicada. Sin embargo, supieron estabilizarse, a base de mucho amor y cariño.

Midoriya es una persona muy inteligente, pero a veces peca de ingenua.

No se dio cuenta de que la situación era distinta a como él se la había pintado, de como Shinsou se la había pintado. Debió notarlo cuando el frío del invierno, no solo era causa del clima.

Shinsou regresó a Japón. Se le notaba un poco incómodo, cuando él creía que Izuku no lo estaba observando. Sus conversaciones ya no eran tan dinámicas como solían serlo, más bien parecía que Midoriya era el único participante de ellas, y Shinsou solo le escuchaba con atención con una diminuta sonrisa en los labios; que, sí le preguntarán a Izuku, podría describir como algo frígida.

La primera estaca en su corazón estaba dada.

Cuando regresó a París, los mensajes eran escuetos y en ocasiones escasos. Hubo ocasiones en las que no se contestaban por días. Midoriya lo dejó pasar, tenía demasiado con el club, el consejo estudiantil y la presión del torneo nacional a nivel universitario, que se llevaba a cabo los primeros días de enero, del cual habían ganado el pase durante el regional en noviembre.

Shinsou solo le mando un pobre "Felicidades" por haber quedado en tercer lugar durante su segundo año de la universidad. El regocijo que sentía en ese momento, pasó a segundo plano cuando leyó las palabras tan vacías en un mensaje que le sabía un algo a burla.

Y así fue como de a pocos, el deslumbrante amor que habían tenido, se estaba apagando; pero que Izuku no tenía la fortaleza de terminarlo. No hasta que se metió a su Instagram con el afán de buscar algún confort en las publicaciones del pasado, donde en las fotos predominaban sus sonrisas.

Oh, qué iluso había sido Izuku cuando se entró a la parte de las etiquetas, buscando saber un poco más de Shinsou. Ahí estaba su novio a lado de una rubia despampanante, haciendo quien sabe que cosas, pero bastante más desocupado que todas las excusas que le daba.

Las lágrimas no se hicieron esperar, no pudo contener sus fuertes sollozos. Al grado que Kacchan, su compañero de piso y uno de sus mejores amigos, corrió hasta su cuarto. Azotando la puerta en busca de una explicación. Midoriya solo pudo girar un poco el rostro, intentando sacar las palabras que se le habían quedado clavadas en la garganta. El gesto de Bakugou se ensució de cólera cuando sus ojos viajaron al celular y vio el causante de todo.

Izuku no sabe qué pasó después del mensaje de amenaza que mandó su amigo, mucho menos cuando él mismo mandó el suyo, con todos los sentimientos de decepción puestos en palabras. No recibió respuesta alguna.

Eso le confortaba y al mismo tiempo no.

No le había dolido tanto como esperaba, al parecer su duelo lo había pasado durante los últimos meses de relación, pero aun así aún tenía cosas atoradas en el corazón. Es por eso que apenas llegó junio, fuera de la temporada de torneos, sus amigos lo habían arrastrado para pasarlo bien, a un bar al que no conocían.

No habría represalias si, por alguna vez en su vida, decidiera perderse en el alcohol y disfrutar el momento como nunca antes. Siempre era el más moderado en la bebida para cuidar de los suyos. Así que, esta vez aceptaría todas las bebidas que le ofrecieran sus amigas, Kiri y Denki. Tenía a Kacchan tras su espalda.

Así fue como terminó bailando en medio de la pista, completamente ebrio. Dejándose llevar por las sensaciones y las canciones de mal de amores. Bailando a ratos con Ochako, con Mina y Jiroh, cuando esta decidía que la timidez pasara a segundo plano. Denki lo arrastraba para un buen perreo, o para cantar a todo pulmón "Chinga tu madre" de Molotov. Claro que iba con dedicatoria.

Sus compañeros de equipo son demasiado bulliciosos, demasiado alegres, algunos más peculiares que otros; pero lo suficiente amables como para que la fiesta que solo era de unas cuántas personas se transformará en algo muchísimo más grande.

No supo por qué había más chicas de las que recordaba bailando a su alrededor. Tomó la cintura de su mejor amiga para acercarla a él, estaba muy borracho, tal vez más de lo que podría recordar la mañana siguiente. Tiene la certeza de que esto le provocaría una resaca, más no le importaba. Solo quería seguir disfrutando de las sensaciones del momento.

Coloca uno de los mechones castaños, tras su oreja porque claramente le estorban a Ochako. Ella agradece con la mirada y siguieron bailando un poco antes de que, entre balbuceos de ebrio, le preguntara a ella sobre la identidad de la compañía femenina que está revoloteando a su alrededor.

Uraraka tampoco supo qué responder, así que estallaron a risas que a Midoriya le supieron a gloria. Se dio cuenta que ella también estaba más ebria de lo que podía recordar. Seguramente Iida la dejó ser porque Izuku necesitaba de eso. Y en un acuerdo silencioso, los chicos —a excepción de Denki y Kiri—, moderaron su consumo de alcohol para hacerse cargo de los posibles bultos que se volverían más tarde.

La noche es larga, pero el alcohol lo marea. No sabe en qué momento se ha separado de su grupo, pero está tan ebrio que poco le importa. Las luces se prenden y apagan al bit del reggaetón sucio. Sigue bailando solo. Contonea es las caderas y unos dedos traviesos se comienzan a deslizar sobre su brazo. También están bailoteando sobre él. La yema del anular sube despacio, hasta su cuello. Intenta ignorarlo, seguir en lo suyo. Alguien está detrás, acercándose peligrosamente, siguiendo su ritmo.

Es más alto que él puede sentirlo, y el intruso deja una caricia leve sobre sus labios que logra arrebatarle un suspiro. Se queda así unos momentos, perdido entre la multitud, alejados de sus amigos, en un mundo que podría ser parpadeos de rojo tinto. Izuku no puede verle la cara, pero sabe que es un hombre, sus manos le delatan. Está tras su espalda, siente la respiración en su oreja. Voltea despacio y sus ojos se abren al ver de quién se trata.

Pocas veces le ha visto, pero puede reconocerlo. Su boca se abre un poco y vuelve a cerrar, después abrirla de nuevo, buscando las palabras adecuadas que se niegan salir, porque tiene la lengua hecha nudos. Le ha visto unas cuantas veces, tal vez han compartido clases, pero no recuerda su nombre o quizá es que tiene demasiado alcohol en su sistema para hacerlo.

Sus ojos repasan su rostro. Es pálido, rasgos finos, labios delgados, pero suficientemente carnosos, son rosa palo. Izuku cree que sus pestañas negras hace resaltar el ojo azul y combina bien con el gris de su ojo derecho. Tiene una gran cicatriz que cubre gran parte de su cara. La piel rugosa, contrasta demasiado con lo tersa que es lo demás. Tiene tentación de tocarla, pero se reprime.

Todoroki desliza su mano por la mejilla derecha de Midoriya. Con el pulgar repasa su belfo, es suave y le apetece probarlo; es evidente que sabrán a alcohol. La quijada de Izuku es angulosa, Shoto se pregunta cuántos besos deberá dejar ahí para llegar a esconder su nariz entre su cuello. Se relame los labios. Pensó que ya estaba saciado, pero en un impulso de estupidez lo hizo acercarse cuando lo vio solo.

Izuku se siente mareado, «Creo que me he excedido de vodka» y las náuseas lo invaden.

En cambio, Shoto sabe muy bien lo que está haciendo, toma la nuca de Midoriya y corta la distancia entre ellos. Es un beso lento, despacio, fogoso. Siente cosquillas arriba del estómago, sabe bien qué es excitación; hace que su entrepierna tome vida de nuevo. Siente anhelo cuando el otro se aparta, quiere besarlo con ganas. Quiere hacerlo explotar de placer bajo su cuerpo.

Las cosas no se van a quedar así. Reclama sus labios con más fiereza y sus manos tocan el culo firme y redondo de Midoriya. «Así que para esto sirve el voleibol». Joder, que si se lo coge se proclamará como un Dios en la universidad, porque ese hombre al que está saboreando, es intocable.

Siente sus palmas sobre su pecho. Lo empujan hacia atrás, pero Shoto se aferra a él, aun así, se rompe el beso e Izuku quiere escapar por donde cree que están sus amigos. Qué iluso es si piensa que lo va a dejar irse. Toma de la muñeca y le sonríe ladinamente. Nunca falla esa táctica para hacerlos caer entre sus redes, pero la mueca que se le forma al otro en el rostro, no es del agrado de Todoroki.

Midoriya jala de su brazo, no estaba cómodo y las náuseas cada vez se hacían más presentes. No lo puede soportar más y no le dejan escaparse.

De nuevo no se reprime y deja caer todo el katsudon que comió por la tarde. Justo en los pies del chico sexy con el que se acababa de dar lote.

«Joder, qué vergüenza.

Kacchan, ¿Dónde estás cuando te necesito?»

No sabe si alguien más se dio cuenta, no puede con la pena. No lo miró a la cara de nuevo, solo salió corriendo en busca de sus amigos. Está tan ebrio que todo le da vueltas, y no logra distinguir nada.

«Trágame tierra y escúpeme en las playas de Cancún.»

Cierra los ojos, a punto de resignarse a morir de un coma etílico y una sobredosis de "no quiero que sea mañana, y recordar lo que he hecho hoy", cuando una mano pesada cae sobre su hombro y él da un respingo.

«No voy a voltear, no voy a voltear, no voy a voltear.»

— Jodido nerd, ¿dónde estabas? Te he estado buscando.

«Esa voz... Kacchan eres tú.»

Y las lágrimas llenan a sus ojos. Se avienta hacia él buscando el confort entre sus brazos. Pasando los propios por el cuello de su amigo.

— ¡Kacchan!

— ¡Qué asco, Deku! ¡Aléjate de mí! ¡Apestas horrible, no me toques! ¡Qué horror, necesito desinfectarme!


Shoto se quedó ahí, inmóvil. Viendo con gran sorpresa lo que había ocurrido. El deseo sexual se había quedado completamente opacado con las ganas de cometer un crimen de odio. Le habían ensuciado sus Vans nuevas. Siente el líquido traspasarse por la tela y sus dedos llenarse de la cosa viscosa y caliente. Se aguanta las arcadas para no hacer la situación más bochornosa de lo que ya es.

Qué asco, no lo soporta más. Quería vomitar también. ¿Qué se supone que haga? No sabe cómo proceder. Sus mejillas se calientan cuando unas nada discretas risas llegan a sus oídos. Sabe que está siendo la burla del lugar.

Joder, ahora huele a culo.

Quiere irse, pero también siente que sus pies están pegados al suelo y le pesan. Mira al cielo, pidiendo paciencia que ahora no tiene. Respira profundo, aprieta los párpados y los puños también. ¿Cómo enfrentarse a lo que vendrá después? Sabía que Dabi lo estaba viendo. Lo supo cuando sintió su mirada taladrarle la nunca mientras besaba a Izuku.

Estaba plenamente consciente de que su hermano y su novio habían visto el espectáculo.

Joder.

Observa de soslayo, y sí. Ahí están, retorciéndose a carcajadas sonoras, golpeando la mesa, mientras Hawks coloca una de sus manos en el estómago y después se limpia la lágrima traicionera que se asoma por su ojo. Lo peor es cuando se dan cuenta de que Touya simula vomitar encima de su novio. Se regocijan de su sufrimiento.

Sus mejillas se colorean. Y la sed de venganza crece en él, y sus ojos se tornan rojos de furia pura. Sus sentidos ahora solo pueden pensar en una sola cosa;

Destruir a Midoriya.

«Oh, no Izuku. Voy a pisar tu corazón lo suficiente como para que pagues esta mierda.»


N/A:Hola! ¡Bienvenidxs sean todos a esta nueva historia! Me emociona mucho traer algo nuevo. Les juro con la mano en el corazón que voy a actualizar. JAJAJA.

Esta historia es cliché ? Sí, lo es

Pero bueeeno, esto no va a ser complicado, al menos eso no es lo que pretendo, en serio. De verdad que para mí está siendo muy divertido escribirlo. Así que disfrútenlo tanto como yo lo estoy haciendo.

Tal y como les he dicho en otras ocasiones, no me gustan taaaanto el headcanon que hay de Izuku súper masita, así que no lo esperen aquí. Es un joven de 20 años — casi 21—, así que no se sorprendan ¿Ok?

Quiero agradecer a varias personitas aquí, pero sobretodo a Kari —que está tan emocionada con esta historia llena de nuestros headcanon—, Sally, Nadia, Jessikk, Viri y Karlita. 3 Joder, muchas gracias por creer taaaaaaaaanto en mí y en mis letras. No podría tener mejores amigas, de verdad por ayudarme tanto en estos meses taan negros para mi escritura.