Sábado de la tercer semana de junio
Es sábado por la mañana, pero Aizawa no tiene piedad; con unas cuantas palabras fue capaz de agregarle más presión sobre su cuerpo. Su tutor fue claro, un trabajo de investigación más pesado que la mierda para la siguiente para el próximo sábado. Izuku miró las especificaciones del proyecto en su agenda. Dio dos ligeros golpes a la hoja con la punta del bolígrafo. Sin mirar realmente lo que hacía.
Mordió su labio y bajó sus ojos, leyó de nuevo las anotaciones de lo que debía hacer. Tenía encerrando dos palabras en concreto, estaban escritas con su perfecta caligrafía. "En pareja". Las acarició con suavidad con sus dedos, arrugando el entrecejo, respiró profundo y tomó una decisión antes de que alguien se acercara a él.
Antes de arrepentirse, se levantó de su asiento, miró a Melissa —la chica con la que suele trabajar en esa clase— e hizo un ademán de disculpa.
Ella se desconcierta un poco, porque no entiende en realidad de su accionar; pero en cuanto se da cuenta hacia dónde se dirige, de su boca sale un perfecto "oh" y se le termina por escapar una ligera risilla que intenta ocultar tras su mano.
«Ya vale, Zuzu. Sí es así, no tengo problema. Siempre y cuando me cuentes los detalles.»
Izuku ni siquiera se da cuenta de su reacción. Solo camina firme, y se obliga así mismo a no prestar atención a los ojos chismosos que se posan sobre él, que encima hacen que se inquiete.
El salón está casi vacío, pero hay alguien que no se ha movido ni un ápice de su sitio. De hecho, su cabeza está recargada sobre el pupitre. Durmiendo plácidamente. Midoriya le ve tan apacible que le da pena despertarle, así que se la piensa un poco antes de estirar su mano con lentitud y sacudirlo ligeramente del hombro.
— Todoroki-kun — dice con suavidad —. Todoroki-kun, despierta. La clase ha terminado.
Shoto aprieta los ojos, y abre uno de ellos. Todo está borroso, levanta un poco la cabeza, siente una ligera caricia sobre su frente. Midoriya hizo el intento de quitar todos los mechones de su cabello que le estorban la vista, le recibe con una sonrisa discreta. Todoroki está un poco vulnerable, desconcertado, y el colorete le llega a las mejillas con delicadeza. Abre la boca, pero no le sale nada. Escucha a medias porque se tarda en despertarse completamente.
Se talla los ojos, parpadea y vuelve a mirar hacia al frente. Midoriya está observando con atención sus movimientos. Esperando pacientemente a que sus neuronas puedan funcionar con naturalidad, pero se le atrofian un poco por la tranquilidad que Izuku le transmite.
Carraspea un poco antes de incorporarse.
— Todoroki-kun, ¿Qué tal tus sueños? ¿Te ha gustado? Tienes pinta de que han sido buenos.
— ¿Pasa algo, Midoriya? — contesta un tanto avergonzado. Sin querer mirarle a los ojos y caer en el teatro que se está montando Izuku y que Shoto no entiende.
No le gusta porque no es él quien está dirigiendo ese circo de payasos.
—Pues, no ha pasado nada, pero terminó la clase.
— Ah… gracias por despertarme.
«Cobarde. No te eches para atrás, Izuku»
Esconde sus manos traviesas en sus bolsillos; ha empezado a jugar con ellas, y no quiere que su nerviosismo sea delatado. Aún, cuando desea darse la media vuelta y echar para atrás su plan maestro para convertirse en el amigo cercano de Todoroki; para así mostrarle un lado de la vida que no sea tan solitario.
Mira a Melissa en busca de ayuda, pero ella no parece querer intervenir. Incluso, le animó a seguir hablando y él siente la traición latente en su corazón. Traga en seco y regresa su atención a Shoto. Sigue sentado, esperando pacientemente a lo que sea que vaya hacer.
No sabe cuándo es que se han invertido los papeles pero ese juego de cazador- cazado, se ha vuelto habitual en ellos, aunque sea de manera involuntaria.
Escucha el cuchicheo de la gente, porque también están atentas a sus movimientos. La presión social es mucha, Tiene la necesidad de girar para gritarles que se metan en sus asuntos
Entonces recuerda los rumores sobre Todoroki, esos que le amargan el rato. No quiere quedarse con la idea general de su persona. Son amigos ¿no? ¿No era su deber como amigo conocerlo? Sí, sí lo era.
Este es un primer paso, ¿no?
— Todoroki-kun, imagino que no escuchaste sobre el trabajo que debemos hacer.
—Pues, imaginas bien.
Izuku ríe con soltura, y se sienta en la banca frente a Shoto. Saca su agenda para dejarla sobre el pupitre de Todoroki. Pasando las hojas con apuro para llegar a la que está buscando.
—Mira, es esto— dice señalando con su dedo.
Shoto toma la libreta entre sus manos, y comienza a leer las indicaciones de lo que parece ser el proyecto final. Al que por cierto, solo tiene la semana siguiente y la de exámenes para hacerlo.
Levanta la mirada e Izuku está demasiado expectante a su reacción. Le causa cierta gracia, porque está sentado de lado, con las manos puestas en el respaldo y para poder verlo de frente.
—Vaya, parece que tendré que hacerlo solo…
—Sí… bueno, eso…
—¿Uhm?
—Quería saber, sí te gustaría trabajar conmigo esta vez — dice con rapidez, con las mejillas ligeramente sonrojadas y su labio inferior temblando con discreción
Shoto no cree su puta suerte. Quiere gritarle, sí, sí quiero Midoriya. «Claro que quiero, me estás haciendo un puto favor. Necesito una buena nota y acercarme a ti. Joder sí, no te arrepientas porque me cagaría en la puta.»
—¿Estás bien con eso? — dice guardándose la euforia en su cabeza.
—¿Acaso te lo hubiera propuesto si estuviera mal con eso? — dice divertido con la situación.
—Bueno, entonces si no te molesta, me encantaría.
Midoriya se puso de pie de un salto, con una sonrisa deslumbrante en rostro. Shoto siente que es tan brillante que sus pecas bien podrían ser estrellas. Tal vez sí lo sean y está lleno de galaxias. Los rizos se le desacomodan de lugar, tapan sus ojos con ligereza, pero a Izuku no le importa, Todoroki cree que es una lástima, porqué su color favorito es el verde.
Izuku, sin importarle nada, y copiando las mañas de su mejor amigo Kirishima, invade el espacio personal de Shoto, para tomarlo de la mano y también la única pluma que tiene en su pupitre para escribir su número telefónico sobre su palma. Ha visto un montón de películas románticas y le apeteció hacerlo de esa manera.
«¿y a este que mierda le pico?»
Todas las veces que están juntos, Midoriya hace algo que le toma por sorpresa. «Joder, es que eres un puto enigma. ¡Para, tío, que no te puedo seguir el ritmo!»
—Bien, nos vemos mañana a las 4:00h en la biblioteca. ¡Ya te dejé mi número! Así que espero tu confirmación. Bueno, ¡Nos vemos!
Salió corriendo, de nuevo, como era su puta costumbre, dejándolo más confundido que la mierda. No solo eso, había tenido el descaro de salir con una rubia despampanante entre risas. Miró su mano y recordó su cálido tacto.
Sin querer, queriendo, una rayito de sonrisa se le estaba escapando del corazón.
—¿Qué fue todo eso, Zuzu? — dijo Melissa, riéndose suavecito. Tapando su sonrisa con el dorso de su mano.
—¿Qué fue qué?
Izuku se hacía el loco, porque sabía de qué le estaba hablando. «Qué vergüenza, Izuku. ¿Por qué le diste así tu móvil si tenía una libreta a un lado? »
—Oh vamos, eso ha sido súper mono. Que ternura me dieron, pero no debiste huir así. Lo dejaste todo confundido, pobrecito.
Su cabeza era un caos y Melissa no ayudaba. Se estaba riendo de él. Aparte no había sido la única que los había visto. Sentía sus mejillas arder. Tapa su rostro envolviendolo entre sus brazos, desviando la mirada. Quiere gritar pero las carcajadas de su amiga no se lo hacen más fácil. Es que todo había ido súper bien hasta que le tocó las manos.
Y es que lo vio tan desconcertado que no supo qué hacer así que su cabeza sólo pudo pensar en una sola cosa. Salir corriendo, en eso era bueno.
«Joder, no que horror. ¿Por qué hice eso? No debí hacerlo.»
—Ya, Zuzu. Lo hiciste bien ¿sí? No te tormentes, pero… hay algo que sí me gustaría decirte. ¿Recuerdas que mañana es domingo?
Izuku paró su paso y giró a verla con desconcierto, porque no sabía porque se lo decía… entonces se dio cuenta de algo.
"Bien, nos vemos mañana a las 4:00h en la biblioteca. ¡Ya te dejé mi número! Así que espero tu confirmación. Bueno, ¡Nos vemos!"
Sus palabras entorpecidas regresan a él. ¡Joder, los domingos ni siquiera abrían la biblioteca! Sintió ganas de llorar y vio con pesar a Melissa.
—Oh, vamos, él te mandará un mensaje en un rato ¿sí?
Soltó una risilla más que a Izuku le supo mal.
Eso espero…
Lunes cuarta semana de Junio
Sí, debía admitirlo. Estaba nervioso, jodidamente nervioso. Lo estaba desde que salió de la universidad el sábado. Porque estaba esperando un mensaje de parte del estúpido de Todoroki.
Kacchan había notado su comportamiento errático, pero no hizo preguntas. Izuku sabe bien que le está dando el espacio para que él mismo se lo cuente, pero Midoriya siente que aún no es tiempo para aclararle que solo son amigos; porque seguro le soltaría un sermón de cómo es que puede ser súper ingenuo para caer en esos trucos tan bajos.
Puede que lo esté siendo, pero prefiere dar el beneficio de la duda que sentir la carga de consciencia que este pudiera generarle. Y aún así, Todoroki se había tomado el atrevimiento de tardarse muchas horas en mandarle un puto mensaje.
Midoriya ya se había resignado a tener que pararse en la biblioteca central del campus y poner su carota de tonto esperando a alguien que seguramente no iba a llegar porque ¡LOS PUTOS DOMINGOS NO HAY SERVICIO!
Estaba viendo la saga de Pain cuando le llegó un mensaje de un número que no tenía registrado. Casi se le sale el corazón e incluso se cayó del sillón cuando leyó "Hola, Midoriya, soy Todoroki. ¿Haremos el trabajo frente a la puerta cerrada de la biblioteca o prefieres vernos el lunes?"
¡Estúpido, Tontoroki! Además de tardar, se atreve a hacerse el chistoso.
Además de nuevo había hecho el ridículo frente a Kacchan y se había burlado de él lo que restaba de la noche. Lo peor del caso es que de nuevo lo tenía ahí esperando luego de que él mismo le pusiera la hora a su cita de estudio. ¿Se podría ser peor?
Izuku no lo sabe, pero sí está seguro de que las cosas podrían ser peor. Podría estar cayendo en las redes de Shoto pero no es así. No señor. Izuku tenía los cables bien puestos en su cerebro. Él solito se había dado su propio sermón. No se dejaría llevar. Se recalcó una y mil veces que solo son amigos, que por muy genial que resulte ser Todoroki, no se puede dejar llevar, porque corre el peligro de que le rompan terriblemente el corazón.
No quiere más decepciones, no quiere más lágrimas, no quiere volver a preocupar a sus amigos. Solo quiere pasar un buen rato y conocer a Shoto. Sí, solo eso, no más. Se rehúsa a ser una más de sus presas. Eso sí que no, por más adonis que sea. y que tenga perfil de una pintura renacentista, Izuku también tiene dignidad. Y una vez que decide algo, no hay nada que lo haga cambiar de opinión. ¡Incluso si está hablando con la encarnación de Afrodita hecha hombre!
Mira su celular. Todoroki tiene apenas 5 minutos de retraso. Si lleva tanto esperando es porque él ha llegado 30 minutos antes, en los cuales 15 los usó para buscar libros que les sirvieran para su proyecto final.
Sacó su laptop y esperó a que encendiera. Buscaría un poco más de información en lo que Shoto, se dignaba a llegar. Recargó su mejilla sobre su mano y miró por la ventana, a Izuku le gustaba esa mesa, porque tenía vista hacia los jardines de la universidad. Le parecía un lugar súper bonito para estudiar. Cuando no le daba tiempo de regresar a casa por sus múltiples actividades, usualmente iba a ahí para realizar sus tareas.
Su celular vibró y como supuso era Shoto.
Tontoroki 4:10h¿Dónde estás?
Izuku levantó la vista y sonrió un poquito. Todoroki se veía perdido, buscándolo entre el estudiantado. Sintió ganas de vengarse y dejar que él mismo lo encontrase, pero su celular volvió a vibrar.
Tontoroki:4;12h¿Estás aquí?Sé que los estás leyendo, ¿Por qué me ignoras? ¿Te estás burlando de mí? ¡Contestame, Midoriya!
No lo soportó y dejó salir una risa directo de su pecho. Es un Tododramas.
Izuku 4;13
Levanta la vista
Izuku alzó su mano y Shoto por fin pudo encontrarlo, caminó hacia donde estaba. Jalo la silla frente a él y dejó un bonche de libros que traía cargado consigo.
— Antes de que te enojes, o me reclames algo, pasé a buscar algunos libros que pensé que nos servirían.
—Creo que pensamos lo mismo.
—¿Has encontrado algo interesante?
—En realidad, no he visto la gran cosa, pero… — Izuku deshizo su torre de libros y tomó uno de ellos para dejarlo entre las manos de Shoto—. Creo que este podría servirnos, o al menos esa impresión me dio cuando le eche una ojeada.
—Vaya, que eficiente eres… Ahora entiendo porque eres el favorito de Aizawa.
—¡Claro que no! Aizawa no tiene favoritos.
—Ah, vamos, todos lo saben. No te hagas el santo.
—¡Es verdad! Incluso me sacó del salón una vez.
—Sí, ¿Cómo quieres que no lo hiciera si gritaste a mitad de la clase? — Todoroki sabe que está metiéndose donde no debe, pero es que le gusta mucho esa parte de Midoriya.
—¡Pero fue tu culpa!
Izuku alza la voz y los demás voltean a verlo con molestia e incluso le dicen que se calle. Se encoge de hombros y se sonroja un poco, Shoto no reprime su sonrisa divertida.
—Bien, lo admito si fue mi culpa, pero tú también deberías admitir que fue divertido.
Midoriya se queda pensativo un rato.
—Tienes razón, nunca antes me habían corrido de un salón— confiesa. Y aunque no quiere volver a pasar esa vergüenza, se convence así mismo que es una anécdota divertida que lo perseguirá por la eternidad.
Shoto acuna su rostro en su mano y ve directamente a Izuku.
—¡Eres todo un niño bueno, Midoriya. ¡Seguro que nunca te han castigado! — dice con burla, echando para atrás el torso, mientras se cruzaba de brazos.
—¡Claro que no! Mamá me ha castigado un montón de veces. Sobre todo cuando Kacchan y yo nos metíamos en problemas.
Todoroki sintió una punzada en el estómago, cuando escuchó ese meloso apodo que Midoriya usa con Bakugou, pero también una inmensa curiosidad sobre su relación. Sí era inteligente podría sacar toda la información que su cuerpo sediento de "chisme" como diría Yumi-nee-san.
—¿Ah sí? ¿Qué clase de problemas? ¿Robar unas galletitas que están encima de la nevera y mamá dijo que no podían tomar a menos que se comieran todas las verduras?
—¿Qué? ¡No! Además solo nos descubrió una vez —Shoto reprimió una carcajada porque no podía existir otra razón por la cual regañaran a Midoriya. —No, nos regañaban porque nos involucrabamos en peleas que no nos conciernían.
Eso sí había sido sorprendente. Nunca pensó que Midoriya tuviera un lado violento.
—Así que Bakugou provocaba problemas y te arrastraba a ellos.
—En realidad era al revés — dice un tanto avergonzado. Rascando su mejilla y desviando la mirada — Nunca he sido muy bueno con eso de ya sabes… reprimiendo mis impulsos cuando están lastimando a alguien que no puede defenderse. Yo, bueno, solían darme palizas porque no me gustaba que los niños del vecindario golpearan perritos, entonces, los abrazaba y ellos me pateaban a mí. Nunca he sido muy bueno peleando, pero Kacchan siempre estaba ahí para defenderme y bueno, nunca pudo decirme que no a nada, y él terminaba interviniendo.
Todoroki sintió la imperiosa necesidad de abrazarlo y decirle que era la cosa más tierna del mundo. Porque le había ablandado el corazón imaginar al pequeño Midoriya, con las mejillas regordetas llenas de pecas y tierra por defender lo que creía justo. Ahora entendía un poco más la relación tan estrecha que tenía con Bakugou y el hecho de que siempre corrieran uno detrás del otro. Incluso podía imaginar el porqué es que había terminado en una carrera como la abogacía, siendo tan buen deportista.
—Vaya, quién diría que el conejito es un imán de problemas.
—¡Qué no me digas así! — chilló Midoriya.
De nuevo las malas miradas se posaron en ellos. Guardaron silencio un momento por la vergüenza, pero rápidamente pasó cuando soltaron una carcajada muda y mutua. Levantaron los hombros y decidieron que lo mejor era comenzar con su proyecto. Se sentía bien y por primera vez, Shoto sentía que estaba haciendo lo correcto.
Miércoles, cuarta semana de Junio
Las cortinas ondeaban por la brisa que entra por la ventana, con la lámpara alumbrando a duras penas los libros de texto que tiene sobre el escritorio. Una de sus manos la ocupa para acunar su cara y con la otra sostiene un boligrafo negro.Juguetea con él porque ha tenido suficiente de leer leyes. En momentos como estos, se preguntaba cómo es que se había animado a estudiar derecho.
Joder, ya recuerda que es su estúpida obsesión por ser mejor que su padre.
Lo curioso, es que sabe que es estúpido lo que hace, ¿le importa? No, la verdad es que le importa una mierda. Lo odia, lo odia muchísimo en realidad.
Está increíblemente resentido con él. Destruyó su familia, tiene una horrible cicatriz en la cara que le recuerda todos los días el porqué de su creencias. De los dogmas inamovibles con los que vive. De las palabras que le calan todos los días y lo mantienen tan distante de las personas.
Pone su mano sobre su herida. Está cerrada por fuera, pero duda que algún día pueda llegar a sanar por dentro. Se frustra y le irrita porque le duele, porque le escuece como si se la hubiera hecho el día anterior. Como sí el fatídico día, haya sido hace tan solo unas horas atrás.
Por eso lo sabe, por eso se niega a enamorarse. Rechaza la idea y vomita en ella. Se resguarda de todos y de todo. No quiere volver a pasar por lo mismo. Porque aún siente la decepción en cada fibra de su cuerpo.
¿En quién confiar sí incluso él le había fallado?
Talla con fuerza su cara, quiere alejarse de esos pensamientos intrusivos. Quiere olvidarlo pero no puede, pareciera que se aferran con garras y dientes a sus memorias. Se muerde la lengua, en un intento vago de controlar las emociones que comienzan a emerger desde lo más profundo. No puede ponerles correa, hacen lo que sea con él y comienza a marearse. Tal vez, sea una amenaza a una migraña.
Por eso odia los fines de semestre. Porque le recuerda que sus motivaciones no son las mejores. Aunque le gusta la carrera, no puede terminar de deshacerse de la otra cara de la moneda. Odia la entrega de proyectos y todas esas mierdas a las que él no encuentra sentido. Odia estresarse por esto. Por eso solo entra a las clases que son necesarias.
Es afortunado porque no tiene que estudiar mucho para aprobar con las mejores notas. Aún así las considera como una patada en los huevos. Se echa para atrás y recarga su cabeza en el respaldo de la silla, mirando el techo.
Respirando profundo para calmarse pero no lo logra.
Se quita los lentes que usa para leer, los deja sobre el escritorio. Deja escapar el aire de sus pulmones.
No es un apasionado por lo que hace, pero tampoco le desagrada. En realidad, le gusta, pero no al grado que lo profesa Izuku Midoriya. Y se siente un poco envidioso, esa pizca incómoda de un sentimiento que no le gustaría decir en voz alta.
Shoto realmente cree que ese tío es afortunado. Afortunado de disfrutar de lo que hace, afortunado de vivir una vida color rosa, afortunado de tener la energía para levantarse todos los días con el mejor ánimo y que a él difícilmente consigue.Lo admira, porque cree que indudablemente valioso, el encontrar la motivación todos los días para esforzarte y dar lo mejor de sí mismo para sacar adelante cada una de sus metas.
Todoroki lo sabe, Midoriya es exitoso...
De nuevo Izuku se planta en sus pensamientos. Se le empieza a hacer costumbre, y no le encanta tener esa nueva manía porque es que ya nada más le falta contarle hasta las pecas.. «¿Es que no tiene nada mejor que hacer que venir a joder mi cabeza? No sé, ¿jugar vóley? ¿Chupársela a Bakugou? Ugh, no mejor. Eso no. Cualquier cosa que no sea eso y echar campamento en mis pensamientos. Estúpido lobo con piel de cordero»
Quiere sacarlo a patadas, pero lo ve tan cómodo que le pone los pelos de punta. Un "ni te acostumbres que no es tu casa" le pasa fugaz por la cabeza.
Pero no es cierto, porque lleva días sin poder evitarlo. Parece que Midoriya se ha hecho de un lugar en su memorias, uno lo suficientemente grande como para bailar un tap o echarse una cascarita de vóley sin problema.
Y no le gusta. A veces siente que pierde de vista la situación y que es él quien tira de los hilos en este juego del titiritero. Es que Midoriya es tan… tan ¿Él? Que se le ha hecho difícil poder controlarlo para hacerlo comer en la palma de su mano.
Poniéndose sincero consigo mismo, le gusta. No, claro que no… o tal vez sí. Shoto siente atracción por él, por su cuerpo, por su esencia, los matices de su personalidad y su voz ronca pero suave.
Joder, de nuevo perdió el punto.
Lo que le gusta de todo ese juego de ajedrez que se está llevando en su cabeza, es el reto que representa. No puede esperar el momento que hacer jaque mate para comerse a la rey. Izuku es el rey, y todo gira alrededor de él.
Sonrió por lo bajo. Midoriya no ha tenido reparo en acercarse a él. No tuvo que hacer nada más que buscarle después de hablar con él. Izuku fue quien dio el primer paso. Desde el momento en que su boca pronunció "seamos amigos", las dificultades cesaron.
Para él fue una sorpresa que al día siguiente, cuando Aizawa —el profesor de la única clase que comparten—, pidió una estúpida investigación en parejas. Todoroki nunca ha sido bueno en los trabajos en equipo. En realidad, nunca los hace, y si son una parte esencial los realiza solo. Entonces, tener a Midoriya ahí por iniciativa propia había sido como ganarse la puta lotería. Seguro que era el premio gordo.
Mataba dos pájaros de un tiro.
Sonrió otro poco, porque le causaba gracia la facilidad recién descubierta con la que podían entablar una conversación. Ni siquiera lo planeo, solo las cosas se dieron de manera tan natural que Todoroki ni siquiera notó el momento en el que se había dejado llevar y olvidado su propósito real, porque genuinamente estaba disfrutando el momento pese a que estaban estudiando.
Él ya sabía que Midoriya era agradable, pero lo confirmó en ese momento. Su charla es interesante y lograba enredarlo entre sus garras de labia. No solo había sido eso, sino que trabajar con él fue sumamente fácil. Shoto tiene serios problemas para relacionarse con las personas y con él le resultaba cómodo.
Sinceramente, le gustaba.
Shoto sigue sin notarlo pero también él comienza a gravitar alrededor del astro rey.
Deja caer su cabeza sobre el escritorio, está apretando los ojos con frustración porque no le gusta nada perder el control, pero parece que ya no fuera él quien lleva la pauta de la situación. Ya no van a su ritmo, incluso él es quien va de la mano de Izuku y no es esa manera en la que se supone que deben ser las cosas.
Él no es quien se debería estar sintiendo así, no porque es Shoto quién tiene que cumplir un contrato. Es Shoto quién tiene que cumplir un castigo. Es Shoto quién se niega rotundamente a compartir el mismo aire con Enji Todoroki por más de 10 minutos.
No Midoriya.
Midoriya seguro la pasará mal, le dolería el corazón ¿pero realmente cuanto? ¿Mucho? Lo duda, tiene a toda esa gente que parece estar dispuesta a arrancarle los ojos a cualquier persona que lo lastime. Aún así no puede no preguntarse ¿Cuál será la magnitud de las consecuencias de sus actos?
¿Es algo cuantificable?
Shoto se sabe interesante, ¿pero Izuku sería tan transparente como para quererlo realmente? ¿Para intentar ver más allá de la fachada que Shoto pone al mundo?
Lo duda.
Aunque una cosa es que lo intente y la otra es que lo deje. Porque esa parte de él es un lugar tan desierto porque ni él mismo la visita con frecuencia. Es que se empeña con fervor a empujar al abismo cada uno de esos demonios que le atormentan cada día.
Suspira un poco, y mira la fotografía que tiene enmarcada sobre su escritorio. Es el único recordatorio de lo que alguna vez fueron, del ideal del amor que había sido destrozado y que se habían empeñado a acabar sin misericordia alguna.
Puso sus dedos sobre el cristal que protege la instantánea. Una sonrisa débil le surca los labios. Piensa que su madre se ve hermosa sonriendo de esa forma y que cuando Yumi lo hace, es una copia casi exacta de ella. También está Touya, aun lado a él. Se ven tan diferentes, Shoto medía muchos centímetros menos y su hermano más grande estaba con el cabello blanco que ya no usa y con el que se parece más a Natsuo —Quién está a la derecha de de Touya—.
Se fuerza a verse a sí mismo, a apreciar como era su rostro a los trece años y sin una cicatriz que lo marcara de por vida. Una que señala un antes, un después y un "quisiera olvidarlo". Hay una fuerte mano puesta sobre su hombro. No quiere ver más allá porque se le retuercen hasta las entrañas de pura rabia y no es la intención de tener esa fotografía.
Es más bien un recordatorio de lo que fue y ya no es. Que las cosas cambian, que no puedes confiar ni en quién más confías. Qué los buenos momentos se quedan pero que son efímeros, y a veces engaños. Que las mentiras y puñaladas vienen de donde menos te lo esperas. Que tener las expectativas altas solamente causan problemas y dolor y quién sabe cuántas cosas más.
Que la inocencia puede ser la raíz de la felicidad.
Porque Shoto estaba feliz en ese momento. Ellos eran felices, o al menos eso era lo que él creía.
Lo ve tan lejano que siente que esa foto fue tomada en otra vida.
El sonido del timbre lo pilla desprevenido. Mira la hora en su móvil que marca las 22:40h. Eso lo extraña más, porque nadie le visita. Takoyami en muy pocas ocasiones se pasa por su departamento, y siempre avisa antes de ir. Sabe que tampoco es Touya, porque su hermano no ha pisado una sola vez su casa.
Se levanta de su lugar y camina descalzo con cierto recelo hacia la entrada. Prende la luz del gekan, porque hasta entonces había ido a oscuras. Se quita de dudas echando ojo por la mirilla.
Es Yaoyorozou Momo. La única excepción a su regla de no repetir. Tenían un acuerdo que les permitía saciar sus deseos carnales sin compromiso alguno. Ella lo propuso, él no puso objeciones. Estaba buena, tetas grandes, piernas de infarto, nunca había dado una negativa cuando Todoroki era quien tomaba la iniciativa de encontrarse. Además, La mama rico. Joder, no había podido decir que no si obtenía tantos beneficios; pero precisamente en ese momento no sabía si era un buen momento.
«Qué tía más pesada.»
Se sorprende un poco así mismo por el pensamiento, pero se justifica rápidamente cuando recuerda que trae un humor de perros. Quita el cerrojo y abrió la puerta. Ella es una fiera, pero Todoroki parece imperturbable. Se cruza de brazos, esperando una respuesta por parte de la chica.
El departamento de Shoto es sagrado. De sus conquistas, sólo Momo había estado ahí una vez, y la única razón por la que la llevó fue porque estaba demasiado borracho como para no dejarse llevar por la calentura.
Le jodió un montón tenerla parada ahí frente a su puerta.
Yaoyorozou sonríe felinamente, y abre con lentitud el saco, dejando ver qué lo único que portaba era un conjunto de lencería. Uno muy revelador. Era rojo, con transparencia y un corsé sur resaltaba las pronunciadas curvas de su cuerpo. Caminó hasta él con lentitud, acortando la distancia, dejando que sus tetas se aplastaran contra el firme pecho de Todoroki.
—¿No me dejaras pasar? —dijo Momo, con voz ronca y que se empezaba a desfigurar por la excitación que le causaba su atrevimiento.
Shoto dió un paso hacia atrás, dejando que la chica entrará a su piso. Ella cerró la puerta tras de sí, pero Todoroki había retrocedido un poco más y seguía viéndola con ese gesto tan frío que le helaba hasta los huesos.
—¿Qué pasa? — susurró Yaoyorozu. Volvió a cerrar el espacio entre ellos, estaban cerca, tan cerca que sus alientos se entremezclan. Si alguno de los dos habla, sus labios rozan.
Todoroki no es de piedra, su pene responde ante las provocaciones, pese a que está molesto. Tiene los brazos cruzados, pero las dunas manos de Momo están sobre ellos, intentando bajarlas para terminar con esa mínima distancia que todavía queda entre sus cuerpos.
No quiere ceder por mero orgullo. Porque le ha dejado claro que ella no debía regresar a ese lugar.
—Teníamos un acuerdo, Yaoyorozou —escupe Shōto, dejando ver entre líneas que no es bienvenida.
Ella vacila un poco en su papel de cazador, porque le parece curiosa la reacción de su compañero sexual. Rápidamente lo deja pasar para seguir con su juego porque ella quiere dominar la situación y sabe bien cómo jugar con Shoto.
Hace un mohín pequeño, pero no cede a la distancia que el otro quiere marcar entre ellos.
—Ya lo sé, pero me has dejado tan abandonada estas últimas semanas— farfulla con falso pesar. Baja su mano, deslizando por el pecho de Shoto, llevándola hasta el bulto que se estaba formando en sus pantalones. Lo toma con firmeza y Todoroki deja escapar un gemido ronco de forma instantánea e inconsciente.
Su cuerpo está reaccionando, pero su cabeza no. Hay un revuelo dentro de sus neuronas, porque sabe que tiene razón. No ha hecho en intento de tirarse a alguien desde que habló con Midoriya en su auto. Le sabe mal, porque no hay motivo para hacerlo, lo peor es que lo había sentido tan natural que no se sentó a cuestionarse lo que estaba pasando dentro suyo.
Momo acerca su nariz al cuello de Todoroki, aspira su aroma, pero este no puede ni estremecerse cuando antes se hubiera vuelto loco. Siente los labios ajenos sobre su piel, saboreando a cada beso lujurioso dejado ahí con poco cuidado, pero poco le importa. Es un forastero en su propio cuerpo porque las reacciones y su mente están completamente disociadas.
Shoto no se la cree, su cabeza piensa a una velocidad impresionante intentando recordar o mentirse a sí mismo, lo que llegará primero. ¿Cuándo fue la última vez que estuvo con alguien?
No lo recuerdo.
Entonces la irritación vuelve a él, el cólera, el rencor, sus creencias y lo que lo llevaron a ellas. Las dudas vuelven a cernirse sobre su cabeza recordando una y otra vez, las escenas borrosas de una película porno protagonizada por él que no tienen fecha, pero que parecen viejas . ¿Es que está tan comprometido con la situación que ni siquiera se toma la molestía de echarlo a perder después de todo lo que ha avanzado? Debe ser eso porque no encuentra motivo, para que lo haga. No hay otro motivo.
¿O sí?
Eso le aterra. Le aterra de estar perdiendo el piso y la profundidad de sus acciones que han sido orientadas por una serie de decisiones bastante cuestionables.
Momo se aleja de él, y lo mira confundida. Como si le hubiera salido una segunda cabeza o tal vez un tercer ojo. Más bien es que Shoto no le ha seguido la corriente, pese que al parecer su respuesta fisiológica había sido satisfactoria. Sabe bien que no está con ella en ese momento pese estar ahí.
—¿Pasa algo?
Todoroki espabila, pero siente asco.
—Nada — farfulla por lo bajo de manera cortante.
— Todoroki, ¿Esto es por tu interés por Midoriya-san?
Sin palabras. Momo ha dado justo en el clavo de sus incertidumbres, porque ni él mismo sabe la respuesta y no la encuentra dentro de sus turbulencias. De nuevo, eso le enerva. No sabe que decir, ni siquiera intenta hablar. Solo está ahí perdido en algún punto de su existencia misma, dónde el mono cilindrero se niega a trabajar.
—¿Estás saliendo con él?
La mira con incredulidad, también con advertencia de que está tocando los límites de lo que esta permitido; con las defensas activas, los sentimientos negativos a flor de piel y la negación impregnada en cada una de sus células.
Suelta una carcajada llena de ironía, casi como sí Momo hubiese dicho la cosa más estúpida del mundo, como si lo que dijera no tuviera sentido pero que no le parece gracioso.
—Yo no juego a esas cosas, lo sabes bien. Deberías saberlo mejor que nadie.
—¿Entonces, por qué no has venido a mí esta vez?
—Eso no te incumbe y lo sabes.
No quería ser grosero, no era su intención, pero Todoroki podía ser una persona demasiado emocional, dejando salir al niño mimado que tanto procuraron en su infancia. Le dio la espalda y caminó directo al recibidor. En silencio, sin decir palabra, solo con los pasos ligeros de Momo siguiéndole como su sombra. Fue directo hasta la cocina, estaba abierta, la estancia la compartía con la sala. El espacio solo estaba dividido por una barra de granito en medio.
Abre la nevera y saca de ella una cerveza. Sin girar para dar la cara, porque no tiene valor, necesita un chupito para enfrentar su realidad y esos sentimientos desbordantes de cólera. Se la piensa un poco, termina tomando una más para dársela a su inesperada —indeseada— visita que solo le trae más revoltijo a su cabeza del que ya tenía desde antes de su llegada.
— ¿Estás enamorado de Midoriya-san? — Momo lo ve con tanta intensidad que Todoroki que por un momento se siente pequeño ante su presencia, pero pasa rápidamente de lado cuando se recuerda así mismo que estas son cosas que no debe permitir.
—Yaoyorozu…
— ¿Entonces?
— Si esperas que te diga que estoy irremediablemente enamorado de él, pues nunca va a pasar.
— Pero es que yo los he visto juntos, la gente habla y tu repentino poco interé-
—No— corta de tajo, dejándole claro que no quiere seguir escuchando—. No tenemos nada, me importa una mierda lo que digan los demás y solo no estoy de humor. Además creí que había quedado claro que no quería que vinieras hasta acá.
Momo guardó silencio y se acercó a él. Tanteando el terreno, con una mirada filosa, penetrante. Dispuesta a cumplir su meta, con una sonrisa en los labios. Una caminata sensual para acortar la distancia, hacerla desaparecer y también deshacerse de esa incómoda sensación de rechazo que se le había incrustado en el pecho
Se abalanza contra él, prueba sus labios una vez más.Todoroki ni siquiera se molesta en apartarla, la recibe, aunque no necesariamente puede describirlo como que estuviese gustoso de hacerlo, pero se deja llevar y la besa con la misma violencia. Le arranca los gemidos de su boca, mientras le despoja esa horrible gabardina de encima.
Ella pasa sus manos por el abdomen de Shoto, metiéndolas debajo de la playera holgada que porta, la quita con una indudable maestría, dejándola en el piso sin remordimiento alguno. Se están devorando. La toma de la cintura para pegar sus cuerpos, la levanta sin mucho esfuerzo, porque es increíblemente ligera, pero eso ya lo sabía.
Pasa sus manos por sus nalgas. Las pellizca, provocando más jadeos. El ambiente es caliente, camina sobre la cerveza que ha terminado regada a sus pies. Patea la lata que iba destinada a Momo, ya no piensa en nada. Solo camina hasta dejarla sobre la barra, sin importarle el ruido que hacen las cosas al caer y estrellarse contra el piso.
Sus manos se sitúan encima de las tetas de Yaoyorozu, haciendo que lleve atrás su torso y que tenga la necesidad de recargar su peso sobre sus antebrazos Todoroki sonríe con suficiencia. Así le gusta, tener el control de la situación, de ser él quién tenga las riendas de lo que pasa. La calentura se le sube a la cabeza y los colores ya no son colores. Solo es rojo lujurioso. Solo entiende las razones del sexo, que le incita a olvidar todos sus tapujos y problemas.
El pene le reclama, le duele, está palpitante pero le gustan las cosas bien hechas. Porque nada le da más placer que dar placer. Sin romper el contacto de miradas, acaricia con sutileza el abdomen de Momo, apenas dejando que las yemas de sus dedos rozaran la tez blanca y delicada de la chica, sigue el camino hasta llegar al borde de sus bragas. Levanta una ceja, su gesto pervertido la pone, él juguetea con el elástico de su prenda a rienda suelta. Mete un dedo dentro de ella, y comienza a bajar la lencería, deslizándose por sus piernas con lentitud.
La vuelve loca, con su tortura. Las paredes de su intimidad se estrujan y se mojan sin ser tocadas. Ella solo quiere ser tomada, pero Shoto se toma el tiempo solo para hacerla sufrir. Incluso cuando se encuentra desnuda de la cintura hacia abajo.
Todoroki con la fiereza recuperada le abre las piernas y besa la parte interna de ellas. Dejando aquí marcas de su boca. Pequeños chupetones que adornan las ingles femeninas. Sopla un poco en la entrada de su vagina, ella se estremece por la urgencia. La urgencia de sentirse un solo ser, de sentirse completa y tenerlo dentro de ella. De ser poseída, de proclamarse suya unos momentos, y en su imaginación.
Eso la excita y entre jadeos grita "Todoroki", por su nombre de familia, porque incluso en ese momento existe esa barrera bien alta que él había puesto lo sabe pero... no le importa. Enreda sus dedos en las hebras finas de su cabello. Jalando con un poco de fuerza, invitándolo a probar de ella. Todoroki no la hace esperar. le cumple el capricho y deja que sus labios prueben el elixir de su cuerpo. Lame con suavidad la entrada antes de devorar.
Succiona su clítoris con vehemencia, mientras con la otra mano juguetea con su entrada hasta mete un dedo dentro de ella. Da pequeños giros, la prepara, aunque no hay demasiada necesidad.
Él sigue lamiendo, y cada vez lamen más. Ella se siente en el cielo, jadea, jadea el doble. Un concierto armonizado por sus cuerdas vocales, una cinta para adultos en donde son los protagonistas.
—Ya… te quie-ro… den-tro-o— dice descompuesta de placer.
Todoroki para su trabajo, levanta la cabeza. Está despeinada, sudorosa, su cara perfecta está cubierta por la tela de la lujuria. Es perfecta, pero él quisiera que estuviera llena de pecas...
— ¿Tienes condones aquí? — suelta como un gruñido.
— No, pero no importa, tengo el dispositivo.
— Ni de coña. Voy por unos.
Va a su habitación, ni siquiera mira a Momo, solo emprende el viaje a su cuarto. Y se frustra por su último pensamiento, quiere golpearse así mismo, porque lo estaba disfrutando de puta madre. Se sienta en su cama y se queda viendo a la nada unos segundos antes de abrir el cajón del buró que tiene a un lado. Saca la caja de preservativos que le han bajado un poco el líbido, por el corte tan abrupto.
Revisa la caja, queda uno. Un muy en el interior se alegra de que sea así. No hay razones lógicas, solo lo siente.
Cuando regresa, Momo le está esperando. Se deslizó un poco hacia atrás y puso sus talones sobre la barra. Tiene las piernas abiertas, mientras ella misma se da placer pensando en Shoto. Él lo sabe porque dice su apellido entre gemidos. Es una vista exquisita, Yaoyorozu es una hermosa mujer.
Se coloca el preservativo y sin esperar nada más se une a ella.
Estocada tras estocada, tomándola de la cintura para enterrar su cara entre sus pechos. Lamiendo sus tetas, marcando su presencia porque a ella le gusta. No hace falta que se lo diga, la conoce. Toma el cabello sedoso de Momo y lo jala hacia atrás.
— Vamos, di mi nombre.
— Todoroki… más… — dice a duras penas
Sonríe satisfecho, de nuevo le da el gusto. Le da más de lo que quiere, se estremece y él lo hace también. Su juicio ya está nublado, ya solo está sintiendo, ya no hay más fantasmas del pasado en su cabeza, no hay caras masculinas, no hay contratos que cumplir, solo la sensación de placer que le recorre hasta la punta del pene. Aunque tampoco siente la necesidad de alargar el momento. Así que estalla en un orgasmo, su acompañante está en la misma situación.
Explota y su cuerpo se relaja. Gruñe un poco porque en automático siente como sus músculos se destensan. Los polvos siempre lo relajan. Se toma el tiempo de respirar un poco, antes de separarse de ella.
De hecho, Todoroki se siente levemente incómodo. Cómo si se hubiese equivocado, lo siente en la boca del estómago, le cae pesado. Quiere subirse los pantalones, pero estan llenos de fluidos de ambos. Se la piensa un poco, pero en un arrebato de descarotermina por quitarselos y se dirige al baño a asearse. Tomando solo su bóxer entre las manos.
Se van sin decir nada, porque no sabe qué decirle a Momo, cuando usualmente hubiera soltado una frase como "ha estado rico", pero esta vez no lo siente correcto.
Ella lo observa irse, y la tristeza le embarga porque le sabe a despedida. No es tonta, se ha dado cuenta de todo, pero está enamorada. Terriblemente enamorada. No le conoce más allá del ámbito sexual, sin embargo quiere hacerlo. Quiere monopolizar sus besos y por fin proclamarse dueña de sus suspiros.
Se sienta en la barra, y deja que sus piernas cuelguen de ella. Tiene la mirada perdida, está pensando, apunto de tomar una decisión, que podría salirle o muy bien o muy mal, pero lo sabría rápidamente.
Lo siente por Midoriya, le cae bien. Lo conoce por el departamento de consejo estudiantil. Ella también forma parte de él, le parece una lástima si llegasen a tener una mala relación por esto porque lo aprecia un poco, pero su amor le puede más.
Shoto sale del baño, con un pants gris puesto y con las manos dentro de las bolsas de este. Sí, sin duda está incómodo. Nunca habían dormido juntos, pero Shoto es siempre quien se va del departamento de Momo. No sabe cómo pedirle que se vaya, pero cree que ir vestido podría darle una idea ligera de que quiere que se retire sin ser demasiado directo.
Se miran de frente y ninguno se atreve a hablar. Al menos hasta que Yaoyorozu se decide en hacerlo.
— Todoroki, hay algo que me gustaría charlar contigo.
— Te escucho.
Shoto nunca cambia ese frío semblante, a menos que estén en la cama. Esos gestos si los conoce de pe a pa, pero quiere más. Porque no ve las risas burlonas que le ha visto hacer cuando está con Midoriya. Si no fuera porque los ha visto en los pasillos de la universidad, no se creería ese cuento de que el imperturbable Shoto ríe con sinceridad a lado de ese chico, pese a que le rechaza constantemente, o al menos eso se decía que los vío demasiado cómodos uno con el otro en la biblioteca de la escuela.
Respira profundo y se da ánimos a sí misma.
— Creo que te quiero, Shoto.
Y Shoto se ve ligeramente sorprendido antes de cambiar su semblante a por uno más incrédulo. Quiere decirle que no mienta con tanto descaro, pero se lo traga porque no es tan patán como para hacerlo. ¿Cómo puede quererlo si ni siquiera se conocen?
— Me halagas —miente, porque está intentando ser suave. No le gustaría que tratasen mal a su hermana, así que él no lo hace. — pero no puedo devolverte esos sentimientos.
De hecho, ninguno de los que te gustarían.
— ¿Por qué? — dice orgullosa, aguantándose las ganas de llorar frente a él
— Quedamos en algo, esto era meramente sexual. Estuvimos de acuerdo desde el principio. No te debía nada, ni tú a mí. Lo sabes bien, no quiero algo serio.
—¿ Es por Midoriya?
—Él no tiene nada que ver aquí.
«Pareciera que sí. » Lo piensa, pero no lo dice. No sería ella quién empujara al chico que le gusta a darse cuenta de sus sentimientos por otro chico.
Con el corazón echo trizas y el orgullo herido, se baja del mueble. Shoto se da media vuelta para darle el espacio de arreglarse antes de partir. Se queda ahí, inmovil, respetando su intimidad. Pensando que es lo que pudiera decir, no encuentra las palabras duda un poco pero al final solo dice :
— Creo que lo mejor es que las cosas se queden así, Yaoyorozu. No tenemos porque seguir viéndonos.
— Sí… Es lo mejor. Ya puedes voltear — dice ya con la gabardina puesta, lista para caminar hacia el gekan, tomar sus zapatos y salir por la puerta para ponerse a llorar cuanto ella quisiera.
Shoto la mira, se muerde la lengua para no decir algo que estuviera de más. En realidad, es que ya no hay más que decir, lo sabe pero pues aún así lo hace.
—Gracias, Shoto. Me la pase bien… mientras duró.
Todoroki solo da un gesto de solemnidad.
— Deja te abro la puerta.
—No, no hay necesidad, puedo hacerlo sola. Espero que te cuides, y sigue haciéndolo así de bien.
—Ya… igual cuídate.
Guardaron silencio. Lo dejó en su departamento vacío con todos esos pensamientos revueltos y con un dolor de cabeza. Sobre todo con la sensación de que le debía algo a Midoriya...
