V. Broche

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Suspiró con el cansancio presente en sus hombros, la cortina de madera del otro lado se abrió dejando ver a una mujer que solía venir a pesar de que no viviera en la colonia. La reconocía levemente ya que su voz era bastante...escandalosa.

―Dime tus pecados.

La mujer rubia comenzó a parlotear sobre unas peleas que tuvo con su marido y que eran bastante frecuentes, aunque sabía que la gran mayoría eran ocasionadas por ella y su arranque de celos incontrolables. Él le dio su condena y ella se persignó antes de cerrar la cortina de madera.

Una vez en silencio de nuevo observó su reloj, iban a dar las ocho, por lo cual las confesiones terminarían pronto. Los domingos solía tener un apartado de confesiones desde las seis de la mañana hasta las ocho. A las nueve empezaba la misa que era donde más gente asistía. Posterior a eso había otra a las seis de la tarde. Sin embargo y de acuerdo a la obra de calidad ahora solamente llevarían a cabo una misa a las diez de la mañana que sería especial y tendría una duración de dos horas. Y aunque podría pensarse que tendría un lapso de dos horas para recuperar el hecho de levantarse temprano, eso estaba fuera de la realidad. Había que coordinar donde se pondrían las cosas antes de empezar la misa para una vez terminado la cantidad de gente que asistiera se quedará a apoyar la causa benéfica.

Era un completo caos.

Sin embargo, era algo que lo dejaba completamente satisfecho. Kiba había llegado junto con él a arreglar el jardín trasero de la iglesia y a limpiar la parroquia misma. Las mesas deberían llegar a las nueve de la mañana y varias personas se habían ofrecido a ayudar antes de misa. La familia Uzumaki junto con la familia Nara y Akimichi harían el trabajo más fácil. Neji mismo estaría con todo para ordenar un par de cosas antes de irse a alistar para la santa celebración.

La ventana corrediza de madera se abrió y el controló su rostro, relajándolo y dejando entre ver su facción de marfil, como si nada estuviera perturbando su mente.

―Dime tus pecados― Dijo en afán de terminar cuando antes, esa sería su última persona.

Buscó reconocer a la persona entre la malla que los separaba y contempló unos orbes avellana que reconocería en cualquier lado. La vio sonreír divertida en el otro lado ante su gesto de sorpresa. Realmente él no esperaba verla hasta dentro de un par de horas.

―Buenos días Neji. ― Susurró levemente y bajó la mirada hacia sus manos. ― Deseo mucho a alguien. ― Mencionó sin más.

―¿Qué sucede con eso?

Ella se removió en su lugar, suponía que buscando la forma de decir lo que se venía y es que hasta ese punto no entendía cual era su pecado. Considerando que el sexo consensuado no faltaba al respeto a Dios.

―No puedo desearlo o más bien, no debería. ― Levantó los ojos y ambas miradas se encontraron. Neji la vio titubear y morder sus labios.

Neji Hyūga estaba realmente confundido sobre la castaña. Siempre la había clasificado como impulsiva, expresiva y bastante...poco reservada. No creía que cuidaba sus acciones, las hacía sin pensar. Eso podría generar que las demás personas pensarán mal de ella. Sin embargo, cuando entraba al confesionario parecía alguien más. Aunado a eso, el día anterior que asistió a la cena que Umi le organizó, Neji realmente quedó aún más confundido.

Ella estaba tan...diferente.

Lo correcto sería decir que él se había equivocado en juzgarla, que es la respuesta a la cual había llegado anoche antes de dormir. En la cena Tenten había sido prudente, reservada, lo cual había acallado la incomodidad y el estado de alerta que él mismo sentía a su alrededor. Por primera vez desde que la conoció anoche se sintió a gusto con su presencia y eso no le desagradaba en lo absoluto.

―¿Por qué no puedes?

― Es una persona muy pura y yo soy todo lo contrario. ― Titubeó ligeramente.

Ella estaba avergonzada, le rehuía a su mirada, algo que bastante gente hacía al confesar sus más oscuros secretos. Sin pensar realmente tomó su mano entre el pequeño orificio que había en la parte baja de la malla.

―Sigue en el camino del señor, escuchando sus palabras y escuchará tus plegarias. Tu no eres menos que nadie más.

Ella se quedó en silencio unos segundos pensando en las palabras que había recibido. Agradeció mientras salía de ahí sin mirarlo a los ojos. Dejó salir un suspiro para levantarse y cerrar el confesionario. Debía irse a cambiar a su casa para empezar los preparativos. Se encontró con Kiba una vez salió terminando de barrer la parte principal de la iglesia.

―En media hora vendrán el mobiliario, ahora regreso contigo. Ya deberían empezar a venir las familias que se ofrecieron.

―Neji tranquilo, lo hemos hablado antes. Anda a cambiarte, cuando todo esto termine tendrás que darme un pedazo grande esa tarta que tienes en el refrigerador.

El padre detuvo su caminar y observó al Inuzuka que sonreía ampliamente. Le sorprendía la facilidad con que escaneaba la comida que había en la casa. Alzo una ceja en negación.

―No seas así, que realmente jamás te comes ese tipo de cosas.

Sin detenerse más se perdió en la parte trasera de la iglesia, viendo a alguien parado a las afueras de su casa. Dejo salir un suspiro fatigado. ¿Qué es lo que necesitaban? O cual era la urgencia en ese punto, considerando que solo iba a cambiarse para unirse a toda la organización.

―Padre Hyūga.

La cabellera rosada se agitó con el viento y observó aquella sonrisa que siempre usaba en su presencia, tan empalagosa. Ella siempre solía confesarse los viernes, arrepintiéndose de sus constantes peleas con su mejor amiga y de esparcir rumores de personas de las cuales no estaba comprobado nada. Se arrepentía lloriqueando con él en el confesionario, pero siempre volvía a hacerlo.

Tenía una tarta de fresas en la mano y se lo ofreció sin más.

―La he hecho pensando en que todo este ajetreo puede tenerlo con sumo estrés, un poco de dulce hará las cosas más animadas.

―Gracias, Haruno. ― Sacó sus llaves abriendo la pequeña casa. ― En unos momentos te veo.

Ella siempre solía traerle un pastel cada determinado tiempo, considerando que su familia era dueña de la panadería de la colonia. Parecía esforzarse en traerlo, por lo cual él nunca se había negado.

―Claro padre, sobre el puesto de venta de tartas, nos instalaremos media hora antes de terminada la ceremonia. Ahora estamos en proceso de decorado.

―Solo recuerda que deben estar a tiempo antes de terminada la ceremonia. De igual forma el puesto de comida de Yamanaka ¿sabe algo al respecto?

Ella confirmó que llegarían mucho antes para instalar las cosas que necesitaban para elaborar los alimentos una vez que el cliente hiciera el pedido. Se rió levemente tocando el brazo del clérigo sobre la ropa y se despidió sin más. Neji entró a su hogar yendo directo al refrigerador para meter el pastel que Kiba terminaría por comerse y posteriormente se dirigió a su cuarto donde tenía preparada su ropa negra que solía usar de forma casual en la iglesia, comenzó a dejar a la mano la ropa que usaría en la ceremonia junto con todo lo que conllevaba cuando escuchó la puerta sonar.

Se deshizo de la ropa que tenía encima, se puso los pantalones negros de costumbre, y tomó un sport blanco cuando el toque en la puerta volvió a darse. Su atención se detuvo levemente en el frasco verde que la castaña le había dado ayer. Reprimió un suspiro, ignorando levemente los toques en la madera para terminar de aplicarse un poco de esa pomada en los hombros desnudos ya que la tensión estaba haciendo estragos en sus músculos. Una vez más tocaron y sin intención de detenerse, ya que había perdido parte del tiempo en atender a Sakura.

―Pasa, Kiba― Profirió de forma alta, ya que suponía que o las mesas habían llegado antes de tiempo o algo que no estaba calculado sucedió.

Flexionó sus músculos de los hombros, se sentía más liviano y la presión disminuyó considerablemente. Era de efecto rápido al parecer, intentó ver el nombre del producto, aunque la ausencia de etiqueta lo hizo detenerse. Subió la mirada hacia su reflejo en el espejo que tenía enfrente y tras de él vio el reflejo de alguien más.

Dio media vuelta observando como la castaña descendía los ojos levemente a su torso desnudo y la vergüenza lo cubrió por primera vez. Un estremecimiento de haberlo encontrado de esa forma lo inundó, había sido culpa suya al confiar en que Kiba era el que acudía por alguna cuestión. Una vez que ella encontró la mirada malva, Neji percibió la chispa de algo en ellos, aunque no pudo determinar el que.

De forma súbita ella retrocedió perdiéndose en la otra habitación, dándole oportunidad al Hyūga de ponerse el sport y su camisa de manga negra para salir a encontrarla rebuscando entre las alacenas de su cocina. Levantó la ceja al verla de forma tan casual.

―Ahí estas, te he traído algo de desayunar, suponiendo correctamente que no has tenido el tiempo de comer. ― Depositó en la mesa un plato con un omelette y ensalada. A un lado una taza de café y un jugo de naranja.

En ese momento el fue consciente de que tenía hambre. Las cuestiones en su cabeza habían cubierto el instinto de querer ingerir algo. Ya que las confesiones habían sido desde la mañana y la gente no dejaba de asistir. Un sentimiento cálido se estableció en su interior al entender que la castaña a pesar de sus propias responsabilidades en el evento en los cuales ella misma había elegido y aún en sí lo consideró levemente.

Y de nuevo la idea de que ella estaba más centrada vino a su cabeza, comenzaba a resultarle cómoda su compañía. Tenten sería una buena ayuda en la iglesia.

―Oh, Kiba me ha dicho que las mesas han llegado, unas familias estaban ayudando a ponerlas.

Neji se llevó de forma automática el alimento a la boca junto con una mordida de pan, comiendo un poco más rápida de lo normal. Subió los ojos unos segundos encontrando a la castaña mirándolo de forma bastante fija. Ella en respuesta soltó una ligera risa nerviosa y pasó el trapo en la repisa, mirando a su alrededor.

―Bien, veré en que ayudarle a Kiba e ir viendo acomodar a las personas que empiecen a ver los puestos.

Él simplemente asintió mientras ella se perdía por la puerta sin detenerse a mirar un segundo.

Tenten salió tan rápido de ahí como sus piernas se lo permitieron sintiendo el rostro enrojecido a niveles impensables. Se apoyó a un costado de la casa oculta tras un arbusto e intentó respirar con normalidad.

"Calmate, calmate"

Sus manos temblaban por la forma inhumana en la cual se había contenido. Maldijo en su cabeza ante su maldita táctica de contener todos sus instintos para poder conseguirlo. Y eso mismo es lo que se repitió una y otra vez mientras estaba en esa casa que le asfixiaba, que cada milímetro de su cuerpo le exigía mandar todo al diablo, acercarse al sacerdote medio desnudo y tomar lo sin mas. Sin que importase una mierda la caridad y la demás gente.

Una voluntad casi inexistente y que no comprendió de donde salió la hizo tragar saliva profundamente, dar una rápida vuelta y perderse en la cocina mientras calentaba lo que había llevado para él. Una fuerza incontrolable la incitaba a regresar ahí. Porque desgraciadamente su rápido mirar despertó el instinto bestial en su interior y más al ver su torso. No era musculoso ni trabajado que realmente no es algo que ella esperase. Simplemente sus piernas flanquearon al observar la piel que parecía tallada en marfil y a pesar de todo tenía una buena figura. Eso sacudió cada parte de su cuerpo y generando una corriente que llegó hasta su parte intima, que aun ahora no dejaba de pulsar con ansiedad.

Mordió su labio con fuerza, odiaba cuanto poder tenía él en su cuerpo sin saberlo.

Una vez que su respiración y cuerpo se restableció se dirigió hacia el viejo Saku que estaba llegando a la parroquia y su mirada se iluminó al verla. La recorrió de arriba abajo, cosa que no pasó desapercibida. Ese día ella realmente había cuidado su vestimenta con algo bastante sencillo, unos pantalones de mezclilla y una blusa roja con algunos broches en el cabello. Sonrió de forma automática mientras estrechaba su mano y se alejaban para que le entregara la donación, aunque verdaderamente esto debía ser con Neji.

Una vez se libró de eso organizó y distribuyó a los vendedores que iban llegando. Kiba ya estaba terminando de acomodar las mesas y estantes cuando salió corriendo perdiéndose entre la iglesia. Se escuchó el motivo de su prisa unos segundos después cuando el sonido de la campana retumbó en toda la cercanía, era la primera campanada de llamada para la misa.

Un par de personas comenzaron a llegar y veían de forma curiosa a la gente moviéndose en toda el área del evento, aunque se encontraba cerrado el paso.

Tenten terminó de hablar con Sakura que ingresando al recinto acompañada de una sonrisa forzada. La castaña rió de forma interna al entender su molestia. No era para nada tonta, sabía que la misma mujer estaba interesada en el clérigo, momentos antes de ir con el Hyūga la vio con ese ridículo sonrojo en sus mejillas y con la mejor de las intenciones con una tarta en las manos. En ese momento Tenten simplemente sonrió satisfecha por que era conocedora de donde terminaría ese pastel. Sakura iba con las mejores intenciones de impresionar a Neji, sin embargo, no lo estaba logrando y más si no se tomaba la molestia de conocerlo. Y creía que eso se debía más que nada por que ella no estaba dispuesta a pasar ese límite, de la religión para tenerlo y esa era su ventaja.

Tenten estaba dispuesta a hacer lo que fuese necesario.

La campana en la torre más alta de la iglesia retumbó con fuerza provocando el volar de las aves que estaban posadas en la estructura. Tenten giró al escuchar que Kiba la llamaba para que viese algunas cosas mientras el se adentraba a la iglesia. La misa estaba por comenzar y el tiempo los estaba comiendo. En ese momento ella vio al sacerdote hablando con un par de personas que verían la subasta y despidiéndose de forma cortante para perderse en el interior de la iglesia.

Tenten recibió a las ultimas personas en los puestos que quedaban cuando la tercera campana sonó y una gran cantidad de personas ingresaron a la parroquia. Fueron tantos que varias personas quedaron por fuera, escuchando las palabras de las oraciones más que visualizar la ceremonia. Las canciones resonaban por todas las voces que procedían del sitio.

Reconoció algunas personas de la colonia, pero una gran parte habían venido por que el evento había llegado a sus oídos por conocidos o familiares. Vio a un rubio que llegaba con otro hombre que era físicamente atractivo. Lo había visto un par de veces y sabia que varias de las mujeres de la colonia lo anhelaban, aunque el no mostraba ningún interés por alguna en particular. Aunque...siempre lo veía con cierto rubio, Naruto. Tenten embozó ligeramente una sonrisa en su rostro cuando vio que sus manos se rozaron.

Terminó su trabajo en la organización sentándose en un costado de la iglesia tomando un gran trago de agua fría que procedió a ponerse en el cuello para refrescarse. El tiempo pasó tan rápido que antes de poder darse cuenta la gente estaba saliendo del recinto y mirando con curiosidad cada uno de los puestos de comida y artículos varios. Ella misma se colocó en uno de artículos de la iglesia como biblias, crucifijos e imágenes que no tenían sentido, pero a los ojos de los demás y al ser bendecidos en la iglesia adquirían un mayor valor.

La gente que salió de la iglesia pareció duplicarse en un momento, el sitio estaba repleto y no alcanzaba a reconocer a la gente de la colonia. Aunque todo parecía de forma esplendida. Los puestos de comida estaban atareados por la gran cantidad de pedidos y la subasta por otro lado que iba dirigida por Kiba estaba siendo un éxito. El sitio de recolección de donaciones iba en aumento.

Las horas fueron pasando y poco a poco la cantidad de gente comenzó a menguar dándole un poco de respiro a los encargados de los puestos. Tenten acomodaba otro par de productos que tenía en una caja bajo la mesa mientras resguardaba el dinero que llevaba juntado en una pequeña caja con una llave.

Su estómago exigía algo de comida, aunque estaba considerando con gran seriedad en ir al puesto de la rubia llamada Ino que parecía a punto de explotar por la gente que no dejaba de llegar y por un hombre con la sonrisa más falsa que había visto antes. Decidió arriesgarse, sin embargo, un par de personas se acercaron al puesto de objetos religiosos, acción que la obligó a desechar la idea, sonreír y conseguir la venta. Aunque ciertamente no tenía que hacer mucho, la gente venía ya con la idea de que quería comprar o que imagen. Ella simplemente ofrecía más o algún complemento. Un crucifijo que había sido santificado en esa celebración era lo que mas estaba dispuesta la gente a comprar, un rosario e imágenes del santo patrono de la iglesia.

Tenten había tenido la idea, a ultima hora, de un puesto de todos los objetos religiosos para recaudar fondos que podrían utilizar para fondos de la iglesia. Una noche Umi mencionó en que la acompañara al centro de la ciudad para conseguir un rosario nuevo. Entendió en ese punto que la gente estaba dispuesta a gastar dinero en plástico en forma circular unidos por un hilo cualquiera y una cruz de acero inoxidable en el centro y que cada uno de los santos que adoraban tenía un área de especialidad, por lo cual la gente podría comprarlo. Oh y el gasto mas exorbitante eran las figuras de cerámica de la virgen y Jesucristo, su hijo. Además otro par de santos de los cuales no recordaba sus nombres con exactitud. Tenten no entendía como podían tragarse el hecho de que Jesús estaba figurado...poco realista. Ojos azules y físico pulcro. Pero extrañamente esos son los primeros que se acabaron, por que solo llevaron un par ya que los habían adquirido a un precio preferencial de un hombre de la colonia, Sai. El extraño hombre que sonreía fingido. Sus obras eran un deleite.

El evento estaba directamente dirigido a la donación a la aldea de la lluvia donde había una casa hogar de muy bajos recursos. Al asumir como sacerdote en la iglesia él se enteró por Kiba que cada año buscaban hacer una donación a la casa hogar. Tal pareciera que esa muestra de humanidad fue un reto para el Hyūga que de pronto decidió hacer este evento. Y es ahí cuando Tenten entró en cuenta que realmente los fondos de la iglesia se escapaban a varias causas. Se enteró días antes, todo por boca de Kiba que era muy comunicativo con ella cuando la encontraba por la iglesia, que una gran parte de lo recolectado en cada ceremonia se dirigía a un comedor comunitario que estaba a unas calles de ahí.

Fue iniciativa de un hombre llamado Maito Gai, que tenía una energía y motivación envidiable, que había iniciado por sus propios fondos y con ayuda de algunas otras personas. Sin embargo, posteriormente pidieron ayuda a la iglesia. Neji no lo dudó, aportó gran parte del presupuesto que era necesario en el comedor.

Por consiguiente, la iglesia se mantenía con lo poco que restaba, además de solventar los gastos de vivienda de Neji.

Neji Hyūga era un pan de Dios.

¿Quién lo diría? Y al traer esos pensamientos a colación una vez que los clientes se fueron, Tenten sintió algo cálido posarse en la boca de su estomago. Por que a pesar de que cualquiera que lo viera pensaría que Neji era bastante severo, la realidad era lo contrario.

Todo eso ocasionó que Tenten se removiera en su silla, ansiosa y confundida por no entender los sentimientos nacientes de su interior.

El sol estaba en descenso iluminando de forma sutil el pasto del terreno y brindando una brisa refrescante mientras las últimas personas se estaban retirando. Las personas de cada puesto comenzaron a desarmar sus utensilios, guardar sus pertenencias y empaquetarlas en las cajas de plástico en las cuales habían transportado todo.

―¿Agotada? ― El interlocutor sonrió ampliamente cuando la castaña lo visualizó.

―Kiba, por supuesto, pero ¿ha valido la pena, cierto?

El Inuzuka asintió mientras recorría una silla para sentarse a su lado, ayudándola a guardar los escasos productos que quedaban.

―Vaya, te ha ido bien. Eres bastante buena en esto. ―Ella sonrió cuando entendió que el realmente quería decir otra cosa.

Como le gustaría que Neji fuese tan sencillo como Inuzuka, que el había caído sin pretenderlo. Aunque disfrutaba el hecho de que Neji fuese tan...difícil. Eso haría las cosas más satisfactorias una vez que lograra obtenerlo.

―Te he visto correr de aquí para ahí, por lo cual digo lo mismo. ¿Y la subasta como ha ido? ―Hablo mientras ponía una caja encima de la mesa.

―Excelente, la gente pujaba hasta donde podían y ha sido divertido. ― Le pasó un par de imágenes que había juntado. ― Te dije que mejor lo llevaras tú, podrías haberte divertido mas que estar aquí, sola.

Ella simplemente rió ante esa afirmación. Tenten no se había esforzado en lo absoluto para ganar alguna amistad o relación en la colonia a pesar de que llevaba casi medio año ahí. Y la razón era simple, no le interesaba. Su distribuía su atención en varias tareas terminaría descuidando alguna. Por eso su único objetivo era un castaño con los orbes mas fascinantes que había visto en su larga existencia.

Kiba abrió la boca para agregar más, por que la platica surgía bastante sencilla entre ambos.

―Kiba ¿haz terminado de recolectar el dinero adquirido? ―Una voz profunda abrió detrás de ellos.

Tenten se estremeció al reconocer la voz profunda, aunque siguió empacando las cosas. Vio al Inuzuka refunfuñar ligeramente entre dientes y levantarse despidiéndose temporalmente de Tenten para después perderse en cada uno de los puestos.

Había sido una caridad y las personajes que vendieron estaban conscientes de ellos. Ellos mismos aceptaron esas condiciones aunque sabían que solo podían recuperar el dinero invertido y el resto, la mayoría, la ganancia era para donar. Kiba tenía que pasar a cada uno de los sitios a recoger el monto.

Los puestos estaban en su totalidad recogidos, solo esperaban al Inuzuka para irse. La tarea de recoger y apilar la mesa estaba destinada al sacristán y el sacerdote cuando todos se hubiesen ido, aunque varias personas ya habían puesto gran parte de las sillas a un lado. Listas para que el servicio que las rentó viniera por ellas.

Tenten vio a Umi que la observaba con atención y le sonrió que le indicaba que la esperaba en la casa. Ella simplemente asintió en respuesta.

La silla que se quedó vacía en la partida de Kiba fue ocupada por el Hyūga. Apoyó sus brazos en sus piernas, inclinó la cabeza ligeramente y observó a Tenten fijamente.

Tenten sintió su músculo cardíaco fallar y detenerse cuando los orbes malva encontraron los suyos.

―¿Qué tal ha ido? ― Ella cerró la caja sintiendo sus manos sudar.

―Mejor de lo que esperaba, tuvo una buena aceptación. Bien podría abrir una pequeña tienda en la bodega que sobra en la parte lateral de la iglesia y vender todo tipo de imágenes, biblias y de más cosas considerando que para conseguir algo así la gente de aquí debe irse al centro.

―Lo consideraré.

Ella sonrió satisfecha, le ofreció la caja donde estaba el dinero y la hoja donde habia llevado el registro de cada uno de los productos vendidos e indicando cuanto de cada cosa había quedado.

―¿Puedes ir a dejarlo en la oficina? Aún debo hacer un par de cosas. Lo dejas y puedes irte.

Tenten frunció el ceño ante eso mirando alrededor para encontrar que habían varias cosas pendientes por las cuales hacer. Se levantó con las cajas en mano y sus labios se curvaron ligeramente.

―Lo dejaré en su oficina y vendré a limpiar un par de cosas.

Neji levantó una ceja ante esa afirmación y sin más le quitó la caja de las manos, donde tenía la mercancía, para acompañarla hasta su oficina. Fueron en silencio, adentrándose a la iglesia y aún mas profundo. Tenten estaba ligeramente alerta de tenerlo cerca. Parecía que hace mucho no lo veía pero al mismo tiempo ella no quería verlo o era mas correcto decir que no quería estar en la misma habitación solos. Luego de verlo en la mañana demoró bastante tiempo en que su cuerpo se controlara.

Neji abrió la puerta de su oficina entrando y dejando la caja en una mesa que estaba a un costado y tomó las cosas que le Tenten ofreció guardando en un cajón del escritorio.

Tenten lo contempló hacer eso y su atención se centró en la bata que solía ponerse en las ceremonias. La de aquella vez era roja. Le enfermaba de alguna forma lo que significaba y el peso de eso es lo que la obligaba a estar haciendo esas cosas ridículas.

Volteó a encontrarlo de nuevo, él se apoyaba en su escritorio y le ofrecía algo. Ella lo tomó dudando ligeramente observando el contenido. Un plato con unas bolas de arroz, carne con vegetales con soya y una tortilla de huevo.

Levantó la mirada en el momento que lo vio centrarse en una de las sillas que solían estar frente al escritorio y comiendo con una tranquilidad que ella conocía. Neji Hyūga comía bastante lento, disfrutando sus alimentos con la paciencia que solo un sacerdote podría tener. Ella simplemente se sentó en la otra silla y decidió mirarlo con curiosidad antes de probar bocado.

―Supuse no tuviste tiempo de comer algo.

Un aleteo en su pecho la abrumó ligeramente y de forma automatizada se llevó una bola de arroz a su boca.

El hecho que el mismo pensara en ella la aturdía, realmente no sabia como sentirse. ¿Feliz, que todo estaba avanzando correctamente? Los nervios de estar ahí, comiendo ambos de la forma mas casual la ponían nerviosa por primera vez. Por que el ajetreo de todo este día, posiblemente el de igual forma tenía hambre y...acaso ¿esperó para poder comer con ella? Trago pesadamente sintiendo el arroz atorarse en su garganta ante esa idea.

No debía hacerse ideas. No debía hacerse ideas.

Simplemente fue ahora que él tuvo oportunidad para comer. Se perdió tanto en sus propios pensamientos que cuando el volvió a hablar se sobresaltó ligeramente, siendo traída a la realidad.

―Gracias por el apoyo, Tenten. ―Soltó con su voz grave una vez que dejó vacío el plato.

Ella se llevó el último pedazo de la tortilla de huevo a la boca y negó ligeramente.

―No es nada, Neji, lo he hecho por ti― Dejó salir sin mas, hasta que sintió la mirada masculina sobre ella y entró en cuenta de lo que dijo. ― Y la casa hogar. Todo sea por ayudar a la gente necesitada. ― Hablo deprisa y con las mejillas coloradas.

Neji la observó detenidamente percibiendo ese movimiento incómodo de la fémina enfrente suyo. Se fijó en uno de los broches de su cabello que iban a juego con su blusa y eso fue suficiente para desatar una imagen en su cabeza.

Blusa roja. Broche rojo. Rojo. Labial rojo.

Nervioso ante el recuerdo de aquella ocasión en la cual y por alguna extraña razón su labial llegó a sus labios. Neji Hyūga rezó bastante ese día, pidiendo perdón aunque jamás supo exactamente por qué. No había pecado de ninguna forma desde hace años ya que cuidaba cada una de sus acciones. Entonces ¿Por qué el labial rojo de Tenten en sus labios lo perturbó tanto?

El Hyūga ni iba a negar que ella era bien parecida. Tenia facciones faciales atractivas y escuchó a más de uno de los hombres de la colonia mencionarlo en su llegada. Por que era nueva en la ciudad. Lo confirmó tiempo después, meses atrás, en la misa donde Umi se la presentó.

Por su actitud y atractivo Neji jamás consideró que ella se adentrara tanto a la iglesia. Se había equivocado, ya que posiblemente el señor le había enseñado el camino correcto.

Entonces vio caer uno de sus broches del cabello al escritorio sin hacer ruido aparente. Siguió su descenso mientras Tenten terminaba de comer con la delicadeza y tranquilidad que el mismo usaba.

Por primera vez en su vida Neji Hyūga actuó sin pensar.

Se incorporó ligeramente de su silla acortando la distancia entre ellos, tomó el broche de la mesa entre las manos y prosiguió a colocarlo en su lugar de origen. Sintió el cabello sedoso femenino rosando sus dedos. El broche quedo en su sitio y el Hyūga bajó la mirada de forma intuitiva.

El color avellana lo golpeó con gran intensidad al tenerlos a una distancia limitada. Su corazón latió con una violencia inexplicable. Vio la mirada femenina adquirir gran brillo y...algo más. Algo oscuro y profundo. Su cabeza se quedó en blanco sintiendo su cuerpo reaccionar de una forma que jamás había reaccionado.

Por que Neji jamás se había acercado tanto a una mujer hasta el punto de que su aroma perpetrara sus fosas nasales y lo hiciera nublar la cabeza sin que ningún pensamiento pudiese hacerse presente. Fue consciente de sus labios regordetes, sus mejillas pronunciadas y sus pestañas tupidas y largas que destacaban el tono de sus orbes.

Ella abrió la boca ligeramente y su aliento lo golpeó con fuerza. Efecto que agradeció por que recuperó la poca conciencia que tenía dentro y se alejó tajante y tranquilamente, como si nada hubiese pasado.

Como si su corazón no bombeara con intensidad y como si aquella mirada castaña no estuviera grabada en su cabeza.

Como si Tenten no lo hubiera...hechizado.

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¿Qué les ha parecido el capítulo?

¿Han notado el ligero Narusasu? Me vio tentada a escribir sobre eso sin poder contenerme, y no me he explayado en cuestión del evento por que no era lo importante de todo esto. Neji esta siendo nublado, me encanta.

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