VI. Ausencia

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Los papeles a su alrededor se dividían en tres pequeñas torres en un intento desesperado de dividir el trabajo y parecer que era menos.

Intentando inútilmente de engañar a su cabeza.

Por que era trabajo a fin de cuentas que debía checar, clasificar, archivar y pasar el registro con los datos principales. Curiosamente se habían abierto fechas para bautizos, quince años y bodas. Era verano, una excelente fecha para estos eventos.

Los católicos tenían tradiciones religiosas bastante marcadas considerando su edad y que empezaban desde que nacían. El bautizo te libera del pecado original, cuestión que Tenten aún no lograba entender. Comprendía que mientras mas vivías, ibas cometiendo pecados y debías ser perdonado por esto (cumpliendo una condena) pero...al nacer ¿cómo podrías cometer algún pecado si no sabías ni hablar? Los quince años era una misa especial para celebrar llegar a esa edad, lo cual tampoco entendía del todo. Antes de esta debías hacer dos procedimientos religiosos más y de los cuales agradecía que no hubieran abierto fechas. La boda era la celebración para unir dos vidas a los ojos de Dios y que el hombre no podía separar. Muy en el fondo estaba curiosa de ver esta celebración, que en un mes llevaría a cabo la primera.

Tuvo que aprender todo esto con rapidez cuando su proposición de ayudar en la iglesia fue aceptada, ya que se venía la etapa mas ocupada. Y Neji no podía estar en todas partes, con sus ocupaciones eclesiásticas y además con vanales papeleos. Tenten fue un respiro para Neji y Kiba, que año con año salían de este periodo de milagro santo.

Por lo cual semanas atrás, Neji le propuso trabajar con ellos con un bajo sueldo a petición suyo. Recordaba esa platica con claridad, estuvo a punto de pedir un pago carnal en vez de mundano efectivo. Y es que su cuerpo cada vez lo exigía más. Por que al estar trabajando codo con codo con Neji, se había familiarizado con sus costumbres, su forma de comer, su erguida forma de caminar dándole un aspecto bastante varonil. Las muecas que hacía al estar frustrado, estresado y el mal humor que presentaba cuando todo se le juntaba y el hambre carcomía sus entrañas. Sus labios frunciéndose o abriéndose al hablar, Tenten siempre evitaba suspirar y más cuando él se inclinaba detrás de ella para indicar algunas cosas en los papeles. En esos momentos Tenten podía oler su aroma corporal y su interior se sacudía con fuerza, de forma veraz y hambrienta

Si Neji supiera como la hacia sufrir, él tendría una gran penitencia. Estaba jugando con su cordura y su juicio. La tentaba sin notarlo. Debería ser un pecado.

Debería ser un pecado que alguien como el existiera y ella no podría poner las manos encima suyo.

Ante los recientes acontecimientos Tenten había dividido su tiempo de ayudante con Umi, que realmente no necesitaba ayuda sino compañía y gran parte de su día lo dedicaba a la caza de su presa. Sin embargo, no sabía que tan cierto era eso último. Porque sus obligaciones habían detenido sus avanzas o estrategias. Bueno, realmente para ser honesta, no tenía ningún avance ni forma de acercarse. Estaba siendo un rotundo fracaso.

Necesitaba atrapar y seducir a Neji Hyūga ¿qué había hecho en cambio? Trabajar en cosas que no eran de su interés, reprimir sus instintos primarios. Ver a Neji a la distancia mientras daba misas, se encerraba en su oficina y comían todos juntos. Debía admitir que su único acierto había sido ganarse la confianza del sacerdote, el parecía mas...tranquilo a su alrededor. Quiso soltar una risa desquiciada ¿a cambio de qué? Contenerse a si misma y mantener lejos sus manos de aquel hombre que agitaba todas sus hormonas.

Aunque...su propio cuerpo estaba presentando comportamientos impropios de si misma. Como el hecho de sentir un cosquilleo en su estómago al ver aquella sonrisa torcida que Neji no dejaba ver frecuentemente. O al tenerlo cerca su corazón parecía detenerse, como el día de la caridad, cuando Neji por primera vez corto el espacio vital de Tenten para ponerle el broche en el cabello. Cuestión que arrancó un doloroso latido, cuestión que la desconcertó por completo. Había sido tan gratificante el hormigueo en su cuerpo, pero a la vez tan incómodo. Sus manos sudaron por primera vez en su existencia y su cuerpo se sentía tan diferente.

A partir de ese momento el Hyūga comenzó a moverse mas tranquilamente a su alrededor o eso reflejaba su rostro. Su presencia ya no le molestaba lo cual no sabía si era bueno o malo. Por un lado podía verse como algo bueno ya que de esta forma se le permitiría avanzar más cerca. Sin embargo podría ser algo malo considerar que su presencia, aquella de la cual siempre se sintió orgullosa, por primera vez no alteraba a un hombre. ¿Acaso estaba perdiendo so toque de atracción al sexo contrario? Posiblemente su atractivo había disminuido.

Suspiró mientras dejaba caer el rostro en una de las torres, creía que en la de bautizos, mientras se reprendía a si misma por su avance. Tenía ocho meses en la ciudad y no había logrado absolutamente nada. Oh espera, tenía dos empleos que no quería.

Levantó la cabeza y descansó su mejilla derecha en su mano mientras observaba la oficina cerrada del párroco. Habia ido a dar una última oración a un anciano en el hospital, Sarutobi. Lo hacía un par de veces al mes, además de ir a dar la comunión a ancianos en sus hogares, aquellos que no podían salir.

No habían pasado tanto tiempo juntos como quisiera. El trabajo era un inconveniente y Kiba otro. Siempre merodeando alrededor de ellos. Era divertido y sus frases ocurrentes hacían el ambiente más ligero cuando estaban tensos, pero no podía hacer mucho a su alrededor, aunque sinceramente no podía hacer mucho nunca. Le gustaba mentirse a su misma que de caso contrario y de estar a solas, ella tendría avances monumentales.

Súbitamente algo caliente tocó su mejilla haciéndola brincar de la impresión en su sitio.

Unos ojos malva la veían con intensidad y una pizca de humor de encontrarla perdida en sus pensamientos. Rehuyó de aquella penetrante mirada, colocando su mano en su cuello y sobandolo en una señal de nerviosismo. Últimamente él provocaba ese efecto con solo mirarla.

—Buenos días, Tenten. —Su nombre dicho con aquella voz profunda transtornó su interior.

—Buenos días, pensaba demorarías más en el hospital. — Simuló acomodar los papeles.

—La cita ha sido más temprano, Sarutobi se encontró antes con el Señor.

Ella lo observó con su traje habitual negro y con alzacuello en el centro. Lo vio dejar el vaso de café que antes había pegado a su rostro en el escritorio mientras se encaminaba a su oficina.

—Neji, tu café.

Él simplemente abrió la puerta y cuanto iba a cerrarla, sus miradas volvieron a encontrarse.

—Supuse estarías aquí desde temprano.

Y sin más cerró la puerta.

Tenten se quedó con el vaso en las manos unos segundos. Intentando procesar aquellas palabras ¿Neji le había traído un café? Era ridículo. Se había levantado temprano, desayunado en casa y se había ido a darle una última oración a Sarutobi. Saliendo de tal actividad ¿pensó en ella y en necesitaría un café? Se llevó el vaso a sus labios que tenían un ligero labial morado y sintió la sustancia acariciar su paladar.

Un café con dos de crema, y uno de azúcar. El café que siempre tomaba. ¿Cómo podía saberlo Neji?

Acaso...¿había estado observándola?

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Observó detenidamente el paquete que reposaba en el escritorio de su cuarto debatiéndose si debía tomarlo o desaparecer la evidencia lo antes posible.

Habia comprado un paquete de aquellas galletas de chispas de chocolate que a Neji tanto le gustaban de esa cafetería que frecuentaban. Ayer simplemente no pudo concentrarse como era debido por el gesto que él había tenido con ella. Podría ser algo bastante mundano y tonto, considerando que había recibido cosas mas caras en el pasado, pero en esto no entraba el dinero. Sino la intensión y el que fue dado. Un café simple que significaban varias cosas.

Primeramente Neji no regalaba muchas cosas. Con esto se refería a que de forma normal el podía ayudar a los mas necesitados, dar consejos, tender una mano o dar lo necesario sin juzgar, pero el hecho de dar un detalle por pensar en otro era algo que no hacía con regularidad. Kiba se comía la comida de su refrigerador y Neji lo permitía, pero no es por que pensaba en el, simplemente por compartir. Pero este café significaba algo bastante grande. Por unos segundos ella había estado en sus pensamientos y había decidido darle algo tan significativo.

Una sonrisa no se apartó de su rostro durante todo el día y el revoloteo innecesante en su estómago se intensificó, perdurando toda su jornada laboral. Lo cual la hizo sentir tan extraña y tonta, eran sentimientos bastante nuevos para ella y no sabia que hacer con ellos ¿debía exteriorizarlos, reprimirlos, o qué?

Siempre vio como una persona bastante indiferente a muchísimas cosas. Varios hombres en su pasado repetían tanto que la amaban, cuestión que más que satisfacerle, le incomodaba. Cuando decían eso, Tenten desaparecía. No le interesaba algo tan vulgar como el amor. Tenía intereses propios.

Ahora era diferente, no. Era lo mismo. El que fuera una presa difícil es lo que la exitaba aún más. Por lo cual debía pensar con la cabeza fría. Había conseguido que el se sintiera cómodo a su alrededor, cuestión que le costó ocho meses, pero era un paso hacía su mayor deseo. Poseerlo.

Estas galletas solo eran parte de un plan elaborado ¿cierto? Las tomó sin pensarlo mas y se dirigió a la iglesia luego de desayunar con Umi.

Ese día se pinto los labios con un sutil labial rosado y se pigmentó las mejillas. Una ropa bastante sencilla, ya que algo mas revelador sería un repelente para el párroco. Sentía las manos sudar ¿cómo debería darle las galletas? Jamás le había dado nada a nadie. La falta de conocimiento empírico la frustraba. Neji había sido bastante casual, no había usado palabra alguna. Solo las dejó en su escritorio. Podría usar ese mismo movimiento para conveniencia suya.

Llegó a la entrada de la iglesia y se adentró en los pasillos que estaban a un lado. Observó el escritorio que estaba en el pequeño cuarto afuera de la oficina de Neji. La gente acudía con ella por informes, inscripciones o requerimientos para cualquier evento relacionado con la iglesia. Ayer había terminado de acomodar los documentos y hoy solamente debía pasarlos en una lista corta para mostrarle al sacerdote, para que lo firmara y estuviera al tanto.

Consideró que en ese momento podría llevarle las galletas, pero la escena en su cabeza causó estragos. Si realizaba las cosas de esa forma, con Neji fijando su atención en ella, con esa mirada aperlada penetrante, podía sentir su cuerpo estremecerse.

No era una opción.

Antes de llegar a su escritorio se percató. La oficina de Neji estaba abierta. Posiblemente había llegado y estaba en otro sitio, tal vez con Kiba, arreglando algunas cosas. Por lo cual podría escabullirse en ese momento, dejarlas en el escritorio y salir sin ser vista era la opción mas segura.

Dejó su bolsa en el escritorio y con galletas en mano se acercó. Acechó y sonrió satisfecha. No había nadie. Entró sigilosamente, acercándose a su escritorio. Jugueteo con la caja unos minutos para encontrar el lugar indicado y una vez estuvo hecho miró a su alrededor. Se sentó en la silla del párroco sintiendo el cuero bajo ella. Recostó la cabeza en el respaldo y fue consciente del olor en sus fosas nasales. Su cuerpo se estremeció por que era el olor real de Neji y no aquel vulgar olor del incienso, era de él. Cuestión que la hechizó, generando un cosquilleo en su parte intima. Cerró los ojos un momento y la imagen vino a su cabeza con sumo deleite.

Ella sentada encima del Hyūga, devorando esos labios que tanto le intrigaban, sintiendo el roce de esa piel bajo sus manos en una suave caricia, recorriendo cada centimentro de ese mundado y delirante cuerpo. Las manos masculinas presionando sus piernas con suficiente presión para arrancar un gemido. Mordió su labio. De verdad lo necesitaba. La ansiedad la carcomía y la paciencia se le acababa. Debía hacerlo pronto, aunque sea probarlo. Debía probarlo y saber si la espera valdría la pena. No concebía que no fuese así y más poder de atracción que ejercía en ella desde que lo vio.

Justo ese día había soñado con él, no estaba segura si se debía a su ausencia de sexo o a la intensidad que irradiaba el Hyūga o al acto acontecido un día antes. Lo había sentido tan real, que cuando se levantó y no tuvo al párroco enfrente suyo, completamente desnudo, la desilusión la llenó. Se quedó acostada un largo rato pensando cosas indecentes. ¿Qué podría esperar de un párroco en la cama? Obviamente la falta de experiencia, ya que el celibato era algo que defendían y protegían. Pero esa idea simplemente la emocionaba más, por que ¿el fruto nunca probado? Ella daría la primera mordida, lo cual era delirante. Otra duda surcó su cabeza ¿habría besado a alguien? La sola idea de pensar que alguien más lo hubiera tocado antes que ella lo perturbó y quiso aferrarse a la idea de que Neji mencionó, tiempo atrás, que desde joven se vio guiado a la religión. Umi le mencionó que había escuelas religiosas solo para hombres. Ese dato la había tranquilizado. Pareciera que Neji Hyūga no tenía experiencia alguna con mujeres. Era tan puro.

Esa idea despertaba aún más sus instintos.

—La silla es bastante cómoda ¿no? —Dio un salto tremendo al escuchar la voz masculina. Sus instintos fueron congelados en ese momento.

Sus orbes cafés visualizaron la entrada y observaron al castaño con una sonrisa picara en el rostro. Kiba dejó salir una risa divertida al verla saltar. Tenía un par de utensilios de limpieza en las manos y la recorrió con una mirada rápida.

Tenten se levantó sin más, sintiéndose culpable de no percatarse de la presencia del hombre ¿y si hubiera sido Neji?

—Bueno, no es la quinta maravilla, pero es cómoda.

Kiba rio mientras sacudía un par de cosas. Entonces la puerta simplemente estaba abierta para limpieza. Agradecía que no fuese Neji quien la hubiera encontrado. No sabía como hubiera reaccionado o interpretaría tan intromisión. El castaño parloteo un poco sobre un par de cosas y se mantuvo de frente a ella, observándolo detenidamente. Fue evidente el interés que desprendía el hombre hacia ella, no podía importarle menos pero el hecho de ser atractiva para alguien más le daba esperanza de que no andaba nada mal con ella y el problema era el hueso duro de roer que era Neji. Tenten sonrió y respondió lo menos posible para cortar la conversación.

Se escabulló a su escritorio y comenzó a escribir en la computadora la información de cada niño y las personas comprometidas para pasar la lista lo antes posible. Fue consciente, unos minutos después que Kiba terminó de limpiar, como el castaño salía y cerraba con llave la oficina.

—Podrías dejar abierto, Neji llegará en cualquier momento. —Observó el reloj en la computadora. Eran casi las diez, posiblemente se había ido a despedir a otra persona.

—¿Neji no te dijo? —Kiba alzó las cejas y Tenten dejó de escribir para concentrarse en el interlocutor, esa frase no le gustaba nada. — No vendrá. Ha tenido que ir a atender algunos asuntos familiares por algunos días. Estaremos solo nosotros dos. Daré unas misas sin comunión, y el domingo será un día ocupado para las confesiones.

Tenten dejó de oírlo y la frase retumbó en su cabeza una y otra vez. Neji no iba a estar, varios días. Era martes, por las palabras daba por hecho que él aparecería hasta el domingo. Por que el no podría perderse la misa del domingo que era la más solicitada. Pero esa idea no tranquilizaba para nada sus agitaciones.

Un sentimiento abrumador la invadió. Ella se había encargado en estos últimos ocho meses de ver al párroco diario, renunciando a su tiempo libre, su comodidad para alcanzar su cometido. Ahora no lo vería en tanto tiempo.

¿Cómo debía sentirse? No tenía ni idea. Se sentía extraña. No tener su presencia, no escuchar su voz llamándola o sus ojos malva mirándola con esa calidez. Se agitó su respiración y el sentimiento de incertidumbre se plasmó. Una nube se instaló en su cabeza con el pasó del día y se incrementó más y más. La puerta se mantuvo cerrada. No vio la figura masculina en ningún momento. Las facciones curiosas, sutiles pero presentes del sacerdote no fueron visibles en toda su jornada laboral. No vio a Neji masajear sus sienes en busca de paciencia, no lo encontró observándola al comer. Neji no comió con ella, no le dedicó esa sonrisa torcida al final del día.

La misa del día estuvo tan vacia y por primera vez en ocho meses, Tenten no pudo permanecer en su lugar. Regresó a ordenar documentos. Sin esa mirada penetrante buscandola de vez en cuando desde el altar, no podía importarle menos. Ella estaba haciendo todo esto por él, por tenerlo cerca, por estar cada momento que podía con Neji, para poder... ¿para poder qué? Por primera vez el hecho de una actividad solo carnal le pareció vulgar, pensamiento que la confundió aún más, por que eso significaría que buscaba algo más en el pero ¿qué era?

La ausencia de Neji al caminar a casa la golpeó de lleno.

El hecho de tenerlo alrededor suyo la tranquilizaba en medida, pero ahora que no estaría en todo este tiempo con ella ¿cómo podría mantener a raya sus instintos y anhelos?

Y un asunto más importante ¿Qué era esta presión dolorosa en su pecho al pensar en el rostro masculino?


¡Hola queridos!

Vaya que he demorado bastante en actualizar esta historia, pero he tenido que terminar uno de mis long-fic y me he centrado en otros. Sinceramente me detuve un tiempo con esta de igual forma para determinar especificamente algunas escenas, cuando va a pasar qué y hacia donde voy. Pero ya que tengo contemplado esto, espero traer dos capítulos por mes. Esa es la idea. Este ha sido un capítulo de transición necesario, para poder aclarar algunas cosas en Tenten, pero el siguiente me enfocaré más en Neji.

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