XII. Sofisma
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Levantó la mirada al escuchar las palabras que habían sido pronunciadas con un tono de voz más bajo de lo que solía usar. Dejó de escribir en la hoja que tenía enfrente.
―No puedes estar hablando en serio.
El hombre enfrente suyo se movió un poco incómodo ante la mirada que le estaban ofreciendo mientras pensaba en la respuesta que lo hiciera salir de esa situación sin ningún daño.
―Sí, es en serio Neji.
Neji se levantó de su silla, con aquella ropa negra que solía usar cuando no estaba ofreciendo una misa. Hace unas dos horas había terminado una ceremonia y en un rato más ofrecería la última del día seguido de las confesiones del día. Rodeó el escritorio quedando enfrente de él y apoyándose en la madera mientras cruzaba los brazos y observaba inquisitivamente a Kiba.
―No
―Neji, lo siento, mi familia viajó hasta aquí para verme, llegarán en un par de horas. No me lo habían dicho hasta ahora, no puedo cancelarlo.
―Es semana Santa Kiba, no puedes hacerme esto.
Kiba hizo una mueca de incomodidad, sabia a que se refería el sacerdote, pero ya le había explicado que no era algo que podría evitar.
―Neji, ya están listas la mayoría de las cosas, los preparativos y he ordenado el área de visita para la visita de los templos.
El Hyūga pasó su mano por su rostro pensando en las palabras del sacristán, intentando razonar ante sus palabras. El hecho de que le estuviera pidiendo un par de días. No podía negárselo, no cuando era muy extraño que pidiera días libres. Y más aún cuando sabía que su familia había viajado para estar con él. Pero el hecho de quedarse solo en semana santa, cuando esos años que había estado en esa parroquia siempre se las habían arreglado juntos lo sacaba de balance.
― ¿y que se supone que haré? ¿Quién me ayudará con el resto de las cosas?
Un toque en la puerta los hizo desviar la atención, mientras veían como se abría lentamente, revelando una larga cabellera castaña.
―Ella. ―La mujer, que había ido con unos papeles en mano los miró confundidos.
El sacerdote negó rotundamente, no, bajo ninguna manera se quedaría de nuevo solo con Tenten y mucho menos en un momento tan importante. Vio la sonrisa divertida de Kiba, que demostraba que se había salido con la suya. Siempre habían estado solos en esas épocas, pero el hecho de sumar a Tenten en la fracción le daba la oportunidad de librarse.
Neji terminó aquel día con el estrés haciéndose presente en sus hombros y con Kiba logrando lo que había querido. Tal pareciera que las cosas no podían salirle bien. Había decidido un par de días atrás alejarse de todas formas de Tenten. Poniendo ese límite, la distancia entre ellos para evitar cualquier tipo de acción similar a la del campamento. Todo parecía marchar bien.
Hasta un par de días atrás, cuando ella dejó muy en claro que no se detendría bajo ningún concepto para intentar conseguir lo que quería. Neji había terminado la confesión con una penitencia severa, como si de esa forma pudiera castigarlos a ambos. Tenten en vez de verse fastidiada, solamente le sonrió divertida, saliendo de ahí para arrodillarse. Al inicio pensó que había sido una especie de exageración. Pero al día siguiente fue evidente a que se refería.
Lo buscaba para comer o alguna excusa tonta para entrar a su oficina, devolviendo esa rutina donde comían juntos. Neji la rechazó una y otra vez diciendo que estaba ocupado y que comiera sin él. La castaña simplemente había sonreído y dejado en claro que lo esperaría, quedándose en la oficina mirándolo con gran interés. De alguna forma se había vuelto… más descarada. Algo que le asustaba, por lo que evitaba quedarse en un cuarto cerrado solo con ella. Agradecía que Kiba estuviera rondando su oficina con frecuencia por los diversos pendientes que tenían.
Se sentía confundido ante tal cambio de actitud. Secretamente le gustaba volver a comer con ella, como si aquel suceso no hubiera pasado. Como él hubiera querido desde el inicio. Pero la forma de mirarlo, tan intensa y brillante le dejaba en claro que ella esperaba mucho, demasiado. Algo que él no podría darle. Realmente quería dibujar esa línea entre ellos, pero Tenten no lo permitía. Pensó en retirarla de la iglesia, pero los eventos futuros no se lo permitían y más aun con la partida de Kiba con sus familiares.
Intentó pensar con cordura. Era una fecha importante para la iglesia, Kiba no estaba y Tenten, a pesar de aquella mirada, no había intentado nada más. Además que una parte muy pequeña suya, aunque no quisiera aceptarlo, disfrutaba en demasía su presencia y no podía imaginar que ella no estuviera ahí. Nada había cambiado, todo estaba de la misma forma. Eran ideas suyas, un miedo recurrente de que algo volviera a pasar entre ellos. Lo cual no tendría sentido considerando que su desliz había pasado fuera de la iglesia y dos, porque él lo había permitido. Solo debía mantenerse sereno, concentrarse y todo estaría bien.
Solo debía aguardar a que Kiba regresara ¿Qué era lo peor que podía pasar?
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―Pueden irse en paz.
La gente se levantó de las bancas de madera y comenzaron a salir lentamente, Neji se fue por el lado derecho del altar donde había una puerta que conectaba la parte administrativa de la iglesia. Levantó una ceja cuando no vio a Tenten en la mesa de oficina que estaba afuera, sin darle muchas vueltas se adentró a su oficina, quitándose su casulla y suspirando. Había un calor que se volvía más intenso por la ropa que debía usar al impartir ceremonia.
Se dejó caer en su silla, la semana santa estaba a nada de iniciar. Ese día aunque no conformaba la semana santa, era el viernes de la virgen de dolores. Por lo que era un preludio para lo que se venía. Tenía dos misas más que ofrecer y terminaba el día.
La puerta se abrió revelando una cabellera castaña amarrada en una media cola con una sonrisa en los labios.
―Neji, están regalando helado en la calle.
El asintió, ignorándola y revisando los papeles que tenía enfrente. Tenten le había dejado la ofrenda en su mesa y el Hyūga proseguía a guardarla en la caja fuerte que tenían.
―Algunas personas hacen promesas con la iglesia, se ha vuelto una tradición este día.
Se incorporó sorprendiéndose de ver a Tenten que se había acercado hasta su escritorio, ofreciéndole un cono de helado. Miró la bola de helado y el rostro de la castaña repetidamente.
―Vamos Neji, se está derritiendo.
―No, gracias. ―No lo dejaba tranquilo aceptarlo.
―Estoy completamente segura que lo necesitas, te veías acalorado mientras ofrecías la misa.
¿Cómo lo había notado? Le había ayudado con la ofrenda, pero no estuvo lo suficiente atenta a la misa. No es como si él la estuviera viendo gran parte de la ceremonia, no. Se debatió si tomarlo o no, pero cuando vio el helado escurrirse por el cono, simplemente lo tomó, dando una mordida. La vio sonreír, como si se hubiera salido con la suya.
―Que calor que hay ―Tenten se abanicó con la mano mientras mordió la punta de su helado.
Neji sintió gran satisfacción cuando el frio pasó por su garganta, dándole un poco de alivio al calor que lo embriagaba. Volvió a morder y levantó la mirada hacia la fémina que tenía enfrente, el peor error.
Tenten lamió una y otra vez el sólido derritiéndose que escurría por el cono. Una vez que controló la situación siguió lamiendo una y otra vez. Fue en ese momento que sintió la mirada malva encima, sonriendo interiormente. Era demasiado pronto y no había intentado nada más que evitar que él levantara la barrera entre ellos, pero, tal vez un par de imágenes en la cabeza masculina ayudarían. Pasó lentamente la lengua por el helado, con una lentitud bastante delirante. Repitió el proceso una y otra vez, pasando por toda la longitud del helado. Unas gotas escurrieron alcanzando el cono, las atrapó con la lengua y sin más se metió el helado a la boca, presionando un poco los labios. Su mirada oscura subió hasta atrapar la malva que no perdía ni un solo movimiento de los labios femeninos.
Tenten sonrió volviendo a lamer el helado una y otra vez, sin apartar la mirada del sacerdote.
Neji tragó fuertemente y reaccionó de aquel delirio cuando un poco del helado derretido cayó en su pantalón negro, manchando su pierna derecha. Se sobresaltó al sentir el frio atravesar la ropa, buscando un pañuelo.
― ¿Quieres que te ayude?
La vio acercarse hacía él, su mente rápida consideró a que se refería con ayudarlo ¿ayudarlo a qué? Alejó las manos femeninas cuando intentaron tocarlo.
―Ya has hecho suficiente, retírate.
Tenten se quedó de pie a su lado, con una mirada intensa aunque parecía ¿molesta? Pero sin más se dio la vuelta, saliendo de la oficina. Neji dejó el cono de helado en la mesa, maldiciendo por la mancha blanca en su pantalón. Talló una y otra vez la ropa con un trapo sin poder retirarlo. Tenía que ir a cambiarse, suspiró profundamente.
Sabía que había hecho esa demostración tan vulgar a propósito, jamás la había visto actuar de esa forma o acaso ¿no había sido a propósito y el mismo estaba haciéndose ideas? Se inclinó hacia la primera opción, que era la más admisible. Él jamás había fantaseado con algo sexual ni sentido ni un tipo de deseo por alguna mujer. No le interesaba, por lo que el que ese hecho cambiara en ese momento no era creíble.
Aunque anteriormente no le había interesado ni un tipo de contacto con alguna mujer y había besado a Tenten. Sacudió la cabeza para despejar aquella idea.
Se recostó en su silla pensando en que debería ir a casa a cambiarse, y cerró los ojos un momento. Las imágenes de Tenten comiendo ese helado se repitieron lentamente en su cabeza. Parecía realmente disfrutarlo y ser especialmente buena. Los ojos castaños viéndolo desde abajo y una sonrisa en los labios mientras se metía a la boca…
Abrió los ojos sin más, con el corazón palpitando sobresaltado de aquella imagen mental. Fue en ese momento que fue consiente del abultamiento en su entrepierna, mirándolo con gran sorpresa, sin poder creerse lo que pasaba ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Una erección? No, esto no era posible.
Tenten no podía tener tanto poder sobre él.
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Tenten observaba aquella representación del vía crucis, era el último ensayo y le había dicho a Kiba que estaría al pendiente de los chicos que intentaban hacerlo lo mejor posible. Había leído sobre eso en internet y hasta había visto una película para darse una idea de que trataba. Demasiado sangrienta para su gusto. Por lo que aprovechaba su tiempo libre de la oficina para estar al pendiente de esas cosas que eran tarea de Kiba.
Los chicos se veían bastante tensos o nerviosos, a pesar que no había nadie más que ella viéndolos. Pero no lo hacían nada mal, tenían una buena personificación. Aunque su mente no estaba demasiado en eso, sino en el día anterior.
Había salido de la oficina de Neji realmente molesta, por su actitud tan recta de párroco. Tan indignado ¡ella le había regalado un helado y así se lo había agradecido! A él se le había caído, no es como si ella hubiera tenido la culpa. Bueno, si debía ser honesta tal vez contribuyó pero no esperaba esa reacción del sacerdote. Eso había sido toda una satisfacción total, el verlo mirarla fijamente mientras comía su helado y veía la habilidad que si él querida podría disfrutarlo en carne propia.
Resopló, odiaba que se hiciera el difícil. Tal vez había sido demasiado aquella insinuación, debía admitirlo pero ¿acaso tenía una idea de lo mucho que ella se estaba reprimiendo para no hacerlo realmente? Un maldito año, más de un año había estado ahí. Sin tocarlo, sin intentar nada, esperando pacientemente. Tenten no era paciente maldita sea, nunca, jamás había esperado por un hombre. Pero había esperado más de un año para que él mostrara algún indicio de un avance. Sintiéndose sucia cuando se tocaba ella misma, porque no podía hacerlo él. Era realmente frustrante. Un pequeño movimiento y parecía que iba a explotar.
Era insultante que se enojara de esa forma, y más porque parecía bastante satisfecho al verla. Tuvo que reunir todo su autocontrol para no rodear la mesa, bajarle el pantalón y hacerlo de verdad. Suspiró ¿Qué había logrado en todo ese tiempo? Un beso, un simple beso. Al recordarlo su estómago se estremecía, debía admitirlo. Pero no era suficiente, nada sería suficiente. No podía culparla de que se liberara un poco, solo un poco. Estaba siendo egoísta. Pero ella esperaba que él lo quisiera tanto como ella ¿era un crimen? Estaba siendo demasiado considerada y él se ponía en esa actitud.
―Idiota. ―Soltó demasiado bajo para que alguien pudiera escucharlo.
Y como si lo hubiera llamado vio al párroco acercarse hacia donde estaba ella y mirar con interés la representación. Se puso un poco nerviosa al intentar determinar en qué parte iba. Estuvo divagando un par de minutos.
―Todo muy bien chicos, solo que, están un poco tensos y eso hace que las cosas se vean un poco… fingidas.
Neji la volteó a ver con la ceja levantada.
― ¿fingidas?
―Sí, solo deben dejarse llevar y sentir las emociones dominar su cuerpo, de esta forma el dolor será más evidente.
Los chicos se habían acercado hasta Tenten observando que hablara sobre el tema.
― ¿y cómo deberíamos hacerlo?
Tenten les dio un par de consejos sobre cómo relajar el cuerpo y dejarse llevar. Además que hizo una representación de ella llorando desconsoladamente mientras se abrazaba al párroco para hacer más real la situación. Neji se tensó cuando sintió los brazos en su cuerpo, pero no se movió. Al cabo de unos segundos Tenten se levantó con una ligera sonrisa. Las chicas que actuaban aplaudieron y le agradecieron por los consejos.
Volvió a repetirse la actuación, de una forma más fluida y Tenten sonrió satisfecha de que saliera mucho mejor. Vio a Neji alejarse en algún momento cuando vio su reloj. No se mostró malhumorado con ese acercamiento aunque posiblemente fue por la presencia de los chicos. Si ellos no veían que algo como eso estaba mal ¿Por qué debería verlo él? Solo estaba actuando después de todo.
O tal vez era una excusa para ese acercamiento.
Lo había sentido estremecerse encima de la ropa y luego había evitado verla, tal vez estaba avergonzado. Algo que no se veía con regularidad. Era su lamentable victoria de ese día. Eso y lograr que Neji comiera con ella.
Algo era algo, después de todo.
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Los días pasaron con rapidez, con la llegada de la semana santa, manteniendo bastante ocupado al Hyūga entre confesiones, misas y las pláticas cuaresmales que involucraba una de las fechas más importantes de la religión católica. Casi no había pasado tiempo en su oficina, moviéndose de ahí para allá. Los momentos donde estaba libre aprovechó a ir a la cocina económica cercana para comer un poco. Necesitaba la suficiente energía para mantenerse en las cosas que estaba haciendo.
Por eso mismo no había podido pensar en nada más que en los eventos a realizar y en preocuparse por Tenten. Aunque no debía hacerlo, ella misma había estado con diversas actividades que les imposibilitaba tener tiempo para coincidir.
Antes de que se diera cuenta el jueves santo llegó y con eso la visita de los templos proliferó la gente en la calle y en la misma iglesia. Que asistían a realizar las oraciones correspondientes en el área donde había exhibido las figuras de Jesús. Tenten le proporcionaba unas cintas con imágenes de Jesús que estaban bendecidas. Luego de un par de horas se le acabaron retirándose para poder comer algo. Había llevado una ensalada de atún. Tuvo que comer rápido antes de retirarse para ayudar con las ofrendas y demás pendientes del día.
Cuando el cielo estuvo por completo oscuro Tenten finalmente se dejó caer en la silla de su escritorio y recostó su cabeza en la silla, sintiendo los pies adoloridos. Había estado todo el día de pie y corriendo de ahí por allá. Necesitaba un largo baño y dormir sin que hubiera un mañana. Intentó recordar porque estaba esforzándose tanto. No había tenido que trabajar en toda su existencia. ¿Realmente valía la pena todo esto?
―Buen trabajo. ―Una voz grave la hizo abrir los ojos encontrando al Hyūga parado enfrente suyo.
Tenten se sentó adecuadamente y aceptó lo que Neji le ofrecía. Era un bollo al vapor de un restaurante chino que estaba cercano y que Tenten le encantaba. Sonrió emocionada y miró al sacerdote agradeciendo con una mirada.
―Es tarde. ―Tenten miró su reloj, eran casi las diez de la noche. ―Te acompañaré.
Neji se acercó a su oficina cerrando con llave mientras Tenten tomaba su bolso y salía por las puertas mientras el sacerdote cerraba todo adecuadamente. Caminaron por las calles iluminadas por las farolas. Tenten observó de reojo al Hyūga sintiendo su estómago revolotear un poco. Acercó el bollo a su rostro sintiendo el vapor golpeando sus mejillas. No podía controlarse cuando él era tan…atento.
Había ido al restaurante que estaba a tres esquinas, porque no manejaban servicio a domicilio para poder comprarlo. ¿Cómo no hacerse ideas con él haciendo ese tipo de cosas? Aunque tal vez solo quisiera ser amable, pudo comprar cualquier cosa que venden cerca de la parrocha. Pero se había tomado la molestia.
Mordió el bollo sintiendo el pan suave y la jugosidad del bollo adentrándose en su boca, haciendo una explosión de sabor. Era agridulce, su favorito. Miró al sacerdote mordiendo el suyo y masticar. Si no se equivocaba debió elegir alguno dulce o vegetariano. Se acercó un poco y en un rápido movimiento dio una mordida al bollo contrario, sorprendiendo al sacerdote. Al morder los labios de la fémina rozaron los dedos masculinos, acción que casi lo hace soltar el bollo que tenía en las manos.
Tenten se llevó la mano a la mejilla degustando, si, era dulce. Le ofreció del suyo al Hyūga, pero este simplemente negó. Supuso que no quería algún acercamiento. Siguiendo con esa estúpida distancia. Lo que le causaba gracias, considerando que le había comprado algo y la acompañaba a casa, algo que jamás había hecho con nadie más, ni con Sakura que a veces solía quedarse hasta tarde adornando la iglesia con los colores representativos de la semana santa. Le gustaba engañarse a sí mismo. Aunque le gustaba esa inocencia.
Cuando menos se diera cuenta, estaría hundido y no se percataría.
Tenten dio el último mordisco encantada cuando llegaron a su casa. Se despidió con la mano y entró, observando por la ventana como el Hyūga se quedó viendo la puerta unos instantes y posteriormente observó su mano, tal vez los dedos que había rozado con labios. Se sorprendió cuando pareció que los acercaba a su boca pero se detuvo abruptamente, siendo media vuelta y caminando hasta que ya no pudo ver esa espalda ancha que tanto disfrutaba ver en secreto.
Tal parecía que ella no era la única que disfrutaba de pequeños placeres en secreto.
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La última misa del domingo, sobre la resurrección finalizó con una gran asistencia. Lo cual le agradó, siempre era un placer el que hubiera gente que le rindiera homenaje a señor. A pesar de que algunos solamente lo hicieran por esas fechas, era grato de ver la iglesia llena, haciendo que gente se quedara de pie en las puertas.
La gente comenzó a retirarse y algunos se quedaron hablando con él, invitándolo a comer a sus casas. El intentó declinar pero insistieron, a fin de cuentas quería agradecer porque un mes atrás había acudido al hospital para despedir a su padre. Quedaron al terminar todas las ceremonias de la iglesia.
Aún no le agradaba asistir a comer con alguien más, ya que involucraba el hablar y preguntas hacia él. No le agradaba hablar sobre sí mismo. Ni dar detalles de su vida fuera de la iglesia o sobre su familia. Esperaba que no salieran preguntas incomodas al respecto. Tal vez debería invitar a Kiba a ir con él. Cuando iban juntos la atención se fijaba en el hablador sacristán.
Se dirigió a su oficina dejando su ropa para ceremonia y cerró con llave. Miró el escritorio vacío. Le había dicho a Tenten que se fuera al terminar, que no tenía que esperarlo. Había estándose esforzando demasiado, haciendo su propio trabajo y el de Kiba cuando era necesario. Por eso mismo se tomó la molestia de ir a comprar aquellos bollos que tanto le gustaban días atrás. Se había quedado tarde aquel día por ayudarlo más de la cuenta y por eso la acompañó a su casa.
Nada fuera de lo que cualquiera podría pensar o ¿era su consciencia que le decía que hacía más cosas por ella que por nadie más? No, él lo haría por cualquier otra persona. Estaba siendo amable y servicial, algo que siempre hacía. Se encaminó a su casa, con la espalda adolorida por la intensidad de esa semana. La siguiente a pesar de ser la semana de pascua las cosas estaría más tranquilas y podría relajarse. Además que Kiba volvería. Ese era un consuelo para él, no estar tanto tiempo a solas con ella.
A pesar de que lo único que había pasado en esa semana había sido el incidente del helado. Las imágenes volvieron a su mente y sacudió la cabeza para bloquear esas imágenes que estaban prohibidas. Cada que lo pensaba se sentía tan…mal. Incómodo y fuera de lugar. Pensamientos inapropiados, no sabía cómo lidiar con ellos. Consideró la opción de ir con Lee para hablar, más sin embargo, si no había podido decirle de un simple beso, un momento de debilidad ¿le diría algo más impuro? Imposible. Intentó convencerse de que eran simples pensamientos y que solo hablando con el señor podría expiarse de esa culpa.
Aunque… había algo más de lo cual no había buscado un perdón. Semanas atrás, cuando Tenten había estado enferma en su casa y se había visto tentado a besarla. Tanto que se había atrevido a tocar los labios femeninos. Esa tentación y mala acción que escribió en el papel para tirar en la fogata en el retiro que habían tirado y que no había lanzado en el fuego. Aún ahora la culpa lo golpeaba con furia sobre la razón por la cual no lo había hecho. La idea de que muy en su interior no se arrepintiera de ese acto lo abrumaba tanto y más ahora que ese hecho, el no arrepentirse, era lo que había influenciado demasiado a que aquella perdida de cordura en el cobertizo lo dominara. Tal vez si él hubiera lanzado ese papel para ser calcinado, nada de eso hubiera escalado a ese nivel.
¿Qué estaba pasando por su cabeza? Porque a pesar de que sabía con total seguridad de que todo esto que había pasado, las sensaciones impuras que lo estaban invadiendo y los malos pensamientos que brotaban de su cabeza, una pequeña parte suya estaba realmente complacido por esas cosas. Eso lo hacía sentir muy mal consigo mismo. Tan fuera de sí mismo y su mal intento de controlarse.
Fuera de ella cuando podía le dejaba comida o algo para comer en sus tiempos libres. Aunque el mismo se lo agradecía cuando en las mañanas le dejaba el café que le gustaba. Se apoyaban mutuamente. Algo que debía admitir que le gustaba pero ¿Qué era lo que le gustaba, Tenten o la relación que tenían? Ninguna de las dos era admisible. Por lo que apartó la idea de su cabeza y abrió su puerta.
Debía apartar a Tenten de su mente y concentrarse en su único deber que era servir a su salvador. Tomaría un baño, usaría aquella crema y comería algo. Las únicas cosas de las cuales debía preocuparse. Se detuvo en la entrada cuando vio una figura femenina en su cocina moviéndose y el olor golpeó su rostro.
― ¿Qué haces aquí?
Tenten giró sobre ella y regresó a lo que estaba haciendo, arrojando algo a la olla que tenía en el fogón. Se veía primaveral, una ropa diferente a la que usaba en la iglesia. Un vestido blanco con flores rojas pequeñas. Demasiado inocente a su parecer. Aunque un labial rojo resaltaba entre todo. Ver ese tono de labios solo desataba recuerdos que evitaba siempre a toda costa.
―Pensé que no tendrías nada que comer y como hemos estado comida corrida, algo casero te vendría bien.
― ¿Cómo entraste?
Tenten giró una vez que tapó la olla en la estufa y levantó una ceja ante la pregunta tan evidente.
―He estado varias veces aquí, guardas la llave en la tercera maceta de la derecha.
Neji se quedó de pie ahí, al sentirse expuesto de haber sido tan despreocupado con ella. Era su culpa, pero era por que confiaba en ella. Algo que pensaba que no era buena idea. A pesar de no hubiera pasado nada que la hiciera perder la confianza que había depositado en ella y que parecía que se tomaba más libertades de las necesarias. Tenten había hecho eso de buena fe y eso sacudió su pecho un poco, ante su atención. Al igual que pensó que debería mover la llave de repuesto en otro sitio.
―Puedes bañarte y al terminar tendré esto listo. ―Tenten cortaba un poco de vegetales para acompañar el guiso.
El Hyūga se quedó en su sitio pensando en que debería decirle que se fuera. Considerando si eso era descortés de su parte, ella se había tomado la molestia de venir aquí. Dudó un par de minutos, aunque el olor de la comida lo obligó a moverse, adentrándose al baño y demorando más de la cuenta. El agua caliente relajaba sus hombros tensos y le quitó el cansancio que había cargado toda la semana. Al final secó adecuadamente su cabello y salió con una ropa más ligera. Camiseta básica blanca y unos jeans oscuros.
Se encontró con Tenten esperándolo en la mesa, aunque se veía bastante… ¿tensa, ansiosa? Decidió no preguntar al respecto y comieron en silencio, aunque al cabo de unos minutos el ambiente pareció relajarse y hablaron de cosas que habían pasado en esa semana. Al terminar Tenten insistió en dejar todo limpio antes de irse.
―Bien, nos vemos ¿mañana?
Neji se sentó el en sillón que había en la pequeña sala y asintió mientras doblaba su cuello. Le seguía molestando.
― ¿Quieres que te ayude con eso?
El sacerdote se giró viendo como ella se acercaba hasta sentarse a su lado. Tenía la mirada bastante serena y no sonreía como siempre solía hacer. Tal actitud lo asombró ¿lo hacía para que viera que lo decía en serio? La castaña se levantó buscando la crema que había dejado en el baño y regresó, mientras la destapaba.
―La has estado usando, te traeré más luego. ―De alguna forma Neji se sintió expuesto ante esas palabras. Se suponía que la usara ¿no?
La escuchó moverse detrás suyo y volteó viendo cómo se aplicaba crema en las manos y se acercaba.
―No creo que sea… ―Intentó oponerse, no era correcto que ella hiciera esto.
Se quedó callado cuando sintió las manos femeninas tocar su cuello y presionar los pulgares, sintiendo una sensación relajante llenar su cuerpo. Los dedos siguieron hundiéndose en puntos donde se acumulaba su tensión y prontamente se dejó caer en el respaldo del sillón y cerró los ojos. Se sentía tan bien, mucho mejor que solo usar la crema que le había dado. Siempre había sufrido de mucha acumulación de tensión en los hombros. El dolor siempre disminuía con el tiempo, cuando las cosas se relajaban. Pero seguía ahí. Ahora mismo sentía como tensión que llevaba años se iba desvaneciendo.
Soltó un sonido grave cuando presionó un punto en la parte alta de su espalda. Sintió la crema fría llegar hasta sus hombros y abrió los ojos cuando percibió los dedos adentrarse a su camisa y presionar. Dolió un poco para después sentir la liberación de algo en su hombro derecho. La sensación de complacencia lo hizo volver a cerrar los ojos y disfrutar de lo que las manos femeninas hacían.
La relajación absoluta lo llenó, sus ojos comenzaron a pesar. Suspiró cuando presionó otro punto más y soltó un quejido cuando en uno dolió más de la cuenta. Sabía que era en consecuencia de esperar tantos años. De forma normal no le agradaba hablar con la gente, mucho menos que lo tocaran. Nadie lo hacía, nunca. ¿Por qué ahora mismo se lo estaba permitiendo? La alerta despertó en su cabeza, aunque gran parte de sí mismo la desechó. No estaba pasando nada, solo un simple masaje. Algo que no sabía que le ayudaría tanto.
Su mente estaba en blanco, por lo que no fue consciente de que las manos desaparecieron de sus hombros. No quería pensar de todas formas, solo quería relajarse, al menos un momento en su vida. Si preocuparse en que esto era incorrecto o no.
Se sobresaltó al sentir un peso en sus piernas, abrió los ojos conmocionado al ver a Tenten sentada en su regazo y al verla rodear su cuello con los brazos, acercándose hacía él. Pensó que iba a besarlo, la vio esconder su rostro en su cuello. El aliento femenino sopló en su garganta y se estremeció hasta la última célula de su cuerpo.
― ¿Qué estás haciendo? ―Habló profundamente, aún sin creerse lo que pasaba.
―Fue tu culpa. ―Sentenció, Neji fue consciente de los labios acariciando su cuello y un golpe fuerte sacudió su entrepierna. ―Haciendo esos sonidos, no puedo controlarme tanto Neji, ¿sabes qué difícil es? ―Su tono de voz era tan roto, vulnerable, como si estuviera suplicando de alguna forma.
Llevó sus manos a la cadera de la mujer, con la pretensión de alejarla. Se paralizó cuando sintió los labios presionar su cuello. Preso de la desesperación la intentó empujar un poco, pero ella no soltó su cuello, pero se movió lo suficiente para que sus ojos hicieran contacto. El castaño que siempre parecía tan vibrante, ahora mismo era una niebla profunda.
―No puedes hacerme esto, a ambos. ―Se acercó peligrosamente a su rostro, tan cerca que sus labios estaban a punto de rozarse. ―Sabes que lo quieres tanto como yo.
―No. ―Soltó sin saber cómo su voz había salido de su garganta, al tener un nudo que le impedía tragar.
― ¿No? ¿No quieres esto? ―Rozó sus labios contra los suyos, tan ligeramente. Pero fue suficiente para que toda su columna se estremeciera.
―No lo quiero―su voz fue un susurro tan débil.
Sus manos que antes la empujaban estaban sosteniendo su cadera, con fuerza. Mientras intentaba que su cuerpo obedeciera la orden de moverla, moverse o hacer algo para poder una distancia muy razonable entre ambos.
― ¿Seguro? ―Habló con su voz aterciopelada, tan atrapante.
Los labios femeninos pasaron por su mejilla en una suave caricia, como si estuviera tentándolo de la forma más dolorosa. Hasta que sus miradas volvieron a encontrarse y sus labios a una distancia tan corta que era cuestión de un suspiro para que se tocaran.
Tenten sonrió cuando no obtuvo respuesta y presionó los labios contra los contrarios, una y otra vez. Neji se negó los primeros segundos. Hasta que sintió todo su cuerpo cediendo, como si jamás hubiera tenido una oportunidad. Ella abrió la boca y aprisionó los labios masculinos en un beso profundo, demandante y placentero. Las manos masculinas la rodearon con fuerza, atrayéndola hacia él.
Neji sentía su músculo cardiaco latiendo descarriado al sentirla encima suyo, y reclamando nuevamente esos labios. Tan delirantes, atrapantes, que jamás parecía que fuera a cansarse de su sabor. Tan hechizante. Su estómago se estremeció cuando sintió la lengua femenina adentrarse a su boca, buscando la suya. Hicieron contacto y la sensación más placentera que hubiera experimentado en su vida lo embriagó.
Fue consciente de como Tenten entrelazó sus dedos en su cabello y tiró ligeramente de él. Los besos subiendo de intensidad, buscando más y más del otro. Su mano descendió de la cadera hasta que tocó con la yema de los dedos la piel descubierta, lanzando un estremecimiento en todo su cuerpo.
El golpe fuerte de la puerta los hizo saltar a ambos en el sillón, que rompieron el contacto buscando que era lo que se había caído. Un silencio abrumante llenó todo el ambiente, hasta que el sonido se repitió de nuevo. Neji recobró la lucidez de su raciocino, levantándose violentamente del sillón, obligando a la fémina a reaccionar y pararse antes de acabar en el piso.
Percibió la mirada del sacerdote que le ordenara que se quedara quieta. Ella simplemente asintió, perdiéndose en el cuarto del hombre.
Abrió la puerta con la adrenalina llenado cada centímetro de su cuerpo e intentando controlar su respiración agitada. Se sorprendió de ver aquella cabellera rosada y mirada jade observarlo con una sonrisa.
―Neji, buenas noches.
― ¿Qué sucede? ―Miró el cielo nocturno con algunas nubes, era tarde para verla ahí. Tal vez había sucedido algo.
―No es nada, no se preocupe. ―Le ofreció el refractario que tenía en las manos. ―He cocinado mucha lasaña vegetariana y pensé que no tendrías ganas de cocinar en estas fechas.
Sakura Haruno sonreía con las mejillas sonrojadas mientras observaba al hombre que tenía en frente. Le agradaba ir cuando él no estaba en servicio por la ropa tan normal que solía usar. Le quedaba tan bien aquella playera blanca. Aunque su cabello se veía desaliñado, algo que no era normal en él. Tal vez ya estaba durmiendo y lo despertó.
Neji lo aceptó mirando el recipiente un par de segundos y agradeció sin decir muchas palabras.
―Es demasiado tarde, no te hubieras molestado.
―No es ninguna molestia, de verdad.
Se despidió, aunque esperaba que el sacerdote la invitara a pasar, como alguna vez había hecho. Aunque ese acto no volvió a repetirse. Sus ojos jade captaron algo en el cuello del hombre, de un color estridente. Levantó la ceja pero sonrió en respuesta y dio media vuelta, regresando por donde había llegado.
Neji cerró la puerta con el recipiente en las manos, la llevó a la cocina y la dejó en el mostrado. Aún sentía la adrenalina llenando su cuerpo, quien diría que una lasaña lo salvaría de esa situación. Suspiró profundamente y escuchó la puerta de su cuarto abrirse, viendo salir a Tenten con los labios hinchados, las mejillas coloradas y una mirada brillante.
―Necesito que te vayas. ―Realmente no ayudaba verla de esa forma, aquella cosa que había apagado sus pensamientos racionales intentaba volver a salir, al verla tan…atractiva.
―Neji…―Intentó hablar.
―No digas nada, solo vete. ―La vio quedarse de pie ahí un par de segundos, desvió la mirada.
De reojo la vio buscar su bolsa que había dejado en la cocina y caminar hacia la entrada. Aunque se detuvo y dio la vuelta para encararlo.
―No hice nada que no quisieras.
Sin más, dio la vuelta y salió de la casa del párroco con el sonido de la puerta cerrando con fuerza de eco. Neji apoyó los codos en la encimera de la cocina y cubrió su rostro entre sus manos. Debía calmarse, serenarse. Fue al baño y mojó su cara con agua fría. Finalmente se dejó caer en su cama y cubrió sus ojos con su antebrazo.
¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué estaba perdiendo la razón? Las últimas palabras de la mujer resonaron en su cabeza ¿hacer lo que él quería? Estaba equivocada, ella se sentó encima suyo y lo había besado, él se negó una y otra vez. Él no había querido. La culpa lo golpeó con furia al saber que él le había correspondido. La duda se materializó fuertemente.
¿Realmente él no quería esto?
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