Desiderátum
.
.
.
La esponja con la espuma producida por el detergente se deslizó por todo el plato enfrente y por atrás, siendo dejado a un lado para repetir el mismo proceso con la docena de platos restantes que tenía. Cuando se aseguró de haber enjabonado cada uno de ellos, abrió el agua, enjuagando con maestría los trastes y colocándolos a un lado.
Pasó su antebrazo por su frente desechando el sudor que estaba en su frente.
―Qué día más largo ¿no?
Tenten miró al hombre a su lado, uno de los voluntarios que había entrado al comedor un mes atrás. Kankuro Sabaku No, un hombre bastante interesante. Bastante animado y conversador, desde el primer día la había tratado con total confianza. Y era evidente su atracción hacía ella, se apreciaba en su forma de mirarla, además de las sonrisas coquetas que solía dedicarle cuando mencionaba lo bien que se veía con un delantal.
―Sí, ya quiero irme a casa.
Le pasó el último plato, el castaño los secaba con un trapo, poniéndolos en su lugar. La fémina dio la vuelta apoyándose en el lavaplatos. La piel de sus manos se veía arrugada, por estar en contacto del agua tanto tiempo. El trabajo en la cocina siempre era el más complicado, inevitablemente le tocaba de vez en cuando, cuando no había suficientes voluntarios. Prefería estar adelanta, ordenando y llevando los platos atrás para que pudieran lavarlos.
―Podemos salir a algún lado a relajarnos, querida. ―Siempre usaba esos apodos cariñosos con ella, a pesar de que conocía muy bien su nombre.
Tenten se sentía halagada, como siempre que un hombre le hacía cumplidos, más cuando solía dudar de su propio encanto al no provocar que el hombre en el cual había fijado su mirada le dijera alguna palabra de afecto. Le otorgaba el poder que creía perdido. A pesar de que ahora la relación con el Hyūga era más amena y cálida, parecía como si aquel primer beso no hubiera sucedido. Tenía que volver a trabajar en eso.
Sintió súbitamente la mano masculina en su cadera y al hombre acercándose peligrosamente a su cuello, el aliento del hombre respirando en su oreja. Extendió ambas manos alejándolo a una distancia considerable, produciendo un gesto desganado.
Esa era la diferencia que tenían Kiba y Kankuro, el primero la mayor parte del tiempo estaba tranquilo. Respetando su espacio personal y de vez en cuando lanzaba unos comentarios insinuantes. Nada demasiado alarmante. Siempre estaba bajo raya. Kankuro por otro lado era bastante… intenso. Sabía que era lo que quería e iba por ello sin dudarlo. Eso le daba un aura bastante atractivo, por su completa seguridad. No dudaba que su lista de mujeres que había llevado a la cama fuera larga.
―Ya te lo he dicho Kankuro, controla esas manos, no va a pasar. ―Marcando una distancia instantáneamente.
―Lo siento, olvido que estas en abstinencia. ―El castaño sonrió divertido y acarició con el pulgar el rostro de la chica. ―Y sabes que estaré esperando cuando salgas de eso.
Desde el primero momento que se conocieron y sin usar su enchanting en él, Kankuro había fijado su atención en ella. Una semana después entendió que era su naturaleza, disfrutar de su sexualidad sin restricciones. Le recordó tanto su pasado. Pero como dijo, estaba en el pasado. Su presente era una absurda abstinencia. No podía evitarlo, no cuando el sacerdote se presentaba cada vez a su mente cada que pensaba en hacer algo más con alguien o siquiera lo consideraba.
Por eso tuvo que mentirle a Kankuro diciendo que debido a una mala experiencia ahora no buscaba ninguna relación de ningún tipo. Prefería una vida tranquila por ahora, sin tentaciones o nada más que una amistad. Haciéndose a sí misma la muy santa. Además que había dejado en claro que nunca había llevado un estilo de vida "agitado" con relaciones o cuestiones sexuales. Casi lo engañaba, casi. O eso pensó al inicio, pero sabía que el hombre podía ver a través de ella y que de santa no tenía ni el cabello. A pesar de que insistió al decir que su cambio era tal que ahora trabajaba en la iglesia para iluminar su vida, siguiendo el camino que el señor le había mostrado en sus momentos más oscuro y por eso mismo estaba en el comedor comunitario.
Evidentemente eran palabrerías que se había inventado con rapidez para trazar una fina línea entre ambos y que él no avanzara más de la cuenta. Sabía que él no se creía su farsa pero la respetaba la mayor parte del tiempo. Eso era un gran avance. Ahora tenían un tipo de "amistad" donde él deseaba demasiado de ella y Tenten no podía ofrecerle nada. Se había reído tanto por la ironía de la situación.
No podía decirle la verdad, que esa maldita abstinencia era porque había fijado sus ojos en la presa más compleja, escurridiza* y difícil de su vida, un sacerdote. Podía imaginarlo riéndose si se lo mencionaba, diciendo que era una maldita lunática por mirar tan alto, en una tarea compleja. Cualquier fatha pensaría lo mismo de ella, no quería ni pensar si alguna de ellas se enterara que había estado casi dos años en un sitio sin haber atrapado a su presa. Era una total vergüenza.
El hombre tomó su móvil al terminar de secar los platos, tecleando en la pantalla y dando enviar luego de un rato.
―Un amigo celebrará los quince años de su hija pronto, pero quiere toda esa cuestión religiosa ¿sabes? Pero no ha encontrado una iglesia, ya que todo ha sido de último momento. ―Giró los ojos con cierto fastidio. ―Esta insoportable.
― ¿Qué fecha están buscando?
―Dentro de dos semanas.
Tenten no comprendida como la gente podía dejar todo a última hora. Su tiempo en la iglesia le había brindado la experiencia necesaria para haber enfrentado a varias novias furiosas gritando a sus futuros esposos porque alguien más había ocupado la fecha que quería, madres queriendo registrar al bautismo a sus hijos unos días antes o gente que protestaba por no alcanzar fecha para la confirmación para gente adulta alegando que no habían dado informado sobre eso. Tenten suspiraba intentando explicar que las fechas estaban pegadas desde hace meses en el tablero de anuncios a la entrada del área administrativa de la iglesia.
―Puedes venir a la iglesia mañana y veré que puedo hacer. ―Le dedicó una mirada cómplice.
El castaño la miró con adoración y sonreía mientras tecleaba algo en su móvil, prometiendo que iría sin falta en la tarde.
No fue para nada una sorpresa verlo al día siguiente entrando hacia donde estaba ella sentada, con una sonrisa divertida en el rostro. Se veía mucho más atractivo con una camisa de vestir azul de mangas largas que tenía arremangadas hasta los codos y unos pantalones de vestir oscuros.
―Me encanta como destacas este lugar.
Tenten puso los ojos en blanco, sonriendo encantada ante el cumplido. Si él decía que unos jeans claros, una blusa de mangas cortas de tono verde claro, un collar rosado de flores que jugaba bastante bien con el verde y con los tacones del mismo color que sus accesorios era destacar, no era nadie para sacarlo de su error. Además que ese día había preferido peinar su cabello en dos chongos, dejando que dos mechones cayeran por su rostro.
―Cuida tu boca acá. ―Habló de forma contundente. No lo decía precisamente por las reglas de moralidad que debía cuidar en el recinto, sino al saber que el Hyūga estaba en su oficina.
El hombre se sentó enfrente del escritorio, en una de las sillas que había ahí, esperando mientras la castaña hojeaba la agenda de eventos de la iglesia. Se llevó la pluma a la boca, mordiendo ligeramente el borde. Acto que había hecho inconsciente pero que había alterado al hombre que tenía en frente.
Kankuro supuso que la castaña no sabía el gran efecto que un simple gesto podía provocar en toda la población masculina. Solo bastaba verla un segundo para maravillarse y querer un acercamiento. Sabía que había algo más detrás de la mujer para restringirse tanto, rechazándolo varias veces. No era algo que sucediera con normalidad. Las mujeres que no habían caído a sus encantos eran contadas con una mano.
No podía estar más equivocado, Tenten era bastante consciente del poder que ejercía en cada uno de los hombres a su alrededor. Y mucho más del único hombre que no parecía inmutarse con su presencia.
―Bien, hay una boda en la mañana, sin embargo, podría acomodarte en la tarde ¿está bien?
―Es perfecto, la fiesta está contemplada para la noche.
― ¿Ya han planeado la fiesta sin concretar si la ceremonia religiosa fuera posible?
Kankuro dejó salir una risa divertida ante ese hecho, había sido demasiado intrépido, era cierto, pero las cosas siempre eran de esa forma con él.
―Es que confiaba en ti, cariño. ―Se acercó tomando la mano femenina que había dejado la pluma de lado una vez que escribió el nombre de la chica en su agenda y le entregó la lista de documentos que debía traer para iniciar el proceso.
Kankuro tiró de la mano de la mujer y la besó ligeramente en un gesto caballeroso pero más que nada en un teatral agradecimiento por "salvarle la vida" sobre la situación de su sobrina.
Tenten sonrió con un ligero sonrojo en el rostro, hasta que la puerta de la oficina se abrió. La castaña fue consciente de como los ojos malva se fijaron en aquella acción. Tiró de su mano con rapidez, con sentido de alarma, con una absurda esperanza de que no hubiera visto nada o que su rápida reacción lo hiciera pensar que lo había imaginado.
―Padre, mucho gusto. ―Kankuro se levantó de su silla acercándose con total familiaridad al clericó que había salido de su oficina.
Le extendió la mano en un gesto de saludo, Neji observó la mano extendida unos segundos y la tomó en un intento de ser cortes, aunque su mirada seguía fija en la castaña que buscaba huir de su mirada. El enlace de manos se cortó luego de un apretón de manos más fuerte de lo que se esperaba.
―Mi sobrina cumple quince pronto y he venido por una fecha para su ceremonia. ―Miró hacia atrás, observando a la castaña. ―Esta amable señorita me consiguió un hueco en su ocupada agenda.
― ¿Cuándo? ―La voz de Neji resaltó pero no era evidente hacia quien se dirigía.
―En dos semanas, por lo que veremos pronto. ― Kankuro se dio la vuelta sonriendo a la mujer y sin más salió del lugar.
Tenten cerró la agenda, demorando más de la cuenta en acomodar las cosas en su escritorio. Hasta que se sintió capaz de levantar la mirada, encontrando esos ojos exóticos contemplándola tan intensamente que pensó que la atravesaría.
―Tenten, que no vuelva a repetirse.
Antes de que pudiera decir algo al respecto, el sacerdote salió de ahí, dejando a la mujer frustrada. No había hecho nada, por primera vez y el Hyūga parecía enojado. No sabía porque solía ser tan inoportuno. Primero cuando Kiba había intentado algo y ahora con Kankuro con sus actos teatrales. Ella no estaba haciendo nada, ni siquiera los estaba tentando de ninguna forma, hace tanto que había dejado de hacerlo de forma voluntaria con los hombres. Suspiró cansada, solo vería al Sabaku No de nuevo por los papeles y la celebración, no tenía que preocuparse.
Se dio cuenta demasiado tarde que había estado bastante equivocada. Por supuesto que el castaño había venido al día siguiente con los papeles para poder registrar y dejar todo listo para la celebración, invitándola a comer luego de archivar las cosas.
Tenten había querido comer con el sacerdote o esa era su intención, ante los hechos se vio orillada a comer con Kankuro quien había sido una gran compañía. Hablaba de cualquier tema dando su opinión sin tomarse en serio las cosas, dando ese aire bastante despreocupado, algo que le agradaba. Con Kiba o Neji siempre tenía que buscar cuidar cada una de sus palabras, de que nada incorrecto saliera de su boca. No es como si tuviera que cuidar cada cosa que decía, pero cuando hablaban de tema un tanto delicados, debía pensar la posible interpretación que podría tener sus palabras. Era difícil considerando que jamás se había limitado en ningún aspecto de su vida. Sin embargo, los dos años ahí habían hecho que se adaptara. En caso contrario con Kankuro podía soltarse sin limitaciones, sin pudor o sin temor a ser juzgada, un alivio para su alma libre.
Finalmente luego de un largo rato sumidos en una plática profunda, Kankuro se retiró disculpándose al tener asuntos que resolver. Tenten se había despedido pensando que no lo vería en un tiempo.
Su sorpresa fue grande cuando se apareció con unos papeles en mano dos días después. Declarando que los padre de su sobrina pensaban que faltarían unas copias para archivarlas. Cuestión que Tenten indicó que no era necesario, sin embargo, se los entregó. De esa forma Kankuro se encargó de frecuentar la iglesia varios días a la semana con varias excusas detrás. La primera fue conseguir el coro para la celebración de su sobrina. Tenten había mencionado a Konohamaru compartiendo su participación única en el coro pero que sus presentaciones cada domingo atraían la atención de toda la gente presente, eran excelentes. Todo esto sin intención de promoción, solo para contar su corto paso por el coro. El castaño lo tomó como tal, por eso había aparecido a los dos días.
Tenten había salido del trabajo lo suficiente temprano para que aún estuviera claro el cielo, escuchando a los chicos ensayando en el lugar de siempre, en el kiosko que había en el centro del parque que había enfrente de la iglesia. Había decidido a acercarse para hablar un rato con ellos, sin embargo, se sorprendió al ver al hombre mayor entremezclados con los chicos, intentando tocar la notas de la guitara de una de las canciones.
― ¿Qué haces aquí? ―La castaña habló confundida.
―Tú me recomendaste al coro ¡son grandiosos!
Konohamaru le agradeció en privado con una brillante sonrisa, ya que era su primer trabajo oficial como coro, después de todo sus presentaciones los domingos eran la publicidad. Para que la gente que aprecie lo que hace los contraten en sus eventos. Tenten simplemente había sonreído, dejando en claro que no era nada.
Posteriormente Kankuro había asistido, al día siguiente, para conseguir una florería cercana que pudiera adornar los pasillos de la iglesia y el ramo de la quinceañera. Lo había encontrado hablando con Kiba como grandes amigos, quien le había recomendado la florería Yamanaka. Permanecieron hablando un largo rato cuando los vio al salir para tomar algo de aire, algo que solía hacer de vez en cuando al día. Salió en su descanso por comida, encontrándolos mientras compartían un café sentados a las afuera de la iglesia. Parecían amigos de años por sus ademanes y cualquiera que los viera lo confirmaría, sin dudar. No le extrañaba, de alguna forma tenían personalidades similares, animadas y habladores.
Hasta que a la siguiente semana el castaño ya no puso ningún tipo de excusa. Solo aparecía cada dos días o en ocasiones demoraba solo un poco ya que había ido solo para saludar. Tales acciones la tenían difusa, al no entender que era lo que pretendía con esas visitas casuales ¿algo de ella? ¿Ejercer un tipo de presión? Estaba perdiendo su tiempo por completo, había dejado en claro su postura. Aunque él no había intentado nada con ella luego de besar su mano. Se mantenía rondando la iglesia, sí, pero no precisamente a ella. Como si de alguna forma disfrutaba estar ahí o tal vez buscaba que ella se acostumbrara a su presencia por ahí.
Tenten solo podía reír ante ese tipo de avances, si sus suposiciones eran correctas. Era exactamente lo que ella había hecho con el Hyūga, rondando la iglesia pero buscando desesperadamente algún tipo de contacto. Eso en el inicio, hasta que tuvo una opción para quedarse ahí, como secretaria. Justo lo que necesitaba. Ver a Kankuro de esa forma le daba un mal sabor de boca, al ver las cosas desde una perspectiva distinta. Muy seguramente Neji la miraba de esa forma al tenerla intentando meterse en la iglesia sin ningún tipo de descaro. Quien diría que de eso habían pasado ya más de un año. Parecía tan lejano e irreal.
Reflexionó que en otro tipo de situación, sin que ella hubiera llegado a esa ciudad y sin fijar su total atención en el sacerdote, Tenten había aceptado sin titubear a Kankuro, disfrutado el tiempo. Apostaba toda su experiencia en el área de la sensualidad a que él era un buen amante. Sus manos grandes, su voz capaz de hacer temblar las piernas de cualquier mujer y el fuerte agarre que tenía. Adicional la lista de mujeres que llevaba detrás, podía confirmarlo. Habrían sido grandes amantes, que una vez que disfrutaran un tiempo de la compañía del otro, irían por su nueva presa. Fue en ese momento que consideró que ese estilo de vida no era tan fascinante como recordaba. Deseos carnales y presas fáciles, no eran nada excitante. Había conocido la más desesperante y deliciosamente tortuoso placer al fijar su atención en alguien que estaba tan fuera de su alcance, como a veces lo sentía entre los dedos, tan a su alcance, pero que finalmente se resistía.
No había visto a Neji con la regularidad de siempre. No sabía si era por la presencia de Kankuro que solía invitarla a comer con frecuencia o porque estaba ocupado con las pláticas para confirmación que pronto tendrían lugar. Eso es lo que más inconforme la tenía con tener a Kankuro ahí. No podía intentar nada ni acercarse al sacerdote por miedo a que el hombre se presentara de la nada. Tampoco es que tuviera algún plan para dicho acercamiento. Nunca lo tenía, siempre improvisaba conforme a la situación. Suspiró con gran pesar, tan al alcance de su mano.
Se sorprendió cuando al regresar de sus ensoñaciones vio a Kankuro observándola con fascinación. Esa curvatura en sus labios que era insinuante.
― ¿Puedo saber si pensabas en mí?
Tenten sonrió ante su arrogancia y descaro sin igual, sacó un chocolate del cajón del escritorio ofreciéndole un trozo. El hombre lo aceptó llevándoselo a la boca y saboreando el cacao amargo.
La castaña fue consciente de la entrada del sacerdote por la puerta, se irguió más de la cuenta, sintiéndose atrapada en un acto desagradable. A pesar que no estaba pasando nada en el cuarto. Se dirigió hacia ella, sin apartar la mirada de la fémina, como si quisiera ignorar al hombre ahí, a pesar de que se habían saludado mutuamente en un cortes pero frio saludo.
―Tenten, ¿tendrás la lista de los eventos del mes siguiente? ― Ella asintió mientras rebuscaba entre las carpetas del archivero que tenía detrás suyo.
Kankuro sacó un par de paletas de la bolsa del pantalón, dejando una en el escritorio de la chica, mientras ella no miraba. Aunque esa acción no pasó desapercibida por el sacerdote.
―Estas ocupada, por lo que me iré. ―Kankuro se levantó con la intención de salir de ahí, pero regresó sobre sus pasos.
La castaña dio la vuelta con una carpeta en manos y rebuscando entre los archivos ahí, hasta que encontró el que necesitaba. Le ofreció el papel al clericó quien lo tomó, pero no se movió de su sitio. En su sitio leyó el papel que tenía en las manos.
― Tenten, olvidé decirte, necesito que vengas a la fiesta de Suki luego de la ceremonia religiosa.
La castaña levantó una ceja ante aquella invitación, no le estaba preguntando ni invitándola, parecía un tipo de orden disfrazada de súplica. Realmente no esperaba que fuera invitada. No había sucedido antes, además que no es que esperaba y quería ir a las fiestas de la gente que celebraba ahí. Pensaba que podrían tornarse aburridas.
― ¿A qué hora será? ―Luego de unos segundos de considerarlo, pensó que una negativa no sería bien recibida, además si él estaba podría ser divertido.
―Una hora después de la ceremonia, ya sabes, para dar tiempo a Suki de cambiarse y arreglar todo en el local.
Tenten asintió mientras correspondió a la sonrisa del castaño, en un gesto gentil. Ambos giraron la cabeza un poco, lo suficiente para percatarse de la mirada inquisitiva del sacerdote quien miraba con gran intensidad la escena. Había permanecido tan callado que habían olvidado por un segundo su presencia.
Kankuro se movió nervioso mientras se rascó la cabeza en un intento de despejar el ambiente incomodo que había. Hubiera querido invitarla con mayor privacidad, pero ese sería el último día que iría a la iglesia. Se lamentó de haber esperado tanto.
―Padre, usted puede venir si quiere. ―El hombre cedió ante esa mirada encima de ella buscando de alguna forma salirse de eso.
La fémina podía ver al Sabaku No nervioso, no estaba acostumbrado a la difícil personalidad del sacerdote de esa iglesia. Pero consideró un desacierto el hecho de invitarlo. No recordaba cuantas veces habían invitado al sacerdote a diversas fiestas de las celebraciones que oficiaba. Él siempre se negaba, no le gustaba ni ir a cenar a las casas ni nada que involucrara socializar. Era tan ajeno a esas cosas que Tenten no podía imaginarlo entre tanta gente sin su ropa de sacerdote.
El solo hecho de haberlo invitarlo a cenar a la casa de Umi había sido todo un reto, solo porque no le habían dado la oportunidad de negarse. Aún no entendía porque había decidido ir. Tal vez de vez en cuando se veía obligado a aceptar ir a los domicilios, aunque en todo ese tiempo Tenten no recordaba que hubiera ido a cenar a otra casa.
―Iré.
Sin más, dio media vuelta, entrando a su oficina. Tenten se quedó enmudecida en su sitio, observando la puerta cerrada de la oficina sin poder creerse lo que había escuchado, sin salir de su estupor inicial.
¿Neji había dicho que iría a una fiesta? Eso era completa e irrevocablemente imposible.
.
.
.
Entró a su oficina conteniendo las ganas que tenía cerrar la puerta con fuerza con la intención de ahuyentar a aquel hombre de la recepción. Caminó lentamente hasta alcanzó su silla, dejándose caer por pesadez.
Era algo que había visto venir hace tiempo.
El hecho de que un hombre buscara cortejar a Tenten ¿Por qué le estaba afectando tanto? Tal vez porque había pasado más rápido de lo que esperaba. Pensó que no había tenido que preocuparse por nada de eso. Que su convivencia seguiría de la misma forma desde que se habían arreglado.
Todo se había torcido cuando al regresar de brindar paz a un hombre en el hospital, encontró a aquel hombre besando la mano de Tenten. Lo cual no hubiera sido tan alarmante si no se hubiera percatado de las mejillas sonrojadas de la fémina. Eso había despertado una incomodidad y una desazón en la boca de su estómago. Cuando se había presentado ante él, sujetó su mano con más fuerza de lo que proponía, impulsado por aquellas sensaciones que buscaban dominar, tan desconocidas para él.
Hubiera querido decirle tantas cosas en ese momento, pero se enfocó en el hecho de que algo como eso estaba mal visto en la iglesia. Atribuyó aquellos sentimientos negativos a su malhumor por no haber comido en el día. Solo había sido un momento de debilidad que no volvería a repetirse. Su molestia fue detectada por el sacristán quien le había preguntado qué pasaba cuando Tenten salió temprano.
― ¿Qué sucede Neji? Ese temperamento está saliendo más de lo normal.
―Encontré a Tenten haciendo algo impropio con aquel hombre. ―Dejó salir los pensamientos que lo atormentaban, arrepintiéndose al instante. No solía hablar en voz alta sobre esas cosas.
Kiba lo miró conteniendo una risa, podía intuir que estaba exagerando. Siempre exageraba sobre las cosas. Sobre la vestimenta, hablar fuerte en la iglesia, los niños corriendo en la iglesia o la limpieza de ciertas áreas. Supuso que aquel acto impropio había sido algo sin importancia que él estaba magnificando.
―Deberías relajarte, Tenten no haría nada inapropiado en la iglesia. ―Recordó como ella lo había rechazado. ―Aunque me asombra la presencia de Kankuro.
― ¿Lo conoces?
―Por supuesto, es voluntario en el comedor comunitario. No hablé con él, porque su atención estaba únicamente en Tenten, no le quitaba los ojos de encima, aunque claro ¿qué hombre puede? ―Kiba rio ante esa verdad.
Él mismo no le quitaba los ojos aunque sabía que no tenía oportunidad. Tenten no estaba interesada en nadie o eso dejaba ver. Estaba enfocada en su trabajo. Podía percibir que Kankuro lo sabía y aún así parecía no rendirse. Lo admiraba por eso.
Neji sabía que era una verdad absoluta, pero escuchar que eso sucedía fuera de la iglesia lo dejaba intranquilo. Sabía que Tenten tenía una vida fuera de ahí, considerando que pasaba gran parte del tiempo trabajando. Pero había días donde salía temprano o se tomaba días libres ¿qué pasaba en esos momentos? ¿Acaso…estaba saliendo con Kankuro? Esa idea lo alteró aún más. Ella había dicho que sentía cosas por él, si eso era así no debería hacerlo a menos que como le había dicho semanas atrás se diera cuenta que no valiera la pena.
Hablar con Kiba en vez de tranquilizarlo, lo había alterado aún más. Por lo que se alejó de ahí, con un malestar más fuerte del que había venido. Pensó que el tiempo lo calmaría, la paciencia magistral que todo sacerdote tenía.
Pero Kankuro regresó una y otra y otra vez a la iglesia. Estaba tan presente en todos lados que Neji comenzó a sentir incomodo ahí. Sabía que si veía algún otro acto de insinuación entre ellos no podría controlar su siempre reservado carácter.
Siempre se había regido a que sus acciones fueran guiadas por el amor y la bondad de Dios, sin que ningún otro sentimiento hiciera presencia. No tenía permitido sentir desde pequeño y más cuando entro al monasterio por sus estudios. Debía ofrecer entendimiento, ser una guía por los hijos del señor que buscaban un consuelo. Se preguntó si su deber era brindar comprensión sin juzgar y ser el vínculo para el perdón, quien lo entendería a él y las cosas que lo atormentaban.
Se había sentado enfrente del altar, arrepintiéndose de los pensamientos negativos originados por Kankuro. No tenía nada real contra él. O eso es lo que quiso creer.
Los momentos que disfrutaba con la castaña se vieron obstaculizados por la presencia de aquel hombre quien tenía el tiempo suficiente para invitarla a comer o esperar por ella al salir. Neji no quería seguir viendo eso, por eso se mantuvo lo más apartado que pudo de su oficina, centrándose en las distintas actividades que tenía. Misas, visitar a personas mayores que no podían ir a la iglesia, ayudar a Kiba en sus actividades, las pláticas para confirmación. Con el único pensamiento de que eso era lo que se suponía que debía suceder y que tenía que aceptar las cosas.
Aunque esa resignación lo dejaba tan intranquilo, que se mantuvo fuera de la iglesia. Hasta esa tarde, cuando los encontró ahí en la recepción. No hacía nada, pero se fijó de la manera en la cual el hombre miraba a la castaña, tan intensa, como… si anhelara tanto estar con ella. Había decidido pedirle a la castaña los papeles de los eventos futuros en una pobre excusa para no dejarlos solos. A pesar de que sabía que lo correcto era salir de ahí. Fue testigo de cómo aquel hombre la invitó a la fiesta posterior a los quince años.
Más precisamente a la palabra "necesitar" que había quedado bastante clara. Kankuro necesitaba que ella fuera o era lo que dijo. Pero ¿él la necesitaba tanto como Neji? Aquel pensamiento lo sacó de todo balance ¿necesitar?
Neji Hyūga no necesitaba a Tenten.
Era eficiente para su trabajo, adaptándose a diferentes tareas, brindándole un apoyo que jamás había recibido, ni del mismo Kiba. Pensó en sus labios sobre los suyos y un sentimiento de anhelo llenó su pecho. Había estado reviviendo aquel último encuentro en su casa, más específicamente a la sensación de los labios femeninos danzando sobre los suyos. Y más aquel primer beso furtivo.
Y preso de esas imágenes decidió que iría a aquel evento del cual no tenía ganas de ir, con un único propósito. No dejar a Tenten sola con ese hombre. El hecho de imaginarla en la misma situación con Kankuro, Kiba o cualquier otro hombre que no fuera él lo impulsó a aceptar.
Fue hasta que entró a su oficina que se dio cuenta del error que había cometido, dejándose llevar por pensamientos inapropiados para él. Pero aquel hombre ahí, lo alteraba de forma que no había experimentado. Desatando un lado irreconocible para sí mismo, algo inaceptable. Decidió que debería controlarse más, con la mente despejada, lo cual fue sencillo por la ausencia del hombre el resto de la semana.
El domingo llegó con rapidez, terminando las confesiones en la mañana y dirigiéndose a vestirse para la boda que en breve tendría acto de presencia. Esperaba que la novia, como muchas veces sucedía, no llegara tarde o afectaría el horario que tenía establecido.
Cuando vio el escritorio vacío recordó, sin querer, la última confesión que había recibido ese día. De aquel chico rubio que solía ir de vez en cuando, quien no solía mirarlo a la cara, como si se avergonzara de estar ahí.
―Ha vuelto a pasar padre, no sé qué ha pasado, simplemente no pude contenerme al verlo ahí y simplemente lo he hecho. Me siento tan mal conmigo mismo dattebayo.
Neji miró a algún punto en la puerta de manera. Naruto Uzumaki, había estado omitiendo cosas en sus confesiones. Cualquier otro sacerdote hubiera reaccionado mal al sentir que mentía, pero realmente no lo hacía. Solo omitía el sexo de la persona a la cual se refería. A veces solía usar "ella" corrigiendo el "el" cuando se daba cuenta de lo que había dicho. Era un alma perturbada por lo que la gente podría decir que se referiría a un hombre en sus confesiones.
Naruto pensaba que había cometido el peor pecado posible, enamorarse de un hombre.
Sabía que el rubio no era consciente que el sacerdote lo sabía desde la primera vez que había decidido confesarse. Fue sencillo suponerlo. De haber sido una mujer de la cual estaría hablándole, en primer lugar no estaría ahí. No habría nada de que arrepentirse de enamorarse del sexo contrario. Pero su moralidad de alguna forma le decía que era incorrecto.
― ¿Por qué te sientes tan mal? ―Habló Neji con tanta calma, tan particular en él. ―Si él está de acuerdo, no veo el problema. ―Habló en un intento de probarlo.
―No me entiende, todo esto esta mal. ―No se había percatado de que el sacerdote se había referido a un hombre.
―El amor no es nada malo, Naruto. No deberías negarte a sentirlo.
La cabellera rubia se agitó confuso ante sus palabras, era la única persona con la cual podía hablar de todo eso, su situación con Sasuke quien parecía no estar afectado con el hecho de compartir besos apasionados detrás de los árboles, con sus amigos a un par de metros y la novia del Uchiha.
―El amor no es el problema, Padre. Nunca ha sido el problema, soy consciente de lo que siento y no me da miedo ir en contra de todo lo que dice la sociedad por dejar de fingir, el problema es que él, ella, sigue intentando aparentar algo que no es.
Neji se sorprendió de la madurez de sus palabras, de su decisión de enfrentar los estereotipos. Él mismo se sintió movido por esas palabras, que hicieron eco en su cabeza.
―Háblalo con él, podrán hallar una solución. Podrías decirle que venga a hablar conmigo. ―Vio la mueca del rubio que indicaba que eso jamás pasaría. ―Solo debes confiar en ti y en el camino que el señor tiene trazado para ti y todo se resolverá.
Sabía que desde hace tiempo Naruto había dejado de avergonzarse del amor que sentía y que solo asistía con él por consuelo, un consejo que no podía pedirle a nadie más por miedo a ser juzgado. Sasuke Uchiha, era una persona bastante complicada, oponiéndose a aceptar sus sentimientos aunque eran evidente. Neji recordaba haberlos visto besándose en el bazar de la iglesia tiempo atrás.
Naruto le agradeció mientras se acercaba a las bancas donde se sentó mirando el altar un largo rato. Neji no le pondría ninguna penitencia, no había ningún pecado a amar, eso sería bastante injusto. Dios aceptaba a sus hijos por iguales, sin importar nada más.
Al salir de la iglesia había visto a Ino llegar con los arcos de las flores para adornar el pasillo, con Sakura caminando por atrás con varias cosas en las manos para ayudarla, para la boda que tendría lugar pronto. Salió de ahí antes de que lo vieran y lo entretengan antes de la boda. Tenía que resolver algunas cosas y descansar un poco antes de la ceremonia
Estaba por entrar a su oficina, las palabras resonaban en su cabeza no dejaban de darle vueltas, era algo que le habían enseñado desde pequeño, que Dios amaba a todos sus hijos por igual. Él creía fervientemente en eso. Con los pensamientos resistiéndose a dispersarse, se dirigió al baño que estaba en el extremo contrario. Ingresó mojando su cara con la intención de diluir sus pensamientos. Miró su reflejo en el espejo, como fruncía el ceño sin haberlo notado. Relajó sus facciones respirando profundamente, aún estaba iniciando el día. Debía serenarse.
Salió del baño con la intención de arreglar los últimos detalles para entregar los papeles de confirmación próximos. Se detuvo abruptamente cuando vio a la castaña caminando por el pasillo y detenerse enfrente de él al ver su presencia, recibiendo una sonrisa en forma de saludo.
― ¿Qué haces aquí? ―Es lo primero que se le ocurrió decir.
No esperaba verla ese día, había decidido dárselo libre ya que no había pendientes y estaba la cuestión de la fiesta. Eso y que no había tomado un descanso esa semana. Cualquiera podría pensar que la explotaba al verla ahí todos los días, pero ella siempre quería ayudar y los pendientes no les habían dejado tranquilos hasta ahora.
―Olvidé el cargador de mi teléfono ayer, quería cargarlo antes de salir. ―Apuntó hacia la recepción. ―Solo he venido rápido pero…
Algo llamó la atención de la castaña quien dio un par de pasos hasta invadir su espacio personal. Neji retrocedió de forma instintiva hasta que chocó con la pared que estaba de lado paralelo al baño.
―Tenten ¿Qué estás haciendo?
La fémina con una blusa de tirantes blanca con un ligero escote y una falda de tablones que le llegaba hasta las rodillas de color negro despertó el nerviosismo en su cuerpo. Sus cuerpos estaban por tocarse, solo bastaba un medio paso más. Neji intentó pensar con claridad, convenciéndose que debería alejarse o empujarla, aunque esas órdenes no llegaron a efectuarse.
―Espera, Neji.
Tenten levantó sus manos alcanzando el cuello del clericó, sintió los dedos femeninos tocar la piel descubierto de su cuello. Su cuerpo se estremeció en consecuencia.
La chica sonreía divertida ante el estado del Hyūga. Lucia nervioso, expectante… como si esperaba algo más. Un regocijo interno la invadió, deslizó más adrede los dedos en su cuello por una caricia. Sin poder contenerse se acercó lo suficiente para inhalar el aroma masculino que desprendía la piel masculina.
Neji sintió el aliento en su cuello sintiendo como su cuerpo cedía por completo, desatando una memoria sensorial. Recordaba los labios femeninos encima de su cuello, en aquel encuentro en su casa, que luego de que ella se retiró notó como le había dejado una mancha con ese labial en la piel. Se lo había retirado con efusividad con ayuda de agua y jabón, pero la sensación no desapareció en el resto de la noche. Un movimiento en su vista periferia lo hizo concentrarse en el presente, tomó los brazos de la chica en un intento de alejarla de ese acercamiento. Esa era la idea inicial, pero no lo hizo.
―Tenten, alguien podría…
―Listo. ―Sonrió divertida la chica. ―Tu cuello clerical estaba por caerse, solo lo estaba arreglando.
El Hyūga se avergonzó por su malpensar, de que ella buscaba algo más. Su mente lo estaba traicionado últimamente, recordando cosas que había decidido dejar atrás, siendo más consciente de la cercanía de la chica y hasta en sus propios sueños, donde la fémina se presentaba con fuerza, con esa sonrisa coqueta, una mirada atrapante y acercándose peligrosamente a él en su oficina. Se recriminaba a si mismo cada que despertaba con esa imagen mental en su cabeza, diciéndose que no se repetiría. Que debía reprimir todo eso y dejarlo de lado. Alejarse lo más que pudiera de la tentación, de lo que la simple presencia de la chica le ocasionaba….O tal vez no quería.
Neji Hyūga estaba dejando ser alcanzado por el fruto prohibido.
.
.
.
Lo subo por aqui este día por que había olvidado subirlo acá, pensaba que si lo había hecho. El viernes traigo la continuación normal.
¿Reviews?
