Delirium


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La guirnalda de flores de la entrada de la iglesia en forma de arco resplandecía con los tersos rayos del sol que acariciaban como un suave susurro los pétalos de las rosas blancas y rosas pastel brindando una apariencia romántica y enigmática al recinto. Las hojas verdes que estaba en la base fungían como enredaderas delicadas se contraponían en un vaivén eterno entrelazándose con gracia y elegancia, resaltar aún más los colores de los elementos principales.

Ino Yamanaka colocó una guirnalda en forma de arco en el centro del pasillo, esa ocasión serían tres arcos por todo el corredor. Por claras razones el de la entrada era más elaborado con todos los elementos entretejidos. Había dedicado dos días a que quedaron perfectos, además que había tenido varios pedidos en la florería. Le dolía el cuello por estar inclinada tantas horas.

Fastidiada giró la mirada donde se había ido Sakura hace un par de minutos, hizo una mueca. Se suponía que había ido ahí para ayudarla porque Sai tenía pendientes que entregar. Por eso aunque Sakura no contaba con mucha fuerza física, una mano no le vendría bien. Sin embargo, estaba demorando cuando lo único que le había pedido era que fuera a ver si tenían en la iglesia un rociador para mojar las rosas en las guirnaldas y así evitar que se marchitaran.

Tal vez estuviera intentando llamar la atención del sacerdote, como tantas otras veces había hecho desde que fue transferido a esa iglesia. Algo realmente absurdo, él jamás hablaba, cedía o le hacía caso a nadie, su devoción era tal que jamás se vería tentar por una mujer. Sakura debería tener eso en claro y dejar de perdiendo el tiempo.

Sus nervios se alteraron cuando la parte final de la guirnalda se deshizo, soltó un grito seco y movió sus manos con rapidez para reparar esa parte. De reojo pudo ver a Sakura llegar a su lado, inclinándose para recoger las rosas que habían caído al suelo. Ino le dedicó una mirada matadora, presa de la ansiedad por que las cosas no parecían estar saliendo del todo bien.

―Frentona ¿Dónde está el rociador? Te has tardado una eternidad, es impensable que no lo tengas.

La rubia volteó el rostro para dejar en claro que estaba furiosa, pero el gesto de Sakura estaba ausente, como si sus manos se movieran en el arco pero su cabeza estuviera en algún otro lugar lejano.

―Sakura ¿Qué pasa? Parece que viste un fantasma.

Su piel nívea se veía más blanquecina, dándole una apariencia enferma, sus pupilas estaban contraídas y tenía torcida la boca en una mueca de desagrado.

―No es nada Ino. ―Terminó de enredar la flor en el arco. ―No tenían rociador.

La dueña de la florería enloqueció, debía ir a buscar una y no tenía tiempo. Le encargó a su amiga poner la última guirnalda y ella salió corriendo hacia el local. Odiaba que ese tipo de cosas sucedieran, sentía que sus descuidos la hacían trabajar innecesariamente.

Pero más preocupante era ¿qué era lo que Sakura no le quiso decir?

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Neji ingresó a la iglesia por la puerta derecha que conectaba el recinto con la parte administrativa. La gente se levantó ante su presencia, sus ojos malva se fijaron en los novios que tenía enfrente. Parecían nerviosos, aunque una sola mirada entre ellos pareció liberar la tensión y hacerlos sonreír.

Agradecía que asistieran sin retrasos y había un número reducido de gente en las primeras bancas, lo cual indicaba que o los invitados solo buscaban asistir a la fiesta, dejando de lado la parte ceremonial o era una boda modesta. Miró a su lado izquierdo encontrando al coro de la iglesia, Konohamaru sonreía, la marcha nupcial había sonado como un dulce susurro haciendo eco en todo el recinto. Habían logrado contratarlos en ese evento igual, por lo que imaginaba que estarían extasiados.

La ceremonia avanzó sin contratiempos ni nada diferente, ofreciéndoles el santo sacramento del matrimonio a la nueva pareja que tenía enfrente. Neji disfrutaba mucho oficiar bodas, los novios habían decidido compartir su vida con la bendición del señor, un acto que en la actualidad estaba siendo dejado de lado. La gente prefería vivir en unión libre o solo unidos por las leyes, algo inconcebible para él. Sin la aprobación de Dios, estaban viviendo en el pecado.

Además que la unión por la iglesia significa amor, compromiso y que estabas dispuesto a pasar tu vida con aquella persona en los momentos buenos y malos.

Lo más correcto a decir es que Neji disfrutaba cada uno de los sacramentos de la iglesia, el bautizo, confirmación, comunión y boda. Todos tenían algo especial, un momento importante en cada persona que esperaban que lo atesoraran.

Dio finalizada la ceremonia bendiciendo a los recientes esposos y salió por el pasillo sin esperar. Encontró a Kiba en su oficina jugueteando con una pluma que tenía en su escritorio. Se deshizo de su ropa que usaba para ofrecer misa...

―Necesito comer, realmente lo necesito.

Kiba había salido tan rápido como las palabras del sacerdote le dejaron en claro que había terminado la ceremonia y con eso su trabajo con un rato. Siempre se preguntaba como Kiba podría soportar los ayudas eucarísticos cuando parecía tener un estomago sin fondo. Siempre quería comer, buscando algo para mantenerlo con la energía necesaria. Por eso irrumpía en su casa para devorar los pasteles que Sakura solía llevarle. Aunque recientemente la ausencia de la mujer era evidente, lo cual agradecía. No le desagradaba su compañía, sin embargo, no le era del todo cómoda.

Salieron a la cocina económica cercana para poder comer, tenían un lapso de tiempo antes de que la última misa del día se efectuara. Aquella donde volvería a ver a cierto castaño, recordando que se había comprometido a ir a su fiesta. Suspiró una vez que su plato estaba vacío, pensando en faltar alegando alguna cosa. Nadie vería mal que fuera, además que sabía que no había sido la intención de Kankuro el invitarlo.

Permaneció en su oficina las horas libres que tenía firmando el certificado de confirmación de haber finalizado el catecismo. El próximo domingo efectuaría la misa de ceremonia. Le gustaba terminar las cosas antes, lo hacía relajarse al haber finalizado el pendiente antes de tiempo.

Las campanadas en lo alto de la iglesia y haciendo eco en todos los alrededores dejaron en claro que pronto daría inicio a la siguiente misa. Neji tomó un poco de agua para hidratar su garganta, el hablar en las ceremonias siempre lo dejaba sediento. Seguía buscando excusas para no ir a la fiesta, el hecho de que no estaría cómodo, no ingería alcohol y el ruido excesivo lo estresaba. Concluyó en buscar una excusa adecuada para su ausencia si en algún momento le preguntaban, lo cual no pensaba que sucediera.

El tercer llamado le indicó que era momento de salir de ahí y dirigirse a la iglesia. Atravesó los pasillos con su ropa puesta y vio a Kiba esperando en el altar con su ropa blanca representativa de sacristán.

Fijó su atención en la chica que tenía enfrente con un vestido purpura con una caída en cascada hasta los pies. Un chal plateado cubría sus hombros desnudos que no eran permitidos en el recinto y los accesorios iban a juego. Los arcos habían desaparecido y en cambio había ramilletes en las orillas junto al pasillo con flores más silvestres que jugaban con el atuendo de la chica.

Su mirada malva recorrió a los invitados, encontrándose con unos ojos castaños fijos en ella. Su pecho se estremeció al verla en un vestido rojo con caída de cascada que le llegaba por debajo de las rodillas, con un ligero maquillaje acompañado de aquel labial rojo y el cabello suelto, como a él le gustaba verla. Se veía atrapantemente encantadora, mucho más que de forma normal cuando trabajaba en la iglesia, si es que era posible.

En la iglesia ella solía vestirse adecuadamente sin resaltar demasiado, sabiendo las políticas del sacerdote sobre enseñar de más en la casa de Dios. Pero ella no lo necesitaba, su belleza era natural estuviera de la forma que estuviera. Su propia piel emanaba un aroma sensual y hechizante que evitaba que dejaras de mirarla. Neji tenía que ofrecer resistencia para no mirarla demasiado. Ahora parecía como si esa belleza se hubiera duplicado, destellando en la sala como una estrella en manto repleto de constelaciones.

Desvió la mirada a regañadientes dando por iniciada la misa, avanzando sin ninguna complicación. Las lecturas con voluntarios, el evangelio pasaron sin interrupciones. La omilia se extendió más de la cuenta, en un intento de que la ceremonia no terminara y pudiera disfrutar de la vista que tenía. Hasta que detectó un movimiento por el ala derecha viendo a Kankuro entrando, con un rostro de disculpa por la tardanza. Su rostro se movió por el lugar detectando a Tenten y se acercó hasta ella, lo suficiente para susurrar algo en su oreja, causando una risa en la castaña.

Neji desvió la mirada, mientras iniciaba con la comunión, había una reducida fila a la cual ofrecer el cuerpo de cristo. La música de fondo resonaba en toda la iglesia destacando cada una de las voces de los chicos del coro. Una vez que ofreció la última ostia su mirada observó como Tenten le decía algo en la oreja al castaño que lo hizo sonreír y asentir.

Un desazón golpeó la boca de su estómago con fuerza, mientras daba por terminaba la misa. La quinceañera se quedó cerca del altar donde sus familiares se acercaron para tomar las fotos correspondientes.

En ese pequeño lapso de tiempo dedicado a preservar los recuerdos en fotografías, Neji fue consciente de como la mano del castaño se perdió por la espalda de la chica, casi podía visualizar, como si tuviera un poder ocular que lo veía todo, como tocaba la parte baja de su espalda en un intento de mantener un contacto en su cuerpo. Lo vió acercarse más hacía el cuerpo de la fémina y susurrarle algo más. Recordando su primera motivación por la cual había aceptado ir a esa reunión, considerando que jamás habían sido de su agrado por todos los elementos que no iban consigo. Dejó de lado todas las excusas que había pensado antes de la ceremonia.

Si, definitivamente Neji Hyūga no faltaría a esa fiesta.

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Kankuro se despidió de Tenten dejando en claro que la vería en la fiesta. La idea es que se fuera con él, pero el castaño tenía que buscar un par de cosas antes de ir a al local. Tenten iría a buscar su bolso que había olvidado en casa, por las prisas de salir cuando escuchó el segundo llamado.

Debía admitir que estaba emocionada, hace tanto que no iba a una fiesta y Kankuro le prometió que sería grandiosa. Recordó sus tiempos donde solía ir a club de baile donde los hombres la sacaban a bailar hasta que no sentía sus pies. El ruido de la música era tan fuerte que le impedía pensar, entregándose a sus sentidos incrementados.

Sabía que no sería algo como eso, pero disfrutaría el ambiente en la pista y tomar un par de copas. Su intención no era estar tanto tiempo ahí, pero dependía de como fuera todo. Mientras llegó a su casa encontró su bolso en la sala, sacó la comida que había dejado en el horno lista para que comiera Umi y revisó su móvil.

La confusión la llenó al ver un mensaje de Neji que abrió sin pensarlo. Había una única frase, más bien una pregunta, que le pedía la dirección de la fiesta. Tenten recordó que el sacerdote iría. Cuando había dicho que asistiría pensó que estaba bromeando o que al final terminaría desistiendo. Por eso al ver ese mensaje la fémina escuchó su corazón latir con fuerza.

Era el primer mensaje que el Hyūga le enviaba, a pesar que tenía su número desde que se había ausentado en la iglesia meses atrás. Tal vez él no tenía el suyo y Tenten se contuvo de enviar algo que delatara su interés por el castaño. Tecleó la dirección del local, cercano a la iglesia y lo mandó, esperando una respuesta. Sin embargo, nunca llegó. Instintivamente se miró en el espejo de cuerpo completo que tenía en su cuarto, comprobando que estaba todo en su lugar. Peinó su flequillo ¿Por qué de pronto se había puesto tan nerviosa?

Sin pensar demasiado salió de la casa, dejando una nota para Umi que tomaba la siesta y pidió un Uber, con las expectativas altas sobre qué sucedería en aquella fiesta.

Llegó al local luego de un par de minutos, no se encontraba lejos. Cerró la puerta del auto al bajar y se acercó a la entrada desde donde podía escuchar el retumbar de la música saliendo del establecimiento. Entró detrás de una pareja que estaba llegando al mismo tiempo que ella. La música golpeó sus orificios auditivos, observó a la quinceañera que saludó a la pareja que había llegado, suponía que serían amigos suyos. En ese momento Tenten se preguntó si Kankuro debió invitarla considerando que era un evento de su sobrina y fuera algo más familiar. Tal vez podría salir de ahí, solo podía ver la pista de baile vacía y a un nombre poniendo música electrónica. Uno de los animadores indicó que pronto la quinceañera bailaría y que deberían tomar asiento.

― ¡Tenten! ―La chica volteó a ver por quien le hablaba, encontrando a Kankuro acercándose con una sonrisa amplia. ―Qué bueno que llegaste, vamos.

La tomó de la mano sin ninguna restricción, atravesando la pista y ocupando una mesa donde estaba la hermana de Kankuro, se enteró cuando se la presentaron aunque la rubia llamada Temari simplemente la miró con intensidad mientras desviaba la atención hacia su esposo, Shikamaru.

El presentador empezó a hablar y empezó el baile central de la chica que no parecía demasiado animada al girar alrededor de bailarines. Su personalidad era tan distinta a su tío, que era tan hablador y animado. Entendió luego, cuando las personas del público pasaron a bailar con ella, que era igual a su padre, Gaara. La misma expresión sería e indiferente. No entendía como Kankuro podía ser de la forma que era considerando a su hermana que parecía tener un carácter fuerte y rígido y por otro lado Gaara que era tan reservado y serio. Eran una familia peculiar.

Posteriormente hubo un baile más urbano donde la chica parecía más animada mientras usaba otro vestido más ligero y con el que se podía mover más libremente. Todo el acto finalizó con aplausos y un brindis. Tenten sintió una mano tocar la parte baja de su espalda.

―Hay un problema con las bebidas, vuelvo enseguida.

Tenten vio a Kankuro alejarse, parecía que había olvidado el concepto de espacio personal. Desde la iglesia parecía empeñado en cortar la distancia entre ellos. A pesar de que había dejado las cosas claras con el castaño, sus ojos castaños la recorrieron con total deseo cuando la vio en la iglesia. Y ahora mismo no parecía dispuesto a dejar ir alguna oportunidad, por mínima que fuera. Se preguntó si debió ser más contundente o tal vez no hubiera venido. Aunque el que la deseara con tanta intensidad no tenía nada de malo… se sentía halagada de despertar esos sentimientos incontrolables del hombre. No es que fuera a pasar nada más, o quizá…

Su mirada recorrió el lugar detectado algo en la entrada del establecimiento. Sus pupilas se dilataron y una sonrisa sugerente surgió de sus labios. Se levantó sin que ninguno de los hermanos de Kankuro lo notara, con su copa en mano y caminó a paso firme, con la música resonando por todos lados, motivando a la gente a pasar antes de comer, a bailar un poco. Su cabello se meneaba en cada paso, mientras más se acercaba a su presa.

Tomó asiento sin más en la mesa más alejada de la pista, colocando su mano en el hombro masculino y acercando los labios rojos a la oreja masculina.

―Neji Hyūga fuera de la iglesia, que privilegio. ― Su voz salió aterciopelada alcanzó la oreja del hombre.

Tenten lo sintió estremecerse ante su voz, usando toda su seducción en ella. Cosa que no fue a propósito, simplemente Tenten podía escuchar los latidos de su propio corazón latiendo ante la visión que tenía enfrenten.

Neji Hyūga fuera de cualquier atadura religiosa era la cosa más malditamente sensual que hubiera visto en su vida. Aquellos pantalones negros que dejaban ver sus largas piernas y ocultaban aquello que tanto anhelo buscaba probar. Acompañado de una camisa de botones azul clara, con las mangas arremangadas hasta los codos. Sin ningún cuello clerical ni nada que indicara su profesión. Tenten a esa distancia pudo oler el olor corporal fuerte en el cuello, casi se lamía los labios por el repentino deseo que sintió.

Todo su ser tembló cuando el giró el rostro y la observó con una intensidad que la atravesó. La música resonando en toda la sala y tal parecía que solo existían ambos. Neji bajó su mirada un instante contemplando las piernas cruzadas de la fémina casi por tocar las suyas.

Tenten se alejó un poco mí, controlando aquel instinto animal que la invadía y dio un largo trago a su bebida hasta vaciar el contenido. La dejó en la mesa, prontamente un mesero llegó a rellenarla. No podía despegar los ojos del Hyūga quien sin verlo venir, se llevó el trago de su copa a los labios, tomando un poco del líquido.

Vaya, vaya, Neji Hyūga parecía tan diferente ahí, tan masculino y normal.

―Pensé que no vendrías. ― Se acercó lo suficiente para susurrarlo a su oreja, la música y el sonido de la pista hacia complicado el comunicarse de otra forma.

―Me comprometí a hacerlo. ―él se acercó, hablando en la oreja de la fémina.

Tenten sintió como su piel reaccionó en consecuencia a la voz profunda cercana y el aliento acariciando el lóbulo de su oreja.

― ¿Esa es la única razón por la que viniste?

Tenten tenía el cuerpo girado por completo hacía él solo apoyando su codo derecho en la mesa. Neji estaba sentado tan correcto en su silla con ambos codos en la mesa. Pero si mirada estaba fija en la castaña, como si no pudiera dejar de verla.

Su cuerpo se giró ligeramente para acercarse a la oreja de la fémina, mientras entreabrió los labios.

―Yo…

El mesero irrumpió depositando un plato hondo enfrente de ambos, con una crema y un par de crotones encima. Ambos castaños se sobresaltaron, saliendo de ese ambiente privado que tenían y siendo de conscientes de la música ensordecedora de la pista de baile. Tenten se sentó correctamente en su silla, para llevarse una cucharada de crema a la boca sin muchas ganas. Quería escuchar lo que el Hyūga estaba por decirle, pero él mismo se entretuvo comiendo la crema que le habían servido.

Permanecieron callados, mirándose de vez en cuando. Sus manos se rozaron en dos ocasiones cuando ambos buscaron algo de tomar al mismo tiempo. Tenten sonrió avergonzada. No sabía si era el lugar, pero sus sensaciones estaban a flor de piel, podía sentir una corriente atrayente hacia el cuerpo que tenía a un lado.

Pensando en acercarse sin importar donde estaban y desarreglar la mesa. Intentó mantenerse serena, pensando en lo que una actitud como esa traería de consecuencia. La última vez Neji había enfurecido tanto que no habían hablado en una semana. Y eso fue en su casa, sin que nadie viera. Si ella intentaba algo en un lugar público, podría verse obligada de salir a la iglesia. Debía resistir un poco, si iba más despacio, tal vez. Refunfuñó ¿más despacio de lo que ya estaba avanzando? Si seguía a ese paso estaría de esa forma durante una década. No estaba dispuesta a esperar tanto.

Terminó su crema y el mesero trajo un plato de pechuga rellena con una guarnición. Debía admitir que la comida no era lo mejor, sabiendo que ella podría cocinar algo mejor sazonado y con mejor guarnición. Una vez que el plato estuvo vacío, inclinó su cuerpo hacía el hombre.

―Me alegra mucho que vinieras. ―Habló acercándose al sacerdote un poco, sin ninguna intención.

―Quería verte.

Tenten sintió su corazón golpear con fuerza al escuchar la voz profunda decir esas palabras. Por un instante pensó que lo había imaginado o que había escuchado algo más, debido a la alta música que había. Sin embargo, cuando reaccionó y levantó la mirada, se encontró la mirada malva mirándola fijamente, como si buscara decir algo más. Ambos cuerpos estaban girados, hasta quedar uno enfrente del otro. Tenten vio su mano apoyada en la mesa y como los dedos masculinos estaban tan cerca de los suyos. A punto de tocarse, su corazón resonando en sus orejas…

― ¡Tenten he estado buscándote! ― Tenten saltó en su lugar, siendo traída a la realidad como si saliera de las profundidades de una laguna que silenciaba sus orejas. La voz masculina resonó con fuerza en su oreja.

Kankuro estaba inclinado detrás de ella para que pudiera escucharla. La fémina giró en su lugar, dedicándole una mirada un poco forzada al recién llegado. ¿Tenía alguna ida de lo que acababa de interrumpir? ¡Ella misma no sabía que era! Pero algo estaba pasando, ella podía sentir su piel erizada por ese momento aunque no estuvieran tocándose. Pero el Hyūga la miraba de tal forma que parecía que lo hacía.

―Oh padre, vaya que sorpresa verlo aquí, se ve irreconocible. ―Kankuro habló mientras veía a Neji sentarse adecuadamente en su lugar. ―Espero que se esté divirtiendo.

Kankuro tomó la mano de la chica que estaba en la mesa con toda la confianza que su personalidad extrovertida le brindaba.

―Vamos a bailar.

Tenten giró el rostro para ver al sacerdote que estaba a su lado, pero este no parecía verla, solo giraba su dedo en la copa que tenía entre las manos. Una punzada dolorosa la aturdió, realmente esperaba que el sacerdote dijera algo, pensaba que esto que sucedía tenía algo de relevancia para él. Se sintió cansada, por que nuevamente había malinterpretado las cosas, pensando que había más donde no lo había. Ilusionándose por que posiblemente… Presionó los labios, frustrada y cedió al jalón que Kankuro hacía para ir a la pista. La castaña decidió no voltear hacia atrás. Pronto se hundieron entre la gente, uniéndose a la pista de baile.

Kankuro sonreía y saltaba al ritmo de la música electrónica que resonaba en todas las bocinas como el resto de la gente. Tenten se dejó llevar y decidió seguirle el ritmo, riendo ante las caras que Kankuro hacía o los comentarios graciosos que hacía sobre la gente que bailaba alrededor. La música le permitía perderse en el baile con el hombre que tenía enfrente, el calor de los cuerpos y el espacio reducido, solo podía pensar en Kankuro y la adrenalina que corría por sus venas. Quería liberarse de esos sentimientos tan fuertes que la embriagaban y que llegaban al punto de asfixiarla. Nunca se había sentido mal por sentir demasiado o desear a alguien. En su situación actual parecía que eso estaba mal y que debía reprimirse.

Tenten no quería reprimirse, quería sentir y disfrutar, dejarse llevar. Olvidarse de todo por un momento.

La música sensual empezó, por lo que vio a Kankuro acercándose y tomando sus caderas con las manos, pegando su cuerpo. El rostro del hombre se perdió en su cuello, podía sentir la nariz rozar la piel descubierta de su garganta.

― ¿Sabes lo realmente bien que te queda ese vestido? ― Kankuro pegó su boca a la oreja de la fémina, provocando que ella se estremeciera. ―No puedo dejar de verte, esa era tu intención ¿no?

Tenten siguió moviéndose en la pista, sintiendo el calor emanar del cuerpo contrario y los altos grados de lujuria. Kankuro jamás se había dado por vencido, estaba buscando una apertura, algo a lo cual aferrarse. Sentía la mano masculina en su espalda baja haciendo ligeros movimientos, acariciando su piel sobre la ropa.

―Sabes que la abstinencia y tú no funcionan, déjame probarte. ―La voz seductora llegó hasta la fibra de su espina dorsal.

Kankuro sabía lo que hacía y sabía cómo hacerlo, por eso ninguna mujer podría hacerlo. Los labios masculinos rozaron la piel de su garganta y el aliento erizó todo su cuello. Todo su cuerpo reaccionaba al deseo, el anhelo de la diversión que había dejado atrás hace tanto tiempo. Al placer que solo un hombre podría ofrecerle, el delirio de las caricias y los besos desenfrenados. Las manos en sus caderas quemando a través de la ropa y su voz susurrando su nombre y pidiéndole una oportunidad.

Los ojos malva atravesaron su cabeza, ardientes como el mismo fuego, consumiendo todo a su paso y hasta su propia alma. La intensidad y como bastaba con escucharlo para hacer temblar sus rodillas. Empujó al masculino que sujetaba su cintura para deshacer la cercanía. Mordía sus labios para mantenerse cuerda.

―Lo siento, necesito un poco de aire.

Los ojos de Kankuro centellaron sin salir de su estupor, consternado por tal rechazo. Sonrió con tal de aligerar el ambiente y asintió.

Tenten caminó con rapidez hacia el fondo del local, donde estaban los baños, sin poder apartar esa mirada malva inquisitiva de su cabeza. Lo odiaba tanto, por tener tanto poder sobre ella. Sin darle nada y sin permitir buscar algo más en alguien.

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Neji Hyūga observó a Tenten alejarse a la pista de baile con aquel hombre, mezclándose entre la gente, aunque desde su posición aún podía verlos. Contempló como la castaña al inicio parecía un poco renuente, sin embargo, cuando la canción avanzó más, comenzó a moverse tan animada como el resto de la gente ahí.

El ácido en la boca de su estómago se agitó, obligándolo a tomar un poco de la copa para apaciguarlo, sin éxito. Sabía que no debía haber ido, ya que se vería obligado a ver esa escena. A la fémina en brazos de alguien más, haciendo y disfrutando cosas que él jamás podría darle.

Lo había aceptado desde hace tiempo y se lo repetía cuando era necesario, cuando ella no salía de su mente, que no podría ofrecerle nada. Ella era una mujer libre, activa y pasional, hacía lo que quería sin limitaciones, sin cuidar sus movimientos o palabras. Él era un sacerdote, ese era su destino, el cual había aceptado sin objetar y que hasta hace tiempo le agradaba.

La música cambio y vio las manos de aquel hombre posarse en las caderas de la fémina y como ella no las retiraba. Convirtió las manos en puños. Él jamás podría bailar de esa forma con ella, besarla o disfrutar sin un gramo de culpa el mirarla la sensualidad de su cuerpo. Una tentación tan dolorosamente ridícula.

Cuando llegó junto a él, tocando su hombro y hablándole a la oreja con toda aquella sensualidad que la envolvía, Neji sintió su corazón detenerse. Sus ojos instintivamente se perdieron en el cuerpo moldeado por ese vestido y la piel tersa de sus piernas, en aquel ligero escote. Tuvo que tragar con fuerza y centrarse en sus ojos, aquellos tan brillantes y magnéticos que derretían toda su resistencia. De pronto todo su entorno desapareció, sin tener la capacidad de mirar nada más que no fuera ella. Y solo escuchando su voz aterciopelada derritiendo su interior, preguntándole las razones por las que estaba ahí.

Casi decía que había ido por ella, que era la realidad.

Por qué no soportaba la idea de que ella fuera sola, cuando Kankuro parecía bastante seguro de lo que quería y sentía. Tan evidente por la forma en la cual la miraba. Algo que él no podía reconocer, lo cual lo enojaba aún más.

Volteó a ver a la pista de nuevo y la forma en la cual ese tipo la sujetaba. Él ni siquiera podía tocarla. Nada de lo que cualquier hombre normal podía hacer. Aunque todo su cuerpo quisiera poder hacerlo, poder besarla sin restricción, sentirla. Cuando pensaba en esos deseos, la culpa caía con fuerza sobre sus hombros, al saber que todo eso estaba incorrecto. Había hecho un voto de castidad implícito, no se le permitía pensar en ninguna mujer, reprimiendo todos sus instintos. No podía sentir nada por el sexo femenino, sus ojos no podían desviarse. Debía entregar su vida a impartir la palabra de Dios y ayudar a las personas, ese era su deber en la vida. El deseo y anhelo por una mujer estaba prohibido. Algo con lo cual jamás tuvo problema, hasta que ella llegó a su vida.

Haciendo un cambio de 180°, desordenando todo a su paso.

Su vida, su interior y sus propios sentimientos. Algo en lo cual había evitado pensar pero que esa noche, al estar ahí, hablando sobre la música, sin tocarse, había entendido. Algo que existía desde hace mucho tiempo y la razón por la cual había dejado atrás toda su rectitud en aquel campamento, iniciando aquel contacto. Qué tenía sentimientos incontrolables por Tenten. No sabía cuándo había pasado, el momento exacto, pero ya no podía escapar de ellos. No podía reprimirlos, cada vez sentía que la necesitaba.

Se sintió enfermo, el pecado pesaban con agonía en sus hombros, sin poder apartar la mirada de la pareja en la pista de baile. Quería estar con ella, por primera vez en su vida deseaba algo con tanta intensidad que su ausencia dolía en carne propia. Y más al verla con alguien más, riendo y cediendo. Tenía miedo de que las palabras de que él no valía la pena y mucho menos esperar algo, ella de verdad lo creyera y se fuera de su lado. Porque era cierto.

Tenten no podía ni debería esperar algo de él, porque no llegarían.

Lo sabía, se lo repetía en su cabeza. Sin embargo, era plenamente consciente que si ese pensamiento seguía arraigado a su cabeza, Kankuro haría lo que él no podía y ella se iría de su lado. Algo que no estaba dispuesto a aceptar.

Una pelea implacable se desataba en su cabeza, sobre lo correcto e incorrecto. Lo que quería y deseaba. El anhelo y lo que había elegido en su vida. Su cabeza punzaba por la intensidad de sus pensamientos, siendo atacado por la música estridente y la vista de la pareja. Debía decidir, elegir algo y no retractarse. Estaba en una encrucijada entre el deber y el querer. No podía dejar todo lo que creía y pensaba por un simple sentimiento mundano, no cuando su padre… su pecho se estremeció ante la idea.

No debía haber ido, pero no pudo contenerse, no cuando sabía que si no iba todo terminaría.

Sus ojos malva captaron a la fémina saliendo de la pista de baile, soltando la mano de su pareja, hasta que abandonó el mar de gente, caminando hacia el fondo de la pista. Contempló como Kankuro la veía alejarse, mientras daba media vuelta, perdiéndose de nuevo entre la gente ¿había pasado algo? ¿O tal vez ellos pensaban irse de ahí?

El sonido de su corazón retumbaba en sus oídos, presionando con fuerza. Y sin más, su cuerpo se movió por sí solo, siguiendo el camino de la castaña. La imagen de su espalda alejándose lo aturdió tanto, lanzando la respuesta que necesitaba.

No estaba dispuesto a dejarla ir, la necesitaba tanto que dolía hasta la médula.

Se detuvo cuando salió a una pequeña terraza cuadrada que estaba junto a los baños. De no haberla seguido, no hubiera encontrado el lugar. Era pequeña, estaba oculta y la ausencia de luz en el lugar no ayudaba. Tenten estaba apoyada en la pared mirando el cielo estrellado mientras dejaba salir un suspiro pesado y con una mueca en los labios. Con la mano sujetaba su cabello en una cola alta y abanicaba con su mano libre.

Neji dio un paso más hacia afuera, atrayendo la atención de la chica que lo miró como si esperaba que fuera alguien más. Su gesto se relajó al verlo, como si fuera un alivio verlo ahí. Sin embargo su expresión facial cambió a una de fastidio seguida de la confusión. Siempre era una un libro abierto sobre los sentimientos que sentía.

Sus mejillas estaban rojas, como si tuviera calor o avergonzada. Aquel vestido rojo se cernía a su figura dibujando las sombras que dejaban en evidencia sus curvas. Los tacones rojos que le daban una imagen más sensual a sus piernas. Sus labios habían perdido casi todo el color rojo, debido a la comida. Pero la tonalidad pálida que tenía ahora parecía tan natural y atrapante.

― ¿Qué sucede?

Neji sentía la adrenalina corriendo por sus venas, los pensamientos punzando con fuerza en su cabeza. Su decisión, de mandar al diablo todas las reglas, el sentimiento del deber, lo que se esperaban de él, su propia familia y su propia impecable moralidad. Caminó con decisión hasta la chica quien retrocedió un paso cuando estuvo lo suficiente cerca. Chocó contra la pared en la que se apoyaba tiempo atrás. Su mirada brillaba ante la confusión, tal vez pensando que estaba enojado o veía algo más en él que la había hecho retroceder de esa forma.

Pero él no podía seguir conteniéndose, no al tenerla ahí, con ese vestido, esa mirada magnética y esos labios luciendo carnosos, tentándolo a reclamarlos como suyos y de nadie más. Con su interior gritándole que hiciera algo. No sabía si era la adrenalina, el alcohol en su sangre, el que le había dado el valor de seguirla, pero ya nada de eso importaba.

El Hyūga rodeó la cintura de la fémina con su brazo izquierdo atrayéndola hacía él y apoyó su palma derecha a un lado del rostro de la chica. La sintió estremecer por el tacto de su brazo y los ojos castaños mostraban incredibilidad. Desechando cualquier pensamiento, dejando todo de lado, atrapó los labios con ferocidad. Deleitándose de aquel cautivante elixir, el sabor de los labios y como su pecho brincaba dolorosamente ante el contacto. Ella le correspondió al instante, moviendo sus labios en una danza cálida, intensa y atrapante.

El sacerdote se acercó más hacía su cuerpo, apartando la mano de la pared y rodeando por completo la cintura femenina, aprisionándola contra la pared y su propio cuerpo, sintiendo las curvas adaptándose a su propio cuerpo. El calor ascendiendo como un incendio forestal por cada partícula de su cuerpo. La danza se volvió más intensa, desquiciante y deleitable, demostrando cuanto necesitaba aquel contacto. Tenten rodeó su cuello, sin intención de dejarlo alejarse. Él no esperaba hacerlo.

Neji adentró su lengua en la boca de la fémina en busca de aquel contacto húmedo. Sintiendo un placer indescriptible cuando la sintió, devolviéndole aquel beso más profundo y frenético. Se separó dejando un hilo de saliva y mordió el labio inferior de la fémina, escuchándola gemir en respuesta. Mordiendo aquella fruta prohibida, entregándose a aquel delirio.

Sus manos quemaban sobre la ropa, deslizándose por su cintura, sintiendo los contornos de su piel. La besó de nuevo, escuchándola susurrar su nombre antes de hacerlo. No había vuelta atrás, jamás tuvo ninguna posibilidad de oponerse.

Debió suponerlo desde el campamento, donde la había probado por primera vez. No, esto se remataba mucho antes. Cuando tocó sus labios pensando en cómo se sentirían contra los suyos. Cuando no pudo tirar aquel pecado en el fuego, cuando no pudo confesarle a Lee lo que había hecho. Todo iba mucho más atrás, desde que su labial pintó sus labios, cuando colocó su broche en su cabello o tal vez desde aquel primer masaje en su oficina. Jamás hubo manera de escapar. Su vida había sido marcada desde la primera vez que sus ojos habían hecho contacto, sin que lo supiera.

Ella lo había atrapado entre sus redes de seducción, probando aquella manzana de la discordia y cayendo en el más delicioso de los pecados.

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¡Finalmente Neji ha cedido a todo lo que siente y dejado de lado todo lo demas!

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