Represión


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El sol incandescente resplandecía en lo más alto del firmamento azul sin ningún obstáculo en su inmensidad. Un par de aves aleteando atravesando velozmente el tráfico aéreo y esquivando los cables de luz. El sonido de los vehículos conformaba gran parte la contaminación auditiva, seguido de las voces de la gente que transitaba en las calles y las tiendas en todo lo largo de la avenida.

Los ojos malva estaban centrados hacía enfrente, esquivando a las personas que iban en su dirección contraria. Dobló en la siguiente esquina a mano izquierda, buscando un local en particular. Algo llamó su atención de reojo y se detuvo, acercándose a la ventana de cristal de dicho establecimiento para evitar estorbar a la gente que transitaba por ahí. Recorrió con atención cada objeto que se veía, fijándose en los precios.

Estaba tan absorto en eso que reaccionó justo en el momento en que unos brazos rodearon su cintura por detrás, estrechándolo con fuerza en un abrazo. Se sobresaltó, alejándose de la impresión y volteando para mirar aunque tenía una clara idea de quien era. Pudo percibir su perfume.

―Tenten

― ¿Esperabas a alguien más? ―La fémina le sonrió con cierta coquetería disfrazada de una ofensa.

―No puedes hacer esto aquí. ―El sacerdote miró a su alrededor pero nadie parecía haber visto la acción.

Tampoco es como que fuera relevante, estaba vestido de civil, con una playera de algodón gris claro y unos jeans oscuros. Parecía un hombre normal en el centro de la ciudad, un abrazo así sin el traje que siempre usaba en la iglesia, lo hacían pasar desapercibido.

―No estamos en la iglesia y no hay nadie conocido por aquí. ―Levantó a ceja, dejando en claro que nadie malinterpretaría ahí.

―Sabes que esto... ―Dejo la frase al aire.

Tenten cruzo los brazos en su pecho, desechando la idea de rodear sus ojos. Lo entendía, a la perfección. Que a pesar de todo, él seguía siendo un sacerdote. Le parecía irónico que se aferrara a su religión considerando que días atrás le había comido la boca.

Cuando el recuerdo regresaba a su mente, las mariposas en su estómago se agitaban excitadas, encantadas de recrear el sabor de los labios masculinos que por fin habían cedido ante ella.

La fémina había decidido salir por un poco de aire fresco ante la insistencia de Kankuro, que parecía dispuesto a convencerla para salir de la fiesta antes de tiempo y perderse en algún lugar para disfrutar del placer carnal. Su voz seductora y el aliento en su cuello la estaban enloqueciendo. La hacía perder la compostura y recordar que su tiempo divirtiéndose con muchos hombres había terminado. Por eso mismo tomó su distancia alegando que necesitaba un poco de aire. Antes de que pudiera responderle ella había salido corriendo, hacia el baño.

Una salida a un pequeño patio llamó su atención y decidió salir, calmarse lo suficiente y terminar con toda esa intención de Kiba de una vez por todas. Una parte de ella le decía que tenía derecho a volver a divertirse, pero la gran parte de su cuerpo sabía que no podría hacerlo, no si no era él. Suspiró profundamente pensando en que era hora de irse y que había sido una mala idea. Hasta que un movimiento le alertó que alguien estaba a su lado.

Al girar esperaba ver a Kankuro que la hubiera seguido para saber que sucedía, sin embargo, grande fue su sorpresa cuando vio al Hyūga mirándola con tanta intensidad que solo había logrado decir si sucedía algo. El párroco simplemente había acortado la distancia entre ellos, ella retrocedió en respuesta pensando que algo malo había sucedido. Jamás había visto tanta decisión en él y tal acción la sacó de balance.

Estando enfrente de ella la había rodeado en un fuerte agarre y colocado su palma libre a un lado de su cabeza, aprisionándola para evitar que se moviera. Neji la había besado tan apasionadamente que el aire escapo de sus pulmones y se entregó a ese baile desenfrenado mientras sentía como su pecho se saldría de su lugar en cualquier momento. Los labios amoldándose a los otros hasta que la danza fueron más frenética y delirante, tanto que dolía.

Estaba realmente sucediendo, él había dado el paso que jamás pensó que sucedería. Y tuvo miedo, que fuera un sueño, una imaginación suya. Había sido tan abrupto que temió que fuera demasiado bueno para ser real. Por lo que rodeó su cuello con sus brazos para acercarlo más hacía ella. Y como si no fuera ya demasiado bueno, el clericó profundizó aún más el beso ingresando su lengua a su boca, buscando la suya.

Tenten sintió sus piernas derretirse, su corazón latiendo desquiciado y más cuando él se alejó y mordió con cierta violencia su labio inferior. No fue posible reprimir el gemido que salió ante ese acto y más cuando sintió las manos masculinas recorrer las curvas de su cintura y cadera, presionándola con fuerza. Una corriente eléctrica se desató en todo su cuerpo y alcanzando su entrepierna. Lo deseaba, lo deseaba tanto que moriría si no lo probaba. Había esperado tanto y ahora...

Lo llamó por su nombre en un susurro y él volvió a buscar sus labios en la oscuridad, entregándose a la pasión desbordante que incrementaba con cada beso. Las manos masculinas quemando sobre su ropa. Tenten había alcanzado a bajar sus manos lo suficiente para alcanzar los botones de su camina y desabrochar algunos, con la ansiedad en la punta de los dedos por sentir la piel debajo. La presión insoportable en su sexo, se despediría de la abstinencia aquella noche...

Se sobresaltaron cuando un ruido ensordecedor llenó el lugar y la música descendió de volumen. Tenten se había asomado viendo a un mesero en el suelo con vasos de cristal rotos y varias personas del personal acercándose para ver que sucedió.

La castaña simplemente tomó la mano del sacerdote y salieron por la puerta trasera, huyendo de aquella fiesta que la que ninguno quería estar. Una vez que estuvieron lo suficiente cerca, habían reducido su rápido caminar. Neji no soltó su mano en ningún momento y tal acto despertó un sentimiento cálido en el estómago de la fémina. Un par de calles más adelante llegaron a un parque pequeño con varios árboles grandes. Las farolas alumbraban tenuemente la zona de juegos que era un par de columpios y una resbaladilla.

Tenten caminó hasta los juegos, soltando la mano masculina cuando llegó a los columpios. Se sentó mirando las estrellas del firmamento oscuro y el sonido de los insectos. De reojo vio como Neji se sentó en el columpio de junto sin moverse. Ella comenzó a moverse hacia adelante y atrás un poco, para evitar aquel silencio incómodo.

No se le ocurría que debería hacer o decir en ese momento. Había pasado algo similar anteriormente y salió verdaderamente mal. Había sido un beso más inocente, pero esta vez había sido todo menos inocente. La pasión estuvo presente, el deseo y el anhelo. La duda jamás había sido ella, sabía que quería y que lo conseguiría. El problema era la actitud cambiante del sacerdote, que se oponía con gran ímpetu a lo que en realidad quería o deseaba.

Presionó sus labios pensando que él volvería a ignorarla al día siguiente, que todo su avance se iría para abajo. La frustración la sacudió y una presión se materializó en su pecho. ¿Cuánto más tendrían que hacer esto? No sabía cuánto más ella tendría que aguantar. Se meció con más fuerza elevándose un poco más, en comparación con el columpio de a lado que estaba quieto. El sonido de las cadenas chillando por el movimiento intentaba acallar la tensión que flotaba entre ellos.

―Tenten...―Su voz parecía un susurro perderse entre el canto de los grillos.

―Ni te atrevas Neji. ―Ella había hablado tan rápido como pudo, frenando sus movimientos con sus tacos que se hundieron un poco en la arena. ― No volverás a hacerlo, a fingir que nada de esto...

―No pienso hacerlo.

Tenten se animó finalmente a mirarlo, sin poder creerse lo que había escuchado. El sacerdote miraba hacia el suelo con el rostro más indescriptible que le hubiera visto.

― ¿A qué te refieres?

―Simplemente ya no puedo fingir que no siento nada.

En ese momento levantó su mirada malva y se encontró con la castaña. Ambos músculos cardíacos latieron a la par, estremeciéndose ante las expectativas de las palabras y lo que significaba. Tenten había roto aquellas barreras firmemente levantadas que el hombre había construido a su alrededor. Un aleteo inundó su pecho, se levantó del columpio dando un par de pasos hacía él, inclinándose cuando estuvo enfrente y lo besó tan dulcemente como su pecho se lo indicaba.

Neji correspondió aquel gesto sin oponerse, no podría volver a oponerse a ella.

Los siguientes días su dinámica en la iglesia fueron tan comunes como siempre, solo que solían buscarse con la mirada con mayor frecuencia. Tenten al inicio pensó que él cambiaria de opinión, sin embargo, cuando al día siguiente del día de la fiesta entró a su oficina, se acercó y susurró en su oreja, lo vio estremecerse pero no se alejó.

Ella había intentado besarlo en ese instante, presa de la emoción del momento pero la detuvo con una frase significativa.

―Aquí no.

Tenten simplemente sonrió divertida, ante aquel juego absurdo que él quería seguir jugando. Pero cedió, siguiendo sus reglas, al menos al inicio. Sabía que él no quería hacer eso en la iglesia, tal vez por el pensamiento que ahí era más observado que en otros lados. O por cuestiones morales o porque tenían a Kiba rondando la iglesia. No entendía su restricción al lugar, para ella no importaba.

Neji puso a prueba su paciencia a niveles estratosféricos, negándose tangentemente ante cualquier intención de la castaña a hacer algo en el recinto. Pero era el lugar donde más estaban, verlo ahí detrás de su escritorio con esa maldita mirada atrapante y esos labios tentándola ¡le pedía demasiado! Aunque ella solía acompañarlo a su casa al terminar sus labores y podía probarlo un poco, solo un poco. Él siempre manteniendo la compostura, no podía imaginar cómo lo lograba. Ella quería besarlo y hacer muchas más cosas. Pero se controló un poco. Intentaba entender que todo esto era diferente y extraño para él. Jamás había tenido una relación o sentimientos por nadie más, no sabía cómo debía comportarse o que hacer en muchas situaciones.

Y lo dejaba limitarla porque estaba realmente encantada de haber dado un paso tan grande. Teniendo algo con el sacerdote aunque ninguno de los dos hubiera dicho la palabra. Disfrutaba enormemente adentrarse a su oficina, sentarse en las sillas de enfrente y observarlo con intensidad durante un tiempo trabajando y como él parecía incómodo. Le encantaba el efecto que le causaba. Aunque después de la fiesta él no hubiera sido el que diera el primer pasó.

Sabía que era difícil para él pero ella estaba dispuesta a facilitar las cosas.

―Lo sé, aguantaré...―Habló regresando al presente y acercándose ligeramente, hasta alcanzar la oreja masculina. ―Pero no me pidas eso en tu casa. ―Susurró tan seductoramente que casi pudo jurar escuchar el corazón de él alterarse.

Luego de aquella sesión de besos en la fiesta, nada tan intenso había sucedido. Un par de besos ligeros, miradas cargadas y sus dedos entrecruzándose en su oficina. Pero el Hyūga parecía tan... ridículamente puritano que empezaba a estresarse. Se calmaba al recordar que era cuestión de tiempo.

― ¿Qué haces aquí? ―El sacerdote le preguntó, en un intento de desviar la atención.

―Vine por los medicamentos de Umi antes de ir a la iglesia. ―Levantó una bolsa de farmacia donde estaban las cajas. ― ¿Y tú?

―Vine por un par de brochas para pintar la iglesia, te lo dije ayer, irán un par de personas para ayudar hoy. No tienes que...―Le había dado el día a la castaña.

―Ayudaré

Aunque ambos sabían que no estaba dispuesta a quedarse en su casa, no cuando parecía tan enfocada en estar tan cerca de él como las oportunidades se lo dieran.

Tenten miró hacia el cristal que momentos antes había llamado toda la atención del párroco. Observó los instrumentos que estaban ahí puestos. Levantó una ceja curiosa ante eso. Recordó entonces que en el retiro que habían tenido él había tocado la guitarra, algo que no sabía del sacerdote.

Neji comenzó a caminar retomando el camino hacía el establecimiento donde comprarían las brochas. Tenten lo siguió, sintiendo moverse la coleta alta que se había hecho. De haber sabido que lo vería en el centro, se hubiera arreglado mejor, con una falda. Se veía tan apuesto con esa ropa casual, que su cuerpo se calentó ante las expectativas que comenzaron a cruzarse por su cabeza.

― ¿Querías comprar algún instrumento? ―Soltó para calmar a su mente hambrienta de pasión.

―Solo veía los precios.

― ¿Te interesa la música? ―Un vago recuerdo de él hablando animadamente cuando participó en el coro acudió a ella.

El clérigo la miró de reojo, caminando a su lado y con la atención fija en ella. Meditó su respuesta unos segundos.

―Si no me hubiera ordenado en el seminario, muy posiblemente hubiera estudiado música.

Tenten se detuvo súbitamente al escuchar eso. Recordaba que él mismo había dicho que su camino siempre había sido ser sacerdote por cuestión familiar. Siempre dedujo que era algo que él había decido pero en ese momento consideró que posiblemente no fuera una decisión de él. Que tal vez las circunstancias lo orillaron a hacerlo. Neji se dio cuenta que se había quedado atrás y se detuvo para esperarla. La castaña se adelantó hasta volver a caminar a su lado.

Mordió su labio ¿era eso? ¿Se había rendido ante lo que de verdad quería por hacer algo que su familia le impuso? Lo conocía hace más de un año y estaba segura que era demasiado amable a pesar de la personalidad reservada que tenía. Tal vez hizo lo que se suponía que su familia esperaba pero ¿Por qué? ¿Qué era lo que lo había orillado a ceder? Tenía una personalidad fuerte y defendía sus ideales sin que nadie lo hiciera menguar, pero ahí estaba, siendo sacerdote porque eso esperaba de él. Esa idea le dio una desazón y quiso preguntar más al respecto, tal vez se estaba confundiendo. Sin embargo, llegaron a la tienda y se adentraron, por lo que sus preguntas dejaron de tener relevancia.

Una vez que terminaron caminaron de regreso, la parroquia no estaba tan lejos y caminar a su lado siempre era tan grato. Se separaron una calle antes, Tenten iría a dejar las medicinas de Umi, cambiarse y regresaría a ayudar en lo que se ofreciera.

Lo hizo tan deprisa como puso, colocándose una ropa cómoda y dispuesta a mancharse. Adicional llevó en una bolsa una muda de ropa. Llegó encontrándose que ya habían iniciado y habían avanzado una buena porción. Jiraiya había enviado a cinco hombres para ayudar, la idea era terminar ese día, máximo mañana ya que no podían suspender tanto tiempo las actividades de la parroquia.

Tenten tomó una brocha y se dedicó a detallar las partes que no le ponía atención, una tarea menos pesada que el resto. Kiba estaba subido en una escalera alta con un rodillo alcanzando la parte más alta junto con dos de los hombres de Jiraiya.

El resto junto con Neji veían la zona baja, siendo bastante eficientes. Las puertas estaban abiertas para que el aire transitara y la pintura secara más deprisa. Además de evitar que se intoxicaran con el olor de la pintura. Tenten había pegado un letrero a inicio de semana indicando que ese miércoles estarían pintando la iglesia y no habría actividades.

Se sumergió en las partes pequeñas de los pilares de la iglesia y el silencio que había que cuando una voz resaltó haciendo eco en el recinto. Tenten levantó la mirada sintiendo un vuelco en el estómago al ver aquella sonrisa coqueta formándose al verla desde la distancia. Kankuro saludó a los hombres con un cordial saludo de mano. La fémina fue consciente de la mirada intensa del sacerdote siguiendo al castaño y los nervios la dominaron. Dejó la brocha en la charola donde tenía pintura color crema y se acercó hasta él.

―Kankuro ―Hasta ese momento es que había recordado que lo había dejado plantado en la pista de baila un par de días atrás. Intentó pensar alguna excusa al respecto. ― ¿Necesitas algo? ―Decidió jugar el papel de la inocencia.

―Necesito darte algo. ―Le indicó con la cabeza que la siguiera hacia afuera.

―Iré por algo de beber para todos. ―Habló un poco alto para indicarles a los hombres que pintaban que saldría, pero más que nada iba dirigido a una persona.

Tenten salió detrás de él, sin el suficiente valor de mirar al Hyūga que sabía que la estaba observando. No le había contado al sacerdote nada de lo que había sucedido con él. Pero era evidente que Kankuro buscaba algún tipo de relación con ella. Suspiró mientras intentaba pensar cómo salirse de esta y dejar las cosas en claro. No quería malentendidos que pudiera poner en peligro aquello que tenía con el párroco.

Caminaron hacia la oficina y ella se inclinó para tomar un par de botellas de agua que Neji había comprado para ese día. Las colocó en la mesa y se sentó en su silla. Kankuro imitó su acción, sentándose enfrente de ella. Recargó su barbilla en su mano y miró a la fémina con gran intensidad y con un deje de dolor fingido.

―Es increíble como con una ropa tan desaliñada puedes verte aún más encantadora. ―Kankuro habló con aquella voz galante tan representativa.

La fémina llevó un mechón de cabello detrás de la oreja, sintiéndose halagada y un poco incomoda. No sabía cómo comportarse alrededor de un hombre por primera vez.

―No te preocupes, no vengo con esas intenciones. Solo quería dejar en claro eso. ―Levantó la mano y depositó una pequeña bolsa en el escritorio. ―Se te olvidó el domingo, cuando desapareciste.

Sus ojos oscuros detonaron un cierto deje ofendido, era evidente que no era rechazado con frecuencia y menos ser plantado. Tal vez pensaba que terminarían en la cama esa noche.

―Lo siento, me sentí mal de repente y tuve que irme, de verdad no quería dejarte así. ―Mintió tan bien que nadie pondría en duda su excusa.

Tomó la bolsa entre sus manos y revisó el contenido. Ahí estaba todo lo que había llevado. Había dado por perdido su teléfono y el maquillaje que cargaba. Pensó en hablar a Kankuro para preguntarle si lo había visto pero no tuvo el valor al pensar que tendría que dar una explicación de haberse ido sin más.

―No te preocupes, con que estés bien me conformo.

Sabía que estaba mintiendo, su voz tenía un tono algo extraño. Los ojos oscuros del Sabaku No no dejaban de estudiarla, como buscando encontrar algo, o posiblemente esperando una excusa más fuerte que esa. No podía descifrar que es lo que quería realmente. La bolsa había sido una excusa, pudo haberla tirado cuando lo dejó planteado. Así que estaba buscando algo más. ¿Aún quería intentar algo con ella? No, no era del tipo de personas que rogara por una mujer cuando tenía tantas a su disposición. Su orgullo no se lo permitiría.

Kankuro se recostó en el respaldo de la silla con comodidad y sonrió divertido.

― ¿Un sacerdote, en serio? ―Soltó una carcajada sonora que inundó todo el cuarto.

― ¿Uhm? No te entiendo. ―Tenten levantó una ceja confusa ante las palabras del masculino.

―En todo este tiempo saliendo con mujeres jamás se me hubiera ocurrido pero tú...―La señaló en juego. ―Me has superado, apuntaste demasiado alto.

Tenten sintió su pecho palpitar inquieto ante sus palabras, estaba siendo tan ambiguo que podría estar malinterpretando las cosas.

―No sé de qué hablas Kankuro. ―Habló tan despreocupada, intentando restarle importancia y sonriendo confundida, en un intento de parecer inocente.

―Vamos Tenten. ―Sabaku No se acercó, apoyando ambos codos en la mesa y fijando sus ojos oscuros en ella con cierta ironía. ―No intentes jugar ese juego conmigo, ―Tocó la barbilla de la fémina que estaba completamente quieta. ―Yo los vi.

Tenten se quedó de piedra en su lugar, mientras tragaba saliva. A su mente regresó aquel momento en el cual en plena sesión de besos aquel sonido de los vasos rompiéndose llenó todo el lugar. Al salir ella había escuchado que el mesero decía que alguien había chocado con él, pero no lo había visto, en un intento de señalar que no fue su culpa para que no le cobraran aquel accidente.

Entonces Kankuro había seguido el camino donde ella se había ido cuando el tiempo pasó y no regresó. Los nervios invadieron todo su cuerpo, sabía que no podría seguir mintiendo, no a él. No era un estúpido, mordió sus labios en señal nerviosa.

―Todo eso de la abstinencia eran palabrerías ¿no? ―Rio meneando la cabeza. ―Pero mira que hacer todo este teatro ―Señaló alrededor en un intento de abarcar toda la iglesia. ― Por un hombre que no sabe nada de placer, vaya.

Tenten se quedó callada sin nada que decir. Porque Kankuro era igual a ella o al menos a su antigua yo. La que se divertía día con día, disfrutando del placer en toda la extensión de la palabra. No tenían que rogarle a nadie y mucho menos buscar a nadie, para ella los hombres siempre eran atraídos con solo mirarlos. Con él, posiblemente con una sonrisa y una de palabras. Esa era su naturaleza.

Y esto que había hecho, meterse a la iglesia, perseguirlo, ser rechazada y esperar con paciencia era algo que iba tan fuera de lugar a gente como ellos.

Pero era algo que Kankuro no podía entender. Tenten no era una humana, su única razón para estar ahí en la tierra era Neji y poder regresar a su mundo. Eso era todo. Por eso se había aferrado tanto. Aunque el hecho de que él lo supiera le preocupaba ¿intentaba algo con todo esto? ¿Chantajearla? Neji estaba bastante inquieto con todo este tema de la relación, de ser vistos o que alguien sospechara. Si esto se decía, las cosas se complicarían, Tenten no sabría donde quería parada.

―Lo prohibido es el mayor de los placeres. ―Soltó en un intento de relajar el ambiente, él entendería más que nadie eso. Sonrió con cierta coquetería.

Kankuro sonrió y asintió, con una chispa en los ojos oscuros que los hicieron parecer más claros y juguetones.

―Estas en lo cierto, querida. ―Se acercó de nuevo en la mesa, apoyando los brazos y mirándola entre las pestañas. ―A menos que te hayas enamorado. ―Sonrió al evaluar la cara de la fémina. ―Lo cual sería algo verdaderamente malo, porque jamás te elegiría.

Kankuro se levantó de la silla, caminando hacia la salida, cuando estaba por atravesar la puerta, se detuvo y giro su torso un poco solo para mirarla.

―Cuando esto salga mal, búscame.

Sin esperar una respuesta cruzó la puerta hasta que su figura se perdió y el lugar quedó en completo silencio. Los nervios invadían sus extremidades y no dejaba de morder sus labios en señal de ansiedad. Respiró profundamente. No le importaba que la hubiera visto a ella, era algo que la tenía si cuidado, el problema era Neji. Aunque por las palabras de Kankuro, podía intuir que no sería un problema, no diría nada. Solo no terminaba de comprender por qué se esforzaba por alguien como él. Era algo que solo ella podía entender. Todo desaparecía cuando besaba al sacerdote y le hacía pensar que todo este esfuerzo había valido la pena.

Además ¿Qué podía salir mal?

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El sol se ocultaba por el horizonte cuando la pintura cubrió cada rincón interior de la iglesia. Los hombres de Jiraiya se sentaron en una de las bancas mientras tomaban grandes cantidades de agua y descansaban un poco antes de irse.

Neji caminaba por el pasillo central observando todo el interior y cerciorándose que todo estuviera perfecto. Finalmente agradeció a los hombres que habían ayudado y ellos se retiraron de la iglesia llevándose las escaleras que habían llevado.

―Parecía que no iba a terminarse. ―Kiba se dejó caer con pesadumbre en una de las bancas. ―Un calvario. ―Dejó salir un suspiro ruidoso. ―Bien, si no me necesitan más, me iré, necesito dormir todo un día.

Despacio se levantó de la banca, perdiéndose entre los pasillos de la iglesia para llevar las cubetas sobrantes a la bodega, dejar remojadas las brochas y rodillos y salir de ahí. Neji vio la espalda perderse y la puerta lateral siendo cerrada. Se acercó hacia la castaña que levantaba una charola y un ligero pincel, pintando en una de las columnas. Terminó, alejándose un paso y sonriendo de ver el resultado.

―Vamos, necesito cerrar.

Tenten asintió siguiendo al sacerdote mientras aseguraba cada una de las puertas, para después ir a su oficina para recoger sus cosas que había dejado ahí. Se apoyó en su escritorio mientras veía al sacerdote cerrando la puerta de su oficina y pararse enfrente de ella con un gesto confundido en el rostro.

Sonrió mientras sus ojos castaños bajaban por toda la figura masculina, pintura había alcanzado su ropa y tenía un poco en su cabello y rostro. Sus antebrazos tenían varias líneas de color crema. La palma de sus manos con varias manchas, se veía bastante varonil. Dio un paso, tomando la tela de la playera masculina entre sus manos y tirando de ella para acercarlo.

Presionó sus labios contra los masculinos, que se alejó un poco.

―Tenten...

―No hay nadie, he estado esperando todo el día por esto.

Lo atrajo nuevamente hacía ella, besándolo con fuerza, sintiendo la electricidad subiendo por sus labios y alcanzando todas sus extremidades. El Hyūga pareció dudar un poco, pero luego de unos segundos le correspondió con cierta timidez. Hasta que él cortó la distancia.

―Vamos.

Salieron de ahí, Tenten inconforme por aquella sesión tan corto de besos. No sabía por que parecía tan nervioso o tímido considerando la forma en la que la había besado en la fiesta. Parecía tan desesperado. Solo habían pasado tres días de eso y parecía más calmado o...

―Nos vemos mañana ―Habló el párroco con un deje distraído.

― ¿Puedo bañarme en tu casa?

Habló con firmeza, provocando una confusión en el sacerdote. Un movimiento negativo le confirmó que se haría el difícil o que pensaba que podría salirse con la suya. Tenten simplemente sonrió.

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La cerradura de la puerta giró liberándolo del seguro y permitiendo el paso. Antes de que pudiera pestañear, la castaña ya había ingresado a la casa, mirando por todas partes al encenderse la luz. No es como si esa fuera la primera vez que ella estaba ahí. Neji había olvidado recoger un par de cosas al salir rápido por las brochas en la mañana. Tomó el par de camisas que había dejado en el pequeño sillón y se adentró a su cuarto. Las colgó en el armario y buscó para ver que se pondría cuando la fémina saliera del baño.

Seleccionó una playera blanca que usaba para dormir unos pantalones de algodón. Abrió un cajón rebuscando para tomar un bóxer y giró sobre sí mismo con intensión de dejarlo sobre la cama y esperar. Se sobresaltó al ver los ojos cafés observándolo con fascinación, una curva coqueta en los labios.

―Pensé que estarías en el baño. ―Intentó hablar para desviar la atención.

―Iba a pedirte una toalla.

Se sentía tan contrariado del hecho de que la castaña no respetara el espacio personal reglamentario de cada persona. Con él jamás parecía importarle y más ahora, cuando él le había dado total libertad de hacerlo. En la iglesia era complicado reprimirse y alejarla cada que ella intentaba algo. Aunque lo había entendido rápido y había dejado de insistir. Pero en su casa, era otra historia. Tenten parecía tan apasionada que él debía separarse una y otra vez. Cortando el beso que ella intentaba profundizar y despidiéndola cada noche. Pero realmente disfrutaba cada contacto y caricia que ella le daba. Apretaba su pecho con un calor sofocante.

El problema es que ella quería más, mucho más y Neji no podía dárselo.

Podía verlo en sus ojos mirándolo con total descaro o sonriendo como en ese momento. Y ese comportamiento despertaba en él pensamientos y actitudes que jamás pensó tener. Como aquel día en la fiesta, donde aquel vestido había despertado algo primitivo en su interior. Intensificando el beso y recorriendo con las manos las curvas femeninas. Si el mesero no se hubiera caído, ellos hubieran terminado...

No podía hacer algo así, no aún, cuando su mente aun le enviaba pensamientos de que todo esto era incorrecto y su moralidad le gritaba que se detuviera, que saliera rápido de ahí. Tanto tiempo, desde pequeño, en escuelas religiosas y su tiempo en el seminario le indicaban que desear a una mujer estaba muy mal. Cada mañana al verla esos pensamientos venían a su cabeza, atormentándolo y haciéndolo considerar en fingir que nada de eso había pasado y regresar a su dinámica anterior. Pero una sonrisa de la castaña o recordar el hecho de que si él no cedía, ella podría elegir a alguien más es lo que lo mantenían ahí, reaccionando a sus besos de forma más inocente, en un intento de reprimir aquella fuerza interior que buscaba salir. El voto de castidad implícito era algo que aún no podía romper, además que el placer siempre estaba fuera de su mente. No lo necesitaba y jamás había necesitado controlarse con eso.

Neji giro extrayendo una toalla de su armario y se la ofreció. Tenten la tomó mirándola un momento y sonrió.

― ¿Y si nos bañamos juntos?

El sacerdote sintió su pecho golpear con fuerza. Vio rastros de pintura en el cuello moreno, unas gotas que habían caído a su rostro y en la ropa que tenía. Una blusa rayada de tonos naranjas, blancas y rojas acompañado de unos jeans holgados. Con unos chongos que amarraban su cabello dándole una apariencia inocente.

Tragó saliva y desvió la mirada, con la imagen presente de sus clavículas resaltando con esa camisa.

―Sabes que...

―Solo estoy jugando ―Soltó una ligera risa.

Aunque Neji sabía tanto como Tenten, que en realidad no estaba jugando. La vio dar media vuelta y salir del cuarto, a los pocos segundos escucho la puerta del baño cerrarse y posteriormente el agua cayendo de la regadera.

Se sentó en la cama presionando el puente de su nariz mientras los pensamientos moralistas se alzaban con fuerza. No debía seguir jugando a esto. No podía seguir permitiendo que entrara a su casa, podía terminar muy mal. Todo parecía ir demasiado rápido, Tenten era demasiado intensa.

Respiró profundamente, recordando que su cualidad era el don de la paciencia y la serenidad, eso era lo que lo había mantenido firme en cada una de sus decisiones. A pesar de que moralidad se alzara con fuerza gritándole que un sacerdote no podría tener una relación como esa y que su deber era pasar la palabra del señor, quería estar con Tenten. Realmente lo quería y esa parte de su cabeza era la que se alzaba con fuerza para indicarle que aunque eso estuviera mal si alguien más se enterara, lo hacía permanecer, controlando cualquier impulso con tal de sentir esa calidez junto a la castaña.

El problema es ¿qué se suponía que debía hacer? No tenía conocimientos empíricos de la forma en la cual debía comportarse. Agradecía que su dinámica siguiera como siempre, aunque Tenten buscara contacto cada determinado tiempo. Pero él no sabía que se esperaba de él ¿Qué fuera afectivo? ¿Salir? ¿Caricias? no podía ofrecerle muchas cosas y eso era algo que ella debería entender. Era un sacerdote, que contra toda regla se había vulnerado para sentir cosas por una mujer, algo prohibido que aún no estaba convencido de a dónde iría. Tenten prontamente se daría cuenta de las limitaciones y se iría, al darse cuenta que él no avanzaría del sitio donde ahora estaban. Eso era lo más lejos que llegaría, de esa forma no se sentiría tan... pecador. O de eso intentaba convencerse cada vez que ella lo besaba.

Sus ojos se levantaron cuando percibió una mirada observándolo, encontrando a la castaña enfrente de él con un vestido corto de mezclilla de tirantes que se moldeaba a su figura. Su cabello mojado bajaba por su hombro derecho. Pero nada de eso llamó la atención del sacerdote. Su vista se dirigió específicamente a la parte delantera del vestido. La parte delantera, en medio, tenía un cierre largo que cerraba el vestido. Aquel cierre estaba cerrado solo hasta la mitad, por lo que dejaba ver el sostén azul de encaje de la fémina.

Neji apartó la mirada con timidez, sintiendo su cuerpo estremecerse por tal visión.

― ¿Qué estás haciendo?

―No mal pienses ¡de verdad! El cierre se atoró y no sube, no sé qué pasa. Quería ver si puedes ayudarme o tal vez prestarme algo más...

Los latidos del pecho del Hyūga resonaban con fuerza, mientras miraba sus pies con total fascinación. ¿Estaba jugando? No se prestaría para una broma de ese tipo. Se levantó con la intensión de irse al baño y dejarla ahí.

―Puedo irme así si quieres ―Tenten levantó los hombros en un deje descuidado.

El panorama de la castaña caminando por la noche de esa forma lo forzó a sentarse donde estaba y a regañadientes centrar su atención en el vestido. Desató un fuerte vendaval en su interior, contemplando aquel sostén de encaje rodeando los pechos y haciendo destacar aún más la piel morena. Trago saliva, literalmente solo bastaría inclinarse para hacer contacto y...

Levantó ambas manos sujetando con una la tela de mezclilla y con la otra tomando el cierre, jalándolo hacia arriba, sin lograr subirlo. Levantó una ceja al darse cuenta que no había estado mintiendo, que el cierre estaba atorado. Intentó bajarlo un poco para después volver a subirlo, pero no avanzó.

Se acercó un poco más para ver si había algo que imposibilitara el ascender, pero prontamente vio la piel morena más cerca. Podía oler su propio jamón emanando de la piel y su cuerpo se estremeció con satisfacción al pensar en que aquella toalla que ella había usado podría tener su olor corporal. Sus dedos que tomaban el cierre se movieron lo suficiente para que los nudillos hicieran contacto con la piel por debajo de su busto. La sintió estremecerse ante ese ligero movimiento, sintiéndose satisfecho. De provocar esa reacción en ella.

Él levantó la mirada un poco, haciendo contacto con los orbes castaños y aquella tensión que flotaba entre ellos explotó.

Tenten se subió encima de él, empujándolo hacía atrás para caer en el colchón al mismo tiempo que reclamaba sus labios. Lo besó con desesperación y sin esperar Neji le correspondió sintiendo el calor incrementándose en su interior junto con las palpitaciones en su pecho. Sus lenguas se encontraron con necesitad sintiendo la humedad y la calidez de la boca contraria. Intentó rememorar sus pensamientos anteriores sobre lo correcto e incorrecto y porque eso entraría como lo segundo, pero nada vino a su cabeza. Sus manos presionaron la cintura femenina atrayéndola más hacía él.

Aquel sentimiento que había intentado frenar desde hace tiempo emergió con violencia, besándola más intensamente, dejando de reprimirse. Sus manos bajando aún más, tocando la piel desnuda de sus piernas y desatando una punzada caliente y estridente llegar a su entrepierna. El aroma suyo con el propio de la fémina entremezclándose, mordió su labio inferior provocando un gemido.

Aquel dulce sonido alimentó aquel sentimiento interior, sintiendo su cuerpo arder. Tenten se alejó un poco, besando sus mejillas, descendiendo sus caricias hasta alcanzar el cuello masculino, despertando una corriente intensa en su interior. Sintió la lengua húmeda en la piel de su cuello y cerró los ojos entregándose a aquella nueva sensación placentera. Sus manos perdiéndose por debajo de la falda de mezclilla.

Abrió los ojos cuando sintió la mano femenina alcanzar su entrepierna, rozando y sintiendo su evidente erección, buscando a tientas el botón de su pantalón. Eso fue suficiente para tomarla de los hombros y alejarla, en contra de toda voluntad y de lo que el mismo quería.

―No podemos... ―Soltó en un susurro, en un intento de convencerse a sí mismo que no podían hacerlo.

―Claro que si podemos...No puedes imaginarte cuanto he soportado... ―La mirada castaña estaba nublada por el placer, se acercó besándolo de nuevo y mordiendo su labio inferior.

Neji no correspondió el beso y la empujó lo suficiente para incorporarla hasta que se sentó en sus piernas. Tomó el cierre de su vestido y tiró de él, logrando cerrarlo. Tenten lo observó totalmente confundida y hasta cierto grado herida. Sin más se levantó de encima, sentándose en la orilla de la cama, con un gesto ausente mientras el clérigo se incorporaba.

― ¿Acaso no me deseas? ―Habló con un hilo de voz, con la expresión más sería que le había visto.

―No se trata de eso, está pasando suficiente rápido y yo...

― ¿Y entonces de qué?

―Soy una sacerdote, Tenten.

La fémina se levantó de la cama mirándolo con cierta acusación e ironía. Como si aquella verdad hubiera sido más una excusa barata y estuviera burlándose de ella.

―Ese siempre ha sido el problema y venos aquí. ―Apartó un mechón de su cabello que se había metido a su boca. ―Espero que entiendas que eso a mí me da lo mismo, y que a ti mismo no debería importante. A fin de cuentas lo quieres tanto como yo.

Neji se llevó una mano a su cuello, gesto que solía hacer cuando estaba realmente abrumado por las cosas.

―Yo solo necesito entender que esto está sucediendo.

Tenten salió del cuarto buscando el bolso rojo que había dejado en el sillón con la bolsa con su ropa y sonrió de forma coqueta.

―Y yo necesito que entiendas que la paciencia no es mi virtud.

La puerta de la entrada sonó dejando en claro que se había ido. Neji se quedó sentado un rato más en la cama intentando analizar lo que había pasado. La había herido con su negativa, ya que no había sido la primera vez que él la detenía. Debía estar bromeando, debía ser consciente de la atención que generaba en todos los hombres, hasta de él mismo sin poder evitarlo. Aunque no solía ser evidente. Era la única mujer que había captado su atención como hombre. La única que había permitido que se acercara lo suficiente para tomar la iniciativa y besarla.

¿Y aún así tenía dudas? Pensaba que aquellos encuentros eran suficientes para demostrarlo o su evidente erección podría ser una pista. Pero Tenten tenía razón, él lo quería tanto como ella, pero debía reprimirse.

A fin de cuentas Neji Hyūga era un sacerdote y ellos debían estar libres de pecados carnales.

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