Vertiente


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La puerta del conductor se cerró a la par que la del copiloto mientras ambos contemplaban el edificio que tenía la pintura un poco descuidada, con un par de masetas en la entrada. A los segundos que habían aparcado la camioneta, una mujer adulta, Mito Uzumaki salió por la puerta con una sonrisa amplia y su esposo siguiéndola de cerca, Hashirama.

― ¡Que alegría verlo, padre!

Neji estrechó la mano de la mujer y la de su esposo que se acercó a la par, con una sonrisa cálida.

― ¿Y quién tenemos aquí? ―Mito fijó la atención en la castaña con dos chongos en la cabeza similares a los suyos.

―Es Tenten, nos ayuda en el área administrativa de la iglesia y...

―He venido a ayudar en lo que se ofrezca ―Tenten se adelantó, interrumpiendo la presentación de Neji, a estrechar la mano de la mujer con efusividad.

Mito contempló a la chica con curiosidad y aceptó el saludo con calidez, la energía que transmita le recordaba a ella misma un par de años atrás.

― ¿Kiba no pudo venir? ―Habló Hashirama observando las cajas que estaban en la parte trasera de la camioneta.

―Necesitaba a alguien en la iglesia que me cubriera un par de horas.

―Bien, empecemos con la descarga.

Hashirama se acercó a la parte trasera de la camioneta con Neji siguiéndolo de cerca para descender todas las cajas con despensa que habían traído al asilo de ancianos. Una actividad que realizaban al menos una vez al año, con ayuda de toda la colonia donde se encontraba la iglesia.

Siempre hacían ese tipo de actividades para ayudar a los más necesitados, sea con casas hogares o aquel asilo de ancianos que a pesar de mantenerse en óptimas condiciones, subsistían de la reducida mensualidad que otorgaban los familiares de los ancianos, de las donaciones, y el poco dinero que lograban recaudar de diferentes bazares que organizaban cada determinado tiempo. No contaban con ayuda del gobierno, por lo que la carga económica siempre era algo muy pesado de sobrellevar solos.

Por eso mismo realizaban colectas de productos o de fondos para ir con Mito Y Hashirama cada determinado tiempo. Mayormente iba Kiba para ayudarlos a descargar, pero había una tubería rota en la iglesia y el plomero iría a repararla ese día. Por eso Neji le pidió que se quedara y Tenten se ofreció a ayudarlo.

Neji lo aceptó sin oponerse, algo que no había hecho antes, pero que desde aquella noche en la feria, había sentido un tipo de necesidad de pasar el mayor tiempo posible con la castaña y si eso involucraba estar lejos de la iglesia, era aún mejor.

Esa noche en la feria, algo pareció encajar en el interior del Hyūga, entregándose al calor que dominaba su pecho, disfrutando el sabor de los labios femeninos y como todo su cuerpo le indicaba que todo eso estaba bien. Habían sido interrumpidos cuando su cabina llegó al suelo y el dueño del juego mecánico carraspeó la garganta llamando su atención. Tenten simplemente se había reído mientras tomaba de la mano al Hyūga y salían del juego con rapidez, abrumados por la adrenalina y la vergüenza.

Permanecieron en la feria hasta que cerró en la madrugada, tomando asiento en el césped del campo abierto que tenían a un lado y contemplado el cielo estrellado sin decir nada. Sus labios se habían encontrado de vez en cuando y Tenten recostó su cabeza en el hombro del sacerdote permitiendo que sus cuerpos estuvieran en contacto en todo momento. Esperaron ahí hasta que el camión que necesitaban reanudó sus viajes y regresaron a la ciudad.

Aquella noche lejos de todo y todos, sin tensión sexual, había sido muy excepcional para el Hyūga. Sin demasiadas palabras, el viento presente entre ellos y la luminosidad de las estrellas. Como si el tiempo se hubiera detenido para que ambos estuvieran juntos ahí.

Ya en el autobús, Tenten se recostó en su hombro hasta quedarse dormida el resto del viaje y el sacerdote no pudo evitar ser consciente de la calidez de su rostro, los labios rosados y la tranquilidad de tenerla ahí a su lado. Había retirado un mechón de su cabello que se había escapado y sus nudillos acariciaron sus mejillas morenas.

―Pásame una Neji ―Habló Tenten llamando su atención a la realidad, pidiéndole la caja que tenía en las manos.

―Pesa un poco.

Tenten levantó una ceja, tomando sin dudar la caja y encaminándose al interior del asilo. Neji cargó una de las pesadas donde estaban los enlatados y la siguió hasta el interior, depositando la caja en el cuarto que estaba destinado en la despensa.

Una vez que terminaron de transportar cada una de las cajas, Tenten ayudó a Mito a acomodar todas las latas y empaques en las alacenas hasta que se todo quedó en orden.

―Muchas gracias por la ayuda Tenten, es bueno ver una cara nueva por aquí. ―Se disculpó con la intención de preparar un poco de café para agradecer su donación.

Tenten se encaminó a la camioneta, a la parte del copiloto. A pesar de las grandes limitaciones que tenía el ser sacerdote, en una de las ventajas estaba la hospitalidad que la gente podía ofrecerte. Solían prestarle a Neji esa camioneta para lo que se le ofreciera, lo cual era de gran utilidad en estas situaciones. De hecho le sorprendió saber que él sabía manejar, platica que habían tenido antes de llegar al asilo.

― ¡Es una gran sorpresa que sepas manejar!

El sacerdote pareció ofendido, mientras levantaba una ceja sin dejar de ver la carretera.

―El ser clérigo no me prohíbe hacer cosas banales como tocar algún instrumento, salir a algún lado o conducir. ―Dobló a la izquierda entrando por un camino sin pavimentar. ―Solo hay una sola cosa que me prohíbe la religión...―Dejó la frase al aire, mientras estacionaba el vehiculo.

Había descendido de la camioneta, provocando una risa traviesa en los labios de la fémina. Porque había entendido a que se refería. Su única prohibición recaía en no relacionarse de forma sentimental ni amorosa con una mujer. Una regla que estaba rompiendo desde hace un tiempo atrás.

Abrió la puerta, tomando los recipientes que estaban ahí, eran un par de país que había traído por voluntad propia para el asilo. Había decidido hornear algo una vez que Neji había aceptado que fuera con él, unos dos días atrás.

―He traído un postre para ustedes.

Tenten ingresó a la cocina cuando Mito terminaba de cocinar en una olla grande la respectiva comida de los ancianos.

―Muchas gracias, de verdad, no tenías que hacerlo.

Un ruido llamó la atención de ambas mujeres, que dirigieron la mirada hacia el origen. Mito torció la boca, sin dejar de remover la comida.

―Puedes seguir con eso, yo me encargo.

― ¿Estas segura?

―No te preocupes, soy buena con la gente mayor. ―Le guiñó el ojo y salió de la cocina.

Mito suspiró, justo cuando habían venido con las donaciones uno de sus empleados había faltado, les faltaban un par de manos. Hashirama se había ido con Neji quien se ofreció a reparar el techo donde se filtraba la lluvia.

Solo terminaba con la comida y pronto podría dedicarse a sus invitados, por lo que removió con mayor efusividad la olla con la comida.

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Neji se enderezó pasando el antebrazo por la frente y visualizando su trabajo, satisfecho de lograr tapar la gotera en el techo. Hashirama igual se incorporó y descendieron por la escalera, hasta alcanzar el suelo.

Ya en tierra fueron conscientes de la música que brotaba de la casa, hecho que extrañó al hombre mayor. No es que no escucharan música, pero el estilo era diferente a lo que su esposa pudiera escuchar. Ingresaron por la puerta trasera, caminando por los pasillos, encontrando la cocina vacía.

Posiblemente ya les habían servido la comida, aunque no debía llevar mucho tiempo por qué antes de subir al techo Mito estaba terminando la comida.

Ambos hombres traspasaron el arco de la cocina llegando a la zona central donde el estéreo sonaba estridentemente. Neji pudo notar en ese momento a los ancianos del asilo bailando en el centro de la sala, en parejas, riendo y siguiendo los pasos que Tenten les indicaba, usando de pareja a uno de ellos.

Los pasos de los adultos mayores eran más torpes y algunos aún se mantenían sentados, tal vez sin animarse a pasar. Tenten soltó a su pareja, acercándose al único hombre que seguía sentado y tirando de él hacia el centro, obligándolo a seguir los pasos. Para posteriormente sacar a la mujer y ponerlos de pareja.

― ¿Qué sucede? ―Habló Hashirama, acercándose a Mito que sonreía a un par de metros, con la charola de café entre sus manos.

―Estaban suficientemente inquietos, por lo que Tenten vino a ver que sucedía. Cuando terminé en la cocina me encontré con esto.

Tenten sonrió satisfecha de ver activos a los ancianos y dejando de lado su malhumor porque la hora de la comida había pasado. Se dio cuenta como uno de los empleados terminó de servir y apagó el estéreo cuando la canción finalizó.

―Es hora de comer, pueden pasar a sentarse.

Los ancianos cuchicheaban entre ellos, con vitalidad mientras se acercaban a la mesa y tomaban sus respectivos lugares. Mito acercó las tazas de café a la sala de estar donde había unos sillones y una mesa central, ambos hombres se acercaron detrás suyo. Tenten se acercó hasta dejarse caer en el sillón.

―Pero que oxidada estoy. ―Se quejó, le había costado moverse con fluidez.

―Lo hiciste estupendo. ―Habló Mito ofreciéndole su taza.

―Hoy han estado particularmente irritados pero tal parece que eso ha ayudado a que su humor mejore. ―Hashirama miraba fijamente la mesa donde estaban los ancianos conversando entre ellos y comiendo.

Neji tomó con un aire ausente la taza que le ofrecieron, tomando un trago sin dejar de mirar a la castaña que tenía enfrente. Intentando pensar a que se debía aquella sensación cálida en su pecho que se originó al ver a Tenten enseñando a bailar a los ancianos. Algo tan banal pero que ante sus ojos fue significativo.

Les había dado un poco de la vitalidad que la misma Tenten irradiaba con intensidad, contagiando de su alegría y motivándolos a hacer algo más que ver la televisión. Algo de lo cual Hashirama se había estado quejando en el techo. Que querían buscar formas de activar a los ancianos por que sospechaban que eso hacía que su humor fuera tan malo. Habían estado buscando alternativas, viendo como otros asilos o estancias de ancianos tenían actividades que activaban a los ancianos.

El problema radicaba en que costaría una inversión y que estaban intentando cotizar para ver cómo podrían integrarlo a su asilo.

¿Acaso había algo que Tenten no hiciera bien? Era la duda que aturdía a Neji, preguntándose cómo era buena en tantas cosas artísticas. A pesar de que decía que estaba oxidada, se notaba que sabía que era lo que estaba haciendo al moverse. Neji no tenía ni la más mínima idea con el baile y no le interesaba. Pero la castaña parecía tan familiarizada, todo en ella era intensidad.

―Podrían implementar actividades que no requieran a otro personal por el momento como bingo o manualidades, eso mantendría su cabeza ocupaba y los distraería un rato.

―Es una buena idea, buscaremos implementarlo la siguiente semana. ―Mito estaba encantada con la idea.

―Si quieren algo como baile, podrían intentar hablar con los familiares para subir la mensualidad.

Mito y Hashirama se observaron asintiendo ante esa idea, aunque no sería tarea fácil, había familiares difíciles que no querían soltar más dinero. Aunque tal vez si veían a sus padres más despiertos y activos, más animados en el día de visita, no pondrían objeción al subir la cuota de recuperación.

―El pay está delicioso. ―Habló Mito y dándole un trozo en la boca a Hashirama quien coincidió.

Aquel gesto tan íntimo despertó la curiosidad de Tenten en cómo sería hacer algo como eso con Neji y que buscaría intentarlo pronto. Tal vez en su oficina donde no hubiera nadie que los viera. No sabía si él le seguiría la corriente pero podría intentarlo, no perdía nada.

Tenten volteó a ver al Hyūga y le dedicó una ligera sonrisa mientras tomaba un poco de café. Neji lo único en lo cual pudo pensar en ese momento, lejos del sonido de los platos, la música de fondo y los enfermeros batallando para alimentar a los ancianos, fue únicamente en Tenten.

Las ganas incontrolables que tenía de salir de ahí y besarla.

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Sirvió la última cucharada de guiso en el plano antes de pasarlo al hombre a su lado quien entregó deprisa las charolas de comida a la gente que iba llevando. Tenten no pudo evitar contener su mirada para contemplarlo con todo el descaro posible.

A fin de cuentas no era común que el Hyūga se metiera a ayudar en el comedor comunitario, al menos no cuando ella iba. Por eso estar a su lado, siempre era un placer y más cuando sus miradas se encontraban de vez en cuando y ella le sonreía nerviosa.

Su relación parecía mejorar día con día, las negativas de Neji de "aquí no" cada vez era más extraño escucharlas, y parecía cada vez más dejarse llevar en vez de oponerse a lo que en verdad quería. Cuando ella le comentó ese día que iría al comedor, él se ofreció a ir juntos por que hace tiempo que no pasaba por ahí y saludaba a Gai.

Finalmente habían terminado y Neji se adentró para limpiar la cocina demás de lavar los trastes y Tenten se acercó con un trapo para limpiar cada una de las mesas donde comía la gente y dejarlas impecables para el día siguiente.

Justo cuando iba a retirar un par de charolas que habían dejado ahí, un brazo morena detuvo su avance al tomar las charolas y empilarlas al resto que estaban para poder enviarse a cocina. Tenten se sorprendió de tal acto y se sintió un poco incomoda de ver a Kankuro Sabaku No ahí de pie a su lado, con una sonrisa ladeada y las charolas entre sus brazos.

El masculino le dio la espalda y camino hacia la cocina donde dejó las charolas, tomó una escoba y prosiguió a barrer alrededor de donde estaba la fémina aun sacudiendo las mesas, pero un silencio incomodo flotó entre ellos. Tenten se mantenía en sus propios pensamientos, pensando que pronto saldría de ahí.

―Siempre es un placer verte, Tenten. ―Kankuro se apoyó en la escoba. ―Aunque tú intentes evitarme.

―No estoy evitándote. ―Dejó salir poco convencida, porque la realidad es que si lo estaba haciendo

―Bien, estas poco comunicativa conmigo, aunque me puedo dar una idea de por qué.

Le sonrió mientras se dejaba caer en una de las sillas y la miraba con mucho más intensidad, como si buscara ver algo en particular, un indicio de algo o alguna pista.

― ¿Qué tal todo con tu abstinencia? ―Soltó un poco divertido de verla detenerse por la impresión.

Tenten prosiguió a limpiar, pensando en que pensó que jamás volvería a ver a Kankuro en ese sitio. La ultima platica que habían tenido no había sido la mejor y él le había advertido que no se metiera con el sacerdote, dejando en claro que pensaba que todo eso que podrían no terminaría bien, que solo estaba perdiendo su tiempo y que pronto podría ver su realidad.

O esas eran sus suposiciones del Sabaku No, porque nada bueno podía salir de ese intento de la castaña por alcanzar algo que estaba fuera de cualquier ecuación. Si era por algún tipo de reto personal para lograr alcanzarlo, estaba bien. Siempre pensó que se trataba de eso.

―Mejor de lo que quieres pensar.

Tenten levantó la mirada cuando sintió la intensidad de los ojos malva encima y lo buscó en la entrada de la cocina, sus miradas se encontraron y Tenten regresó a lo suyo con una ligera sonrisa. Siempre se lanzaban miradas ocultas que nadie alrededor podía interpretar o darse cuenta, pero que dejaban en claro una sola idea, el secreto que ambos tenían.

― ¿Estas jodiendome? ―Kankuro habló sin poder creérselo.

La fémina se volteó dedicándole una sonrisa, dejando en claro que estaba siendo sincera, que todo iba mucho mejor de lo que él pensaría. Aunque podría pensar que ya habían intimado por la forma en la cual había mencionado las cosas. Lo cual conllevaba un paso mucho más avanzado de lo que era en realidad.

Pero Tenten sabía que era cuestión de tiempo para que eso sucediera, había esperado dos años ¿Qué era un poco más de tiempo? Lo suficiente para que el sacerdote se haga a la idea y se prestara a hacer aquel acto tan vulgar o innecesario según la religión hacia un sacerdote. Además que el Hyūga se mostraba más animado ante la idea. Ella siguió en su labor como si no hubiera sido interrumpida.

―Por supuesto que no, siempre logro lo que me propongo.

No había hombre en esa tierra que no cayera en sus encantos. Aunque el resto había sido inmediato y este había demorado tanto tiempo, la premisa seguía cumpliéndose. Siempre era de esa manera y lo mejor del asunto es que no había usado su enchanting con él, lo cual era una victoria mucho mejor.

―Estoy verdaderamente sorprendido ―Dejó salir una carcajada divertida. ―Aunque tal vez deberías tener cuidado.

Tenten levantó una ceja sorprendida de su actuar, porque a fin de cuentas era él quien se había acercado para hablar y pensó que esperaba una conversación más amplia de su parte. Pero se había alejado sin esperar una respuesta de su parte, lo cual dejaba en claro que solo había querido decir las cosas, con la intención de sacarlo y ya. No le importaba y le molestaban sus advertencias. O tal vez solo se sentía herido por el rechazo que había sufrido, considerando que no era un hombre que los recibiera con frecuencia. Por eso era bastante seguro consigo mismo. Pensaba que ya lo había superado.

Pero ahí estaba hablándole en el comedor comunitario, con total naturalidad pero con cierta intensión de molestarla. Tal vez esperaba que le dijera que no habían funcionado las cosas con el sacerdote. Como si pudiera pensar que se daría por vencida. Aun recordaba las palabras de Kankuro sobre que Neji jamás le daría el placer que él podría darle. Ya en este punto podía comprobar que eso no era para nada cierto.

Sin esperar una respuesta Kankuro siguió en su labor, terminando con prontitud su parte, sin dirigirse de nuevo a la castaña. Se había dado cuenta de las miradas que ambos se habían enviado de vez en cuando en el servicio de ahí. Sabía que había pasado algo aunque no podía adivinar hasta qué punto. Se negaba a pensar que Tenten había logrado llegar hacia el punto cumbre, porque era una tarea complicada que iba en contra de todo lo que profesaban.

Pero lo que más le preocupaba al Sabaku No, no era el rechazo que había tenido o si Tenten hubiera logrado lo que se proponía. Sino el hecho de que esas miradas que se habían dedicado en todo momento.

No parecía el de dos amantes que buscaban algún tipo de complicidad por los eventos pasados. Ni de que quisiera comunicarse algún tipo de cosa. No era nada de eso, lo cual era aún más preocupante.

Lo preocupante era la intensidad de las miradas que ambos castaños habían compartido.

Le daba igual lo que el sacerdote pudiera sentir por Tenten, ya que era irrelevante. Lo descartaba al saber que jamás pasarían las cosas de nivel y que siempre estarían estancados. Sino más que nada la forma en la cual Tenten lo había mirado, mientras una sonrisa se escapaba de sus labios.

¿En que se había metido Tenten y había forma de salir?

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Tenten jugueteo con el adorno de metal que estaba en el escritorio del sacerdote, se balanceó, mientras esperaba que él le confirmara las fechas de eventos que tendrían en la iglesia.

Miró los labios masculinos delgados y la mirada malva moviéndose siguiendo las letras en el papel. Contempló con fijación las manos que sostenían un bolígrafo y la hoja. Tenten estaba bastante sensible, había tenido un sueño bastante explicito que la había mantenido ansiosa todo el día. Pero las ocupaciones pendientes y las ceremonias del sábado la habían mantenido lejos del Hyūga y de la oficina. Lo cual le había molestado de sobremanera, solo quería un momento con él.

¿Hace cuánto que no había intentado nada subido de tono con el sacerdote? Desde aquel oral en el confesionario, dos semanas atrás, que aunque más la habían alterado más de la cuenta, funcionó como un tipo de placebo. Además que había querido darle tiempo para que se adaptara a la idea de que todo esto iría escalando y que no había nada que el pudiera hacer para detenerla.

Fuera de eso un par de besos intensos, además del encuentro que habían tenido en la feria, donde se habían besado con gran pasión pero que fuera de eso no hubo nada más. De verdad ella había esperado que fueran a quedarse a un hotel, lo cual hubiera servido excelentemente. Sin embargo, no se arrepentida de haber pasado un par de horas con el sacerdote esperando el amanecer.

Había sido una experiencia nueva demás de la calidez en su pecho ante las caricias tenues del sacerdote en sus manos o en sus brazos. Pero ella necesitaba más, algo que se hizo presente en sus sueños. Era hora de avanzar un poco más, por eso mismo había decidido ir a su oficina a pesar de que pronto era su hora de salida.

Nada de eso importaba si le permitía un poco más de tiempo con el sacerdote. E iba a aprovecharlo muy bien, lo que la privacidad de su oficina pudiera darle.

―Todo está correcto. ―Finalmente el sacerdote bajó las hojas y se las ofreció en un desliz por la mesa. ― ¿Necesitas algo más?

La castaña pareció reaccionar ante esas palabras, sonriendo con cierta picardía mientras se levantaba con total seducción de su asiento, rodeando el escritorio y jugueteando con el cabello del masculino.

―Tal vez.

Sin esperar más se inclinó besando ligeramente al sacerdote quien al inicio se tensó ante la sorpresa. Sin embargo, correspondió el beso luego de un par de segundos, con tanta efusividad como ella esperaba.

Desde hace tiempo que él no se oponía a ninguna de sus caricias o besos, por fin había aceptado que quería todo esto y que no estaba bien resistirse a algo que anhelabas tanto. Le agradaba mucho que no se portara tan mezquino. Hasta parecía que había estado esperando por ese contacto tanto como ella. Nunca tendría suficiente de él, sus besos más que calmarla se volvía mucho más adictivos, como si los necesitara para poder respirar adecuadamente. Su estómago se removió entusiasta ante el recibimiento y el sabor que desprendía el clérigo.

La fémina se sentó en las piernas del sacerdote, besándolo más intensamente, saboreando aquel sabor tan conocido para ella y disfrutándolo como si fuera la primera vez. La mano masculina rodeando su cintura desatando una calidez en su pecho. Las lenguas se encontraron y Tenten no pudo evitar un gemido que salió de su boca, presa de la excitación que iba subiendo por su cuerpo.

Cada vez más aquellas sesiones de besos la dejaban más ansiosa, queriendo mucho más de lo que él le estaba ofreciendo. Porque esos besos solo parecían dejarla hambrienta, en espera de que el platillo principal se sirviera con prontitud.

Dejó los labios del hombre y descendió por su mandíbula hasta alcanzar su cuello, sintiendo el olor masculino inundar sus fosas nasales. Sus manos ansiosas descendieron hasta que tanteo el bulto en la entrepierna del sacerdote, que reaccionó ante su caricia.

―Tenten...―La palabra salió de sus labios como un susurro, incapaz de oponerse a las descargas de placer que la mano de la fémina desataba al acariciar por encima.

Tenten sonrió satisfecha al ver como él reaccionaba ante ella y no detenía su avance a pesar de que su versión antigua la alejaría con rapidez, alegando que alguien podría entrar en cualquier momento. Pero el Neji que tenía enfrente parecía que no le importaba nada de eso. Cosa que la excitó de sobremanera, adentrando su mano a través de la ropa y sujetando encima de la ropa interior el miembro erecto, masturbándolo ligeramente, lo que la posición en la cual se encontraban le permitían.

Le agradaba la sensación del miembro en su mano, tan caliente y la humedad que estaba en la ropa interior, dejando entrever el grado de excitación que tenía el sacerdote.

Lo sintió estremecerse ante su caricia y respirar más profundamente. Tenten tenía ganas de volver a probarlo, sentirlo en su boca, una sola vez no era suficiente para ella y más si se trataba de él.

Pero esa vez la castaña quería algo diferente, por lo que soltó el miembro, acercando sus manos hasta ella. Sus dedos aprisionaron los botones de su blusa azul cielo de corte recto, deshaciéndose uno por uno de ellos, acción que atrajo la completa atención del sacerdote. Lo vio presionar los labios en un intento de oponerse, lo vio nervioso mirando la puerta de su oficina, sin embargo no la detuvo, cuestión que animó a la fémina a desabrochar el último botón.

Apartó la tela, sin quitarse la blusa, dejando ver el sostén blanco que tenía y como sus pechos resaltaban. Tomó las manos del sacerdote y las colocó encima de sus pechos, incitándolo a tocar. Neji se tensó ante ese acto, moviéndose incomodo en la silla y desvió la mirada un instante, como si lamentara todo eso, sintiéndose impuro de él estar tocando un cuerpo femenino. Pero Tenten movió las manos encima de la ropa.

Retiró sus manos, estando atenta a los movimientos del clérigo que estaba estático en su sitio. Su intimidad estaba por completo húmeda, en espera de recibir algo, que sabía que en ese momento no llegaría. Pero necesitaba un poco de consuelo, sentirse deseada. Se inclinó atrapando nuevamente los labios santos, reclamándolos como suyos y mordiendo con cierta fuerza el inferior. Lo escuchó quejarse y fue cuando sintió las manos masculinas moverse encima de la ropa interior.

Cortó el beso ante la sorpresa y vio las manos masculinas acariciando la piel expuesta y presionando, enviando una descarga de placer en ella. Aún no tocaba sus pezones pero se sentía muy ansiosa y excitada. Lo vio tomar la tela del brasier y tirar hacia abajo, la tela rosaba sus pezones ya erectos, con la agonía de por fin llegar a ese punto. Sin notarlo Tenten aguantó la respiración.

Justo cuando la tela descendió lo suficiente para permitir la vista, un toque energético en la puerta los hizo brincar en su sitio. Tenten cayó al suelo golpeando su trasero, mientras intentaba arreglar la ropa en su sitio y buscaba controlar los latidos desquiciados de su corazón. Que no sabía si era por el momento clímax al que habían llegado, el hecho de ser interrumpidos o la adrenalina de ser atrapados.

Vio al propio párroco arreglarse la ropa lo mejor posible, sumamente nervioso. Una vez que estuvieron lo mejor posible, Tenten se sentó en la silla de enfrente, sujetando las hojas entre sus manos y lista para salir de la oficina del sacerdote con la frustración emanando de sus poros.

La puerta se abrió dejando ver a Kiba con cierta duda y curiosidad en el rostro. Tenten evitó mirarlo para que no notara el sonrojo en su rostro ¿acaso había escuchado algo o visto algo de alguna forma? Podía escuchar los latidos de su corazón en las orejas.

―Qué bueno que estas aquí Tenten, pensé que ya te habrías ido. ―Kiba mostró su móvil y como estaba a punto de marcarle. ―Alguien esta buscándote.

Tenten levantó una ceja ante eso, dándole la cara al Inuzuka.

― ¿A mí? ―El sacristán asintió. ― ¿Umi?

La negativa en el rostro de Kiba la confundió de sobremanera ¿había alguien además de Umi que la buscaría? Neji, pero él estabas enfrente y ambos evitaban mirarse con la intención de no ser atrapados ante lo que momentos antes hacían.

―Preguntó por ti excesivamente, pero no me dio su nombre. ―El Inuzuka se dejó caer en el asiento vacío que estaba a su lado. ―Pero es sumamente atractiva.

Todo su cuerpo se paralizó al escuchar esas palabras y miró a verlo como si no hubiera creído lo que había dicho. Tal vez había escuchado mal, lo había entendido mal o estaba alucinado por el faje que había tenido con el sacerdote.

Pero el rostro encantado del Inuzuka al mencionar ese último detalle se lo confirmó. Un golpe en el estómago la aturdió, sintiendo un malestar. A pesar de eso, se levantó, saliendo de la oficina no sin antes dedicarle una mirada profunda al sacerdote que estaba confundido ante su reacción.

El corazón le latía estrepitosamente y con violencia mientras más se acercaba a la entrada de la iglesia ¿cómo podría siquiera saber que ella se encontraba ahí? Eso era imposible, debía estarse confundiendo o Kiba pudo confundirse al hablar. Los latidos eran cada vez más fuertes en sus orejas, hasta que no pudo escuchar nada más que eso, mientras veía la entrada de la iglesia, acercándose más y más. Podía ser alguna mama de algún niño del catecismo o alguien que la buscaba para informes de las fechas disponibles de la iglesia. O alguna vecina con las que solía hablar de vez en cuando que querían alguna de sus recetas. Había un sinfín de posibilidades pero una saltaba con fuerza en su cabeza, despertando cierto temor y duda.

Tenten no encontró a nadie ahí y el temor se esfumó de su organismo, había malinterpretado las cosas. Sí, eso debió ser.

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