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Capítulo 2: Viviendo en el mundo humano

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El molesto sonido del despertador la despertó. Incluso los fines de semana se despertaba temprano, bueno, más temprano de lo que le gustaría. Aunque por otra parte, si no hubiera sido por su pequeño viaje del día anterior, no hubiera estado despierta hasta tarde.

La razón por la que se despertaba tan temprano era porque debía ir a trabajar. Trabajaba medio tiempo en una pequeña cafetería a la vez que asistía a clases. Durante la semana trabajaba por las noches después de clases, y en la mañana los fines de semana. Usualmente trabajaba de 20 a 25 horas en toda la semana. No era tan malo, aun así, Chihiro prefería la casa de baños.

Gruñendo, Chihiro rodó sobre su cama y apagó la alarma. Quería girarse y seguir durmiendo. Estaba demasiado cansada como para preocuparse en ir a trabajar.

'Es tu culpa por haber estado despierta hasta tan tarde' le reprochó su conciencia.

—¡Lo sé, lo sé! –Le respondió—. Bien, ya desperté.

Arrojando a un lado las sabanas, salió de la cama. Estremeciéndose de frío tomó su bata. ¿Por qué siempre hacía tanto frío en las mañanas? Entró en el baño y se miró al espejo. ¡Ugh! No debió haberlo hecho. Estaba teniendo un mal día a causa de su cabello enmarañado, sin duda resultado de los constantes movimientos a causa de una noche intranquila. Su pelo estaba mucho más largo que cuando era niña, y actualmente lo tenía todo enredado y en puntas por todos lados.

—Esto hará que me retrase –se quejó y miró el reloj—. ¿Por qué siempre me pasan estas cosas?

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—Señorita Ogino, tarde de nuevo por lo que veo —dijo su jefe.

Chihiro traspasó las puertas de la cafetería 8 minutos más tarde de lo señalado. Su jefe era una persona amable, pero tenía poca paciencia cuando sus empleados llegaban tarde.

—Lo siento mucho, señor —dijo inclinando la cabeza—. Tuve un pequeño inconveniente esta mañana.

El jefe suspiró. —Que no vuelva a pasar de nuevo. Eres una excelente trabajadora. Odiaría tener que despedirte.

—Sí señor. Discúlpeme –se disculpó Chihiro una vez más.

El resto del turno fue más o menos lo mismo de siempre. Sin que nada emocionante sucediera. Era un lugar bastante pequeño y tranquilo. Era muy aburrido, ya que no había mucho que hacer. Su jefe insistía que todos siempre deberían estar haciendo algo. Pero algunas veces era difícil encontrar algo que hacer. Lo mejor de su trabajo, además de la paga, era el café y los pasteles gratis todos los días.

Algunas veces sus turnos pasarían volando, otras veces se harían eternos. Todo indicaba que hoy sería uno de esos días que parecían nunca acabar, aun cuando el turno era sólo de 5 horas.

La campana sonó, indicando que alguien entraba al negocio.

—Señorita Ogino, ¿puede hacerse cargo? –pidió su jefe.

—Sí señor —contestó Chihiro.

Se aproximó al hombre que había entrado. —Buenas días señor, sea bienvenido a nuestro café.

El hombre sonrió, sus ojos la escanearon de arriba abajo. Chihiro sintió como si estuviera siendo examinada. Aquello no le gustó.

—Por aquí, señor, le mostraré su mesa. —dijo ella. 'Siempre atiende a los clientes con una sonrisa' —¿Qué desea servirse?

El hombre simplemente la siguió observando. —Quiero un café de avellanas, por favor. Con extra crema.

—Claro señor, se lo traeré enseguida —realmente estaba feliz por poder alejarse de ese hombre. Se sentía incómoda por la forma cómo la miraba.

Mientras estaba en la parte de atrás de la barra, uno de sus compañeros de trabajo no pudo evitar hacer un comentario sobre su cliente. —Wow, Chihiro, aquel tipo no deja de mirarte.

Chihiro miró molesta a su compañero. —¡Oh, cállate! —le gritó enfadada, mientras preparaba la orden de su cliente.

Un minuto después, volvió junto a su cliente con el café en las manos. —Aquí tiene, señor —dijo, depositando el café en la mesa—, con extra crema, como lo pidió.

El hombre sonrió y miro el café. —Muchas gracias, cariño.

Chihiro forzó una sonrisa. —De nada. ¿Hay algo más que pueda ofrecerle?

El tipo negó con la cabeza. —Sólo la cuenta.

Chihiro no desperdicio ni un segundo. No le gustaba para nada la manera en que ese hombre la seguía mirando, estaba ansiosa por alejarse. Retornó con la cuenta lo más rápido posible.

—Aquí tiene señor. Que tenga un buen día —dijo y se giró para irse.

—Señorita.

Chihiro se detuvo. Apretando los dientes con irritación ¿Por qué no podía pagar la cuenta y largarse?

Se giró hacia él, cambiando su ceño fruncido por una sonrisa. —¿Si señor? ¿Hay algo más que se le ofrece?

El hombre negó. –No mientras esté trabajando. Si gusta, sería feliz de invitarle a tomar un café cuando terminé su turno.

'¿Me está invitando a salir?' pensó Chihiro con pánico 'Oh no, piensa rápido Chihiro' le dedico la mirada más simpática que pudo para disfrazar su irritación. —Uh, no gracias. Aquí tengo café gratis todo los días. —respondió—. ¡Y tengo novio! –se apresuró a añadir.

Los compañeros con los que había estado hablando en la barra, eligieron ese preciso momento para pasar por ahí. —¿Desde cuándo? —Preguntaron.

Chihiro tenía deseos de estrangularlos. ¿Por qué tenían que abrir sus bocotas? ¿Y ahora qué diría este hombre?

—¡He tenido uno desde hace un tiempo! —grito, más fuertemente de lo que quiso.

El hombre o no sabía que ella estaba mintiendo o tampoco le importaba – Sólo porque tienes novio no puedes no venir a cenar conmigo.

'Oh, con que ahora es a cenar' pensó Chihiro. Decidió terminar con el asunto. —Se lo agradezco, señor. Pero tengo que seguir trabajando.

Sin esperar una respuesta regresó rápidamente a la cocina. No volvería a salir hasta no estar segura de que ese hombre se había marchado.

—Dios, Chihiro, tú sí que no le das ninguna oportunidad a ningún chico. –dijo una de sus compañeras. —Ese tipo sí que estaba bien bueno.

—¡Entonces sal tú con él! —explotó Chihiro.

Lo que le había dicho al hombre tenía algo de verdad. Puede que no tenga ningún novio, pero tenía a alguien en su corazón.

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Chihiro retorno a casa, a la calma de su apartamento y se largó sobre la cama. Aún seguía exhausta por la falta de sueño de la noche anterior. Decidió tomar una siesta cuando el teléfono sonó. Chihiro gruñó y miró fastidiada al teléfono, como si con eso dejaría de sonar. Al parecer, no podría tener un simple descanso el día de hoy.

Gimiendo, cogió el teléfono y lo acerco a su oreja. —Hola. —susurró.

Chihiro, cariño. Soy mamá —se escuchó la voz de la señora Ogino desde la otra línea.

Chihiro bostezó. —Hola mamá, ¿Cómo están tú y papá?

Estamos bien, cielo. —Respondió su madre—. Tu padre está justo aquí. Espera, lo pondré en altavoz… ¿puedes oírme?

Chihiro asintió, luego se dio cuenta que sus padres no podían verla y contestó. —Sip, ¿Ustedes me oyen?

Por supuesto —aquel era su padre—. ¿Cómo han estado las cosas, cariño?

—Bien, supongo —murmuró.

Siempre respondía con un simple "bien" las cosas siempre estaban "sólo bien" o "no tan bien" así había sido desde hace 12 años.

—¿Cómo van tus clases? —pregunto el señor Ogino.

—Bien.

Aún no comprendemos porque insistes en quedarte allí. Hay una excelente escuela de arte aquí.

Chihiro suspiró. —Lo sé. Es sólo que no puedo abandonar este lugar.

Aquello era sólo parte de la verdad. No podía irse de la ciudad porque entonces perdería su oportunidad de volver otra vez al mundo de los espíritus. Si nunca lograría atravesar por la puerta, entonces por fin dejaría esa ciudad y nunca regresaría.

'Tal vez debería' pensó.

Sus padres habían estado ligeramente decepcionados cuando ella se reusó a mudarse con ellos. Su padre había conseguido un nuevo empleo, lo que demandaba que la familia Ogino se mudara. Chihiro no quiso irse, y ya que en ese entonces tenía 18 tomó la decisión de quedarse mientras sus padres se marchaban. Rentó un apartamento en la residencia en el que actualmente habitaba y consiguió trabajo en un café con lo que pagaba la renta y podía continuar con sus estudios.

En realidad, la ciudad no era la razón por la que se quedaba. Ya se había mudado con anterioridad, se mudaría otra vez si lo quisiera. La cosa era que se reusaba a dejar el único lugar donde se encontraba la única entrada conocida al mundo espiritual. Bueno, hasta donde sabía, la única conocida. Había vivido toda su vida con la esperanza de que un día conseguiría pasar por aquella puerta una vez más. Tristemente, su esperanza estaba comenzando a desvanecerse.

Bueno, sólo llamamos para saber cómo has estado —dijo la señora Ogino—. ¿Qué has estado haciendo últimamente?

—Lo usual —respondió somnolienta—. Ir a clases. Trabajar. Las mismas (bostezo) cosas de siempre.

Chihiro, cielo. ¿Por qué suenas tan cansada? —Preguntó su madre sonando preocupada—. ¿Estás enferma?

Chihiro rodó sobre su espalda —No, sólo que ayer me quede despierta hasta tarde.

—¡¿En serio?! —Exclamó su madre—. ¿con quién? ¿Finalmente conseguiste novio?

—¿Quién es? —exigió saber el señor Ogino. Volviéndose de repente un padre sobreprotector.

La joven suspiró. —No es nada de eso. —dijo poniendo los ojos en blanco. —Simplemente no podía dormir.

En la otra línea permanecieron en silencio por un buen momento hasta que la señora Ogino volvió a hablar. —Chihiro no has vuelto a ir a ese río, ¿o sí?

Chihiro se tensó. A sus padres no les gustaban sus constantes viajes a aquel lugar. Encontraban extraño que ella estuviera tan dispuesta a hacer un viaje tan largo y gastar horas en un río, menos en uno en el que casi se ahoga.

—Uh… tal vez… —susurró. —¿Por qué?

Chihiro, sabes que no nos gusta que vayas a ese lugar. —dijo su padre.

'Si tan sólo supieran' pensó. —Es que tengo muchos recuerdos de ese lugar. —dijo. Solía dar la misma excusa cada vez que está conversación salía a flote. Estaba sorprendida de que sus padres aún se la creyesen. Ella no iba por los recuerdos, ella iba para estar más cerca de Haku. Puesto que esa era la única forma.

—¿Hasta qué hora estuviste despierta? —preguntó su madre.

—Um… no estoy segura. —dijo con honestidad. Realmente no sabía durante cuánto tiempo estuvo en vela. Pero si lo suficiente como para hacerla querer tomar una muy larga siesta.

Bien, no vuelvas hacerlo, es malo para tu salud.

—Lo sé, mamá.

Bueno, mejor te dejamos descansar.

—Gracias. —respondió Chihiro, con sincero agradecimiento. Realmente estaba exhausta.

Bien entonces, cuídate.

—Y no te desveles —añadió su padre.

Sí papá. Adiós.

Adiós cariño. Te amamos.

—Y yo a ustedes.

Chihiro colgó el teléfono. Finalmente algo de paz y tranquilidad. Mejor aprovecharla mientras pudiera. Estaba tan rendida que unos pocos segundos después, una vez más soñaba con el mundo espiritual y la vida que pudo haber tenido.

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Despertó varias horas después y le bastó con echar un vistazo por la ventana para saber lo mucho que había dormido. El sol ya se estaba ocultando.

—Debí haber estado más cansada de lo que pensaba —musitó. —Y por lo que se ve. Estaré de nuevo en la cama en unas pocas horas.

El estómago de Chihiro rugió y decidió prepararse algo para cenar. Salió de la cama y caminó hacia el refrigerador.

—Veamos, ¿Qué tenemos aquí? —dijo. Un rápido vistazo al refrigerador le indicó que necesitaba ir con urgencia al supermercado. Suspiró. —Supongo, que hoy cenaré por fuera.

Tomó su abrigo y sus llaves y salió. Hacía más calor afuera y en verdad no necesitaba un abrigo, pero era más por precaución. Subiéndose a su coche arrancó. Se dio cuenta que necesitaba recargar pronto el gas. Todos esos viajes al río Kohaku le estaban saliendo caros. Pero a decir verdad, le daba igual.

—Hmm, ¿Adónde?

Decidió conducir hasta encontrar un lugar apropiado para comer y también para recargar gas.

Después de estar varios minutos conduciendo, Chihiro llegó a un territorio que le era muy familiar. Había bajado por ese camino tantas veces. Tristemente, nunca pudo llegar a su destino.

'¿Qué más da?' pensó. 'Una rápida parada no haría mal'

Después de todo, fue alrededor de esta época que un día llegó por primera vez al mundo de los espíritus. Dio la vuelta y recorrió el camino que la conduciría a la ruta donde se encontraba la puerta de entrada. ¿Cuántas veces había conducido por ese sendero? No tenía idea. Mas conocía ese sendero como la palma de su mano. Primero estaba la colina empinada, seguido por el extremadamente desigual camino, a continuación la pequeña estatua al final de la ruta, con la entrada al mundo espiritual a su detrás. Estacionó su coche en el mismo sitio de siempre por milésima vez.

—Bien, aquí vamos de nuevo —suspiró.

Salió del coche y camino hacia la entrada de aquel mundo. Había hecho esto tantas veces y cada vez se decepcionaba. No habría ningún mundo espiritual detrás de esa puerta, tan sólo un extenso campo rodeado de más bosques. Siempre era lo mismo, siempre. Así que no era de sorprenderse si Chihiro no esperaba encontrar nada al otro lado.

Aun así, tomó una respiración profunda y caminó, una vez más, hacia lo que esperaba fuese su hogar.